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Opinión

Beatriz De Majo

Una de las mejores prácticas en la vida cuando se actúa con rectitud es la de guardar las apariencias. En los políticos es hasta obligatorio. La sensatez aconseja discreción en el accionar humano, pero hay quienes no se dejan llevar por este tipo de “bobadas”, como se dice en buen colombiano.

El caso es que a través de las redes y los medios de colombianos desde el miércoles circula la fotografía en la que el sonriente expresidente de Colombia Juan Manuel Santos celebra, birra en mano, con el cabecilla de las FARC Rodrigo Londoño, el aniversario quinto de la firma del Acuerdo de Paz de La Habana que habría decidido la desmovilización de este grupo guerrillero artífice de innumerables crímenes en contra de la población y la institucionalidad colombiana. Timochenko, como se le conocía en los predios farianos fue el tercer comandante de este grupo de irregulares que sembró el terror y la desolación en el país vecino por media década y asumió su conducción después que Alfonso Cano, otro sanguinario héroe terrorista, fuera dado de baja hace exactamente una década.

Es seguro que para un hombre sobre el que pendía una circular roja de Interpol y más de cien órdenes de captura, celebrar su situación actual, luego de que sus fechorías fueran borradas de un plumazo con el Acuerdo de Paz de La Habana, resulta extremadamente adecuado, hasta necesario.

Es que antes de 2016 el Departamento de Estado de Estados Unidos ofrecía una recompensa de hasta cinco millones de dólares por información que condujera a su captura, para responder por cargos de tráfico de drogas. Pero su historial en Colombia comprende mucho más que eso: innumerables atentados y muertos y secuestros a granel en buena parte de la geografía neogranadina ordenados desde su centro de manejo estratégico de esta fuerza guerrillera. En aras de respetar el espacio de esta columna cito apenas que se le atribuye a este infausto personaje la tragedia del Club El Nogal en Bogotá, la noche del 7 de febrero de 2003, cuando 200 kilos de explosivos terminaron de un zarpazo con la vida de 36 personas y dejaron heridas a 198 otras.

No solo la memoria es corta cuando se alza un vaso para brindar por la paz de Colombia con un criminal de esta estirpe y se olvida el reguero de dolor que este solo hombre le ha causado al país. La moralidad debe ser flaca también para brindar pasando por alto hechos como los que se le endosan, porque cualquier ordenamiento legal establece, y con razón, que es preciso reparación y arrepentimiento al daño causado a terceros cuando se promete y se compromete la desactivación propia como criminal. Este nuevo adalid de la Paz así lo había rubricado en La Habana en nombre de las FARC cuando allí se decidió levantar las órdenes de captura en su contra y contra muchos otros en Colombia.

Es así como para Timochenko todo es ganancia. No es poca cosa conseguir sentar sin elección previa en el órgano legislativo colombiano a asesinos gracias a la amplitud de conciencia de quien brinda con el y de otros que le hicieron el coro y premiaron la “desmovilización” de su grupo armado con curules en el magno Congreso Colombiano.

Hay quienes dirán que el abandono de las armas por parte de 13.000 guerrilleros es motivo de satisfacción mayor pero no lo es tanto cuando poco más de la mitad ( 54% apenas) se han podido acoger a planes productivos y cuando la violencia en el país está tan presente o más que antes de La Habana. Para hoy más de 1200 líderes sociales, defensores de la tierra, de los derechos humanos e indígenas han sido asesinados, según la organización Indepaz. Otro tanto hay que decir de los miles de casos de desplazamiento, ejecuciones extrajudiciales, falsos positivos, reclutamiento forzado para la población infante. ¿Se olvida Santos que una década después de su flamante Premio Nobel aun en su país hay 100.000 desaparecidos?

El recuerdo de los 262.000 muertos que siguen sido el trágico balance de 50 años de violencia fariana, no puede ser objeto de brindis alguno. Estos muertos ofenderán por siempre la Historia del país neogranadino.

https://www.analitica.com/opinion/hay-razones-para-celebrar/

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Américo Martín

Veinte años después de la clamorosa ruptura de la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV) en 1938, los del movimiento estudiantil perseguido por la dictadura perezjimenista procederemos a organizar, a legalizar el clandestino Frente Universitario. Fue así como concebimos la Federación de Centros Universitarios (FCU), heredera lejana de la FEV y cercana de la FCU destruida en los primeros años del régimen militar.

¿Influyó la crisis de la FEV y UNE de 1938, en el carácter unitario asumido por las flamantes FCU de 1951 y 1958?

En estos dos casos no se organizaron estructuras estudiantiles paralelas. Se volvió a diferenciar la dimensión gremial de la política y por lo tanto se dio cabida a todos los estudiantes sin separaciones banderizas. Se impuso esa importante orientación por la necesidad de enfrentar juntos en 1951 a los autócratas militares y luego, en 1958, para proyectar al esfuerzo de reconstrucción universitaria el espíritu de unidad nacional del 23 de enero.

Debido a eso, la juventud copeyana, heredera directa de la UNE volvió a la unidad con las juventudes de AD y comunista, herederas de la FEV. De 1958 a 1969 funcionó la unidad, se mantuvo la FCU pluralista, se preservó la armonía, se manejaron con ejemplar destreza las relaciones de convivencia. La dirección estudiantil trabajó unida, armónica y con mucho sentido de los altos fines comunes. Éramos rivales en las campañas estudiantiles y socios respetuosos del mandato expresado en los votos.

Sin embargo no hay felicidad eterna. Todo funcionó de manera tan plausible solo hasta la irrupción del radicalismo fundamentalista y la costosa desviación guerrillera. No obstante, la juventud copeyana, sin duda valorando críticamente la experiencia de la UNE, se limitó a separarse de la FCU sin anunciarlo en una proclama formal y sin diseñar, como en el pasado, una organización estudiantil paralela.

Mucho más tarde fue cuando vine a reflexionar con más profundidad sobre esos temas. Entendí mejor el desenlace rupturista de 1938 y el de 1961 cuando leí en 1975 (catorce años después) un ensayo de José Rodríguez Iturbe publicado en la revista socialcristiana Nueva Política, destinado a analizar ese acontecimiento. Por lo menos esos y varios otros momentos de la historia, hasta donde alcanzaba a saber, no habían sido analizados con similar densidad por nosotros, los sectores de izquierda de entonces.

Los hechos fueron muy singulares. La crisis no la protagonizaron Caldera y Betancourt, sino Caldera y Jóvito, quien curiosamente, aunque ya había renunciado a la presidencia de la FEV, conservaba intacta su enorme influencia en ella. Claro que Rodríguez Iturbe, un hombre afectuoso y muy bien formado hala, por así decir, la brasa para su sardina, pero en conjunto sus opiniones me esclarecieron no poco un incidente importante del cual, como digo antes, jamás me había ocupado con la debida seriedad.

Jóvito y Rómulo competían por el liderazgo, a pesar de su fuerte amistad personal. Caldera estaba aún en la FEV, pero Betancourt no. Se había salido de la órbita estudiantil para fundar un partido, ARDI, mientras Jóvito se disponía a hacer de la FEV algo como una plataforma propia para solidificar su participación en la política. Al personalizar de tal manera la FEV, ésta perdió amplitud y restringió el margen de su pluralismo. Rodríguez Iturbe atribuye a semejante viraje, la separación de los socialcristianos.

No tenían razones para acompañar a Jóvito en sus decisiones político-ideológicas. Con base en semejante premisa –concluye también Rodríguez Iturbe– la FEV de 1936 no podía ser igual a la de 1928. Nacida ésta última de y para los estudiantes sin distingos ideológicos, no podía desintegrarse por causas políticas, alejadas de la realidad. De la organización presidida por el bachiller Raúl Leoni, a la presidida por el bachiller Jóvito Villalba habría una importante diferencia a favor de la primera.

El momento más y mejor recordado de la FEV del 28 fue la celebración de la supuestamente floral Semana del Estudiante y la elección de Beatriz I. Ese programa de actividades fue directamente respaldado por la totalidad de los estudiantes democráticos.

La tesis de Rodríguez Iturbe, según pienso, pasa por alto algo fundamental: el drástico cambio político ocurrido a la muerte del general Gómez. Los estudiantes dirigidos por Leoni reaccionaban sin diferencias entre ellos contra una negra dictadura. No tenía sentido profundizar diferencias cuando solo había una opción.

En cambio Jóvito actuaba en tiempos de vida democrática, cuando el pluralismo necesitaba expresarse a través de corrientes universales envueltas en legítima y necesaria competencia. Eso obligaba a la búsqueda de cauces diferentes y muchas veces enfrentados. Para darle más cuerpo a su peculiar FEV y asociarla más férreamente a su persona, Jóvito fundó un semanario entre cuyos colaboradores estaban Juan Liscano, Carlos Augusto León, Héctor Guillermo Villalobos y otros futuros ilustres intelectuales y políticos. Seguía siendo un movimiento amplio y representativo, pero ya no tan plural como el anterior.

Si la primera consecuencia de esa especie de reducción sectaria de la FEV fue la salida del grupo dirigido por Caldera quien como he dicho se desplazará hacia la Unión Nacional de Estudiantes (UNE), la segunda tuvo relación con Jóvito mismo. Su base orgánica entró en proceso de agotamiento. Porque con todo, cualquier tipo de estructura diseñada sobre una base estrictamente estudiantil nunca podrá evitar la proliferación de criterios en pugna. En esa eventualidad su cohesión estará en duda y por consiguiente lo estará su eficacia, salvo si se convierte en una secta, en cuyo caso no hubiera guardado ni sombra de representatividad.

Como en cambio ARDI logró consolidarse, Betancourt comenzó a predominar sobre Villalba en el liderazgo democrático. La organización superaba a la emoción. Pocos como Betancourt habían percibido la entrada de los partidos en el escenario. Era su hora.

Twitter: @AmericoMartin

Américo Martín es abogado y escritor.

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Carlos Raúl Hernández

El estudio académico de la política da un salto cuando se comprende que no es que “las cosas pasan” producto de “fuerzas históricas desatadas”, “fatalidades”, o avatares, sino porque los hombres las hacen, conscientemente o no, y que los fenómenos no son un montón caótico de avatares, sino parte de estructuras y sistemas, y tienen concatenación e interrelaciones comprensibles en cierta medida. Jacques Monod explicó que el caos es un orden que aún no hemos descubierto, sometido a dos fuerzas contradictorios, el azar y la necesidad, y nuestros actos tienen consecuencias que disfrutaremos o pagaremos. Una ciencia de lo político solo puede intentar comprender lo que ya ocurrió, por qué ocurrió y las consecuencias de la acción, nunca profetizar. Al contrario, la práctica política misma no tiene mucho que ver con la ciencia. La función de “líder” requiere esencialmente de la intuición, porque decide a caballo sobre los acontecimientos y si es cierto que su saber, experiencia y asesoría son valiosos recursos, la capacidad para sintetizar en su mente lo que no es visible para otros, es su liderazgo; si cruza el puente a punto de colapsar o no. Tener claro que la semilla puede llegar a ser un árbol es parte del “saber” de un líder. Eso se tiene o no se tiene.

En 2016 la sociedad estaba en la antesala del poder, y los “expertos” indicaban el fin de la revolución, pero mezclaban un caramelo envenado: tomar las calles, una vez decidieran “el método”. Muy simple. Todos celebraban y se confeccionaban trajes para lucir buenas telas en próximas responsabilidades. Pero la cadena de decisiones erradas, memeses, qué hoy el movimiento sufriera una cuadraplejia. ¿Cómo es que no vieron a dónde nos llevarían el calle-calle, los trancones, la hora cero, el “Maduro vete ya”, el retiro de las alcaldías, la abstención, el “cucutazo”, “los topochos”, “Gedeón”, la guerra sucia contra los defensores del voto en 2018-2020, esa inconcebible cadena, digna de los libros de Bárbara Tuchman, Paul Tabori, André Glucksmann y otros tratadistas sobre la estupidez ¿Cómo es que un día antes de las elecciones del 21N surgen balbuceantes llamados a abstenerse? Vanidad, irrealidad, ambición irracional y un mal mayor en este caso demostrado incurable: incapacidad política.


La ambición sensata logra los objetivos de la voluntad. Pero la soberbia maridada con medianía, impide cumplir el paso número uno de quienes dirigen cualquier cosa: examinar los fundamentos de la crítica, el feddback sobre la acción. Los líderes efectivos se alimentan precisamente de eso. Pero si llevas 22 años repitiendo que hay que abstenerse sin siquiera ver los daños que produces, eres una amenaza pública. Gracias al valor, a la pasión unida a la razón, la voluntad humana atravesó el Mar Tenebroso y descubrió América, pero optamos por arrojarnos al vacío dentro de nosotros al declarar clausurada la racionalidad política. En 2018 cierran la vía electoral, desacreditan el voto, califican de “alacranes” a quienes participan, y luego se lavan las manos y llaman a votar en 2021. “Por mal que esté una situación, siempre puede ser peor”, dice el sarcástico pesimismo de Murphy. Pero somos libres para enmendar, cambiar, rectificar, sacarnos las pifias de la cabeza, el mantra, la ingenuidad, pero estos no pudieron, por mermados mentales, por cobardes o por las dos juntas.

No es lo mismo tener popularidad que ser un líder, al que nadie hace, sino que se hace a sí mismo en la adversidad. Los conatos de líderes en estas penosas décadas no soportaron las pruebas, porque no tenían “lo que hay que tener”, según palabras de Tom Wolfe. Por si fuera poco, carecen de honradez y vergüenza para rectificar con claridad que dé ejemplo y oriente a los que antes confundieron, sino actuaron sinuosamente, por los rincones. Solo la rectificación valiente da la autoridad moral para llamar a que otros te sigan. Cuando descubrió sus trágicos errores, asesinado a su padre y acostarse con su madre sin saberlo, Edipo se arrancó los ojos. Es el castigo por no ver lo que estaba ante ellos, su imposibilidad para prevenir las fatales equivocaciones que labraban su desgracia. Por aquí ni siquiera se arrancaron una pestaña y cuchillo en mano, se lanzaron contra los que tuvieron razón. El error es demasiado humano, trae muchas veces consecuencias irreparables y los políticos tendrían que cuidarse, según la frase de la esfinge al comienzo de la obra, cuando Edipo la derrota y ella lo sentencia: “el abismo al que me lanzas está dentro de ti”. Tus errores en el tiempo y el espacio remacharon a tu adversario. Si no hubieran estado, seguramente el gobierno hoy sería otro, quizás el de Uds, eventualmente para una desventura peor. Tanta incapacidad para ganar denota una peor para mantenerse en el poder, como demuestran Maquiavelo y la historia. Si hubo fraude. El fraude fueron Uds. que primero llamaron a abstenerse y después les faltó coraje para rectificar con honestidad, conducir abiertamente a la gente a votar. Balbuceantes, no tuvieron sesos ni redaños para explicar su error. A un gobierno hambriento de poder le concedieron el milagro de la abstención ¿Qué cosa mejor podía soñar?

El fraude eres tú.

@CarlosRaulHer

https://www.eluniversal.com/el-universal/112673/el-fraude-eres-tu

 4 min


Marc Bassets

Thomas Piketty (Clichy, Francia, 50 años) ha logrado con sus tratados de más de mil páginas algo que solo un puñado de economistas ha conseguido en la historia: colocar su tema de estudio académico en el centro de las discusiones políticas y las agendas internacionales. Su tema es la desigualdad. O, dicho de otra manera, la larga historia del avance hacia la igualdad. Porque el autor de El capital en el siglo XXI y Capital e ideología se declara optimista, aunque no lo parezca: prefiere ver el vaso medio lleno de la igualdad que el medio vacío de la desigualdad.

Ahora Piketty publica Una breve historia de la igualdad (editorial Deusto, traducción de Daniel Fuentes), una síntesis en menos de 300 páginas de sus ideas y sus propuestas.

Piketty no pertenece al club de los apocalípticos: él cree —y así se lo confirman los datos— que, pese a los tropiezos y contratiempos, el mundo va mejor. Y dice que, aunque los partidos que defienden sus ideas son minoritarios y que en muchos países, como el suyo, las clases trabajadoras votan opciones nacionalistas y populistas, no cree estar predicando en el desierto. “Desde la crisis de 2008 se ha acelerado la toma de conciencia sobre los excesos de la desregulación financiera de los años ochenta y noventa, y la covid ha contribuido a ello”, resume en su diminuta oficina en la Escuela de Economía de París. “Las cosas evolucionan un poco en el sentido que yo describo”.

PREGUNTA. ¿No ha sido útil a fin de cuentas el capitalismo para mejorar la esperanza de vida o el nivel de vida, o para reducir las desigualdades?

RESPUESTA. Lo que ha permitido la prosperidad es haber atemperado el capitalismo del siglo XIX con una economía de tipo socialdemócrata, una economía mixta en la que toda una parte de las riquezas está socializada. Y hay que continuar con este movimiento. El socialismo participativo, democrático y federal que yo deseo se inscribe en la continuidad de transformaciones ya muy importantes que han tenido lugar. El sistema de economía mixta socialdemócrata que hoy tenemos en los países de Europa Occidental no tiene mucho que ver con el capitalismo colonial, patriarcal, autoritario de 1910. Y el sistema que yo describo para el futuro no es más diferente del sistema actual de lo que el sistema actual lo es respecto del capitalismo de 1910.

P. ¿Las guerras, revoluciones o catástrofes naturales han sido necesarias para reducir las desigualdades?

R. Las revoluciones no siempre son catástrofes. Efectivamente, en la historia hay movimientos políticos, movilizaciones que permiten avanzar hacia una mayor igualdad. E insisto en el mensaje positivo: hay una marcha hacia la igualdad que viene de lejos, que es un fenómeno de largo plazo y que se nutre a veces de revoluciones, pero más generalmente de rebeliones, de peticiones de más igualdad. Es un movimiento que comenzó a finales del siglo XVIII, sobre todo con la Revolución Francesa y también con la rebelión de los esclavos en Santo Domingo. Estos dos acontecimientos marcan el principio del fin de las sociedades de privilegios, de un lado, y de las sociedades esclavistas, del otro.

P. Pero no siempre se avanza con revueltas o revoluciones.

R. Otro ejemplo es Suecia. Hasta principios del siglo XX era uno de los países con mayor desigualdad de Europa y una codificación institucional de la desigualdad más extrema que en el Antiguo Régimen francés o en las monarquías censitarias de Francia o España del siglo XIX. Solo el 20% de hombres más ricos tenían derecho de voto, y dentro de este 20% se podía tener entre 1 o 100 derechos de voto en función de si uno era el más rico de los ricos o si lo era menos. Incluso las sociedades anónimas tenían derecho de voto en función del capital invertido en el municipio. ¡Ya les gustaría a las multinacionales hoy tener algo semejante! Lo que ocurre después es que hay una gran movilización sindical y del partido socialdemócrata en un país muy educado, y la clase obrera toma el poder. Se impone entonces de manera relativamente pacífica.

P. La de Suecia fue una revolución pacífica.

R. ¿Sabe? Este tipo de transformaciones no pueden hacerse respetando las reglas del régimen precedente. En un momento dado habrá una ruptura institucional. Siempre es así. Cuando la Administración de Obama anuncia a Suiza que se acabó el secreto bancario y que, si Suiza lo mantiene, Estados Unidos retirará las licencias a los bancos suizos, no es algo que estuviese previsto en los tratados internacionales que organizaban la libre circulación de los capitales. Pues bien, resulta que estos tratados no evitan que en un momento dado un país diga: “Cambiamos las reglas”.

P. Estados Unidos es la primera potencia mundial. Otro país quizá no podría hacer lo mismo.

R. Pero es que el cambio histórico se nutre de relaciones de fuerza, sea en 1789 o en 2020. Si se pide educadamente a la nobleza que renuncie a sus privilegios, la cosa no funciona. Si se pide educadamente a Suiza y Luxemburgo que dejen de ser paraísos fiscales, tampoco. Y estas transformaciones suelen implicar transformaciones institucionales con cambios en los tratados o las Constituciones. No quiero decir que el Estado de derecho no sea importante, pero no debe convertirse en un pretexto para mantener las posiciones adquiridas. Todas las transformaciones que describo se han realizado derribando el sistema legal precedente, pero con el fin de reemplazarlo por un Estado de derecho más justo, emancipador e igualitario.

P. ¿El mundo posterior a la covid será más o menos igualitario?

R. El primer efecto es de más desigualdad. Primero, entre el norte y el sur. Es escandaloso cómo los países del norte han rechazado transformar las vacunas en un bien público mundial, una oportunidad perdida. También vemos que las grandes fortunas del planeta se han enriquecido. Todo el sector de las altas tecnologías se ha enriquecido. Los más pobres y frágiles sufren más por la covid. Al mismo tiempo, como sucede con todas las crisis de esta naturaleza, la pandemia ha tenido efectos complejos, porque también ha contribuido a rehabilitar una cierta visión del servicio público, del hospital, del sistema sanitario, y esto permite también legitimar de nuevo una política de reinversiones en los servicios públicos.

P. ¿Vamos por el buen camino?

R. Por ahora, se avanza despacio. El nivel de desigualdades es contraproducente. Tener a un 50% de la población que no posee casi nada —en Francia o en España ese 50% posee un 5% del total del patrimonio, mientras que el 10% más rico posee un 50%, un 55%, un 60%— no solo es injusto, sino económicamente ineficaz. El 50% más pobre y sus hijos tienen al menos tantas ideas e iniciativas como los hijos de los más ricos. A largo plazo supone una pérdida colectiva limitar así las oportunidades económicas y las posibilidades de que se dinamice la economía con una mayor circulación de las riquezas, de la propiedad y del poder.

P. Pero estará satisfecho con que la Unión Europea adoptase un acuerdo para poner la deuda en común e invertir masivamente, ¿no?

R. Soy un federalista europeo. Todo lo que vaya en esta dirección es bueno. Y endeudarse conjuntamente permitió, al menos, ganar tiempo y salvar la idea europea. Yo, sin embargo, habría preferido que el plan de recuperación lo adoptase un grupo de países más pequeño y con una mayor democratización de las instituciones europeas, y un voto por mayoría y no por unanimidad. Imagine que en seis meses o un año necesitemos un nuevo endeudamiento y un nuevo plan de recuperación. ¿Hará falta de nuevo la unanimidad de los Veintisiete? La solución es que los países que no quieren más solidaridad queden fueran: no hay que forzar a Países Bajos, Suecia, Dinamarca a participar. Quienes quieran una Europa más unificada, que avancen. Para mí es una ocasión perdida.

P. ¿Y el acuerdo para imponer una tasa mínima global a las multinacionales?

R. Plantea dos problemas. El primero es que la tasa de imposición de un 15% es ridículamente débil. Una pyme (pequeña y mediana empresa) o un hogar de clase media o popular no puede, así como así, crear una filial en un paraíso fiscal para aprovecharse de la tasa del 15%. En Francia, si usted es jefe de una pyme en la restauración o la construcción, entre el impuesto sobre los beneficios, el impuesto sobre la renta, las cotizaciones sociales paga como mínimo un 20% o un 30%, y con frecuencia más bien un 30% o un 40%. Así que el 15% para las multinacionales con capacidad para crear filiales en paraísos fiscales equivale a crear un sistema derogatorio privilegiado para los actores más poderosos. Temo que esta reforma con el 15% reporte muy poco dinero y no haga más que perpetuar una injusticia enorme entre, de un lado, las multinacionales y los más ricos, y del otro las pymes y las clases medias.

P. ¿Y el segundo problema que menciona?

R. Es aún más grave que el primero. Y es que esta reforma se ha concebido para los países del norte y no los del sur. Los países que obtendrán ingresos suplementarios son aquellos en los que se encuentran las sedes de estas multinacionales; es decir, los más ricos. Creemos que no nos conciernen las crisis en Malí o en Afganistán, pero desde el momento que hay riquezas para explotar, como el uranio en Níger o el cobre en Congo, las compañías occidentales acuden enseguida, o las chinas, que hacen lo mismo. Al mismo tiempo, las emisiones de CO₂ acumuladas de los países europeos y de Estados Unidos representarán un coste considerable en términos de subdesarrollo a los países del sur. Y recordemos que no hay países ricos sin países pobres: todos los enriquecimientos de la historia son resultado de un sistema de división internacional del trabajo y de uso y a veces explotación de recursos naturales y humanos en el planeta, como la industrialización durante el colonialismo y la esclavitud.

P. ¿Qué hacer?

R. La idea de que tal país o persona es enteramente responsable de su riqueza y debería quedárselo todo para sí mismo es una construcción intelectual nada convincente. Hay que imaginar un sistema de reparto de las riquezas con los ingresos fiscales procedentes de los actores económicos más prósperos. Si solo tomásemos una pequeña fracción de los beneficios de las multinacionales y el patrimonio de los milmillonarios y se redistribuyese a todos los países en proporción a la población de estos países, los recursos para invertir en educación y en la salud serían 10 veces más elevados que las supuestas ayudas internacionales, que en África son cuatro veces más débiles que los beneficios de las empresas occidentales y chinas. Estamos creando un sistema que nos estallará en la cara.

P. ¿Una revolución?

R. Estamos en una situación que no es tan distinta de la que llevó a la Revolución Francesa: hay una huida adelante hacia la deuda pública que se explica porque no se logra hacer pagar a las clases privilegiadas. Entonces era la nobleza la que no quería pagar impuestos. ¿Y cómo se resolvió? Con una crisis política, con los Estados Generales, la Asamblea Nacional y el fin de los privilegios de la nobleza. Ahora, de una manera u otra, acabará igual. Cuando hace un momento le hablaba de que el sistema nos estallará en la cara, pensaba en el norte y el sur. ¿Y en el norte? Lo podemos llamar revolución. Siempre ha habido revoluciones en la historia: 1968 o 1945 lo fueron.

P. ¿Y ahora?

R. La revolución de la que hablo consiste en hacer que contribuyan las mayores fortunas. Si se crea un sistema en el que usted puede enriquecerse utilizando las infraestructuras públicas de un país, su sistema educativo, su sistema sanitario, y después, con solo apretar un botón, puede transferir sus activos a otra jurisdicción sin que haya nada previsto para controlarle, y después usted simplemente puede dejar la factura a las clases medias y populares que son inmóviles y no pueden moverse del país…, es un sistema insostenible. La pregunta es si el cuestionamiento de este sistema se hará en el desorden o de manera apaciguada, como prefiero. Yo soy un intelectual: he elegido escribir libros, no ser guerrillero.

27 de noviembre 2021

El País

https://elpais.com/ideas/2021-11-28/thomas-piketty-estamos-en-una-situac...

 9 min


Rafael Isidro Quevedo Camacho

La democracia no tiene otro recurso que los votos y la movilización popular organizada, para cambiar a los gobiernos, incluso las dictaduras, como sucedió con el caso de Pinochet en Chile o de las dictaduras comunistas con la caída de la Unión Soviética, y de muchos otros. Deseo destacar esquemáticamente los siguientes aspectos:

A. Este proceso ha servido para volver a la práctica constitucional del voto por todos los partidos, a pesar de las restricciones que el régimen impuso, que son muchas y deben mencionarse:

1. La cárcel y el exilio para muchos dirigentes.

2. La inhabilitación de muchos líderes naturales.

3. Secuestro de los símbolos y nombres oficiales de los principales partidos, para engañar al elector y tratar de confundirlo en el momento electoral.

4. Manipulación, chantajes y “compras puras y simples” de supuestos dirigentes venales.

5. El ventajismo descarado y manifiesto en todos los campos del proceso electoral.

6. Inseguridad física y jurídica-

7.Falta de independencia de los poderes.

8. Control de los centros de votación y mesas.

9. Un Plan República con militares comprometidos con el régimen.

10. Todos los recursos del gobierno a favor de sus candidatos.

11. Control de la radio, prensa y televisión por el régimen.

12. Votos «asistidos», presión a los electores, «puntos rojos» de supervisión y vigilancia, compra de votos, presión al elector.

Y aún así, mas de CUATRO MILLONES Y MEDIO DE ELECTORES VOTARION POR LA OPOSICION EN SU CONJUNTO.

B. A pesar del ventajismo del régimen, fue a votar un 41 %. En la abstención que fue de 59 % y no del 70 como ha dicho la Señora María Corina Machado, un 30 % cuando menos está en el exterior, es la DIASPORA, que no puede votar. De los siete millones de compatriotas regados por el mundo, al menos tres millones y medio son mayores de edad y electores que se fueron, pero también líderes, activistas, miembros potenciales de mesas, testigos y eventuales candidatos. Luego la abstención real nacional se reduce al 29 %. Esa es la VERDADERA SITUACION; no obstante si se hubiera reducido en 10 %, la OPOSICION HABRIA GANADO EN TODOS LOS ESTADOS!!! y si hubiéramos asistido unidos, como ocurrió en el año 2015, otros habrían sido los resultados.

C. El liderazgo opositor, falló en la ESTRATEGIA ELECTORAL. Ha sido presa de la propia manipulación psicosociológica del régimen, asesorada y apoyada por potencias extranjeras: RUSIA, CHINA, el operador CUBANO, IRAN, TURQUÍA, etc. Si Rusia comprobadamente influye en las elecciones de USA, que no puede hacer en Venezuela.

D. A nivel de la dirigencia regional hubo falta de visión, claridad y compromiso. Todo candidato que se precie de tal debe tener encuestas cuando menos semanales y «tracking» para evaluar la evolución de la campaña. Todos ellos sabían antes del once de noviembre, fecha límite para retirarse y endosar sus votos, que porcentaje tenían en las encuestas y no actuaron en consecuencia: prevalecieron las venganzas mellizales, el cálculo mezquino, falta de visión de estadista, ambición de figurar, envidia, y quien sabe si en algunos casos cálculos crematísticos.

E. Este proceso ha demostrado, sin embargo que hay una base electoral sólida que es superior a la del régimen y que si se aglutina en un COMPROMISO PATRIOTICO, se puede derrotar a un régimen que luce agotado en su gestión, desnudado ante el mundo por su falta de pertinencia, mala gobernabilidad, incapacidad y resultados deplorables como lo son la destrucción del aparato productivo nacional, la pobreza de mas del 90 % de la población, la caída en el nivel de vida, en el índice de desarrollo humano, en la seguridad física y jurídica, en el deterioro de los servicios y la infraestructura nacional y en la desestructuración institucional y social, así como en la entrega de nuestra soberanía nacional a potencias extranjeras, la entrega del Esequibo y la introducción de costumbres y hábitos ajenos a nuestra idiosincrasia nacional.

F. Es necesario fortalecer la CULTURA DEL VOTO para que el electorado indiferente o desilusionado, recobre la confianza en la FUERZA DEL VOTO.

G. Es indispensable que los partidos y sus dirigentes «regresen a las bases del pueblo» y se organicen consistentemente en barrios y urbanizaciones para que el ciudadano pueda participar, ser tenido en cuenta para seleccionar los mejores candidatos y movilizar los procesos electorales.

H. Hay que aprender de la derrota, aprovechar las «LECCIONES APRENDIDAS» para no volver a tropezar con la misma piedra.

I. Necesario es superar el sentimiento de fracaso y aprovechar la oportunidad para enmendar el rumbo político y trazar un nuevo camino que devuelva la esperanza y los sueños de un mejor porvenir para el país.

28 de noviembre 2021

Resumen Digital

http://resumendigital.com/mi-punto-de-vista-sobre-el-reciente-proceso-el...

 3 min


Edgar Benarroch

El próximo mes de enero se cumple la primera mitad del periodo de Maduro y en consecuencia es tiempo hábil para convocar y realizar el Referendo Revocatorio de su mandato. El primer paso que debemos dar es convocarlo y para ello es necesario que por lo menos el 20% de los electores inscritos en el Registro Electoral Permanente (algo más de 4 millones) así lo soliciten.

Para ese fin, el Consejo Nacional Electoral establecerá la forma y modalidad de la convocatoria, imagino que mediante firmas. Convocado se procederá a su realización en acto de votación y para que sea efectivo y vinculante, es decir, para sacar a Maduro y su régimen es necesario que un número superior a la votación con la que fue electo se pronuncie en ese sentido (más de 6.190.612 electores). Entiendo que la votación alcanzada por la oposición en las pasadas elecciones (más de 4 millones 700 mil) son votos duros que con seguridad firmarán la convocatoria , además a esa cantidad sumaríamos a las personas que no concurrieron a votar pero esta vez participarían con mucha emoción y que si a esa votación le sumamos 1 millón 500 mil electores se estaría cumpliendo la revocatoria del mandato de quien está en Miraflores.

Por la Patria y por nosotros, no puede haber nada más importante, por ahora, que salir de Maduro y de su sindicato del mal y a ello debemos dedicarnos desde YA a tiempo completo. No debe existir nada que nos distraiga para alcanzar ese objetivo. De seguro el régimen presentará muchos trapos rojos y colocará obstáculos para el revocatorio, pero nosotros debemos con voluntad, coraje y valentía superar todo lo que nos distancie de la victoria.

No hay excusas parar quienes queremos cambio YA, no son valederas exquisiteces jurídicas que apuntan a que con el referendo se reconozca o legitime a Maduro o que para el exterior Guaidó es el Presidente. Al fin y al cabo, la verdad y lo cierto y la dura realidad es que el Presidente de la Republica es quien está en Miraflores, despacha y da órdenes desde allá y toma el teléfono cuando se llama a la presidencia y ese es Maduro, lo demás son buenos deseos y fantasías.

En esta ocasión no están en juego nombres ni parcelas , ni individualidades o sectores, solo se trata de salir YA de Maduro y su oprobioso régimen y esta es la oportunidad constitucional, civilizada y única para hacerlo. Pienso que somos racionales y sensatos y ello indefectiblemente nos lleva a montarnos en la convocatoria y realización del revocatorio . Quien desde la oposición se mantenga indiferente o peor esté en contra del Referendo Revocatorio, claramente no es de oposición y está de espalda al interés nacional. Así veo la dramática situación que afrontamos: blanco o negro. Estamos con el Revocatorio o estamos contento con lo que tenemos que destroza el país.

Más del 80% del país desea cambio cuanto antes, pues desde enero próximo se nos presenta la oportunidad para salir de lo que tenemos para más adelante dedicarnos a la apasionante tarea de la reconstrucción nacional o refundación de la Republica como algunos lo llaman. No dejemos pasar esta oportunidad, no habrá otra democrática para salir de este régimen.


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Luis Ugalde

En la tarde del domingo electoral, tenía la impresión de que todo había transcurrido con apatía y sin sorpresas: jornada tranquila, con mucha abstención (casi 60% nacional y hasta 75 en lugares de mayoría opositora) y en plena dictadura con presos políticos y exiliados, con tarjetas robadas a sus partidos, líderes inhabilitados y con los medios de comunicación controlados y abusados por el régimen. Nada nuevo, era mi primera lectura: ni en Antímano, Montalbán, ni en La Vega, ni en La Castellana vi gente votando, fuera de los que llegaban goteaditos… Pero me engañé. Una segunda mirada revela hechos asombrosos.

Minoría definitiva del régimen

Al comienzo no podía creer que el régimen con control y traslado de gente obligada no había logrado 4 millones de votos (3,7 millones = 45% del total) y pensé que eran datos falsos. Pero resulta que es cierto y de gran importancia, el régimen no pudo contra el disgusto de “su” gente, ni con amenazas de hambre, ni con las dos primarias que hizo para aceitar la maquinaria y controlar. Esa es la principal novedad y dato clave para salir del régimen agotado y repudiado: minoría dictatorial frente a la suma de 4,4 millones de votantes =54% de la oposición.

Estas votaciones son una especie de entrenamiento para el próximo juego decisivo para el cambio del país: la elección libre y justa del Presidente y Parlamento. Las encuestas dicen que más del 80% quiere cambio, pero los voceros de la rutina fatalista predicaban que la gente no se iba a atrever a decirlo en las urnas, o que era inútil pues el CNE los manipularía al gusto de la dictadura, o que votar era venderse al régimen. Pero ahora se nos presenta un cuadro asombroso: la dictadura ganó más alcaldías y gobernaciones, pero con menos de 4 millones, escaso 20% de un total de 21 millones. El resto es deseo de cambio, 17 millones sumando los que se abstuvieron y los que votaron. Ahí está el grito silenciado de la inmensa mayoría de Venezuela. El informe de los observadores de la UE dejó claro: no se cumplieron las indispensables condiciones democráticas, a pesar de algunas mejoras.

El ejemplo que el Zulia dio

Donde hubo unión de demócratas de diversas tendencias, como en el Zulia, la derrota de la dictadura fue contundente. En otras la abstención y la falta de unión produjo la pérdida de la gobernación: como en Mérida que sumando los votos opositores se ganaba la gobernación y todas las alcaldías. Este hecho que defraudó a casi todo el país, deja en muy mal lugar a la dirigencia opositora y eleva la indignación nacional contra ellos y contra el régimen.

Otro hecho para mi asombroso es la hazaña de los demócratas en estados como Apure, Barinas, Táchira, Cojedes… donde han dado la cara y se han defendido con las uñas, pues encarnan la rebelde desesperación por salir. Seguramente en esos estados y en otros hay poco agradecimiento al liderazgo abstencionista que impidió un triunfo amplio.

Del calentamiento local al partido definitivo

Este entrenamiento, antes del juego más definitivo, sirve para ver las graves fallas de nuestro equipo y las grandes debilidades del adversario causante de tanta desgracia, hoy fracasado, y sin recursos. Sabemos que en alcaldías y gobernaciones ganadas no se puede hacer mucho mientras estén dentro de la cárcel del régimen cercados por un modelo destructor. Por eso hablo de entrenamiento y de correcciones necesarias para los dos próximos juegos: el posible referéndum revocatorio del Presidente dentro de unos meses y las elecciones presidenciales y parlamentarias libres y justas. El objetivo es entrar de lleno, y lo antes posible, en la exigente reconstrucción nacional con el decidido apoyo internacional solidario de decenas de democracias con poder.

La dirigencia política estuvo indecisa, confusa y divisionista y hay que sincerar unidades que no son. Es la hora de la humildad, del reconocimiento de errores propios, de la amplitud y renacer abiertos a otros, y a las negociaciones y acuerdos de salvación nacional. Abrir las puertas a la sociedad civil renovadora de la política para construir un frente amplio para el cambio sin la hipocresía de llamar “unidad” a un pequeño grupo que últimamente está atacándose a cuchillo.

Liderazgo democrático unido y acuerdo nacional

Venezuela no tiene presidente legítimamente elegido. Juan Guaidó, que fue puesto al frente de la transición “mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente” (art.233 de la Constitución) despertó el increíble reconocimiento de 60 países; pero todavía no ha logrado el objetivo y recibe no pocas críticas que deberá tomar en serio. Guaidó libre de disciplina partidista debe permanecer y convocar a grandes consensos. No saldremos de la dictadura y su miseria sin acuerdo de salvación nacional, que incluye a la Fuerza Militar (sin ella no es posible) y su misión democrática. Acuerdo también con quienes todavía tienen el monopolio de la fuerza dictatorial, pero reconocen su fracaso. Las transiciones se acuerdan entre gente del gobierno de facto con poder y de la oposición democrática (Chile, España, Polonia, Checoslovaquia…) Por eso hay que activar la negociación de México, facilitada y asistida de lado y lado por países de peso mundial, para lograr la salida de la cárcel a la democracia y la reconstrucción.

El excelente documento de los obispos antes de las votaciones dice algo que nos debe llevar al renacer económico, social y político: “La simple abstención, sin toma de conciencia y voluntad transformadora no conduce a generar los cambios necesarios y mucho menos lo logrará un voto ciego que no tome en cuenta el análisis de cada realidad vivida enmarcada en la dramática situación estructural e institucional de la nación”

28 de noviembre 2021

El Informador

https://www.elinformadorve.com/opinion/votaciones-sin-sorpresas/

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