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Opinión

Rodrigo Naranjo Escovar

“Cuando alguien trate de convencerte de comprar un activo que haya tenido retornos de dos o tres dígitos el año pasado, pregúntale que activo te puede ofrecer que haya perdido durante ese periodo. Eso silenciará la alharaca”

Jason Zweig

Durante los últimos meses la prensa ha publicado noticias sobre la compra por parte de inversores extranjeros de algunos reconocidos negocios en Venezuela. Los casos de Seguros Caracas, y los de las operaciones locales de Cargill y Directv son los más emblemáticos.

Otras negociaciones importantes han ocurrido con mucha discreción lejos de la cobertura mediática. Estas negociaciones han representado un cambio en la propiedad de los activos, y no necesariamente un compromiso de realizar alguna inversión en nuevos bienes de capital.

Las valoraciones negociadas de estos activos han sido bajas en comparación con la que estos tenían hace algunos años, o, en relación con el valor de activos comparables en países latinoamericanos que gozan de un menor riesgo político que Venezuela. Las valoraciones recientes de activos ubicados en Venezuela reflejan no solo el bajo nivel de ingresos de los negocios venezolanos, sino también el hecho de que el “default” de la deuda pública externa lleva a Venezuela a exhibir el mayor riesgo país del mundo, y, como consecuencia, a que los activos venezolanos se sometan a una mayor tasa de descuento.

Dada la abundancia de titulares negativos generados en Venezuela, y las innegables complejidades de operar cualquier tipo de negocio en el país, cabe preguntarse: ¿Qué ven estos inversores extranjeros para apostar millones de dólares en activos en Venezuela?

Existen distintos tipos de inversionistas. Los hay locales y extranjeros. Institucionales y privados. Estratégicos y financieros, con mayor o menor tolerancia al riesgo. Inversionistas con horizontes de recuperación de su inversión a más largos o más cortos plazos.

En el caso específico de las recientes inversiones que se han venido realizando en activos ubicados en Venezuela, destacan inversionistas financieros institucionales extranjeros con alta tolerancia al riesgo y con un largo horizonte de inversión. Por su perfil, estos inversores son similares a quienes suelen invertir en países a los cuales se les encuadra, en el argot financiero internacional, dentro de la categoría de Mercados Frontera. Este segmento es realmente una subcategoría dentro del universo de Mercados Emergentes.

Venezuela es percibida por inversores extranjeros en una subcategoría que hoy engloba a la mayoría de los países africanos, algunos centroamericanos, y a varios países de Asia. Dentro de Mercados Frontera encontramos desde países poco cubiertos por los medios de noticias de negocios tales como Bangladesh o Sri Lanka, hasta algunas naciones todavía pobres pero muy pujantes como Vietnam. Se trata de un perfil de mercados considerados como más riesgosos y/o pequeños que el de la categoría de Mercados Emergentes, categoría en la cual los inversores globales ubican a Colombia, Perú, México, Turquía, Indonesia, o Tailandia, por mencionar algunos países mucho mejor percibidos que Venezuela.

En la constante búsqueda de diversificación y de mayores rendimientos por parte de los capitales internacionales, los Mercados Frontera representan una categoría a la cual se le asigna una porción de los portafolios de inversión. En un contexto global de tasas de interés históricamente bajas, cada vez existen más inversores institucionales enfocados a tiempo completo en buscar oportunidades de inversión en este tipo de países. Afortunadamente para Venezuela, lo visto en los últimos meses sugiere que ya algunos inversores de esta categoría han comenzado a descubrir que Venezuela, a pesar de la muy compleja coyuntura política, económica y social, tiene fortalezas y potencialidades, muy superiores a las de prácticamente todos los demás Mercados Frontera.

Venezuela tiene una infraestructura, que, si bien no ha tenido el debido mantenimiento, y en algunos casos presenta partes inconclusas, existe, y en magnitud es superior a la de la mayoría de los otros Mercados Frontera. Más aun, en muchos casos la infraestructura venezolana es superior o al menos similar a la de Colombia y Perú, países que son percibidos dentro de una categoría superior, y en los cuales los inversores globales están dispuestos a recibir menores tasas de retorno, o, dicho de otra manera, pagar valoraciones más altas.

Venezuela tiene más aeropuertos con pistas asfaltadas que ambos países, por ejemplo. Y según cifras de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense cuenta con una capacidad instalada de generación eléctrica cercana a los 31 millones Kw, muy superior a los 16,9 millones Kw de Colombia y 14,7 millones Kw de Perú. Es cierto que buena parte de dicha infraestructura esta hoy inoperativa, pero el punto es que la misma solo requiere reparaciones, y no su construcción desde cero, como es el caso en prácticamente todos los demás Mercados Frontera.

Ningún otro Mercado Frontera tiene el potencial de monetizar sus reservas minerales en un plazo tan corto y en la magnitud que pudiese hacerlo Venezuela. Venezuela no solo tiene las reservas petroleras más grandes del mundo, sino que, además, su ubicación está identificada, y el entorno físico de los yacimientos no es hostil. Las grandes empresas petroleras internacionales conocen la geología venezolana, la infraestructura petrolera básica existe -con menor o mayor requerimiento de reparaciones-, la ubicación del país es distante a zonas de conflictos globales, y la diáspora venezolana de técnicos y profesionales petroleros (muchos dispuestos a regresar) representa una cantera potencial de recurso humano con la cual no cuentan otros Mercado Frontera.

Según cifras de la OPEP, Venezuela tiene reservas de 5.705 millardos de metros cúbicos de gas natural, lo cual representa las reservas más grandes de América Latina y las octavas del mundo. Dada la disponibilidad de trenes de enfriamiento de gas natural licuado (GNL) en la vecina isla de Trinidad, Venezuela pudiese desarrollar una industria exportadora de GNL sin necesidad de realizar mil millonarias inversiones en trenes de licuefacción. Esto representa otra potencialidad para un negocio con magnitudes muy importantes para un país en la categoría de Mercado Frontera.

Nuestro país tiene una serie de ventajas geográficas y demográficas que pudiesen favorecer inversiones en agronegocios y otros sectores con vocación exportadora. Según el Centro de Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, el 56% del territorio nacional se encuentra a máximo 100 kilómetros del mar o de un río navegable, por ejemplo. Esto se compara con 28% del territorio en Colombia y 24% en Perú. Según la misma fuente, la distancia promedio desde cada centro poblado al puerto más cercano es de 3.530 kilómetros en Venezuela, lo cual es menos que los 4.030 kilómetros en Colombia y 5.940 en Perú.

A diferencia de otros Mercados Frontera con poblaciones similares o superiores, Venezuela está ubicada en el relativamente pacifico hemisferio occidental. Además, es el país suramericano que ofrece las rutas de navegación más cortas a los puertos principales de los mercados del sur y del este de los Estados Unidos, y de la Unión Europea. Como ejemplo, un carguero de contenedores demora solo 4 días desde Puerto Cabello o La Guaira hasta Miami, 7 días hasta Houston o Nueva York, y solo 15 días hasta El Havre, Amberes o Roterdam.

Debido a su nivel y tipo de urbanización, la distribución poblacional de Venezuela provee una gran oportunidad a negocios que requieran llegar a la mayor cantidad de consumidores con la menor inversión y esfuerzo posible. Con una tasa de urbanización superior al 85%, Venezuela es uno de los países más urbanizados del hemisferio. Tanto Colombia como Perú tienen niveles de urbanización inferiores a 75%. Venezuela tiene 10 ciudades con más de 500.000 habitantes. En comparación, Perú solo tiene 4 ciudades de tal magnitud, Argentina 5, y Chile 3. Todo esto representa un atractivo venezolano para proveedores de bienes y servicios de consumo masivo.

Desde el punto de vista de recursos humanos, Venezuela tiene en su diáspora, la cual pudiese ser considerada una de las mejor formadas del mundo, una cantera valiosísima de recursos potenciales. Comenzando en la década de los setenta con Fundayacucho, y finalizando en la primera década del presente siglo con el subsidio cambiario provisto por Cadivi, decenas de miles de venezolanos se formaron académicamente en universidades de distintas partes del mundo.

Si bien una importante proporción de esta base de profesionales con formación técnica internacional hoy se encuentra trabajando fuera del país, también es cierto que buena parte de ella pudiese comenzar a regresar en la medida que mejoren las condiciones económicas, profesionales, de negocios, políticas, y de seguridad personal en Venezuela. Difícilmente exista en la categoría de Mercados Frontera otro país que cuente con una base tan grande de profesionales ya formados que pudiesen progresivamente sumarse a un proceso de recuperación económica y asumir posiciones de liderazgo, trayendo experiencia práctica de distintas partes del mundo.

Venezuela también tiene una de las culturas más cosmopolita entre los Mercados Frontera y Mercados Emergentes. Las raíces históricas de la “cosmopolitanidad venezolana” están asociadas a la proximidad física con las Antillas Holandesas. Con estas islas existió comercio informal desde tiempos coloniales, y a través de ellas llegaron las ideas liberales a Venezuela en el mismo siglo XVIII, mucho antes que al resto de las colonias españolas en América.

Luego, con la prosperidad petrolera en el siglo XX, llegó una de las inmigraciones más grandes en la historia de América Latina, medida como porcentaje de la población existente. Dicho flujo se incrementó luego de la Segunda Guerra Mundial, creando una cultura que mezcló tradiciones locales con italianas, españolas, portuguesas, judías, alemanas, libanesas, sirias, y de muchos otros orígenes europeos, americanos, y del medio oriente.

La prosperidad económica vivida durante la mayor parte del siglo XX permitió a miles de venezolanos estudiar en otros países y viajar alrededor del mundo. La apertura y atracción del venezolano hacia culturas extranjeras representa un atractivo para inversionistas globales en busca de consumidores y socios con los cuales hacer negocios, debido a que facilita los entendimientos y reduce los costos de adaptación.

Nuestro país también destaca por sobre todos los demás Mercados Frontera y sobre la mayoría de los Mercados Emergentes en términos del tamaño de su ahorro privado en el extranjero. Según estimaciones hechas en el mundo de la banca privada internacional, el ahorro privado de venezolanos invertido fuera de Venezuela está entre los 450 millardos y los 500 millardos de dólares. Cualquier cifra en este rango es varias veces superior al ahorro privado externo de los peruanos y de los colombianos, por mencionar tan solo dos países con más población, y que hoy gozan de diversas ventajas con respecto a Venezuela ante los ojos de los inversores globales. Estos recursos representan una gran fuente de inversión potencial que en el tiempo pudiese complementar a las inversiones extranjeras. La magnitud de estos ahorros es tan grande, en relación a la economía venezolana, que la progresiva repatriación de una modesta porción de estos recursos tendría un importante efecto acelerador en un eventual proceso de recuperación económica.

Si bien durante más de dos décadas Venezuela ha mostrado algunos de los peores indicadores macroeconómicos del mundo, también es cierto que Venezuela ha demostrado durante el último siglo ser capaz de administrar una economía estable. Entre 1950 y 1979 Venezuela tuvo una inflación anual promedio de 0,3% mientras el Producto Interno Bruto creció a una tasa anual promedio de 6,2%. Dicha estabilidad, permitió, entre otras cosas, que Venezuela haya llegado a tener la calificación crediticia más alta que haya tenido país latinoamericano alguno (calificación “AAA” por Standard & Poors). A diferencia de muchos países en desarrollo que no pueden mostrar en su historia periodos de tiempo significativo con éxito y estabilidad económica, el pasado de Venezuela sugiere que es posible volver a lograrlo.

Claramente contamos con una serie de potencialidades y fortalezas que no solo deberían colocar a Venezuela como uno de los países más atractivos para inversores especializados en Mercados Frontera, si no que algunas fortalezas sugieren potencialidades superiores a las de muchos Mercados Emergentes, incluyendo a varios países suramericanos que hoy gozan de la predilección de los inversores globales activos en América Latina.

Si bien Venezuela no está hoy en el radar de las publicaciones y medios de comunicación enfocados en negocios y finanzas internacionales, eso pudiese cambiar (y seguramente va a cambiar).

El hecho de que durante los últimos meses se haya visto un importante incremento de inversores institucionales extranjeros analizando y ejecutando inversiones debe llevarnos a preguntarnos: ¿Será que estos inversores son los primeros en mucho tiempo en reconocer el gran potencial de revalorización de muchos activos en Venezuela? ¿Será que estas transacciones muestran el comienzo de un proceso de descubrimiento de Venezuela por parte del universo de inversores especializados en Mercados Frontera?

Cualesquiera que sean las respuestas, el hecho es que el interés de inversores institucionales extranjeros está despertando luego de más de una década de ausencia. Han aparecido inversores dispuestos a hacer apuestas a que en Venezuela pueden darse cambios que no solo mejoren el marco regulatorio para los negocios, si no, más importante aún, a que se negocie una solución pacífica y democrática a la situación política. Se trata de apuestas a que una solución política conduzca a ciertos gobiernos extranjeros a facilitar acuerdos entre Venezuela y sus acreedores internacionales, y permita a los organismos multilaterales con sede en Washington D.C. dar acceso a Venezuela a recursos económicos mil millonarios y a distintos tipos de asesorías técnicas.

Estamos entonces ante un renacer de inversiones extranjeras que representan apuestas a una serie de cambios que permitan una sana recuperación económica y una importante revalorización de los activos. Apuestas de muy alto riesgo, sin duda, pero con un potencial de rendimiento muy alto. Estamos ante inversores racionales y sofisticados que están viendo un creciente espacio para el optimismo, y están ya apostando.

2 de febrero 2021

El Nacional

https://www.elnacional.com/opinion/renace-la-inversion-extranjera-en-ven...

 10 min


Sergio Ramírez

Uno de mis personajes favoritos del bestiario político centroamericano es el dictador de El Salvador, el general Maximiliano Hernández Martínez, militar y teósofo a la vez. Era un ciego creyente en los poderes de los médicos invisibles, por cuyo consejo mantenía en el patio de la casa presidencial decenas de botellas de distintos colores llenas de agua, que expuestas al sol adquirían facultades sanadoras para cualquier enfermedad, desde la tiña a la disentería. Fue con el agua de una de estas botellas, de color azul, que pretendió curar la apendicitis de un hijo suyo, con resultados fatales. El niño murió entre terribles gritos de dolor.

Cuenta también Roque Dalton en Historias prohibidas de Pulgarcito, que ante una tenaz epidemia de viruela no se le ocurrió nada más sabio que mandar a forrar en papel celofán coloreado las farolas del alumbrado público, pues matizar la luz eléctrica era suficiente para matar las bacterias causantes de la peste, que por supuesto siguió creciendo a sus anchas y matando niños y adultos, indiferente a las artes mágicas del presidente de la República y su corte de médicos invisibles.

Hasta donde es conocido, el presidente Nicolás Maduro no es discípulo de los médicos invisibles, pero sí de Sathya Sai Baba, de probada naturaleza divina, pues se proclamó el mismo en vida avatar del dios Visnú. Maduro visitó a su maestro en el santuario de Puttaparthi en la India, y ahora que ya el gran gurú pasó a otro plano de vida, a lo mejor desde el más allá es quien le aconseja las políticas sanitarias a seguir para enfrentar la pandemia del coronavirus con un gotero.

Para asombro de la comunidad científica internacional, Maduro ha anunciado en cadena de radio y televisión desde el Palacio de Miraflores, que un genio científico de su confianza, “una mente brillante”, cuyo nombre “por el momento se protegerá” ha descubierto una medicina milagrosa, más potente que ninguna de las vacunas patentadas hasta ahora, para acabar de una vez por todas con la pandemia.

“Diez gotitas debajo de la lengua, cada cuatro horas, y el milagro se hace, es un antiviral, muy poderoso, que neutraliza el coronavirus”. La pócima “es producto de varios estudios clínicos, científicos y biológicos que se extendieron durante nueve meses e incluyeron experimentación en enfermos, moderados y graves, que se recuperaron de la enfermedad gracias a estas gotas”. Todo, siempre bajo estricto sigilo. La asombrosa panacea, que vendrá en un frasquito provisto de gotero, se llama Carvativir “mejor conocido como las gotitas milagrosas de José Gregorio Hernández” ha dicho Maduro. Y aquí la manipulación asoma sus peludas orejas.

Este médico de los pobres, nacido en 1864, que ha estado por un siglo en los altares populares, santo de una devoción sincrética, según me recuerda Ibsen Martínez, se graduó en La Sorbona y fue discípulo de Claude Bernard, con lo que no fue de ninguna manera un curandero de aguas de colores, sino un científico pionero, de gran espíritu humanista, quien se entregó de lleno a enfrentar la influenza española, la pandemia de entonces. Murió atropellado por un automóvil en una calle de Caracas en 1919, mientras corría a socorrer un enfermo.

Una figura muy conveniente para endosarle las gotitas milagrosas, pues será beatificado por la iglesia católica este año, con lo que tendrá abierta las puertas de la canonización oficial. Santo ya es, de todas maneras, para los miles que le rezan.

La Academia Nacional de Medicina quitó toda seriedad al anuncio presidencial de las “goticas milagrosas” del doctor Maduro y demandó al régimen que no desinforme a la población creando expectativas falsas. “Esta Academia no tiene conocimiento de estudio alguno que demuestre científicamente la efectividad de este u otro tratamiento ‘natural’ para la enfermedad COVID-19” advierte en un comunicado. Y agrega: “hacemos un llamado al Gobierno nacional y a la población en general a no difundir información carente de sustento científico y a acatar las directrices emanadas de la OMS, ya que puede ser contraproducente en una situación de pandemia, el generar falsa sensación de seguridad en una población vulnerable, dado lo depauperado de la salud de los venezolanos”.

El especialista en salud pública Jaime Lorenzo, ha advertido que al usarse un recurso mágico religioso como este “lo más seguro es que mucha gente crea en el anuncio y al tomar este medicamento relajen aún más las medidas de protección y lo que puede ocurrir es que tengamos una mayor cantidad de casos”.

Los médicos de feria se multiplican en medio de las catástrofes sanitarias, ofreciendo remedios milagrosos, como ya se puede ver en El diario de la peste, de Daniel Defoe, que narra la plaga mortal que asoló Londres hace 350 años. La desesperación ante la inminencia de la muerte hace que se empiece a creer en el poder curativo de los brebajes de hierbas, del aceite de culebra, o de los sahumerios de azufre.

Lo grave es cuando desde los palacios presidenciales se proclaman las virtudes de las aguas de colores y la luz tamizada de las farolas, como solía hacer el general Hernández Martínez, o el poder de gotas milagrosas aplicadas debajo de la lengua cuatro veces al día, según receta el doctor Maduro.

1 de febrero de 2021

https://www.almendron.com/tribuna/las-gotas-milagrosas-del-doctor-maduro/

 4 min


Emmanuel Macron, Angela Merkel, Macky Sall, António Guterres, Charles Michel, Ursula von der Leyen

En septiembre de 2000, 189 países firmaron la «Declaración del Milenio», que establece principios de cooperación internacional para una nueva era de progreso hacia objetivos compartidos. Terminada la Guerra Fría, confiábamos en nuestra capacidad para crear un orden multilateral que permitiera enfrentar los grandes retos del momento: el hambre y la pobreza extrema, el deterioro del medioambiente, las enfermedades, las crisis económicas y la prevención de conflictos. En septiembre de 2015, todos los países volvieron a comprometerse con un programa ambicioso para el abordaje conjunto de los desafíos globales: la Agenda para el Desarrollo Sostenible 2030 de las Naciones Unidas.

El mundo experimenta tendencias divergentes, por las que una mayor prosperidad mundial fue acompañada de persistencia o aumento de desigualdades. Ha habido una expansión de la democracia, al tiempo que resurgían el nacionalismo y el proteccionismo. En las últimas décadas, dos grandes crisis, que afectaron en gran medida a las sociedades y debilitaron el marco de políticas compartido, sembraron dudas sobre nuestra capacidad para superar perturbaciones, resolver sus causas básicas y garantizar un futuro mejor para las generaciones venideras. También fueron un recordatorio del grado de nuestra interdependencia.

Las crisis más graves demandan las decisiones más ambiciosas para definir el futuro. Creemos que esta puede ser una oportunidad de recrear consenso para un orden internacional basado en el multilateralismo y en el Estado de Derecho, en un marco eficaz de cooperación, solidaridad y coordinación. Imbuidos de este espíritu, estamos decididos a trabajar juntos, en el contexto de la Organización de las Naciones Unidas, los organismos regionales, foros internacionales como el G7 y el G20, y coaliciones ad hoc, para resolver los desafíos globales que enfrentamos y enfrentaremos.

La primera emergencia es la sanitaria. La crisis de la COVID‑19 es la mayor prueba a la que ha sido sometida la solidaridad global en generaciones. Ha sido el recordatorio de un hecho evidente: frente a una pandemia, la cadena de la seguridad sanitaria se rompe por el sistema de salud pública más débil. Mientras haya COVID‑19 en cualquier lugar, las personas y economías de todo el mundo estarán en riesgo.

La pandemia exige una decidida respuesta internacional coordinada para ampliar en el menor tiempo posible el acceso a kits de diagnóstico, tratamientos y vacunas, reconociendo que la inmunización a gran escala es un bien público mundial que debe estar al alcance de todos a un costo accesible. En este sentido, damos nuestro total apoyo al Acelerador del acceso a herramientas contra la COVID‑19, una plataforma internacional lanzada por la Organización Mundial de la Salud y el G20 en abril.

Para que pueda cumplir su misión, es necesario ampliar con urgencia el apoyo político y financiero al Acelerador. Además, somos partidarios de que haya libre flujo de datos entre los participantes y se otorguen licencias voluntarias para el uso de productos patentados. A más largo plazo, también necesitamos una evaluación independiente e integral de nuestra respuesta, para extraer todas las enseñanzas posibles de esta pandemia y prepararnos mejor para la siguiente, un proceso en el que a la OMS le corresponde un papel central.

También estamos ante una emergencia medioambiental. En preparación de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) que se celebrará en Glasgow en noviembre, tenemos que intensificar nuestros esfuerzos en pos de limitar el cambio climático y crear economías más sostenibles. Es probable que en los primeros meses de 2021, varios países que constituyen más del 65% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero hayan formulado ambiciosos compromisos con la neutralidad de carbono. Ahora es necesario que todos los gobiernos nacionales, empresas, ciudades e instituciones financieras se unan a la coalición mundial para la reducción a cero de la emisión neta de CO2, según el Acuerdo de París sobre el clima, y que empiecen a implementar planes y políticas concretos.

La pandemia causó la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial. Recuperar una economía mundial sólida y estable es una prioridad fundamental. De hecho, esta crisis pone en riesgo los avances de dos décadas en la lucha contra la pobreza y la desigualdad de género. Las desigualdades, al debilitar la cohesión social, son una amenaza para la democracia.

No hay duda de que la globalización y la cooperación internacional han ayudado a miles de millones de personas a salir de la pobreza; pero casi la mitad de la población mundial todavía tiene dificultades para satisfacer necesidades básicas. Y en muchos países, las diferencias entre ricos y pobres se han vuelto insostenibles, las mujeres siguen sin igualdad de oportunidades y muchas personas todavía no ven pruebas de que la globalización las beneficie.

Mientras ayudamos a las economías a superar la peor recesión desde 1945, nuestra prioridad central sigue siendo garantizar el libre comercio basado en reglas, como importante motor de crecimiento inclusivo y sostenible. Por eso, debemos fortalecer la Organización Mundial del Comercio y aplicar a la recuperación económica todo el potencial del comercio internacional. Al mismo tiempo, la protección del medioambiente y de la salud, así como los estándares sociales, deben ocupar un lugar central en los modelos económicos sin dejar de garantizar las condiciones necesarias para la innovación.

Necesitamos una recuperación mundial que llegue a todos. Esto implica incrementar el apoyo a los países en desarrollo (sobre todo en África), tomando como base y ampliando acuerdos de colaboración ya suscritos, como el Pacto del G20 con África y su esfuerzo conjunto con el Club de París en el contexto de la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda. Es esencial dar más apoyo a esos países en la reducción de sus deudas y el acceso a financiación sostenible para sus economías, apelando para ello a todo el instrumental financiero internacional, incluido el activo de reserva del Fondo Monetario Internacional: los derechos especiales de giro (DEG).

Las nuevas tecnologías se han vuelto importantes herramientas de progreso e inclusión, que contribuyen a crear sociedades, economías y estados más abiertos y resilientes, y salvaron vidas durante la pandemia. Pero casi la mitad de la población mundial, y más de la mitad de las mujeres y niñas, siguen sin acceso a Internet y a sus beneficios.

Además, el considerable poder de las nuevas tecnologías también se puede usar para limitar derechos y libertades de la ciudadanía, difundir el odio o cometer delitos graves. Tenemos que trabajar sobre la base de iniciativas previas e involucrar a todas las partes interesadas pertinentes, para implementar una regulación eficaz de Internet, a fin de crear un entorno digital seguro, libre y abierto que permita el flujo de datos en un contexto de confianza. Los beneficios deben llegar sobre todo a las personas más desfavorecidas, lo que incluye resolver los problemas tributarios que plantea la digitalización de la economía y combatir la nociva competencia impositiva.

Por último, la crisis sanitaria interrumpió la educación de millones de estudiantes. Debemos mantener la promesa de proveer educación universal y preparar a la nueva generación con una formación científica y práctica básica, que también incluya la comprensión de otras culturas, la tolerancia y aceptación del pluralismo, y el respeto a la libertad de conciencia. La niñez y la juventud son nuestro futuro, y su educación es fundamental.

A la hora de enfrentar estos desafíos, el multilateralismo no es una mera técnica diplomática, sino un modo de configurar un orden mundial y una forma muy concreta de organizar las relaciones internacionales, basada en la cooperación, el Estado de Derecho, la acción colectiva y la adherencia a principios compartidos. En vez de enfrentar civilizaciones y valores, tenemos que crear un multilateralismo más inclusivo, que respete nuestras diferencias lo mismo que los valores compartidos que están consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

El mundo después de la COVID‑19 no volverá a ser el mismo. Hagamos uso de los ámbitos de diálogo y oportunidades disponibles (por ejemplo el Foro de París para la Paz) para avanzar con ideas claras hacia la solución de estos desafíos. Invitamos a líderes políticos, económicos, religiosos e intelectuales a participar en este diálogo global.

3 de febrero 2021

Traducción: Esteban Flamini

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/multilateralism-for-the-mas...

 6 min


Eddie A. Ramírez S.

Descuartizó las refinerías de petróleo en Venezuela y también las que teníamos en el exterior. Por eso no hay gasolina, diésel, ni lubricantes. Alguien podría pensar que el descuartizador es un partidario de las energías renovables. Sin embargo, ¡Oh sorpresa!, no es un militante de Greenpeace, sino un adorador del oro negro, aunque su antiguo compinche Maduro sostiene que su preferencia es más por el metal.

El descuartizador ha declarado y escrito que “el gran negocio está en producir petróleo, que la refinación no hace falta para venderlo y que esos hierros, refiriéndose a Citgo, están en territorio hostil, por lo que en el 2013 propuso a Maduro venderlos”. Ello explica por qué no se invierte en nuestras refinerías, por qué se han vendido casi todas las del exterior y por qué no le importa que las embarguen. Como consecuencia, estamos importando combustibles y lubricantes y, cuando aumentemos la producción de petróleo tendremos dificultades para colocarlo en el mercado más favorable.

En Venezuela, nuestras cinco refinerías tenían una capacidad de procesamiento de 1.300.000 barriles por día. ¿Cuántos procesan hoy día? Quizá no más de un 15 por ciento y todas las semanas se producen accidentes. Recordemos el de Amuay que costó la vida a 42 venezolanos. Por cierto, que Iván Freites, el dirigente sindical que hacía las denuncias tuvo que asilarse. Hoy dependemos de la gasolina iraní.

Las refinerías en el exterior se adquirieron para garantizar mercado, lo cual era necesario a medida que aumentara la producción. El problema es que se limitó la extracción para lograr mejores precios. Esta política es errada, ya que con las cuantiosas reservas que tenemos y con el tiempo limitado del rol del petróleo como principal fuente de energía, lo razonable es extraer la mayor cantidad posible. Por otra parte, una mayor actividad petrolera favorece a la población de las zonas productoras. La política de restricción de la producción se justificó cuando se desconocía el monto de nuestras reservas. Hoy es una estupidez.

En Alemania tuvimos participación en tres refinerías en asociación con Ruhr Oel. Las mismas tienen una capacidad de procesamiento de 682.000 barriles por día (b/d), de los cuales 183.000 b/d era la participación de Pdvsa. Hoy no las tenemos. Con la sueca Nynas tuvimos participación en cinco refinerías, con capacidad de procesar 63.000 b/d, de los cuales nos correspondían 36.000 b/d, hoy reducidos a 9.450 b/d. En Curazao teníamos arrendada una refinería de 335.000 b/d de capacidad, pero por negligencia nos la quitaron. En Estados Unidos tuvimos participación total o parcial en ocho refinerías, con capacidad de 1.805.000 b/d, de los cuales 1.346.000 b/d eran nuestros. Hoy solo tenemos tres del circuito Citgo, con una capacidad de procesar 749.000 b/d, y su directiva realiza esfuerzos para cancelar deudas y efectuar las inversiones que dejaron de hacerse.

El descuartizador de refinerías resultó selectivo. Consideró que el mercado de Europa y de Estados Unidos era menos importante que el de Cuba, Jamaica y República Dominicana. Por razones políticas, Pdvsa adquirió refinerías en estas islas con capacidad para 134.000 b/d, de los cuales nuestra participación era de 66.000 b/d. En la de Cuba, invertimos 1.200 millones de dólares para ponerla a funcionar, a pesar de que no era rentable. Probablemente el régimen cubano asumió que, con nuestros envíos gratis de crudo, sí era negocio para ellos. Aunque usted no lo crea, el gobierno castrista se apropió de nuestra participación. Las de Jamaica y República Dominicana también las perdimos por no cumplir con el compromiso de enviarles petróleo.

Es decir, que teníamos con nuestros socios una capacidad de refinación en el exterior de 3.019.000 b/d, de los cuales 1.966.000 b/d nos pertenecían. Hoy solo contamos en el exterior con capacidad propia para procesar 758.450 b/d, o sea Citgo más nuestra participación en Nynas. En números redondos, perdimos posibilidad de colocar con nuestros socios 2.200.000 b/d, de los cuales 1.200.000 b/d era nuestra participación.

Unas refinerías fueron mal vendidas, otras las perdimos por no cancelar deudas. Ahora está pendiente el caso de Citgo, instalaciones que no hemos perdido gracias a las gestiones del gobierno interino del presidente Guaidó. Irresponsablemente, Chávez-Maduro expropiaron activos de Crystalex y de Conoco Phillips y no compensaron por esa acción arbitraria; también por darla en garantía de Bonos de la deuda y para obtener préstamos. Despilfarraron esos dineros y no pagaron. ¡Qué irresponsables! Ojalá no perdamos Citgo, hoy solo amparada por una disposición del presidente de Estados Unidos vigente hasta junio y que esperamos sea renovada.

Se vendió Borco, en Bahamas, a precio de gallina flaca, con capacidad de almacenamiento de 21,6 millones de barriles, y por falta de mantenimiento perdimos las instalaciones de Bopec en Bonaire, con capacidad de almacenamiento de 12 millones de barriles. Hoy, con las dificultades derivadas de la pandemia por el coronavirus, esas instalaciones tienen una gran importancia estratégica.

Durante su período en Pdvsa, el descuartizador recibió la producción de petróleo en 2.620.000 b/d y la entregó en 2. 332.000 b/d, según datos de la Opep. Hoy, sus pupilos tienen la producción de crudo en solo 431.000 b/d.

En Mérida, cuentan los chismosos, que en la década de los 60, la policía apresó a alguien pintando el conocido grafiti RR (Renuncia Rómulo), pero tuvo que dejarlo libre ante el alegato lloroso de que solo estaba escribiendo sus siglas. Adivina, adivinador, ¿cómo se llama el descuartizador?

Como (había) en botica:

Gente del Petróleo y Unapetrol del Estado Monagas emitieron recomendaciones para evitar los frecuentes accidentes por fuga de gas y explosión de bombonas. Ojalá el régimen las atienda.

La invasión a la Escuela Agropecuaria Salesiana en Barinas y la anterior al Colegio de Agricultura de Fundacea, así como las restricciones presupuestarias y acoso por el hampa a nuestras Facultades de Agronomía y Veterinaria evidencian el abandono del sector agrícola.

Lamentamos los fallecimientos de Dimas Ibarra, compañero de Gente del Petróleo y de Unapetrol; también del distinguido economista Héctor Silva Michelena.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail

 4 min


Américo Martín

Quisiera comenzar repitiendo y ratificando lo que para mí, con los años, se ha convertido en una fuerte convicción. Aunque he participado en innumerables polémicas partidistas, no tengo el menor interés en aprovechar para exhibir supuestas ineptitudes o debilidades en el liderazgo o, específicamente, en el adversario. Si de alguna manera esas noticias ayudaran al progreso de la causa que defienda, preferiría dejar a un lado semejantes ayudas que me parecen parte del deplorable lodazal que enturbia el noble oficio político.

Prefiero la limpia manera, libre de zancadillas, trampas y odios, como la concebía el ilustre florentino Nicolás Maquiavelo, cual ciencia (o técnica) y a la vez arte. Hurgar en patio ajeno solo para desordenar e intrigar me parece un método despreciable de competir.

No reproduciré por eso las sorprendentes declaraciones del jefe principal del PSUV y sus múltiples fracciones, por dos razones. La primera, se trata del hombre que cuenta con el poder de las armas y de la FAN, institución para operarlas. El equilibrio que reina en el país entre el fuerte potencial que respalda a Maduro y Guaidó solo puede ser resuelto por negociaciones que remitan a elecciones libres, limpias, transparentes y universalmente observadas, todo para garantizar su credibilidad. Esa es, en este momento, la posición de la comunidad internacional en su firme propósito de poner en el voto soberano la solución de la tragedia política, económica y social, convertida en tragedia personal de los venezolanos.

Se han caído las fábulas sobre invasiones militares y salidas de fuerza, lo que curiosamente nos deja frente al acertijo de Cantinflas: como caballeros o como lo que somos. Se impone la solución de caballeros porque la otra pierde cada vez más asidero.

Nicolás Maduro ha confesado que en su partido, gobierno y alrededores cabalga una campaña contra él, en la que participan importantes figuras dirigenciales. Operan –reitera– con el designio de separar chavismo de madurismo y se proclaman “marxista-leninistas”. Imposible olvidar que las más despiadadas divisiones de la izquierda extrema se asumieron hijos predilectos de la doctrina marxista-leninista y en ese punto del océano naufragaron.

La última polémica de esa índole en la que participé contra polemistas brillantes hubo un derroche de sabiduría y excelente argumentación, pero ya no dejó lugar para más. El tema, las figuras de autoridad, la doctrina marxista, el leninismo, el maoísmo y demás “ismos” fenecieron o fueron reducidos a mitos o fábulas condenados a desaparecer. Lo único francamente feliz de aquel episodio fue la reconstrucción de nuestra notable amistad y deseo de ayudar al país y a los demás a razonar sin fantasías, dogmas y mitos que nunca tuvieron corporeidad material, y ahora menos.

Pelearon, compitieron, ofrecieron cifras y hasta vivieron momentos heroicos, pero su signo no cambió. Mito es –entre otras acepciones– lo que no existe ni muestra un rostro aceptable. Y al final de cuentas solo han sobrevivido bajo forma exactamente contraria a la sonrosada promesa que ofreció ser. Por ejemplo, la República Popular China ha llegado a ser una potencia económica mundial, dotada de poder disuasivo nuclear, pero la pura realidad deja al descubierto que no aparece la huella socialista en sus logros. Ninguna nación ha privatizado tantas empresas del Estado como el antiguo emporio rojo de Mao Zedong y Chou Enlai. Tampoco abundan las que se hayan consagrado al mercado en forma tan intensa. Sobreviven ciertos ritos relacionados con el comunismo, que no ha descolgado el retrato de Mao del frontis de la Ciudad Prohibida.

En Rusia sigue exhibiéndose la momia de Lenin, pero ya ningún líder se arriesga a llamar al Partido de Putin “vanguardia del proletariado mundial” ni se observan signos de desarrollo en su anatomía. En fin, es un anacronismo sin sentido meter al PSUV en un aquelarre ideológico cuyo destino sea la decadencia y el fraccionamiento.

¿Qué quedará en pie de esta polémica en el PSUV y sus aliados? Solo se percibe la parte instrumentario-funcional.

Me resulta tramposo el hábito de bañarse de legitimidad revolucionaria asumiéndose “verdadero marxista” y arremetiendo, lanza en ristre, contra el socialismo de mercado.

Es una manera de colocar a Maduro y sus compañeros fuera de la sacrosanta doctrina, con el objeto de borrarlos del mapa pretendidamente revolucionario. El mismo despropósito animaría a estos a reducir su importancia al estigmatizarles con el epíteto de “izquierda trasnochada”.

Las dos aceras del conflicto venezolano disponen de la vía electoral en los términos claros y viables que respalda la comunidad mundial. Negocien y discutan su rápida implementación, solo así nuestro violentado país romperá la trampa que lo retiene en oscuras aguas, solo así le quebrará el espinazo a las plagas de Egipto y la peligrosa pandemia que parece decidida a acabar con el género humano.

Twitter: @AméricoMartín

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Laureano Márquez

Entre los millones de cosas que le llegan a uno al teléfono para ayudarnos a no perder tanto tiempo leyendo libros, me enviaron la famosa cuña de la camioneta blindada. Lo tomé como una parodia de la corrupción y el mal gusto. Parecía una crítica mal lograda a la “enchufocracia” reinante. “Se podía haber dicho más”, pensé. Sin embargo, inocente uno, resulta que se trata de una cuña completamente en serio. El sabio Mevlana decía: “se visto cómo eres o sé cómo eres visto”. Aquí parece que a mucha gente ya no le importa ser vista como es, en todo el esplendor de esa terrible tragedia que ha traído el “socialismo” a Venezuela: la corrupción, la riqueza fácil y la ostentación grotesca de todo ello.

“Mi patrón, me la dio mi papá” (se refiere a la camioneta), comienza con una toma aérea de aproximación al lugar de blindaje al que supone uno, un hijito de papá, que lleva su camioneta a blindar. Me vino a la memoria una oportunidad en que fuimos a trabajar, Claudio Nazoa y quien suscribe, a Lechería en un hotel importante que tiene una marina. Desde la baranda de un yate con no menos 15 camarotes, un hijo de un enchufado nos reclamó nuestras críticas a una “revolución” que defiende al pueblo y preguntó –además– si nosotros estábamos pagados por Carlos Andrés Pérez. La escena era tan surrealista que parecía una broma. Resultaba increíble que desde ese gigantesco y lujoso cuasi Titanic, alguien estuviese defendiendo al pueblo. Pero resultó que la pregunta era en serio, formulada desde un yate por causa del cual, seguramente, muchas personas eran mucho más pobres.

“Marico, sobrepase el nivel, estoy en otro level” sigue la cuña. En Venezuela no es difícil sobrepasar el nivel si tienes la conexión adecuada. El nuevorriquismo, que pasa del subsuelo al nivel multimillonario, necesita exhibir su riqueza. “Papito en alta siembra, billete pa’ tirar pa’ arriba”. Seguramente esa “alta siembra” no es en el campo venezolano, quebrado por otras siembras a las que les conviene su destrucción.

“Papi me dijo: ‘hijo blíndala’ por algo será, tiene demasiado billete”. Luego va al lado del copiloto y abre la puerta y se baja una hermosa dama. “Me traje a una”, no completa la frase, no es menester. La dama pregunta luego que aparte de la camioneta, qué más va a blindar y él responde: “tú sabes, bebé, el juguetico”, señalando sus partes íntimas, suyas de él. “Soy un banco andante y quiero algo donde pueda meter efectivo”. Entonces le muestran una caja fuerte que va en la maleta de la camioneta.

La cuña en general es reveladora de este hombre nuevo, mal educado, sin escrúpulos, machista y criminal que ha producido esta tragedia política que agobia a nuestro país. Frente a esta muestra descarada de lo peor de este tiempo, tenemos que enaltecer y refugiarnos en nuestro lado luminoso.

No olvidar nunca que Venezuela es una tierra de gente talentosa, honesta, trabajadora y buena, con mentes cultivadas, poetas y escritores de renombre, músicos eminentes, maestros abnegados, médicos comprometidos, en fin, demasiada gente que mantiene nuestra esperanza blindada.

Twitter: @laureanomar

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Alejandro J. Sucre

El pensamiento catastrófico se puede definir como rumiar sobre los resultados irracionales de que va a ocurrir el peor de los casos.

Este resultado imaginario puede aumentar la ansiedad, paralizar o bloquear la visualización de las acciones correctivas que podemos realizar y evitar que las personas tomen iniciativas en una situación en la que sea necesario. A las personas les suceden cosas malas, incluso cosas horribles, que causan un dolor real en la vida de algunos.

Catastrofizar es cuando alguien asume que sucederá lo peor sin importar lo que haga. A menudo, implica creer en una situación peor de la que realmente se está o exagerar las dificultades que se enfrentan.

Por ejemplo, a alguien le puede preocupar que no apruebe un examen. A partir de ahí, pueden asumir que reprobar un examen significa que son malos estudiantes y que seguramente nunca aprobarán, obtendrán un título o encontrarán un trabajo. Podrían concluir que esto significa que nunca serán financieramente estables. Muchas personas exitosas han reprobado exámenes y el reprobar un examen no es prueba de que no podrá encontrar un trabajo. Es posible que una persona catastrófica no pueda reconocer eso.

En Venezuela en muchos líderes de nuestra oposición se ha presentado esta percepción catastrófica de que nada puede hacerse para lograr victorias políticas y que se necesita una intervención extranjera. Por eso el abstencionismo se presenta como una alternativa en los procesos electorales y eso a su vez inmoviliza y genera una profecía autocumplida. No hay movilización para ganar, no se genera el mensaje para movilizar a la sociedad, ya que habrá trampa, tampoco se presentan los testigos en los centros electorales, igual si se gana la elección el oficialismo va a torcer el espíritu de la victoria electoral y así se produce el resultado de perder. Por lo tanto se llama a países extranjeros para que presionen al oficialismo, vienen las sanciones, se debilita la sociedad mas que el oficialismo y se autocumple la profecía.

Otras maneras del pensamiento catastrófico es criminalizar a todo el oficialismo o a cualquier opositor que intente caminos diferentes a los que surgen de los pensamientos catastróficos. Los catastrofistas se aprovechan de que existe un claro riesgo en distorsionar la realidad bien sea por crearse falsas expectativas o por confiar en alguien más allá de uno mismo.

Por eso la persona que denuncia y es catastrófica gana tanto eco que se siente más inteligente o de mayor peso moral que el resto de los opositores y del oficialismo. No se da cuenta las personas que sufren de catastrofismo que sus denuncias está saboteando acciones que pueden conducir a soluciones aunque no parezcan así al principio.

Algunas catástrofes son ciertas y muchas veces están fuera de nuestro control. Otras catástrofes son superables pero casi todas requieren del trabajo en equipo para sobreponerse a ellas. Descalificándose entre opositores o imponiendo un visión propia sobre los demás no funciona.

No está claro qué causa exactamente la catástrofe. Podría ser un mecanismo de afrontamiento aprendido de la familia u otras personas importantes en la vida de una persona. Podría ser el resultado de una cultura social.

Investigaciones indican posibles traumas del pasado que se proyectan y que involucra a personas que sufren catástrofes pueden tener alteraciones en las respuestas del hipotálamo y la pituitaria, así como una mayor actividad en las partes del cerebro que registran las emociones asociadas con el dolor.

Las personas que tienen otras afecciones, como depresión y ansiedad, y las personas que a menudo están fatigadas también pueden tener más probabilidades de sufrir una catástrofe.

Debido a que alguien con dolor crónico está acostumbrado a tener dolor constantemente, puede llegar a la conclusión de que nunca mejorará y siempre sentirá malestar. Este miedo puede llevarlos a comportarse de cierta manera, como evitar la actividad física, que en lugar de protegerlos, en última instancia, puede empeorar sus síntomas.

También una revisión de estudios de 2012, una fuente confiable, mostró que existe un vínculo entre la fatiga y la catástrofe. La revisión concluyó que catastrofizar podría ser un predictor de cuán cansadas se sienten las personas. En otras palabras, puede empeorar la fatiga. Hay muchas formas de tratar las catástrofes y la mejor es escuchándonos y respetándonos entre los venezolanos para formarnos una verdadera dimensión de los retos y lograr las mejores soluciones; no juzgarnos ni criminalizarnos lapidariamente ya que nadie está libre de culpa y los mismos violadores de derechos tienen derechos; y proponer más acciones colectivas que generen pequeñas victorias y discutir menos. Mejorar la economía, reducir algunas sanciones a cambio de crear comisiones que mejoren el manejo de fondos públicos, triunfar en el reclamo del Esequibo entre otras acciones unificadas entre los líderes políticos oficialistas y de oposición podrían proporcionar victorias tempranas que nos acerquen más a todos los venezolanos a procesos electorales más festivos y concurridos.

Twitter@alejandrojsucre

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