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Opinión

Albert Sanchis

La pandemia ha acentuado la divergencia económica de las empresas en el mundo. Podríamos decir que las más grandes, esas supermegacompañías de la talla de Google, Amazon o la china Tencent tienen sus arcas a rebosar de billetes, mientras que los competidores más pequeños nunca han estado en una situación más precaria. Esta concentración del poder en un pequeño número de grandes empresas no es nueva en sí misma, lleva creciendo significativamente en los últimos años.

¿Por qué ha sucedido todo esto? Las nuevas tecnologías, la disminución del poder de negociación de los trabajadores y el fracaso de las autoridades antimonopolio son algunas de las causas. Y lo cierto es que una tendencia visible es que cada vez son más tecnológicas y chinas.

Más tamaño. La explicación del fenómeno es que durante la crisis económica extendida por la pandemia del coronavirus, muchas grandes empresas, y especialmente sus valores en el mercado de valores, han estado creciendo rápidamente mientras que sus competidores de pequeñas empresas se han enfrentado a un apocalipsis. Las 50 principales empresas del mundo reunieron $4.5 billones de capitalización bursátil en 2020, un valor combinado que representa el 28% del producto interno bruto mundial. Hace tres décadas, la cifra equivalente era inferior al 5%, según datos recogidos por Bloomberg en este artículo.

Más tecnología. El sector tecnológico domina la parte superior de la lista de empresas con más valor, y las de combustibles fósiles, con la excepción del buque insignia de Arabia Saudita, Aramco, han caído. Las empresas de tecnología representan 21 de los 50 primeros puestos. Pero eso trae consigo consecuencias. El extraordinario crecimiento de este sector en particular está impulsando la acción de los gobiernos ante la preocupación de su creciente influencia en todas las áreas, incluida la libertad de expresión y la gran cantidad de datos personales que acumulan de sus usuarios.

Políticos y reguladores en todo el mundo ya las miran de reojo. En China, los reguladores impusieron multas récord a sus afiliadas, incluida Alibaba Group Holding, y extendieron la represión a otros gigantes tecnológicos como Tencent Holdings. Europa ha estado trabajando en formas de gravar a empresas como Amazon y Alphabet según el lugar donde operan, en lugar de su ubicación.

Más China. La tendencia también apunta a un repunte de megacompañías chinas. Su participación en el top 50 ha aumentado, a expensas de Europa. Si nos fijamos en la última lista Fortune Global 500, China es el país más representado, superando a EEUU (124 a 121), y estando muy por delante del tercer lugar, Japón. Si volvemos la vista atrás, a principios de la década de 1990, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya comenzaba a emitir estimaciones del PIB calculadas por la paridad del poder adquisitivo que mostraban que la economía de China se acercaba al tamaño de Japón y Estados Unidos.

Durante las últimas dos décadas, el número de empresas chinas se ha multiplicado por doce, mientras que la proporción de empresas estadounidenses ha caído un tercio, del 36% al 25%. ¿Por qué? Básicamente porque muchas de ellas son de propiedad estatal. Las empresas más grandes de China en la mayoría de las industrias son empresas estatales, y 91 de los 124 miembros chinos de la última lista Fortune Global 500 también.

Más rentabilidad. El dominio y la acaparación trae consigo problemas para los más débiles: los trabajadores. Muchos economistas han atribuido el lento crecimiento de los salarios durante las décadas previas a la pandemia a la disminución de la competencia. Algunas empresas de tecnología tienen modelos comerciales que les permiten escalar sin agregar mucho personal. Otros, Amazon y Alibaba entre ellos, emplean a un gran número de trabajadores, pero a menudo en trabajos poco calificados y mal pagados. Lo hemos contado en Magnet.

Más impuestos. Las ventajas de las que disfrutan estas superestrellas son evidentes, lo cual es una de las razones por las que los gobiernos se coman la cabeza pensando en cómo domarlas. En Estados Unidos, la administración de Joe Biden busca aumentar los impuestos corporativos como parte de un esfuerzo más amplio para detener el largo camino hacia la desigualdad. ¿Cómo? Presionando por un acuerdo fiscal global que dificulte que las empresas más grandes reduzcan sus facturas al trasladar las ganancias a jurisdicciones de impuestos bajos.

Ese impulso ha atraído la resistencia de naciones como Irlanda, cuya baja tasa impositiva corporativa ha alentado a multinacionales como Apple Inc. y el propietario de Google, Alphabet Inc., a establecer sedes regionales allí.

Más Brecha. Y con todo esto llegamos a uno de los puntos más importantes: una gran brecha entre lo grande y lo pequeño. La diferencia en el rendimiento medio entre estos dos tipos de empresas eran del 15% en la década de los 90, pero recientemente se ha duplicado al 30-35%. Es decir, los gigantes se están volviendo más rentables, mientras que las pequeñas se vuelven precarias. Podríamos pensar: “Es algo normal: Amazon, Netflix y Microsoft fueron una vez pequeñas empresas también, pero alcanzaron el estrellato. Muchas de las empresas actualmente pequeñas seguramente se comportarán de manera similar”. Pues no.

El problema radica en que a las pequeñas empresas les resulta más difícil "escapar" de su clase. Mientras que, hasta el año 2000, entre el 15% y el 20% de las pequeñas empresas se convirtieron en empresas medianas o incluso grandes cada año, este porcentaje se redujo a la mitad en 2017. El proceso de crecimiento para capturar posiciones parece cada vez más difícil. Y, al mismo tiempo, parece menos probable que las grandes empresas cedan sus condiciones dominantes.

@asanchisull

21 de mayo 2021

https://magnet.xataka.com/en-diez-minutos/50-empresas-representan-28-eco...

 4 min


Ignacio Avalos Gutiérrez

En la jornada de trabajo dedicada al Sistema Nacional de Ingreso Universitario “Bicentenario 2021″, en medio de su habitual desmesura épica Nicolás Maduro hizo un llamado, “ …al movimiento estudiantil revolucionario para consolidar la orientación de las nuevas carreras y el nuevo contenido de la educación universitaria, conectadas con el desarrollo venezolano y mundial …”, e hizo énfasis en que “…hay que ponerse en la vanguardia del mundo en educación universitaria”, esto último expresado sin siquiera parpadear. De paso, a propósito de las denominadas nuevas carreras, recuérdese que las mismas fueron anunciadas hace unos meses, excluyendo a las ciencias sociales y humanas, quien sabe si es porque se consideran inútiles o se perciben peligrosas.

Estas declaraciones referidas a la educación universitaria pública, más bien “oficial”, hay sumarlas al conjunto de medidas que durante años se han tomado en contra de las universidades autónomas, dando como resultado instituciones que hoy en día funcionan a un cuarto de máquina, siendo optimistas. Nada distinto, desde luego, a lo que viene sucediendo en todos los niveles de nuestro sistema educativo, cuya última novedad es que las escuelas deber “convertirse en centros de formación ideológica”, dejándonos en la duda acerca de si es en función del Socialismo Siglo XXI o del Capitalismo de Bodegones.

¿Habrá necesidad de decir, entonces, que el enfoque desde el que se trata de perfilar la educación venezolana apunta hacia un horizonte por donde es obvio que no sale el sol y que el mismo resulta obviamente inadecuado en estos tiempos rotulados por cambios tecnológicos globales, acelerados y profundos, que influyen en todos los espacios sociales, planteando un abanico complicado de preguntas que interpelan a todas las disciplinas científicas?

Tomar otra ruta

El contexto anterior obliga a repensar las universidades públicas autónomas, según otros propósitos y otra institucionalidad. Al respecto, los que han reflexionado sobre el tema tocan diversos aspectos, entre los que cabe mencionar la necesidad de revisar la autonomía universitaria haciéndola girar en torno a la defensa de la libertad académica y, por supuesto, a su participación social, manteniendo su independencia y su espíritu crítico.

Se refieren, igualmente, a la necesidad de examinar su papel dentro del nuevo ecosistema universitario, conformado asimismo por universidades privadas, empresariales y corporativas, colegios universitarios, universidades tecnológicas, institutos tecnológicos, universidades especializadas, etcétera, y de establecer mecanismos dirigidos a la integración en redes académicas de cooperación, tanto a nivel nacional como internacional, conciliando la mirada global con la local.

Por otro lado, se resalta la importancia de modificar los procesos de transmisión del conocimiento, trasladando el énfasis de la enseñanza hacia el aprendizaje y subrayando el rol del estudiante, además de reemplazar los currículos rígidos por programas elásticos capaces de abarcar los intereses de los alumnos.

Diversos autores plantean, además, el objetivo de fortalecer la educación virtual, regulándola y armonizándola con la educación presencial y la tarea de revisar la estructura académica universitaria haciéndola más dúctil, reemplazando la tradicional división de las facultades, escuelas y departamentos, por esquemas organizativos que abran paso al abordaje de temas y problemas desde la perspectiva interdisciplinaria. Hablan de encarar, así mismo, el tema de la ciencia abierta, la consideración del conocimiento como bien público y, en general el de la propiedad intelectual, cuestión que se encuentra desde hace un buen tiempo en la mesa de debate y cuya relevancia ha crecido en virtud de la globalización de la pandemia, suscitada por el coronavirus. Y por citar un último punto, proponen mirar con atención la diversificación de las fuentes de financiamiento, evaluando sobre todo la influencia que pueden tener en perjuicio de la autonomía académica.

Las líneas precedentes son apenas el esbozo de un asunto ineludible, pero creo que asoman razones de peso para mostrar la importancia de iniciar, con premura, la tarea de resignificar la concepción y funcionamiento de la universidad, aunque el ambiente nacional no sea el más propicio para llevarla a cabo.

Refrescar el liderazgo

Nuestras universidades públicas se han dejado tomar por la inercia, lo digo con profundo sentido auto crítico, pues soy parte de su comunidad de profesores. Lucen demasiado apacibles frente a los obstáculos que les pone el gobierno. Con importantes excepciones encarnadas en algunos grupos, instancias y personas que siembran la esperanza, parecieran encontrarse en modo “a ver qué pasa”.

Como es sabido sus autoridades no han sido renovadas en ninguno de sus niveles, a pesar de que hace rato se les venció el período contemplado en las normas. Cierto que el gobierno se ha sacado de la manga cualquier pretexto para impedir las elecciones, pero también lo es que no se ha hecho valer la autonomía para realizarlas a fin de refrescar su liderazgo y, a partir de allí, crear las condiciones requeridas para reconstruir la universidad, pero sobre todo para irla imaginando de acuerdo a las señales que, incluyendo sus interrogantes, va destapando el siglo XXI.

Ciertamente nos encontramos frente a un camino largo y empedrado, pero que debemos transitar porque es necesario y, sobre todo, porque se trata de una responsabilidad con las nuevas generaciones

El Nacional, miércoles 26 de mayo de 2021

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Eddie A. Ramírez S.

Colaboradores son quienes se reúnen, física o virtualmente, para realizar un trabajo. Para que la obra culmine exitosamente tiene que existir tolerancia entre los colaboradores. Cada uno debe aportar para que la suma de los talentos sea superior al de las partes. Es un hábito positivo que debe ser incentivado en nuestro sistema educativo. Por el contrario, un colaboracionista es un individuo que busca un beneficio personal y por esto colabora con los invasores de un país o con un gobierno títere impuesto por el enemigo.

Colaboracionistas en la historia: En la historia de la humanidad abundan los casos individuales y de poblaciones enteras que han colaborado con invasores, sea por interés personal o por afinidad ideológica. En la antigüedad, cabe recordar al tristemente célebre Efialtes, quien se vendió al persa Jerjes I facilitándole evadir el paso de las Termópilas. Durante la segunda guerra mundial abundaron los colaboracionistas con el régimen nazi: Quisling en Noruega, León Degrelle en Bélgica, Petain, Laval y Papon en Francia, entre otros, todos ellos traidores a sus pueblos. El uso de la palabra colaboracionista se atribuye a Petain, quien desde Vichy declaró que había que colaborar con los nazis. Después de la guerra, Quisling y Laval fueron fusilados. Petain y Papon estuvieron presos y Degrelle logró la protección en España del dictador Francisco Franco.

Colaboracionistas en Venezuela: En Venezuela, alguien desenterró esta palabra y algunos se la endosan a quienes se dicen de oposición, pero que se sospecha, con razón o sin ella, que directa o indirectamente apoyan a Maduro. Acusar sin pruebas se ha convertido en el deporte principal en nuestras redes sociales. Se ha abusado de ese epíteto. Sin duda que hay colaboracionistas, pero a veces se comete la injusticia de aplicarlo indiscriminadamente. Algunos acusadores lo hacen por percibir que determinada persona apoya al régimen por debajo de cuerda y pretende cohabitar con el mismo. Otros lo hacen para desprestigiar a alguien y no falta quienes se creen dueños de la verdad y consideran que cualquiera que piense diferente le hace el juego al régimen. Cuando las acusaciones tienen base, contribuyen a delimitar los campos, lo cual es deseable. Cuando carecen de la misma solo causan confusión en los ciudadanos y eso beneficia al régimen.

¿Quiénes son los colaboracionistas? No por negociar o por llamar a votar en las regionales se puede tildar a alguien de colaboracionista. Sí lo son quienes se dicen de oposición y predican que Maduro es el presidente constitucional y que su mandato finaliza en el año 2024. Son colaboracionistas los que reconocen la Asamblea Nacional usurpadora electa en diciembre del 2020. Son colaboracionistas los que promovieron que el TSJ removiera las directivas de Acción Democrática, Primero Justicia, Voluntad Popular, Copei y Bandera Roja. Son colaboracionistas los ciudadanos Bernabé Gutiérrez, José Brito, Luis Parra, Gregorio Noriega, Miguel Salazar, Pedro Veliz, Jesús Gabriel Peña, Adolfo Superlano y Negal Morales, entre otros. También Enrique Ochoa Antich, quien defiende constantemente al usurpador Maduro. Ricardo Sánchez, Claudio Fermín y Timoteo brincaron la talanquera. Felipe Mujica y Henry Falcón tienden hacia el régimen. Así mismo son colaboracionistas los funcionarios, civiles y militares, que han permitido que cubanos castristas, iraníes y guerrilleros colombianos se hayan apoderado de nuestro país.

¿Quiénes no son colaboracionistas? Enrique Capriles y Eduardo Fernández no son colaboracionistas, aunque no son colaboradores en el trabajo de sacar al usurpador. No coincidimos con la posición de ellos, pero es injusto descalificarlos porque predican que hay que votar en las regionales y por no formar equipo con la mayoría opositora. Tampoco lo son Enrique Márquez y Roberto Picón, por haber aceptado ser rectores del CNE, aunque han debido esperar para ver si es posible una negociación integral. Mucho menos son colaboracionistas María Corina y Antonio Ledezma, aunque no son colaboradores, ya que están en constante desacuerdo con la mayoría opositora. Son luchadores valientes que quieren, con razón o sin ella, diferenciarse del resto.

El colaboraciómetro: No existe un colaboraciómetro para medir si alguien es colaboracionista o no. Tampoco para medir en una escala el grado de colaboracionismo. No hay medias tintas. O se es colaboracionista o no se es. También hay que considerar que cuando cesen las pasiones quizá nos daremos cuenta de que las percepciones de hoy no serán las mismas del mañana. Con toda seguridad no están en la lista de colaboracionistas todos los que son, aunque pareciera que sí son todos los que están. Al respecto cabe traer a colación el caso de la Malinche, la indígena mexicana que se casó con Hernán Cortés. Hasta hace poco era unánimemente condenada por colaboracionista, pero hoy se tiende a matizar su actuación. Por otra parte, después de la guerra, Papon fue considerado un patriota, hasta que se demostró que fue un colaboracionista responsable del envió de cientos de franceses judíos a campos de concentración y a la muerte. Por cierto, Efialtes todavía espera el pago.

Como (había) en botica:

Carlos Jordá, presidente de CITGO, presentó el Informe del primer trimestre de este año. En cambio, la Pdvsa roja no presenta sus resultados desde hace cuatro años.

Se cumplen dieciocho años del Acuerdo entre el gobierno y la oposición, con la OEA y el PNUD como facilitadores y testigos, en el que el gobierno se comprometió, entre otros puntos, a respetar la Constitución y nombrar un CNE independiente. Seguimos esperando.

El incapaz Padrino López demoró 20 días en enterarse de que la guerrilla colombiana tenía secuestrados a ocho militares venezolanos, y permanece mudo ante el ajusticiamiento, real o ficticio, del líder guerrillero colombiano Santrich, supuestamente ocurrido el 17 de mayo.

Felicitaciones al joven arquitecto Alejandro Vegas por su exposición en Madrid titulada Barricadas.

Lamentamos los fallecimientos de Nanci Guardia, Arlenis Arrieta de Rojas, Celestino Prada, Eduardo Cano y Tomás Pérez, compañeros de la Pdvsa Meritocrática.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

25-05-21.

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Jesús Elorza G.

En la jornada dominical de fútbol el tema central de conversación entre los jugadores, árbitros, entrenadores y público en general estaba relacionado con la “Copa América 2021”.

- No logro entender, dijo un jugador, como a menos de un mes para el inicio del torneo Colombia fue descartada como subsede del evento continental.

- Tiene razón el muchacho, señaló un árbitro, la inauguración esta prevista para el 13 de junio. Además, el gobierno colombiano había solicitado diferir para noviembre la realización del evento, alegando razones sanitarias debido a la pandemia de Coronavirus. Pero, la Conmebol negó esa solicitud, alegando razones relacionadas al calendario internacional de competiciones y a la logística del torneo. “Resulta imposible trasladar la Copa América 2021 al mes de noviembre”, indicó en un comunicado.

- Uno de los padres, al oír esos argumentos, intervino para decir que los dirigentes de la Conmebol son unos caraduras. Tiene un doble discurso. Recordemos que el año pasado 2020, con una situación sanitaria menos comprometida que la actual, aceptó diferir el torneo para el próximo año. Mi impresión, es que la negativa obedece a la situación político social que actualmente se vive Colombia con manifestaciones y represión policial y no quieren arriesgar los “negocios” qué derivan del evento.

- Pienso que Argentina como subsede, debería asumir la organización y desarrollo de la copa, expuso uno de los entrenadores, y así no habría que posponer el calendario.

Pero, no habían terminado de escuchar al entrenador, cuando las redes sociales informaban que el gobierno argentino decretó un duro confinamiento en principio por nueve días para hacer frente a la segunda ola de coronavirus, lo cual obligó a suspender los torneos de fútbol de todas las categorías.

- Un médico que asistía a un equipo, intervino para explicar que los hechos que giran alrededor de esta problemática ponen en evidencia los riesgos de organizar un certamen de esta magnitud en momentos en que Sudamérica se ha convertido en uno de los epicentros de la pandemia, que además de consecuencias sanitarias profundizó las tensiones sociales que la atraviesan por el retardo en la llegada de las vacunas y el impacto negativo de las cuarentenas radicales en la economía.

- No nos ahoguemos en un vaso de agua, dijo un dirigente deportivo, pensemos en Chile. Tiene a su favor una situación sanitaria menos dramática que sus vecinos por una tasa de vacunación que está entre las más alta en el mundo (62% de su población de 19 millones ya tiene la primera dosis) y el gobierno chileno ve con buenos ojos albergar el evento.

- El árbitro interviene nuevamente y, señala que esa propuesta está fuera de lugar y no puede ser aplicada puesto que Chile forma parte del grupo “A”, conjuntamente con Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia y en consecuencia para integrarse al grupo “B” de Colombia habría que hacer un nuevo sorteo y calendario, y no hay tiempo de aquí al 13 de junio.

- En base a ese razonable y técnico argumento, Uruguay y Paraguay, este último sede de la Conmebol, también quedarían descartados.

- No dejen por fuera a los “pescadores en ríos revueltos” dijo uno de los entrenadores.

- Explícanos eso, fue la solicitud unánime del grupo.

- A eso iba, cuando me interrumpieron. Acaso se les olvidó, que días atrás, concretamente el 14 de mayo, el señor Laureano González declaró, según lo señala Hernán Rodríguez (locutor deportivo) “Venezuela se ofreció a organizar la Copa América, si las protestas sociales en Colombia complicaban su realización, en adición a la crisis del coronavirus.

Pero posteriormente, el señor González desmintió esa información señalando que “Los imprevistos, pues siempre son imprevistos, pero hoy Venezuela no es candidata a sustituir a nadie”, indicó al programa radial. “Venezuela está, como el resto de los países de Conmebol, respaldando a Colombia (…). No podemos especular. Nosotros lo que tenemos ahora es solidaridad con la Federación Colombiana de Fútbol”.

- A ese señor no le quedaba más camino que desmentir su inicial sugerencia. Puesto que de llegar a asignarse la sede de la Copa América a Venezuela, de inmediato se iban a revivir los escándalos de la Copa 2007 en la cual, producto de los evidentes actos de corrupción que allí se dieron, varios directivos de la Conmebol fueron detenidos por el FBI y enjuiciados en los tribunales de los Estados Unidos y para ese momento el señor González era Secretario General de la Federación Venezolana de Futbol.

También se dice, según el periodista Esteban Rojas, de Conexión Goleadora “que fuentes federativas apuntan al Instituto Nacional de Deportes (IND) como impulsora de la propuesta venezolana para la Copa América”.

- En ese peloteo FVF-IND se pone de manifiesto la pelea por el control de la federación en las próximas elecciones. El Ministerio del Deporte juntamente con el IND, buscan alcanzar la presidencia del organismo rector del fútbol y en el otro lado, el señor González busca perpetuarse en el poder apoyado por el Comité Olímpico Venezolano. Ambos, como buenos pescadores en ríos revueltos, buscan los beneficios que pudieran traerles el montaje de la Copa América 2021.

Finalmente, dijo un dirigente deportivo, la Conmebol anunció que en “los próximos días” tomará una decisión sobre la relocalización de los partidos que debían disputarse en Colombia. Pero el tiempo apremia y la pandemia no da tregua.

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Humberto García Larralde

La propuesta de negociación de un Acuerdo de Salvación Nacional con el régimen de Maduro, lanzada por Juan Guaidó la semana pasada, parece haber vivificado la política de la oposición democrática. Por lo menos eso es lo que se desprende de la controversia que ha suscitado. Se propone lograr:

– La convocatoria pública de elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales y municipales, con condiciones electorales adecuadas y reconocimiento internacional.

– La entrada masiva de ayuda humanitaria y de vacunas contra el COVID-19.

– Garantías democráticas para todos los actores políticos, tanto del chavismo, como de la oposición, lo que incluiría la liberación de todos los presos políticos y la consideración de medidas de justicia transicional, en un marco de reconciliación política y de reinstitucionalización del país.

– Un compromiso internacional para la recuperación de Venezuela, que permita el levantamiento progresivo de sanciones, sujeto al cumplimiento del Acuerdo.

Esta propuesta, como insistió Guaidó al anunciarla, sólo será posible a través de un proceso simultáneo de presión y negociación, nacional e internacional.

Para voces radicales de oposición se trata de una ilusión, cuando no de una traición, ya que obvia la naturaleza del régimen: éste no llegará a acuerdo alguno que pudiera contribuir a su salida. Por tanto, se estarían sembrando falsas expectativas a la población y a la comunidad internacional, que siempre ha apostado por una salida negociada, haciéndole el juego a Maduro para que alargue su permanencia en el poder. En tales términos, las opciones se reducen a una intervención extranjera o un golpe militar.

Pero despachar el análisis con descalificativos fáciles, además de injusto, es contraproducente, ya que impide evaluar seriamente los alcances de lo que se propone. No puede sostenerse, a estas alturas, que Guaidó y quienes lo acompañen desconozcan la naturaleza fascista del régimen.

El proceso de desengaño de los venezolanos sobre sus verdaderas intenciones ha sido demasiado duro, prolongado, amargo y costoso en lo humano. Lo que mueve a Maduro y los suyos no tiene nada que ver con el bienestar de sus compatriotas y, no obstante su retórica “revolucionaria”, no los anima proyecto alguno, sea socialista o nacionalista, que permitiría arribar a soluciones consensuadas con la democracia. Su objetivo central es, por encima de todo, perpetuarse en el poder para continuar expoliando el país.

De ahí que no rectifican sus ruinosas políticas ni les preocupa restablecer el ordenamiento constitucional porque, junto a la instauración de un régimen de terror contra la oposición, son consustanciales con este fin. La consecuente miseria, hambre y muertes evitables, les rueda. Si levantaron algunos controles de precio, permitieron la dolarización transaccional y aprobaron una “ley antibloqueo” para vender activos públicos, fue porque no les quedaba de otra. Acusar a Guaidó de desconocer la naturaleza del régimen solo busca descalificar todo intento de negociación y a él como líder.

Pero, entonces, ¿a cuenta de qué una negociación con estos personeros puede tener futuro? La razón está en que el régimen tiene tanto o más interés que la oposición en explorar salidas, porque su prolongada actividad parasitaria ha minado sus propias bases de sustento.

El régimen de expoliación instaurado es cada vez menos viable y expuesto a pugnas internas de todo tipo, en competencia por lo que queda de botín. Y, un poder que descansa sobre alianzas forjadas con militares traidores, bandas criminales y estados-paria para depredar a la nación, corre peligro cuando merman tan drásticamente los recursos a compartir.

Adicionalmente, Maduro y sus cómplices están imputados por fiscales de Nueva York y Florida de narcotráfico, lavado de dinero y terrorismo y tienen encima una investigación de la Corte Penal Internacional (CPI), además de la condena de los organismos de defensa de los derechos humanos de la ONU y la OEA, como de reconocidas ONGs. A muchos se les han congelado las cuentas que poseen afuera de dineros mal habidos. Más allá, Alex Saab habrá de ser extraditado a EE.UU. y se anticipa que, para disminuir su condena, divulgue los intríngulis de sus ilícitos con Maduro.

De ahí el interés en negociar, con la esperanza de que, al tomar una que otra medida en la dirección esperada y ceder en algún requerimiento, les sean levantadas las sanciones y consigan el ansiado respiro para seguir con sus “negocios”.

En este orden encaja la anuencia de Maduro, ¡al fin!, de permitir, la entrada de ayuda humanitaria del Programa Mundial de Alimentos, así como de vacunas anti Covid (a pesar de su saboteo inicial, ¡porque Guaidó había contribuido en concertar el programa COVAX para el país!); el nombramiento, por parte de la AN chavista, de dos demócratas como rectores principales del CNE; la concesión de arresto domiciliario, en lugar de cárcel, a los directivos de CITGO; la confesión, por parte de la fiscalía, de que el concejal Fernando Albán fue asesinado y torturado, estando preso en el SEBIN, que el capitán Arévalo también sufrió torturas (que produjeron luego su muerte), y que la muerte del estudiante Pernalete fue homicidio, perpetrado por un Guardia Nacional.

¿Esto nos lleva a creer que, por fin, Maduro está retornando al redil constitucional y que reconoce que ha vulnerado derechos fundamentales de los venezolanos? ¡En absoluto! Pero se ve forzado a abrirse a un proceso de negociación. De ahí los gestos referidos.

Pero no todos los de su bando están contentos con ello. El ansiado alivio presupone sacrificar o marginar a algunos. La apropiación de las instalaciones de El Nacional por parte del asaltante de caminos que ha revelado ser Diosdado Cabello, tendría explicación desde esta perspectiva. A él no lo ningunea nadie y toma medidas para demostrarlo.

Medidas retrógradas contra las ONGs y la amenaza de avanzar hacia formas de “estado comunal”, pudieran ser expresiones en el mismo sentido. En ese tinglado de mafias que viven del régimen de expoliación implantado –y que constituyen su principal apoyo—se agudizan las contradicciones. La muerte y captura de soldados en Apure, por parte de una disidencia de las FARC, son la medida de los riesgos involucrados en pactar este tipo de apoyos. Habrán de presentarse nuevas manifestaciones de ello.

Más indicativo, aún, de la desesperación que parece embargar el régimen por aliviar su situación es la revelación de su oferta por vender PDVSA “por piezas”, sin pasar por licitaciones públicas ni regulaciones legislativas, y que les proveería un monto que sumaría 77 millardos de dólares[1]. Pero tal oferta tendrá muy poca viabilidad si el régimen no logra negociar el levantamiento de sanciones.

De ahí la potencialidad de la propuesta de Guaidó. Vincula necesariamente una negociación de esta naturaleza con un programa de compromisos a cumplir, que desembocarían en unas elecciones presidenciales y legislativas creíbles y aceptables.

Por supuesto, lo clave está en jugar cuadro cerrado con los países democráticos que apoyan el retorno de la democracia en Venezuela y de quienes depende el levantamiento de estas sanciones.

Obviamente, Maduro y los suyos no darán su brazo a torcer, por lo que la amenaza de reforzar las sanciones y de interferir los apoyos de Rusia, Cuba, Irán y China, podrá ser decisiva. La negativa de las mafias a ceder debe traducirse en un costo inadmisible para sí.

En el plano interno, presupone limar las diferencias entre sectores de la oposición democrática y forjar los consensos y la unidad de propósitos que permitan alimentar la confianza de la comunidad internacional en su seriedad y responsabilidad. Si el acuerdo de salvación nacional es respaldado por todos y cuenta con un sólido apoyo internacional, habrá de debilitar aún más a los fascistas.

Desde esta perspectiva, la discusión, ahora divisiva, sobre si participar o no en los comicios regionales y municipales convocados pasa, por los momentos, a un segundo plano. Se subordina a la conquista de condiciones apropiadas para la realización de elecciones, esbozada como primer punto del acuerdo propuesto.

¿Es realmente positiva la designación de Enrique Márquez y Roberto Picón al CNE? Tendrá que ponerse a prueba en los próximos meses.

[1] https://www.abc.es/internacional/abci-maduro-pone-venta-pdvsa-para-recup...

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Laureano Márquez

Ningún periódico como El Nacional ha calado tanto, con perdón de la cacofonía, en el alma nacional de Venezuela. Desde su fundación en 1943 por Henrique Otero Vizcarrondo, este diario se convirtió en emblema del periodismo libre, no solo por su prestigio en el quehacer noticioso e informativo, sino también por ser referencia cultural del periodismo venezolano bajo la conducción de una figura destacada de nuestras letras: Miguel Otero Silva. En las páginas de El Nacional encontraron espacio los mejores representantes del pensamiento y la literatura, tanto de Venezuela como del resto del mundo, y, muy especialmente, los intelectuales latinoamericanos, tantas veces perseguidos e impedidos de publicar en sus respectivos países a causa de las atroces dictaduras que en ellos se padecían. El Nacional era insignia del pensamiento progresista en aquellos lejanos tiempos en los cuales en este latía un auténtico espíritu renovador.

Para quien esto escribe, El Nacional ha formado parte de su vida de la temprana juventud. Crecí en Maracay, hijo de agricultores canarios inmigrantes, dedicados al mayoreo de víveres y frutas importadas. En mi casa, pues, la cultura no formaba parte de nuestra cotidianidad. Ello incluía la ausencia de la prensa diaria. En La calle Páez de Maracay, entre López Aveledo y 5 de Julio, donde transcurrió mi infancia y adolescencia, estábamos rodeados de establecimientos comerciales. Uno de ellos era la Mueblería La Rosa. Por circunstancias de la vida y ante la muerte de su padre, se vio obligado a estar al frente de ella Luis Blanco, entonces recién graduado en Sociología en la UCV. Siempre que pasaba por frente a su mueblería haciendo con mi carretilla los repartos del negocio de mi padre, Luis me detenía e iniciaba conversaciones de naturaleza cultural e intelectual, de temas que yo desconocía. Me preguntaba si había leído a tal o cual articulista, si había oído hablar de un tal Marxienyel. Me regaló un diccionario de filosofía que aún hoy me acompaña. En fin, con sus pláticas Luis iba haciéndome tomar consciencia de la dimensión de mi ignorancia. Creo que él necesitaba con urgencia un interlocutor y quizá vio en mí inquietudes y condiciones –que seguramente yo mismo no alcanzaba a ver– para serlo (es demasiado estimulante cuando alguien es capaz de ver en ti la potencia aristotélica que tú no has visto, que de eso se trata ser un buen maestro). Recuerdo que una vez me dijo muy serio:

–Chico, tú tienes que comprar y leer El Nacional todos los días. Si, sí, claro, es fundamental.

Me explicó la importancia de la lectura del periódico para mi vida intelectual y especialmente lo que significaba El Nacional. Fue entonces cuando comencé a comprarlo en el kiosco de periódicos ubicado frente a la bomba del cruce de la Páez con la Sucre. Especialmente los domingos. En mi casa la lectura del periódico era considerada como un acto de holgazanería de quien no tenia nada mejor que hacer. Entonces lo leía clandestinamente, escondido de la mirada escrutadora de mi papá que cuando me veía leyendo me decía:

–¡Ah! ¿no estás haciendo nada?, ya te voy a buscar trabajo.

Es curioso, porque una de las viejas fotos que de él guardo es justamente leyendo El Nacional. Bueno, para hacerles el “cuento colto”, como dicen los cubanos. Pasaron los años, siempre leyendo este maravilloso diario que, además, los domingos traía un extraordinario Papel Literario; una vez al año, ediciones aniversarias gigantescas; artículos de la gente que había que leer, para luego comentar al día siguiente al inicio de cada mañana que comenzaba con un «¿leíste el artículo de…?». Especialmente en nuestros tiempos universitarios, siempre atentos a las opiniones de la gente que alimentaba la nuestra.

Un día Claudio Nazoa y yo, recién comenzada nuestra indestructible amistad, fuimos a la vieja sede de El Nacional de Puente Nuevo a Puerto Escondido, porque nosotros queríamos escribir allí. Hablamos con Argenis Martínez, recuerdo. Él amable, receptivo, nos dijo que comenzáramos escribiendo cartas. Y así fue, luego comenzamos a escribir artículos de vez en cuando, luego vino la página de humor y el inolvidable Pablo Brassesco, el premio al mejor artículo de humor en 1983 y finalmente, la consagración de la primavera: junto al amado maestro Pedro León Zapata, Mara, Claudio y quien suscribe, alcanzamos la gloria de Bernini humorística: la publicación de una página en El Nacional, que llevaba por título «El librepensador». Y lo dejo ya hasta aquí porque me están entrando muchas ganas de llorar.

Solo decir que el atraco y secuestro –tan propio de los tiempos delictivos que se viven– de que ha sido víctima la sede de El Nacional, no puede dejarnos indiferentes. Forma parte de ese anhelo, tan propio del poder arbitrario a lo largo de nuestra historia, de silenciar la opinión disidente, el pensamiento libre, el espíritu crítico y en definitiva, la libertad. Esos principios que a veces suenan como ideas remotas y cuya importancia se valora de manera particular cuando han sido conculcados, como es el caso de la Venezuela de hoy.

Porque este oficio se lo debo a El Nacional, pero sobre todo porque soy venezolano, elevo, de la manera más contundente, mi protesta por esta nueva agresión a la libertad de la que hoy somos víctima todos los ciudadanos de Venezuela, incluidos los que odian a El Nacional, aunque ellos mismos, en su ignorancia, no alcancen a comprenderlo.

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Américo Martín

Es cada vez menos inocultable la incidencia de las drogas, trátese de carteles en México o de los bloques en Colombia, fenómeno expandido en este último país, en los dominios de la política y las armas, posiblemente más que en cualquier otro. Siendo la guerra, según Clausewitz, la continuación de la política por otros medios, se entiende perfectamente que la atormentada nación colombiana haya sido rociada de fuego y drogas durante tanto tiempo. ¡Demasiado temple el de nuestros hermanos vecinos para mantenerse en pie desde el asesinato de Gaitán en 1948!, que es cuando pueden datarse correctamente los años de la violencia. 73 años casi ininterrumpidos de sangre, destrucción y lava ardiente.

Esa inmerecida desolación ha sido hija de políticas infames y lo peor es que no se vislumbren próximas las salidas negociadas entre los factores involucrados y, por el contrario, los desenlaces trágicos tengan una aguda propensión a proyectarse hacia Venezuela, a través de la frágil línea fronteriza horadada por quienes quieran hacerlo.

La muerte del líder de las FARC Jesús Santrich, quien es percibido por gran parte de la opinión internacional como estrecho aliado de Nicolás Maduro, es un síntoma del muy mal estado de las relaciones entre nuestros países, que desde la Emancipación habían sabido guardar fraternales lazos.

Si se confirmara la apreciación internacional que relaciona a dos jefes faristas de la envergadura de Santrich e Iván Márquez con autoridades venezolanas, no puede menos que considerarse de extrema gravedad.

El paramilitarismo ha ido ocupando grandes extensiones de Colombia y una cuota muy elevada de la droga que financia actividades militares y acuerdos políticos de toda laya.

Afortunadamente, centros de investigación universitarios, agencias de organismos internacionales y la Corporación Nuevo Arco Iris no han descuidado el seguimiento y cuidadoso estudio del crecimiento de la para-política, con el objeto de llevarle el pulso tanto a la expansión militar como a los acuerdos políticos forjados.

Estos cuidadosos esfuerzos intelectuales no solo nos han dado una muestra de realidades que se han tildado de «escalofriantes», las AUC, ya de suyo, configuran un peligro muy serio. Castaño, su jefe original, aprendió el manejo de la industria y comercialización de la droga con Pablo Escobar, temible jefe del Cartel de Medellín. El caso es que estos personajes se desenvuelven como peces en el agua.

La Corporación Nuevo Arco Iris, con ayuda de la Agencia Sueca de Cooperación para el Desarrollo, realizó una investigación sobre las negociaciones entre gobierno y los paramilitares con el fin de precisar las conversaciones adelantadas en San José de Ralito

Todas estas indagaciones pusieron en conocimiento de los investigadores la enorme expansión experimentada por las AUC entre 1997 y 2003. Zonas muy grandes e importantes cayeron bajo su influencia sin gastar mayor pólvora, el Magdalena Grande, Cundinamarca, Bogotá, Valle, Catatumbo, Norte de Santander, Meta, Casanare.

En el mencionado periodo de seis años, fue impresionante también el desarrollo de otros frentes de las AUC, y de modo llamativo en costa caribe, el piedemonte llanero, el sur y occidente. Esas zonas pasaron a denominarse Bloque Norte, Catatumbo, Centauros, Vencedores de Arauca, Bloque Pacífico.

Es sumamente importante tener en cuenta que en este acelerado crecimiento del paramilitarismo, las FARC se encontraban sometidas a las complejas negociaciones de paz, desarme y desmovilización con el gobierno del presidente Uribe y su ministro de Defensa, Juan Manuel Santos; todo lo cual sin duda les complicaba mucho sus iniciativas y movimientos, con el agravante adicional de las exitosas victorias militares alcanzadas por Uribe y Santos, que produjeron un curso radicalmente distinto a la estrategia militar del sucesor de Marulanda, Alfonso Cano, e impulsaron definitivamente las negociaciones de paz con las FARC.

Es bien conocido que en la búsqueda de los autores materiales de la muerte de Jesús Santrich se cruzan interpretaciones. Se piensa en cazarrecompensas en dólares y en pesos. Desde luego, nada puede descartarse, pero si algo es evidente en este embrollo, es el peso del narcotráfico y las muy profundas vinculaciones entre ese factor, los bloques paramilitares, incluidos los desprendimientos de frentes guerrilleros de izquierda tradicional, tales como las FARC y el ELN y fragmentos escindidos de grupos residuales en activo proceso de atomización. Desde hace ya un tiempo aprendieron a manejar la compra venta de parlamentarios, concejales, alcaldes, gobernadores, ministros, funcionarios judiciales, sin dejar de lado militares que puedan ser útiles. Sin embargo, aunque sea fácil fabular sobre corrupción, conjurar estas prácticas no debería ser especialmente difícil, cuando son muchos los venezolanos honrados decididos a denunciar y contribuir a cerrarle el paso a la infecta corrupción.

Twitter: @AmericoMartin

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