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Opinión

Américo Martín

Fue en esa época, para bien y para mal, cuando ser o dárselas de popular se convirtió en arma para zaherir a los rivales, un hábito del cual no nos hemos librado, y probablemente nunca lo haremos.

Los políticos y sus imitadores se vestirán en momentos propicios «como el pueblo» o como imaginaban que era el pueblo. Se arrancarán la corbata, incorporarán giros populares y hasta esquineros, con el fin de demostrar su simpatía por los excluidos y, de paso, conseguir votos.

El odio izquierdoso contra las humildes corbatas arranca, creo, de aquellas inclinaciones. La fobia se ha incrementado con el tiempo a medida que movimientos autoidentificados con la causa del pueblo alcanzan posiciones de poder.

No fui nunca, ni lo soy ahora, un devoto de ese artículo de vestir, pero no por razones «ideológicas». Restringía su uso a situaciones convencionales: fiestas formales, velorios, matrimonios. Pero la pandemia contra la inocente corbata ha seguido invadiendo el territorio. Parece que no ponérsela en el parlamento sería algo así como una prenda de firmeza revolucionaria. Cuando, siendo diputado, no se me daba llevarla, juro que lo hacía por pura comodidad sin creerme una suerte de conjurado en plan de romper soterrados privilegios burocráticos. Digamos, algo parecido a un fuerte acto de liberación en lucha abierta contra el formalismo encorbatado.

La vindicación popular se extenderá al pelo largo, por influencia del extraordinario movimiento hippie de EE. UU., Inglaterra y progresivamente el mundo, incluyendo países del área socialista. Se dejaban largas cabelleras y agresivas barbas para deslindarse del estilo lampiño de los profesionales triunfadores y los hijos de los ricos, aunque muchos de ellos lo fueran. El punto era cuestionar sin mayor riesgo. La protesta consistía en «no colaborar». Entre las cosas más revolucionarias: pisar la hierba donde un cartelito lo prohibía. Las muchachas mostrarían sus senos, se popularizaría la transgresión de las drogas. Algo pueril, sin duda, en el fondo contra ellos mismos, pero de atractivos perfiles sicodélicos y culturalmente liberador, lo reconozco.

Sin embargo la moda fue permeando hacia los jóvenes profesionalmente exitosos. Comenzaron a aparecer los yuppies, empresarios informales, emprendedores de cabello largo y barbas retadoras. Si inicialmente todo tenía un contenido de inofensiva protesta, la asimilación de la moda por las «clases protestadas» la hizo más indiscernible.

¿El movimiento fue entonces inútil? No, para nada: de alguna manera había triunfado. El mundo siguió adelante. Probablemente sin percatarse mucho llevaba su marca.

Me parece que en esto de las corbatas se urde secretamente otra vuelta de la manivela. Dada la victoria definitiva de los enemigos de ese símbolo prendario, podría preverse un vuelco inesperado.

Usar retadoramente la corbata pasaría a ser la nueva manera de protestar.

¿Cómo valorar esos cambios? ¿Son malos o buenos?

Simplemente son cambios en la forma de vestir, pasos adicionales desde los ceñidos corsés a los pantalones femeninos y del peinado engominado al revuelto y libre. Y en ese sentido proporcionan una prueba viviente de que la moda y la cultura están en permanente cambio, en constante transformación. Envolver tales cambios en la dialéctica de la revolución y contrarrevolución ha sido una de las más suaves e inútiles tonterías. Pero en los años 40 y aún 50 todavía estábamos lejos de la erupción del fenómeno, cuya plena expresión se manifestará durante las dos décadas siguientes.

Yves Saint Laurent

Cuando en 1969 salí en libertad, hasta ahora por última vez, mis pasos me llevaron hacia mi antigua querencia universitaria. Al llegar se me encima un muchacho peludo y barbado.

—¿Y por qué siendo tan revolucionario no te dejas crecer la barba?

Era un joven agradable y de aspecto sincero.

—¿Y para qué? —le respondo.

—Para protestar.

No estaba bien que me burlara un poco y no lo hice en respeto a su rebeldía e inconformidad. Pero le dije:

—¿Protestar contra los barberos? ¿Ha hecho algo el gremio que yo ignore?

Pero en verdad, ¿para qué diablos —por ejemplo— puede servir ese pedazo de trapo amarrado y colgando del cuello?

Bueno, será para lo mismo que les sirve el lápiz labial a las mujeres o los bigotes a los hombres. Los motivos no son pragmáticos o éticos sino estéticos y la gente es tan libre de dejarse crecer la barba como de recortársela, de pintarse los labios como de no hacerlo, de encorbatarse o no. Nadie debe ser colgado o colgada de una cuerda por escoger una o la otra opción.

Curiosamente opinó sobre este asunto Yves Saint Laurent, un artista de la alta costura, un visionario de la estética.

—¿Para qué puede servir la corbata?

—La corbata debe ser un alarido sobre la camisa, exclamó.

Soy obtuso en estos delicados matices, por eso no cometería el exceso de decir que lo sigo, pero sin duda lo comprendo. Entreveo un fondo de razón en sus palabras. Para un esteta como él, si vas a habituarte a esa prenda debe ser para disparar una centella de colorido múltiple desde tu blanca camisa. Saint Laurent debió ser un surrealista, un sicodélico de la moda. Sin embargo, afortunadamente tampoco aquí hay verdades únicas. También en este dominio reina el pluralismo. Otros creadores de su gremio pensarán distinto y de allí el juego cambiante de la moda y la proliferación de los artistas de la alta costura.

Twitter: @AmericoMartin

Américo Martín es abogado y escritor.

 4 min


Alejandro J. Sucre

El año pasado, The New York Times elogió los viajes regenerativos como el futuro del turismo. Los viajes regenerativos se tratan de trabajar para mejorar activamente un lugar. Da prioridad a la regeneración y protección de áreas sobre el turismo de masas, y garantiza que dejemos un destino intacto durante los próximos años.

No se trata simplemente de no ensuciar el lugar, el turismo regenerativo dice: "Hagámoslo mejor para las generaciones futuras'".

Una verdadera regeneración, según The Forward Lab, “. . . debe haber un enfoque en las comunidades, las personas reales y también en los beneficios económicos directos del turismo ".

La documentación de los viajes regenerativos podría visualizarse como un turista que participa en una limpieza del océano, mientras que los viajes sostenibles solo pueden mostrar a un turista en la playa con una botella de agua reutilizable.

Según la coalición Future of Tourism, que tiene como objetivo "construir un mañana mejor", hay trece principios de viajes regenerativos. Van desde el uso de estándares de sostenibilidad líderes hasta exigir ingresos justos para los trabajadores y empleados del turismo, hasta mitigar el impacto climático o desarrollar temas. Los viajes regenerativos se han convertido en una tendencia y en Venezuela sería muy bueno desarrollarlo como proyecto social. En los primeros días de la pandemia, los viajes globales se detuvieron hasta el punto en que vimos un cambio climático en lugares como Italia, California e India. Disminuyeron las emisiones de gases de efecto invernadero y los niveles de contaminación. El tráfico se redujo significativamente en las principales áreas metropolitanas como la ciudad de Nueva York, mientras que en Los Ángeles y Delhi, la calidad del aire mejoró significativamente. Esas primeras imágenes -un testimonio del poder de las imágenes- de la reversión del clima sirvieron como un duro recordatorio del impacto que los viajes han causado en la Tierra. A medida que los viajes se vuelven a abrir después de la pandemia, comenzaremos a ver que más personas alinean sus planes y comportamientos de viaje con sus valores. Y, por supuesto, necesitaremos elementos visuales para mostrar cómo podemos hacer esto. Han surgido algunos temas que nos ayudarán a visualizar esta importante tendencia de viajes.
Viajes con poca huella de dióxido de carbono
Los viajes aéreos producen enormes emisiones de carbono y son responsables del 12% de todas las emisiones del transporte. La propia industria del turismo es responsable del 8% de todas las emisiones globales, ¡más que la industria de la construcción! Las imágenes deben mostrar el rango de cómo las personas pueden viajar de manera más regenerativa en estos días: en bicicleta, tren, a pie, en velero y (preferiblemente) en autos eléctricos.
Orientado a la comunidad
Los viajes regenerativos sitúan el bienestar de los lugareños en un lugar tan importante como la conservación del medio ambiente y resaltan lo más posible que son las personas detrás del lugar. Esto podría verse como dueños de negocios, residentes que interactúan con turistas, pueblos indígenas y lugares de reunión: centros comunitarios, mercados, monumentos públicos o iglesias, entre otros.
Apoyando a las empresas locales
Comprar productos locales es importante cuando viaja fuera de su comunidad de origen. En lugar de buscar comprar esa camiseta de recuerdo producida en masa, se alienta a los viajeros regenerativos a comprar hiperlocal. Compra un artículo hecho a mano a un artesano local, experiencias artísticas interactivas en vivo, pequeñas empresas o mercados públicos en lugar de centros comerciales, tiendas de marca y proveedores de aeropuertos, y bienes, materiales o fibras nativas de los lugares.
Perspectivas indígenas
En muchos destinos de todo el mundo, los pueblos indígenas son los administradores de sus tierras y mares, y ayudan a proteger y preservar sus territorios para las generaciones venideras. Al capturar o compartir imágenes que hablan de viajes regenerativos, es fundamental incluir y reconocer el trabajo de los administradores indígenas aquí.
Empleados e industria del turismo
En los viajes regenerativos se enfocan mucho en el viajero, pero también hay un fuerte énfasis en las personas que impulsan la industria del turismo: conductores de autobuses, guías turísticos, personal de hoteles, conserjes, chefs, meseros, etc.
Grupos pequeños y sin multitudes
Los viajes regenerativos fomentan experiencias menos aglomeradas y fomentan la dispersión dentro de una comunidad o destino. En lugar de clamar por ver la Mona Lisa, y esto no es nada en contra de la obra maestra de Leonardo, el viaje regenerativo le pide que busque con su visita respaldar una nueva experiencia creadora. Venezuela necesita muchos proyectos que nos ayuden a unirnos en una misión como nación y como sociedad. El turismo regenerativo puede ser uno de tantos grandes proyectos de Venezuela para el mundo. Visualizando nuestras posibilidades como nación, en energía, agricultura, industria, tecnología, y muchas otras industrias, los venezolanos podemos tomar conciencia del futuro que nos espera si actuamos con visión, en equipo y lo mucho que podemos aportar al mundo. Tenemos muchos motivos para cohesionarnos.

Twitter: @alejandrojsucre

 3 min


Carlos Raúl Hernández

Cada vez que una mujer aparece bajo la regadera en alguna secuencia cinematográfica, va a morir en manos de un terrible asesino, o por lo menos a pasar un buen susto hasta que el galán la rescate. Probablemente termine destripada a cuchillo limpio, marca indeleble dejada en el cine por Psicosis (creo). Pero ese es apenas uno entre otros ripios sin los que buena parte de las películas no existirían. Aquel clásico del humor, la serie Locademia de policía, las de Blake Edwards y las de Quentin Tarantino, entre otras, se dedican a burlarse de eso. En una de aquellas, el desalmado homicida entra a la sala de baño donde la regadera empapa a la desnuda e inocente víctima, que canta despreocupada Memory, la exquisita pieza de Cats, en la que el personaje declama la aspiración rehacer su corazón roto, en la inagotable y taquillera obra de Andrew Lloyd Webber.


Y en vez de tasajearla como se espera, el malencarado sicario termina cantando a coro la dulce melodía y llorando a lágrima partida un desengaño amoroso. ¿Qué sería incluso de grandes cintas, en las que todo dependió de que el protagonista rompiera unas cadenas con un buen tiro de pistola? Hay que pasar por alto que en la vida real la bala, al chocar con el implacable acero, debiera más bien desintegrarse, convertirse en talco de plomo y si fuera ella también de acero, desviarse y seguir su camino. ¿Qué pasaría sin la interesante propensión a explotar de los automóviles en Hollywood, al menor choque o volcamiento, lo que hace suponer que no llevan en sus tanques derivados del petróleo, sino nitroglicerina? ¿O quiere alguien un recurso más prodigioso para resolver situaciones sin que las manos del protagonista se manchen con un homicidio, que esa maravilla del golpe en la cabeza que desmaya al enemigo, lo mantiene fuera de servicio por el tiempo necesario y no deja secuelas criminales en el fúlgido héroe?

Este no tuvo así que matar un número exagerado de bandidos sino propinar un buen cachazo en la mollera y aquí no ha pasado nada. Son lo que llamaría un filósofo "cosificaciones", coágulos en el lenguaje cinematográfico que se presentan también en cualquier otro. Para hablar del hablado, hay que recordar que cuando la marabunta de gobierno aún estaba medio agazapada, produjo una epidemia de forúnculos lingüísticos, difundida por los más cultos del país, tales como "cuarta república", "puntofijismo", "cogollocracia", "soberano", "poder constituyente", "ilegitimidad", que rápidamente se hicieron del habla política de todos. Más tarde se introduce así el maquiavélico “los llamados” presos políticos –Lenin decía: “los llamados intelectuales; buen viento se lleve a esos cochinos”- complementado por “políticos presos”, retruécano maravilloso equivalente a panaderos presos o mecánicos presos. Esas jugosas carnadas verbales las mordieron hasta los demócratas (¿quedan de esos especímenes?: Jardier Poncela se preguntaba cándidamente, sobre si sobre la tierra “¿hubo alguna vez once mil vírgenes?")

Uno de los rasgos distintivos de la hegemonía cultural, es que torna su lenguaje en atmósfera. Durante el período democrático resonaron las frases y los conceptos de Rómulo Betancourt. "La violencia es el arma de los que no tienen la razón", "venezolano siempre, comunista nunca", "votos sí, balas no", “la democracia es la única manera de vivir decentemente”, hasta las "multisápidas hallacas". Hoy nuestra semiología política muere inane. Algunos dirigentes, de los que se esperan estrategias, planteamientos de fondo, recomendaciones para lograr objetivos, se presentan ante los medios con quejas, lamentaciones de barbería. O hablan- hablaron (ya ni siquiera hablan) el leguaje que les donó la revolución, como jacobinos del siglo XVII (legitimidad, constituyente, soberanía popular. Con las religiones, más que ideologías, posmodernas el lenguaje corroído por la “inclusividad” (palabra en sí misma sospechosa y de pésimo olor) cuajado de pequeños vómitos verdes, heteropatriarcalismo, micromachismo, interseccionalidad, pansexualismo, androcentrismo, misoginia, techo de cristal, transversalidad, empoderamiento, no binario, invisibilizar, género, perspectiva de género; discriminación indirecta y otro montón de gafedades patógenas.

¿Por qué repetir aquello tan pavoso del "granito de arena", que puede producir estornudos o urticaria, tal como llamar al agua “vital líquido”? Y el curiosísimo lo que es. Ya nadie dice "maté una cucaracha", sino "maté lo que es una cucaracha". El bicho, a la manera hegeliana, como cosa en sí y no cosa para sí, su coseidad, aclara que lo que se pega a la suela cuando pisas el insecto es el ente y no el ser. El asunto es de alta jerarquía filosófica, aunque se preste a raspar el zapato con la acera. Juan David García-Bacca dice que cualquiera sabe lo que es la vida, una presurosa y breve cadena de experiencias que todos tratan de amargarse entre sí, hacérsela lo más miserable posible, pero nadie o muy pocos saben qué es la vida, algo que hasta ahora carece de respuesta filosófica. Intriga que nadie dice el gobierno, sino el tema del gobierno, ni la inflación, sino el tema de la inflación. Precaución epistemológica, tal vez, pues como la realidad es básicamente incognoscible, decir tema alude un precinto racional y no la cosa en sí. ¡Quién sabe!

@carlosraulher

 4 min


Ismael Pérez Vigil

No es fácil seleccionar los hechos políticos más importantes de 2021; por lo tanto me limitaré a hacer un resumen de los mismos y referirme a aquel que me llamó más la atención y me pareció más relevante.

En el manojo y diversidad de acontecimientos políticos que ocurrieron en 2021, destaco los siguientes:

  • Juan Guaidó es ratificado como Presidente de la Asamblea Nacional (AN), y por consiguiente como Presidente del Gobierno Interino.
  • El Gobierno de los EEUU −del recién juramentado Joe Biden−así como el de Canadá, Gran Bretaña y otros Estados, así como el Congreso de los EEUU, reconocen al Gobierno Interino de Juan Guaidó; de igual manera la UE y el gobierno de los EEUU reconocen como legítima a la AN de 2015 y ambos, durante el año, ratificaron y establecieron nuevas sanciones contra funcionarios del régimen venezolano.
  • El Parlamento Europeo, reconoce también la continuidad de la AN 2015 e indican como única solución para Venezuela la de efectuar: “elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales y locales que sean creíbles, inclusivas, libres, justas y transparentes…”.
  • No obstante, también se producen algunas desafecciones hacia el Gobierno de Juan Guaidó, como por ejemplo las de los gobiernos de Rep. Dominicana, Panamá, Perú y se va notando la desintegración del Grupo de Lima, que en años anteriores había brindado gran respaldo al Gobierno Interino.
  • Surge una nueva alianza en la oposición democrática, más amplia y con características más incluyentes: la Plataforma Unitaria, integrada por más de 40 partidos, grupos de la Sociedad Civil y los diputados electos en 2015.
  • La AN oficialista electa en 2020, instaló un nuevo CNE, con dos rectores provenientes de las filas opositoras: Enrique Márquez y Roberto Picón Hernández, pero conservando el régimen la mayoría en el organismo.
  • Se inician nuevas conversaciones o acuerdos de diálogo en Ciudad de México entre la Plataforma Unitaria, incluido el gobierno interino de Juan Guaidó, y el gobierno de Nicolás Maduro; tras la firma de un "memorándum de entendimiento" se realizan tres sesiones de diálogo, hasta que el régimen de Nicolás Maduro suspende su participación en octubre, en protesta por la extradición a los EEUU de Alex Saab.
  • Como mencioné en el punto anterior, es extraditado a los EEUU Alex Saab y permanecen detenidos en España Hugo Carvajal, ex jefe de la Dirección General de Contrainteligencia Militar de Hugo Chávez y Claudia Diaz Guillén, ex enfermera y ex Tesorera de Hugo Chávez, a la espera de ser también extraditados a los EEUU.
  • Dos importantes informes sobre la situación de derechos humanos en Venezuela fueron presentados al Consejo de Derechos Humanos de la ONU; uno de ellos por la Alta Comisionada de Derechos Humanos, Michelle Bachelet, en el que destacó la situación de los presos políticos, la continuación de la criminalización y judicialización en contra de los defensores de los DDHH, la continuación de las detenciones preventivas y el agravamiento de la crisis humanitaria, por efecto de la pandemia COVID19; el otro, fue el informe de la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre la República Bolivariana de Venezuela, que resaltó que el régimen de Nicolás Maduro: “no ha adoptado medidas tangibles, concretas y progresivas para remediar las violaciones a los derechos humanos”.
  • Karim Khan, nuevo Fiscal de la Corte Penal Internacional, tras su visita a Venezuela, informa su decisión de investigar formalmente, por crímenes de lesa humanidad, a funcionarios del Gobierno de Nicolás Maduro
  • El 21 de noviembre (21N) se realizan elecciones regionales y locales, en donde participa con la tarjeta de la MUD la alianza opositora que representa a la Oposición Democrática.

De todos estos acontecimientos políticos, sin duda las elecciones del 21N y sus resultados marcan, para tirios y troyanos, un antes y un después. Por mi parte, de raigambre optimista y que siempre veo el vaso medio lleno, los resultados de esa elección, sin ser como para lanzar cohetes, no me parecieron del todo malos para la oposición. Por ejemplo, los que dicen que el régimen tiene todo controlado y solo hace “concesiones” a la oposición, no sé cómo explicarán que “permitió” que se le escaparan de sus garras la friolera de 123 alcaldías y que más de la mitad, 63, quedaran en manos de la MUD, de la oposición democrática, que antes tenía menos de 25. Las cifras permiten todo tipo de acomodos y explicaciones, cada quien las amolda y adapta a sus intereses políticos, a su interpretación de los hechos, pero me parece que pasar de 25 a 63 alcaldías, y que el gobierno deje de controlar un total de 123, tiene algún significado, aun en un contexto de baja participación electoral.

Ese resultado del 21N fue para mí el hecho más resaltante de la política en este año, por todo lo que implica: Primero, la decisión opositora de participar en el proceso electoral y ojalá signifique que se deja atrás la suicida y perniciosa política de abstención, que solo beneficia al régimen, porque está en mejor capacidad de movilizar a sus seguidores a votar, con halagos o bajo amenaza; segundo, a pesar de la distorsión que produce la abstención, yo veo una recuperación en penetración popular de la oposición democrática, con estas alcaldías y concejos municipales que se le arrebataron al régimen; y tercero −lo más importante−, que para nadie es un secreto que la dirigencia opositora, centralista, se vio presionada a participar en el proceso electoral, por el empuje y la exigencia de las dirigencias locales y regionales de los partidos, que en conjunción con la sociedad civil, se embarcaron en una dura y desigual campaña y lograron recuperar esas alcaldías para el pueblo democrático.

Nadie espera que los alcaldes resuelvan el tema de la hiperinflación, el desempleo, la falta de producción nacional, el hambre y otros agudos problemas que acogotan a la población. No será a nivel local que se resuelva la crisis del país; pero, los alcaldes sí pueden contribuir a resolver muchos problemas cotidianos, dadas sus competencias, tal como las establece el artículo 178 de la Constitución, que invito a leer, pues no las voy a enumerar aquí. Para destacar la importancia de este resultado electoral, me basta con recordar que el alcalde y el concejal son los primeros funcionarios públicos, electos, que están en contacto con la gente y sus problemas cotidianos; además, que los gobiernos locales tienen ingresos propios, que no dependen del gobierno central.

Pero la tarea de la sociedad civil y los partidos políticos locales no concluye con estos resultados; de modo que no los pasemos rápidamente a la trastienda, pues bien sabemos que, dada la dificultad del gobierno central para controlar los ingresos y recursos de los municipios, emprendió en el pasado la persecución, destitución y encarcelamiento de los alcaldes. Toca ahora organizarse para evitar que eso pase nuevamente y también, no lo olvidemos, para contrarrestar la amenaza de una “ley de comunas” que ronda por allí, con la que se pretende, según su articulado, restar funciones y recursos a alcaldías y concejos municipales. Estas son dos de las tareas, políticas, que tiene la oposición para 2022.

Parte de los temas mencionados arrastrarán su influencia hasta el 2022 y varios muy importantes arrancarán en los primeros días del año; pero, entre todos ellos y los temas posibles que poblarán el próximo año, hay uno que quiero comentar, pues se debe estar decidiendo a finales de este año y principios de 2022 y mi próximo artículo saldrá el 8 de enero.

Y es que, tan pronto como comience el año, el 5 de enero, vence el llamado Estatuto de Transición, aprobado el 26 de diciembre de 2020 por la AN de 2015, y que dio origen al Gobierno Interino, presidido por Juan Guaidó. La discusión sobre este punto ya se está dando en este momento y seguramente se profundizará en los próximos días.

Paralelo a este tema está la discusión acerca de los aciertos y pifias del Gobierno Interino y la Presidencia de Juan Guaidó; discusión que se viene desarrollando informalmente y de manera muy dañina por prensa y redes sociales y que está lejos de resolverse. Es una discusión que entre sus aristas toca la de la estrategia opositora para enfrentar a este oprobioso gobierno; toca también el tema de la indispensable renovación de los partidos políticos y su anquilosada dirigencia, rechazada inocultablemente por muchos venezolanos; toca también la necesidad de rendir cuentas, dadas las alegaciones y discusión acerca del manejo de fondos y activos; en fin, es un tema pendiente y como sabemos, para cada una de estas cosas hay posiciones y propuestas, enfrentadas algunas y no en los mejores términos. No es el caso de reproducir ahora los argumentos de cada una.

Pero la disolución del Gobierno Interino y la presidencia de Juan Guaidó, en mi opinión, no son temas que se despachan fácilmente, dadas sus repercusiones internacionales y la posición de nuestros aliados −como los EEUU, la Unión Europea, Canadá, Brasil, Colombia y otros−, para quienes la AN legítima es la de 2015 y otros solo reconocen a Juan Guaidó, unos como Presidente Interino, otros como Presidente de la AN 2015 −única que consideran legítima−, y todos como líder de la oposición democrática. No creo que sea estratégicamente inteligente desplazar la estructura del Gobierno Interino de Juan Guaidó, sin tener claramente definida y con consenso, una estructura y una figura que los reemplace.

“Con esta entrega concluyo mis actividades por este año, que reanudaré el 8 de enero, deseando a todos unas muy Felices Pascuas y los mejores deseos por un venturoso 2022, en el que demos pasos decisivos para la liberación del país. ¡Feliz Navidad y Año Nuevo a todos!”

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 7 min


Jan-Werner Müller

Sabes que organizaste una buena fiesta cuando quienes no estuvieron invitados la critican.

La Cumbre de la Democracia del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, que ha reunido a más de 100 países en un foro virtual de dos días que inició el jueves, ha sido calificada por funcionarios chinos como una “broma” y como un caso siniestro de imperialismo. El embajador de Rusia se unió a su contraparte de China para criticar a Washington por su nueva “mentalidad de Guerra Fría”. Sin embargo, el verdadero problema con la cumbre es más trivial. Radica en plantear la disputa entre democracia y autocracia como una lucha por ver cuál de las dos puede cumplir las metas de crecimiento y estabilidad.

Ese enfoque promueve excusar a líderes de extrema derecha favorables a las empresas, como el primer ministro de India, Narendra Modi, y le sigue el juego a los líderes con aspiraciones autoritarias en las democracias occidentales, como Donald Trump en Estados Unidos y Silvio Berlusconi en Italia, quienes creen que un Estado se debe dirigir como un negocio. Lo más importante es que subestima a la democracia, un ideal basado en la libertad y la igualdad.

La cumbre se ha planteado una serie de objetivos, entre ellas combatir la corrupción y promover los derechos humanos. Se trata de metas honorables, claro. No obstante, también debería intentar hacer algo más simple pero indispensable en la competencia con los sistemas autocráticos: defender los valores fundamentales de la democracia, entendida como un sistema sólido en el que todos reciben el mismo nivel de respeto y consciente de la incertidumbre de la participación masiva.

La democracia no es solo valiosa instrumentalmente (si ese fuera el caso, podríamos optar por otros sistemas que nos ofrezcan más cosas). Es valiosa en sí misma.

¿Desesperadamente ingenua? Bueno, parece que esa discusión ya se zanjó. Incluso los detractores de la cumbre no critican a la democracia en abstracto; los autócratas simplemente la relativizan al insistir que ningún modelo se puede ajustar a todos. Los intelectuales en varios lugares, desde Budapest a Pekín, están listos para adornar esas aseveraciones interesadas con eufemismos sofisticados para referirse a la falsa democracia, términos como “democracia iliberal” y “democracia popular de todo el proceso”.

Es verdad, los conceptos centrales de la experiencia política moderna están sujetos a discusiones intensas. Sin embargo, los juicios sobre la democracia no son simplemente subjetivos. Como mínimo, según el politólogo nacido en Polonia Adam Przeworski, la democracia es “un sistema en el que, si los mandatarios pierden las elecciones, dejan el poder”.

Los autócratas hacen todo lo posible para evitar cualquier de esos dos destinos. Manipulan con cuidado las elecciones para que no haya dudas sobre los resultados y, si su poder está amenazado, parecen dispuestos a cambiar los procedimientos. Hoy, los aspirantes a autoritarios dentro de las democracias tradicionales siguen la misma estrategia, como muestra la maniobra —conocida como gerrymandering— del Partido Republicano estadounidense en la manipulación de la circunspección electoral de partidarios para subvertir los resultados electorales que no les gustan.

En la definición sucinta de Przeworski se deja ver algo más. Apunta, en primera instancia, a la certeza. Para que los mandatarios pierdan y dejen el cargo, es necesario que haya una aceptación común de los procedimientos democráticos, como las leyes de elecciones justas, que respalden todo el proceso. Pero también significa aceptar la incertidumbre. El candidato que ganó la última vez podría perder ahora: la imprevisibilidad es una característica, no un error.

En sí misma, la incertidumbre no es un valor: después de casi dos años de pandemia, se nos podría perdonar anhelar que el futuro fuera más estable. Sin embargo, la incertidumbre en la democracia es, en el fondo, el resultado de la libertad de los ciudadanos. No sabemos qué pasará, porque la gente puede cambiar de opinión o pensar en algo completamente nuevo.

Detrás de esto hay algo intrínseco a la democracia: la fe en los conciudadanos. Uno no deja de creer en las personas que considera sus pares políticos. Por supuesto, primero debes reconocerlas como tales. Entre otras cosas, muchos partidarios de Trump tienden a negar las derrotas electorales porque no consideran a las personas negras y morenas como parte de una mayoría legítima. Pero la señal de una democracia saludable no es que todo el mundo sea amable, porque los conflictos pueden ser caóticos. La señal es que no se hace distinción entre ciudadanos de primera y segunda clase, o entre la “gente real” amada por los populistas de derecha y el resto de las personas.

El matrimonio entre la certeza y la incertidumbre le confiere a la democracia su carácter distintivo. Alexis de Tocqueville señaló la peculiar coexistencia en las democracias del caos y la conmoción en la superficie, y una confianza de fondo que los ciudadanos tienen unos en otros y en su sistema político. No hay garantías, naturalmente. Una ilusión compartida por muchos occidentales después de la Guerra Fría era que las democracias siempre se iban a autocorregir y renovar. No solo no fue así, sino que también hemos aprendido por las malas que los líderes autoritarios pueden aprender de sus errores.

Lo que no pueden hacer es asegurarles a los ciudadanos un estatus político igualitario. Podrían generar prosperidad, pero no la sensación de un futuro abierto: la “estabilidad social” promovida por los intelectuales que apoyan al Partido Comunista Chino es una en la que el pueblo nunca podrá disfrutar de verdad de sus libertades porque los poderosos podrían volverse contra ellos de manera repentina. Las figuras autoritarias que fueron invitadas a la cumbre —como Modi y el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro— deben ser criticadas sobre todo por incitar al odio contra sectores de las poblaciones que lideran. A menos de que se declaren dictaduras, es difícil volverse más antidemocrático que eso.

Las democracias más longevas deben ser autocríticas no porque carezcan de estabilidad o padezcan de un “exceso de democracia”, como dicen los funcionarios chinos. Deberían preocuparse precisamente por lo contrario: que sus sistemas puedan cambiar muy poco y que algunos no gocen de igualdad política. En su país, Biden tiene mucho trabajo por hacer. Estados Unidos sigue amenazado por el populismo plutocrático, una combinación tóxica de guerra cultural en la base y, en la cima, unos ciudadanos ultrarricos que intentan cooptar el sistema político.

Ansioso con la posibilidad de que la cumbre no se convierta en solo una sesión fotográfica y tres minutos de sermones de 100 líderes, Biden les ha pedido a sus invitados que definan compromisos específicos que puedan ser examinados en una reunión del próximo año. Incluso si es difícil imaginar que Irak, Angola o, incluso, Polonia tomen medidas para incrementar la incertidumbre de los gobernantes de turno, Estados Unidos debería liderar el camino mediante el fortalecimiento del derecho al voto y haciendo que el poder político dependa menos del dinero.

Estas reformas concretas serían especialmente poderosas si se combinan con respaldo a las virtudes de la democracia que vaya más allá de una charla predecible de buena voluntad. Sí, es posible que la democracia no siempre entregue resultados inmediatos. Pero es el único sistema que puede asegurar una posición política igualitaria para todos, así como las contiendas políticas que no siempre ganen los mismos. Realmente no se puede poner precio a eso.

Profesor de política en Princeton y miembro del New Institute de Hamburgo, Alemania. Entre sus libros están ¿Qué es el populismo? y Democracy Rules.

10 de diciembre 2021

NW Times

https://www.nytimes.com/es/2021/12/10/espanol/opinion/cumbre-democracia-...

 5 min


David Marchese

Con la publicación en Estados Unidos de su libro Sapiens, en 2015, el historiador y filósofo israelí Yuval Noah Harari se situó en la primera fila de los intelectuales públicos, una posición que consolidó con Homo Deus (2017) y 21 lecciones para el siglo XXI (2018). El tema central de Harari es la idea de que lo que impulsa a la sociedad humana ha sido, en general, la capacidad de nuestra especie de creer en lo que él denomina ficciones, esas cosas —ya sean dioses o naciones— cuyo poder reside en que existen en nuestra imaginación colectiva; nuestra fe en ellas nos permite cooperar como sociedad. El amplísimo alcance de los textos de Harari, que abarca desde el pasado prehistórico hasta un futuro lejano y oscuro, le ha convertido en una especie de test de Rorschach andante. “La idea equivocada que se suele tener de mí”, dice Harari, que a los 45 años acaba de publicar, como coautor, Sapiens. Una historia gráfica, volumen 2: Los pilares de la civilización (Debate, 2021), dentro de una serie de adaptaciones de su obra a la novela gráfica, “es que soy el profeta del juicio final, o todo lo contrario, que creo que todo es maravilloso”. Cabe la posibilidad de que ambas cosas sean verdad. “Cuando el libro sale a la venta, dejo de controlar las ideas”, dice.

Pregunta. Algunas de las grandes ideas sobre la humanidad que usted ha contribuido a popularizar —que las ficciones y las construcciones sociales tienen poder político, o que el Homo sapiens puede estar acercándose a la obsolescencia por motivos tecnológicos— existen en diversas modalidades desde mucho antes de que escribiera sobre ellas. ¿Qué cree que tiene su forma de transmitirlas para ser tan convincente?

Respuesta. Una hipótesis es que el campo del que procedo es la historia, y muchos intentos recientes de crear este tipo de gran síntesis se han hecho desde la biología y la evolución o desde la economía y las ciencias sociales. En las últimas décadas parecía que las humanidades se habían dado por vencidas y que tratar de construir relatos complejos se había convertido casi en tabú. Pero la perspectiva de las humanidades es esencial. Muchas preguntas filosóficas que preocupan a la humanidad desde hace miles de años están volviéndose prácticas. Antes, la filosofía era una especie de lujo: podías dedicarte a ella o no. Ahora sí que hay que responder a cuestiones filosóficas cruciales sobre qué es la humanidad o la naturaleza del bien para decidir qué hacer, por ejemplo, con las nuevas biotecnologías. Es decir, quizá he llegado a la gente porque vengo de la perspectiva de la historia y la filosofía, y no de la biología o la economía. Además, mi idea central es sencilla. Es la autoridad de las ficciones, el hecho de que, para comprender el mundo, debemos tomárnoslas muy en serio. El relato en el que creemos configura la sociedad que construimos.

P. Cuando está trabajando en algo que implica llegar a conclusiones generales sobre la humanidad, ¿es difícil determinar si esas conclusiones son banales?

R. Bueno, he descubierto que, cuanto más banales son, más impresionan a la gente.

P. ¿Ese es el secreto?

R. Todo esto que digo sobre los relatos de ficción fue una de las cosas más importantes que aprendí en el primer año de la licenciatura en Historia. Pensaba que era un lugar común y que todo el mundo lo conocía. Y resultó que para mucha gente fue un gran descubrimiento saber que existían estas construcciones sociales y la realidad intersubjetiva. Yo pensaba que era la cosa más banal del mundo.

P. Ver que lo que usted consideraba lo más banal del mundo acaba siendo increíblemente popular, ¿le ha vuelto cínico?

R. No. Lo único que significa es que falla la comunicación entre grandes sectores de la comunidad científica y grandes sectores de la población. Cosas que la ciencia y los expertos saben desde hace muchos años siguen siendo novedades para la gente. Así son las cosas.

P. Un campo en el que la comunidad científica sí ha sabido comunicar claramente es la dimensión de la crisis climática, y lo que están diciendo los científicos y muchos otros es que es un problema increíblemente urgente. ¿Por qué cree usted, entonces, que sigue faltando la voluntad política mundial para abordar el problema de la manera que requieren las catástrofes al acecho?

R. Para elaborar un relato atractivo es importante tener unos enemigos humanos. Con el cambio climático, eso no existe. Y nuestra mente no ha evolucionado para absorber este tipo de historia. Cuando evolucionamos como cazadores-recolectores, nunca se planteó que pudiéramos cambiar el clima de manera perjudicial para nosotros, así que esa era una historia que no nos interesaba. Lo que nos interesaba era que algunos miembros de la tribu estaban planeando matarnos. Por eso tenemos un problema narrativo con el cambio climático. Por suerte, todavía estamos a tiempo de arreglarlo. Según las informaciones más fiables que he leído, si empezamos ahora a invertir el 2% del PIB anual mundial en desarrollar tecnologías e infraestructuras sostenibles, debería ser posible prevenir una catástrofe climática. Y lo mejor del 2% es que, aunque es mucho dinero, es perfectamente factible. Si necesitáramos el 20% le diría que es imposible, que es demasiado tarde. ¿Pero el 2%? Reasignar el 2% del presupuesto de una partida a otra es el trabajo de cualquier político. Sabemos hacerlo. No debemos caer en la posición apocalíptica de que se nos acaba el tiempo y es el fin del mundo, sino centrarnos en algo más práctico: el 2% del presupuesto. No hace falta más.

P. ¿Se puede crear un relato que cautive con la reasignación del 2% del PIB mundial?

R. Hablar del 2% del PIB no impresiona mucho, pero eso es precisamente lo que tiene de bueno. Es esperanzador. No hace falta que transformemos toda la economía y volvamos a vivir en una cueva. Basta con que reasignemos el 2%. Ya está. Me parece un mensaje muy potente. Y hay otros relatos. Si observamos movimientos como el de Greta Thunberg y todos los jóvenes, lo que están diciéndole al mundo es que estamos sacrificándolos en el altar de nuestra codicia y nuestra irresponsabilidad. No están hablando de algo confuso como la cantidad de CO₂ en la atmósfera. Es un drama humano en el que los viejos sacrifican a los jóvenes.

P. Ya sé que le hacen muchas veces esta pregunta u otra parecida, pero ¿cómo interpreta que sus obras sean tan populares en Silicon Valley? Como ha señalado usted, allí hay gente cuyo trabajo tiene consecuencias muy peligrosas. No es posible que su polaridad en ese mundo sea mera coincidencia.

R. Se pueden decir muchas cosas. Un motivo por el que creo que mi obra es popular en esos círculos es que, aunque critico varias cosas que hacen y digo que algunas representan un grave peligro para la humanidad, también destaco que esas cosas son quizá lo más importante que está pasando en el planeta. Por eso, si los criticamos pero también destacamos la importancia de lo que hacen, es halagador para ellos pensar que el futuro de la humanidad está hasta cierto punto en sus manos. Para ser algo generoso con estos personajes, diré que desde luego no creo que sean el Mal. Han hecho algunas cosas buenas. Conocí a mi marido a través de internet, en una de las primeras aplicaciones de citas para homosexuales de Israel, y estoy agradecido por ello porque, como hombre gay en una ciudad israelí pequeña y provinciana, ¿cómo iba a conocer hombres? Lo que sí diría es que en Silicon Valley no son conscientes de su enorme influencia. Tienen la intención y la esperanza de cambiar el mundo y cuentan con un profundo conocimiento de la tecnología, pero no tan profundo de la historia, la sociedad y la psicología humana. En definitiva, como historiador sé que los textos pueden adquirir vida propia. Si quienes escribieron el Nuevo Testamento pudieran ver lo que la Inquisición y los cruzados hicieron con las ideas de poner la otra mejilla y de que los mansos iban a heredar la tierra, seguramente se revolverían en sus tumbas. Pero así es la historia. Qué se le va a hacer.

P. ¿Hay alguna idea que esté todavía germinando y que quizá le parece demasiado radical para su público?

R. Le voy a dar dos ejemplos, uno grande y otro pequeño. Cuando escribí Homo Deus, lo que más me interesaba era qué hay después del humanismo y del liberalismo. Pensaba que el liberalismo y el humanismo eran los mejores relatos que ha creado la humanidad. Ahora tenemos que dejarlos atrás a causa de las revoluciones tecnológicas del siglo XXI, que ponen en tela de juicio sus ideas e hipótesis más básicas. Sin embargo, durante los cinco últimos años, he renunciado a avanzar en esa dirección debido a los acontecimientos políticos en gran parte del mundo. En lugar de ello he empezado a tener que librar batallas en la retaguardia para convencer a la gente sobre el humanismo y el liberalismo cuando lo que quiero, en realidad, es ver lo que hay después.

P. ¿Qué hay después?

R. No estoy seguro. No he conseguido avanzar mucho más allá de lo que escribí en Homo Deus. Ahí examinaba de qué manera se está desintegrando la revolución de la información al ser humano, el fundamento del humanismo y el liberalismo. Veía que el nuevo fundamento es el flujo de datos en el mundo, hasta el punto de cambiar incluso la comprensión de lo que es un organismo, lo que es un ser humano; el ser humano deja de ser este yo mágico, autónomo, con libre albedrío y capaz de tomar decisiones sobre el mundo. Ahora, el ser humano, como todos los demás organismos, no es más que un sistema de procesamiento de información que fluye sin cesar. No tiene características fijas. ¿Qué consecuencias políticas tiene este cambio? ¿Y sociales? No estoy seguro. Eso es lo que me encantaría investigar.

P. ¿Y el ejemplo pequeño?

R. Estoy leyendo un libro que trata de las nuevas teorías sobre personas transexuales, no binarias y todo eso. El libro que leí justo antes hablaba de los primeros tiempos del cristianismo. Y me llama la atención lo similares que son las dos cosas. Gran parte del debate actual sobre género es extrañamente similar a lo que discutían aquellos primeros cristianos sobre la naturaleza de Jesucristo y la Trinidad. Lo que se preguntaban era, en esencia, si Jesucristo era una persona no binaria. Si Jesucristo era divino, humano, o divino y humano, o ni divino ni humano. Veo en esto ecos de muchos de los debates actuales sobre la naturaleza del ser humano y la persona. ¿Podemos ser ambas cosas? ¿Podemos ser solo una? Y, si ese otro no piensa como yo, entonces es un hereje. En realidad, los héroes de los primeros cristianos eran los mártires y los monjes ascetas, como el famoso Simón, que pasó años encima de una columna. Estaban investigando los límites del cuerpo humano con lo que tenían a su alcance. Ahora, con las cuestiones de género, nos hacemos más preguntas sobre lo que podemos hacer con el cuerpo, si podemos cambiarlo de esta manera o aquella. Hay enormes diferencias entre las dos cosas, pero las neuronas de mi cerebro empezaron a mantener esta conversación sobre el cristianismo primitivo y los debates actuales sobre el género.

P. Por suerte, la historia nos enseña que todos los debates dentro del cristianismo se resolvieron de forma amistosa.

R. Lo que pasa es que, en aquella época, todas esas sectas cristianas que debatían eran diminutas, insignificantes. Pero después se vio que los debates sobre doctrina, quiénes fueron los ganadores y los perdedores, tuvieron una repercusión inmensa en la evolución de la historia humana. Y he aquí una reflexión más seria: creo que el motivo de que los debates sobre las personas transexuales, no binarias y todo lo demás generen tanto ardor es que la gente quizá tiene la sensación subconsciente de que los debates del futuro versarán sobre lo que podemos hacer con el cuerpo y el cerebro humanos; cómo podemos rediseñarlos, cómo podemos modificarlos. La primera realidad práctica a la que nos hemos topado con estos interrogantes es el género. Podemos decir que la gente es intolerante y muy susceptible cuando se habla de sexo y género, pero creo que, en realidad, sabe de forma subconsciente que este es el primer debate sobre el transhumanismo. Habla de lo que podemos hacer con la tecnología para transformar el cuerpo, el cerebro y la mente de los seres humanos. Por eso es por lo que los debates son tan acalorados.

P. ¿Qué dice de usted y de los relatos que le parecen más atractivos el hecho de que piense que los debates sobre género —de los que se puede muy bien interpretar que se ocupan de unos seres humanos que quieren que se los trate como a todos los demás aquí y ahora— son, en realidad, sobre la angustia a propósito del transhumanismo en el futuro?

R. ¡Es que esa es la cuestión! El transhumanismo es una reflexión sobre qué es ser humano. Quiero decir, hay distintos tipos, pero una interpretación es que el transhumanismo desarrolla al máximo las verdaderas posibilidades del ser humano. Y eso, por supuesto, depende de lo que pensemos que es un ser humano. Esa es la pregunta a la que queremos dar respuesta, y no es fácil.

© 2021, The New York Times Company.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

18 de diciembre 2021

El País

https://elpais.com/ideas/2021-12-19/yuval-noah-harari-el-debate-sobre-ge...

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Julio Dávila Cárdenas

Los Gobiernos se han constituido para la felicidad común, para la protección y seguridad de los Pueblos que los componen y no para beneficio, honor o privado interés de algún hombre, de alguna familia, o de alguna clase de hombres en particular que sólo son una parte de la comunidad. El mejor de todos los Gobiernos será el que fuere más propio para producir la mayor suma de bien y felicidad y estuviere más a cubierto del peligro de una mala administración, y cuantas veces se reconociere que un Gobierno es incapaz de llenar estos objetos o que fuere contrario a ellos, la mayoría de la nación tiene indubitablemente el derecho inajenable e imprescriptible de abolirlo, cambiarlo o reformarlo, del modo que juzgue más propio para procurar el bien público”. (Art. 191 de la Constitución Federal de 1811)

“Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o fuere derogada por cualquier otro medio distinto del que ella misma dispone. En tal eventualidad todo ciudadano investido o no de autoridad tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia.

Serán juzgados según esta misma Constitución y las Leyes expedidas en conformidad con ella los culpables de los hechos arriba señalados y así mismo los funcionarios de los Gobiernos que se organicen subsecuentemente si no han contribuido a restablecer el imperio de esta Constitución.” (Art. 250 de la Constitución de 1961)

La Constitución vigente establece: “Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella.

En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia.” (Art. 333 de la Constitución de 1999)

A la Constitución de la República Bolivariana - no se sabe por qué razón- se le eliminó la parte final que contenía el artículo 250 de la Constitución de 1961, que expresaba: “El Congreso podrá decretar mediante Acuerdo aprobado por la mayoría absoluta de sus Miembros, la incautación de todos o parte de los bienes de esas mismas personas y quienes se hayan enriquecido ilícitamente al amparo de la usurpación, para resarcir a la República de los perjuicios que se le hayan causado”.

Hermann Escarrá Malavé –a quien muchos venezolanos conocemos- opina que “el 250 constitucional consagra un Derecho de Resistencia que comprende: El Derecho a la Revolución; el Derecho a la Restauración Democrática; el Derecho a la Desobediencia Legitimada y el Derecho a la Disensión ante la actuación del Poder Estatal. Y en su Conclusión señala que: la hora aciaga que vive Venezuela no puede ser comprendida sólo a través de la crisis constitucional –como llaman algunos- o del modo de activar los mecanismos de defensa que la Constitución establece para restaurar la ordenación jurídica democrática, como preferimos decir otros.” (Hermann Escarrá Malavé. La inviolabilidad de la Constitución y el Derecho de Resistencia, págs. 38 y 39- Temas Constitucionales-Editorial Biblioteca Jurídica- Caracas, 1994).

Son citas al menos comprometedoras.

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