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Opinión

Paola Bautista de Alemán

Una avenida concurrida. Restaurantes de talla mundial. Un concesionario Ferrari. Personas ataviadas. Carros de lujo. No es Nueva York, es Las Mercedes, una urbanización ubicada en el este de Caracas, uno de los pequeños —pero llamativos— oasis de ostentación que hay en el país. A 8,6 kilómetros de distancia está Petare, uno de los barrios más grandes de Latinoamérica. Miseria y violencia. Desde hace semanas sus habitantes están sitiados por un enfrentamiento entre bandas criminales que se disputan el territorio.

He querido comenzar con este relato porque describe con precisión la Venezuela de hoy. Un país desigual y pobre. Este artículo breve es una aproximación al estado actual de las cosas en mi país. Lo escribo desde Caracas. No es un detalle biográfico menor. La cercanía física y humana ofrece insumos que pueden pasar por alto los análisis meramente científicos.

Este artículo está divido en dos partes. Primero, sobre la supuesta liberalización económica que se está impulsando. Y, segundo, sobre los desafios políticos que impone este contexto.

¿Liberalización económica?

Como punto de partida debemos preguntarnos qué es una liberalización económica. No es una pregunta sencilla y hay —por lo menos— dos aspectos que debemos tomar en cuenta para analizar el caso que nos ocupa. Primero, el entorno autoritario. Segundo, su dimensión criminal.

La aparente liberalización económica en Venezuela ocurre al margen de cualquier tipo de flexibilización política. Se podría decir que es una suerte de perestroika sin glasnost. Su único sustento es el voluntarismo del régimen y sus beneficiarios directos son una élite asociada a él. Avanza sin soporte institucional y, en un sentido, ocurre al margen del Estado. No hay leyes que la regulen, ni sistema financiero que la sostenga. Y esto me lleva al segundo ámbito: su dimensión criminal.

El derroche en lugares como Las Mercedes está íntimanente asociado a economías ilícitas: tráfico de drogas, legitimación de capitales, explotación minera y tráfico de armas, entre otros. Esta realidad es bien conocida por todos. El último informe de Transparencia Venezuela, titulado «Economías ilícitas al amparo de la corrupción», revela que «el volumen de las operaciones ilegales es equivalente a 21 % del producto interno bruto de Venezuela y se ubica en USD 43.440 millones».

Considerando lo anterior, quizás lo que estamos experimentando no es una liberalización económica en su sentido estricto, sino un mecanismo de reequilibramiento que busca darles cauce a las fuentes de enriquecimiento criminal. Ciertamente, este camino de resiliencia autocrática puede chispearles beneficios a terceros y crear una sensación de alivio. Sin embargo, hay tres signos de la realidad que describen sus limitaciones: pobreza, desigualdad y migración.

Venezuela sigue padeciendo la crisis humanitaria compleja. Basta con salir de los doce municipios premium del país para chocar con la miseria y la violencia. El salario mínimo integral es de USD 30 mensuales y la canasta básica asciende a USD 430. Cada visita al automercado es de infarto. Las familias sentimos asfixia. Junto a la pobreza está la desigualdad salvaje y estructural. No hay salud pública, educación pública, ni transporte público. El sector público murió de inanición. Y la clase media está en extinción. En Venezuela, eres millonario o eres pobre. No hay medias tintas.

Este entorno hostil y desgastante explica que el flujo migratorio siga en ascenso. Esta semana visité el estado Táchira, frontera con Colombia. Y parte el alma ver a familias enteras que van caminando hacia un futuro desconocido con su vida a cuestas. Esta Venezuela pobre y desigual los expulsa. Esto no es una liberalización, esto es un reacomodo de élites criminales.

Los desafíos políticos

Pasemos ahora al segundo asunto: los desafios políticos que impone este contexto. En líneas anteriores adelanté un dato fundamental: en Venezuela no se han flexibilizado los mecanismos de opresión. Se matienen el secuestro de los poderes públicos, el hostigamiento a la disidencia, los presos de conciencia, la inhabilitación política de los principales líderes del país, la proscripción de los principales partidos políticos de oposición y la censura feroz en los medios de comunicación. Lo reitero: no hay signos visibles ni estables de flexibilización política por parte de la dictadura.

Sumado a esto, el espectro político opositor se ha tornado oscuro y difícil de entender. Los esfuerzos del régimen por crear una oposición a su medida parecen estar cobrando frutos. El día de hoy, es difícil validar la cualidad opositora de algunos actores políticos y eso limita gravemente los esfuerzos unitarios de las fuerzas democráticas. Sumado a esto, el país está cansado. Más de dos décadas de lucha democrática sin los resultados esperados han desatado un hartazgo hacia lo político. Mi impresión es que Venezuela está ensimismada y bregando por sobrevivir.

Esta realidad impone desafíos concretos de cara a las elecciones presidenciales de 2024 y los comicios de 2025. Puedo identificar tres tareas impostergables: i) reconectar políticamente con el país; ii) decantar las fuerzas opositoras; y iii) construir una coalición unitaria que represente verdaderamente los deseos de democracia que nos guían. Estos tres asuntos los he pensando al calor de mi trabajo político. Dedico mis esfuerzos al fortalecimiento de Primero Justicia. Recorro el país. Y entiendo la profundidad de los retos que he planteado.

Hacerse visible

Reconectar políticamente con un país hastiado es complejo. No hay recetas únicas. Y en esta reflexión no pretendo agotarlo. Solo quiero precisar que uno de nuestros principales obstáculos para cumplir con esta tarea es el bloqueo comunicacional. Uno de los principales obstáculos es nuestra invisibilidad. Nosotros trabajamos sin descanso y no tenemos un espacio público en donde exponer nuestra labor. Por lo tanto, en un entorno marcado por la censura, debemos abocarnos al trabajo de tierra y a la construcción de redes de confianza que nos permitan crecer en capacidad de organización. Para reconectar, debemos salir a la calle y trabajar. Nadie conecta con lo que no conoce. Por eso, debemos acudir a nuestra creatividad para vencer la invisibilidad y mostrarle al país nuestro testimonio.

Pasemos a la segunda tarea: decantar las fuerzas opositoras. Esta labor está íntimamente relacionada con la primera. Una de las raíces de la desconexión entre políticos y ciudadanía es la sospecha extendida. Y para vencerla, debemos generar confianza. Decantar las fuerzas opositoras y construir un espectro opositor sano que honre los deseos de democracia de los venezolanos nos permitirá avanzar con firmeza hacia la reconstrucción de una unidad estable y duradera.Oposición en Venezuela

Debo hacer una precisión. Esta ambición no responde a criterios puritanos. Esta labor atiende consideraciones prácticas. Si queremos recuperar la confianza de la ciudadanía y de los electores, debemos custodiar sus anhelos y no exponerlos a una estafa que profundice la desconexión. La pregunta inmediata es cómo hacerlo. Cómo decantar las fuerzas políticas opositoras en un contexto autocrático.

No hay respuesta única ni excluyente. Soy de la opinión que la mejor manera de hacerlo es medirnos en unas elecciones primarias en donde el país pueda levantar su voz. Que el voto ciudadano sea ese tamiz que separe la oposición real de la oposición simulada. Esta propuesta es riesgosa. La dinámica criminal que describí en párrafos anteriores ha penetrado la política y será dificil contener la intervención de capitales de dudosa procedencia en este evento. Lo reitero: no hay respuesta sencilla. Corresponde trabajar en ello.

Tercera tarea: construir una coalición unitaria que encarne eficientemente los deseos de democracia que nos guían. En 2021, después de años de represión y de la aniquilación del voto, las principales fuerzas opositoras decidieron apostar por la vía electoral para rescatar el orden democrático en el país. Se resolvió acompasar la ausencia de competitividad electoral con la lucha por condiciones electorales. Siendo esta la decisión política, corresponde ahora generar las mejores condiciones para hacerla posible.

Y, en ese sentido, la unidad política de la oposición es una variable insustituible. Pero hay que tomar en cuenta una cosa: impulsar la unidad política no es un mero acto de voluntarismo. Debe haber precondiciones para la generación de acuerdos que abran paso a una estructura unitaria. Con esperanza responsable debo decir que los principales partidos políticos de oposición están trabajando con tesón para crecer en capacidad de representación real y construir esos mecanismos.

Paola Bautista de Alemán: Doctora en ciencia política por la Universidad de Rostock (Alemania). Preside el Instituto FORMA y preside la Fundación Juan Germán Roscio. Autora del libro «A callar que llegó la revolución» y directora de la revista «Democratización»

 6 min


Nelson Hernández

-¿Qué pasos concretos deberían darse en el país para satisfacer la demanda de electricidad a través de una combinación de energía solar y eólica?

Tal como está la demanda eléctrica actual, Venezuela tiene suficiente capacidad de generación instalada (34 GW) con base hidráulica y termoeléctrica para satisfacerla. Lo que habría que hacer a priori es recuperar el SEN, para eliminar los apagones que suceden cada vez más frecuentes. Desde ese punto de vista indicado, no hace falta tener generación eólica y solar. Sin embargo, desde el punto de vista de diversificación de fuentes, el mix de generación eléctrica debe poseer la eólica y solar (tendencia mundial) para así irse incorporando al proceso de descarbonización de la matriz energética (transición energética)

- ¿Cómo puede fomentarse el uso de energía solar y eólica para consumo doméstico y cuál podría ser la inversión inicial? En otros países, por ejemplo, han masificado la instalación fotovoltaica residencial, otorgando financiamiento y otros beneficios para la instalación de paneles solares.

En Venezuela, el uso de la energía eólica y solar es inexistente. Hay algunas industrias o empresas e inmuebles que tienen sus instalaciones. Estas fuentes energéticas no se han masificado porque existen barreras. Una de ellas, y la más importante es que el precio del kwh es casi cero, por lo que la recuperación de la inversión de la instalación se hace cuesta arriba. La población, a raíz de los apagones, ha optado por autogeneración con combustibles, que también es factible económicamente a los precios actuales… sin embargo, es difícil conseguir los combustibles (gasolina y diesel) por el deterioro de la industria petrolera. Otra barrera es la falta de conocimiento de las ventajas y funcionamiento de la energía solar y eólica. No existe en Venezuela programa de financiamiento… más aun, no existe una normativa legal sobre las energías renovables (actualmente en la AN, se discute un pre proyecto)… Sin embargo, la ley eléctrica actual permite la autogeneración hasta 2 MW (con esta potencia se pueden alimentar unas 400 casas promedio) …. La inversión inicial ronda los 3 $/w… Es decir, que una instalación para satisfacer 12 kwh, se necesitarían instalar 2000 w, lo que haría una inversión de 6000 $.

- ¿Cuál es la posición de Venezuela respecto a la región, en cuanto a la generación y suministro en hogares de energía solar y eólica?

En Venezuela, es contada la generación eléctrica con solar y eólica a nivel de hogares, por lo tanto está entre los últimos. Sin embargo, Venezuela posee un gran potencial en energías no emisoras de CO2 que no está siendo aprovechado.

- ¿En qué tiempo podría el país empezar a producir energías limpias y cuáles deben ser los fundamentos de las políticas que impulsen esa transición energética?

Venezuela, puede producir electricidad eólica y solar de inmediato, pues el sol y el viento están, faltando instalar los dispositivos para capturar esa energía. Por otra parte, a nivel mundial, Venezuela es el país que menos está haciendo para incorporarse a la transición energética. Para impulsar la transición se necesitan marcos legales, entre los cuales se destacan: Ley para el Cambio Climático (no existe ningún anteproyecto) y Ley Energética Integral (no existe ningún anteproyecto). Está en discusión de la AN un anteproyecto de Energías Renovables, que a mi juicio no está a la altura de las tendencias mundiales. También existe un documento que contempla un marco conceptual para una política energética.

-En el 2010 se presentó un proyecto con el que se pretendía instalar en 15 años 10.000 MW eólicos, que representarían el 10% de la demanda proyectada para el año 2025. ¿Cuánto estamos generando en energía eólica? ¿Se aprovecha más que la solar?

Eso se presentó, pero no se hizo realidad. Se inicio con la instalación de granja eólica en Paraguaná y otra en la Guajira. Ambos están inoperativos. En Venezuela, no existen granjas solares con el gran potencial que tiene el país.

- Algunas empresas de energía fotovoltaica y eólica han surgido en el país. ¿Qué tanto se está aprovechando estas iniciativas privadas?

Cierto. Pero esas empresas, a mi juicio, son simples vendedoras de equipo, atienden la necesidad de un cliente. Es decir, no están fomentando el mercado de este tipo de energías. Algunas aducen que no hay una normativa. Sin embargo, se puede utilizar la Ley eléctrica actual en lo concerniente a la autogeneración, como ya fue mencionado.

27 de agosto 2022

La pluma candente

https://plumacandente.blogspot.com/2022/08/venezuela-algunas-interrogant...

 3 min


Humberto García Larralde

De un tiempo para acá el régimen de Maduro viene tomando decisiones para una mayor liberalización y apertura de la economía, poco congruentes con cualquier idea de “socialismo del siglo XXI”. Suspendió los controles de precio a muchos bienes y servicios (pero sin abrogar la Ley de Precios Justos); derogó la Ley de Ilícitos Cambiarios, permitiendo la circulación y posesión de divisas; reemplazó el control de cambio por un régimen de flotación “sucia” (intervención del BCV); liberalizó el comercio exterior; anunció la venta de activos públicos, amparada en una “Ley Antibloqueo”, y la de acciones de algunas empresas públicas; y aprobó una Ley de Zonas Económicas Especiales para atraer inversiones, si bien poco “liberal” y muy discrecional en su aplicación. Promueve inversiones extranjeras también en el sector petrolero y crea un Centro Internacional de Inversión Productiva, en el marco de la Ley Antibloqueo. Por boca de la vicepresidente Delcy Rodríguez, también ministra de Economía y Finanzas, nos enteramos de una Agenda Económica Bolivariana con 18 motores productivos. Supongo que la idea es que ahora no operen en retroceso. Maduro, por su parte, habla de construir un poderoso sistema tributario, alabando al existente en EE.UU. y otros países avanzados, a la par que se acerca al sector privado, anunciando el desarrollo de su “vocación productiva y exportadora”.

A la par, se aplicó un ajuste draconiano para acotar la hiperinflación. Redujo drásticamente el gasto estatal, incluyendo sueldos, a costa de un deterioro aún mayor de los servicios públicos; ancló el precio del dólar, liquidando divisas escasas en el mercado cambiario; y asfixió la actividad crediticia de la banca imponiendo niveles de encaje prohibitivos. Aun así, la inflación (anualizada) sigue entre las más altas del globo --137,1% para finales de julio. Y, con el anclaje cambiario, se sobrevaluó todavía más el bolívar.

No es de sorprender que ante una mayor estabilidad y luego de tantos años reprimidas con toda suerte de controles y arbitrariedades, algunas actividades económicas respondieran positivamente, a pesar de las inconsistencias o insuficiencias de algunas medidas. Se volvieron a llenar los anaqueles en los supermercados y se activó una burbuja en torno a la comercialización de bienes importados y alguna construcción al este de Caracas. Algunos rubros agropecuarios e industrias también pudieron aumentar su producción al tener libertad para importar insumos (con sus propios dólares).

Maduro no resistió la tentación de cantar victoria: el país “se estaba arreglando”. Esta ilusión, a espaldas de las penurias de la inmensa mayoría de la población, de la proliferación de apagones, de las carencias en el suministro de agua y de servicios de todo tipo, se insufló con la perspectiva de que la relación con Colombia mejoraría tras el triunfo de Gustavo Petro. Parecía abrirse la oportunidad de admitir elecciones creíbles para atemperar, así, algunas sanciones y el ostracismo externo a que fue sometido. Ya no serían tan riesgosas, dado su “éxito económico” y el desarreglo en que aparentaba encontrarse la oposición.

Pero arreglar al país no es “soplar y hacer botellas”. Las medidas referidas escasamente modificaron el sustrato sobre el que se levanta la economía chavista. Siguió la desconfianza derivada de la ausencia de garantías económicas y humanas, de la inseguridad asociada al desmantelamiento del Estado de derecho, así como de la precariedad de una política antiinflacionaria apoyada en el anclaje cambiario: la destrucción de la industria petrolera dejó al Estado sin suficientes divisas para asegurar la estabilidad del tipo de cambio. Como se temía, este arreglo no pudo sostenerse. El precio del dólar ha aumentado un 45% desde mediados de agosto. La expectativa de que la economía caiga de nuevo en un espiral de depreciación – inflación, con impactos adversos sobre el nivel de vida de los venezolanos, plantea un difícil problema a Maduro, sobre todo porque el colapso de estos últimos ocho años ha dejado a la economía doméstica con escasa capacidad de respuesta ante ello.

No puede olvidarse que Chávez hizo lo posible por reemplazar el ordenamiento constitucional, el Estado de derecho y los mecanismos de mercado, por el imperio de su propia voluntad, a cuenta de encarnar, por antonomasia, los fines redentores de su “revolución”. Al amparo de la ausencia de garantías, de la opacidad y de la no rendición de cuentas que trajo la destrucción de la autonomía y el equilibrio de poderes --incluyendo medios de comunicación independientes y una ciudadanía activa —y de una impunidad asegurada a cambio de profesar lealtad al “comandante”, aparecieron poderosas mafias dedicadas a expoliar la riqueza nacional. Una vez que quedó atrás la bonanza petrolera de 2008 a 2014 –precios del crudo por encima o cercanos a los $100/barril—se desnudó la inopia que hoy plaga al país. Imposible satisfacer ahora las alianzas que sostenían a Maduro, sobre todo el apoyo de militares que traicionaron su juramento, y hubo que instrumentar medidas de liberalización económica que abrieran un respiro a muchos de sus cómplices. Y de la economía venezolana, dada la enorme potencialidad que aún tiene a pesar del desastre chavista, no dejaron de brotar mejoras visibles. Rápidamente fueron capitalizadas políticamente por el régimen con aquello de que “Venezuela se arregló”.

Pero la implantación de una economía de mercado que materializara estas potencialidades, ni siquiera está a mitad de camino. ¿Cómo atraer inversiones, fomentar la producción y generar empleo bien remunerado, sin eliminar la estructura de privilegios y de intereses creados que depredan al Estado? No basta con retirar los ojos de Chávez de las edificaciones públicas. ¿Cómo restablecer un intercambio fructífero con Colombia sin atacar a los traficantes de gasolina, de drogas, contrabandistas y las bandas criminales que han operado bajo las narices o con participación activa de militares quienes, supuestamente, custodian la frontera? ¿Cómo fomentar el abastecimiento cuando a los productores agropecuarios se les confiscan buena parte de lo transportado en alcabalas y puertos? ¿Cómo ser competitivo y aumentar la producción industrial cuando no se cuenta con un suministro eléctrico, de agua, gasolina y gas, estables? Y, sin contar con un aparato productivo robusto y en ausencia de financiamiento internacional, la estabilización de precios y del tipo de cambio se hace muy cuesta arriba. Sobre todo, es poco lo que puede aportar un Estado tan malogrado para que las medidas funcionen.

Y así se pinta la encrucijada que enfrenta hoy Maduro. O arremete contra los intereses creados que, junto con su mentor, alimentó --para desgracia de Venezuela-- o languidece, con escasas posibilidades de cosechar el éxito político anhelado, en una situación de limitada capacidad económica, creciente conflictividad social y política, perpetuación de su aislamiento internacional y creciente vulnerabilidad. El gobierno de EE.UU, acaba de aclarar que se mantienen las sanciones. Difícilmente, puede esperarse de Maduro las reformas que el país demanda. Fiel a su naturaleza fascista, ha respondido a las amenazas que percibe a su poder, incrementando las medidas represivas.

Sin embargo, para bien de las posibilidades de transición hacia la democracia, existe ahora un factor que debe ser aprovechado. La narrativa del gobierno ha cambiado diametralmente. Ya no es congruente que enfrente o se haga el loco ante los reclamos de que sean cumplidas algunas garantías constitucionales propicias al establecimiento de una economía productiva, incluidas las referentes a los derechos humanos, a cuenta de estar construyendo el socialismo del siglo XXI. A menos que prefiera revertir al caos anterior, con el consiguiente costo político, debe admitir la pertinencia de estos reclamos. No es que creamos que el gobierno empiece ahora, como si nada, a responder ante estas demandas. Pero se ha abierto un espacio favorable a una plataforma de reivindicaciones, legitimadas en las pretensiones que --al menos de la boca para afuera-- anuncia el gobierno, para apalancar las fuerzas para el cambio. Y ello debe ser aprovechado para poner en evidencia las contradicciones del chavismo y erigirse en la alternativa auténtica posible al desastre chavomadurista.

Sólo un movimiento cohesionado en torno a un programa coherente y viable, capaz de interpretar las aspiraciones de la gente y respaldada con las posibilidades de contar con importantes financiamientos internacionales, podrá sacar al país de este atolladero. No desaprovechemos la oportunidad.

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela

humgarl@gmail.com

 6 min


Eddie A. Ramírez S.

Howard Bowen publicó en 1953 su libro Responsabilidad social del hombre de negocios, en el que sostenía que este tenía la obligación de alinearse con objetivos y valores de nuestra sociedad. Hoy, realizar donaciones ya no es suficiente. Tampoco lo es solo respetar las leyes laborales, ambientales e impositivas. Las empresas deben cumplir con sus accionistas, trabajadores, clientes, proveedores y con su entorno. ¿Cómo ha sido el comportamiento de la industria petrolera venezolana?

Etapa de las transnacionales 1912-1975: En los primeros veinticinco años las compañías extranjeras cumplieron con sus accionistas, maximizando las ganancias. No así con sus trabajadores que vivían en pésimas condiciones. Cumplían con sus clientes en Venezuela suministrándoles combustibles y lubricantes. Sus proveedores abastecían productos e insumos casi totalmente del exterior. Las empresas burlaban el impuesto sobre la renta y, desde luego, no tenían conciencia ambiental, ni de la necesidad de lograr mejoras en las comunidades cercanas. Se juntó el capitalismo salvaje con la alcahuetería del dictador Gómez.

Esta situación cambió gradualmente a raíz de las huelgas petroleras de 1925 y de 1936, y con la Ley de Hidrocarburos de 1943. Construyeron hospitales, dispensarios, escuelas, campos residenciales con centros recreativos y deportivos, establecieron Comisariatos para suministrar alimentos a precios subsidiados y se firmaron Contratos Colectivos. También hicieron donaciones en las áreas de salud, educación e infraestructura. En 1947 la Creole estableció un plan de jubilación. Además, fueron incorporando a venezolanos en cargos de responsabilidad directiva y gerencial. En 1975 solo había doscientos extranjeros en toda la industria petrolera.

Cabe mencionar que en 1953, en un intercambio de la Creole con distinguidos venezolanos, Carlos Ramírez MacGregror, entonces propietario del diario Panorama, declaró que antes de 1936 en el Zulia había un 80 a 90 por ciento de opinión negativa sobre las petroleras por las condiciones difíciles de los trabajadores, viviendas desastrosas, despidos injustificados, inestabilidad, rotación en el trabajo y las actividades especializadas estaban en manos de extranjeros. Después de esa fecha las condiciones socio económicas de los trabajadores mejoraron. Hoy no se justifica la nacionalización, como hace veinte años, sin embargo, perdura la inestabilidad de los trabajadores

La Shell financió el Servicio Shell para el Agricultor que tuvo un impacto importante en nuestra agricultura. La Fundación Creole realizó valiosos aportes en el área cultural. En 1975 se produjeron 2.346.000 barriles por día.

Etapa de la Pdvsa meritocrática 1976-2002: La empresa cumplió con su accionista fortaleciendo sus actividades, adquiriendo refinerías en el exterior para garantizar mercado y atrayendo empresas privadas a Venezuela para aumentar la producción. Respetó las normas de seguridad y los contratos colectivos, y los trabajadores tenían acceso a las mejores clínicas. Garantizó el suministro de combustibles y lubricantes a sus clientes, y con los proveedores estableció una relación ganar-ganar.

Rafael Gallegos afirma que Pdvsa sustituyó el concepto de relaciones públicas por asuntos públicos e inversión social, incorporando el entorno como componente estratégico del negocio. El objetivo de la interacción con las zonas aledañas era elevar la calidad de vida de los pobladores y, a mediano plazo, generar una dinámica socioeconómica que se reflejara en las comunidades, para que al cesar las operaciones petroleras no quedara una zona empobrecida. El propósito era que equipos sociales, el gobierno central y el local, las empresas y las comunidades enfrentaran los retos del desarrollo.

Pdvsa llevó a cabo numerosos proyectos con las comunidades, realizados mediante convenios con universidades y ONG. Tuvo programas de asistencia técnica a los agricultores. Trabajó en la conservación de cuencas y saneamiento de pasivos ambientales, especialmente en las numerosas fosas con residuos de hidrocarburos. La mayoría de estos trabajos se realizaron con profesionales a los que se estimuló para que crearan pequeñas empresas. Los estudios de Desarrollo Armónico de Oriente y de Occidente debían servir de base para establecer prioridades. En el 2001, Pdvsa contaba con 69.284 trabajadores, incluidos los contratados y producía 3.342.000 barriles por día.

Etapa de la Pdvsa roja 2003-2022: La empresa desvió su misión. Incursionó en áreas que no le competen, sustituyendo la responsabilidad del Estado. Queda mal con su accionista al disminuir la producción de petróleo y permitir el deterioro de las refinerías por falta de inversión, de mantenimiento, por gerencia inadecuada y despido de 23.000 trabajadores calificados. Queda mal con sus trabajadores al no remunerarlos acorde con su trabajo y al no velar por la seguridad industrial. Hasta el 2004 el Fondo de Pensiones se manejó en beneficio de los jubilados, posteriormente ha sido en beneficio de Pdvsa. Hoy los trabajadores son rechazados en las clínicas porque la empresa no cancela los servicios. Queda mal con sus clientes al no suministrarles combustibles y lubricantes. También con sus proveedores al no pagarles a tiempo y al expropiar empresas de servicio. Queda mal con su entorno al descontinuar los exitosos programas con las comunidades, sustituyéndolos por Misiones que no están orientadas a la sustentabilidad. Los derrames en tierra y en cursos de agua están dañando severamente al ambiente. Desde el 2016 no presenta el Informe de Gestión. En esa fecha, contaba con 164.370 trabajadores, incluidos contratados y en actividades no petroleras, y producía 2.373.000 barriles por día.

Las diferencias son evidentes. Pdvsa pasó de ser una empresa que manejaba eficazmente el negocio de los hidrocarburos y tenía programas de responsabilidad social, a una que descuidó su negocio y se concentró en programas sociales populistas, la mayoría incumplidos. Esta es una apretada síntesis que ampliaremos en un próximo libro.

Como (había) en botica:

Esteban Trapiello es un típico militante del totalitarismo rojo: niega el Holocausto y admira a Hitler.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 4 min


Elías Pino Iturrieta

Los empeños para el restablecimiento de la democracia han estado condenados al fracaso debido a que no plantean el problema partiendo de su fundamento. El problema venezolano no radica en la ausencia de democracia, sino en la desaparición de un hecho social o de una fábrica colectiva llamada república. Ha sido mi tema primordial en los lugares públicos que lo han permitido y en muchos de mis artículos de prensa, sin que pueda decir que haya servido para algo. Como nadie ve aquí a un rey coronado, ni a una nobleza de la sangre acomodada en las alturas, como existía en tiempos coloniales, ni a una corte cuyo origen depende de prerrogativas que provienen de los hábitos del absolutismo establecidos por los austrias y los borbones, juramos que el desafío de la sociedad apenas consiste en luchar por la libertad y por los usos de la democracia que han sido vulnerados.

Pero no es así, bajo ningún respecto. En Venezuela no hay libertad, ni democracia, porque tales realidades no son frutos mostrencos que crecen en cualquier parcela, sin ningún tipo de cuidados, sino el resultado de los mimos que se les ofrecen a través del tiempo en un domicilio estable denominado república. Esto, que me parece fácil de comprender, ha sido subestimado por la mayoría de los líderes de la oposición, especialmente por los más jóvenes, en un desdén que debe atribuirse a su poca formación sobre la evolución de la sociedad venezolana, o que juran que la historia del país solo da sus primeros pasos prometedores cuando ellos debutan en política para conducirnos a una felicidad inventada por su superficialidad y por sus ínfulas. Así las cosas, no les puede pasar por la cabeza que en ocasiones estelares hubo república en Venezuela y que el reto de la actualidad consiste en restablecerla de acuerdo con las solicitudes del tiempo. Voy a aprovechar los sucesos relacionados con los derechos de los gremios docentes, vulnerados de manera grosera por el régimen, para aproximarme a una explicación que puedan entender los dirigentes más brutos o más bisoños de la oposición. Y muchos lectores descuidados, desde luego.

La Oficina Nacional de Presupuesto (Onapre), después de acuerdos oscuros de figuras de la nomenklatura con supuestos líderes sindicales que no tienen arraigo ni prestigio en los lugares de su actividad, dispusieron pagos homogéneos de beneficios salariales que vulneraban derechos adquiridos por un sector de la sociedad a través de la historia. Conviene afirmar que en una república los acuerdos relacionados con sus miembros, tanto en aspectos generales como en el caso de asuntos específicos, se hacen a plena luz, sin escondrijos, sin zancadillas, y que todo lo que no se realice en tales términos es simplemente su antípoda. De lo cual se colige que los tratos oscuros sobre mengua de derechos salariales de un gremio y su ejecución a través de la Onapre es una manifestación evidente de anti-republicanismo. Estamos así ante una evidencia flagrante de anti- república, de acuerdo con mi argumento.

Como sabemos, los gremios y centenares de miles de sus afiliados reaccionaron ante la avilantez. Después de manifestaciones de protesta llevadas a cabo en todo el país, en principio lograron el restablecimiento de sus prerrogativas. Y aquí surge la pregunta más oportuna: ¿De dónde sacaron esa fuerza que los condujo a la victoria?, ¿de dónde provinieron esos arrestos? De los logros permitidos por la república que existió en el pasado próximo. A través de las instituciones, las instancias y los conductos ofrecidos por un hecho histórico de cuño republicano, o solo susceptibles de establecimiento a través de formas de convivencia nacidas en el seno de un fundamento republicano-liberal -legislación laboral, literatura sobre el tema, formación de sindicatos, tribunales especializados, prestigios personales capaces de prolongarse hacia la posteridad, emblemas y consignas imperecederas, etc.- adquirió consistencia una realidad que no podía ser avasallada por una oscura connivencia.

La república que existió no solo tuvo ahora la fuerza para reaparecer, sino también para prevalecer frente a su enemigo mortal, el anti-republicanismo campante en las últimas dos décadas. Porque ahora no estamos ante un hazaña de los partidos políticos de oposición, ni ante el nacimiento de una dirigencia flamante que de pronto obró el milagro del despertar de un sector de la sociedad, ni ante el descubrimiento de métodos de lucha que encontraron la hora del debut, sino únicamente, o principalmente, ante la convocatoria y el consejo de una república anterior hecha por nuestros abuelos, por nuestros padres y por nosotros mismos que estaba a la mano, esperando el llamado, aunque muchos creyeran o sigan creyendo que no la estaban procurando.

Esa república capaz de sobreponerse frente al paso del tiempo, aunque en estos trances apenas un poco, nos recuerda que contó en sus mejores horas con el auxilio de los tribunales, con la independencia del poder judicial -porque sin esa autonomía no hay república– y que es una situación que no se debe descuidar si de veras queremos la restauración del domicilio más importante y caro que los venezolanos levantamos cuando nos convertimos en estado soberano, hace ya casi tres siglos.

28/08/2022

La gran aldea

https://www.lagranaldea.com/2022/08/28/el-instructivo-onapre-y-la-desapa...

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José Luis Cordeiro

Hasta hace relativamente muy poco tiempo, era casi imposible concebir la posibilidad científica del rejuvenecimiento biológico. Afortunadamente, los avances científicos continúan a pasos acelerados y cada vez se descubre más sobre la genética y la epigenética del envejecimiento. En la década de 1980 se descubrieron los primeros genes que podían alargar la vida de gusanos, y el premio Nobel de Medicina del año 2012 fue otorgado al biólogo japonés Shinya Yamanaka por descubrir cuatro genes que controlaban el envejecimiento en las células de ratón. Así hemos pasado de genes en gusanos, a genes en ratones y ahora hasta a genes en humanos que sabemos pueden acelerar y, más importante, revertir el proceso de envejecimiento celular.

Científicamente, aunque mucha gente todavía no lo sabe, ya está probado que el proceso de envejecimiento es flexible y hasta reversible. La prueba de concepto es que ya se han rejuvenecido células, tejidos y hasta algunos órganos en animales como gusanos y ratones. Es cuestión de tiempo hasta que comiencen los primeros ensayos clínicos en humanos.

Estas ideas y tecnologías de vanguardia serán el foco de la primera Cumbre de Longevidad que se celebrará en Dublín los días 19 y 20 de septiembre. Dicha cumbre será organizada bajo el liderazgo científico de Aubrey de Grey, quien ya había creado una serie de conferencias similares en la Universidad de Cambridge. Según el científico de Grey: “La primera persona que vivirá 1.000 años ha nacido ya”, es decir, un nuevo “Matusalén”, que alcance cerca de mil años, está entre nosotros.

De Grey explica que la industria del rejuvenecimiento está creciendo exponencialmente y por eso la Cumbre de Longevidad contará con presentaciones desde pequeños startups hasta grandes corporaciones, desde iniciativas académicas hasta proyectos gubernamentales. En los próximos 20 años, la industria del rejuvenecimiento será la más grande del mundo, al igual que fue el sector de la energía en el año 2000 y el sector de las tecnologías en 2020.

José Luis Cordeiro
www.cordeiro.org

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José Antonio Gil Yepes

Es obvio que las cifras, tanto del gobierno venezolano como de multilaterales y bancos extranjeros, han ofrecido unos datos sobre el tamaño -modesto- del Producto Interno Bruto (PIB) que no explican el mucho mayor tamaño de algunas manifestaciones socioeconómicas que se observan a simple vista: la circulación de autos y motocicletas, la afluencia a sitios de comida, supermercados y abastos, la venta de artículos para el hogar, etc. Todo esto sugiere que, además de las actividades económicas que podemos medir, ocurren otras informales que no estamos midiendo, pero tienen efectos reales y notorios.

Lo que más llama la atención es la recuperación de los indicadores de opinión pública, también muy por encima de las modestas cifras sobre la recuperación económica. Por ejemplo, según la Encuesta Nacional Omnibus de Datanalisis, la Situación País era evaluada negativamente por el 85% de la población hace 18 meses; hoy ese porcentaje ha descendido a -60%. Sigue siendo “mala” dicha evaluación, pero el indicador ha mejorado en un 30%. Esta tendencia es mucho más marcada en el caso de la evaluación de la Situación Personal. Ésta se encontraba en + 15% hace tres años, pero, para julio 2022, se encontraba en +69%; una recuperación de, aproximadamente, el 460%.

La Evaluación de Gestión de Nicolás Maduro ha subido un 180% en 18 meses, de 10% a 28%. Quienes quieren que deje la Presidencia de la República han bajado del 80% en esos mismos 18 meses a 54%, una mejora del 33%.

El cambio que puede explicar estas mejoras se basa en las políticas económicas iniciadas a partir de 2019, sobre todo la desregulación de los precios, de la libre circulación de las divisas, reducción de aranceles, etc.; políticas que han empujado la oferta y el empleo. También es obvio que la reducción de la inflación de 1.680.000% en 2017 a 660% en 2021 tiene que representar un gran alivio que estaría reconociendo la población. Desde hace unos 20 años Escenarios Datanalisis viene siguiendo la correlación entre Liquidez Real (Liquidez Nominal menos Inflación) y el nivel de aprobación de gestión de quien haya sido el Presidente de la República de turno. Entre 2004 y 2012 dicha correlación fue muy alta y positiva (+ 0,94%). Desde 2013 hasta 2018, años en los que el presidente Maduro cometió el error de seguir las políticas populistas y estatistas de Hugo Chávez, pero sin altos ingresos petroleros que taparan esos errores, por más que al principio de ese segundo período subiera la liquidez real, la aprobación de gestión del presidente bajaba. Sin embargo, a partir del cambio de políticas económicas del 2019, se ha observado, primero, que la Liquidez Real dejó de caer y, a partir de 2021, comenzó a crecer muy modestamente. No obstante, el rédito que la pequeña mejora en este indicador le ha rendido a NM es enorme porque su aprobación de gestión ha crecido notablemente, como ya señalamos.

La mejora en esta relación entre Liquidez Real y Aprobación de Gestión presidencial sugiere lo mismo que los indicadores de la economía real; es decir, que circulan mucho más divisas que las que se pueden medir.

Otro mensaje de este breve análisis es que el gobierno estaría cometiendo el error de tratar de recuperar el valor del bolívar recortando la circulación de las divisas y, además, castigándola con el IGTF. Si se quiere rescatar el bolívar, se debe hacer promoviendo el crecimiento de la economía real a través de la inversión privada para que nuestra moneda tenga respaldo. Precisamente, el error es peor si se considera que la libre circulación de divisas fue, junto con la desregulación de precios, uno de los grandes alicientes para que el empresariado se metiera la mano en bolsillo y, sin crédito bancario, financiara la recuperación económica. Si el gobierno no tiene, como tampoco tenía en 2019 como financiar dicha recuperación, creo que, para seguir reconectando con la población, le conviene desarrollar las políticas que atraen la inversión privada, oferta y empleo nacionales, no frenarlas.

@joseagilyepes

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