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Opinión

Fernando Mires

Escribo sobre el declive y no sobre el fin de la sociedad liberal como en tantos textos se anuncia. El término “fin” vende más, sin duda, pero es definitivamente apocalíptico. Da la impresión de que la historia avanzara a saltos, y no es tan cierto. Sin necesidad de recurrir a Hegel como mentor, la experiencia histórica indica que las formaciones pretéritas siguen prevaleciendo al interior de las nuevas, sin ser suprimidas. Podríamos, claro está, usar otro término. Por un momento pensé incluso en titular este artículo como el “eclipse” de la sociedad liberal.

Sin duda “eclipse” es más poético, más estético, más bonito. Pero eclipse significa un oscurecimiento transitorio que indica que después volverá a aclarar y las cosas seguirán siendo igual que antes. Declive, por el contrario, significa que algo declina, sin anunciarse ni saberse lo que ocurrirá después, ya que, dicho con certeza, eso no lo sabe nadie.

Para imaginar futuros utópicos después del declive de la democracia liberal, no hay ningún motivo. Para imaginar futuros distópicos, sobran. No solo porque la diferencia central entre las utopías y las distopías reside en el hecho de que las primeras son optimistas y las segundas no, sino en el hecho muy documentado de que las primeras nunca se han cumplido y las segundas, sí.

¿Podría por ejemplo alguien imaginar en los años treinta en la Alemania liberal, rebosante de arte, cultura, música, tan deliciosamente decadente, que diez años después iba a tener lugar el más horroroso crimen colectivo vivido por la humanidad, en el marco de una guerra mundial que dejaría el legado de millones de muertos?

Pocos tuvieron la intuición imaginativa de un Thomas Mann quien en su novela, Mario y el Hipnotizador (1929) viera los groseros rasgos del nazismo antes de que estos aparecieran nítidos sobre la superficie. Y sin embargo, todas las huellas que llevaron al Holocausto y a la Guerra Mundial ya estaban marcadas en la Alemania de Weimar, la misma del Cabaret (sin Liza Minelli): la crisis económica, la violencia callejera, los mensajes mesiánicos, el racismo y el antisemitismo, el odio a la libertad, el miedo a la Rusia estalinista, el militarismo, solo por nombrar algunos. Esos elementos estaban dados, ahora lo sabemos, pero estaban separados, es decir, no articulados entre sí. Del mismo modo -y eso produce cierta alarma- muchas realidades que pueden llevar al fin de la llamada democracia liberal ya han cristalizado y algunas de ellas, ya están políticamente articuladas.

¿Qué entendemos por democracia liberal? No está de más recordarlo antes de que pase al olvido. Nos referimos a un orden político que permite la libertad de pensamiento, opinión y asociación, en el marco de un estado de derecho que garantiza la división de los tres poderes clásicos, a las instituciones que los consagran y cuyo personal gubernamental es renovable a través de elecciones libres y soberanas surgidas de una pluralidad de partidos competitivos entre sí. Karl Popper la llamó “sociedad abierta”.

¿Por quiénes está cuestionado ese orden? Muy simple: por los enemigos de la sociedad abierta. Movimientos nacional-populistas de nuestro tiempo, legítimos herederos del fascismo del siglo XX, avanzan hacia el poder en diferentes países del mundo occidental, apoyados por regímenes antidemocráticos cuyo centro político es Rusia y cuyo centro económico es China. Sin embargo, ahí no reside el origen del problema. Ese es más bien un síndrome.

El aparecimiento de un síndrome tiene orígenes que el mismo síndrome revela. En una primera capa ya vemos que el nacional-populismo en todos sus formatos obedece a una crisis de representación, a una en donde los partidos políticos hegemónicos en el espacio occidental son hoy mucho menos representativos que en el pasado reciente. Como hemos reiterado en otras ocasiones, la triada política tradicional de la democracia liberal, formada por partidos de orientación conservadora, liberal y socialista, ya no cubre todo el espacio social que abarcó tiempos atrás.

Una segunda capa analizable nos muestra que la no representación política de lo social tiene que ver con cambios radicales habidos en las relaciones de producción económica. Nos referimos al tránsito que se da entre la llamada sociedad industrial y la sociedad digital. Después del “adiós al proletariado” de André Gorz, muchos lo han dicho: los antiguos trabajadores industriales, el proletariado de Marx, se encuentra, si no en vías de extinción, remitido a un lugar subalterno con respecto a nuevos tipos y formas de trabajo. Hay un notorio desfase entre la formación social que está naciendo y la formación política que solo en parte lo representa. Esta es la señal más notoria de una crisis de representación política. Un fenómeno que, se quiera o no, trae consigo el deterioro de las culturas políticas que predominaban en la modernidad.

La ruptura del hilo que unía a los sectores sociales con sus representaciones políticas es ya demasiado visible. Los partidos, en su gran mayoría, representan a clientes pero no a sectores sociales claramente definidos. La desconexión entre sociedad, economía y política, es cada vez más evidente. Gran parte de la ciudadanía – no solo en los países post-industriales- siente que la política, en su forma existente y real, ya no los representa. Y, desgraciadamente, tiene razón.

Estamos asistiendo a rápidos procesos de descolocación de los centros productivos, hoy repartidos en el inmenso espacio global. Como decía un dirigente sindical alemán, “ya nadie sabe para quién trabaja, los dineros no van solo a parar en los bolsillos del antiguo empresario que combatíamos, convertido hoy en un mero intermediario, sino en un circuito financiero global cuyos ritmos de reproducción virtual nos son absolutamente desconocidos”. Ya ni siquiera podemos hablar de la alienación del trabajo por el capital de acuerdo a la ex-terminología socialista, sino de la alienación del capital por un supercapital reproducido en una galaxia mundial a la que nadie tiene acceso.

Los trabajadores que con sus luchas dieron origen a sus partidos socialistas y sociales, son hoy piezas de museo. Hoy viven incomunicados entre sí. De hecho han llegado a ser -para emplear la terminología hegeliana de Marx- una clase en sí pero no una clase para sí, o sea una clase sin conciencia de clase, que es lo mismo que decir, “una no- clase”. Debajo de esa cada más delgada capa laboral, ha aparecido un sub-proletariado incuantificable, multinacional, muchas veces ilegal, pero generador de cientos de oficios transitorios. Y más abajo aún, un Lumpenproletariat, pero esta vez sin Proletariat.

¿A cuál clase social pertenecen los miles de trabajadores que realizan jobs circunstanciales en una home-office? Qué lejos se ven hoy los tiempos en que después de la jornada diaria, los trabajadores reunidos en sus cantinas, compartían problemas personales, hablaban del presente y del futuro y, por supuesto, como dice el tango Carloncho de Mario Clavell, conversaban sobre “minas, burros, fútbol y de la cuestión social”. Si esos trabajadores todavía existen, son miembros de multitudes, pero no de grupos sociológicamente definidos. Por cierto, a veces logran conectarse entre sí y realizan actos de protestas. Pero esas solo adquieren la forma de “estallidos sociales”, al estilo francés o chileno, pero sin continuidad en el espacio y en el tiempo.

Las clases no han desaparecido, eso está claro. Pero han sido subsumidas en las masas y estas, sin partidos ni organizaciones, suelen actuar como hordas o, como ya lo hemos visto no solo en los EE UU. de Trump, como turbas. Ellas son y serán, lo estamos viendo a diario, la carne de cañón de los líderes y partidos nacional-populistas. La sociedad post-moderna no ha sido desclasada pero sí – la diferencia no es banal- desclasificada. Hecho que no tarda en repercutir en las biografías, marcadas cada día más, por un sentimiento colectivo de no-pertenencia, ni social ni cultural.

Pero el humano, gregario al fin, quiere ser algo y alguien en un espacio determinado por un nosotros identitario. El problema es que la oferta de identidades colectivas que ofrece el mercado social es muy inferior a su demanda

¿Quién soy yo? La respuesta en el pasado era segura: soy un empresario, soy un trabajador, soy un profesional. Todavía hay algunos privilegiados que pueden dar respuesta afirmativa a esa pregunta socio-ontológica. Pero cada vez son menos. Y cada vez son más los que no pueden definir su identidad en términos laborales o sociales. El “yo soy”, esa es la conclusión, está dejando de ser una referencia social. Bajo esa condición, el ser, para ser, busca otras referencias, y estas solo pueden ser encontradas en identidades ya no sociales sino a-sociales, e incluso anti-sociales, y por lo mismo, anti-políticas.

Para usar una terminología en boga, el tema de la identidad del ser ha sido rebajado a sus instancias más primarias, ahí donde habitan identidades que al no ser adquiridas tampoco son intercambiables entre sí. Identidades definidas por un “yo soy” pre-social y pre-político: un ser biológico, nacional, étnico, cultural.

Para usar los términos de Paul Ricoeur (Sí mismo como el Otro) asistimos al avance de una identidad sin ipseidad. O dicho más simple, a una identidad determinada no por lo que he llegado a ser sino por lo que yo soy por nacimiento: negro, blanco, indio, hombre, mujer, latino, y, sobre todo, miembro de una comunidad imaginaria llamada nación. El ser social ha sido desplazado por el ser nacional. Y si miramos el pésimo ejemplo que dan los catalanistas, por un ser regional.

El grave problema es que las identidades primarias no son intercambiables entre sí. Los negros que se levantan en los barrios marginales de Europa y de los EE UU nunca van a dejar de ser negros ni los blancos que siguen a Trump en contra de los no-blancos, nunca van a dejar de ser blancos. Y al no ser intercambiables, esas identidades yacen fuera de toda deliberación, de toda discusión o debate. Nadie podrá jamás convencer al otro de que su identidad primaria es falsa. Pues las luchas identitarias, a diferencias de las sociales y políticas, no son argumentativas, ni siquiera ideológicas. Bajo su primado, la lucha de los discursos termina por convertirse en lucha de cuerpos que, desprovistos de argumentos e ideas, se encuentran mucho más cerca de la guerra que de la política.

Los nacional-populistas y sus fanáticos líderes son hoy los portadores de futuras y cruentas guerras identitarias. Eso quiere decir que mientras la sociedad no logre ordenar sus estructuras, o mientras no reaparezcan nuevas identidades sociales y políticas, los nacional-populistas, con sus retóricas de derecha e izquierda, o de ambas a la vez, continuaran avanzando y la llamada democracia liberal continuará declinando.

Pero hay que insistir: lo que presenciamos no es el fin definitivo de la democracia liberal. En Rusia, Bielorrusia, Turquía, Irán, Cuba, y varios otros países, hay quienes luchan orientados por principios democráticos heredados de, y propios a la, democracia liberal. Pero seríamos ciegos si no advirtiéramos que en muchas otras naciones, precisamente las que fueron guías políticas del orden democrático liberal, las fuerzas democráticas se encuentran a la defensiva.

Sin intentar pronósticos, ni mucho menos construir distopías, solo podemos afirmar por el momento que en las confrontaciones que vienen, la democracia-liberal, la que conocemos o conocimos, no saldrá ilesa. O en otras palabras: la llamada democracia liberal, si es que subsiste, no será la misma de antes. Es mejor decirlo ahora que después.

Puede suceder incluso que la democracia del futuro sea, si no más liberal, más democrática. Lo que no siempre es bueno. La voz del pueblo no es la voz de Dios solo porque viene del pueblo. No pocas veces ha sido la voz del Diablo.

Febrero 18, 2021

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2021/02/fernando-mires-el-declive-de-la...

 9 min


Ignacio Avalos Gutiérrez

El día del sociólogo fue el martes o el miércoles de la semana pasada. Lo celebré, a pesar de la pandemia pero, sobre todo, de la propuesta del Gobierno, en donde indica que lo que estudié no es útil para el país, que poco o nada tiene que ver con sus necesidades y prioridades, opinión que se extiende, en general, a filósofos, historiadores, psicólogos, en fin, a todo aquel que se le haya ocurrido pisar el territorio académico marcado por las Ciencias Sociales y Humanas.

Tal propuesta ha recibido no pocas críticas, pero en este caso reiterar hasta el fastidio no es pecado, es una obligación. Y yo cumplo con ella, aunque llueva sobre mojado

El Gobierno dice lo que se debe estudiar

Hago, pues, referencia a un documento titulado “Redimensión del Sistema Nacional de Ingreso Universitario” que el gobierno se sacó de la manga, sin que mediara diálogo alguno con las numerosas instituciones involucradas y violando, por cierto, algunos artículos de la Constitución Nacional. En el referido informe se muestra una lista en la que se definen cuales son las Carreras Prioritarias, las Carreras Derivadas y las Carreras Complementarias (en total de ciento cuarenta y cinco) y si bien es cierto que en ninguna de sus páginas deja ver la eliminación de las Ciencias Sociales y Humanas, dentro del contexto de su redacción uno entiende que se trata de disciplinas de las que puede prescindir el país.

La anterior me parece, entonces, una iniciativa que, bajo el propósito de “contribuir a resolver las necesidades del país”, le pasa por encima a las claves que rigen estos tiempos, marcados por numerosos cambios originados primordialmente a partir de un conjunto de nuevas tecnologías que no en balde han sido calificadas como “disruptivas”.

Así las cosas, palabras tales como inteligencia artificial, impresora 3D, robótica, energías renovables, “machine learning”, computación cuántica, internet de las cosas, redes neuronales, big data, pasan a formar parte de una serie interminable de nuevos vocablos, mediante los que se dibuja la época actual, obligando a cambiar los anteojos desde los que se observa y calibra, en todos sus ámbitos, la vida de los terrícolas, inclusive, quizá sea necesario advertirlo por si acaso, la de los venezolanos.

El historiador Yuval Harari llega a preguntarse en uno de sus libros “… qué sucedería si lo humano, tal como lo concebimos, comenzara a tornarse obsoleto y nos encontráramos en la antesala de una redefinición radical de las nociones” de individuo, libertad, mente, conciencia, espíritu, emoción, sentimiento, organismo, vida. En síntesis, una redefinición de la propia condición humana … ”. Vistas las nuevas realidades que están asomando, nadie diría, creo, que esta pregunta no es pertinente.

Se achica el horizonte del país

El ritmo de desarrollo del conocimiento ha llegado a ser exponencial, afectando a todas (subrayo: a todas) las disciplinas. En este sentido, se plantea en varios documentos, una concepción distinta, más realista de la ciencia, a fin de darle respuesta a las múltiples y difíciles interrogantes envuelven a un planeta que transcurre en medio de niveles crecientes de complejidad, incertidumbre y riesgo. Un enfoque, reza en su contenido, que le dé base a una política que permita institucionalizar un diálogo fluido entre especialistas de distinta procedencia académica, que desvanezca la frontera entre humanidad y naturaleza, que coloque el acento en lo complejo, temporal e inestable y que maneje la tensión entre lo universal y lo particular, lo global y lo local.

En virtud de lo arriba indicado se le abre la puerta a intensos procesos de “hibridación”. La interdisciplinariedad se ha vuelto un criterio esencial en la producción de conocimientos, estrechándose los vínculos entre las ingenierías, las ciencias naturales, las ciencias sociales, las humanidades, ampliando de manera antes inimaginable su espectro, pensando y analizando no única ni principalmente lo real, sino también lo posible, buscando mirar cuál civilización es la que presagia.

Obviamente, todas las consideraciones apuntadas a lo largo de estas líneas entrañan la modificación los enfoques que determinan en el presente la organización de los estudios universitarios.

En suma, proyectos como el comentado, le achican el horizonte a la sociedad venezolana. Sobre a todo a sus jóvenes.

El Nacional 17 de febrero de 2021

 3 min


Jesús Elorza G.

El debate de la transexualidad no es nuevo y lleva años generando una gran polémica en el deporte mundial. En 2016, la lucha por el derecho a la identidad sexual obtuvo uno de sus mayores triunfos. El Comité Olímpico Internacional (COI ) tomó la decisión de permitir que los deportistas transgénero participasen en los Juegos Olímpicos (JJOO) bajo ciertas condiciones.

En una revisión histórica, podemos ver que el mundo deportivo fue sacudido en 1976, cuando la tenista trans Renee Richards abrió el camino, disputando el US Open. Primero, la estadounidense compitió varios años bajo el nombre de Richard Raskin y en 1975 decidió cambiar de sexo. Al año siguiente cuando se inscribió en el US Open femenino, sus colegas estallaron y el Comité Organizador del evento exigió un análisis de cromosomas, según la normativa del COI para la época.

Ofendida por la medida, Richards demandó a la Asociación de Tenis de los Estados Unidos ante la Corte de New York. Un año mas tarde, el tribunal le dio la razón y en consecuencia Renee pudo participar en el US Open 1977, en donde logró clasificar a la final de dobles.

También, resalta el caso de la atleta sudafricana Carter Semenya, quien luego de haber ganado su prueba de 800 metros en el Campeonato Mundial de Atletismo 2009 fue acusada por otras participantes de "no ser mujer", siendo sometida a una prueba de verificación de sexo, solicitada por la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF).

Hoy en día, en los torneos internacionales ya no se practica la verificación de sexo directa, que a partir de 1946 se basaba inicialmente en examen visual. Luego, a las trans que querían participar en unos Juegos Olímpicos se les exigía tanto una terapia hormonal como una cirugía para eliminar los atributos sexuales externos (2003); después se pasó al estudio de los cromosomas.

El último reglamento del COI (2016), elimina ya la necesidad de operaciones quirúrgicas, y establece que quien quiera participar como mujer tiene que declararse mujer, y que no puede cambiar de género al menos durante cuatro años, para la práctica deportiva. Además, fija en un tope de diez nanogramos de testosterona por mililitro de sangre el máximo que puede tener una mujer para poder participar en pruebas femeninas. Eso les exigirá la toma de medicación para bloquear la llamada hormona masculina, la de la fuerza y la barba. Para las mujeres que hagan la transición a hombres no hay ninguna exigencia.

El conflicto ha aumentado en los últimos tiempos por la cercanía de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (JJOO). Allí se darán cita, si el coronavirus lo permite, los mejores deportistas del planeta, pero hay dos nombres que acaparan parte de los focos por ser transexuales: Tiffany Abreu y Laurel Hubbard.

Tifanny Abreu, jugadora de voleibol que compitió como Rodrigo Abreu hasta 2012, podría formar parte del equipo femenino de Brasil en los JJOO.

La deportista neozelandesa, Laurel Hubbard, se sometió a un cambio de sexo en 2012 y fue cinco años después cuando su nombre empezó a sonar en el panorama mundial del deporte tras cosechar sus primeros grandes resultados internacionales. Hubbard es elegible para competir en eventos femeninos, de acuerdo con las pautas de la Federación Internacional de Halterofilia para la inclusión de atletas transgénero.

Sin embargo, es importante resaltar que el debate en torno a este tema sigue abierto. Los Juegos Olímpicos de Tokyo, de llegar a realizarse, pondrán sobre el tapete la lucha por el derecho a la identidad sexual y cobrará mayor fuerza la igualdad y la no discriminación por razón de sexo, como una obligación de derecho internacional general, que vincula a todas las naciones y dado su carácter primordial, se establece siempre como un principio que debe inspirar el resto de los derechos fundamentales..

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Julio Castillo Sagarzazu

El principio básico de la percepción de la Terapia Gestalt, establece que “El todo es más que la suma de las partes” En otros terrenos del pensamiento humano y de la vida social, este principio es irrebatible. La concreción de esfuerzos patentizados en alianzas, en acuerdos, en esfuerzo común, suele ser siempre más que la sumatoria de las partes que han participado en el proceso de la formación de ese todo.

En Venezuela, urge un acuerdo que ponga por delante lograr una unidad superior que sería, sin duda, mucho más importante que la suma de los intereses de las partes que lo logren.

Ese acuerdo, obviamente, debería reconocer que todos: empresarios, dirigentes políticos y sociales, tienen todo el derecho de tratar de proteger sus intereses legítimos. En efecto, tanto derecho tiene un empresario a defender su empresa, como un dirigente político a postular su liderazgo y recurrir a sus conciudadanos para validarlo.

Otro elemento importantísimo seria reconocer que en el duro camino de lograr la libertad total, podrían y deberían alcanzarse logros parciales. Esto está en la esencia misma de toda lucha política. No hay trasformación alguna que se haya logrado, en la lucha contra poderosos adversarios, de la noche a la mañana o de una sola vez.

Probablemente, la más emblemática de las lecciones, en este sentido la leamos en el decurso de la Revolución Rusa. En sus prolegómenos, ocurrió el enfrentamiento de dos facciones del Partido Obrero Social Demócrata Ruso. Una, la de los Bolcheviques (en ruso significa maximalistas) y la otra, la de los Mencheviques (que significa minimalistas) Teóricamente, los primeros eran los partidarios de derrocar los zares con la fuerza de su propia organización e instaurar el socialismo directamente. Los segundos, planteaban la necesidad de alianzas con otras organizaciones y que tal proceso serio necesariamente gradual. Paradójicamente, los grandes maestros del gradualismo fueron, en realidad, los bolcheviques quienes, desde 1905 cuando formaron el primer soviet, hasta 1917 cuando lanzaron la consigna. ¡Todo el poder a los soviets!, realizaron alianzas y convivieron con numerosos adversarios políticos. Tanto fue así, que dejaron como legado para la lucha política el axioma de acuerdo con el cual, todo proceso de cambio pasa por un periodo de “dualidad de poderes”. Dicho de otra manera: Mientras no seas poder, crea un poder alterno para enfrentar al poder establecido.

En Venezuela, en el 2015, con la extraordinaria victoria parlamentaria de la oposición, se comenzó un periodo objetivo de dualidad de poder. Ya las calles habían demostrado que Maduro era minoría, pero la conquista de la AN, convirtió en tangible, lo que hasta ese momento no lo era. Este proceso conoció altas y bajas, hasta que vino el hito de esa dualidad con la juramentación de Juan Guaido como presidente interino. Este hecho logró, no solamente volver a recuperar el entusiasmo social interno, sino el prodigio inimaginable de lograr que más de 60 países (las democracias más importantes del mundo) desconocieran a Maduro y le reconocieran a él. Un hecho sin parangón en la historia universal contemporánea. Al fin, se visualizó un poder dual con perspectivas ciertas.

Estos dos acontecimientos, debemos subrayarlo, tuvieron un denominador común: La estrecha unión de todos los factores democráticos de la nación. Una excelente demostración de cómo se pusieron de lado intereses particulares y de cómo se logró esa unión superior para avanzar.

Hoy día está planteado, ni más ni menos que el mismo compromiso. Ningún reflujo anímico puede justificar que esta unión se rompa. Ningún interés es lo suficientemente importante para sacrificar a los demás.

Incluso, las luchas graduales, las que pueden permitirnos acceder a posiciones para disputar el poder “oficial”, deben ser planteadas y desarrolladas como parte de un plan estratégico común que es el de salir del régimen que nos oprime.

Aquí van unas líneas que pudieran permitirnos transitar este espinoso y minado camino. Las proponemos con toda humildad desde Carabobo. Desde donde libramos la batalla que selló nuestra independencia en 1.821; donde nació Venezuela como República independiente en 1.830 y donde comenzó la industrialización a fínales de los años 50.

1. Un acuerdo de todos los sectores interesados en recuperar la democracia debería comenzar por plantear un amplio avenimiento de todo el país para hacer frente a la horrorosa crisis humanitaria, comenzando por un pacto nacional para hacer frente al COVID y para acelerar la llegada de las vacunas a ser aplicadas universalmente.

2. Un acuerdo de esta naturaleza debería elaborar un protocolo común para hacer frente a los reclamos y exigencias para que se logre el respeto de derechos básicos como la libre expresión, la libertad de los presos políticos y militares; el regreso de los exiliados; el establecimiento de condiciones electorales establecidas en la Constitución; las libertades económicas, el respeto al derecho de propiedad, el inmediato cese de invasiones urbanas y privadas; la garantía de seguridad jurídica y personal; la eliminación de las trabas burocráticas y fiscales.

3. Este protocolo debería contener también mecanismos para tramitar las diferencias entre los sectores que concurran al acuerdo, sean estos políticos o gremiales. Es urgente dejar de tramitar estentóreamente las lógicas diferencias entre nosotros.

4. Igualmente se deberían acordar mecanismos de lucha unitario para apoyar los planteamientos sectoriales acordados y, en particular, la concreción de elecciones libres en el país, para lo cual nos apoyan las democracias más importantes de todo el planeta. Este último punto es de importancia capital. Venezuela es un problema político planetario y en su solución están interesados muchos países. Hay signos prometedores de que, con la nueva realidad geopolítica mundial, la agenda sobre Venezuela pueda consensuarse en favor de la democracia. Una hipotética negociación internacional, que supere las falencias de formato de Oslo y Barbados, debe conseguirnos unidos en torno a estos pedidos de elecciones libres. Sería una tragedia que, intereses subalternos, nos muestren ante nuestros aliados como un saco de gatos, sin estrategia común.

Como se verá, una alta dosis de voluntad política, de sindéresis, de sacrificios particulares, nos van a demandar lograr acuerdos como los que aquí sugerimos. Nadie debe pensar que su plan, su interés, su propuesta, es más importante que la de los demás, por mucho que parezca urgente en este momento. No le quitemos la vista a la pelota. Las libertades de unos, no son más importantes que la libertad para todos.

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José Machillanda

El gobierno de NM aturdido, casi desquiciado, sin direccionalidad en una huida hacia adelante se atrevió a declarar los carnavales… ¿Carnavales? Como un régimen sin plan ni programa, derrotado en la farsa electoral del 6D, se viste o intenta vestirse como un agente de gobierno para desviar la atención de la ciudadanía, sobre todo los más pobres de las clases C, D, E y F, a disfrutar los carnavales mientras lo que hay es sólo pobreza y desastre. El régimen obliga a la celebración de un supuesto carnaval, lo que muestra es a un régimen ignaro. ¿Qué significa carnaval? ¿Tendrá idea que son los tres días que preceden a la Cuaresma? ¿Qué son fiestas populares? ¿Máscaras y reuniones muy alegres y ruidosas?

El gobierno-régimen y su parálisis nacional e internacional hablan hasta por los codos y muestra su completa incapacidad a su interior, evade su función como gobernante de todos los venezolanos, se arropa en la anti-política y sub-política para distraer a los venezolanos en unos supuestos carnavales, que chocan a la mayoría de la población. Población disminuida, arrinconada que frente al asalto y la torpeza aparece como Tercer Estado. Tercer Estado representado por la población disminuida, arrinconada en pobreza extrema, que ya llega a la indignación. Esta población sí ha terminado de comprender la necesidad de desplazar a este gobierno burlón que como Mafia armada, irresponsable e incapaz declara un carnaval.

El carnaval declarado el 2021 sentencia al revolucionarismo, su cobardía y también su incapacidad que lo hace huir de la realidad política, como lo muestra el eje de política doméstica. La masa social, aún en carnaval, muestra su rechazo general, su protesta silenciosa, su inconformidad e indignación general por la dolarización, la persecución sistemática y exponencial contra la ciudadanía pero además un permanente engaño con una guerra psicológica dirigida a mentir y a minar la moral del venezolano. La venezolanidad democrática, angustiada y sufrida no celebrará su carnaval, que es todo un mareo simbólico. Lo que el gobierno cree todavía es que puede engañar a la ciudadanía. Ciudadanía que desde la abstención no opaca está decidida a desalojar este revolucionarismo perverso y farsante.

La ciudadanía está conteste que Venezuela Estado, Tercer Estado tiene que activarse como ciudadanía y no tolerar más tretas como la del carnaval. El venezolano demócrata enfurecido crece en indignación, pero también entre acercamiento entre ciudadanos para enrutar un esfuerzo cívico en un Movimiento Político de Renacimiento Nacional que confronte la hipocresía, inmoralidad e incapacidad del gobierno militarista. El ciudadano democrático está prestó para la protesta y no está dispuesto a recibir más engaños ni burlas del militarismo obsecuente. Se impondrá la Constitución de la República vigente y con decencia política desplazará a este régimen.

El gobierno en las carnestolendas tendrá una repuesta política categórica, repuesta de la mayoría de los venezolanos pobres que están cansados de la burla, desfachatez y será contenido el régimen mediante la vía política con una resistencia pública al chavismo-madurismo con una desobediencia plena. La masa democrática desprecia al gobierno de calle y al gobierno militar de calle. La treta de las carnestolendas es el punto de ignición para la burla propuesta de este régimen opresor de la ciudadana, aún arrinconada por una dolarización exponencial creada por el socialismo revolucionario, que serán desplazados por el valor democrático.

El cuerpo social venezolano, las clases más sufridas tienen claro que la política no es violencia y menos cuerpos armados, la política tampoco es socialismo ni militarismo. La política y el gobierno democrático concilian intereses divergentes, requiere de una masa ciudadana que ya comienza a sentir la necesidad de una real democracia. Esa organización ciudadana se activará como Tercer Estado, serán las clases sufridas maltratadas y burladas por un régimen violento y farsante quienes desplazarán a este socialismo militarista. Será una organización ciudadana para la transformación del militarismo cobarde e incapaz que esta de espalda a los repúblicos y a sus repúblicos: Muchos venezolanos decentes que además tienen que ver con la decencia política democrática.

Organización política democrática social será la que enfrente el Ambiente Política Real Electoral arbitrario de este desgobierno. La ciudadanía está convencida suficientemente de que la anti-política y sub-política de estos 21 años son responsabilidad, de un grupo de incapaces, burdéganos y violentos que confundidos han sometido al cuerpo social con el plan de machete y la peinilla. La sociedad venezolana, y hoy en carnaval, está representada por los más sufridos que serán el motor de organización y acción, para después de este carnaval comenzar con la conveniente y necesaria construcción del sistema político venezolano. Fuera las mafias armadas, sub armadas que creen que pueden seguir accionando en contra de la mayoría de venezolanos.

Los venezolanos más sufridos, que este régimen en las carnestolendas ha mantenido y movilizado sin transporte, sin gasolina, sin alimento, sin medicina ya no tienen más espacio ni tiempo en la República. Una República que han hollado… ya no más, no se aceptan más burlas, la ciudadanía, los operadores políticos y los hombres organizados repondrán la democracia. ¡Simple!... se les acabó el carnaval del 2021, no más engaño, no más asalto… un grupo humano maravilloso tiene claro que no hay más tiempo para tanta desfachatez, y en donde se ha impuesto la política, la sociedad y la historia.

Es auténtico,

Director CSB CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 15 de febrero de 2021

 4 min


Alberto Jordán Hernández

Con voz propia

El 26 de febrero se cumple el 45º aniversario del secuestro que hizo historia, el de William Frank Niehous empresario estadounidense y presidente Owens-Illinois que permaneció 3 años y 4 meses en poder de los captores, líderes del partido Liga Socialista que hoy tiraniza a Venezuela. Irrumpieron en la quinta “Betchirro”, en Prados del Este de Caracas 7 hombres fuertemente armados y con pañuelos empapados en éter adormecieron a WN a su esposa Donna y a la del servicio doméstico. Testigos de excepción los 3 niños del matrimonio.

Se menciona integrantes del macabro grupo a Jorge Antonio Rodríguez, fundador del citado partido, capturado por la DISIP a cinco meses de la operación y a dos días murió víctima de torturas. Ese bestial método lo orientan ahora desde la narco dictadura, sus hijos Jorge y Delcy, entonces de 11 y 6 años. Hermanos siniestros, los novela Ibéyise Pacheco.

Le siguen Fernando Soto Rojas quien huyó a Francia (años después presidente de la Asamblea Nacional); Iván Padilla, acusado de delator; David Nieves, indultado para que asumiera diputación en el Congreso en 1978.

También fueron presos parlamentarios Salom Mesa y Fortunato Herrera, Luis Alberto Solorzano, Luis Lander, José Aquino, muerto en tiroteo en el sitio del rescate de Niehous y Mirelis Pérez Marcano, después diputada por Pusv.

Mera casualidad el rescate del empresario por la Policía Técnica Judicial, que perseguía a denunciados por robo de ganado del hato El Dividive, cerca de Maripa, del estado Bolívar, que enfrentó con armas.Con las manos en alto, salió de un rancho un larguirucho, de cabello amarillo que le llegaba a los hombros y les gritó ¡no disparen, Soy Niehous!

Y resalta en este secuestro la presencia de Carlos Lanz Rodríguez, autor del libro “El Caso Niehous y la Corrupción Administrativa”, que el ministro de Estado Carmelo Lauría del Presidente Carlos Andrés Pérez, pronosticaba una revolución que no se daba insubordinación de marginales, sino por corrupción de clase dirigente.

Diario Las Américas interpreta que desde cuando Hugo Chávez asumió la Presidencia, CLR se convirtió en figura importante para estructura de formación de la naciente Revolución. Resaltó en el Ministerio de Educación y en la Gerente de ALCASA y VENALUM. Igual se dedicó a impulsar agricultura en escuelas y comunidades.

Secuestrador secuestrado se encuentra desde el l8 de agosto 2020. Salió en la mañana de su casa en Maracay, y no regresó.

Provea, opina que por su trayectoria tal desaparición pudiera tener connotación política. Por tanto compete a organismos de inteligencia la investigación que conduzca a su recuperación sano y salvo.

Única vez el Fiscal General de Maduro Tareck William Saad refirió que organismos de seguridad se movilización para el rescate.

Periodista uruguayo Fabio Solano, reseña en una nota que titula “El Secuestro de un Gringo”, que si describiera cautiverio de Niehous con su relación saldrían a relucir muchas cosas, como los $ 20 millones que se pagaron en el exterior. Era una fortuna tanto o más grande que el día de hoy, que dilapida nar-corrupto-régimen militar.

Delcy Gómez, actual vicepresidenta ejecutiva de la república, confesó en programa tv con José Vicente Rangel, que “la revolución es nuestra venganza personal por esa época oscura que vivimos, donde muchos jóvenes fueron asesinados, torturados, desaparecidos”.

Dicha revelación despertó la indignación del pueblo que combate el fracaso de las políticas impuestas hace más de 20 años, que llevaron al que se computaba entre los países más ricos del Mundo al peor depauperado. Y con un NCRM, del cual se lucran líderes de la llamada robolución.

AL MARGEN: Sentido Adiós damos a Alberto Boulanger Solé, Patrimonio Cultural y Educativo de Paragüaná, en vísperas del siglo de vida. Hablar de él es referir a su Librería El Carmen que la crisis obligó al cierre, para tristeza de generaciones de estudiantes e intelectuales.

jordanalberto18@yahoo.com.

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Aurelio Useche

En recuerdo de Mercedes Pulido de Briceño

En una entrevista en Prodavinci realizada hace cinco años Mercedes comentaba que el problema político de mayor envergadura era la hegemonía militar, pero que no se enfrentaba.

Cuando se materializó el Golpe de Estado del 18 de Octubre de 1945, contra el gobierno del General Isaías Medina Angarita el historiador Manuel Caballero, en su libro sobre Rómulo Betancourt, destacó que en esa fecha los militares egresados de la Academia Militar, habían entrado como factor de decisión en la escena política, por primera vez en la historia en Venezuela. Ahora bien, a pesar de que Medina Angarita era militar egresado de la Academia Militar, su régimen de gobierno inicio un proceso de modernización política, al permitir la creación y organización de partidos políticos, incluso el comunista. Es necesario aclarar que ese gobierno, sin ser plenamente democrático, se caracterizó por la presencia mayoritaria de civiles, de honorables hombres en posiciones públicas, Ministros, Directores de Ministerios y demás instituciones del Estado. En concreto, no fue un gobierno militar ni militarista. Sin embargo no pudo superar el estigma de la hegemonía andina, ni la apertura a la elección directa del Presidente.

El golpe de 1945, denominado luego “Revolución de Octubre”, tuvo como objetivo desmontar la estructura política que surgió, luego de la muerte de Gómez y propiciar, la elección del Presidente de la República y de los miembros del Congreso Nacional, mediante el voto directo y secreto de todos los venezolanos. Y así fue; sin embargo, los militares con el liderazgo de Marcos Perez Jimenez ya en la escena como factor de poder político, apenas dejaron que Don Rómulo Gallegos, gobernara por menos de nueve meses al País.

A partir de su derrocamiento y hasta 1958, Venezuela tuvo un régimen político de militares. Y si tomamos en cuenta que, a pesar que la Junta Revolucionaria de Gobierno del 45, se mantuvo en el poder tres años, presidida por un civil, Rómulo Betancourt, lo cierto es que en su composición había militares en destacada función gubernamental, con Poder, por lo cual se puede indicar que fueron 13 años de presencia militar en tales gobiernos, desde 1945 y hasta 1958. Y luego del 23 de enero, aun cuando la Presidencia de la nueva Junta es ocupada por un Almirante, el régimen dictatorial es sustituido por un orden liberal democrático, dirigido, fundamentalmente, por civiles, mientras que las fuerzas armadas pasan a ocupar, por primera vez en su historia, una institución de soporte al régimen político naciente.

También es cierto que, las Fuerzas Armadas, fueron intervenidas, parcialmente, por los dirigentes de los Partidos Comunista, MIR y otros aupadores de las guerrillas y lograron promover, contra la democracia, los alzamientos de Carúpano y Puerto Cabello, intentonas fracasadas y apabulladas por el sector dominante de las Fuerzas Armadas, el cual estaba claramente consciente de su rol institucional en defensa de la democracia.

A lo largo del periodo democrático, las Fuerzas Armadas se fueron convenciendo de la conveniencia del predominio del poder civil sobre el militar, en cuanto a política y activismo político se refiere, así como en la conducción de los sucesivos gobiernos. Desde luego, el libre pensamiento y las eventuales tendencias políticas, existían, pero no formaban parte del contexto institucional. Un hecho importante fue acordar elevar a grado universitario a los egresados de las Academias Militares y para 1975, a los cadetes que aprobaban el curso final de sus estudios, les eran otorgados títulos de Licenciados en Ciencias y Artes Militares, relevando su participación social. Un hecho significativo fue la presencia de profesores civiles en varias cátedras del pensum de las Academias. No puede dejar de mencionarse que durante ese periodo democrático, existió una política de estado para que los oficiales y suboficiales, tuviesen la oportunidad de perfeccionarse profesionalmente en otras academias e instituciones militares de países amigos, así como tambien a estudiar en prestigiosas universidades del exterior. Muchos oficiales y sub oficiales tuvieron entonces la oportunidad de conocer los avances de las armas modernas y, de hecho, el país adquirió equipos y armamentos de última generación. Quizás el caso más emblemático fue la adquisición de los F-16, arma de uso exclusivo del Gobierno de los Estados Unidos, así como la construcción y operación de las fragatas de la industria bélica de Italia, también de tecnología de punta para ese entonces.

Se decidió crear el Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional, en donde concurrían militares y civiles para el análisis y consideración de los problemas del país con perspectiva nacional. Era un centro de discusión que mostraba el espiritu democrático dentro de un orden de convivencia entre lo civil y lo militar,

Convencidos de las bondades del sistema democrático, las Fuerzas Armadas actuaron como soporte institucional del Estado en la lucha y combate de las guerrillas, propiciadas por los Partidos Comunista y MIR en alianza con la Cuba de Fidel Castro. Fueron años muy duros de lucha armada, hasta que su derrota fue definitiva. Como una demostración fehaciente del respeto, por parte de la democracia, a los derechos humanos, se decidió, de inmediato, permitir la actividad política de quienes habían tomado los caminos de la subversión armada, habían entregado sus armas y habían depuesto su intención insurreccional. Muchos de esos dirigentes, la gran mayoría, acataron el orden del régimen democrático y al disponerse a participar en su concierto, pudieron ser electos al Congreso de La Republica y a otros órganos deliberantes, como las Asambleas Legislativas de los Estados y como ediles de los Concejos Municipales.

En sentido general, los gobiernos democráticos, sin perder nunca su carácter civil, dieron cabida relevante a oficiales activos de las FAN para el desempeño de algunas responsabilidades en la administración pública.

Sin embargo, para mediados de los 80, esa actitud de predominancia del poder civil sobre el militar, dentro del régimen jurídico institucional, fue cambiando progresivamente. Y de una manera taimada, sin sobresaltos, se fue construyendo una corriente de opinión de reasunción de la ideología del militarismo como factor de poder. La discusión anual y aprobación de los ascensos militares por el Senado, para los grados de Coronel y General, generaba incomodidad en la jerarquía militar, por cuanto se aducía que los Senadores no tenían la calificación suficiente y específica para evaluar los expedientes. Pero fue una realidad y, en verdad, esa disposición constitucional más bien les permitió, a los altos oficiales de las propias Fuerzas Armadas, esmerarse y cuidar bien las propuestas de ascenso, para que siempre fueran justificables. En muy raras ocasiones, alguna de las propuestas de ascenso fue objetada por el Senado.

Los sucesivos Altos Mandos militares de entonces estaban conscientes de la existencia de esas corrientes internas de opinión, pero quizás no tenían una dimensión exacta de la extensión e intensidad de estos movimientos ideológicos militaristas. Las Academias Militares empezaron a prescindir de profesores civiles; los planes de estudio, igualmente, empezaron a cambiarse, con el argumento de que había que reforzar la formación militar y la fortaleza de la institución, la cual se sentía débil ante el Poder Civil. A los jóvenes cadetes que se incorporaban a la Academias, les reprochaban, para desacreditarlos como personas, que se “parecían a un civil”; de este modo se fue creando un espíritu contrario al predominio del poder civil sobre el militar. Esta corriente de pensamiento militarista, acusaba y señalaba a la alta oficialidad, como “entreguista” al poder civil y, en particular, como subordinada a los dirigentes políticos, lo cual hacia que muchos oficiales de alta graduación se abstuvieran de actuar de modo disciplinario.

Estos movimientos fueron progresivamente tomando cuerpo en el seno de las FAN y a pesar de haberse cometido alguna que otra acción disciplinaria, éstas fueron más bien dilaciones para enfrentar la realidad en su verdadero contexto. Y es allí dónde y cuándo aparece en escena Hugo Chávez y otros oficiales, quienes utilizando inapropiadamente el nombre de Bolívar, luego de varias acciones tácticas, irrumpen con los golpes de estado de febrero y noviembre de 1992. Hecho que en verdad, sorprendió al establecimiento político civil y a la opinión pública, no lo fue así para el mundo militar, quien lo tomó como una primera acción reivindicadora de su “legítimo” y tradicional misión de “gobernar” a la Patria de Bolívar.

La elección de Hugo Chávez, cambió por completo el espectro político militar. Y a pesar de que fue electo mediante el voto popular, su convicción era que lo había sido principalmente por su condición militar y no por seguir las pautas de la política tradicional. La Constitución de 1999 tiene un evidente sesgo militarista. En un Foro realizado en IFEDEC, unos de los constituyentitas de mayor renombre, Herman Escarrá, indicaba, como crítica al proceso de la discusión de la Constitución, que Hugo Chávez había insistido, enfáticamente, en darle ese sesgo y otorgar privilegios a los miltares. Esa era y es la realidad.

A lo largo del régimen de Chávez, los militares fueron asumiendo cargos y posiciones, no solo en la Administración Pública, sino, además, en las empresas del Estado, incluyendo a PDVSA. Su intención siempre fue muy clara: ir tomando control, a través de militares, preferentemente activos, de todas las labores funcionales y operativas de la administración pública, de modo de dar por sentado que este era un régimen de inspiración militar.

Se ha llegado al extremo actual, en el cual la participacion militar, prácticamente ocupa todo el espectro de la administración pública y de las empresas del Estado; hoy, en nuestros días, tal participación incrementada, de manera súbita, por las expropiaciones y apropiaciones, las intervenciones indiscriminadas del régimen, se hace más evidente.

De modo que, en la práctica, el Gobierno de Maduro, es un gobierno de militares. Y con una concepción ideológica sobre la preponderancia del Estado sobre los medios de producción y distribución de bienes, que viene de las relaciones funcionales con el régimen cubano, quien al parecer tiene las riendas del poder en Venezuela. De un modo insólito, a espaldas de la institucionalidad, se han creado empresas militares para el desarrollo de los negocios petrolero y minero. Con ello, se rompe la exclusividad que tiene PDVSA y no es de extrañar que, en un próximo paso, PDVSA sea una empresa administrada bajo la égida militar. Igual sucede con el arco minero, portador de recursos de última hora que le permitirán al gobierno, mediante concesiones mineras, hacerse de unos fondos para intentar superar la crisis económica. Y todo esto estará bajo la administración de los militares. La gran excusa:

¡ellos son los verdaderos defensores de los intereses nacionales y de la soberanía! Una verdad aparente, transfigurada por una realidad, el poder político de los militares. Quizás se estan dando las bases de poder, para que en el caso de un cambio de Gobierno, ya las Fuerzas Armadas tengan en sus manos el petróleo y las minas y sea esta peculiaridad, una enorme restricción para quienes serían gobierno en los próximos años, puesto que sería muy cuesta arriba despojar a las Fuerzas Armadas de ese poder.

Hoy, sin vergüenza alguna, las Fuerzas Armadas se declaran revolucionarias y chavistas. Pero la desgracia de su fracaso está socavando, intensamente, el apoyo popular, ya que según apuntan las últimas encuestas, alrededor del 90% de los venezolanos, rechaza a este régimen. Y no se puede olvidar como factor de rechazo, la presunta vinculación de altos oficiales con el tráfico de drogas. Pese a ello y como en un postrer recurso de desesperación, se pretende militarizar y entregarles toda la distribución de alimentos a los militares, como si la causa de la escasez pueda ser enfrentada bélicamente, a través de acciones militares.

Y, téngase por seguro, lo que efectivamente harán es agravar aún más el tema de la escasez y la anarquía en general. Asi como la inflación. Los militares no pueden parar y sostener la indignación nacional y algún día, mucho más pronto que tarde, el régimen y todos sus integrantes, sucumbirá, dejarán el poder y, desde luego, nos entregarán a Venezuela hundida en la peor crisis de su historia. Pero, si el problema militar no se enfrenta política e institucionalmente sobrevivirá el militarismo con poder político, aun con un nuevo Presidente.

La hegemonía militar sea quizás el gran escollo político de mayor relevancia nacional para la superación de la crisis nacional, por cuanto se ha destruido el entramado social civil que sostenía al régimen democrático durante el periodo 58/98. Este asunto se evade de ser tratado públicamente tanto por los dirigentes de la oposición, con la excepción de Ramos Allup, como por quienes emiten opinión en la prensa escrito y en los medios sociales. El temor inunda subliminalmente a los dirigentes políticos y cometen un gran error. Este tema debe ser discutido públicamente, tanto en la Asamblea Nacional, como en otros foros de discusión. Asi como la política económica estatista centralizada es necesario su discusión pública, del mismo modo el problema militar.

¿Entendemos o no, el orden de los riesgos que impunemente se corren, cuando se entrega el Poder a una hegemonía militar?

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