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Opinión

Carlos Raúl Hernández

Así titula su libro de 1863, el líder socialista Ferdinand Lasalle, una brillante carrera político intelectual que se truncó al morir a los 39 años en duelo por una mujer. Define la constitución como el conjunto normas inviolables que organizan al Estado y, elemento esencial, consagra los Derechos Fundamentales de los ciudadanos para defenderse de los grupos organizados, y del más poderoso de ellos, el gobierno. Desde los griegos, que la llamaban politeia, el pensamiento político se debate entre quienes, Lasalle et.al, concebían una, constitución normativa y los impulsores del populismo constitucional latinoamericano que la llena de ofertas incumplibles, la divorcian de la realidad y la convierten en constitución de fachada. El constitucionalismo medieval, la asociación de la comunidad para defender sus derechos, se materializa en Inglaterra frente al rey Juan Sin Tierra en 1215, quien firmó la Carta magna libertatum. En la Edad Media, la Iglesia y los filósofos de la Escuela de Salamanca, plantean el magnicidio como defensa contra la tiranía.
1. La Constitución normativa es un sistema de reglas basado en el consenso entre mayorías y minorías, y por lo tanto no pueden aprobarse por mayorías electorales, que suelen corresponder a circunstancias o pasiones alrededor de un jefe carismático. Protege a la comunidad del cambio en las reglas del juego que permite al “jefe” imponer, cuando le convenga, que el bateador se ponche con dos straight y no con tres; su perpetuación en el poder, o cualquier otra pulsión que conspire contra los Derechos Fundamentales.
2. La constitución norteamericana, la venezolana de 1961, y muchas otras, nacen de un complejo mecanismo de consenso entre partidos políticos, instituciones, sindicatos, gremios, y factores de opinión, mayorías calificadas de las dos cámaras del Congreso, los concejos municipales y las legislaturas regionales. Ni George Washington ni Rómulo Betancourt aprovecharon la fuerza de sus liderazgos para promover constituciones por votación mayoritaria o “aplanadoras” contra minorías.
3. La constitución normativa debe sine qua non garantizar la separación entre los poderes, y si no, es una constitución de fachada. Es la ley que hace legítimas las leyes en el esquema de Kelsen, concebida para perdurar, principios que el gobernante y los grupos de poder deben respetar, so pena de hacerse inconstitucionales. Según Montesquieu “nadie puede dormir tranquilo si el que gobierna es el mismo que hace las leyes”. En general los dictadores necesitan librarse de esa camisa de fuerza para hacer lo que les da la gana, y así “proteger la revolución y al pueblo” de las perversiones de la disidencia. Las constituciones pueden resentir el paso del tiempo, y para eso ellas prescriben el dispositivo, también por consenso, para sus reformas y enmiendas. “Constituyentes” para “refundar” estados constituidos, es un exabrupto histórico, regresar al pasado.
4. Las asambleas constituyentes surgen en el lejano siglo XVIII para crear estados democráticos y liquidar instituciones absolutistas en Europa, o coloniales en EEUU, implantar derechos fundamentales y configurar la separación entre ramas del Estado. Las dictaduras y los autoritarismos posteriores reencarnaron sus “constituyentes” para desbaratar el Estado de Derecho, destruir el sistema de partidos, las sociedades pluralistas y fundar nuevos absolutismos. El Estado pluralista obstaculizó eso y la constituyente el método para sustituir las “democracias burguesas” por “democracias populares” o “directas”, que muy pronto se tornan autocracias. Lenin convocó una “constituyente” en 1917 con el lenguaje ditirámbico del “renacimiento histórico”, “la sagrada soberanía popular”, “la creación del Estado proletario” y demás yerbas, pero como los bolcheviques perdieron, simplemente la eliminó. Quedó claro cuánto mandaba el pueblo y que “el constituyente” era él. En Chile hablaban de referéndum revocatorio, cuando repuntaba Kast. Por supuesto, ya no.
5. Las revoluciones se apañan en lenguajes jacobinos, en el radicalismo de las refundaciones, del “gran momento histórico”, “la nueva república” y demás romantiquerías, ridiculeces fatales, que aguan los ojos a los simples, para convocar “constituyentes” y destruir el sistema político establecido, los partidos, y poner las instituciones a su servicio. Para actualizar la Ley de leyes, como dijimos, ella consagra mecanismos de reforma o enmienda. En el contexto de sociedades democráticas, la constituyente originaria es una monstruosidad jurídica que establece “asambleas supra constitucionales” todopoderosas, por encima de la ley positiva (“sobre ella, solo Dios y el pueblo”) pero bajo tutela del caudillo de turno. Lo demostró hasta la saciedad la última oleada revolucionaria en Latam, en la que las imponen a los parlamentos y a las demás instituciones.
6. Esperemos que en Chile triunfe la razón. Su “constituyente” recuerda aquella anécdota del médico que dice al paciente “la operación fue un éxito, amigo. Pero hay una mala noticia: le cortamos la pierna que no era”. Las clases medias estaban aburridas y querían emoción revolucionaria pero el camino tomado es una ruptura con el que llevaban, que era excelente. Pero hay que darle chance a la realidad.
@CarlosRaulHer

 3 min


Ismael Pérez Vigil

El tema de las elecciones presidenciales de 2024 es motivo de burla por parte del régimen, que parece decir: “…Yo soy tan poderoso, que me doy el lujo de poner en duda cuando habrá un nuevo proceso electoral’, provocación cínica que nos recuerda la letra del tango, “Mano a Mano”: “Como juega el gato maula con el mísero ratón…”.

En todo caso, flota en el ambiente el tema; incluso se asoman ya algunos candidatos opositores−rápidamente desmentidos por los interesados o sus allegados− y es motivo de angustia, desesperación y los consabidos argumentos en contra por parte de los sempiternos partidarios de la no participación, los negacionistas de la vía electoral.

La participación en las elecciones del 2024 implica examinar, por lo menos, tres temas: La selección de un candidato único por un mecanismo aceptado por todos; la unidad de los partidos, previa revisión, legitimación o reorganización de los mismos y sus líderes; y una oferta electoral, propuesta o programa, que entusiasme al país. Imposible por lo complejo y extenso de cada uno de estos temas, tratarlos en conjunto, los abordaré en partes, con la seguridad de que aun así quedarán muchos aspectos por fuera.

Comencemos por el de la unidad y el candidato unitario

La necesidad de la unidad para enfrentar el régimen es algo que muy poca gente discute; por eso sorprendió a algunos mi afirmación −en el artículo de la semana pasada, Camino al 2024, al calificar como mito la falta de unidad, sobre todo en lo que a un candidato único se refiere. En efecto así lo creo. La falta de unidad nos ha perjudicado para ganar referendos, curules en elecciones parlamentarias, o algunos cargos de alcaldes y gobernadores, pero nunca hemos tenido ese problema en lo que a un candidato presidencial se refiere.

Porque en las elecciones presidenciales, bien sea por acuerdo opositor o por polarización política del país, siempre hemos tenido un candidato único, con opción, al menos. Y aunque han surgido algunos que han pretendido disputar esa condición de candidato opositor al candidato “oficial”, por llamarlo de alguna manera, siempre que eso ha ocurrido, el propio pueblo se ha encargado de ponerlos en su sitio, dejándolos con una escasa votación.

Ni siquiera en la muy reñida votación del año 2013 (Maduro-Capriles), la aparición de candidatos distintos al oficialista y al candidato “oficial” de la oposición, privó a este último del triunfo; sumando todos los votos distintos a los del candidato oficial al candidato Capriles, solo se reducía la brecha en 0,24%, que aún no era suficiente para derrotar al candidato del régimen −aun haciendo abstracción que ese haya sido el resultado correcto, que es lo que creo, aunque algunos lo dudan−. Así, en el tema del candidato único, posiblemente hay que evaluar que impacto tiene, en su falta de penetración y profundidad en el pueblo, el tema de la forma en que se ha seleccionado.

En las elecciones presidenciales, desde 1998, se han enfrentado tres fuerzas, bastante simétricas: el oficialismo, que siempre ha salido victorioso; un sector mayoritario de la oposición democrática, que ha logrado oponerse con una cierta fuerza, apoyando a un candidato único; y un sector abstencionista, indiferente, engrosado a veces porque la oposición democrática decide jugarse esa alternativa. Aunque siempre ha sido un solo candidato opositor, con opción, no siempre eso ha ocurrido por decisión política de los partidos opositores, sino como efecto de la presión externa y la polarización. Veamos los casos.

– Para la elección presidencial del 6 de diciembre de 1998, el candidato único de la oposición, por efecto de la “polarización” fue Henrique Salas Römer; su designación como candidato único se logró gracias a un consenso, agónico, in articulo mortis, de los principales partidos políticos democráticos de la época, ante la amenaza del triunfo de Hugo Chávez Frías, que retiraron sus candidatos y apoyaron a Salas Römer. De esta forma obtuvo el 39,9% de los votos, un 16% por debajo de Hugo Chávez Frías. La abstención en ese proceso electoral fue del 36,5%.

– La elección presidencial del 30 de julio del año 2000 fue en realidad una prolongación de la elección presidencial de 1998, del “quino” de la constituyente de 1999 y de la aprobación de la novísima Constitución bolivariana el 15 de diciembre de ese mismo año. La oposición no tuvo un candidato “oficial” para esa elección, pero el electorado opositor se decantó o polarizó en favor de Arias Cárdenas, que logro el 37,5%, 22 puntos por debajo de Chávez Frías, nuevamente candidato oficial, quien obtuvo en esa oportunidad el 59,7% de los votos, su mejor resultado en todos los procesos en los que participó. La abstención fue del 43,6%, una de las más altas de la historia electoral del país, superada solamente en la elección de 2018, que fue del 53,9%, según cifras oficiales.

– En el año 2006, el 3 de diciembre, el candidato opositor fue Manuel Rosales, seleccionado por consenso después que varios otros se retiraran de la contienda, en favor de su candidatura unitaria; Manuel Rosales obtuvo el 36,9% de los votos, la diferencia a favor del régimen fue de 25 puntos, pero se consideró una notable recuperación de la oposición democrática, que salía además de varios años de inútil y dañina abstención electoral y del fracaso del referendo revocatorio de 2004. La abstención en esa oportunidad fue del 25,3%.

– En 2012, en las elecciones presidenciales del 7 de octubre, el candidato opositor fue Henrique Capriles, seleccionado en un proceso de primarias a la que llegaron al final cinco candidatos (Leopoldo López se retiró y declinó su candidatura a favor de Capriles). En esa elección de 2012, con un Chávez explotando la enfermedad que lo llevaría a la tumba, la diferencia con Capriles se redujo a menos de 11 puntos; Chávez Frías obtuvo el 55% de los votos, mientras que Capriles obtuvo el 44,3%. nos comenzamos a recuperar, pues habíamos tenido un buen resultado en las elecciones de la Asamblea Nacional de 2010, en donde la oposición, en realidad, tuvo una votación más alta que la del régimen −más de millón y medio de votos por encima− pero nos arrebataron muchos diputados, por la manipulación de los circuitos electorales.

– En la elección del 14 de abril de 2013, el candidato opositor fue Henrique Capriles, quien se enfrentó a Nicolás Maduro; la selección de Capriles se dio por consenso y por su aceptación del reto de enfrentar la maquinaria del régimen, con apenas un mes de preparación, tras el fallecimiento del Presidente en funciones, Hugo Chávez Frías, quien lo había derrotado seis meses antes; en esa elección, como dije más arriba, la diferencia fue de apenas el 1,49% de los votos. (Todavía hay gente hoy que no acepta ese resultado, empezando por el propio Capriles, quien ahora duda, pero en ese momento no dio el paso de retar a fondo ese resultado).

– El 20 de mayo de 2018, tras la debacle de 2017 −recolección de firmas con las que no se hizo nada, protestas con casi 100 muertos, etc. − la oposición democrática no participó en esa elección, ni en la de Asamblea Nacional de 2020.

Los hechos son claros, inútil negarlos. Hemos tenido un candidato único en todos esos procesos, no nos ha faltado la unidad, pero creo que la abstención nos ha privado de haber obtenido un mejor resultado. ¿Qué hubiera pasado si esos números de la abstención se hubieran sumado al candidato opositor y éste hubiera ganado? ¿Se hubiera respetado ese triunfo? No lo sé. Esa es precisamente la gran incógnita que nunca podremos resolver, al menos no, mirando por el espejo retrovisor. No insistiré nuevamente en el tema, baste recordar que la abstención siempre ha estado por encima del 20%, y ha sido un factor decisivo. Pero no el único.

Eso nos lleva, a la necesidad de evaluar otros factores. Por ejemplo, ¿Por qué en la definición de una política frente al tema electoral no se ha logrado la misma unidad que para definir un candidato? ¿Por qué no hemos dado con un mensaje −propuestas y planes hemos tenido− que haya logrado, por una parte, romper con la coraza de indiferencia de quienes se abstienen y por la otra, convencer de su error a aquellos que tras 23 años de fracasos y miseria continúan votando por el régimen?

En la falta de “penetración” del candidato han jugado seguramente un papel importante los partidos políticos y sus líderes, como “equipo” que acompaña a ese candidato, que tampoco han demostrado tener la penetración y aceptación popular suficiente. De allí que el tema, que muchos claman, de la necesaria reorganización y actualización de partidos y líderes, sea un tema primordial a ser analizado.

Politólogo

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 6 min


Jesús Elorza G.

El año 2021, dio paso a un intenso movimiento de renovación en el movimiento olímpico venezolano. Los atletas, entrenadores y dirigentes deportivos fueron testigos de discusiones y confrontaciones en materia electoral para la escogencia de los dirigentes de las organizaciones olímpicas del país. Destacaban, en esas polémicas, sectores que solo buscaban perpetuarse en el poder, otros que solo pretendían sustituirlos y otros que buscaban darle un viraje a la conducción personalista, autocrática y de lucro personal de la dirigencia enquistada en el movimiento olímpico.

Cerramos el año, con decisiones de la Sala Electoral del TSJ señalando violaciones a los derechos electorales de los representantes federativos y sentencias que declaraban “irritas” a las asambleas convocadas para la escogencia de comisiones electorales en el Comité Olímpico Venezolano. Acciones judiciales que dieron paso a discusiones sobre nuevos procesos electorales y a la presentación de nuevas planchas para las directivas olímpicas. Es importante señalar, que en las discusiones siguen estando presentes personas o grupos que solo buscan mantener el “status quo” del continuismo hablando o proponiendo planchas integradas. pero sin la participación en las discusiones de las Federaciones Deportivas. Solo hablan de mantener o integrar a personas representativas del régimen o personas, dirigentes o no, afectas al gobierno.

También, se observó que el sector deportivo para personas discapacitadas estuvo envuelto en agitados procesos electorales. El pasado 6 de diciembre, directivos de las Federaciones Paralímpica de Ciegos, personas con Discapacidad Intelectual, deporte sobre Sillas de Ruedas, deporte para Personas con Parálisis Cerebral, Tiro con Arco, Canotaje, Bádminton, Tenis de Mesa y Ciclismo en su condición de miembros del Comité Paralímpico de Venezuela COPAVEN convocaron a una Asamblea Extraordinaria para el día 17 de diciembre 2021 para designar a la Comisión Electoral que se encargara de regir el proceso para la relegitimación de las autoridades del Comité Paralímpico Venezolano para el periodo 2021-2024. Denunciaron estos dirigentes que las autoridades actuales de COPAVEN tienen más de dos años sin convocar a asambleas y sin presentar los informes de gestión y memoria y cuenta de la organización.

El día viernes 17 de diciembre, en horas de la tarde, en el Salón Francisco "Morochito" Rodríguez del Instituto Nacional de Deporte, se llevó a cabo la Asamblea Extraordinaria Convocada. Sin embargo, los puntos de la agenda no fueron desarrollados, debido a que la mayoría de los miembros de La Junta Directiva Presentes en la Asamblea presentaron sus RENUNCIAS IRREVOCABLES a los cargos que ostentaban en la Actual Junta, manifestando su descontento, exclusión y molestias debido a que la actual presidenta toma las decisiones de manera unilateral y autoritaria sin consultar con los miembros. Estas renuncias masivas a la Junta Directiva, reorientaron el rumbo de la Asamblea, lo que obligó a la revisión de los estatutos dando pie a la DECLARACIÓN DE LA ACEFALIA DE LA ACTUAL JUNTA DIRECTIVA ELEGIDA EN EL 2018, y a la convocatoria a una nueva asamblea en los primeros meses del 2022.

En los días por venir, los temas a discutir en torno a COPAVEN, serán los relativos a la selección de los miembros de la Comisión reorganizadora, los integrantes de la Comisión electoral y los integrantes de la plancha que va a regir los destinos del Comité Paralímpico de Venezuela en el periodo 2022-2025. Dejando muy en claro, que en el proceso de renovación, las autoridades directivas del COPAVEN deben preservar la autonomía de la organización.

 2 min


José Machillanda

Rehacer la Nación constituye la más clara responsabilidad, urgente y necesaria tarea de la sociedad democrática después de haber odio las dos intervenciones del 4F de Maduro y Cabello, cuyos contenidos parecieran el de dos dictadores-profetas. Muestran su saña, violencia y militarismo socialista como dictadores y cobardes, que persisten en imponer el fusil y el plan de machete en una permanente guerra encubierta, criminal y primitiva.

Los dos contenidos del 4F imponen al Movimiento Político de Renacimiento Nacional que piensen definitivamente y ¡Ya! en la construcción política apropiada para organizar a los demócratas frente a la barbarie, como lo establece la Constitución y las leyes de la República.

Ese proceder llama a la activación de un Movimiento Político de Renacimiento Nacional que apunte a la activación del Estado Providencia. Estado expresión política, democrática. Contendiente que se nutre de la ciudadanía y lo multiplica un liderazgo político emergente que está en deuda con el sistema político democrático.

La ciudadanía democrática como Movimiento Político de Renacimiento Nacional tendrá que motorizar a una sociedad ya indignada. Indignada por tanto militarismo, abuso de envalentonados que se creen pueden accionar como dictadorzuelos y son capaces hasta de definir cuando serán los eventos electorales en la República. En consecuencia, los demócratas llenos de solidaridad activarán la participación política contendiente mostrando su máxima convicción democrática y disposición cívica deberán rescatar el Estado Providencia.

En consecuencia, los demócratas que después del 6D 2020 se mostraron contrarios al chavismo y se alejaron del golpismo militarista socialista, señalaron que se debía reforzar la democracia en Venezuela por la vía del voto como lo establece la Constitución. Desde entonces el liderazgo Político Emergente, más hoy 2022, tiene que orientar los intereses grupalistas y llamar la venezolanidad democrática para que, con virtud cívica, accione como organización política con planes y decisión desde el barrio hasta toda la geografía nacional para reinstalar la democracia.

Después del 4F es el liderazgo político emergente que está obligado a hacer política, léase preparar a la ciudadanía para que, con coraje cívico, después de estos dos discursos abusivos e inmorales el demócrata participe, se anime, crezca la fibra política y surja la acción política. La acción política que tendrá como tarea única instaurar la democracia, como aquella ecuación en la cual el individuo está por encima de la comunidad y del Estado. La ciudadanía exige democracia para cultivar la paz, el orden, y el desarrollo nutrido de venezolanidad. El líder político emergente después de esta grotesca y cobarde amenaza pública del militarismo socialista, habrá que enseñarle que la decencia democrática está lejana de la dictadura, esa misma que emplea plan de machete y el fusil como instrumento privilegiado por el bestiario socialista.

Rehacer la Nación es la tarea para la cual tendrá que acordarse con todos los ciudadanos prominentes, que están impuestos de apreciar y recordar lo acontecido en Barinas, un ejemplo de civismo. El liderazgo político democrático tiene la responsabilidad ya de reponer la democracia activando un Movimiento Político de Renacimiento Nacional.

Es original,

Director de CSB-CEPPRO

@JMachillandaP

 2 min


Jeffrey D. Sachs

Los amigos de Ucrania en Occidente aseguran que protegen al país cuando defienden su derecho de unirse a la OTAN. Pero es todo lo contrario. Con la defensa de un derecho teórico, ponen en riesgo la seguridad de Ucrania, al aumentar la probabilidad de una invasión rusa. La independencia de Ucrania se puede defender mucho mejor llegando a un acuerdo diplomático con Rusia que garantice la soberanía de Ucrania como país no perteneciente a la OTAN, a la manera de Austria, Finlandia y Suecia (miembros todos ellos de la Unión Europea pero no de la OTAN).

En concreto, Rusia aceptará retirar sus tropas de Ucrania oriental y desmovilizar las que tiene desplegadas cerca de la frontera con Ucrania; y la OTAN renunciará a incorporar a Ucrania, con la condición de que Rusia respete su soberanía y de que Ucrania respete los intereses de seguridad rusos. Un acuerdo de esta naturaleza es posible, ya que conviene a ambas partes.

Es verdad que quienes defienden el ingreso de Ucrania a la OTAN consideran que dicho acuerdo sería ingenuo. Señalan que en 2014 Rusia invadió Ucrania y anexó Crimea, y que la crisis actual surgió porque Rusia reunió más de cien mil soldados en la frontera con Ucrania y amenaza con una nueva invasión. Al hacerlo, el Kremlin violó los términos del Memorándum de Budapest (1994), por el que Rusia prometió respetar la independencia de Ucrania y su soberanía (con inclusión de Crimea) a cambio de que Ucrania entregara el inmenso arsenal nuclear que heredó tras el derrumbe de la Unión Soviética.

Aun así, es posible que Rusia acepte y respete una Ucrania neutral. Pero nunca hubo una oferta en la que Ucrania obtuviera esa condición. En 2008, Estados Unidos propuso invitar a Ucrania (y Georgia) a la OTAN, y esa sugerencia se ha cernido desde entonces sobre la región. Por considerar que la jugada estadounidense era una provocación a Rusia, los gobiernos de Francia, Alemania y muchos otros países europeos evitaron una invitación inmediata de la Alianza a Ucrania; pero en una declaración conjunta con este país, la dirigencia de la OTAN puso en claro que Ucrania «se convertirá en miembro de la OTAN».

Desde el punto de vista del Kremlin, la presencia de la OTAN en Ucrania plantearía una amenaza directa a la seguridad de Rusia. La ingeniería política soviética estuvo en gran medida dirigida a crear una separación geográfica entre Rusia y las potencias occidentales; y desde el derrumbe de la Unión Soviética, Rusia se ha opuesto firmemente a una ampliación de la OTAN dentro del antiguo bloque soviético. Es verdad que el razonamiento de Putin exhibe la continuidad de una mentalidad propia de la Guerra Fría; pero esa mentalidad se mantiene activa en ambas partes.

La Guerra Fría se caracterizó por una serie de guerras por intermediarios en los niveles local y regional a través de las cuales Estados Unidos y la Unión Soviética determinaban cuál de los dos instalaría un régimen favorable. Aunque el campo de batalla se fue trasladando por el mundo (de Asia suroriental y central a África, al hemisferio occidental y a Medio Oriente), siempre fue sangriento.

Pero desde 1992, la mayoría de las guerras de cambio de régimen las lideró o apoyó Estados Unidos, que se convenció de ser la única superpotencia tras la caída de la Unión Soviética. Fuerzas de la OTAN bombardearon Bosnia en 1995 y Belgrado en 1999, invadieron Afganistán en 2001, y bombardearon Libia en 2011. Estados Unidos invadió Irak en 2003; y en 2014, apoyó abiertamente las protestas en Ucrania que provocaron la caída del presidente prorruso Viktor Yanukovych.

Claro que Rusia también ejecutó operaciones de cambio de régimen. En 2004 interfirió en Ucrania para ayudar a Yanukovych mediante la intimidación de votantes y el fraude electoral, pero las instituciones locales y las protestas masivas terminaron frustrando estas acciones. Y sigue imponiendo o apuntalando regímenes amigos en su periferia cercana; los ejemplos más recientes son Kazajistán y Bielorrusia (que ya está bajo control total de Putin).

Pero la mutua animosidad y desconfianza entre Rusia y Occidente viene de muy lejos. A lo largo de su historia, Rusia temió (y de hecho soportó) repetidas invasiones desde el oeste, mientras que los europeos temieron y soportaron repetidos intentos expansionistas de Rusia desde el este. Ha sido una larga, triste y sangrienta saga.

Con altura política de ambas partes, esta animosidad histórica se hubiera podido aplacar tras la desaparición de la Unión Soviética. Hubo una oportunidad en la primera mitad de los noventa, pero se desaprovechó, y en esto tuvo un papel el inicio de la ampliación de la OTAN. En 1998, George F. Kennan, el veterano diplomático e historiador de las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética, se mostró presciente y pesimista. «Creo que [la expansión de la OTAN] es el inicio de una nueva Guerra Fría», declaró. «Creo que con el tiempo los rusos reaccionarán bastante mal y que afectará sus políticas. Creo que es un error trágico». William Perry, secretario de defensa de los Estados Unidos entre 1994 y 1997, coincidió con Kennan, e incluso contempló la posibilidad de renunciar a su cargo en el gobierno del presidente Bill Clinton por el tema.

Ya ninguna de las dos partes puede proclamarse inocente. En vez de intentar presentar a uno de los lados como el bueno y al otro como el malo, tenemos que concentrarnos en lo que hay que hacer para que haya seguridad para ambas partes y para el mundo en general. La historia sugiere que es mejor mantener una separación geográfica entre las fuerzas rusas y las de la OTAN, en vez de enfrentadas cara a cara a través de una frontera. Nunca hubo tanta inseguridad en Europa y el mundo como cuando fuerzas estadounidenses y soviéticas estuvieron frente a frente a corta distancia: en Berlín en 1961 y en Cuba en 1962. En esas angustiosas circunstancias, en las que todo el mundo estuvo en riesgo, la construcción del Muro de Berlín obró como un estabilizador (aunque profundamente trágico).

Hoy nuestra principal preocupación debe ser la soberanía de Ucrania y la paz en Europa y en el mundo, no la presencia de la OTAN en Ucrania (y menos aún alzar otro muro). Ucrania estará mucho más segura si la OTAN detiene su expansión hacia el este a cambio de que Rusia se retire del este de Ucrania y desmovilice sus fuerzas en la frontera. Hay necesidad urgente de una diplomacia que siga estos lineamientos, con participación de la UE y Naciones Unidas.

Traducción: Esteban Flamini

8 de febrero 2022

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/russia-nato-security-throug...

 5 min


Andrés Ortega

China, como era esperar, tiene una posición compleja ante la crisis entre Rusia y Ucrania, con dos objetivos principales: calibrar la posición de EEUU ante una posible crisis entre Pekín y Taiwán; y evitar que la OTAN como tal se entrometa en el Indo-Pacífico, una de las metas primordiales que ha de dilucidar de aquí a la cumbre de la Alianza Atlántica en junio en Madrid. Aunque se haya alineado con Rusia en la reciente reunión del Consejo de Seguridad de la ONU y en el encuentro entre los presidentes ruso y chino, y ambos regímenes compartan el deseo de un nuevo orden internacional con menos peso de EEUU, China no está al 100% con Putin, ni con su visión. Defiende la integridad territorial de los Estados, por lo que le va en ello. Y, claro, mira por sus intereses económicos.

Xi Jinping califica a Vladimir Putin de “mejor amigo” y este habla de “relaciones sin precedentes”. Con ocasión de su encuentro el 4 de febrero, previo a su inauguración de los Juegos Olímpicos (la primera reunión del dirigente chino con un líder extranjero desde el principio de la pandemia), China y Rusia publicaron una larga declaración conjunta –hecha pública por el Kremlin– en la que recogen algunas de sus preocupaciones, y muy especialmente, por si duda había, su oposición “a la formación de estructuras de bloques cerrados y campos opuestos en la región de Asia-Pacífico y permanecen muy atentas al impacto negativo de la estrategia Indo-Pacífica de Estados Unidos en la paz y la estabilidad de la región”.

Ambos rechazan la injerencia en los asuntos internos, especialmente en cuestiones como los derechos humanos y el sentido de la democracia. El comunicado conjunto afirma sin ambages que ambos “comparten el entendimiento de que la democracia es un valor humano universal, y no un privilegio de un número limitado de Estados”. El régimen chino viene defendiendo que lo que llama su democracia, funciona. Es parte de la campaña ideológica, frente a unas democracias liberales que acusan problemas internos.

Que la OTAN, además de EEUU, dirija su mirada no sólo hacia China, sino hacia el conjunto del Indo-Pacífico, es uno de los temas esenciales para la renovación de la OTAN en la cumbre de Madrid en junio. Si hay un desplazamiento del poder mundial hacia Asia, la Alianza quiere contrarrestarlo y participar en él, pese a que sus siglas (Atlántico Norte) no respondan a ello. China ha entrado en el temario central de la OTAN. De momento no hay un acuerdo general entre los 29 aliados respecto al papel de la OTAN en el Indo-Pacífico, siendo Francia la más reticente, escocida por la alianza informal “anglosajona” AUKUS (Australia, el Reino Unido y EEUU, que también critica el comunicado sino-ruso), que le ha birlado un contrato de submarinos de propulsión nuclear con Canberra. A la vez, todo esto está dividiendo a Europa –la UE y la Europa más amplia–, al menos mientras haya tensión y no invasión en Ucrania. Eso le conviene tanto a Rusia como a una China que penetra en el Este europeo y en Asia Central, gracias a su programa de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que Moscú no ve con buenos ojos. Además de la OTAN, China quiere evitar que EEUU, que en términos militares es también una potencia asiática, teja una red de alianzas en su contra en Asia.

En la reciente reunión sobre Ucrania del Consejo de Seguridad de la ONU, el embajador chino, Zhang Jun, en la línea oficial, consideró que “las legítimas preocupaciones de seguridad de Rusia deben ser seriamente tenidas en cuenta y atendidas”. China no suele hablar públicamente del orden de seguridad europeo. Pero esta vez, en la declaración conjunta, se afirma que “la parte china simpatiza y apoya las propuestas presentadas por la Federación Rusa para crear garantías de seguridad jurídicamente vinculantes a largo plazo en Europa”. Y se opone a la ampliación de la OTAN.

China apoya a Rusia, pero no una invasión armada rusa de Ucrania. De hecho, en 2014, en el Consejo de Seguridad, China se abstuvo a la hora de intentar condenar la invasión y posterior anexión de Crimea por Rusia, que Pekín nunca ha reconocido formalmente. De hecho, ha intensificado sus relaciones comerciales con Ucrania, especialmente en materia de importación de grano, pero también de infraestructuras. En 2016 se abrió un enlace directo por tren y ferry entre China y el puerto ucraniano de Chornomorsk (anteriormente Illichivsk), en el Mar Negro, que no pasa por Rusia. También China ha invertido en una nueva línea de metro en Kiev. Es decir, que la relación entre China y Ucrania va a más, con la intención de aumentar sus intercambios bilaterales en un 50% para llegar en 2025 a 20.000 millones de dólares anuales.

Como decimos, ante el problema de Taiwán, defiende la integridad territorial. Considera a Taiwán parte de China, mientras Taipéi busca diversificar su política exterior con su palanca tecnológica. China podría ganar estatus diplomático internacional si contribuye a desescalar la crisis de Ucrania. Además, el régimen chino no quiere que la crisis de Rusia con Ucrania vaya a tapar sus Juegos Olímpicos de Invierno, que se inauguraron con cierto deslucimiento debido a la pandemia del COVID-19, una ceremonia boicoteada en términos diplomáticos por varios países, entre ellos EEUU. China quiere que sean otra vez, como los de verano de 2008, un escaparate al mundo de sus capacidades, bajo el lema un “futuro compartido para toda la humanidad”; aunque por detrás está la competencia geopolítica, tecnológica e ideológica que marca esta era.

China puede ayudar mucho a Rusia en caso de sanciones, comprándole más crudo y gas y otras materias primeas o elaboradas, y ayudándole con el yuan frente a un dólar cuyo uso se le puede cerrar al ruso. Ahora bien, Moscú busca un nuevo orden europeo, y en parte mundial como Pekín, que también empuja por un orden regional en Asia acorde a sus intereses y preocupaciones. La Rusia de Putin quiere recuperar un estatus de gran potencia, pero China lo busca de superpotencia, la única que puede llegar a superar a EEUU en muchos ámbitos. Salvo por el gas y el petróleo, Rusia es una economía mucho más cerrada que la China, más dependiente en los mercados globales.

Aunque ambas potencias se hayan acercado más que nunca desde la revolución comunista china, incluso en el terreno militar, los intereses de uno y otro, y sus propios intereses nacionales no son completamente coincidentes. Pero esta crisis hace a Rusia aún más dependiente de Pekín (cuando durante muchos años fue al revés). Mal negocio para Occidente.

8 de febrero 2022

elcano

https://www.realinstitutoelcano.org/china-ante-ucrania-evitar-que-la-ota...

 5 min


Mariza Bafile

Tras la segunda Guerra Mundial, el mundo parecía haber entendido la estupidez de unas acciones militares de las cuales nadie sale ganando. El denominador común de toda guerra es miles y miles de muertos, ciudades destrozadas, hambre y emigraciones forzadas. Los ejércitos marchan sin que la mayoría de sus soldados entienda la razón por la cual tiene que matar a otro como él, con los mismos miedos, las mismas añoranzas, el mismo deseo de paz.

Quizás lo absurdo de todo aflore con particular evidencia cuando, al firmar la paz, los pueblos salgan a la calle a festejar y personas que hasta el día antes se consideraban como enemigos vuelvan a ser solo personas de países distintos.

Las guerras siguen asolando aún hoy nuestro planeta, sobre todo en África. Países como Libia, Siria, Yemen viven las consecuencias de conflictos que continúan obligando a miles de personas a huir de ciudades devastadas, del hambre y del miedo.

Es evidente, absolutamente evidente, la inutilidad de las guerras que responden a los intereses de pocos y cobran la vida de muchos. Sin embargo, como si fuéramos marionetas que no pueden evitar moverse según los hilos que las manejan, estamos nuevamente hablando de guerra fría o, peor todavía, de una tercera guerra mundial.

El ciego y obstinado deseo de grandeza de Putin lo ha llevado a empujar, hasta el límite de lo racional, un posible conflicto internacional utilizando Ucrania como si fuera un país de papel y no un lugar en el cual viven millones de personas que nada tienen que ver con sus designios geopolíticos.

Estados Unidos y la OTAN desplazaron tropas a la frontera dispuestos a responder con la fuerza en caso de una invasión de Ucrania por parte de Rusia. En el medio de este tira y afloja, los ucranianos quienes se preparan para lo peor, sin poder evitarlo.

Desde 2013 Ucrania, y en ese entonces también Crimea que era parte del mismo país, se ve envuelta en un conflicto que nada tiene que ver con los intereses y la voluntad de la mayoría de su población. En ese momento el presidente Víctor Yanukóvich, prorruso, decidió bloquear los acuerdos que se estaban llevando adelante para que Ucrania entrara a ser parte de la Unión Europea. La indignación de la población se manifestó en las calles, pero la represión fue tan brutal que Yanukóvich tuvo que renunciar y dejar el país.

Poco después, se consumó la anexión de Crimea a Rusia a través de un referéndum manchado de acusaciones de fraude.

Es el fin declarado de la paz para Ucrania que empieza a ser escenario de guerras internas que enfrentan a prorrusos y proeuropeos. Entre escaramuzas, amenazas, intentos de paz fallidos, se llega hasta el actual despliegue de fuerzas rusas en Bielorussia, cerca de la frontera con Ucrania.

Putin sueña con ser el artífice de una renovada Unión Soviética, que revierta el mapa geopolítico actual. Naturalmente cuenta con el beneplácito de China. Estados Unidos y Europa, aun con menos ganas de iniciar una guerra, están decididos a no permitir una invasión de Ucrania que pondría en serio riesgo su posición y fuerza internacional.

En medio de esos cálculos, estrategias y juegos de poder, está Ucrania, víctima de una confrontación que parece destinada a seguir y seguir sin que se puedan medir las consecuencias.

Parece un juego de mesa, mas no lo es. En el tablero de esos pocos que aman jugar a la guerra hay seres humanos que no quisieran matar ni ser matados. Pero que, con el orden mundial en el cual vivimos, no tienen como evitarlo.

Las grandes guerras empezaron siempre con conflictos aparentemente periféricos.

Quizás haya llegado el momento de pensar qué instrumentos podríamos crear los ciudadanos, independientemente de los gobiernos, para frenar la locura de quienes detienen el poder sin preocuparse por el bienestar ni de sus pueblos ni del resto del mundo.

7 de febrero 2022

ViceVersa

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