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Opinión

Laureano Márquez

De lo sucedido esta semana se desprende que robar en Venezuela es buenísimo, si lo sabes hacer con una buena dosis de cooperación institucional y cinismo. El asunto es que hay que robar mucho, porque al final, estos ladrones antiimperialistas lo que quieren es vivir en el imperio y correr libremente con sus caballos pura sangre por las riberas del río Mehicepipi. El secreto está en robar bastante y luego cooperar con el gobierno norteamericano de manera que este se lleve un altísimo porcentaje de lo robado (que nunca volverá al pueblo venezolano a quien pertenece) y el ladrón, con el repele de milloncejos de dólares que le quede bajo el colchón, pueda vivir una existencia tranquila, al amparo y protección de las autoridades del país del norte.

No se trata solo de ser un corrupto, sino de tener una libretica donde se van anotando nombres y datos de toda la trama de corrupción de la que se es parte. Esas informaciones son las que, suministradas en el momento oportuno, van a permitir al ladrón su liberación en los Estados Unidos con una sentencia reducida.

Con la información que obtienen, los jueces harán nuevas detenciones y embargos de otras fortunas hasta que lleguen al más bolsa (¡mosca bolsas!, que ahora van por ustedes), el que se ha robado apenas una docena de millones de dólares y que, sin la previsión de la libretica, se queda sin posibilidades de negociar y consiguientemente de partir la cochina.

Lo robado por el corrupto también es un negocio, sin duda, para el gobierno norteamericano. Es la transferencia de fondos más brutal que un país haya hecho a otro en toda su historia. Nuestros ladrones de cuello blanco no se roban el 10% de la represa que va a producir la energía hidroeléctrica del país, como hace cualquier corrupto decente del primer mundo. Los nuestros se roban la represa entera y encima, desvían el río en el que se iba a levantar, para robarse también el oro, imposibilitando para siempre la construcción de la represa, causando un daño ecológico irreparable y dejando al final al país a oscuras. En definitiva, el asunto es que el monto de lo robado por estos predios es exorbitante, incalculable, descomunal, inconmensurable, hercúleo. Y lo que se roban nuestros corruptos en nombre de la lucha antiimperialista, va a parar, pues, at the end of the day a las arcas del tesoro de los Yunay Esteys.

Robar es, como hemos dicho, un excelente negocio en Venezuela, pero no para los niños que pierden la vida en el hospital J.M. de los Ríos (que pena con el Dr. José Manuel, un magnífico pediatra) y para todas las personas que mueren de mengua en hospitales mal dotados por carencia de fondos.

Tampoco el robo es negocio para las universidades del país, que deben pagar sueldos miserables a sus profesores y reducir su actividad por la carencia de presupuesto, destruyendo la educación, que es el motor con el que avanza una nación. Robar es bueno, pero no para el que trabaja decentemente, con empeño, durante treinta o cuarenta años y espera, con el fruto de sus ahorros y su merecida jubilación, concluir su existencia con seguridad y paz. Y este, si protesta con justicia por lo que le corresponde, lo meten preso el mismo día en que el otro sale en libertad.

Esta es la conclusión a la que hemos llegado luego de las informaciones aparecidas esta semana. Y eso sin tener en cuenta lo que aún no se saabe.

Twitter @laureanomar

Laureano Márquez P. es humorista y politólogo, egresado de la UCV.

 2 min


Fernando Mires

Hasta el cansancio ha sido repetida aquella verdad que dice que Putin intenta restaurar el edificio geopolítico de la URSS. Hay quienes sin embargo difieren y sostienen que lo que intenta restaurar es el antiguo imperio zarista. No vamos a entrar aquí en esa más bien académica y políticamente infructuosa discusión. Lo que interesa decir por el momento es que efectivamente Putin es un restaurador, un expansionista, un imperialista e incluso un colonialista, pero sobre todo, como ha destacado recientemente Anne Appelbaum en un emotivo artículo dedicado a analizar a Putin, un antidemócrata. Pero el problema no termina ahí. Putin, además, es el representante máximo de una enorme ola antidemocrática que avanza primero hacia la por él considerada “periferia rusa”, su utópica “Eurasia” religiosa y cultural, equivalente a la “Germania” con la que soñaba ese monstruo llamado Adolf Hitler.

No hay revolución sin contrarrevolución. Desde la Santa Alianza, pasando por los totalitarismos nazi y stalinistas, hasta llegar a nuestros días, han habido diversas olas antidemocráticas, surgidas como reacción a las por Samuel Hungtinton llamadas “olas de democratización”.

La última gran ola fue la que puso término al imperio soviético durante 1989-1990. Putin, desde esa perspectiva macro-histórica, representaría una reacción en contra de la revolución democrática, rusa y europea. En ese sentido es el anti-Gorbachov. Pero no está solo. Putin es solo una parte, quizás la principal, de la contrarrevolución antidemocrática de nuestro tiempo.

Como Stalin ayer, Putin mantiene fuertes enclaves en el Occidente político. Mas, a diferencias de la era Stalin, no se trata de organizaciones doctrinarias como fueron los partidos comunistas pro-soviéticos, sino de una gama de diversos movimientos y gobiernos abiertamente anti-democráticos. Los principales por ahora son los movimientos y partidos antidemocráticos de Europa.

Entre esos gobiernos nos referimos a las autocracias europeas, sobre todo a ese trío representado por Erdogan en Turquía, Orban en Hungría, Kaczinski en Polonia.

Parecerá raro quizás incluir al tercero en la triada pro-Putin dado que Kacszinski, como la mayoría de la ciudadanía polaca, teme a que Putin, en su no oculto proyecto por restaurar la geografía soviética, intente ocupar Polonia. No obstante, Kacszinski, en su visión anti-UE es el mejor aliado de Orban. Y Orban es el más estrecho aliado europeo de Putin.

Al jerarca ruso, a diferencias de Stalin, no importan las convicciones doctrinarias. Pero sí le interesa que sus aliados objetivos de Europa mantengan un desacuerdo vital con la UE y con la OTAN. En ese sentido Kaczinski, como sus homólogos húngaro y turco, comparten con Putin similares convicciones. Los tres son partidarios de un gobierno fuerte y autoritario representado en un líder que encarne la tradición mítica de sus naciones. Los tres se entienden como restauradores del orden familiar, sexual, patriótico y religioso (no importa cual religión). Los tres son enemigos declarados de la democracia parlamentaria. Los tres creen en “el principio del caudillo”. Los tres consideran a la democracia occidental como un producto de la decadencia de Europa.

I-liberalismo llama Viktor Orban al conjunto de ideas y creencias compartidas con sus homólogos. Pero ese i-liberalismo es solo una media verdad. Desde el punto de vista económico los aliados de Putin son radicalmente liberales. Y desde el político, el enemigo no es la ideología liberal sino las instituciones de las democracias europeas. Naturalmente, ellos dicen, y probablemente creen, ser democráticos. Y en sentido literal lo son pues su ideal político está basado en una comunicación directa entre pueblo y caudillo. La democracia que ellos enaltecen no está basada en instituciones ni en constituciones sino en el “principio del líder”, tal como lo formulara el jurista alemán Carl Schmitt al que los nuevos autócratas probablemente no han leído pero, visto objetivamente, han llegado a ser sus mejores discípulos. El odio que en los autócratas despierta lo que ellos llaman “democracia liberal” está, como todo odio, basado en un miedo, en este caso, el miedo a que el control unipersonal del poder sea cuestionado. Como bien observara el historiador polaco Adam Mischnick: “Es posible que Putin no pueda implementar cada escenario, pero ha concentrado el poder político incluso más que Stalin. Stalin, al menos formalmente, estaba limitado por su “politburó”, un organismo político que en principio podía decirle que no, aunque por supuesto no lo hizo. Putin no tiene politburó, es todopoderoso, un monarca absoluto, un César”.

Naturalmente, en su reciente aventura ucraniana, Putin ha contado, si no con el apoyo directo, con el consentimiento indirecto de las tres autocracias mencionadas. Puede que pronto aparezcan más. Los movimientos de la ultraderecha avanzan de modo zigzagueante en todos los países de Europa. La Liga Norte de Salvini ha sido temporariamente desplazada en Italia pero ahora avanza el Vox español que, si bien no se ha declarado miembro del putinismo, comparte con este sus valores esenciales. Las elecciones presidenciales en Francia decidirán sobre el futuro inmediato de Europa. Le Pen es abiertamente putinista y Zemmour puede llegar a serlo sin problemas. Todos son partidarios de una Europa des-unida. Eso al fin es lo que cuenta para Putin. Por si fuera poco, a la derecha nacional-populista europea habría que agregar algunos remedos de la izquierda del pasado. Podemos de España se declara “pacifista” y anti-OTAN. Lo mismo ocurre con los socialistas de Melenchon en Francia y “Die Linke” en Alemania.

Al igual que la antigua URSS, el imperio Putin tiene importantes aliados extra-continentales. Gracias a las vacilaciones de Obama logró convertir a Siria y parte de Irak en un condominio ruso. Irán puede contarse entre sus aliados estratégicos. Los ayatollahs han descubierto que comparten con Putin las mismas obsesiones anti-occidentalistas. Para el ruso como para la camarilla teocrática persa, Occidente es un mundo degenerado. En no pocos puntos, las ideologías teocráticas de los países del Oriente Medio son compatibles con las visiones integristas de la iglesia ortodoxa rusa que ve en Putin un paladín de la cristiandad, cabalgando en contra de los demonios lujuriosos y ateos que acosan Occidente. Sin necesidad de recurrir a Max Weber podríamos afirmar que Putin encabeza una rebelión de la tradición en contra de la modernidad. Pero solamente en contra de la modernidad cultural. No así con respecto a la modernidad tecnológica, la que en sus formas digitales y nucleares pone al servicio de la expansión territorial de su país.

La gran ventaja de Putin es que sabe que al interior de la mayoría de los países occidentales existen multitudes anti-democráticas y que en no pocos de esos países la democracia se encuentra en muy precaria condición. La gran revelación para Putin fue no tanto la presidencia de Trump, la que mal que mal debió ajustar su práctica a las férreas instituciones norteamericanas, sino el carácter del movimiento que encabeza Trump. Por cierto, el ex presidente nunca ha sido un modelo democrático. Su personalismo, su autoritarismo, sus convicciones patriarcales, su escaso respeto por los valores que han permitido forjar a su nación y, no por último, su radical anti-europeísmo, no hablan bien de sus convicciones democráticas. Pero mucho menos democráticos que Trump son los trumpistas. Quizás en este caso habría que invertir la relación entre líder y masas. No es, en el caso de Trump, el líder el que ha producido un fuerte movimiento radical antidemocrático en los EE UU, sino estos últimos son los que han producido el fenómeno Trump. El asalto al Capitolio, por ejemplo, fue una muestra de como la contrarrevolución anti-democrática ha logrado apoderarse, si no del corazón, por lo menos del sistema nervioso de la democracia más antigua de la modernidad. En otras palabras, Putin ha visto en Trump a uno de los suyos.

En donde las instituciones democráticas son débiles o precarias, donde surgen caudillos que enamoran y enardecen a sus pueblos, donde las masas son organizadas desde el estado, donde no hay sociedad civil, y sobre todo, donde los canales de comunicación política se encuentran obstruidos, allí está el campo abonado para que el imperio ruso reclute contingentes. Hay una alianza perfecta entre los movimientos y gobiernos nacional-populistas y el proyecto antidemocrático mundial del cual Putin ha pasado a convertirse en su máximo líder.

Casi no hay dictadura o autocracia en el mundo que no cultive relaciones con el gobierno Putin. Se quiera o no, Putin ha logrado articular en su torno a una internacional de gobiernos y movimientos anti-democráticos. No es casualidad que las tres anti-democracias latinoamericanas, la autocracia mafiosa de Maduro, la dictadura neosomocista de Ortega y la dictadura poscastrista de Díaz Canel, se declaren partidarios incondicionales de Putin.

El proyecto inmediato de Putin es convertir a Rusia en un poder mundial. En el hecho ya lo es. Pero para que este sea más sólido, Putin requiere asegurar su dominación en el que considera espacio vital de Rusia. Ucrania representaría, simbólica y fácticamente, el último bastión que hay que derribar para dar inicio a esa locura distópica llamada por el ideólogo del putinismo, Alexandr Dogin, “Eurasia”. Eso es precisamente lo que no han entendido algunos gobiernos europeos, particularmente el alemán. Si Occidente no opone a través de su diplomacia y de sus ejércitos un decidido “no pasarán” a Putin en Ucrania, Rusia puede, definitivamente, destruir la paz mundial.

Puede ser, así opinan muchos comentaristas, que por el momento Putin decida no invadir a Ucrania. De acuerdo a una relación costo-beneficios, el precio podría ser muy alto, piensan algunos. No obstante, aún sin invadir a Ucrania, Putin ha logrado mostrar al mundo que el bloque occidental se encuentra políticamente dividido a la hora de enfrentar a un enemigo común. Con esa victoria probablemente no contaba Putin antes de enviar a sus cien mil soldados a los límites con Ucrania.

La deserción (sí, objetivamente fue deserción) de Alemania, ha debilitado, se quiera o no, la hegemonía militar y política de los EE UU en Europa. Peor aún, ha debilitado al eje Francia-Alemania y con ello ha dejado a Occidente sin conducción unitaria. Logrado ese objetivo, la invasión a Ucrania –a la que Putin nunca renunciará- puede esperar un tiempo más.

La negativa del gobierno alemán a enviar armas a Ucrania tiene un enorme significado político-simbólico. Significa, lisa y llanamente, que la principal potencia económica europea disiente de las resoluciones de la OTAN negándose con ello a aceptar la hegemonía norteamericana en la región. Para los observadores bienpensantes, Alemania ha llegado a perfilarse como un adalid de la paz. Pero las apariencias engañan.

Si bien en Alemania existen fuertes tendencias pacifistas, no podemos obviar que estas no fueron absolutamente determinantes en la política de Scholz. Hay, se quiera o no, un espacio de decisión que corresponde solo al gobierno. En ese sentido, las razones de la negativa alemana a plegarse a las decisiones confrontativas de la OTAN hay que buscarlas más bien en Olaf Scholz y en su partido. Y aquí hay que nombrar dos hechos que se cruzan entre sí. Uno es que al interior de la socialdemocracia alemana, amparada en los negocios del gas, ha cristalizado una suerte de conexión con el putinismo, vale decir, políticos profesionales que de una u otra manera consideran legítimas las pretensiones territoriales de Putin en Ucrania. Probablemente piensan –y tal vez no les falten razones– que Putin tarde o temprano terminará por construir su imperio euroasiático y con ese imperio habrá que coexistir pacíficamente en el futuro. Ahora bien, si a esas tendencias derrotistas sumamos el fuerte anti-americanismo que prima al interior de sectores de la socialdemocracia alemana y del partido Verde, la mesa estará servida para las ambiciones inmediatas de Putin. No vale la pena, en fin, morir por Ucrania– eso es lo que piensa y no dicen, no solo alemanes sino también algunos políticos europeos-.

Sobre el papel, la idea podría parecer formalmente correcta. Pero la realidad no es un papel. Lo que probablemente no entienden los nuevos estrategas de la geopolítica alemana es que, al mostrar divisiones hacia afuera, Putin ha descubierto que, si anexa a Ucrania -lo dijo el ex minitro del exterior alemán Joschka Fischer- la puerta para apoderarse de los países bálticos sería abierta de par en par. Entonces muchos harán la pregunta que el conocido historiador escocés Neal Ascherson ya formuló irónicamente. ¿Valdrá la pena después morir por Estonia? Y así sucesivamente.

Sin embargo, el problema alemán, como todo problema, tiene dos caras. A la negativa alemana de sumarse a las disposiciones de los EEUU mostrando al mundo la debilidad de liderazgo del gobierno norteamericano, hay que mencionar que, con o sin esa negativa militar, esa debilidad de liderazgo precedió a la negativa alemana. Los europeos, entre otras cosas, recuerdan muy bien que en la caída del imperio soviético EE UU tuvo muy poco que ver.

Digamos de una vez: Desde Bush jr. hasta llegar a Biden pasando por Obama y Trump, los EE UU han descapitalizado su liderazgo mundial. La guerra desatada a Irak por Bush jr. pasará a la historia como uno de los grandes crímenes a la humanidad, más aún que la guerra de Vietnam, donde al fin y al cabo EE UU intentaba frenar la expansión soviética en el sudeste asiático. El invento de las armas de destrucción masiva denunciado por el general Powell es una mancha demasiado sangrienta sobre la historia norteamericana. La reacción anti-Bush de Obama, al ceder prácticamente el espacio sirio al colonialismo ruso, permitió la entrada de la Rusia imperial de Putin en la región islámica. El deterioro de la OTAN y el descrédito que llevó Trump a la UE terminarían por exacerbar los deseos expansionistas de Putin. Si hoy gobernara Trump, Ucrania sería rusa, quizás sin necesidad de una invasión. La retirada caótica de las tropas norteamericanas de Afganistán, no mostró precisamente la cualidades estratégicas del gobierno Biden.

Los latinoamericanos ya sabemos como los intentos norteamericanos, al apoyar a dudosos grupos políticos y económicos -ayer en Cuba y hoy en Venezuela- para derribar a gobiernos anti-democráticos, han bordeado el límite de lo grotesco. En otras palabras, por su poderío económico, militar y cultural, la nación mejor condicionada para ejercer el rol hegemónico en defensa de las democracias de Occidente, no ha sabido o no ha podido cumplir su papel histórico.

Sea porque EE UU ya no tiene pretensiones territoriales en ningún lugar del mundo, sea porque no posee una doctrina internacional supra-estatal, sea simplemente porque sus gobernantes han sido políticamente deficitarios, hay que constatar que en este momento Occidente padece de una seria crisis de liderazgo. Cómo y cuándo será superada esa crisis (seguramente lo será) nadie puede saberlo. Lo que sí sabemos es que en estos momentos, esa crisis –con o sin invasión a Ucrania- favorece a los planes de Putin. Y Putin lo sabe.

Cierto, no hemos hablado de China todavía. Ya lo haremos. Cada cosa a su tiempo.

17 de febrero 2022

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2022/02/fernando-mires-la-contrarrevolu...

 11 min


José Machillanda

La persecución política, el abuso policial y la vigilancia militar crece exponencialmente por parte del régimen, coincidiendo con un exponencial desempleo y la nueva pobreza de la vida nacional, factores todos que potencian la desesperanza en Venezuela y de los venezolanos, dibujando a un régimen autocrático que impone la exclusión. Esa exclusión ha potenciado la migración venezolana a otras latitudes, declarando que en Venezuela hoy no se puede vivir quedando clara la estrategia perversa de este socialismo militarista, para aumentar su control y persecución sobre grupos y familias de venezolanos. He allí la barbarie socialista, que no comprende que en la democracia el individuo está por encima de comunidad y del Estado.

Este régimen farsante no ha podido entender que su propaganda de máxima violencia lo delata cuando crea un ambiente de persecución sobre muchos venezolanos, que prefieren huir. El régimen hace de la miseria, de la violencia, de la persecución, y -sobre todo- de la mentira sistemática un modo de acción sobre la venezolanidad. La tesis de la exclusión sobre específicos grupos venezolanos crece exponencialmente. En consecuencia, el líder político emergente, democrático, clase media, está impuesto ha convertirse en un líder clave que accione sobre el cuerpo social, que fortalezca con conductas y acciones la confianza para la recomposición en el ambiente social.

El liderazgo político democrático tiene que desarrollar, con fundamento de Reconstrucción, un discurso y acciones solidarias que neutralice la maniobra comunista socialista de imponer miedo y pánico a la ciudadanía, que como acción perversa muestra un modo de dominación. Ese modo de dominación está apoyado por el militarismo socialista que cree firmemente en el revolucionarismo instrumentado por el régimen, quehoy acciona como un despropósito que debe ser controlado por el liderazgo político. Hacer política tiene que ser la tarea impostergable del liderazgo democrático.

El liderazgo político emergente democrático vinculado con el saber, consciente de la necesidad de democracia tiene que hacerse entender y sentir ¡Ya! para que la barbarie del militarismo socialista entienda que Venezuela no es una isla, que su historia honor y práctica de la política obedece a la ciencia, a la rectitud y al cuerpo de leyes de la República. Son esos los instrumentos ideológicos y organizacionales de la democracia, en consecuencia, su actividad y su accionar debe facilitar crear una escuela pública, inmediata y general sobre la democracia y, como un solo cuerpo, defenderse frente a esta grotesca amenaza, entiéndase construir esquemas y articulaciones solidarias propias del Estado Providencia.

El liderazgo político emergente está impuesto a comprender la amenaza de la conducta militarista como un reto la paz social y la persecución de situaciones caóticas inhumanas, que tienen que ser contenidas mediante el genio del líder y el empleo de la ciencia política propias del Estado Providencia. El liderazgo político democrático está retado a interpretar frente a esta locura el rol histórico, que le toca frente a un régimen trastocado que poco le importa la venezolanidad, la paz social y el crecimiento generando al final una migración impuesta.

El liderazgo político democrático y la masa social atormentada por la persecución del régimen tienen que aproximarse al barrio, la comuna, la parcela para acercarse a hacer política de verdad. El liderazgo político emergente tiene que construir acciones inteligente y única que taponeen la perversión de migrar. Frente a la falsedad y maniobra perversa del régimen aparecerá la democracia, crecerán acciones y empeños entre el liderazgo y el cuerpo social para guarecer la familia y neutralizar la trampa y el engaño perverso que atiza un revolucionarismo inmoral.

Es original,

Director de CEPPRO-CSB

@JMachillandaP

 2 min


Jesús Elorza G.

Los empleados y obreros que trabajan en el Comité Olímpico Venezolano COV, se mostraban nerviosos y preocupados por la situación de legalidad del comité ejecutivo. Todos se preguntaban sobre la legitimidad de la actual directiva puesto que su mandato terminó el pasado 31 de enero. Lo que indica, sin lugar a duda, que no hay una cabeza que dirija a ese cuerpo.

Eso se llama acefalía, dijo una de las secretarias que estudia derecho en la Universidad.

-Coño, exclamó uno de los obreros, y ahora quien se hace responsable de nuestros sueldos y salarios preguntó medio alterado.

-No entiendo, lo que ustedes dicen, señalo uno de los vigilantes. Yo veo al señor Eduardo y su combo en la oficina casi todos los días y no está acéfalo. Tiene su cabeza pegada al cuello, ahora que no tenga nada dentro de ella, es otra cosa. Repito, por favor explíquenme que está pasando.

Intervino nuevamente la secretaria, para aclararle a los presentes la situación actual del COV:

Recuerden que, por la acción de un amparo constitucional conjuntamente con un recurso contencioso electoral, el Tribunal Supremo de Justicia, al comprobar la violación del derecho al voto de las federaciones de Remo, Boxeo y Pelota Vasca, dictó sentencia donde declaró nula la asamblea que eligió la comisión electoral el pasado 7 de diciembre, ordenando la actuación de una comisión Ad hoc que dirigiera el proceso electoral que debió celebrase el 5 de enero de 2022 y no se realizó. El tiempo fue pasando y seguía la incertidumbre de la realización de la asamblea electoral, llegando a el 31 de enero sin haber elegido a las nuevas autoridades olímpicas para el ciclo 2022-2025…

-Eso lo entiendo, dijo el vigilante, pero sigo sin entender lo de la acefalía.

Déjame terminar, señaló la secretaria. Los estatutos del COV establecen en su Art. 20 que durante el mes de enero. al finalizar el cuarto año de gestión de la junta directiva, se reunirá la Asamblea General con carácter de elección. Al no realizarse el proceso electoral, el Comité Olímpico queda acéfalo, por el vencimiento del periodo de gestión de las autoridades directivas. Todo acto de administración y disposición que realice las autoridades vencidas de los recursos del Comité Olímpico pudiera interpretarse como una presunta violación de normas penales con las debidas sanciones correspondientes.

-Nos jodimos, gritó uno de los obreros. Un jefe sin cabeza, no podrá firmar las nóminas de pago y quedaremos en el aire.

-El personal de limpieza, que se había mantenido al margen de la conversación, expresó al unisonó, ¿Ahora quién podrá defendernos?

Bueno compañeros, dijo con voz firme la secretaria, corresponde a las Federaciones Deportivas, máxima autoridad del Comité Olímpico, convocar a una Asamblea General para elegir una Comisión reorganizadora que en un lapso determinado convoque a una asamblea para elegir a la nueva junta directiva.

-Ojalá esto ocurra a la brevedad posible, dijeron todos. De no resolverse esta situación la sede del COV se transformaría en “La Casa del Terror habitada por dirigentes sin cabeza”.

 2 min


Banca y Negocios

Sin ayuda financiera de organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial no se recuperará el país, ya que la crisis de servicios públicos, la crisis de salud, la crisis económica no la podrá resolver ningún gobierno por sí solo, afirmó el economista Pedro Palma.

«Para que funcione un plan integral de recuperación de los servicios públicos, la educación, la salud, debe existir un financiamiento amplio y sólido que no es posible tener en Venezuela, sino que debe venir de afuera, de organismos multilaterales como el FMI, el Banco Mundial, entre otros. Además, debe haber créditos puentes establecidos por otros gobiernos, como los que ayudaron a México hace unos años», refirió en entrevista con Román Lozinski.

Destacó que es importante un nuevo liderazgo que esté en la capacidad de hacer la voluntad de los ciudadanos y que avance hacia un plan amplio de reestructuración del país.

«Debe ser un plan de rescate del país y luego de ese plan debe establecerse un plan de desarrollo sustentable, que tenga una visión de 2, 3 y hasta 4 décadas, que garanticen que ese plan sea viable», agregó.

En este sentido, aseguró que todo esto debe estar acompañado de un acuerdo político y los líderes de ese plan tendrán que hablarle con claridad al país y explicarle a los venezolanos que todos los esfuerzos rendirán frutos. «Esos ajustes implicarán un sacrificio, pero tendrán que decirle al venezolano que eso es mejor que estar como estamos», dijo.

18 de febrero 2022

Banca y Negocios

@bancaynegocios

https://www.bancaynegocios.com/pedro-palma-para-recuperar-al-pais-se-nec...

 1 min


Marcel Gascón

El historiador rumano afirma que la democracia en Ucrania es una amenaza directa para un régimen autoritario como el de Putin.

En los años noventa, el rumano Armand Goşu se doctoró en Historia de Rusia por la Universidad de Moscú y fue corresponsal del servicio en rumano de la BBC en la capital rusa. Goşu es hoy profesor de historia y política de Rusia y la antigua URSS en la Universidad de Bucarest. Poco después de regresar de un viaje a Ucrania y Moldavia ha hablado con Letras Libres sobre la amenaza de invasión rusa que tiene en vilo a Estados Unidos y Europa.

¿QUÉ QUIERE PUTIN?

Si miras la historia de Rusia de los últimos trescientos años te das cuenta de que es cíclica. Pedro el Grande perdió contra los suecos en Nerva y comenzó a modernizar el imperio –a hacer reformas económicas, a construir un nuevo ejército– para después tomarse la revancha en la batalla de Poltava, donde derrotó a los suecos liderados por el rey Carlos XII, que se refugió en el Imperio Otomano. Un siglo y medio más tarde tuvo lugar la Guerra de Crimea. Rusia fue derrotada y vino un nuevo zar, Alejandro II, que hizo grandes reformas que cambiaron Rusia, la modernizaron y la prepararon para volver a tomarse la revancha. Esta idea de que Rusia debe tomarse la revancha es muy importante.

Más recientemente, la Unión Soviética colapsó después de la Guerra Fría. Rusia se sintió derrotada, humillada. Con el dinero de la exportación de hidrocarburos se modernizó y Putin quiere ahora tomarse la revancha, que se respete a Rusia y que ocupe otro lugar en la escena internacional.

La verdad es que Rusia es un país que solo puede vivir como imperio. Como Alemania, por otra parte. Sin embargo, después de perder dos guerras, Alemania ha optado por conseguir su objetivo a través del soft power. En lugar de conquistar el mundo con tanques lo conquista con BMWs. Rusia no tiene habilidades para esto, no sabe fabricar coches. Con Sputnik y con Russia Today, Rusia ha intentado expandirse a través del soft power, pero no le ha salido bien. Era como un elefante en una tienda de porcelana. Así es el soft power ruso. De momento no les sale, tienen mucho que aprender y que practicar.

Volviendo a Putin, ha modernizado Rusia con la ayuda de un contexto internacional favorable gracias al alza de los precios del petróleo. Sobre todo, Putin ha modernizado el ejército, que no tiene nada que ver con el que heredó cuando llegó al poder. Ha invertido muchísimo dinero en el ejército.

La respuesta corta a su pregunta es que Putin quiere cambiar el sitio que Rusia ocupa en el mundo, quiere ampliar el papel que tiene Rusia en la escena internacional.

¿POR QUÉ HA DECIDIDO DOBLAR SU APUESTA AHORA?

Lo que ocurre en Ucrania es una amenaza directa para un régimen autoritario como el de Putin, porque la gente en Rusia ve que un modelo democrático puede funcionar para sus vecinos ucranianos. ¿Si puede funcionar para los ucranianos por qué no también para los rusos? ¿O es que los ucranianos son compatibles con la civilización occidental y los rusos no?

Para Rusia, uno de sus grandes retos es la modernización. Los rusos buscan modelos para modernizar el país. Después de la Guerra Fría, con Boris Yeltsin, decidieron adoptar el modelo occidental, americano. Cuando Putin llegó al poder descartó el modelo occidental de modernización como inapropiado para Rusia y se empezó a hablar de otros modelos: Singapur, el régimen de Pinochet en Chile o Corea del Sur, donde regímenes autoritarios militarizados modernizaron con éxito sus países. En el año 2000, con la llegada de Putin, la élite rusa decidió modernizar el país mediante un régimen autoritario. La sociedad llegó a una especie de consenso: renunciamos a esta democracia que no nos ha traído nada bueno y adoptamos un régimen autoritario, nos modernizamos y nos tomamos la ansiada revancha.

Para Putin, Ucrania es un pretexto. Si no fuera Ucrania sería otra cosa. Putin quiere que el mundo sea distinto. Pide garantías de que nadie va a tocar el espacio de influencia de Rusia. ¿De dónde viene su obsesión con el espacio de influencia? Él dice que el mundo de después de la Guerra Fría, el mundo unipolar en el que los americanos eran el único polo de poder, no es bueno, y defiende un mundo multipolar. Uno de estos centros de poder mundial debe ser Rusia. Los otros centros –Estados Unidos, China, la Unión Europea– basan su poder en la tecnología, en un ejército fuerte, en una población numerosa o en un sistema de producción barato. ¿Qué tiene Rusia para reivindicarse como potencia? El territorio, el control sobre el antiguo espacio soviético. Putin no quiere perder este control, porque, si lo pierde, pierde el estatuto de polo mundial de poder. Esto condenaría a Rusia a ser una potencia de segunda, una potencia regional.

ENTRE LOS FACTORES QUE EXPLICAN LA ACTITUD DE PUTIN ESTÁ TAMBIÉN EL CONTEXTO INTERNACIONAL.

Putin ha visto que Occidente tiene muchas debilidades. En América tenemos un presidente con grandes problemas internos. Al nivel de las élites de Estados Unidos hay un debate sobre la dirección que ha de tomar su política exterior en el próximo decenio: hacia el Pacífico, es decir, China, o hacia Europa del Este y Rusia. Macron está en plena campaña electoral y debe dar la impresión ante su electorado de que Francia es una gran potencia. En Berlín acaba de llegar un nuevo canciller y pasará tiempo hasta que se acomode en el puesto. Alemania está gobernada por una coalición complicada que aún no ha definido sus líneas rojas en relación con Rusia. Y Putin utiliza el contexto para forzar concesiones por parte de los occidentales.

Ahora ha intentado utilizar también la relación de tensión entre Occidente y China, esperando que los americanos le hicieran concesiones solo para tener de su parte a Rusia en la confrontación que se perfila con China. Pero se ha equivocado. Finalmente, Putin se ha dejado caer él solo en los brazos de China. Convirtiéndose en un socio secundario de China, Rusia corre el riesgo de condenarse a la irrelevancia a medio y largo plazo. Yo no creo que toda la élite rusa vaya a apoyar el proyecto de Putin de orientarse hacia Asia.

En este sentido, Vladimir Putin es una especie de Pedro el Grande a la inversa. Pedro el Grande abrió una ventana hacia Europa y modernizó Rusia según el modelo europeo. Tres siglos más tarde Putin orienta a Rusia hacia China y le da la espalda Occidente. ¿Es esto lo que quieren las élites rusas?

ESTADOS UNIDOS Y SUS SOCIOS EUROPEOS HAN EVITADO HASTA EL MOMENTO OFRECER GARANTÍAS A LOS UCRANIANOS SOBRE SU ENTRADA EN LA OTAN. ¿PUEDE SER ESTE UN FACTOR DE DESMORALIZACIÓN QUE AFECTE AL ENTUSIASMO PRO-OCCIDENTAL Y DEMOCRÁTICO EN UCRANIA?

Los ucranianos son una nación joven, vigorosa y llena de energía y entusiasmo. Europa debería haber entendido que su única garantía de seguridad es una Ucrania fuerte. No estoy seguro de que lo haya entendido. Sin embargo, sí lo han entendido los canadienses, los británicos y los americanos. Se está perfilando una alianza del mundo anglosajón con Polonia para apoyar a Ucrania. En función de cómo evolucionen las cosas, esta alianza podría ser muy importante en el futuro para la seguridad de Ucrania.

¿ES ESTA ALIANZA OTRA PRUEBA DE QUE LA UNIÓN EUROPEA PIERDE RELEVANCIA?

En la Unión Europea hay muchos intereses divergentes. Alemania tiene una relación larga y especial con Rusia. Los polacos y los bálticos acusan a los alemanes de traicionar a Europa en favor de Rusia.

¿QUÉ IMPORTANCIA TIENE EN ESTO LA INFILTRACIÓN RUSA EN ALEMANIA?

Es significativa. El dinero tiene un papel importante. Berlín está lleno de rusos ricos. Alemania siempre ha estado abierta a las inversiones rusas, y esto ha de tener sus efectos en un momento dado. Hablando de la schroederización de la élite política alemana. Cuando recibes cada mes un sobre con quince o veinte mil euros de Moscú miras de otra forma hacia Rusia.

Por otro lado, una parte de la élite alemana prefiere a Rusia y no hace de ello ningún secreto. La vieja aristocracia alemana es anti-americana y anti-polaca. Los diplomáticos alemanes no dejan de repetir que la ampliación de la OTAN y la UE hacia el Este, sobre todo la entrada de países como Bulgaria y Rumanía, fue un error. Han pasado quince años de la entrada de Rumanía a la UE y Berlín aún no lo ha aceptado del todo.

EL PRESIDENTE MACRON SE HA REUNIDO RECIENTEMENTE CON PUTIN EN MOSCÚ.

Macron ha ido a Moscú en calidad de presidente de Francia, no como líder del país que desempeña la presidencia del Consejo Europeo. Su reunión de casi seis horas con Putin parece que se centró en los acuerdos de Minsk [firmados en 2014 y 2015 para poner fin al conflicto provocado por Rusia en el Este de Ucrania]. Rusia intenta movilizar a Occidente para que presione a Ucrania para que aplique los acuerdos de Minsk. Putin quiere que se respeten estrictamente, lo que es imposible. La situación es distinta hoy en día. Desde el momento mismo en que se firmaron se vio que los acuerdos no podían tener efecto, pues cada parte los interpreta de una forma diferente. Después de siete años, de que Putin haya dado más de medio millón de pasaportes rusos a los habitantes del Donbás y de que, desde el punto de vista económico, las regiones separatistas se hayan integrado en Rusia, es imposible resucitar unos acuerdos que están muertos desde hace tiempo. Si alguien bloquea la aplicación de los acuerdos de Minsk es Rusia.

¿POR QUÉ INSISTE PUTIN EN ESOS ACUERDOS?

Putin ve en ellos una trampa con la que atrapar a Ucrania para hacerla prisionera en la zona de influencia de Rusia. Putin insiste en federalizar Ucrania mediante un mecanismo de negociación entre Kiev, por una parte, y [las repúblicas populares separatistas pro-rusas de] Donetsk y Lugansk, por la otra, que se utilice para tomar todas las decisiones importantes de Ucrania. Esto significaría que un país grande, de las dimensiones de Francia, sería rehén de los separatistas pro-rusos pilotados por los servicios secretos de Moscú y organizados en dos repúblicas populares que controlan, cada una, un territorio de las dimensiones de la Comunidad de Madrid. La aplicación de los acuerdos de Minsk según los interpreta Rusia sería una opción ideal para Putin, que espera de esta forma mantener prisionero en el russkiy mir [mundo ruso] a un país entero.

UNA PARTE DE LA PRENSA OCCIDENTAL ACEPTA QUE LOS UCRANIANOS PUEDAN TENER RAZÓN, PERO AL MISMO TIEMPO LES ACUSA DE TENER TENDENCIAS FASCISTAS.

Una parte de la prensa occidental juega el papel de tonto útil de Putin. Aquí, en Europa Central, es difícil que alguien se tome en serio la propaganda rusa. Ucrania tiene un presidente judío y tuvo un primer ministro judío. Pero Moscú sabe cómo utilizar los reflejos pavlovianos de los occidentales. Cuando dices fascista se enciende una lucecita roja. Esto lo saben muy bien los rusos. Da igual que pueda ser mentira.

A propósito de las acusaciones rusas a Ucrania de fascismo, Armand Goşu me recomendó este artículo de la sovietóloga francesa Françoise Thom sobre los contenidos de la principal televisión pública rusa en horario de máxima audiencia. Un despliegue de macarrismo, xenofobia, belicismo y el más agresivo irredentismo adobado de fantasías nucleares del que bien podrían haberse inspirado los medios de Putin para hacer la caricatura que dibujan de una Ucrania fascista.

LOS JUDÍOS DE UCRANIA HAN SIDO SIEMPRE RUSÓFONOS, PERO MUCHOS SE IDENTIFICAN AHORA COMO PATRIOTAS UCRANIANOS, LO QUE ES EN SÍ MISMO UNA PRUEBA DE QUE LA MOVILIZACIÓN UCRANIANA NO ES LA ORGÍA DE CHOVINISMO QUE PRETENDE PUTIN.

Exactamente. Y también se han movilizado en apoyo de la independencia de Ucrania los tártaros de Crimea y muchas otras nacionalidades. Incluso los rusos, porque hay muchos rusos que no quieren vivir en dictadura y prefieren a Ucrania. ¿Qué les espera en Rusia? Prohibiciones, policía, palizas y cárcel. En Rusia no hay democracia, no hay libertad. Estos rusos se preguntan: ¿quiero vivir en una dictadura? ¿Quiero que venga la policía y me pegue, que me detenga? ¿Quiero ser condenado por escribir algo en las redes sociales?

AUNQUE LES PEGUEN EN RUSO.

Si te dan una paliza en ruso, ¿no es una paliza? Muchos prefieren quedarse en Ucrania. Hay activistas cívicos, incluso políticos de Moscú que se han refugiado en Ucrania. Putin puede derribar un avión, hacer saltar por los aires un tanque, pero no puede disparar contra la idea de libertad.

EL ENTUSIASMO UCRANIANO POR LA DEMOCRACIA Y LA LIBERTAD ES EXACTAMENTE LO QUE NECESITA LA UNIÓN EUROPEA.

La UE como proyecto debe ser atractiva, despertar entusiasmo. Por la Unión Europea murió gente en el Maidán, en Kiev. ¿Quién muere por el proyecto europeo en Berlín o París? Creo que nadie. En el momento en el que nadie quiera entrar en la UE será un proyecto muerto.

¿CUÁNTO DAÑO PUEDE HACERLE RUSIA A UCRANIA?

En estos momentos, Rusia no tiene ningún tipo de garantía de seguridad. La OTAN no entrará en una guerra para defender a Ucrania. Ni siquiera los Estados Unidos harán esto. Al mismo tiempo, en Ucrania hay consejeros, expertos americanos, canadienses, británicos y polacos que instruyen a militares ucranianos en el uso de nuevos tipos de armamento. Durante muchos años Occidente ha rechazado vender armas a Ucrania, que ha tenido que luchar con armamento soviético desfasado, de los años sesenta y setenta. Recientemente, Ucrania ha podido comprar armamento letal, antitanque, por ejemplo. Pero por el momento los rusos tienen la superioridad en técnica militar. Desde 2008 han invertido muchísimo dinero en modernizar al ejército. Ha sido la mayor reforma del ejército de los últimos cien años.

PERO UCRANIA ESTÁ REDUCIENDO ESA DISTANCIA.

Ucrania compró el año pasado armamento letal de Israel y de Turquía. Ahora tiene drones [turcos] Bayraktar, extremadamente eficientes en el teatro de operaciones. En la guerra entre Armenia y Azerbaiyán [2020] el armamento turco demostró ser superior al ruso. Aunque los armenios son militares excelentes, bien entrenados, fueron derrotados. El armamento marcó la diferencia. Apoyada por Moscú, Armenia utilizaba armamento ruso, mientras que Azerbaiyán luchaba con tecnología turca e israelí. Los armenios perdieron la guerra. En la última visita de Erdogan a Kiev [febrero de 2022] se anunció que se fabricarán drones Bayraktar en Ucrania, una noticia de la que no se habrá alegrado Putin.

LOS PROGRESOS MILITARES DE UCRANIA NOS MUESTRAN DE ALGUNA FORMA QUE LAS COSAS PUEDEN CAMBIAR, QUE LA HISTORIA NO ESTÁ DETERMINADA.

Evidentemente que no lo está. Los ucranianos son una nación joven. La agresión de Putin ha contribuido de forma decisiva a consolidar una identidad nacional pro-europea y anti-rusa en Ucrania. De alguna forma, Putin les ha ayudado a inventarse como nación. Se dice mucho que Ucrania no es un país, que es una construcción artificial. Que son dos o más países, uno en el oeste, donde viven ucranianos, y otro en el este dominado por rusos y con sentimiento pro-ruso. Pero al comenzar la guerra Putin los ha unido a todos. Putin le ha hecho un flaco favor a Rusia y a su propio proyecto de fundar una Unión Euroasiática en la que coagular a todas las antiguas repúblicas soviéticas. Y le ha hecho un gran favor a Europa del Este, del Báltico a Rumanía, que ve en Ucrania un escudo ante futuras invasiones rusas.

TODO EL MUNDO ESPERA QUE OCURRA ALGO EN DÍAS O SEMANAS, PERO USTED HA DICHO QUE LA SITUACIÓN DE TENSIÓN PUEDE DURAR INCLUSO AÑOS.

La crisis va a durar, eso es seguro. La pregunta es qué debe pasar para que se termine la crisis. Debe ocurrir algo similar a lo que pasó en abril del año pasado, cuando Biden anunció que haría una cumbre con Putin y los rusos anunciaron que empezaban a retirar las tropas [de la frontera con Ucrania]. Esto es lo que esperan que ocurra también esta vez los americanos y los europeos.

HAY UNA IDEA MUY EXTENDIDA SEGÚN LA CUAL LOS RUSOS SON INCOMPATIBLES CON LA DEMOCRACIA.

Rusia no tiene tradición democrática, pero esto no quiere decir que sea incompatible con la democracia. ¿O es que Rumanía tiene tradición democrática? ¿Y Ucrania? Ucrania no tiene ni tradición como Estado. La idea de que Rusia no puede ser más que una dictadura es una estupidez. Es una estupidez siniestra decir que, por su ADN, los rusos no pueden vivir más que en dictadura. Rusia puede modernizarse en un sentido europeo, como ha demostrado en otras ocasiones. Como civilización y como cultura, en la manera de vivir y en la mentalidad, está mucho más cerca de Alemania, de Rumanía, de Polonia que de China. Yo amo a Rusia, me gusta mi objeto de estudio. No me gusta tener que hablar mal de los líderes rusos, y hago siempre distinción entre el pueblo ruso y Putin.

17 de febrero 2022

Letras Libres

https://letraslibres.com/politica/entrevista-al-sovietologo-armand-gosu-...

 13 min


Pam Belluck

Un nuevo estudio reveló que al año siguiente de contraer covid, muchas personas tenían más probabilidades de ser diagnosticadas con trastornos psiquiátricos que quienes no se contagiaron.

El aislamiento social, el estrés económico, la pérdida de seres queridos y otras dificultades durante la pandemia han contribuido a aumentar los problemas de salud mental como la ansiedad y la depresión.

¿Acaso el hecho de tener COVID-19 puede aumentar el riesgo de desarrollar problemas de salud mental? Un estudio nuevo, y extenso, sugiere que sí.

La investigación, publicada el 16 de febrero en la revista médica The BMJ, analizó los registros de casi 154.000 pacientes con COVID-19 en el sistema de la Administración de la Salud de los Veteranos estadounidense y comparó su experiencia durante el año posterior a su recuperación del contagio inicial con la de un grupo similar de personas que no contrajeron el virus.

El estudio solo incluyó a los pacientes que no habían recibido ningún diagnóstico o tratamiento de salud mental durante al menos dos años antes de contagiarse de coronavirus, lo que permitió que los investigadores se centraran en los diagnósticos y tratamientos psiquiátricos que se produjeron después de la infección.

De acuerdo con el estudio, las personas con COVID-19 tenían un 39 por ciento más de probabilidades de ser diagnosticadas con depresión y un 35 por ciento más de probabilidades de que se les diagnosticara ansiedad durante los meses posteriores a la infección que quienes no presentaron la enfermedad durante el mismo periodo. Los pacientes con COVID-19 tenían un 38 por ciento más de probabilidades de recibir un diagnóstico de estrés y trastornos de adaptación y un 41 por ciento más de probabilidades de que se les diagnosticaran trastornos del sueño que las personas no contagiadas.

“Parece haber un exceso de diagnósticos de salud mental en los meses posteriores a la COVID-19”, dijo Paul Harrison, profesor de psiquiatría de la Universidad de Oxford, quien no participó en el estudio. Dijo que los resultados reflejan el panorama detectado en otras investigaciones, incluido un estudio de 2021 de su autoría, y “refuerza el argumento de que hay algo en la COVID-19 que está dejando a las personas en mayor riesgo de presentar trastornos en la salud mental”.

Los datos no sugieren que la mayoría de los pacientes con covid desarrollen síntomas de salud mental. Solo entre el 4,4 y el 5,6 por ciento de los que participaron en el estudio recibieron diagnósticos de depresión, ansiedad o estrés y trastornos de adaptación.

“Afortunadamente, no es una epidemia de ansiedad y depresión”, dijo Harrison. “Pero no es trivial”.

Los investigadores también encontraron que los pacientes con covid tenían un 80 por ciento más de probabilidades de desarrollar problemas cognitivos como niebla mental, confusión y olvido que aquellos que no tenían covid. Además tenían un 34 por ciento más de probabilidades de desarrollar trastornos por el uso de opioides, posiblemente por medicamentos recetados para el dolor, y un 20 por ciento más de probabilidades de desarrollar trastornos por el uso de sustancias no opioides, incluido el alcoholismo, informó

Después de contagiarse de covid, las personas tenían un 55 por ciento más de probabilidades de tomar antidepresivos recetados y un 65 por ciento más de probabilidades de tomar ansiolíticos recetados que quienes no se contagiaron, según encontró el estudio.

En general, más del 18 por ciento de los pacientes con COVID-19 recibieron un diagnóstico o una receta médica para un problema neuropsiquiátrico en el año siguiente, en comparación con menos del 12 por ciento del grupo que no se contagió. Según el estudio, los pacientes con COVID-19 tenían un 60 por ciento más probabilidades de caer en esas categorías que las personas que no presentaron la enfermedad.

La investigación reveló que los pacientes hospitalizados por COVID-19 eran más propensos a ser diagnosticados con problemas de salud mental que aquellos con infecciones por coronavirus menos graves; sin embargo, las personas con infecciones iniciales leves seguían estando en mayor riesgo que las personas sin COVID-19.

“Algunas personas siempre dicen: ‘Ay, bueno, tal vez las personas están deprimidas porque tuvieron que ir al hospital y pasaron como una semana en la unidad de cuidados intensivos’”, señaló el autor principal del estudio, Ziyad Al-Aly, jefe de investigación y desarrollo en el Sistema de Atención Médica para Veteranos de San Luis e investigador de salud pública clínica en la Universidad de Washington en San Luis. “En las personas que no fueron hospitalizadas por COVID-19, el riesgo era menor pero significativo, y la mayoría de la gente no necesita ser hospitalizada, así que ese es realmente el grupo representativo de la mayoría de las personas con COVID-19.”

El equipo también comparó los diagnósticos de salud mental de las personas hospitalizadas por COVID-19 con las hospitalizadas por cualquier otro motivo. “Tanto si las personas fueron hospitalizadas por ataques cardíacos como por quimioterapia o por cualquier otra afección, el grupo de COVID-19 presentaba un riesgo mayor”, explicó Al-Aly.

El estudio incluyó los registros médicos electrónicos de 153.848 adultos que dieron positivo en la prueba del coronavirus entre el 1 de marzo de 2020 y el 15 de enero de 2021, y que sobrevivieron al menos 30 días. Dado que fue al principio de la pandemia, muy pocos se vacunaron antes del contagio. Se les hizo un seguimiento a los pacientes hasta el 30 de noviembre de 2021. Al-Aly dijo que su equipo planeaba analizar si la vacunación posterior modificaba o no los síntomas de salud mental de las personas, así como otros problemas médicos posteriores al COVID-19 que el grupo ha estudiado.

Los investigadores compararon a los pacientes con COVID-19 con más de 5,6 millones de pacientes del sistema de Veteranos que no dieron positivo en la prueba del coronavirus y con más de 5,8 millones de pacientes de antes de la pandemia, en el periodo que va de marzo de 2018 a enero de 2019. Para tratar de medir el efecto del COVID-19 en la salud mental frente al de otro virus, también se comparó a los pacientes con unos 72.000 pacientes que tuvieron influenza durante los dos años y medio anteriores a la pandemia. (Al-Aly dijo que hubo muy pocos casos de influenza durante la pandemia para proporcionar una comparación en el mismo periodo de tiempo).

Los investigadores trataron de reducir las diferencias entre los grupos ajustando muchas características demográficas, las condiciones de salud previas al COVID-19, si habitan en residencias para adultos mayores y otras variables.

En el año posterior a su contagio, los pacientes de COVID-19 presentaron índices más altos de diagnósticos de salud mental que los otros grupos.

“En realidad no me sorprende porque ya lo habíamos observado”, señaló Maura Boldrini, profesora adjunta de psiquiatría en el Centro Médico de la Universidad de Columbia NewYork-Presbyterian. “Me llama la atención la cantidad de veces que hemos visto a personas sin antecedentes psiquiátricos con estos síntomas nuevos”.

La mayoría de los veteranos del estudio eran hombres, tres cuartas partes eran blancos y su edad promedio era de 63 años, por lo que los resultados pueden no corresponder con todos los estadounidenses. Aun así, el estudio incluyó a más de 1,3 millones de mujeres y 2,1 millones de pacientes negros, y Al-Aly aseveró: “Encontramos indicios de un mayor riesgo independientemente de la edad, la raza o el sexo”.

Hay varias razones que podrían explicar el aumento de los diagnósticos de salud mental, afirmaron Al-Aly y otros expertos. Boldrini dijo que, en su opinión, lo más probable es que tanto factores biológicos como el estrés psicológico asociado a tener una enfermedad hayan influido en los síntomas.

“En psiquiatría, casi siempre se produce una interacción”, dijo.

La investigación, incluidas las autopsias cerebrales de pacientes que murieron de covid, encontró evidencia de que la infección puede generar inflamación o pequeños coágulos de sangre en el cerebro, y puede ocasionar accidentes cerebrovasculares pequeños y grandes, dijo Boldrini, quien ha realizado algunos de estos estudios. En algunas personas, es posible que la respuesta inmunitaria que se activa para luchar contra la infección por coronavirus no se detenga de manera efectiva cuando el contagio desaparece, lo que puede impulsar la inflamación, dijo.

“Los marcadores inflamatorios pueden alterar la capacidad del cerebro para funcionar de muchas maneras, incluida la capacidad para producir serotonina, que es fundamental para el estado de ánimo y el sueño”, dijo Boldrini.

Por sí mismos, esos cambios cerebrales pueden o no causar problemas psicológicos. Pero, si alguien está experimentando estrés por haberse sentido físicamente enfermo o porque el covid interrumpió sus vidas y rutinas, dijo, “es posible que sea más propenso a no poder manejar esa situación porque su cerebro no funciona al 100 por ciento”.

Harrison, que ha realizado otros estudios con grandes bases de datos médicas, señaló que dichos análisis pueden pasar por alto cierta información específica sobre los pacientes. También dijo que algunas personas en los grupos de comparación podrían haber tenido covid y no haber sido examinados para confirmarlo, y que algunos pacientes podrían haber sido más propensos a recibir diagnósticos porque estaban más preocupados por su salud después del covid o porque los médicos fueron más rápidos al momento de identificar los síntomas psicológicos.

“No hay un análisis que te aclare todo el panorama”, dijo Al-Aly. “Puede que todos o la mayoría de nosotros hayamos experimentado algún tipo de malestar emocional o estrés mental o algún trastorno del sueño”, añadió, “pero a las personas con COVID-19 les fue peor”.

18 de febrero 2022

NY Times

https://www.nytimes.com/es/2022/02/18/espanol/covid-salud-mental.html

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