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Opinión

Fernando Mires

1. Los gobiernos de dominación antidemocrática han cambiado durante el siglo XXI. De hecho, las dictaduras tradicionales del siglo XX como fueron las militares del sur de Europa, las de América Central y las del Cono Sur latinoamericano, ya no son las predominantes. Para no confundir a los lectores, al referirnos a estas nuevas formas no democráticas de gobierno, las hemos llamado autocracias. Puede que el término no sea el más correcto (el término absolutamente correcto no existe, todos son aproximaciones). Pero ustedes entienden de qué estamos hablando. Se trata de gobiernos que provienen de movimientos radicales democráticos, también llamados populistas, gobiernos que han llegado al poder por la vía más democrática de todas: la electoral.

Observamos que no se trata de un fenómeno regional sino occidental, vale decir, puede aparecer en las latitudes más diversas, aunque siempre en contra y gracias a democracias establecidas. Ninguna nación del mundo está libre de caer bajo las garras de la epidemia autocrática. El fenómeno Trump fue solo un aviso luminoso. Como dijo Joe Biden, la contradicción fundamental de nuestro tiempo es la que se se da entre democracias y autocracias. Contradicción –eso no lo dijo Biden– que surge no solo entre las naciones sino también al interior de ellas

Ideológicamente, las autocracias son autodefinidas como antiliberales o –para expresarlo como el autócrata húngaro Viktor Orban– iliberales. Quiere decir: no se declaran antidemócratas, solo adversarios de la democracia liberal, entendiendo por ella a sistemas de gobierno, parlamentarios o presidenciales, en donde prima la división clásica entre los tres poderes del Estado.

El objetivo primero de la línea autocrática es, por lo tanto, limitar esa división al máximo en aras de la primacía del ejecutivo, casi siempre encarnado en un caudillo situado por sobre la Constitución y las leyes. Pueden llamarse Putin o Maduro, Lukashenko u Ortega, Erdogan o Morales, Kaczyński o Bukele (solo por nombrar a algunos).

El listado muestra que se trata de representantes de ideologías de «izquierda» y de «derecha». Ideologías que en verdad no constituyen un factor decisivo. La ideología, en todos estos casos, opera solo para otorgar cierta «ratio» al objetivo principal de las autocracias: el control del poder del Estado. Poder en el que son incluidas las fuerzas armadas, compradas a muy alto precio. No obstante, tampoco se trata de regímenes militares, en sentido tradicional.

Pese a todos sus privilegios, las fuerzas armadas mantienen bajo el dominio autocrático solo cuotas reducidas de poder. Las autocracias, sin renunciar al apoyo militar, están constituidas por gobiernos políticos-militares y no militares-políticos, y este no deja de ser un punto de suma importancia cuando se trata de enfrentarlas.

Ahora bien, la principal característica de estos gobiernos no-democráticos es haber incorporado a su sistema de dominación formas propias a la democracia liberal, particularmente la forma electoral. Todos, unos más otros menos, mantienen inamovible una apretada agenda electoral. Algunos autores nos hablan incluso de dictaduras-electorales (Levitsky y Ziblatt, 2018) De hecho, una contradicción en sí. Por eso preferimos llamarlos aquí gobiernos híbridos o mixtos.

Los eventos electorales requieren de ciertos espacios abiertos a la política: partidos, campañas, incluso una limitada prensa y, por supuesto, redes sociales. Ahí justamente reside la gran paradoja:

Las elecciones constituyen la principal carta de legitimación de las autocracias. Pero, a la vez, constituyen su zona de máximo peligro.

Si la votación contraria es masiva podrían perder (de hecho, casi todas han perdido cada cierto tiempo elecciones regionales y parlamentarias) y si cometen fraude, también pueden perder (en legitimidad, en cohesión interna, en apoyo internacional) Cabe, por lo mismo, anotar que no se trata de regímenes estáticos. En caso de sentirse acosados, pueden convertirse en dictaduras duras y puras (Lukashenko u Ortega, para poner dos ejemplos). Pero también pueden evolucionar y abrir espacios de participación relativamente democráticos. Eso no solo depende de ellos sino también –diría, sobre todo– de la política de las oposiciones.

En Polonia, Hungría y Turquía, las grandes ciudades han sido conquistadas por oposiciones democráticas, estableciéndose una convivencia tensa con representantes de los respectivos gobiernos, cuyos fuertes son las regiones políticamente poco evolucionadas de cada país.

En estos tres países el camino ya está decidido por sus respectivas oposiciones: mantener una coexistencia difícil con sus gobiernos, ampliar los espacios de participación pública y, en momentos de crisis, intentar ganar las elecciones decisivas. La vía insurreccional está descartada. No así en América Latina.

2. En la región latinoamericana la vía democrática ha sido obstaculizada no solo por los gobiernos sino que, en gran medida, por las mismas oposiciones antiautocráticas. Para decirlo en modo de tesis: el mayor obstáculo que aparece para la apertura democrática reside en una cultura no democrática compartida por los gobiernos autocráticos y sus respectivas oposiciones.

Estas últimas han tendido a optar por vías insurreccionales o por líneas confrontacionales, o no han sabido crear condiciones que permitan ampliar los espacios de participación que lleven al debilitamiento del oficialismo autocrático. Lo que buscan, dicho en breve, no es derrotar al enemigo, buscan derrocarlo. Y no es lo mismo. Derrocar es un acto de violencia. Derrotar es un proceso político.

El objetivo de las oposiciones en Nicaragua, Bolivia y Venezuela, digamos claramente, no ha sido debilitar a sus gobiernos sino derrocarlos, eligiendo una vía confrontacional, pero sin tener los medios para llevarla a cabo. En esos tres países, y esa es la diferencia con las luchas antiautocráticas de los países europeos, la hegemonía opositora ha sido ejercida por sectores extremistas.

En los tres países mencionados las oposiciones han participado regularmente en elecciones. Pero hay distintos modos de participar. Uno es «usar» las elecciones como táctica en el trayecto de una vía insurreccional, tal como decía hacerlo la «izquierda revolucionaria» durante los años 60. Otro es hacer de las elecciones una vía, «la vía» democrática por excelencia. Pero para las oposiciones nombradas, la vía electoral —llamada por ellas «electoralismo»— es una desviación política.

De más está decir que, por su naturaleza antidemocrática, los gobiernos autocráticos, esencialmente polarizadores, están más preparados para la guerra de contrainsurgencia que para la lucha política. La confrontación polarizada les brinda el mejor pretexto para abandonar su carácter mixto y así asumir una forma puramente dictatorial.

Las manifestaciones juveniles y callejeras en Venezuela durante 2017, así como las iniciadas en Nicaragua el 2018, al ser dirigidas por grupos que exigían tumbar a las dictaduras, sobrepasaron a los partidos electorales de oposición y brindaron la ocasión a los respectivos autócratas para desencadenar oleadas represivas sin precedentes en sus países. La renuncia a centrar la lucha en la vía electoral por los sectores extremos de ambas oposiciones, así como el deseo de embarcarse en insurrecciones sin programa ni destino, es precisamente lo que aguardan gobiernos de tendencias dictatoriales, como son los de Ortega y Maduro, para endurecer sus posiciones y desplazar la confrontación política –que ambos no dominan– hacia la lucha violenta, en la que ambos son expertos.

Maduro, más político que Ortega —quien no ha vacilado en convertirse en Somoza II—, no ha desahuciado del todo la confrontación política. Ya sea porque sabe que la oposición está dividida, ya sea porque necesita una distensión internacional, no abandona la vía electoral, más todavía si en estos momentos puede más ganar que perder.

A su vez, Evo Morales –hay que hablar de Morales y no de Arce en materias de poder– no ve motivo para desechar la vía electoral, pues sigue contando con amplios contingentes sociales enfrentando a una oposición fragmentada. Por el momento, aprovecha su victoria electoral para depurar al Ejército y usar la fuerza represiva en contra de sus adversarios. Sobre todo contra quienes enfrentaron la contienda electoral como una alternativa insurreccional.

Oposiciones no preparadas para enfrentar a sistemas mixtos de dominación no parecen encontrar la línea política adecuada. Como ha anotado el politólogo venezolano Ángel Álvarez en una entrevista al diario digital TalCual, dichos gobiernos pueden presentarse una vez como dictaduras, otra vez como democracias. Pero también, anota Álvarez, a la oposición le corresponde un alto grado de responsabilidad.

En efecto, hasta ahora la oposición no ha abandonado —aun participando en elecciones— «la vía del derrocamiento», de tal manera que cuando no se ha abstenido, renunciando con ello a toda participación en la política real, han ido a las elecciones de un modo «táctico», poniéndolas al servicio de una insurrección que no tienen cómo realizar. De este modo han abandonado las tareas de toda oposición democrática: la defensa estricta de la Constitución, hacerse eco de las demandas de los grupos sociales más golpeados por el gobierno y mantener los usos políticos en la confrontación.

En fin, al seguir una irreal y desquiciada estratégica insurreccional sin insurrectos, han regalado la presidencia a Maduro, amén de gobernaciones y, no por último, la propia Asamblea Nacional. Son estas las razones que llevan a opinar a Ángel Álvarez que una transición democrática no vendrá de la oposición sino desde fuerzas que apoyan al gobierno. Lo uno, sin embargo no excluye necesariamente a lo otro.

Evidentemente, todos los gobiernos autocráticos, en algún momento de su historia, comienzan a mostrar grietas internas. Pero estas no sirven de nada si no existe una oposición en condiciones de capitalizar esas grietas a su favor. En verdad, no conocemos ningún caso histórico de autodemocratización, es decir, sin participación activa de una oposición.

Para que una transición hacia la democracia comience a tener lugar se requiere de una oposición en condiciones de interactuar con fracciones del bloque autocrático de dominación.

Las oposiciones latinoamericanas tienen en ese sentido mucho que aprender de transiciones democráticas ocurridas en el pasado reciente. Recordemos que Mandela conectó con de Klerk; Walesa con el general Jaruzelski; Felipe González con Adolfo Suárez. Sin esa despolarización esencial, sin ese diálogo sostenido entre gobierno y oposición, sin una voluntad compartida de cambio, no puede haber ningún proceso de democratización en ninguna parte del mundo.

Naturalmente, ha habido experiencias insurreccionales armadas, pero todas o han fracasado, dejando detrás de sí regueros de sangre, o han triunfado estableciendo dictaduras más horrendas que las que derribaron. La lucha armada en contra de Batista llevó a la dictadura de los Castro. La de Nicaragua en contra de Somoza llevó a la dictadura de Ortega-Murillo. La de Zimbabue llevó a la dictadura criminal de Robert Mugabe. Y así, sucesivamente. La lección que de esos procesos deriva es simple: si una oposición no es democrática consigo, nunca será democrática con los demás.

Una colega venezolana me escribe: «Me encuentro situada entre dos dictaduras: la de Maduro y la del G4». Quizás exagera. O quizás no. Lo cierto es que la oposición venezolana, para llevar a cabo su imposible política insurreccional, terminó por «desdemocratizarse», desconectándose de las demandas sociales y entregando la iniciativa política a potencias externas.

Podemos, sí hablar, al referirnos a la venezolana, de una oposición con tendencias autocráticas. No debemos extrañarnos, entonces, de que en vísperas de nuevas elecciones regionales la opinión pública internacional se encuentre presenciando el vergonzoso espectáculo de una directiva más interesada en bloquear a candidaturas que en el pasado no apoyaron la opción insurreccional-abstencionista, que en enfrentar a los candidatos de gobierno. Y nada menos que en nombre de la unidad: «su» unidad.

Levitsky y Ziblatt opinan que para salir de las dictaduras (y aquí agregamos, de las autocracias) la condición primaria es la unidad de la oposición. Es difícil estar en desacuerdo con esa opinión. No obstante, debemos distinguir dos tipos de unidad: la unidad impuesta por una dirección autocrática y la unidad política-hegemónica. Entendemos por unidad política-hegemónica aquella que se forma a través de una intensa confrontación de opiniones sobre la base de fuerzas previamente medidas en la arena electoral.

Y bien, esa unidad, como toda unidad, debe provenir de la no-unidad. No hay mejor unidad (o acuerdos, o pactos, o alianzas) que la que se da entre partidos que han definido claramente su línea, su identidad y sus objetivos. A la vez, no hay peor unidad que la que se da entre partidos que han delegado su conducción a una dirigencia que ejerce, en lugar de hegemonía, simple dominación. La unidad es y será siempre unidad en torno a objetivos determinados. La unidad se da en la diversidad. O como se dice en chileno: «vamos juntos, pero no revueltos».

Para poner un ejemplo: en las elecciones bolivianas del 2020 que dieron como vencedor al evismo de Luis Arce, la oposición cometió el imperdonable error de no alinearse en torno a la candidatura que había obtenido mayor votación en la elección del 2019 (Carlos Mesa), cuando fue descubierto el fraude cometido por Evo Morales. En la repetición de las elecciones, en el 2020, la oposición decidió nuevamente medirse entre sí, confiando en que se iban a unir en una segunda vuelta, la que no tuvo lugar. Las fuerzas del MAS, en cambio, se unieron monolíticamente en torno a la candidatura de Arce. En esos comicios primó el egoísmo de los caudillos partidistas quienes olvidaron que la unidad no solo es sumatoria sino, además, contiene un efecto multiplicador.

Hoy, más bien empujada por las circunstancias (fracaso rotundo de la vía insurreccional de Guaidó-López, fin del gobierno Trump) la oposición venezolana intentará en las elecciones regionales de noviembre medirse consigo y con las fuerzas de gobierno a la vez.

Sin unidad, sin haber resuelto su problema hegemónico, sin primarias, y sin haber dado siquiera a conocer las razones que la llevaron a abandonar la vía electoral para retomarla en peores condiciones tres años después, esas elecciones solo serán vistas en el futuro como un capítulo más, probablemente el final de la crónica de una catástrofe anunciada.

Lo importante será el después. ¿Habrá un nuevo comienzo? ¿Nacerá una nueva oposición en el verdadero sentido del término? ¿Una oposición sin conducciones de extremistas alucinados, en condiciones de convivir y dialogar entre sí y con el gobierno? ¿Una oposición democrática, constitucional, pacífica y electoral como quisieron muchos –en un momento de arrebato realista– que así fuera? Son solo algunas preguntas. Por el momento no hay respuestas.

El teléfono suena ocupado.

Twitter: @FernandoMiresOl

Fernando Mires es (Prof. Dr.), fundador de la revista POLIS, Escritor, Político, con incursiones en literatura, filosofía y fútbol.

 11 min


Américo Martín

Los debates son frecuentes en los partidos políticos, aunque la opinión corriente tienda a no valorarlos. Lo cierto, sin embargo, es que no pasa mucho tiempo sin que estallen encontronazos que por lo general envuelven, abiertamente o en forma recóndita, la ácida cuestión del dominio fraccional de la dirección o poder del partido que suele acompañarse de indeseadas prácticas fraccionalistas, descalificación de los amigos en un proceso envenenado, sin tregua, retroalimentado por la perversidad y el odio.

No se trata de una fatalidad, por supuesto. No siempre semejante degradación se impone porque los excesos sean contenidos a tiempo, aunque la potencialidad de las crisis permanezca incubada.

A la hora de los balances los protagonistas de estas pugnas –tal vez inevitables– se sienten obligados a dignificar las tesis que esgrimieron atribuyéndoles un carácter «ideológico». Como nadie se siente bien cuando es estigmatizado con el cargo de ser un tosco «pragmático» sin la menor noción ideológica, ha ocurrido que una de las grandes cualidades del hacer político, es la de trazar cauces tangibles para superar peligros inminentes y proporcionar estabilidad política.

Un líder incapaz de diseñar líneas estratégicas ni elaborar programas y consignas certeras no se salvará refugiándose en las falsas coberturas ideológicas que se convierten en dogmas casi al momento de ser invocadas. Las ideologías son sistemas propios de la filosofía, no de la política, la politología y la historia, que son ciencia y arte de y para la crítica porque fundamentan la flexibilidad del pensar.

Los movimientos de avanzada serios postulan programas y estrategias, sin perderse en las nebulosas de la ideología. Allí solo cadenas los esperan. Lo que en nada significa defender la ignorancia o pobreza intelectual. ¡Al contrario! Exige más estudio y originalidad y menos copia de sagradas escrituras doctrinarias.

Pese a que atribuirse la condición ideológica suene más atractivo que asumir la ciencia-arte de la política, es esta la que resuelve los enigmas y trampas que deben vencerse en la marcha hacia la dirección del Estado, timón del barco que aspira a navegar sin naufragar.

Leonardo Ruiz Pineda, jefe de la resistencia clandestina durante la dictadura perezjimenista, es la expresión del componente de Acción Democrática sobre el que poco me habían preguntado en el 80 aniversario de ese partido. Las organizaciones políticas históricas de nuestro país hicieron gala de valentía, ingenio y sacrificio bajo las feroces dictaduras de Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez, sin embargo pocas alcanzaron los niveles de martirio del partido fundado por Rómulo Betancourt. Y fue Ruiz Pineda el símbolo del coraje y sacrificio de ellos y en general de todos los que, desde los movimientos clandestinos, enaltecieron las virtudes de aquel gran luchador.

Enamorada de su temple heroico, la Muerte quiso protegerlo hasta donde pudiera. No encontró mejor manera que ofrecerle su padrinazgo. Sin embargo, le advirtió que cuando viera a su lado a su madrina –solo él podría verla–, debería aplazar cualquier compromiso y permanecer fuera de peligro.

—Hablo en serio, insistió su madrina.

El compromiso debió ser muy serio para que el héroe olvidara la cautelosa previsión. Pero vio la imagen parada a su lado. Tenía oquedades en lugar de ojos y un aspecto frío y amenazante. El héroe vaciló, mas en ese momento, José Agustín Catalá le urgía entregar su prólogo para editar la obra clandestina Venezuela bajo el signo del terror, cuya reputación se anticipaba a su primera edición, con el nombre de Libro Negro de la dictadura.

—Ella comprenderá que es una tarea inaplazable —se dijo y salió adelante.

Su Madrina le hizo ver una vela sin tamaño, cuya agonizante luz estaba por desaparecer. Al comprender que nada detendría a aquel temerario luchador, la Muerte aplastó la trémula vela con sus huesudas manos, el sicario «Suelaespuma» le disparó cuando intentaba escapar y cayó muerto en seco en el Pasaje de La Cocinera, en la caraqueña parroquia de San Agustín.

Leonardo Ruiz Pineda había muerto.

¡Ay Aurelena, Natacha y Tania!

¡Ay sus compañeros de la clandestinidad, cárceles y del exilio!

«El capitán de la resistencia clandestina», lo llamó Rómulo Betancourt, «el de la fina valentía y gozosa audacia», lo llamó Rómulo Gallegos.

Leonardo murió para renacer y ahora son millones los animados por las causas más nobles y la más noble de ellas, la democracia.

Los 40 años de democracia pudieron ser recordados con el discurso de Andrés Eloy, referido a los grillos de los pies arrojados desde el castillo al mar para despreciar el salvajismo de la tiranía gomecista, al que debería seguir el de los grillos en la educación, pues de no hacerlo se alentarían los caminos de la dictadura.

Educación y dictadura son incompatibles, tanto como lo son civilismo y militarismo. Amputarle a la democracia el brazo educativo es entregarla a las más altas expresiones del salvajismo totalitario. Trabajemos, si es necesario, con héroes como los mencionados, por una democracia plena, valiente y con sus brazos completos.

Twitter: @AmericoMartin

Américo Martín es abogado y escritor.

 4 min


Alejandro J. Sucre

Mucho se alarma a las poblaciones sobre la pronta caída en el consumo de petróleo. Y mucho se exagera sobre su negativo e irreversible impacto ambiental. Como mucho en la política, un grupo de oráculos ambientalistas a veces confunden con cifras y exageran realidades sobre el calentamiento global para atemorizar a la población, se posicionan como salvadores, y crean grupos de poder político y económico, obtienen votos, puestos en los gobiernos y se auto asignan jugosos presupuestos proveniente de los impuestos. Pero la realidad en cuanto a la desaparición del petróleo en pocos años y sobre el daño que le genera al ambiente por el calentamiento global es distinta a la que pintan muchos.

Ya en el año 2021 la demanda mundial de petróleo supera los volúmenes pre-Covid-19 de 100 millones de barriles por día. Y así seguirá esta tendencia en el 2022.

En el informe OPEP de junio del 2021, se prevé que la demanda mundial de energía primaria aumente de 289 mbep /d en 2019 a 361 mbep / d en 2045. Esto representa una tasa de crecimiento promedio de 0,9% anual. durante el período de pronóstico. En este período, se espera que la demanda de energía en los países no pertenecientes a la OEDC aumente en 76,5 mbep / d, mientras que se estima que la demanda en la OEDC caiga alrededor de 4,4 mbep /d. En este sentido, India, China y otros países en desarrollo con poblaciones en aumento y alto crecimiento económico juegan un papel clave en el aumento de la demanda de energía, mientras que las naciones desarrolladas de la OEDC están haciendo más esfuerzos en eficiencia energética y tecnologías bajas en carbono. En consecuencia, se espera que casi la mitad del crecimiento total de la demanda de energía provenga de India y China.

Suponiendo que la pandemia de Covid-19 se supere en gran medida para el próximo año, se proyecta que la demanda de petróleo se recuperará parcialmente en 2021. Se esperan tasas de crecimiento saludables, especialmente en el horizonte de mediano plazo, lo que dará como resultado que la demanda de petróleo alcance el nivel de 94,4 mbep / d en 2025 y progresando aún más a 99,5 mbep / d en 2045.

En 2019, el petróleo representó más del 31% de la demanda mundial de energía y se proyecta que seguirá siendo el mayor contribuyente a la combinación energética hasta 2045, representando más del 27%, seguido de gas (alrededor del 25%) y carbón (casi el 20%). Entre 2019 y 2045, "otras energías renovables", que combinan principalmente energía solar, eólica y geotérmica, crecerán un 6,6% anual. en promedio, que es significativamente más rápido que cualquier otra fuente de energía. Esto resultará en un crecimiento sustancial en términos absolutos para "otras energías renovables" de más de 25 mbep / d, que es más que el aumento de la demanda de gas (24 mbep / d) durante el mismo período.

En 2019, el transporte por carretera representó el 45% de la demanda mundial a 44,4 mb / d. La demanda en este sector se vio fuertemente afectada en 2020 debido a los bloqueos de Covid-19, perdiendo más de 4 mb / d en comparación con 2019. Sin embargo, a mediano y largo plazo, se espera que la demanda de petróleo en el sector del transporte por carretera continúe creciendo y alcanzar un nivel de 47 mb / d en 2045.La demanda de petróleo en el sector de la aviación fue la más afectada por las restricciones de Covid-19 en términos relativos, disminuyendo casi un 50% durante 2020, sobre una base anual. Se proyecta que la demanda de aviación se recuperará parcialmente en 2021 y continuará creciendo a partir de entonces, aunque es probable que solo alcance los niveles de 2019 en 2023-2024. A pesar de esta disminución temporal, se espera que la demanda de aviación crezca significativamente a largo plazo. Sin embargo, se proyecta que el sector petroquímico será el mayor contribuyente al incremento de la demanda de petróleo durante el período de pronóstico, con un crecimiento de 3,7 mb / d.
Como podemos observar, Venezuela todavía tiene tiempo para reconstruir su industria petrolera y para que esta sea un motor para el desarrollo económico de la nación. Las negociaciones en México son sumamente importantes para que los acuerdo logren eliminar las sanciones al sector petrolero, definir mecanismos de controles que disminuyan la corrupción del gasto fiscal, abrir la inversiones y reestructurar deudas con el extranjero. Son asuntos muy importantes los que se juegan en México. Al ser el Estado venezolano el dueño de Pdvsa, las sanciones tienen un impacto mucho más fulminante que en países donde el sector privado es el productor de divisas.

En México deben haber pocas agresiones y muchas discusiones y debates entre políticos para analizar el papel de las inversiones extranjeras, las políticas comparativas para atraerlas, las condiciones de atraer inversiones para beneficiar a la población, comunicar la importancia de los inversionistas a la población, beneficiar la democratización del capital y a los inversionistas locales, debatir políticas migratorias y arancelarias, desmontar la hiperinflación, reorganizar toda la estructura gubernamental para hacerla más eficiente y menos despilfarradora. Esos son los debates que necesita VenezuelaTwitter: @alejandrojsucre

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Carlos Raúl Hernández

No se pueden negar los esfuerzos para desenterrar el movimiento contracultural de los setentas, que después de décadas oscurecido reaparece en el esplendor de su imbecilidad, para cancelar autores e impedir ediciones. Ha trabajado, pero les falta empuje para eliminar figuras del pensamiento que hacen mucho daño a “la causa”. Roto el cántaro de Pandora, que nunca fue una caja, aparece la bandera de reingreso a la locura perdida, pero falta empuje para revolucionar las inasibles reglas del arte, “la esperanza de la razón y el corazón”, para hacerlo instrumento de lucha.

Para la cultura políticamente correcta, sobrevivirían muy pocas obras. La importancia simbólica del corazón en la cultura, la inagotable variedad de noblezas asociadas con él, voluntad, coraje, carácter, esfuerzo, amor, bondad, se hace tan grande porque para Aristóteles ahí radica el aparato pneumático, encargado de recoger las sensaciones de los cinco sentidos y trasmitirlas al alma.

Ese es un paso gigante en la evolución del conocimiento, una primera respuesta a cómo se conectan el mundo sensible y las ideas, que supera la oposición absoluta entre ambos concebida por su maestro Platón. En el cardios se unen los dos componentes del hombre, que no tienen otro punto de contacto, y sin él, el espíritu pasaría a través del cuerpo sin tocarlo, lo traspasaría como en Ghost. El corazón es el gozne que articula la fuerza vital inmaterial con el cuerpo, el alma con el cuerpo, que sin ella es inerte, está muerto. Como la trasmisión de un vehículo, conecta la aceleración del motor con las ruedas. Transfiere vida a la carne, capacidad de movimiento por medio de la circulación sanguínea, y en proceso inverso el alma percibe, siente el mundo material que se trasmite por la piel, los ojos, los oídos.

En el alma, las sensaciones se transforman en pensamientos a los que Aristóteles llama fantasmas o fantasías. y ahí comienza el sabio a ganarse a pulso la cancelación de sus obras para que dejen de publicarse y leerse. La atracción ocurría porque cuando una mujer con la regla se miraba al espejo, dejaba en él una película invisible de mínimas gotas de sangre que penetraban por los ojos, llegaban al músculo cardíaco de un varón y formaban un fantasma que se apoderaba de él. La víctima se debilitaba y podía morir de melancolía negra, enfermedad también llamada hereos, (un tipo de demonio) que daba nombre al mundo femenino. Al aquejado de ese mal lo domina el fantasma que lo había seducido. Semejante poder de la mujer sobre el hombre, causaba odio, miedo y rabia.

En la Edad Media la melancolía de los varones tuvo fascinantes y terribles implicaciones antifemeninas, asociada a maleficios, magia negra, pacto con el Diablo y otros crímenes. El hereos o despecho trae “omisión del sueño, de la comida y de la bebida, todo el cuerpo se debilita salvo los ojos… Sin tratamiento, los enfermos se hacen maniácos y mueren”. Deambulan con el pulso alterado, pierden capacidad de atención y para actuar. El médico heteropatriarcal recomienda relaciones con varias mujeres, viajes, excursiones, consumir alcohol, hacer ejercicio. Si no mejora, se contratará una vieja harpía para que consiga un trapo lleno de sangre menstrual y se lo restriegue en la cara al paciente mientras grita “ella es esto, suciedad, es una asquerosa como todas” en el entendido que las mujeres son “un mal de la naturaleza” como reza el más insigne manual de cacería y tortura de brujas, el Malleus Maleficarum.

Si después de eso no se curaba, entonces no estaba poseído por el fantasma de la amada sino por el demonio en persona. El enfermo de melancolía negra o hereos, se debilitaba, pero no sus ojos. La malignidad los requería para entrar por ellos y a través del nervio óptico tomaba el cerebro y derribaba su autoestima. El espíritu obsedido necesitaba los ojos para buscar o mantener contacto angustioso con su dominadora. Un poeta del primer Renacimiento se preguntaba “¿cómo esa mujer tan grande puede entrar por mis ojos, tan pequeños?” y los médicos respondían que no era ella directamente la que imperaba en el infeliz, sino su fantasma y el efecto de algunas piezas que él le quitaba con autorización o subrepticiamente.

Él atesoraba pañuelos, relicarios, mechones de pelo y otras prendas. En la magnífica y terrible leyenda artúrica, el valiente e invencible Lancelot colapsó ante un peine con los dorados risos de Ginebra, “la sombra blanca” y, mujer al fin, causante de la aniquilación del reino de Camelot.

Ellas siempre eran culpables de desgracias y los hombres víctimas inocentes o en todo caso propiciatorias, por lo menos hasta la aparición del arquetipo de Don Juan. El enamorado obsesivo era víctima de una brujería o de la posesión del fantasma destructivo de una mujer, pero Don Juan, el burlador, será la antítesis.

En otra rama de la pasión medieval, que la literatura llamó amor cortés o cortesano, a ellas son tiranas, despectivas, sádicas con los pobres caballeros que sucumbían a su embrujo. Se trataba de embelesos masculinos adúlteros y no correspondidos por mujeres casadas, y hasta un hombre tan serio como Petrarca, se hace la víctima: “Quien me tiene en prisión, ni abre ni cierra/ni me retiene ni me suelta el lazo/ y no me mata amor ni me deshierra/ ni me quiere ni quita mi embarazo”.

@CarlosRaulHer

 4 min


Alberto Barrera Tyszka

El 8 de septiembre, el Tribunal Constitucional de Cabo Verde autorizó definitivamente la extradición de Alex Saab a Estados Unidos. Desde hace más de un año, este empresario nacido en Barranquilla, ciudad de la costa colombiana, se encuentra detenido en el país del noroeste africano.

Para quienes no han oído hablar de Saab, bastaría apuntar que, según investigaciones de la justicia internacional y periodísticas, es reseñado como el operador económico del chavismo, está acusado de lavado de dinero por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y —entre otras cosas— es señalado por amasar una fortuna vendiendo a sobreprecio leche en polvo de dudosa calidad a un país en emergencia humanitaria. Su caso podría ocupar un lugar destacado en el surrealismo bolivariano.

Desde su detención en Cabo Verde, Saab —en tiempo récord— pasó de ser un comerciante colombiano a un ilustre ciudadano venezolano, un diplomático de alta jerarquía del país, un heroico revolucionario chavista, incansable defensor del amor y la fraternidad. Ha sido un proceso vertiginoso y un poco absurdo. Como si fuera posible, por ejemplo, trabucar instantáneamente a Al Capone en Mahatma Gandhi.

En otra maniobra desesperada para impedir su extradición, el régimen venezolano nombró esta semana a Alex Saab como representante del gobierno en el proceso de diálogo con la oposición que se está desarrollando en México. Lo que ha hecho la dirigencia de la autoproclamada “Revolución bolivariana” por este comerciante es inaudito. El culto al “Comandante eterno” —en referencia a Hugo Chávez— ha sido sustituido por la promoción del negociante turbio. La manera insólita en que ha defendido y luchado por Saab es un gran estriptís. Al defender con exaltada vehemencia a un personaje así, el chavismo ha quedado desnudo: revela que su verdadera naturaleza es la corrupción.

Con una alerta roja de Interpol y siendo investigado por las autoridades estadounidenses, Saab fue detenido en junio de 2020 cuando su avión se detuvo a recargar combustible en Cabo Verde. La Fiscalía de Colombia, por su parte, también lo acusa de actividades financieras irregulares. Tan pronto fue detenido, el chavismo convirtió el caso Saab en un problema político. Acusó al imperialismo y denunció una conspiración internacional en contra del pueblo de Venezuela. Sin embargo, la hipótesis que respira detrás de las investigaciones es distinta: Alex Saab podría ser el testaferro de Nicolás Maduro.

Las primeras búsquedas e indagaciones serias sobre la sorprendente carrera comercial de Saab las realizaron un grupo periodistas venezolanos, quienes desde el portal digital Armando.info pusieron una lupa sobre su historia. Lo que comenzaron a descubrir los transformó en un peligro. Saab los demandó en Venezuela y se vieron obligados a salir del país. Pero siguieron trabajando desde el exterior hasta desentrañar y documentar el complejo entramado de negocios que vinculan a Saab con el gobierno venezolano y que incluye desde la asignación de divisas preferenciales hasta la importación de alimentos, pasando por la construcción de viviendas, el comercio de minerales o contratos con la empresa estatal de petróleo. La estructura financiera desarrollada por Saab se extiende por el mundo, y podría sumar más de 6000 millones de dólares que, según se calcula, pudo haber “ganado” en estos años en Venezuela.

A pesar de todas las investigaciones y de las denuncias documentadas, el chavismo ha desplegado un enorme y sostenido plan nacional e internacional, con muchos esfuerzos diplomáticos, movilizaciones populares, una campaña de grafitis callejeros en Caracas e incluso con la producción de una serie en YouTube (llamada Alex Saab, agente antibloqueo), para sacralizar en el altar de la izquierda al empresario. Quien ganó dinero importando paquetes de alimentos de baja calidad nutricional para los pobres de Venezuela, es presentado ahora como un mártir de la solidaridad. Alex Saab es el Che Guevara del chavismo. El cinismo es la etapa superior de la Revolución.

La reciente designación de Saab como delegado oficial del gobierno en la mesa de negociaciones en México es, también, otra manera de desvestir las intenciones y los procedimientos con los que funciona Nicolás Maduro y su gobierno. Su propuesta supone que la justicia no tiene ninguna independencia, que la voluntad de un dirigente político puede imponerse tranquilamente sobre las instituciones y los tribunales. Es también una confesión, una forma de explicar por qué hay más de 300 presos políticos en Venezuela.

Tras la muerte de su líder en el año 2013, los llamados “hijos de Chávez” no solo continuaron destruyendo y saqueando las riquezas del país, demolieron sus instituciones y arruinaron su capacidad productiva, si no que —con vocación suicida— también despilfarraron y acabaron con el capital simbólico que habían heredado. El espectáculo que vendía el proyecto bolivariano como una revolución —humanista y de izquierda— es ahora puro aserrín, sobras de utilería. No hay ideología sino negocios.

La inminente extradición del empresario colombiano se da justo cuando el chavismo y la oposición están avanzando sobre posibles acuerdos en varios terrenos. Esto incluye, por su puesto, un probable levantamiento o flexibilización de las sanciones internaciones que pesan sobre el país. Es inverosímil pensar que Alex Saab puede participar de alguna manera en estas negociaciones. Pero su historia sí debería estar presente en esa mesa de diálogo.

Si bien es necesario debatir sobre el sentido de unas sanciones que afectan de manera directa la crisis humanitaria del país, también es necesario debatir sobre los mecanismos que garanticen que la eliminación de estas sanciones represente realmente un beneficio para las mayorías empobrecidas y no, como hasta ahora, alimenten al sistema hipócrita y corrupto que

(@Barreratyszka)

19 e septiembre 2021

NY Times

https://www.nytimes.com/es/2021/09/19/espanol/opinion/alex-saab-maduro.html

 4 min


Allie Volpe

Durante el último año y medio, a medida que la pandemia ha pasado de ser un hecho aterrador a un evento que altera la vida a largo plazo, nuestros mecanismos de supervivencia han tenido que adaptarse y evolucionar.

Sin embargo, hay diferencias en cómo hemos abordado el tiempo que pasamos en aislamiento.

Para algunos, la positividad fue esencial para hacer frente a la crisis; muchos disfrutaron de la oportunidad de desacelerar y reevaluar, se sintieron agradecidos de tener todavía un trabajo o mantuvieron las cosas buenas en perspectiva (incluso logrando un balance entre educación virtual, trabajo remoto y mantener a la familia a salvo).

Por supuesto, mantenerse optimista y expresar gratitud no son prácticas adversas, pero este optimismo implacable, conocido como "positividad tóxica", describe las emociones negativas como un fracaso o una debilidad.

Además, hay pocas cosas más irritantes que encontrarse con un positivista tóxico cuando estás lidiando con la cruda realidad.

Y no reconocer las dificultades puede tener un efecto perjudicial en nuestra salud mental.

Qué es la positividad tóxica y por qué puede ser una trampa

Los recordatorios persistentes para reflexionar sobre "lo bueno que tenemos" en medio de una situación difícil no hacen que la tristeza, el miedo o la ansiedad desaparezcan, muestra una investigación del William and Mary College, en Virginia, EE.UU., y la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica.

En cambio, reprimir las emociones negativas puede hacernos sentir peor.

Hay otro enfoque mental que tiene un encuadre más realista.

El "optimismo trágico" propone que la vida tiene sentido y que hay esperanza, al tiempo que reconoce la existencia de pérdida, dolor y sufrimiento.

El optimismo trágico es un término medio en el que las dificultades y los desafíos nos brindan un momento de aprendizaje".

Definido por primera vez por el psicólogo austriaco y sobreviviente del Holocausto Viktor Franklen 1985, el optimismo trágico sostienen que hay espacio para experimentar tanto lo bueno como lo malo, y que podemos crecer a partir de ambos.

Los expertos sugieren que este tipo de filosofía puede ser exactamente la que tenemos que poner en práctica mientras dura la pandemia, y que puede ayudarnos también después.

Encontrar sentido en medio del caos

El optimismo trágico, dice la periodista especializada en psicología y filosofía Emily Esfahani Smith, ofrece una perspectiva sobre la adversidad que ayuda a las personas a sobrellevar las crisis con más resiliencia y crecer como resultado de ellas.

"Reconoce las dificultades, el dolor y el sufrimiento de lo que está sucediendo y, al mismo tiempo, la capacidad de mantener la esperanza", explica.

Una piedra angular de la filosofía es la capacidad de encontrar sentido y propósito en medio de desafíos y contratiempos.

"El sufrimiento es parte de la vida, y la pregunta es: ¿cómo vas a afrontarlo?", dice Esfahani Smith, autora de The Power of Meaning ("El arte de cultivar una vida con sentido", 2017).

"Mucha gente niega o ignora su sufrimiento, y muchas otras personas se sienten completamente abrumadas por él", agrega la escritora.

Ser trágicamente optimistas es un término equilibrado en el que, en lugar de aplastar nuestro espíritu, las dificultades y los desafíos, nos brindan un momento de aprendizaje.

Por ejemplo, replantear el estrés de dar un discurso público como un desafío, en lugar de una amenaza.

Las realidades de la pandemia pueden hacer que encontrar el lado positivo sea una tarea muy difícil, por eso reconocer la pérdida, el dolor y la culpa de nuestras situaciones es tan beneficioso.

Al comienzo de los confinamientos en Reino Unido la primavera pasada, Jessica Mead, estudiante de doctorado en el Departamento de Psicología de la Universidad de Swansea, trató de medir los cambios en el bienestar entre los ciudadanos.

Naturalmente, los niveles de bienestar se desplomaron como resultado de la pandemia, pero Mead y sus colegas descubrieron que los participantes que mostraron un optimismo trágico enfrentaron de manera más efectiva el trauma de la pandemia.

Cómo desarrollar una personalidad resistente en tiempos de coronavirus, según la psicóloga Laura Rojas-Marcos

Los participantes calificaron hasta qué punto estaban de acuerdo con declaraciones como "he aprendido a enfrentarme y adaptarme a lo que sea que me depare la vida" y "acepto lo que no se puede cambiar en mi vida".

Se comprobó que quienes se identificaron más fuertemente con las declaraciones mostraban un optimismo trágico.

Las personas que aceptaron que la vida viene con dificultades y estaban preparadas para ellas, se enfrentaron a los confinamientos de manera más eficaz que las que no lo hicieron.

Mead también descubrió que los optimistas trágicos buscaban cosas como sus relaciones con amigos y familiares para encontrar sentido a la vida.

Ella señala que encontrar sentido en tiempos difíciles es un proceso más profundo que una solución a corto plazo, como jugar videojuegos durante unas horas para desconectarse.

"Centrarse en el sentido vital puede llevar un poco más de tiempo para desarrollar esa relación con lo que sea que le dé significado a cada uno, pero será mucho más duradero", dice.

Del estrés al crecimiento

Es posible que nuestra mentalidad no solo afecte la forma en que lidiamos con la pandemia en el día a día, sino también en cómo saldremos de ella en los meses venideros.

Algunas personas que experimentan un evento traumático tienen dificultades para sobrellevar la situación y pueden desarrollar trastorno de estrés postraumático (TEPT), una de las principales preocupaciones de muchos profesionales de la salud mental a medida que anticipamos el fin de la pandemia.

Este puede ser el caso de muchos que dependen de la positividad tóxica; alentar a las personas a ser optimistas y agradecidas cuando están pasando por momentos muy difíciles no fomenta el crecimiento al otro lado de la tragedia, dice Mead.

Y si bien la positividad puede, en las cantidades adecuadas, tener beneficios, llevada a los extremos, también puede hacer que las personas se sientan culpables, avergonzadas o en negación de sus verdaderos sentimientos.

Sin embargo, otros encuentran que el trauma les da una nueva oportunidad de vida, una perspectiva alterada conocida como crecimiento postraumático.

El optimismo trágico ayuda a facilitar esto: al aceptar y asimilar los sentimientos angustiosos que la pandemia nos ha impuesto, podemos usarlos para alimentar el desarrollo personal.

Paul Wong, psicólogo y profesor emérito de la Universidad de Trent en Ontario, Canadá, dice que el camino hacia esa transformación puede ser incómodo porque la vida no es fácil.

"Está bien estar solo", dice. "Está bien sentirse mal, está bien sentirse ansioso. Bienvenido al club de los humanos".

Pero en lugar de dejar que estos sentimientos negativos nos abrumen, o ignorarlos por completo, como es habitual en la positividad tóxica, abrazar el optimismo trágico significa hacer un esfuerzo diario por sentirse cómodo con la soledad o la ansiedad.

Podemos aprender que disfrutamos de la soledad, que valoramos mucho la comunidad o descubrir quiénes queremos ser después de la pandemia.

Entonces, aunque puede parecer tentador sonreír y aguantar, tomar la ruta un poco más incómoda de un optimista trágico puede ayudarnos a ver que hay luz al final del túnel, y ayudarnos a respirar hondo mientras la alcanzamos.

19 de septiembre 2021

BBC Worklife

https://www.bbc.com/mundo/noticias-58476841

 5 min


Ismael Pérez Vigil

Me sorprende −no sé cómo llamarlo− el nivel de ingenuidad, credulidad y en algunos casos, oportunismo político, cuando leo comentarios y mensajes acerca de la noticia de que el régimen estaría solicitando la incorporación de Alex Saab a la mesa de negociación en México. Creo que vale la pena poner todos estos temas −el preso de Cabo Verde, el prófugo de Madrid y las negociaciones de México− en perspectiva. Vayamos por partes, de lo más simple e inmediato a los más complejo y escabroso.

Primero, con este señor retenido en cárcel de lujo en Cabo Verde, mientras se decide su extradición a los EEUU, sus abogados han utilizado todo tipo de trucos y de subterfugios legales para retrasar lo que luce inevitable; pero, ¿De verdad alguien puede creer que este señor tiene la más mínima posibilidad de ser incorporado a la mesa de negociación en México? ¿Qué el tribunal de Cabo Verde, que le ha dado largas y que tiene al gobierno de los EEUU respirándole en la nuca y mirando por sobre el hombro de los magistrados, va a ordenar que monten a este señor en un avión y lo envíen a México? El primero que rechazaría semejante barbaridad es él mismo preso de Cabo Verde, que no estaría dispuesto a salir de su cómodo resort y ser capturado de manera aparatosa en cualquier aeropuerto.

Segundo, con respecto al Sr. Pollo; podemos dar por seguro que va a ocurrir, si no algo igual, algo muy parecido a lo que pasó con el preso de Cabo Verde. Van a tratar de alargar el proceso, retrasarlo, darle largas, el señor va a amenazar con “descubrir” cualquier cosa, con denunciar a medio mundo --como ya lo está haciendo-- con revelar lo que sabe, etc. El Sr. Pollo y sus abogados, emplearán todo tipo de argucias y artimañas para retrasar algo que lo afecta, sobre todo personalmente, y hemos de suponer que cuenta con los medios económicos para ello.

Tercero, si extraditan finalmente a ambos a los EEUU, ¿Que creen Uds. que va a pasar? Yo voy a disentir de muchos colegas, periodistas y analistas, pero: ¿Ustedes creen que estos señores pueden tener alguna información útil, de procesos que ya se deben haber desmantelado hace tiempo? ¿O que tienen alguna información que el gobierno norteamericano ya no conozca, de sobra y con suficientes datos y pruebas? ¿Alguien puede pensar que lo que estos señores conozcan −y revelen, si es que lo hacen− va a representar alguna diferencia frente a los casos que ya los EEUU deben tener suficientemente documentados? Más aún ¿Alguien cree que de verdad estos señores van a decir algo diferente a lo que han dicho ya todos los que están por allá −el señor aquel de la maleta con los dólares para Argentina, el tuerto de los caballos y granjas; el “petrolero” escondido en la Ciudad Eterna; la fiscal prófuga por el país vecino; y varios más que ya están exilados o en cárceles de los EEUU y que supuestamente ya cantaron? O sea, ¿Realmente alguien cree que estos señores van a aportar algo diferente o van a decir algo que de verdad ponga al régimen venezolano en “peligro”, o tan siquiera en un “aprieto” mayor que el que ya tiene y que por lo visto no le afecta mucho? Dejo como reflexión esas preguntas.

Cuarto, es evidente que el régimen venezolano tiene que demostrar que protege a los suyos; a todos los testaferros que todavía tiene por el mundo y a todos los que hacen “negocios” con ellos. No les puede enviar el mensaje de que los va a dejar desamparados ante cualquier “dificultad”; por el contrario, les tiene que decir −y demostrar con hechos− que los van a defender, hasta la última instancia que puedan. Y ese es el mensaje que está enviando con todas esas movidas que le estamos viendo y que confunden a algunos.

Quinto, si bien el mensaje es para su propia gente, para evitar desbandadas inconvenientes, hacia nosotros −viniendo de quien viene, especialista en manipulación y provocación− el mensaje es para irritarnos, para desbalancearnos, para que nos peleemos entre nosotros, dados como somos de crédulos de todo lo que ellos dicen, sobre todo de lo que puede afectar o desacreditar a la oposición democrática, al G4 o al gobierno interino, porque saben bien que esas estupideces sacan a algunos de sus casillas, los desmoralizan y a otros les dan una excusa para golpear más a la Plataforma Unitaria, para debilitar nuestra posición negociadora y estimular e inducir más la abstención, cómo si eso hiciera falta. También sirve de pretexto para que unos supuestos “radicales”, de esos que nunca van a la raíz, sino que siempre se quedan en la superficie de la difamación, aprovechen para denigrar de la oposición democrática, del G4, del gobierno interino, de los partidos y líderes que han logrado sobrevivir.

Sexto, ¿Y la negociación?, se preguntarán algunos. A medida que transcurren las semanas, desde el inicio del proceso de negociación en México y dados los precedentes conocidos, está cada vez más claro que un interés del gobierno de Nicolas Maduro siempre fue ganar “respetabilidad”, “reconocimiento” o “legitimidad” ante la comunidad internacional y, por supuesto, lograr que le quitaran algunas o todas las sanciones internacionales, aun cuando, en mi opinión, ya ha aprendido a manejarse con ellas. Sin las sanciones y algo más de recursos, no cabe duda, que el régimen pudiera continuar el populismo hacía sus seguidores a nivel popular −y que algo “percole”, al resto de la población− y puede, sobre todo, continuar con el “Festín de Baltasar”, con sus socios internacionales e internos; porque con sus “enemigos”, que somos todos los venezolanos que nos le oponemos, con la represión y el control policial y militar es más que suficiente. Una vez que ocurra algo de eso −mayor reconocimiento, levantamiento de sanciones− o que no ocurra, como pareciera que va a ser la situación, el régimen pateará la mesa y se levantará de ella sin contemplaciones, que pareciera ser el escenario que está preparando a toda velocidad, toda vez que ha entendido que no se eliminaran las sanciones y que la “legitimidad” internacional no es un objetivo tan apremiante. Para levantarse de la mesa se servirá de cualquier excusa, el preso de lujo de Cabo Verde, el prófugo de Madrid, o lo que sea.

Séptimo, y sí esto ocurre, ¿Para nosotros, entonces, qué significado tuvieron la negociación en México y el 21N?, pues para nosotros, si no se logran los objetivos planteados en la negociación y en el Memorándum de Entendimiento, esta negociación, lo que quiera que dure, habrá servido para ganar tiempo −que somos quienes realmente lo necesitamos−, para unificar y solidificar más nuestras estrategias, para calibrar mejor nuestros partidos y líderes, para mantener el apoyo internacional, y −junto con la participación electoral del 21N− para ganar en organización y disminuir el caos interno que nos carcome. Si esto es así, todo lo ocurrido habrá sido ganancia, siempre y cuando se cumpla una condición fundamental: que no nos montemos falsas expectativas, que siempre es el error que cometemos.

Cada vez es más claro que el fin de este régimen de oprobio depende de la fuerza de tenaza, de la presión interna e internacional, que logre romper el caparazón de la logia en el poder, de ese bloque hegemónico sostenido por la fuerza militar, que es lo único −y no es poca cosa− que mantiene al régimen. Para ello nos toca fortalecer la presión interna, tarea con la que estamos en deuda. Resistir y sobrevivir es importante, pero no es suficiente.

Por lo pronto, de verdad me sorprende el nivel de ingenuidad de algunos análisis viniendo de personas −periodistas algunos− que uno pudiera suponer que están algo mejor informados. Seamos serios, la gravedad de lo que vivimos en el país lo amerita.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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