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Opinión

Ángel Alvarado

Si de algo podemos tener certeza los venezolanos es de que la renta petrolera no ha sido distribuida entre la población de manera equitativa a lo largo de los últimos 100 años. Los conflictos recientes y pasados, en el fondo, tienen que ver con esto.

En la mera presencia del recurso algunos han visto una maldición, un fatalismo que nos condena por siempre. Sin embargo, la evidencia empírica reciente apunta, más bien, a que no es el recurso sino las instituciones creadas alrededor del mismo las que determinan si este representa una maldición o una bendición para la sociedad.

Las instituciones, antes de distribuir la renta, distribuyen poder entre los distintos actores de la sociedad: sea a través de la organización económica y las redes creadas o a través de los privilegios que ciertos grupos adquieren con sus conexiones y jerarquía dentro de la sociedad. Esto hace que las instituciones no emerjan del consenso social para beneficiar a toda la sociedad sino a los grupos que pugnan por controlar el poder político e imponer sus intereses.

Estos grupos alrededor del poder han organizado las instituciones (de manera conscientes o no) para maximizar su propia renta y no la de todos en la sociedad. Sus incentivos (implícitos o explícitos) suelen ser la inversión en actividades y conductas que fomentan la maximización de captura de rentas. En esa competencia, el capital no está alineado con la innovación y la productividad sino con la búsqueda de rentas.

Dado este diseño institucional, algunos han sabido organizarse eficientemente de manera que por medios legítimos no han logrado capturar mayores dimensiones de la renta en el ejercicio de sus roles en la sociedad. Esto ha dado como resultado una sociedad profundamente corrupta, con altos niveles de desigualdad y pobreza que hace inviable la vida común. Lo anteriormente expuesto me lleva a plantear maneras alternativas a este proceso de distribución de la renta, que en el fondo me enfrenta al meollo del asunto: un cambio institucional.

Pero ¿tiene sentido hablar de la renta petrolera en un mundo que se ha propuesto realizar una transición energética de los hidrocarburos al hidrógeno?

La transición energética

Para Venezuela es urgente actuar frente al reto que supone la transición energética: lograr insertarse tanto en la ventana de oportunidad de hidrocarburos que se está cerrando y la necesidad de participar en la ventana de oportunidad de renovables que se está abriendo.

La transición energética, prevista por la agenda climática 2050, implicaría una seria contracción de la industria del petróleo mundial; su objetivo es reducir la demanda actual de 90 millones de barriles a 24 millones de barriles en 30 años.

Esta agenda tiene previsto detener las exploraciones de nuevos campos petroleros y gasíferos distintos a los ya aprobados. Esto podría tener un impacto de mediano plazo en las cuentas fiscales de los países productores de petróleo, que verían caer sus ingresos hasta en 90% según la Agencia Internacional de Energía, afectando seriamente el financiamiento de la educación, la salud y demás servicios públicos.

Este escenario requiere acciones inmediatas, en coordinación con organismos multilaterales, para hacer que las consecuencias de una transición energética sean mitigables. Esto nos llama a pensar reformas de inmediato para invertir en educación, investigación y desarrollo; crear nuevas redes de intercambio de conocimiento y garantizar los derechos de propiedad para ayudar a las empresas a innovar e invertir en la infraestructura necesaria con un marco regulatorio adecuado, a fin de que puedan ser parte de la transición energética. ¡El conocimiento irá a los que se muevan primero!

Pero Venezuela también debe aprovechar la ventana de oportunidad que se cierra en la industria energética.

Siguiendo el modelo de una industria que declina (Harrigan y Porter, 1983); Venezuela, que algún momento fue el máximo exportador de crudo y que es la gran reserva mundial, debe generar los incentivos para aumentar su poder de mercado y el rendimiento de su industria, abriendo la participación privada de los yacimientos con un marco regulatorio competitivo para recuperar su liderazgo en el sector.

Al mismo tiempo se debe apuntalar al país como nicho energético del mundo occidental: fuente segura de energía de este lado del mundo. Países como Catar y Emiratos Árabes Unidos han identificado la aviación como un nicho al cual pueden proveer combustible a bajo costo. Venezuela, por su ubicación geográfica y oferta turística, tiene las condiciones para el desarrollo de una industria aeronáutica que le permita aumentar la complejidad de su economía en sectores distintos al petróleo y al gas, relacionados con el turismo y los servicios logísticos.

Sea cual sea la velocidad de la transición energética que el mundo marque y la adaptación que a ella hagamos, la renta petrolera va a seguir fluyendo por los próximo 30 años y, tal vez, por otro siglo más con independencia del éxito que tengamos en la diversificación económica. ¿Qué hacemos con ella para que llegue de manera justa a los venezolanos? ¿Cómo hacemos reformas institucionales para que esto sea así?

El ejemplo de Togo

Encontrar soluciones fuera de la caja no es un tema de recursos sino de enfoque. Durante la pandemia, países pobres como Togo se han movido más rápido que muchas naciones desarrolladas para proteger los ingresos de sus ciudadanos a través de transferencias directas casi universales, con pagos quincenales a monederos móviles donde hay confinamientos.

Según el Banco Mundial, las transferencias de efectivo representaron en torno al tercio de todas las políticas de protección social relacionadas con la pandemia.

Es fundamental que en los países pobres no se pierdan por completo los medios de subsistencia. Es urgente conseguir dinero para financiar las transferencias de efectivo de la misma forma que ha ocurrido en las economías avanzadas.

El Congreso de Estados Unidos aprobó en marzo de 2020, de forma casi unánime, una ley de ayuda ante la covid-19 que incluía una disposición para el envío sin condiciones de cheques de hasta 1.200 dólares a la mayoría de los ciudadanos adultos (a finales de año hubo una nueva ronda de cheques). Los residentes de Hong Kong recibieron pagos por valor de casi 1.300 dólares; los de Japón, unos 950 dólares; la mayoría de los adultos de Singapur, unos 425 dólares.

La pospandemia va a dejar a una buena parte de la población mundial sumida en la pobreza. El Banco Mundial estima que el mundo tendrá 150 millones de nuevas personas viviendo por debajo de la línea de pobreza a partir del año 2020 como consecuencia de la crisis sanitaria de la covid-19. Por primera vez desde 1998 se experimenta un incremento de la pobreza según Naciones Unidas. De acuerdo con el Programa Mundial para la Alimentación, 130 millones de personas no tuvieron suficiente comida en sus hogares en 2020. La pobreza está en el tapete de la discusión pública actual.

Desde el Observatorio Venezolano de Finanzas hemos estimado que la caída de la Actividad Económica de Venezuela para 2020 (-40%) es superior al resto del mundo y de la región. Esto implica que las consecuencias de la pandemia son más profundas en Venezuela y duraderas debido a los bajo niveles de vacunación que el país exhibe.

Renta básica universal

Ante esta situación, el Banco Interamericano de Desarrollo ha propuesto «intervenciones específicas para mejorar el ingreso y la nutrición de la población, el acceso a salud y educación, y también la adopción de reformas que permitan el retorno de la inversión privada y la dinamización de la economía» (Abuelafia y Saboin, 2020).

Estas intervenciones tienen como máxima expresión un programa de transferencias directas de dinero no condicionadas casi universal:

«Dentro de las acciones orientadas a atender las necesidades urgentes de la población se sugiere implementar un programa de transferencias no condicionadas a nivel nacional de cobertura casi universal, con el objetivo de lograr cubrir a la mayor cantidad de la población en el menor tiempo posible, y complementarlo con un programa de transferencias en especie para cubrir situaciones especiales. En el mediano plazo se espera transitar hacia un programa focalizado en aliviar la pobreza y apoyar el consumo de la población más vulnerable por medio de transferencias focalizadas, inicialmente no condicionadas. El costo estimado para el programa de transferencias cuasi universales y de transferencias en especie para el primer año alcanza los US$ 2.800 millones. Para el segundo año, el monto total es de US$ 2.954 millones, en cuyo caso las transferencias focalizadas representan más del 50% del total del gasto. Para el tercer año, el costo se ha estimado en US$ 2.250 millones» (Abuelafia y Saboin, 2020).

Esta propuesta es equivalente a un programa de Renta básica universal (transferencias de dinero universal y no condicionada), el cual ha venido ganando apoyo en el mundo académico por su efectividad y por la necesidad de redefinir y hacer más eficientes los programas sociales de los Estados modernos. La evidencia empírica es robusta sobre los efectos positivos de este tipo de programas en la generación de capacidades de la gente.

No hay ningún programa social del que se esté hablando más en el mundo que el de la Renta básica universal, el cual se ha venido implementado en fase de prueba en 119 países con mil millones de beneficiarios.

La Renta básica universal es menos costosa que los programas focalizados y es más efectiva en Estados débiles sin capacidad de identificar y encauzar la pobreza, ya que reduce los errores de inclusión en la selección de beneficiarios.

Esto lo ha convertido en un programa defendido por distintos grupos del espectro académico, desde los liberales (impuesto negativo de Milton Friedman) hasta las escuelas más intervencionistas que ven en ella una política efectiva en la búsqueda de la equidad (Paul Samuelson, James Tobin).

La evidencia empírica sobre los beneficios es abundante, robusta y aceptada por la literatura especializada. A modo de resumen podemos reportar los siguientes hallazgos:

  1. Mejoras en la nutrición, gasto en salud y educación (no hay aumentos en el gasto de tabaco o alcohol).
  2. Aumentos en los gastos de comida.
  3. Empoderamiento de la mujer (si el dinero se la da a la mujer se le ayuda a empoderarla).
  4. No hay evidencia que indique que las personas trabajen menos al recibir las transferencias. De hecho, un poco más de dinero los lleva a trabajar más, a asumir más riesgos o buscar nuevos trabajos.
  5. Es una manera de proveer liquidez o financiamiento a personas excluidas del sistema financiero.
  6. Aumento de la banda ancha mental. Mitiga el impuesto mental que implica la pobreza, aumenta la confianza propia y la estima.
  7. Reducción de delincuencia, mortalidad infantil, embarazo precoz, absentismo escolar, violencia doméstica.

El financiamiento

Si los beneficios de la Renta básica universal saltan a la vista, los medios para financiarlos representan un escollo para cualquier sociedad que debe recurrir a una reforma tributaria para pechar, en el mejor de los casos, la riqueza de los que más tienen y dar espacio a la redistribución de la riqueza. Venezuela no tiene este costo.

Lo que planteo es distribuir la renta petrolera de otra manera, no redistribuir los impuestos. Estamos hablando de un programa para repartir los ingresos petroleros de manera directa entre la población, hacer que la renta petrolera sea universal; es decir, que llegue a todos los venezolanos de manera transparente y equitativa, ejerciendo sus derechos de propiedad sobre el yacimiento de manera afectiva y no difusa.

Venezuela en medio del colapso que vive no tiene espacio fiscal para implementar este nuevo esquema de distribución de la renta. En una primera etapa, un programa con estas características se debe financiar con organismos multilaterales ―como ha sugerido el Banco Interamericano de Desarrollo― mientras el país recupera su infraestructura física.

Una vez recuperadas las capacidades del país, hacerlo sostenible a largo plazo no requeriría de nuevos impuestos sino del compromiso de aumentar la producción petrolera y destinar 150 miles de barriles diarios de petróleo (a US$ 55 promedio del crudo) para sustituir el financiamiento (US$ 3.1000.000) de este organismo.

Un programa más universal ha sido propuesto por Moreno, 2020. Su propuesta implicaría destinar 423 miles de barriles diarios de exportaciones petroleras para atender a 90% de la población mayor de 18 años con US$ 1,25 diarios por persona (US$ 8.500.000 anuales), lo cual equivale a US$ 38 mensuales.

Poner en los bolsillos del venezolano de manera directa la renta del recurso petrolero es un acto de justicia social, es desencadenar un proceso de empoderamiento ciudadano, es arrebatarle el poder a los que controlan el Estado y sus procesos; es, en mi opinión, una manera de levantar la dura carga que supone la pobreza para el venezolano.

Referencias

Abuelafia, E y Saboin, J (2020). Una Mirada a futuro para Venezuela. Documento para discusión Banco Interamericano de Desarrollo IDP-DP-798.

Harrigan, K., and M. Porter. 1983. End-Game Strategies for Declining Industries. Harvard Business

Review 61 (4): 111–20.

Moreno, M (2020). Ingreso Mínimo Universal para Venezuela. Debates IESA (Julio, 2020)

Ángel Alvarado es Economista-UCAB con Maestría en Estadística-USB. Electo diputado a la Asamblea Nacional en 2015.

Twitter: @AngelAlvaradoR

 10 min


Eddie A. Ramírez S.

¿Cuál debe ser el papel de los trabajadores petroleros dentro de la sociedad venezolana? ¿Cómo son percibidos? ¿Por qué participaron en el conflicto político iniciado con la llegada de Hugo Chávez al poder? Sea propicio un aniversario más de la creación de la Asociación Civil Gente del Petróleo y de Unapetrol para aportar alguna información para el conocimiento de nuestra principal industria y su relación con el resto de nuestros compatriotas.

Época de las transnacionales: Inicialmente, las compañías extranjeras explotaron a los trabajadores y evadían impuestos. Las huelgas realizadas por obreros en 1925 y 1936 por reivindicaciones socioeconómicas y la Ley de Hidrocarburos de 1943, corrigieron en parte esta situación. Gradualmente las trasnacionales se percataron que estaba en su interés mejorar las relaciones con su personal. Construyeron campos residenciales y deportivos, comisariatos, planes de vivienda y de jubilación y aumentaron sueldos y salarios. Establecieron becas y personal venezolano fue ascendiendo de acuerdo con su formación y méritos. Además, establecieron programas de responsabilidad social.

Período 1976- 2002: Pdvsa y filiales continuaron con la política de personal de las transnacionales y mantuvieron los mismos beneficios. Como las ciudades alrededor de las cuales había actividad petrolera habían progresado, gradualmente se inició un programa de eliminación de los campos petroleros. Los presidentes de Pdvsa fueron nombrados por mérito, pero también por la cercanía a los presidentes de la república. Cuatro de los presidentes no tenían experiencia petrolera, pero eran reconocidos por sus logros gerenciales. En unos pocos casos se violó la meritocracia y se contrataron trabajadores recomendados. En los últimos años se consultaba al ministerio de Energía y Minas para designar a presidentes y directores de las filiales. Se produjeron algunas grietas menores. Pdvsa llegó a ser una gran compañía.

Percepción de la empresa: El venezolano nunca se ha identificado con su principal empresa, solo se conformaba con saber que era la segunda petrolera del mundo. La percepción de que era una caja negra, un Estado dentro del Estado y que no contribuía al desarrollo del país era un sentimiento mayoritario, a pesar de que había una Contraloría Delegada de la Contraloría General de la República, una gerencia de auditoría interna, los planes y resultados debían contar con la aprobación del Ministerio de Energía y Minas, y presentaba informes trimestrales y anuales que eran públicos. Tenía que entregar al accionista sus ingresos y este autorizaba las inversiones y gastos, además de un monto para programas de responsabilidad social alrededor de sus áreas operativas, relacionados con educación, salud, cultura, infraestructura, ambiente y agricultura. Se puede entender que los políticos de extrema izquierda distorsionaran la realidad, pero extraña que el venezolano común no se preocupara por averiguar la verdad. Desde luego, cabe a los petroleros parte de la culpa por no informar adecuadamente.

Percepción sobre los petroleros: Se criticaba que tenían sueldos exageradamente altos, aunque si hubiesen sido extranjeros eso no se mencionaría, buenos planes médicos, de adquisición de vivienda y de jubilación, que eran prepotentes y que vivían alejados de la problemática del país. Realmente los sueldos estaban dentro del 75 percentil de las mejores empresas de Venezuela, el plan médico y de viviendas era muy bueno, como corresponde a una empresa que debe tener responsabilidad social con sus trabajadores. El plan de jubilación era contributivo y muy inferior al de la mayoría de las instituciones del Estado. La acusación de prepotencia tiene mucho de verdad, aunque no es exclusiva de los petroleros.

¿Indiferentes al acontecer nacional y quinta columna de las transnacionales?: Los trabajadores petroleros teníamos conciencia de que era importante para el país que su principal industria se manejara como un negocio, sin injerencia política partidista. Por ello, durante la etapa de una democracia imperfecta, pero perfectible, nos abocamos exclusivamente al trabajo. En febrero del 2002 comprobamos que el presidente Chávez quería poner a Pdvsa y filiales al servicio de su proyecto político, por lo que reaccionamos en defensa de la empresa y, después de conversaciones sin resultado, iniciamos un paro el 5 de abril. Aclaramos a quienes sostienen que los petroleros eran instrumento de las transnacionales y actuaban en defensa de estas, que los siete trabajadores despedidos con el pito el 7 de abril, así como la mayoría de los casi 23.000 despedidos posteriormente, nunca trabajamos con las compañías extranjeras, y quienes trabajaron en ellas también evidenciaron los mismos principios y valores en defensa de los intereses de Venezuela.

Después que Chávez regresó al poder el 14 de abril, pidió perdón, reenganchó a los siete despedidos y a los jubilados prematuramente, los petroleros decidimos que había que hacer algo. A principios de julio creamos la Asociación Civil Gente del Petróleo, para contribuir a mejorar la relación petróleo-sociedad, y el sindicato Unapetrol para la defensa de los trabajadores, ante la arremetida que era de prever. Ante el paro cívico del 2 de diciembre del 2002, Gente del Petróleo y Unapetrol no convocaron a sus miembros, sino que estos se sumaron motu proprio. Algunos nos criticaron porque no éramos quiénes para desatar una huelga que podría derrocar al gobierno. La respuesta es sencilla: por mandato constitucional, todos estamos obligados a contribuir a la restauración de nuestra Carta Magna cuando esta es violada, como era y es evidente.

A raíz de los despidos, Gente del Petróleo y Unapetrol tuvieron que dedicarse prioritariamente a denunciar los atropellos del régimen, apoyar a los partidos políticos y al resto de la sociedad civil en la lucha para recuperar la democracia y contribuir en la elaboración de planes para recuperar la industria petrolera. Al frente de Gente del Petróleo estuvo Juan Fernández, desde el 2002 al 2004, quien esto escribe estuvo entre esa fecha y el 2014 y hoy la Coordinadora Nacional es Beatriz García. Tenemos delegados en 16 estados de la república y todos somos también miembros de Unapetrol, al frente del cual están Horacio Medina y Antonio Méndez. Por defender a nuestra empresa y a la democracia perdimos nuestra carrera en Pdvsa, quedamos sin jubilación, sin prestaciones y sin fondo de ahorros, pero después de 19 años seguimos presentes y comprometidos en la lucha por la democracia, sin aspirar poder político.

eddiearamirezhotmail.com

29-06-21

 4 min


Humberto García Larralde

La RAE define a orate cómo, “Persona que tiene trastornadas o perturbadas las facultades mentales.” Coloquialmente, hablamos de “loco”, alguien que ha perdido la razón. Entre otras manifestaciones, está el de perder el sentido de la realidad, ajeno a lo que se consideraría un comportamiento “racional”.

Leyendo la novela “documentada” de Antonio Scurati sobre Mussolini, “M. El hombre de la providencia”, se capta la manera cómo el personaje, con una calculada escenificación de poses, proclamas oportunas, desplantes histriónicos y acciones llenas de simbolismo, va plasmando su fantasía de verse como el elegido por la providencia para conducir a Italia a recuperar las glorias que legó el imperio romano. Numerosas batallas domésticas –la del “trigo”, de la “natalidad”, de la “lira”—, su creciente protagonismo internacional, irguiéndose ante las potencias para hacerles ver que Italia no aceptaba trato de segundón, y las aventuras foráneas que va culminando exitosamente, proyectan decididamente al Duce como el héroe sin el cual Italia no tendría futuro. Y para asegurar que así sea, reprime concienzudamente a toda disidencia –golpizas, inhabilitaciones, confiscación de nacionalidad, terror judicial, muertes. Pero no solo masajea su inmenso ego, captura las esperanzas de un pueblo que se sentía víctima de la Gran Guerra, ninguneado a pesar de haber estado del lado ganador. Mussolini no estaba loco. Estaba en plena sintonía con un pueblo que lo aclamaba y se le entregaba emocionado a sus pies, por haberles prometido un lugar destacado en el mundo. En absoluto estaba en disonancia con la realidad que lo rodeaba: la dialéctica desatada entre él y los italianos era la que fraguaba esa realidad.

Chávez compartió muchas de esas mañas y, sin duda, capturó el imaginario de buena parte de los venezolanos con sus posturas patrioteras, prometiéndoles la felicidad para la cual Bolívar había luchado. Sus ínfulas de segundo Libertador encontraron eco en las ansias por un liderazgo fuerte, alimentadas por los resentimientos y expectativas frustradas cuando el ingreso petrolero ya no podía ofrecer soluciones. Si uno sustituye la figura del Duce por la de Chávez en el mencionado libro, no desencaja. Guardando las distancias, expresa el mismo populismo extremo, autoritario e invocador de épicas del que abusó Mussolini, buscando bañarse en gloria ante los suyos. Y Chávez, a pesar de sus numerosos disparates y poses estrafalarias, tampoco estaba loco. Por demás, sus encantamientos contaron con altísimos precios del crudo para responder a las esperanzas de sus seguidores.

Pero ahora, con la destrucción tan absoluta del país y un dictador torpe y desangelado, se sigue con el mismo libreto. ¿Con qué se sienta la cucaracha?

Ofende a la razón presenciar, después de años de estrepitoso fracaso, que han hundido al país al lúgubre abismo que sufre hoy, a personeros del régimen continuar, impertérritos, con sus consignas, mitos y embustes “revolucionarios”, como si la cosa no fuera con ellos. Seguimos escuchándolos declarar que gobierna el “pueblo”, cuando las encuestas recogen un rechazo de más del 80%; que una “guerra económica” explica el desastre actual, no el saqueo a la nación cometido por ellos; que las sanciones impuestas a altos funcionarios, por violación de derechos humanos, lavado de dólares y otros ilícitos, son “contra el pueblo”; y tantas sandeces más. ¿En qué país viven? ¿A quién creen engañar?

Luego de haber destruido a PdVSA, Tareck el Aissami, ministro de Petróleo, hace pocos días afirmó que el régimen la pondrá a la vanguardia de la industria petrolera. Cuando Nicolás Maduro comenzó su gestión, la producción era de 2,784 millones de barriles diarios, según cifras oficiales suministradas a la OPEP. El último informe registra 582 mil para mayo, 2021. Pero el flamante ministro anuncia que, con esa empresa exangüe por la depredación sostenida de su flujo de caja, la falta de mantenimiento y la huida de personal calificado por las deplorables condiciones de trabajo, aumentará a 1,5 millones para finales de año (¡!) Milagros así no ocurrieron ni en sus mejores momentos.

Pero donde la enajenación alcanza niveles más patéticos, es en el ámbito militar. “Que el sol incandescente de Carabobo sea el esplendor que nos conduzca, unidos como un torbellino de voluntades”, a la conquista de “nuevas glorias” --palabras del sempiterno ministro de la Defensa, Vladimir Padrino, en rimbombante discurso para celebrar el bicentenario de la Batalla de Carabobo—“derrotando a todos los imperios que sea necesario vencer.” Libramos, “una tercera batalla de Carabobo”, en medio "de una campaña cívico-militar que ha tomado las riendas del pueblo por sí misma para defenderse de la agresión sistemática". Días antes, un video circuló por las redes sociales exhibiendo a varias decenas de soldados en cuclillas, repitiendo en eco los cánticos amenazadores de un oficial con megáfono: “gringuito … seremos tu Vietnam, latinoamericano; somos caribes dispuestos a morir.” Es decir, ese ejército tristemente vapuleado en Apure por una disidencia de las FARC colombianas, con más de una decena de soldados muertos y otros capturados; que pasa hambre y carece del apresto necesario --a pesar de la millonada gastada en armas rusas y chinas--; que tiene que llegar a entendimientos con bandas criminales porque no puede con ellas, invita a pelear al ejército más poderoso del mundo.

Manuel Noriega, dictador de Panamá, se le ocurrió lo mismo hace unos 30 años, blandiendo airadamente un machete por televisión. Antiguo agente de la CIA, había caído en desgracia al traficar drogas. Al invadir, esos “gringos” que quiso asustar, lo encontraron escondido en el Episcopado. Loco es poco.

Las dictaduras suelen caer en este tipo de bravuconadas: la argentina con el conflicto de Las Malvinas, Sadam Hussein ante Bush. Pero a diferencia de éstas, la venezolana está obligada a refugiarse en ellas, porque no tiene otra forma de camuflar los desmanes asociados a su razón de ser. La dictadura militar – civil de Maduro vive de la expoliación del país. Hacen de ejército de ocupación, a cuenta de creerse herederos del Ejército Libertador. Pero como su actividad parasitaria ha ido minando su poder, han tenido que forjar alianzas con otras organizaciones criminales que exigen su parte, para garantizar el orden. El tinglado de mafias resultante necesita un discurso legitimador, y éste no es otro que el que les enseñó Chávez en sus proclamas patrioteras rimbombantes. Pero ahora la masa no está para bollos y la incongruencia de ese discurso con la realidad insulta a la inteligencia de la gente cuerda. Más razón para refugiarse en la burbuja ideológica que han construido. No importa si se la creen o no; la necesitan y se aferran a ella para mantenerse cohesionado en torno al poder. La realidad no existe.

Y he aquí uno de los principales desafíos de la negociación en ciernes: cómo entenderse con quienes, como todo fascista, han construido su propia realidad, alterna, para legitimar” sus crímenes. Una de las dificultades a sobreponer es que los gobiernos democráticos que nos apoyan entiendan que las negociaciones difícilmente descorran por la fuerza de la razón. En su mundo ficticio, desconectados de la trágica realidad que han generado, habrá que combinar esto con la razón de la fuerza.

Como sabemos, Mussolini fue capturado por partisanos huyendo de Milán, al enterarse de la derrota alemana, en abril de 1945. Luego de ejecutarlo, junto a su amante, Clara Petacci, los cadáveres de ambos fueron colgados con ganchos de carnicero de un poste para escarnio público. Años alimentando a un monstruo que tanto horror les trajo, desató una furia entre los italianos, difícil de contener.

Lo sensato es que Maduro, Cabello, Padrino y cía., negocien su salida en paz --bajo condiciones a convenir--, antes de que sea demasiado tarde. Ahora bien, siempre es posible hacerse loco.

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela.

humgarl@gmail.com

 6 min


Marta de la Vega

Las transiciones más conocidas hacia la democracia en el mundo hispánico son la española, la portuguesa y la chilena. Las tres tienen en común haber pasado en forma pacífica de una dictadura militar a un gobierno civil.

La transformación del sistema político y nuevas reglas de juego fueron la consecuencia de una concertación unitaria de diferentes ópticas políticas y distintas perspectivas ideológicas. Se produjo un esfuerzo deliberado entre dirigentes, grupos de presión, representantes de la sociedad civil, figuras con autoridad moral, con peso académico, con liderazgo social y ciudadanos dispuestos a la lucha cívica para restaurar la democracia.

Movidos en dirección coincidente por un bien superior y un propósito común, más allá de intereses partidistas, se trataba de rescatar el estado de derecho, la independencia de los poderes públicos, las instituciones arrasadas por el personalismo, una democracia constitucional y, sobre todo, la dignidad y la decencia de la gente, pisoteadas por una opresión sanguinaria, humillante, envilecedora, que destruyó mucho. La autocracia en esos países dejó un trágico balance: inútiles y absurdas pérdidas de vidas humanas, sueños rotos, proyectos truncados, diáspora forzada.

La situación venezolana no es la de una dictadura militar pero los militares han sido especialmente beneficiados, particularmente en los rangos superiores, por la militarización del poder. La apariencia de democracia en algunos aspectos formales oculta la realidad de un régimen ilegítimo por su origen y desempeño, cuyo gobierno es, por eso, tiránico. Tenemos un poder bicéfalo. Por un lado, el gobierno interino, constitucional y legítimo, sin instituciones bajo su liderazgo ni poder sobre las fuerzas armadas. Por otro lado, un gobierno usurpador, sin fuerza moral, ni autoridad, con capacidad de reprimir y someter a la población por la extorsión, el miedo y el terrorismo de estado.

El único objetivo de los usurpadores es aferrarse al poder a cualquier precio y lucrarse del patrimonio público. No importa si para lograrlo son cometidos crímenes de lesa humanidad: torturas, ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas, violencia sexual. No importa que hayan colapsado los hospitales, el sistema educativo, la infraestructura; que la hiperinflación haya destruido el ingreso de las familias y mueran muchos ciudadanos de desatención por falta de medicamentos y equipos médicos, por inanición, por desnutrición o de enfermedades que habían sido erradicadas, como la tuberculosis, el paludismo o la la fiebre amarilla.

Venezuela, en un complejo escenario geopolítico, es peón del ajedrez de regímenes autocráticos, en el que se juegan la guerra híbrida, la manipulación y control cibernéticos, a la vez que poderosos intereses económicos y la expoliación de recursos naturales y estratégicos venezolanos, en especial por parte de Rusia, Irán, China, Turquía y Siria, con Cuba como principal articulador y beneficiario.

El país, dominado por una camarilla militar civil mafiosa que ha usurpado las estructuras del Estado, pervertido las funciones de este y que se halla vinculada al crimen organizado transnacional, está en ruinas. Además de la crisis humanitaria compleja que padece su población, Venezuela sufre la explotación depredadora y salvaje de recursos minerales muy valiosos a favor de consorcios extranjeros, con la complicidad de grupos nacionales vinculados a la cúpula del alto mando.

Sin olvidar la cleptocracia en el sector público, el aparato productivo ha sido reducido o destruido por el despojo a empresarios privados o la intervención estatal desmedida y abusiva en contra de la producción manufacturera y agrícola. Ha florecido una economía ilícita basada en el narcotráfico y el contrabando, que ha desatado una guerra para controlar el territorio nacional entre grupos criminales colombianos, con el ELN, las FARC y sus facciones e Irán y Siria, con radicales islamistas como Hezbollah.

¿Cómo se puede entonces alcanzar una transición y hacia qué? Hay al menos cuatro transiciones, con la política y la económica. No basta nuevo gobierno, sino un cambio de modelo político. Para construir democracia, se requiere que el voto elija: elecciones de todos los poderes, no solo regionales o locales. Si no, la autocracia se consolida. No concentración y control imperativo del Estado sino economía abierta y competitiva. Economía de mercado con equidad, esto es, un Estado social de derecho y justicia, para superar el Estado fallido y criminal. Y, sobre todo, un cambio estructural de mentalidad.

La dinámica social no puede estar orientada hacia el poder exclusivamente. Aprender a hacer las cosas bien, no para salir del paso, es exigir la excelencia con integridad; impulsar a la vez el respeto a la ley y el deseo de superación es afianzar la cultura cívica. En tal sentido, la educación es clave para construir nuevos acuerdos sociales.

Los que nos llevaron hasta aquí, desde la restauración de la democracia después de 1958, no funcionaron para lograr cambios estructurales y cualitativos, ni en el plano económico y político ni en el cultural; deben ser revisados y transformados. Que la transgresión no sea la norma significa ética del respeto y cuidado por el otro, honradez, probidad y aspiración al logro. Que no triunfe el más pícaro, sino el más meritorio, significa edificar confianza y consolidar el tejido social: capital social. Todo lo demás viene por añadidura…

@martadelavegav

 4 min


Red Agroalimentaria de Venezuela

Aspectos resaltantes de la producción agrícola en la región Centro Norte Costera
- Los principales rubros cultivados son maíz, cacao y caña de azúcar ocupando el 57,89% de la región.
- Al menos el 48% de la producción vegetal se lleva a cabo por autofinanciamiento.
- El principal proveedor de semilla son los mismos productores de la región.
- Las casas comerciales figuran como el principal proveedor de agroquímicos y fertilizantes; los precios de estos han aumentado incluso en moneda extranjera (US$).
- Las cosechas en su mayoría son vendidas a un intermediario o feriero.
- La principal limitación para colocar la cosecha, es la escasez de combustible.
- Más del 50% de los productores de la región, no reciben asistencia técnica.
- La producción vegetal respecto al año anterior es considerada menor, siendo el factor falta de combustible, el aspecto de mayor incidencia en esto.
- La problemática que más afecta el transporte en la región es la falta de combustibles.
- El sistema de producción animal predominante en la región es el de aves.
- No se ha realizado la campaña regular de vacunación de aftosa en al menos el 75% de la región.
- En casi la totalidad de la región, hay problemas con el estado y mantenimiento de las maquinarias, fundamentalmente por falta de recursos para su reposición y la falta de repuestos debido a sus altos precios.
- Los servicios tanto de telefonía como de internet se encuentran empeorando, así como también la disponibilidad de combustible (gasoil).
- El pago de mano de obra es cada vez más en moneda extranjera (US$) y se agregan otros componentes como los productos alimenticios para estimular a los trabajadores.

 1 min


Paulina Gamus

Se atribuye a la antipolítica el desprecio y hasta el odio que generan los políticos en general y, con mayor intensidad, algunos en particular. Son innumerables los chistes que ponen a los políticos a nivel del subsuelo. En Italia, por ejemplo, donde después de la Segunda Guerra Mundial los gobiernos cambiaban casi anualmente, había un chiste sobre un diputado al que un admirador saludó, delante de su anciana madre, llamándole justamente diputado. ¡Cállate!, respondió el parlamentario, no me llames diputado delante de mi mamá. Ella cree que yo toco piano en un prostíbulo.

Un meme que recibí la semana pasada por WhatsApp, traía la imagen de un tipo que le decía a una mujer: «Yo soy un político honesto», y ella respondía: «Y yo soy prostituta y soy virgen».

En la Venezuela democrática tardó en aparecer la abominación hacia la clase política. Más allá de lo que cada quien pensara de los líderes que se postulaban a la presidencia, estos lograban —hasta la elección que ganó Carlos Andrés Pérez en 1988— el entusiasmo que genera un redentor, alguien que venía a corregir los entuertos del mandatario anterior y a devolvernos la felicidad extraviada. Saltemos a Caldera II y lleguemos a Hugo Chávez en 1998. Más que por un redentor los electores votaron por un vengador.

En cuanto a los parlamentarios debo reconocer, por retardatario y antidemocrático que parezca, que los mejores fueron los escogidos por los cogollos de los partidos. No es que no se colaran unos cuantos pillos, pero la mayoría era gente calificada. El desbarajuste comenzó cuando se trasladó a las direcciones partidistas regionales la selección de los candidatos, allí empezó el amiguismo y el favor a los financistas.

Algo digno de ser mencionado es la baja autoestima de los parlamentarios de la izquierda. Los venezolanos éramos los congresistas peor pagados de toda América, incluyendo Haití. Cada vez que Acción Democrática y Copei proponían un aumento de la dieta, los del MAS, MIR, PCV y La Causa R protestaban indignados y armaban un escándalo mediático. Pero si el aumento procedía, ellos no vacilaban en cobrarlo.

Tengo por costumbre designar como la fecha en que comenzó la decepción de los venezolanos (especialmente de la clase media, que es la que genera opinión) con sus políticos y con el sistema democrático, el viernes 18 de febrero de 1983, o «viernes negro».

Fue el final abrupto de una fiesta de la que participábamos todos, desde los ricos hasta los asalariados. El Caracazo fue el golpe definitivo a la ilusión democrática. A partir de ese suceso se soltaron los demonios de la antipolítica encabezada por los llamados «notables» y por algunos medios de comunicación. Con el triunfo de Caldera y del «chiripero» en 1993, los parlamentarios adecos y copeyanos comenzamos a ser víctimas de agresiones verbales en nuestro tránsito diario desde el edificio donde estacionábamos nuestros vehículos y funcionaban las comisiones de trabajo, hasta el Palacio Federal Legislativo. Después del triunfo de Chávez las agresiones pasaron de verbales a físicas.

Una nueva clase política saltó a la escena, casi todos desconocidos. El bipartidismo pasó a mejor vida. Aparecieron nuevos rostros opositores que la misma oposición se encargó de ir enterrando uno a uno. Y así llegamos a este año 2021, pandémico y electoral, con un nuevo Consejo Nacional Electoral. Quizá el mejor, o el menos malo, desde que Tibisay Lucena destruyó –con su sola imagen– toda confianza en el valor del voto. Con una dirigencia partidista en parte inhabilitada y, además, enguerrillada. Con acusaciones de colaboracionistas a todos aquellos que se pronuncian por romper –con el voto– este círculo fatídico en el que estamos atrapados. Con exopositores exduros, que se convierten en alacranes para que el régimen les permita competir.

La pregunta es cómo y quiénes pueden convencer a un electorado descreído, escéptico y decepcionado, de la necesidad de votar, aunque sea para rescatar el valor del voto como instrumento de cambio. Que hable la dirigencia hoy dividida, enfrentada y, en algunos casos, muda.

Paulina Gamus es abogada, parlamentaria de la democracia.

Twitter: @Paugamus

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Américo Martín

En un desastre de antología quedó sumida la hermosa capital de Francia a consecuencia de la llamada Gran Guerra. No es la única capital o gran ciudad que haya sido víctima de una sostenida confrontación bélica o un monstruoso accidente natural. Cada vez que agitan los cimientos de cualquiera de ellas, tras el apocalipsis, podría tal vez mostrar su desdentado rostro de gárgola. Pero he mencionado países y ciudades del viejo continente por tratarse del modelo por excelencia de cultura, civilización y belleza; en esas urbes el efecto debió ser devastador. O serlo, cuando menos, en la perspectiva de Vicente Blasco Ibáñez, novelista valenciano, español, que popularizó, como pocas obras, Los cuatro jinetes del Apocalipsis y es ahora, cuando desde hace muchos años había declinado el interés por esa obra estelar de Blasco, que me ha parecido pertinente evocarla cabalgando él sobre sus cuatro fenómenos cataclísmicos, a saber: hambre, peste, guerra y muerte.

Precisamente, en la crisis polifacética que sacude a buena parte del mundo y especialmente en Venezuela, por la emergencia humanitaria compleja que padece, las variables económicas y sociales resaltan la presencia trepidante de los jinetes del novelista valenciano.

Es inocultable, por ejemplo, la incidencia de la pobreza extrema y sus consecuencias letales y, actualmente, la tenacidad, frecuencia de mutaciones y el peso del coronavirus que accidentalmente se nutre también de la precariedad del sistema de salud venezolano. ¡Allí están los jinetes de Blasco Ibáñez!, que esgrimen el emblema de la muerte e imponen, a los venezolanos y al mundo, la urgencia de la vacunación masiva y la unidad de países y laboratorios con el fin de desterrar cualquier asomo apocalíptico en el horizonte de la capacidad de respuesta del bien. Los laboratorios producen y mejoran la efectividad de la inmunización, lo que intensifica la lucha contra la peste moderna, llamada covid-19.

Se avizora en esos signos positivos que esta pandemia, al igual que las que han golpeado y aterrado durante siglos al género humano, también conocerá un final, quedando el mundo mejor preparado y prevenido para enfrentar tragedias similares.

El quinto factor emplazado para resistir diabólicas agresiones es el más sencillo de describir, aunque resulte siempre más complicado llevarlo a realidades expresas. Me refiero a un cambio en la política nacional que haga de la unidad y la convivencia formas naturales de desarrollar al nunca bien reconocido oficio político. La unidad ajustada a los límites constitucionales. Es fácil observar una propensión al cambio, siempre en el marco consagrado por la ley fundamental.

Los avances que en este sentido se produzcan llevarán casi inexorablemente a una nueva manera de entender la política como ciencia y arte.

Al respecto, en artículos anteriores, he insistido mucho en el respeto que se debe a los constructores políticos, sobre todo los que obran a conciencia sin ánimo de destruir al adversario, descalificarlo o desacreditarlo, lo cual también por fuerza abre los caminos bloqueados de la negociación. Todos los sectores interesados en el diálogo y la negociación en nuestro país, para resolver con éxito, multiplican sus argumentos a favor que han ido dejando de lado aquello que se formule con el ánimo de empeorar relaciones, obstaculizar pasos adelante y, en definitiva, volver a lo que siempre supimos, que un Estado de derecho es también un gobierno de leyes como igualmente se le identifica. Y con la ley y la Constitución los políticos de distintas corrientes no tienen nada que perder y, en cambio, tienen todo por ganar.

Mi fallecido amigo Rodolfo José Cárdenas sostenía que en toda su historia Venezuela no había vivido una era tan plenamente democrática, próspera y libre, como la que va desde el presidente Betancourt en 1958 hasta la del presidente Caldera en 1998. Por cierto, aceptando lo dicho por Cárdenas, durante todos esos años pocos fueron los indulgentes y muchos los que extremaron los medios para zaherir, al contrario.

De allí que cuando Cárdenas se refiere a esa que considera era dorada de la democracia, no supone que el sistema democrático haya tenido serias y gruesas imperfecciones dentro de sus muchos aciertos que, por lo demás, es lo normal en la democracia y lo peligrosamente silenciado en las dictaduras.

Lo más interesante de la época que estamos viviendo es el florecimiento, cada vez más fecundo, de la juventud venezolana y no me refiero solo a la universitaria.

De hecho, el liderazgo ha tenido cambios impresionantes en todas sus esferas y en los partidos democráticos. Es la garantía de que el cuarto jinete mencionado por Blasco Ibáñez será un dirigente bien formado y, en consecuencia, la tragedia probablemente se convertirá en una verdadera y gran obra dramática que irisará el provenir de los venezolanos. Y sepultará en el recuerdo de la gente los oscuros momentos apocalípticos.

Américo Martín es abogado y escritor.

Twitter: @AmericoMartin

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