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Opinión

María Soledad Tapia

Editorial

Venezuela ha sufrido un cambio masivo de estatus. Considerada una nación próspera con las reservas comprobadas de combustibles fósiles más grandes del mundo, y clasificada como un país de ingresos medios-altos, ha ocurrido que la disminución de la producción de petróleo, de la disponibilidad de combustible y erradas decisiones macroeconómicas han afectado e irrumpido en todos los sectores de la economía. Una gran proporción de la población tenía fácil acceso a alimentos, a los servicios de salud, agua potable, saneamiento, gas doméstico, electricidad, combustible y transporte, pero la disminución de la producción de alimentos, de los ingresos reales y el deterioro las condiciones de vida han generado desnutrición, inseguridad alimentaria, y complejas estrategias de supervivencia. Todo ello ha dado lugar a un espacio humanitario.

En 2019, este espacio se amplió mediante la instalación de la arquitectura de coordinación humanitaria internacional de la ONU. Bajo la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), se establecieron un equipo de país y ocho grupos temáticos o clusters: seguridad alimentaria/medios de vida; agua/saneamiento/higiene; educación; nutrición; salud; protección; vivienda/energía/artículos no alimentarios y logística. OCHA indica que la situación humanitaria no ha sido abatida luego de seis años consecutivos de contracción económica, inflación/hiperinflación, tensiones políticas/sociales/institucionales, la pandemia de COVID-19 y sanciones internacionales.

Según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), las personas continúan saliendo del país para escapar de la violencia, la inseguridad y las amenazas, así como de la falta de alimentos, medicamentos y servicios esenciales, y se ha convertido en una de las mayores crisis de desplazamiento en el mundo, con más de 5.9 millones buscando mejores condiciones en otros lugares.

La prevalencia de la desnutrición (PoU, por sus siglas en inglés) se ha multiplicado casi por cuatro: del 6.4 % en 2012-2014 al 21.2 % en 2016-2018 (Figura 1). Durante el mismo período de recesión, la inflación reportada alcanzó alrededor de 10 millones por ciento y el crecimiento del PIB real empeoró, pasando de un 3.9 por ciento negativo en 2014 a un 25 por ciento negativo estimado en 2018 (FAO, FIDA, UNICEF, PMA y OMS, 2019). La Figura 1 muestra un aumento sostenido de PoU desde 2009. Esto parecería refutar, o al menos no corroborar, las afirmaciones oficiales que atribuyen el PoU a las sanciones vigentes desde 2017.

Figura 1: Prevalencia de desnutrición. República Bolivariana de Venezuela (2009-2018 en trienios). Adaptado de FAO, FIDA, UNICEF, PMA y OMS (2019). Las estimaciones de 2018 en los promedios de tres años de 2016-2018 son valores proyectados.

En 2019, el Programa Mundial de Alimentos estimó que el 7.9 % de la población (2.3 millones) padecía inseguridad alimentaria grave y el 24.4 % (7 millones), inseguridad alimentaria moderada. Uno de cada tres venezolanos (32.3%) tenía inseguridad alimentaria y necesitaba asistencia.

Analizar la seguridad alimentaria y nutricional (SAN) en Venezuela es una tarea ardua debido a la falta de información oficial. Por lo tanto, la comunidad científica y académica, las ONG y los consultores se han comprometido a recopilar información sobre la SAN. Este es el caso de este Tópico de Investigación.

Se publican diez artículos en el siguiente orden:

El artículo de Rodríguez García sobre Food Security in Venezuela: From Policies to Facts, (“Seguridad alimentaria en Venezuela: de las políticas a los hechos”) utiliza la experiencia venezolana para llamar la atención sobre el hecho de que decretar muchas leyes y reglamentos relacionados con la alimentación y la nutrición no es suficiente para garantizar el derecho a la alimentación.

Moreno-Pizani en Water Management in Agricultural Production, the Economy, and Venezuelan Society “Gestión del agua en la producción agropecuaria, la economía y la sociedad venezolana”) analiza el mal manejo del agua como recurso fundamental para la producción, la economía y la sociedad. A pesar de los abundantes recursos hídricos, graves problemas afectan el sistema venezolano de producción de alimentos (infraestructura de riego, baja disponibilidad de agua en los procesos productivos y disminución de la generación de energía eléctrica)

Hernández et al., en Dismantling of Institutionalization and State Policies as Guarantors of Food Security in Venezuela: Food Safety Implications, (“Desmantelamiento de la institucionalización y políticas estatales como garantes de la seguridad alimentaria en Venezuela: Implicaciones en la inocuidad alimentaria”), utilizan el caso venezolano para ilustrar cómo se puede socavar la infraestructura de seguridad e inocuidad alimentaria de un país laboriosamente establecida a lo largo de un siglo y desmantelado en un número desproporcionadamente corto de años.

Assessment of Malnutrition and Intestinal Parasites in the Context of Crisis-Hit Venezuela: A Policy Case Study (“Evaluación de la malnutrición y parásitos intestinales en el contexto de una Venezuela golpeada por la crisis: Un estudio de caso de política”) por Mejías-Carpio et al., utiliza un enfoque racional de las recomendaciones internacionales para países en crisis, aplicándolas al alarmante resurgimiento de parásitos intestinales relacionados con la pobreza y la anemia que están agravando la salud y el estado nutricional de la niñez venezolana.

Herrera-Cuenca et al., en Challenges in Food Security, Nutritional, and Social Public Policies for Venezuela: Rethinking the Future, (“Desafíos en las políticas públicas de seguridad alimentaria, nutricional y social para Venezuela: Repensando el futuro”), intentan conceptualizar un modelo de política pública que analice los indicadores sociales, nutricionales y de seguridad alimentaria actuales.

Raffalli y Villalobos en Recent Patterns of Stunting and Wasting in Venezuelan Children: Programming Implications for a Protracted Crisis “Patrones recientes de retraso del crecimiento y emaciación en niños venezolanos: Implicaciones programáticas para una crisis prolongada”), muestran cómo la crisis humanitaria prolongada ha impactado significativamente el crecimiento infantil, con base en la evaluación de los patrones de emaciación y retraso en el crecimiento y su concurrencia entre grupos vulnerables de niños a través de registros antropométricos captados por Cáritas Venezuela.

En Ethics and Democracy in Access to Food. The Venezuelan Case, (“Etica y democracia en el acceso a la alimentación. El caso venezolano”), Marrero-Castro e Iciarte-García discuten la dimensión ética del derecho a la alimentación bajo las premisas del premio Nobel Amartya Sen que equiparan democracias funcionales y seguridad alimentaria, demostrando la relación hasta el caso venezolano.

Hernández y Camardiel en Association Between Socioeconomic Status, Food Security, and Dietary Diversity Among Sociology Students at the Central University of Venezuela, (“Asociación entre estatus socioeconómico, seguridad alimentaria y diversidad dietética entre estudiantes de Sociología de la Universidad Central de Venezuela”), encontraron que los estudiantes de Sociología que tienen inseguridad alimentaria tienen cuatro veces más probabilidades de tener una dieta pobre, variada/monótona.

Pico y Bernal abordan la crisis migratoria en Food and Nutrition Insecurity in Venezuelan Migrant Families in Bogotá, Colombia, (“Inseguridad alimentaria y nutricional en familias de migrantes venezolanos en Bogotá, Colombia”), analizando los cambios en el acceso, disponibilidad y consumo de alimentos en migrantes venezolanos que llegan a Colombia como primer destino.

Finalmente, Marys y Rosales en Plant Disease Diagnostic Capabilities in Venezuela: Implications for Food Security, (“Capacidades de diagnóstico de enfermedades de las plantas en Venezuela: Implicaciones para la seguridad alimentaria”), discuten cómo los crecientes problemas en el diagnóstico, monitoreo y manejo de enfermedades de las plantas en el país afectan la seguridad alimentaria nacional (p.ej. huanglongbing que devasta nuestra industria de cítricos).

Este Tópico de Investigación representa una oportunidad extraordinaria para exponer la situación de Venezuela, considerada única en un país fuera de guerra. Utiliza análisis basados ​​en la ciencia para explorar cómo los sistemas alimentarios pueden verse afectados por múltiples factores y ayudar a establecer un marco para abordar los problemas que enfrenta Venezuela actualmente, pero que, además, otros países pueden enfrentar en el futuro. Expresamos nuestro enorme agradecimiento a Frontiers, por su apoyo.

Maria S. Tapia, Gioconda San-Blas, Carlos Machado-Allison, Andrés Carmona y Maritza Landaeta-Jiménez

https://miradorsalud.com/seguridad-e-inocuidad-alimentaria-en-venezuela-...

Este editorial y los artículos mencionados en el mismo pueden ser consultados (en inglés) en: https://www.frontiersin.org/research-topics/12017/food-security-and-food...

 6 min


Maxim Ross

Es mucho lo que se ha escrito sobre el tema de cómo superar la pobreza, aunque parezca que todavía la humanidad no consigue la fórmula para abatirla en los planos nacional e internacional. Desde el punto de vista de las mediciones existen versiones encontradas acerca de si se ha avanzado lo suficiente como para decir que el objetivo se ha logrado. El Banco Mundial ha sido abanderado en esta lucha[1] y en la defensa de que mucho terreno se ha caminado, pero aún se escriben artículos y opiniones que dicen lo contrario [2] La pandemia agravó el problema porque, obviamente, las poblaciones y países más vulnerables sufrieron con mayor rigor su paso por sus vidas. Al momento de escribir esta breve nota puede decirse que estamos en la mitad del trayecto y que el COVID diluyó bastante los avances obtenidos. Intento recapitular a ver si, ayuda.

La experiencia: ¿Qué nos dice?

Diría, en principio que el asunto tiene dos caras. Por un lado, la visión micro, esto es la de los individuos que están en dicha situación, dentro de la cual están dos versiones, la de quienes no se perciben como pobres (hay mucha literatura sobre ella), no se definen como tales y no requieren medidas ni políticas que les alivie y, la otra, de quienes si se adhieren al concepto y exigen un tratamiento del tema, pero en ambos casos subsiste la idea de que se trata más de intentos de superación personal que no demandan acciones de mayor orden. De otro lado está la visión macroeconómica y social, en la que privan las conocidas mediciones de nivel de ingreso y de necesidades básicas insatisfechas, en las que los grandes números muestran avances y retrocesos. La experiencia nos dice que, si se desean obtener resultados importantes y cambios de signo relevantes ambos tratamientos son necesarios.

El crecimiento económico reduce la pobreza.

Una primera constatación nos las ofrecen las mediciones, en especial las del Banco Mundial, institución que un momento dado afirmaba que estábamos frente a un mundo de “clase media”. Quiere decir que había verificado que los niveles de pobreza habían disminuido radicalmente en la década de los noventa y los 2000, con especial énfasis en cómo se había reducido de manera dramática en los países emblemáticos que fueron China y la India, cuyo peso en el índice era muy significativo y donde un crecimiento económico acelerado parecía empujar el índice hacia arriba. Es la era de la globalización y de la creación de una inmensa capacidad productiva en esos países lo que explica el fenómeno, pero luego se produce la crisis de los años 2008/09 revirtiendo los éxitos logrados, lo que pareciera decir que algo tienen que ver altos niveles de producción con menos pobreza, con el hecho de una transformación hacia el capitalismo de aquellos países, cuestión que se ha extendido a mas regiones del mundo, por ejemplo Vietnam, Laos y algunos países africanos que se han ido por ese modelo. Argumento que la ecuación crecimiento económico, creación de capacidades productivas y senda capitalista algo tienen que ver con la solución del problema, pero sabemos que eso no basta: requerimos de un enfoque más micro, más cercano al individuo.

¡El Individuo cuenta!: El aporte de Amartya Sen.[3]

Probablemente uno de los más acabados enfoques del tema, este del economista Sen lo considero digno de atención e interés, no solo porque ofrece una perspectiva ambivalente del problema, pues acepta que se requieren políticas macroeconómica para enfrentar la pobreza, pero a ello añade una visión que, si bien se concentra en la persona, en los individuos, los relaciona de tal manera que, ellos en libertad, tienen la potestad de escoger opciones de desarrollo y superación de sus precarios estadios económicos y sociales. El expediente que utiliza, a mi juicio sobresaliente, vincula el tema de hacerlo en libertad, esto es no depender de actuaciones gubernamentales coercitivas o restrictivas, con el tema de la asociatividad. Dice: es cierto, los individuos solos no pueden e invoca el innovador concepto de la Agencia. El individuo de “paciente”, debe pasar a ser “agente” de su propio destino. La combinación que sugiere, entre buenas políticas macroeconómica, el enfoque en el individuo, la asociatividad dio frutos relevantes en los casos que estudio, en especial en la India.

Parece, pues, que hay ideas y enfoques que pueden hacer más ricos a los pobres y podemos concluir, a manera de invitación y proposición, en que estas notas inspiren a las nuevas generaciones políticas venezolanas, aquellos que, quizás, algún día nos regresen a la normalidad de un país próspero y democrático.

[1] En los últimos años esta institución ha estado, prácticamente, focalizada en esa lucha.

[2] Poor Economics: A Radical Rethinking of the Way to Fight Global Poverty. Banerjee, A & Duflo, E MIT. Public Affairs, 2011

[3] Desarrollo y Libertad. Sen, A. Editorial Planeta, 2000

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Américo Martín

Te llaman por teléfono

– ¿De parte de quién?

– No se identificó.

Estoy en mi casa, en la quinta Mares. Maquinalmente tomo el auricular y una voz seca, cortante, me pregunta:

¿Usted conoce a Eduardo Angarita?

Agarraron a Frank, pensé. ¿Cómo debo contestar? Opto por demostrar indiferencia y me las doy de chistoso. Lo que me sale, lo sé bien, de cómico no tiene nada pero por ahí me voy

¿Angarita? ¡Claro que la conozco! La tomo y me gusta.

Deliberadamente he trastocado el nombre de Angarita por el de Kantarita, el yogurt de moda con el nombre de “leche acidófila”. El tipo me cuelga con brusquedad.

La Seguridad Nacional tiene el número de mi casa. Seguramente los espías lo tomaron de la libreta telefónica de mi amigo preso. Frank, obviamente no ha dicho nada comprometedor sobre mí, de otro modo no me llamarían, me capturarían por sorpresa.

Entre la clandestinidad y la prisión

Hay por lo menos dos asuntos de estos trajines de la política que nos enloquecen un poco sin darnos cuenta: la clandestinidad y la prisión. La primera la viví con acento muy especial desde 1953 hasta 1958; el trastorno mental de la segunda lo descubriré en la década de los años 1960, cuando me convierta en preso estable de una democracia.

La clandestinidad despierta fantasmas dormidos. Estamos en el asueto de diciembre. El incidente de Eduardo Angarita me lleva a una absurda conclusión: al comenzar las clases en enero me esperará la consabida comisión de la Seguridad Nacional en la puerta del liceo. Únicamente le transmito mis inquietudes a mi amigo Omar Zamora, quien sin necesidad de clandestinidad o cárcel es más loco que yo. Le parece totalmente válida mi conjetura.

Decido empezar a prepararme para las preguntas del interrogatorio policial y me dispongo a afrontar la tortura, que doy por descontada. Ni siquiera he pensado en enconcharme. A mis 15 años no se me ocurre cómo funciona eso aunque teóricamente lo recomiende a mis compañeros.

Llega enero, voy a clase, no pasa nada ese ni ningún otro día. No sé si aprendí la lección. No pude comprobarlo porque lógicamente nunca se me presentó una situación imposible como la inventada esa vez por mi febril imaginación.

Entre el desastre de la Constituyente de 1952 y fines de 1957 la dictadura sienta sus reales en Venezuela. Reducida por los golpes materiales, la resistencia se repliega y va cayendo en la pasividad y la resignación. Es un mar de tranquilidad inalterable. Viejos adecos y comunistas deambulan como sombras rumiando pérdidas. Basculando de la preocupación a la esperanza, mi tío Luis Estaba, adeco ya sin oficio partidista, ha descubierto no sé cómo mi condición de militante clandestino. Soy el hijo de su hermana y le angustia el peligro al que me expongo con tan ingenua tranquilidad. Pero le entusiasma saber que la llama de la resistencia no se ha extinguido ni se reduce a viejos militantes errantes. Ahí hay unos jóvenes ejerciendo o intentando hacerlo el papel de relevos. Lo veo salir de su casa de El Conde, en el este 12 y él me ve en dirección al puente de San Agustín, rumbo al cine Alameda.

– Ven acá que quiero preguntarte algo

– Hola tío, ¿qué hay?

– ¿Ustedes se reúnen? me arroja como si fuera una piedra. ¿La juventud del partido se está reuniendo?

Necesita recibir noticias optimistas para elevar el ánimo. No pudo encontrar nadie mejor que optimistas irredentos como uno.

Claro, por supuesto. Nos reunimos regularmente y en total secreto. Nos estamos reconstruyendo. Todavía no es el momento de pasar a la ofensiva, le advierto ensayando el lenguaje de las estrategias y las tácticas, ya aprendido en mi actividad de novato.

Esa es la tónica dominante en la pax romana impuesta por la dictadura. Pero como no todo puede quedar en aguas submarinas constituimos grupos culturales cuyas actividades sean toleradas, con el fin de movernos en el plano legal así sea en forma indirecta

En 1953 conozco por primera vez una cárcel por dentro. Salimos del liceo y caminamos amigablemente hacia el parque Carabobo los comunistas Vincencio González, Jesús David Garmendia y Luis Álvarez Domínguez, y los adecos Romulito y yo. Al llegar al parque nos rodean varios espías. Somos trasladados a la Seguridad Nacional, cuya sede estaba todavía en El Paraíso. Observo una virgen en la sala de entrada, pero no es La Coromoto. Nos sientan sin presionarnos demasiado. Un señor llama:

Romulito, pasa para acá

– Mi nombre no es Romulito. Me llamo Rómulo Henríquez Navarrete.

– Ven acá

Suponemos que nos irán llamando. Luis portaba en sus bolsillos propaganda de su partido. Como pudo, se desprendió de ella y la introdujo bajo el asiento del carro donde habíamos sido trasladados a la Seguridad Nacional. Esperamos quizá dos o tres horas. Han seguido hablando con Romulito. Se nos acerca un agente de pelo cano llamado Luis Torres, y uno a uno nos va preguntando:

– ¿Cuántos años tienes?

– Dieciséis, dicen mis compañeros, quince, remato yo

El canoso nos mira con conmiseración

¡Qué bolas las de ustedes! ¡En lugar de ponerse a estudiar….!

Inesperadamente aparece Romulito. Alguien lo había mencionado o su nombre aparecería en una agenda inapropiada, lo cierto es que no lo acusaron de nada. Fue una simple exploración sin consecuencias. Ninguno ha sido registrado en el archivo policial y puedo regresar a mi casa sin que mis padres llegaran a sospechar lo que me había ocurrido.

Pienso en la buena suerte de Luis Álvarez. Cuando den con los papeles que escondió en el carro de la Seguridad no podrán relacionarlos con nosotros precisamente porque no tuvieron la previsión de levantarnos las fichas de rutina y de dejar constancia del incidente. La burocracia, siempre tan oportuna, preferiría botar los papeles al cesto para no trabajar de más.

Este es el último artículo de Américo Martín. Extrañaremos su pluma, siempre consecuente con esta, su casa editora. Paz a su alma.

Américo Martín era abogado y escritor.

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David Bittan Obadia

Señor AMLO, su majestad el rey Felipe VI, Rey al que admiro, respeto y conozco, no puede dar respuestas a planteamientos impertinentes; quizás usted no entienda, como se bate el cobre en países civilizados, y obviamente mucho menos en la casa Real Española.

Usted lleva un tiempo teniéndole muchas ganas a España, claro con su vecino no se mete por razones obvias, mas bien le coquetea y en exceso.

Señor presidente, no lo tildo de ignorante, pero su abierto desconocimiento sobre la conquista y el Imperio Español, simplemente lo limita mucho y le anima a emitir declaraciones lamentables en su show matutino. Por cierto sus resultados de gestión son desastrosos; y como refiere la prensa de su país: “hay una desgraciada realidad y un intento permanente de esconderla“.

Estoy convencido que la manipulación mediática le ha dado resultados en un grupo importante de personas, ese mismo, a los que no vale la pena sacar de la miseria pues ya no le votarían.

Señor AMLO, el imperio español controló y mantuvo en armonía por casi 400 años a más de 20 millones de km2, que integró en una unidad política, a pesar de los pueblos heterogéneos; usted en su pequeño ecosistema no ha logrado la tranquilidad tan anhelada, y son al día de hoy los grandes campeones de la violencia el narcotráfico y la corrupción.
La historia de España, con sombras y luces ha cambiado el mundo para bien, “el imperio español, existió, y no hay vergüenza posible”.
Los españoles con la primera globalización, llevaron a su país la civilización judeo-española y el idioma fue un verdadero milagro para la cultura humana, logrando también la maravilla del mestizaje. España igualmente exportó su sistema judicial y las universidades. Donde estuvieron los españoles, todavía hay descendientes indígenas, sin embargo cuéntele a su gente la historia del pueblo Inde o Aapaches, ¿usted sabe que fueron los mexicanos y norteamericanos los que los exterminaron?
¿Sabía usted que, indios mestizos o españoles eran considerados como súbditos de Felipe IV, sin importar su lugar de nacimiento?; sus antepasados señor presidente formaron parte de ese imperio, no reniegue de ello, los españoles no le reprochan que algún familiar de su línea directa tomara la iniciativa de seducir a los compañeros de Colón, por ejemplo y de pronto el daño se causó a la inversa.
Usted intenta contar la historia a su manera, pero si los españoles no hubiesen conquistado, quizás su familia estaría todavía en el tema de caza, pesca y recolección y creyendo en brujos y chamanes. Solo puede construir futuro quien conoce la historia.
Ser humorista es un tema serio, México tiene notables profesionales que el mundo admira, pero dar risa es otro tema, lástima por el noble gentilicio de ese país.
Como dicen los humoristas serios de España: si le hubieran hecho caso a sus consejos al empezar la pandemia “la misma habría acabado hace un año y la humanidad un ratito antes”.
Deje a España quieta, su majestad no puede contestarle, por razones obvias, pero yo me encargaré de que le lleguen estas líneas y desde aquí imagino su sonrisa; yo si grito a los cuatro vientos: ¡Viva España y Viva el Rey!

davidbittanobadia@gmail.com

Twitter: @davidbittano

 2 min


Carlos Raúl Hernández

En el barrio Barra Funda de la atronadora Sao Paulo, se encuentra el Memorial de América Latina un gran auditorium para varias decenas de miles de personas, diseñado por el genial arquitecto Oscar Niemeyer. Al frente del Metro, la escultura de una mano gigante, cuya palma tenía una mancha de sangre con la forma del mapa de Latinoamérica. Las venas abiertas de América latina (1971) de Eduardo Galeano, seductoramente escrita, inspira esta sublime interpretación de la historia. Su autor la forjó de metales comunes: equivocaciones, mitos, fanatismo, resentimientos históricos y distorsiones de la realidad, una guía para la acción que lleva medio siglo de sembrar indigencia intelectual y de la otra. Aunque al final de su vida, Galeano la repudió, para nadie es negocio darse por enterado. Es la versión masiva de la teoría de la dependencia que en los setenta replantea los problemas de América Latina en términos de comunismo duro, para descubrir que la felicidad vendría luego de la “ruptura de la relación neocolonial” con el “capitalismo” a la manera de Fidel Castro.

Su hermana mayor era “la teoría del desarrollo” de Cepal, con varios puntos en común: repudio “administrado” a los capitales nacionales y extranjeros, que aceptaba con asco, mientras “la dependencia” los execraba. Ambas concebían que “el desarrollo” debía ser con capitales del Estado, empresas “estratégicas” bajo control nacional. Cepal recomendaba controles de cambio, precios y comercio exterior para subordinar las inversiones privadas, a regusto del populismo y el progresismo; y la segunda, manejo total de la economía por gobiernos revolucionarios. La sustitución de importaciones cepaliana pretendía superar la exportación de productos primarios, que había hecho de Latinoamérica una sociedad pujante, para crear industrias “nacionales dirigidas al mercado interno”, principalmente cerradas a la competencia extranjera. Nacieron industrias no competitivas, ineficientes, sustentadas por subsidios del gobierno, que no producían ingresos en divisas, sino al contrario monstruosos endeudamientos nacionales para sostenerlas.

A la entrada de los 80, los países llegaron a niveles extremos de empréstitos para mantener semejantes parásitos, con hiperinflaciones, hiperdevaluaciones, pobreza, desempleo, estancamiento. En 1982, México y luego Argentina y Brasil declaran default, vulgar bancarrota, y estalló un volcán que puso en peligro a Latinoamérica y el sistema financiero mundial. Debían 330 mil millones de dólares, tres veces el valor de las exportaciones. Los irresponsables causantes del desastre, cuyos colosales errores crearon una crisis mundial, ahora se frotaban las manos por “el fin del capitalismo”. Y se defienden atacando, atribuyen los daños, no a Cepal… ¡sino a los bomberos del FMI! que apagan el incendio. La izquierda crea su Golem, el “neoliberalismo”. El sabio Pablo Iglesias dijo que Galeano “le había dado voz a Latinoamérica”. Ciertamente, dejaron una huella profunda Darcy Ribeiro, Theotonio Dos Santos, Enzo Faletto, Ruy Mauro Marini, Octavio Ianni, Tomás Vasconi, André Gunder-Frank, Carlos Lesa, Aníbal Quijano, Vania Vambirra, Martha Harnecker, junto a Prebisch, Helio Jaguaribe, Oswaldo Sunkel, Celso Furtado y Alonso Aguilar.
Tan profunda que las venas abiertas no terminan de cerrar y todavía muchos profesores, estudiantes, sindicalistas, políticos, empresarios e intelectuales, inconscientemente, como el personaje de Moliere que hablaba en prosa y no lo sabía, se refieren al “neoliberalismo” y las “expropiaciones” como si las experiencias de Latinoamérica de los 80, Cuba y Norcorea, por un lado, y su antítesis China, Vietnam, Indonesia, Laos, Brunei, Malasia, Singapur, Japón, Australia y Surcorea de hoy, por el otro, no existieran. Latinoamérica en los 80 sale de la crisis gracias al FMI, en lucha agónica contra la izquierda más estúpida del planeta que quiso sabotearlos para liquidar el sistema capitalista (a la chilena ya la vimos en acción en 1973 y la seguimos observando). Luego, el cadáver insepulto del cepalismo regresa en la hermética cabeza de Caldera y más tarde el criptofidelismo económico de Giordani y Ramírez.
Los estragos de las “sanciones económicas” globales, permitiría entender que lo que “subdesarrolla”, es si y solo si, la ausencia de inversiones internacionales. Según el pensamiento anacrónico que revelan los debates en la “constituyente” chilena, hubiera ido mejor si nadie nos conociera nunca, como algunas tribus del Amazonas que viven en la Edad de Piedra. La lucha es contra la sociedad abierta, los factores modernos y productivos, para cerrarla al estilo soviético o africano, expropiaciones o nacionalizaciones, sin registrar lo ocurrido con el comunismo de Galeano. Lejos de ser una lucha contra el atraso latinoamericano es contra su avance y algunos tontos todavía cuestionan abiertamente la modernidad. La “dependencia” ni el cepalismo nunca pudieron responder por qué EEUU y Canadá, tan dependientes como Cuba o Nicaragua en su momento, son hoy grandes potencias mundiales. Tampoco por qué Venezuela se hundió en medio de los mayores precios históricos del petróleo y, la una vez desarrollada Argentina, hoy es pasto de la improductividad, corrupción, pobreza, y clama por el FMI.
@CarlosRaulHer

 3 min


Laureano Márquez

De lo sucedido esta semana se desprende que robar en Venezuela es buenísimo, si lo sabes hacer con una buena dosis de cooperación institucional y cinismo. El asunto es que hay que robar mucho, porque al final, estos ladrones antiimperialistas lo que quieren es vivir en el imperio y correr libremente con sus caballos pura sangre por las riberas del río Mehicepipi. El secreto está en robar bastante y luego cooperar con el gobierno norteamericano de manera que este se lleve un altísimo porcentaje de lo robado (que nunca volverá al pueblo venezolano a quien pertenece) y el ladrón, con el repele de milloncejos de dólares que le quede bajo el colchón, pueda vivir una existencia tranquila, al amparo y protección de las autoridades del país del norte.

No se trata solo de ser un corrupto, sino de tener una libretica donde se van anotando nombres y datos de toda la trama de corrupción de la que se es parte. Esas informaciones son las que, suministradas en el momento oportuno, van a permitir al ladrón su liberación en los Estados Unidos con una sentencia reducida.

Con la información que obtienen, los jueces harán nuevas detenciones y embargos de otras fortunas hasta que lleguen al más bolsa (¡mosca bolsas!, que ahora van por ustedes), el que se ha robado apenas una docena de millones de dólares y que, sin la previsión de la libretica, se queda sin posibilidades de negociar y consiguientemente de partir la cochina.

Lo robado por el corrupto también es un negocio, sin duda, para el gobierno norteamericano. Es la transferencia de fondos más brutal que un país haya hecho a otro en toda su historia. Nuestros ladrones de cuello blanco no se roban el 10% de la represa que va a producir la energía hidroeléctrica del país, como hace cualquier corrupto decente del primer mundo. Los nuestros se roban la represa entera y encima, desvían el río en el que se iba a levantar, para robarse también el oro, imposibilitando para siempre la construcción de la represa, causando un daño ecológico irreparable y dejando al final al país a oscuras. En definitiva, el asunto es que el monto de lo robado por estos predios es exorbitante, incalculable, descomunal, inconmensurable, hercúleo. Y lo que se roban nuestros corruptos en nombre de la lucha antiimperialista, va a parar, pues, at the end of the day a las arcas del tesoro de los Yunay Esteys.

Robar es, como hemos dicho, un excelente negocio en Venezuela, pero no para los niños que pierden la vida en el hospital J.M. de los Ríos (que pena con el Dr. José Manuel, un magnífico pediatra) y para todas las personas que mueren de mengua en hospitales mal dotados por carencia de fondos.

Tampoco el robo es negocio para las universidades del país, que deben pagar sueldos miserables a sus profesores y reducir su actividad por la carencia de presupuesto, destruyendo la educación, que es el motor con el que avanza una nación. Robar es bueno, pero no para el que trabaja decentemente, con empeño, durante treinta o cuarenta años y espera, con el fruto de sus ahorros y su merecida jubilación, concluir su existencia con seguridad y paz. Y este, si protesta con justicia por lo que le corresponde, lo meten preso el mismo día en que el otro sale en libertad.

Esta es la conclusión a la que hemos llegado luego de las informaciones aparecidas esta semana. Y eso sin tener en cuenta lo que aún no se saabe.

Twitter @laureanomar

Laureano Márquez P. es humorista y politólogo, egresado de la UCV.

 2 min


Fernando Mires

Hasta el cansancio ha sido repetida aquella verdad que dice que Putin intenta restaurar el edificio geopolítico de la URSS. Hay quienes sin embargo difieren y sostienen que lo que intenta restaurar es el antiguo imperio zarista. No vamos a entrar aquí en esa más bien académica y políticamente infructuosa discusión. Lo que interesa decir por el momento es que efectivamente Putin es un restaurador, un expansionista, un imperialista e incluso un colonialista, pero sobre todo, como ha destacado recientemente Anne Appelbaum en un emotivo artículo dedicado a analizar a Putin, un antidemócrata. Pero el problema no termina ahí. Putin, además, es el representante máximo de una enorme ola antidemocrática que avanza primero hacia la por él considerada “periferia rusa”, su utópica “Eurasia” religiosa y cultural, equivalente a la “Germania” con la que soñaba ese monstruo llamado Adolf Hitler.

No hay revolución sin contrarrevolución. Desde la Santa Alianza, pasando por los totalitarismos nazi y stalinistas, hasta llegar a nuestros días, han habido diversas olas antidemocráticas, surgidas como reacción a las por Samuel Hungtinton llamadas “olas de democratización”.

La última gran ola fue la que puso término al imperio soviético durante 1989-1990. Putin, desde esa perspectiva macro-histórica, representaría una reacción en contra de la revolución democrática, rusa y europea. En ese sentido es el anti-Gorbachov. Pero no está solo. Putin es solo una parte, quizás la principal, de la contrarrevolución antidemocrática de nuestro tiempo.

Como Stalin ayer, Putin mantiene fuertes enclaves en el Occidente político. Mas, a diferencias de la era Stalin, no se trata de organizaciones doctrinarias como fueron los partidos comunistas pro-soviéticos, sino de una gama de diversos movimientos y gobiernos abiertamente anti-democráticos. Los principales por ahora son los movimientos y partidos antidemocráticos de Europa.

Entre esos gobiernos nos referimos a las autocracias europeas, sobre todo a ese trío representado por Erdogan en Turquía, Orban en Hungría, Kaczinski en Polonia.

Parecerá raro quizás incluir al tercero en la triada pro-Putin dado que Kacszinski, como la mayoría de la ciudadanía polaca, teme a que Putin, en su no oculto proyecto por restaurar la geografía soviética, intente ocupar Polonia. No obstante, Kacszinski, en su visión anti-UE es el mejor aliado de Orban. Y Orban es el más estrecho aliado europeo de Putin.

Al jerarca ruso, a diferencias de Stalin, no importan las convicciones doctrinarias. Pero sí le interesa que sus aliados objetivos de Europa mantengan un desacuerdo vital con la UE y con la OTAN. En ese sentido Kaczinski, como sus homólogos húngaro y turco, comparten con Putin similares convicciones. Los tres son partidarios de un gobierno fuerte y autoritario representado en un líder que encarne la tradición mítica de sus naciones. Los tres se entienden como restauradores del orden familiar, sexual, patriótico y religioso (no importa cual religión). Los tres son enemigos declarados de la democracia parlamentaria. Los tres creen en “el principio del caudillo”. Los tres consideran a la democracia occidental como un producto de la decadencia de Europa.

I-liberalismo llama Viktor Orban al conjunto de ideas y creencias compartidas con sus homólogos. Pero ese i-liberalismo es solo una media verdad. Desde el punto de vista económico los aliados de Putin son radicalmente liberales. Y desde el político, el enemigo no es la ideología liberal sino las instituciones de las democracias europeas. Naturalmente, ellos dicen, y probablemente creen, ser democráticos. Y en sentido literal lo son pues su ideal político está basado en una comunicación directa entre pueblo y caudillo. La democracia que ellos enaltecen no está basada en instituciones ni en constituciones sino en el “principio del líder”, tal como lo formulara el jurista alemán Carl Schmitt al que los nuevos autócratas probablemente no han leído pero, visto objetivamente, han llegado a ser sus mejores discípulos. El odio que en los autócratas despierta lo que ellos llaman “democracia liberal” está, como todo odio, basado en un miedo, en este caso, el miedo a que el control unipersonal del poder sea cuestionado. Como bien observara el historiador polaco Adam Mischnick: “Es posible que Putin no pueda implementar cada escenario, pero ha concentrado el poder político incluso más que Stalin. Stalin, al menos formalmente, estaba limitado por su “politburó”, un organismo político que en principio podía decirle que no, aunque por supuesto no lo hizo. Putin no tiene politburó, es todopoderoso, un monarca absoluto, un César”.

Naturalmente, en su reciente aventura ucraniana, Putin ha contado, si no con el apoyo directo, con el consentimiento indirecto de las tres autocracias mencionadas. Puede que pronto aparezcan más. Los movimientos de la ultraderecha avanzan de modo zigzagueante en todos los países de Europa. La Liga Norte de Salvini ha sido temporariamente desplazada en Italia pero ahora avanza el Vox español que, si bien no se ha declarado miembro del putinismo, comparte con este sus valores esenciales. Las elecciones presidenciales en Francia decidirán sobre el futuro inmediato de Europa. Le Pen es abiertamente putinista y Zemmour puede llegar a serlo sin problemas. Todos son partidarios de una Europa des-unida. Eso al fin es lo que cuenta para Putin. Por si fuera poco, a la derecha nacional-populista europea habría que agregar algunos remedos de la izquierda del pasado. Podemos de España se declara “pacifista” y anti-OTAN. Lo mismo ocurre con los socialistas de Melenchon en Francia y “Die Linke” en Alemania.

Al igual que la antigua URSS, el imperio Putin tiene importantes aliados extra-continentales. Gracias a las vacilaciones de Obama logró convertir a Siria y parte de Irak en un condominio ruso. Irán puede contarse entre sus aliados estratégicos. Los ayatollahs han descubierto que comparten con Putin las mismas obsesiones anti-occidentalistas. Para el ruso como para la camarilla teocrática persa, Occidente es un mundo degenerado. En no pocos puntos, las ideologías teocráticas de los países del Oriente Medio son compatibles con las visiones integristas de la iglesia ortodoxa rusa que ve en Putin un paladín de la cristiandad, cabalgando en contra de los demonios lujuriosos y ateos que acosan Occidente. Sin necesidad de recurrir a Max Weber podríamos afirmar que Putin encabeza una rebelión de la tradición en contra de la modernidad. Pero solamente en contra de la modernidad cultural. No así con respecto a la modernidad tecnológica, la que en sus formas digitales y nucleares pone al servicio de la expansión territorial de su país.

La gran ventaja de Putin es que sabe que al interior de la mayoría de los países occidentales existen multitudes anti-democráticas y que en no pocos de esos países la democracia se encuentra en muy precaria condición. La gran revelación para Putin fue no tanto la presidencia de Trump, la que mal que mal debió ajustar su práctica a las férreas instituciones norteamericanas, sino el carácter del movimiento que encabeza Trump. Por cierto, el ex presidente nunca ha sido un modelo democrático. Su personalismo, su autoritarismo, sus convicciones patriarcales, su escaso respeto por los valores que han permitido forjar a su nación y, no por último, su radical anti-europeísmo, no hablan bien de sus convicciones democráticas. Pero mucho menos democráticos que Trump son los trumpistas. Quizás en este caso habría que invertir la relación entre líder y masas. No es, en el caso de Trump, el líder el que ha producido un fuerte movimiento radical antidemocrático en los EE UU, sino estos últimos son los que han producido el fenómeno Trump. El asalto al Capitolio, por ejemplo, fue una muestra de como la contrarrevolución anti-democrática ha logrado apoderarse, si no del corazón, por lo menos del sistema nervioso de la democracia más antigua de la modernidad. En otras palabras, Putin ha visto en Trump a uno de los suyos.

En donde las instituciones democráticas son débiles o precarias, donde surgen caudillos que enamoran y enardecen a sus pueblos, donde las masas son organizadas desde el estado, donde no hay sociedad civil, y sobre todo, donde los canales de comunicación política se encuentran obstruidos, allí está el campo abonado para que el imperio ruso reclute contingentes. Hay una alianza perfecta entre los movimientos y gobiernos nacional-populistas y el proyecto antidemocrático mundial del cual Putin ha pasado a convertirse en su máximo líder.

Casi no hay dictadura o autocracia en el mundo que no cultive relaciones con el gobierno Putin. Se quiera o no, Putin ha logrado articular en su torno a una internacional de gobiernos y movimientos anti-democráticos. No es casualidad que las tres anti-democracias latinoamericanas, la autocracia mafiosa de Maduro, la dictadura neosomocista de Ortega y la dictadura poscastrista de Díaz Canel, se declaren partidarios incondicionales de Putin.

El proyecto inmediato de Putin es convertir a Rusia en un poder mundial. En el hecho ya lo es. Pero para que este sea más sólido, Putin requiere asegurar su dominación en el que considera espacio vital de Rusia. Ucrania representaría, simbólica y fácticamente, el último bastión que hay que derribar para dar inicio a esa locura distópica llamada por el ideólogo del putinismo, Alexandr Dogin, “Eurasia”. Eso es precisamente lo que no han entendido algunos gobiernos europeos, particularmente el alemán. Si Occidente no opone a través de su diplomacia y de sus ejércitos un decidido “no pasarán” a Putin en Ucrania, Rusia puede, definitivamente, destruir la paz mundial.

Puede ser, así opinan muchos comentaristas, que por el momento Putin decida no invadir a Ucrania. De acuerdo a una relación costo-beneficios, el precio podría ser muy alto, piensan algunos. No obstante, aún sin invadir a Ucrania, Putin ha logrado mostrar al mundo que el bloque occidental se encuentra políticamente dividido a la hora de enfrentar a un enemigo común. Con esa victoria probablemente no contaba Putin antes de enviar a sus cien mil soldados a los límites con Ucrania.

La deserción (sí, objetivamente fue deserción) de Alemania, ha debilitado, se quiera o no, la hegemonía militar y política de los EE UU en Europa. Peor aún, ha debilitado al eje Francia-Alemania y con ello ha dejado a Occidente sin conducción unitaria. Logrado ese objetivo, la invasión a Ucrania –a la que Putin nunca renunciará- puede esperar un tiempo más.

La negativa del gobierno alemán a enviar armas a Ucrania tiene un enorme significado político-simbólico. Significa, lisa y llanamente, que la principal potencia económica europea disiente de las resoluciones de la OTAN negándose con ello a aceptar la hegemonía norteamericana en la región. Para los observadores bienpensantes, Alemania ha llegado a perfilarse como un adalid de la paz. Pero las apariencias engañan.

Si bien en Alemania existen fuertes tendencias pacifistas, no podemos obviar que estas no fueron absolutamente determinantes en la política de Scholz. Hay, se quiera o no, un espacio de decisión que corresponde solo al gobierno. En ese sentido, las razones de la negativa alemana a plegarse a las decisiones confrontativas de la OTAN hay que buscarlas más bien en Olaf Scholz y en su partido. Y aquí hay que nombrar dos hechos que se cruzan entre sí. Uno es que al interior de la socialdemocracia alemana, amparada en los negocios del gas, ha cristalizado una suerte de conexión con el putinismo, vale decir, políticos profesionales que de una u otra manera consideran legítimas las pretensiones territoriales de Putin en Ucrania. Probablemente piensan –y tal vez no les falten razones– que Putin tarde o temprano terminará por construir su imperio euroasiático y con ese imperio habrá que coexistir pacíficamente en el futuro. Ahora bien, si a esas tendencias derrotistas sumamos el fuerte anti-americanismo que prima al interior de sectores de la socialdemocracia alemana y del partido Verde, la mesa estará servida para las ambiciones inmediatas de Putin. No vale la pena, en fin, morir por Ucrania– eso es lo que piensa y no dicen, no solo alemanes sino también algunos políticos europeos-.

Sobre el papel, la idea podría parecer formalmente correcta. Pero la realidad no es un papel. Lo que probablemente no entienden los nuevos estrategas de la geopolítica alemana es que, al mostrar divisiones hacia afuera, Putin ha descubierto que, si anexa a Ucrania -lo dijo el ex minitro del exterior alemán Joschka Fischer- la puerta para apoderarse de los países bálticos sería abierta de par en par. Entonces muchos harán la pregunta que el conocido historiador escocés Neal Ascherson ya formuló irónicamente. ¿Valdrá la pena después morir por Estonia? Y así sucesivamente.

Sin embargo, el problema alemán, como todo problema, tiene dos caras. A la negativa alemana de sumarse a las disposiciones de los EEUU mostrando al mundo la debilidad de liderazgo del gobierno norteamericano, hay que mencionar que, con o sin esa negativa militar, esa debilidad de liderazgo precedió a la negativa alemana. Los europeos, entre otras cosas, recuerdan muy bien que en la caída del imperio soviético EE UU tuvo muy poco que ver.

Digamos de una vez: Desde Bush jr. hasta llegar a Biden pasando por Obama y Trump, los EE UU han descapitalizado su liderazgo mundial. La guerra desatada a Irak por Bush jr. pasará a la historia como uno de los grandes crímenes a la humanidad, más aún que la guerra de Vietnam, donde al fin y al cabo EE UU intentaba frenar la expansión soviética en el sudeste asiático. El invento de las armas de destrucción masiva denunciado por el general Powell es una mancha demasiado sangrienta sobre la historia norteamericana. La reacción anti-Bush de Obama, al ceder prácticamente el espacio sirio al colonialismo ruso, permitió la entrada de la Rusia imperial de Putin en la región islámica. El deterioro de la OTAN y el descrédito que llevó Trump a la UE terminarían por exacerbar los deseos expansionistas de Putin. Si hoy gobernara Trump, Ucrania sería rusa, quizás sin necesidad de una invasión. La retirada caótica de las tropas norteamericanas de Afganistán, no mostró precisamente la cualidades estratégicas del gobierno Biden.

Los latinoamericanos ya sabemos como los intentos norteamericanos, al apoyar a dudosos grupos políticos y económicos -ayer en Cuba y hoy en Venezuela- para derribar a gobiernos anti-democráticos, han bordeado el límite de lo grotesco. En otras palabras, por su poderío económico, militar y cultural, la nación mejor condicionada para ejercer el rol hegemónico en defensa de las democracias de Occidente, no ha sabido o no ha podido cumplir su papel histórico.

Sea porque EE UU ya no tiene pretensiones territoriales en ningún lugar del mundo, sea porque no posee una doctrina internacional supra-estatal, sea simplemente porque sus gobernantes han sido políticamente deficitarios, hay que constatar que en este momento Occidente padece de una seria crisis de liderazgo. Cómo y cuándo será superada esa crisis (seguramente lo será) nadie puede saberlo. Lo que sí sabemos es que en estos momentos, esa crisis –con o sin invasión a Ucrania- favorece a los planes de Putin. Y Putin lo sabe.

Cierto, no hemos hablado de China todavía. Ya lo haremos. Cada cosa a su tiempo.

17 de febrero 2022

Polis

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