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Opinión

Emmanuel Macron, Angela Merkel, Macky Sall, António Guterres, Charles Michel, Ursula von der Leyen

En septiembre de 2000, 189 países firmaron la «Declaración del Milenio», que establece principios de cooperación internacional para una nueva era de progreso hacia objetivos compartidos. Terminada la Guerra Fría, confiábamos en nuestra capacidad para crear un orden multilateral que permitiera enfrentar los grandes retos del momento: el hambre y la pobreza extrema, el deterioro del medioambiente, las enfermedades, las crisis económicas y la prevención de conflictos. En septiembre de 2015, todos los países volvieron a comprometerse con un programa ambicioso para el abordaje conjunto de los desafíos globales: la Agenda para el Desarrollo Sostenible 2030 de las Naciones Unidas.

El mundo experimenta tendencias divergentes, por las que una mayor prosperidad mundial fue acompañada de persistencia o aumento de desigualdades. Ha habido una expansión de la democracia, al tiempo que resurgían el nacionalismo y el proteccionismo. En las últimas décadas, dos grandes crisis, que afectaron en gran medida a las sociedades y debilitaron el marco de políticas compartido, sembraron dudas sobre nuestra capacidad para superar perturbaciones, resolver sus causas básicas y garantizar un futuro mejor para las generaciones venideras. También fueron un recordatorio del grado de nuestra interdependencia.

Las crisis más graves demandan las decisiones más ambiciosas para definir el futuro. Creemos que esta puede ser una oportunidad de recrear consenso para un orden internacional basado en el multilateralismo y en el Estado de Derecho, en un marco eficaz de cooperación, solidaridad y coordinación. Imbuidos de este espíritu, estamos decididos a trabajar juntos, en el contexto de la Organización de las Naciones Unidas, los organismos regionales, foros internacionales como el G7 y el G20, y coaliciones ad hoc, para resolver los desafíos globales que enfrentamos y enfrentaremos.

La primera emergencia es la sanitaria. La crisis de la COVID‑19 es la mayor prueba a la que ha sido sometida la solidaridad global en generaciones. Ha sido el recordatorio de un hecho evidente: frente a una pandemia, la cadena de la seguridad sanitaria se rompe por el sistema de salud pública más débil. Mientras haya COVID‑19 en cualquier lugar, las personas y economías de todo el mundo estarán en riesgo.

La pandemia exige una decidida respuesta internacional coordinada para ampliar en el menor tiempo posible el acceso a kits de diagnóstico, tratamientos y vacunas, reconociendo que la inmunización a gran escala es un bien público mundial que debe estar al alcance de todos a un costo accesible. En este sentido, damos nuestro total apoyo al Acelerador del acceso a herramientas contra la COVID‑19, una plataforma internacional lanzada por la Organización Mundial de la Salud y el G20 en abril.

Para que pueda cumplir su misión, es necesario ampliar con urgencia el apoyo político y financiero al Acelerador. Además, somos partidarios de que haya libre flujo de datos entre los participantes y se otorguen licencias voluntarias para el uso de productos patentados. A más largo plazo, también necesitamos una evaluación independiente e integral de nuestra respuesta, para extraer todas las enseñanzas posibles de esta pandemia y prepararnos mejor para la siguiente, un proceso en el que a la OMS le corresponde un papel central.

También estamos ante una emergencia medioambiental. En preparación de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) que se celebrará en Glasgow en noviembre, tenemos que intensificar nuestros esfuerzos en pos de limitar el cambio climático y crear economías más sostenibles. Es probable que en los primeros meses de 2021, varios países que constituyen más del 65% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero hayan formulado ambiciosos compromisos con la neutralidad de carbono. Ahora es necesario que todos los gobiernos nacionales, empresas, ciudades e instituciones financieras se unan a la coalición mundial para la reducción a cero de la emisión neta de CO2, según el Acuerdo de París sobre el clima, y que empiecen a implementar planes y políticas concretos.

La pandemia causó la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial. Recuperar una economía mundial sólida y estable es una prioridad fundamental. De hecho, esta crisis pone en riesgo los avances de dos décadas en la lucha contra la pobreza y la desigualdad de género. Las desigualdades, al debilitar la cohesión social, son una amenaza para la democracia.

No hay duda de que la globalización y la cooperación internacional han ayudado a miles de millones de personas a salir de la pobreza; pero casi la mitad de la población mundial todavía tiene dificultades para satisfacer necesidades básicas. Y en muchos países, las diferencias entre ricos y pobres se han vuelto insostenibles, las mujeres siguen sin igualdad de oportunidades y muchas personas todavía no ven pruebas de que la globalización las beneficie.

Mientras ayudamos a las economías a superar la peor recesión desde 1945, nuestra prioridad central sigue siendo garantizar el libre comercio basado en reglas, como importante motor de crecimiento inclusivo y sostenible. Por eso, debemos fortalecer la Organización Mundial del Comercio y aplicar a la recuperación económica todo el potencial del comercio internacional. Al mismo tiempo, la protección del medioambiente y de la salud, así como los estándares sociales, deben ocupar un lugar central en los modelos económicos sin dejar de garantizar las condiciones necesarias para la innovación.

Necesitamos una recuperación mundial que llegue a todos. Esto implica incrementar el apoyo a los países en desarrollo (sobre todo en África), tomando como base y ampliando acuerdos de colaboración ya suscritos, como el Pacto del G20 con África y su esfuerzo conjunto con el Club de París en el contexto de la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda. Es esencial dar más apoyo a esos países en la reducción de sus deudas y el acceso a financiación sostenible para sus economías, apelando para ello a todo el instrumental financiero internacional, incluido el activo de reserva del Fondo Monetario Internacional: los derechos especiales de giro (DEG).

Las nuevas tecnologías se han vuelto importantes herramientas de progreso e inclusión, que contribuyen a crear sociedades, economías y estados más abiertos y resilientes, y salvaron vidas durante la pandemia. Pero casi la mitad de la población mundial, y más de la mitad de las mujeres y niñas, siguen sin acceso a Internet y a sus beneficios.

Además, el considerable poder de las nuevas tecnologías también se puede usar para limitar derechos y libertades de la ciudadanía, difundir el odio o cometer delitos graves. Tenemos que trabajar sobre la base de iniciativas previas e involucrar a todas las partes interesadas pertinentes, para implementar una regulación eficaz de Internet, a fin de crear un entorno digital seguro, libre y abierto que permita el flujo de datos en un contexto de confianza. Los beneficios deben llegar sobre todo a las personas más desfavorecidas, lo que incluye resolver los problemas tributarios que plantea la digitalización de la economía y combatir la nociva competencia impositiva.

Por último, la crisis sanitaria interrumpió la educación de millones de estudiantes. Debemos mantener la promesa de proveer educación universal y preparar a la nueva generación con una formación científica y práctica básica, que también incluya la comprensión de otras culturas, la tolerancia y aceptación del pluralismo, y el respeto a la libertad de conciencia. La niñez y la juventud son nuestro futuro, y su educación es fundamental.

A la hora de enfrentar estos desafíos, el multilateralismo no es una mera técnica diplomática, sino un modo de configurar un orden mundial y una forma muy concreta de organizar las relaciones internacionales, basada en la cooperación, el Estado de Derecho, la acción colectiva y la adherencia a principios compartidos. En vez de enfrentar civilizaciones y valores, tenemos que crear un multilateralismo más inclusivo, que respete nuestras diferencias lo mismo que los valores compartidos que están consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

El mundo después de la COVID‑19 no volverá a ser el mismo. Hagamos uso de los ámbitos de diálogo y oportunidades disponibles (por ejemplo el Foro de París para la Paz) para avanzar con ideas claras hacia la solución de estos desafíos. Invitamos a líderes políticos, económicos, religiosos e intelectuales a participar en este diálogo global.

3 de febrero 2021

Traducción: Esteban Flamini

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/multilateralism-for-the-mas...

 6 min


Eddie A. Ramírez S.

Descuartizó las refinerías de petróleo en Venezuela y también las que teníamos en el exterior. Por eso no hay gasolina, diésel, ni lubricantes. Alguien podría pensar que el descuartizador es un partidario de las energías renovables. Sin embargo, ¡Oh sorpresa!, no es un militante de Greenpeace, sino un adorador del oro negro, aunque su antiguo compinche Maduro sostiene que su preferencia es más por el metal.

El descuartizador ha declarado y escrito que “el gran negocio está en producir petróleo, que la refinación no hace falta para venderlo y que esos hierros, refiriéndose a Citgo, están en territorio hostil, por lo que en el 2013 propuso a Maduro venderlos”. Ello explica por qué no se invierte en nuestras refinerías, por qué se han vendido casi todas las del exterior y por qué no le importa que las embarguen. Como consecuencia, estamos importando combustibles y lubricantes y, cuando aumentemos la producción de petróleo tendremos dificultades para colocarlo en el mercado más favorable.

En Venezuela, nuestras cinco refinerías tenían una capacidad de procesamiento de 1.300.000 barriles por día. ¿Cuántos procesan hoy día? Quizá no más de un 15 por ciento y todas las semanas se producen accidentes. Recordemos el de Amuay que costó la vida a 42 venezolanos. Por cierto, que Iván Freites, el dirigente sindical que hacía las denuncias tuvo que asilarse. Hoy dependemos de la gasolina iraní.

Las refinerías en el exterior se adquirieron para garantizar mercado, lo cual era necesario a medida que aumentara la producción. El problema es que se limitó la extracción para lograr mejores precios. Esta política es errada, ya que con las cuantiosas reservas que tenemos y con el tiempo limitado del rol del petróleo como principal fuente de energía, lo razonable es extraer la mayor cantidad posible. Por otra parte, una mayor actividad petrolera favorece a la población de las zonas productoras. La política de restricción de la producción se justificó cuando se desconocía el monto de nuestras reservas. Hoy es una estupidez.

En Alemania tuvimos participación en tres refinerías en asociación con Ruhr Oel. Las mismas tienen una capacidad de procesamiento de 682.000 barriles por día (b/d), de los cuales 183.000 b/d era la participación de Pdvsa. Hoy no las tenemos. Con la sueca Nynas tuvimos participación en cinco refinerías, con capacidad de procesar 63.000 b/d, de los cuales nos correspondían 36.000 b/d, hoy reducidos a 9.450 b/d. En Curazao teníamos arrendada una refinería de 335.000 b/d de capacidad, pero por negligencia nos la quitaron. En Estados Unidos tuvimos participación total o parcial en ocho refinerías, con capacidad de 1.805.000 b/d, de los cuales 1.346.000 b/d eran nuestros. Hoy solo tenemos tres del circuito Citgo, con una capacidad de procesar 749.000 b/d, y su directiva realiza esfuerzos para cancelar deudas y efectuar las inversiones que dejaron de hacerse.

El descuartizador de refinerías resultó selectivo. Consideró que el mercado de Europa y de Estados Unidos era menos importante que el de Cuba, Jamaica y República Dominicana. Por razones políticas, Pdvsa adquirió refinerías en estas islas con capacidad para 134.000 b/d, de los cuales nuestra participación era de 66.000 b/d. En la de Cuba, invertimos 1.200 millones de dólares para ponerla a funcionar, a pesar de que no era rentable. Probablemente el régimen cubano asumió que, con nuestros envíos gratis de crudo, sí era negocio para ellos. Aunque usted no lo crea, el gobierno castrista se apropió de nuestra participación. Las de Jamaica y República Dominicana también las perdimos por no cumplir con el compromiso de enviarles petróleo.

Es decir, que teníamos con nuestros socios una capacidad de refinación en el exterior de 3.019.000 b/d, de los cuales 1.966.000 b/d nos pertenecían. Hoy solo contamos en el exterior con capacidad propia para procesar 758.450 b/d, o sea Citgo más nuestra participación en Nynas. En números redondos, perdimos posibilidad de colocar con nuestros socios 2.200.000 b/d, de los cuales 1.200.000 b/d era nuestra participación.

Unas refinerías fueron mal vendidas, otras las perdimos por no cancelar deudas. Ahora está pendiente el caso de Citgo, instalaciones que no hemos perdido gracias a las gestiones del gobierno interino del presidente Guaidó. Irresponsablemente, Chávez-Maduro expropiaron activos de Crystalex y de Conoco Phillips y no compensaron por esa acción arbitraria; también por darla en garantía de Bonos de la deuda y para obtener préstamos. Despilfarraron esos dineros y no pagaron. ¡Qué irresponsables! Ojalá no perdamos Citgo, hoy solo amparada por una disposición del presidente de Estados Unidos vigente hasta junio y que esperamos sea renovada.

Se vendió Borco, en Bahamas, a precio de gallina flaca, con capacidad de almacenamiento de 21,6 millones de barriles, y por falta de mantenimiento perdimos las instalaciones de Bopec en Bonaire, con capacidad de almacenamiento de 12 millones de barriles. Hoy, con las dificultades derivadas de la pandemia por el coronavirus, esas instalaciones tienen una gran importancia estratégica.

Durante su período en Pdvsa, el descuartizador recibió la producción de petróleo en 2.620.000 b/d y la entregó en 2. 332.000 b/d, según datos de la Opep. Hoy, sus pupilos tienen la producción de crudo en solo 431.000 b/d.

En Mérida, cuentan los chismosos, que en la década de los 60, la policía apresó a alguien pintando el conocido grafiti RR (Renuncia Rómulo), pero tuvo que dejarlo libre ante el alegato lloroso de que solo estaba escribiendo sus siglas. Adivina, adivinador, ¿cómo se llama el descuartizador?

Como (había) en botica:

Gente del Petróleo y Unapetrol del Estado Monagas emitieron recomendaciones para evitar los frecuentes accidentes por fuga de gas y explosión de bombonas. Ojalá el régimen las atienda.

La invasión a la Escuela Agropecuaria Salesiana en Barinas y la anterior al Colegio de Agricultura de Fundacea, así como las restricciones presupuestarias y acoso por el hampa a nuestras Facultades de Agronomía y Veterinaria evidencian el abandono del sector agrícola.

Lamentamos los fallecimientos de Dimas Ibarra, compañero de Gente del Petróleo y de Unapetrol; también del distinguido economista Héctor Silva Michelena.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail

 4 min


Américo Martín

Quisiera comenzar repitiendo y ratificando lo que para mí, con los años, se ha convertido en una fuerte convicción. Aunque he participado en innumerables polémicas partidistas, no tengo el menor interés en aprovechar para exhibir supuestas ineptitudes o debilidades en el liderazgo o, específicamente, en el adversario. Si de alguna manera esas noticias ayudaran al progreso de la causa que defienda, preferiría dejar a un lado semejantes ayudas que me parecen parte del deplorable lodazal que enturbia el noble oficio político.

Prefiero la limpia manera, libre de zancadillas, trampas y odios, como la concebía el ilustre florentino Nicolás Maquiavelo, cual ciencia (o técnica) y a la vez arte. Hurgar en patio ajeno solo para desordenar e intrigar me parece un método despreciable de competir.

No reproduciré por eso las sorprendentes declaraciones del jefe principal del PSUV y sus múltiples fracciones, por dos razones. La primera, se trata del hombre que cuenta con el poder de las armas y de la FAN, institución para operarlas. El equilibrio que reina en el país entre el fuerte potencial que respalda a Maduro y Guaidó solo puede ser resuelto por negociaciones que remitan a elecciones libres, limpias, transparentes y universalmente observadas, todo para garantizar su credibilidad. Esa es, en este momento, la posición de la comunidad internacional en su firme propósito de poner en el voto soberano la solución de la tragedia política, económica y social, convertida en tragedia personal de los venezolanos.

Se han caído las fábulas sobre invasiones militares y salidas de fuerza, lo que curiosamente nos deja frente al acertijo de Cantinflas: como caballeros o como lo que somos. Se impone la solución de caballeros porque la otra pierde cada vez más asidero.

Nicolás Maduro ha confesado que en su partido, gobierno y alrededores cabalga una campaña contra él, en la que participan importantes figuras dirigenciales. Operan –reitera– con el designio de separar chavismo de madurismo y se proclaman “marxista-leninistas”. Imposible olvidar que las más despiadadas divisiones de la izquierda extrema se asumieron hijos predilectos de la doctrina marxista-leninista y en ese punto del océano naufragaron.

La última polémica de esa índole en la que participé contra polemistas brillantes hubo un derroche de sabiduría y excelente argumentación, pero ya no dejó lugar para más. El tema, las figuras de autoridad, la doctrina marxista, el leninismo, el maoísmo y demás “ismos” fenecieron o fueron reducidos a mitos o fábulas condenados a desaparecer. Lo único francamente feliz de aquel episodio fue la reconstrucción de nuestra notable amistad y deseo de ayudar al país y a los demás a razonar sin fantasías, dogmas y mitos que nunca tuvieron corporeidad material, y ahora menos.

Pelearon, compitieron, ofrecieron cifras y hasta vivieron momentos heroicos, pero su signo no cambió. Mito es –entre otras acepciones– lo que no existe ni muestra un rostro aceptable. Y al final de cuentas solo han sobrevivido bajo forma exactamente contraria a la sonrosada promesa que ofreció ser. Por ejemplo, la República Popular China ha llegado a ser una potencia económica mundial, dotada de poder disuasivo nuclear, pero la pura realidad deja al descubierto que no aparece la huella socialista en sus logros. Ninguna nación ha privatizado tantas empresas del Estado como el antiguo emporio rojo de Mao Zedong y Chou Enlai. Tampoco abundan las que se hayan consagrado al mercado en forma tan intensa. Sobreviven ciertos ritos relacionados con el comunismo, que no ha descolgado el retrato de Mao del frontis de la Ciudad Prohibida.

En Rusia sigue exhibiéndose la momia de Lenin, pero ya ningún líder se arriesga a llamar al Partido de Putin “vanguardia del proletariado mundial” ni se observan signos de desarrollo en su anatomía. En fin, es un anacronismo sin sentido meter al PSUV en un aquelarre ideológico cuyo destino sea la decadencia y el fraccionamiento.

¿Qué quedará en pie de esta polémica en el PSUV y sus aliados? Solo se percibe la parte instrumentario-funcional.

Me resulta tramposo el hábito de bañarse de legitimidad revolucionaria asumiéndose “verdadero marxista” y arremetiendo, lanza en ristre, contra el socialismo de mercado.

Es una manera de colocar a Maduro y sus compañeros fuera de la sacrosanta doctrina, con el objeto de borrarlos del mapa pretendidamente revolucionario. El mismo despropósito animaría a estos a reducir su importancia al estigmatizarles con el epíteto de “izquierda trasnochada”.

Las dos aceras del conflicto venezolano disponen de la vía electoral en los términos claros y viables que respalda la comunidad mundial. Negocien y discutan su rápida implementación, solo así nuestro violentado país romperá la trampa que lo retiene en oscuras aguas, solo así le quebrará el espinazo a las plagas de Egipto y la peligrosa pandemia que parece decidida a acabar con el género humano.

Twitter: @AméricoMartín

 3 min


Laureano Márquez

Entre los millones de cosas que le llegan a uno al teléfono para ayudarnos a no perder tanto tiempo leyendo libros, me enviaron la famosa cuña de la camioneta blindada. Lo tomé como una parodia de la corrupción y el mal gusto. Parecía una crítica mal lograda a la “enchufocracia” reinante. “Se podía haber dicho más”, pensé. Sin embargo, inocente uno, resulta que se trata de una cuña completamente en serio. El sabio Mevlana decía: “se visto cómo eres o sé cómo eres visto”. Aquí parece que a mucha gente ya no le importa ser vista como es, en todo el esplendor de esa terrible tragedia que ha traído el “socialismo” a Venezuela: la corrupción, la riqueza fácil y la ostentación grotesca de todo ello.

“Mi patrón, me la dio mi papá” (se refiere a la camioneta), comienza con una toma aérea de aproximación al lugar de blindaje al que supone uno, un hijito de papá, que lleva su camioneta a blindar. Me vino a la memoria una oportunidad en que fuimos a trabajar, Claudio Nazoa y quien suscribe, a Lechería en un hotel importante que tiene una marina. Desde la baranda de un yate con no menos 15 camarotes, un hijo de un enchufado nos reclamó nuestras críticas a una “revolución” que defiende al pueblo y preguntó –además– si nosotros estábamos pagados por Carlos Andrés Pérez. La escena era tan surrealista que parecía una broma. Resultaba increíble que desde ese gigantesco y lujoso cuasi Titanic, alguien estuviese defendiendo al pueblo. Pero resultó que la pregunta era en serio, formulada desde un yate por causa del cual, seguramente, muchas personas eran mucho más pobres.

“Marico, sobrepase el nivel, estoy en otro level” sigue la cuña. En Venezuela no es difícil sobrepasar el nivel si tienes la conexión adecuada. El nuevorriquismo, que pasa del subsuelo al nivel multimillonario, necesita exhibir su riqueza. “Papito en alta siembra, billete pa’ tirar pa’ arriba”. Seguramente esa “alta siembra” no es en el campo venezolano, quebrado por otras siembras a las que les conviene su destrucción.

“Papi me dijo: ‘hijo blíndala’ por algo será, tiene demasiado billete”. Luego va al lado del copiloto y abre la puerta y se baja una hermosa dama. “Me traje a una”, no completa la frase, no es menester. La dama pregunta luego que aparte de la camioneta, qué más va a blindar y él responde: “tú sabes, bebé, el juguetico”, señalando sus partes íntimas, suyas de él. “Soy un banco andante y quiero algo donde pueda meter efectivo”. Entonces le muestran una caja fuerte que va en la maleta de la camioneta.

La cuña en general es reveladora de este hombre nuevo, mal educado, sin escrúpulos, machista y criminal que ha producido esta tragedia política que agobia a nuestro país. Frente a esta muestra descarada de lo peor de este tiempo, tenemos que enaltecer y refugiarnos en nuestro lado luminoso.

No olvidar nunca que Venezuela es una tierra de gente talentosa, honesta, trabajadora y buena, con mentes cultivadas, poetas y escritores de renombre, músicos eminentes, maestros abnegados, médicos comprometidos, en fin, demasiada gente que mantiene nuestra esperanza blindada.

Twitter: @laureanomar

 2 min


Alejandro J. Sucre

El pensamiento catastrófico se puede definir como rumiar sobre los resultados irracionales de que va a ocurrir el peor de los casos.

Este resultado imaginario puede aumentar la ansiedad, paralizar o bloquear la visualización de las acciones correctivas que podemos realizar y evitar que las personas tomen iniciativas en una situación en la que sea necesario. A las personas les suceden cosas malas, incluso cosas horribles, que causan un dolor real en la vida de algunos.

Catastrofizar es cuando alguien asume que sucederá lo peor sin importar lo que haga. A menudo, implica creer en una situación peor de la que realmente se está o exagerar las dificultades que se enfrentan.

Por ejemplo, a alguien le puede preocupar que no apruebe un examen. A partir de ahí, pueden asumir que reprobar un examen significa que son malos estudiantes y que seguramente nunca aprobarán, obtendrán un título o encontrarán un trabajo. Podrían concluir que esto significa que nunca serán financieramente estables. Muchas personas exitosas han reprobado exámenes y el reprobar un examen no es prueba de que no podrá encontrar un trabajo. Es posible que una persona catastrófica no pueda reconocer eso.

En Venezuela en muchos líderes de nuestra oposición se ha presentado esta percepción catastrófica de que nada puede hacerse para lograr victorias políticas y que se necesita una intervención extranjera. Por eso el abstencionismo se presenta como una alternativa en los procesos electorales y eso a su vez inmoviliza y genera una profecía autocumplida. No hay movilización para ganar, no se genera el mensaje para movilizar a la sociedad, ya que habrá trampa, tampoco se presentan los testigos en los centros electorales, igual si se gana la elección el oficialismo va a torcer el espíritu de la victoria electoral y así se produce el resultado de perder. Por lo tanto se llama a países extranjeros para que presionen al oficialismo, vienen las sanciones, se debilita la sociedad mas que el oficialismo y se autocumple la profecía.

Otras maneras del pensamiento catastrófico es criminalizar a todo el oficialismo o a cualquier opositor que intente caminos diferentes a los que surgen de los pensamientos catastróficos. Los catastrofistas se aprovechan de que existe un claro riesgo en distorsionar la realidad bien sea por crearse falsas expectativas o por confiar en alguien más allá de uno mismo.

Por eso la persona que denuncia y es catastrófica gana tanto eco que se siente más inteligente o de mayor peso moral que el resto de los opositores y del oficialismo. No se da cuenta las personas que sufren de catastrofismo que sus denuncias está saboteando acciones que pueden conducir a soluciones aunque no parezcan así al principio.

Algunas catástrofes son ciertas y muchas veces están fuera de nuestro control. Otras catástrofes son superables pero casi todas requieren del trabajo en equipo para sobreponerse a ellas. Descalificándose entre opositores o imponiendo un visión propia sobre los demás no funciona.

No está claro qué causa exactamente la catástrofe. Podría ser un mecanismo de afrontamiento aprendido de la familia u otras personas importantes en la vida de una persona. Podría ser el resultado de una cultura social.

Investigaciones indican posibles traumas del pasado que se proyectan y que involucra a personas que sufren catástrofes pueden tener alteraciones en las respuestas del hipotálamo y la pituitaria, así como una mayor actividad en las partes del cerebro que registran las emociones asociadas con el dolor.

Las personas que tienen otras afecciones, como depresión y ansiedad, y las personas que a menudo están fatigadas también pueden tener más probabilidades de sufrir una catástrofe.

Debido a que alguien con dolor crónico está acostumbrado a tener dolor constantemente, puede llegar a la conclusión de que nunca mejorará y siempre sentirá malestar. Este miedo puede llevarlos a comportarse de cierta manera, como evitar la actividad física, que en lugar de protegerlos, en última instancia, puede empeorar sus síntomas.

También una revisión de estudios de 2012, una fuente confiable, mostró que existe un vínculo entre la fatiga y la catástrofe. La revisión concluyó que catastrofizar podría ser un predictor de cuán cansadas se sienten las personas. En otras palabras, puede empeorar la fatiga. Hay muchas formas de tratar las catástrofes y la mejor es escuchándonos y respetándonos entre los venezolanos para formarnos una verdadera dimensión de los retos y lograr las mejores soluciones; no juzgarnos ni criminalizarnos lapidariamente ya que nadie está libre de culpa y los mismos violadores de derechos tienen derechos; y proponer más acciones colectivas que generen pequeñas victorias y discutir menos. Mejorar la economía, reducir algunas sanciones a cambio de crear comisiones que mejoren el manejo de fondos públicos, triunfar en el reclamo del Esequibo entre otras acciones unificadas entre los líderes políticos oficialistas y de oposición podrían proporcionar victorias tempranas que nos acerquen más a todos los venezolanos a procesos electorales más festivos y concurridos.

Twitter@alejandrojsucre

 3 min


Carlos Raúl Hernández

“Ya no existe el viejo París/ la forma de una ciudad cambia más que el corazón humano”. Baudelaire

La revolución neolítica se lleva los diez mil años que el hombre pasó de golpear con la piedra a inventar instrumentos de piedra, y la revolución industrial pobló el mundo de máquinas y puentes en ciento veinte años (1730 y 1850). Ambas cambiaron el destino de la humanidad. Europa sale del estancamiento pos medieval y en un siglo su fisonomía se hizo irreconocible. Después de siglos de transición, hibridación, mercantilismo, metalismo, la industria es el arranque de lo que los marxistas llamaron “sociedad capitalista” o “burguesa”.

Las villas se hacen ciudades, las carretas ferrocarriles. La servidumbre desaparece y ya los siervos no se vendían y compraban con la tierra y el ganado. Ni a sus mujeres las penetraba la primera noche el señor por derecho de pernada. Ni entregaban parte de las cosechas por la corvée. Eran ahora obreros y vivían en urbes, hasta hace poco aldeas, militaban en partidos democráticos, sindicatos. Luchaban por la democratización de los parlamentos que dejan de ser elitescos, gracias a las conquistas del sufragio y la representación proporcional. Los alimentos, la salud y otros bienes se multiplican por miles gracias al maquinismo y la farmacología, y si en 1730 Inglaterra tenía cinco millones de hbs., en 1830 los triplica por caída de la mortalidad.


Aman el campo… para los demás
Y se da un golpe mágico cuando la expectativa de vida, congelada desde la alta Edad Media en 20 años, se duplica en el período hasta 42. Pero tan asombrosa como la velocidad del cambio, fue el estallido reaccionario contra la modernización kapitalista. Como analiza Benévolo en su monumental Historia de la arquitectura moderna, la migración trastorna las ciudades, los intelectuales y la “gente decente”. Los pobres dejan de ser abstracciones en provincias recónditas a las que nadie iría nunca.


Nadie vería familias de 10 personas hacinadas en chozas de 12 metros cuadrados, que dormían en una estera común. Pero ahora los pobres estaban bajo ante sus ojos y las bucólicas ciudades plagadas de proletarios mal vestidos en trenes trepidantes con destino a fábricas y suburbios. Resurge la leyenda negra rousseauniana contra la ciudad, el industrialismo, el siglo XIX, la sociedad abierta, el llamado kapitalismus (una sociedad gobernada por el kapital).

Ver pobres despierta remordimientos y conflictos morales en las buenas conciencias. También perturba la tranquilidad, porque están asociados a delitos y enfermedades. Las élites odiaban el cambio plebeyo, querían a los pobres en el campo del que habían huido. De allí la avalancha de rechazo al kapitalismus en los más importantes escritores y artistas del romanticismo y el realismo

Hugo superstar
Retornan al primitivismo: el culto a la vida pura del campo, de la que escaparon en masa los siervos Thomas Carlyle, Charles Dickens, Charles Baudelaire, Víctor Hugo, Emilio Zolá, William Morris; Stendhal, Daniel Defoe, Heine. A Proudhon le agobia el gentío de los boulevares construidos por Haussmann. John Ruskin cuando viaja a París se aloja en Trocadero para no ver la “monstruosa” Torre Eiffel (“olvida el resoplido del vapor, el golpe del pistón/ olvida el crecimiento de la odiosa ciudad/ Y sueña en Londres, pequeño, blanco y limpio”)

Le molestaba la producción masiva y reivindicaba la edición artesanal de libros en papel de seda y cuero repujado. Pero la distorsión de la historia del siglo XIX se debe a la mayor figura comunicacional de la época. Víctor Hugo (y su cohorte, los “hugólatras”). Suya es una de las obras más vendidas, difundidas e influyentes de la historia moderna, pero que en dos mil páginas bordea siempre la puerilidad:

Los miserables se convirtió para el mundo, y la posteridad gracias al cine, en “la verdad” sobre un siglo XIX aberrante, inhumano, cruel y aterrador. A Jean Valjean. versión masculina de Justine, la masoquista de la novela de Sade, lo condenan a trabajos forzados por robar un pan (¿). Un tipo así, no tenía como sobrevivir ni siquiera en Disney World, y lo atropella cualquier patinetero. Cossette representa la bondad hasta que al final !también! da la espalda a Valjean.

El derecho de padecer

Trabaja 16 horas al día pero no gana para alimentar un pajarito. Fantine otra bondadosa destruida por el mundo kapitalista, termina como prostituta en manos de chulos que le sacan los dientes para venderlos. El equivalente de una telenovela cubana de los 50s del siglo pasado, aunque peor. Zola se contagia en la novela Germinal, pero es leve.

Flaubert anatematiza un libro “mentiroso, para crápulas…alimañas”. Dice Baudelaire que es una obra “inepta y de mal gusto”. Su amigo (de Hugo) Lamartine considera “lamentable que haga de esehombre imaginario un antagonista y víctima de la sociedad…adulando al pueblo en sus más bajos instintos”.

Vargas Llosa dice que despierta “apetito de irrealidad”. Prudhon escribe que “libros semejantes envenenan un país”. Mientras los trabajadores luchaban en todos los frentes, construían el mundo democrático, arrebataban y acumulaban poder, Hugo creo la idea del “pobrecitismo” o “pobretología” de los sectores populares y marcó uno de los momentos más esplendorosos de la historia humana como unavergüenza.

@CarlosRaulHer

 4 min


Jorge Carrión

Si me viera en la absurda obligación de decidir cuál es el proyecto intelectual y artístico más significativo de nuestra época, creo que optaría por Forensic Architecture.

Mediante el diálogo entre antropólogos forenses, periodistas, programadores y artistas, el equipo internacional de esa agencia de investigación multidisciplinar examina y representa crímenes a través de los macrodatos, la cartografía y la inteligencia artificial. En un momento en que domina la subjetividad y la opinión, ellos analizan grandes problemas, como la violencia policial durante las protestas del #BlackLivesMatter o el uso de herbicidas israelíes en Gaza, a partir solo de los hechos. En sus manos, la información puede generar belleza y justicia.

La palabra “forense” proviene del latín y remite al foro, es decir, al espacio central de la vida pública. Durante cerca de 1500 años, las prácticas forenses se han limitado al ámbito de la medicina y la criminología. Nuestro siglo XXI, esencialmente posverdadero, le están devolviendo su centralidad perdida. Nos estamos acostumbrando a desconfiar de todo, a la necesidad de constantes autopsias, tanto de las víctimas de la violencia criminal o institucional como de los discursos políticos y transmedia. Nunca antes habían sido tan importantes las herramientas de lectura crítica.

Encontramos lo forense tanto en el arte contemporáneo o las teleseries como en los planes de estudio de muchas disciplinas (hasta existen la fonética, la genética y la entomología molecular forenses). Su lógica se ha contagiado al periodismo de la verificación de datos. Porque ha cristalizado la idea de que solo tras la interpretación rigurosa de un cuerpo —biológico, tecnológico, social o informativo— podemos llegar a la difícil verda

Desde los filtros con que manipulamos las fotos hasta las estadísticas oficiales sobre las víctimas de la COVID-19: la posverdad afecta a todas las capas de nuestra realidad. La nueva obsesión forense, por tanto, además de una necesidad legal o mediática, es también una estrategia de supervivencia. Las deepfakes, esas falsificaciones realistas producidas con sistemas de aprendizaje profundo, son cada vez más perfectas. Indican que —durante la década que comienza— no solo va a aumentar la cantidad de noticias falsas, va a hacerlo también su calidad. Van a poner todavía más a prueba tanto las ciencias forenses físicas como las digitales.

El populismo y los presidentes adictos a Twitter han dejado claro que es mucho más viral lo que apela a las bajas pasiones y al odio que lo que es, sencillamente, cierto. En los buscadores y las redes sociales, el éxito o el fracaso de la propagación de un contenido no depende de su calidad o de su autenticidad, sino de su carga viral. Por eso las deepfakes no van a hacer más que propagarse. Al igual que van a volver frecuente la presencia en las nuevas películas de actores y actrices muertos, también van a llenar internet de vídeos porno protagonizados por personas reales que nunca se han desnudado delante de una cámara y de vídeos en que cualquiera podrá decir palabras que nunca ha pronunciado.

Como dice la investigadora Miren Gutiérrez en Activismo de datos y cambio social: “Cuando la práctica de la ciudadanía vigilante se vale de los datos y sus herramientas” contrarresta “la vigilancia masiva por parte de los gobiernos y las empresas”. Y sus violencias. Pone el ejemplo de InfoAmazonia, el impresionante proyecto colectivo que compila toda la información disponible sobre la violación de los derechos humanos y los conflictos medioambientales del territorio amazónico. La diseccionan con herramientas tecnológicas para obtener pruebas que permitan denunciar los abusos del poder estatal y corporativo.

Si en 1984 y en el contexto de las desapariciones políticas, el Equipo Argentino de Antropología Forense era una iniciativa inédita y pionera, en el siglo XXI han proliferado las asociaciones que trabajan en todo el mundo en esa misma dirección. Nos hemos acostumbrado a ver los mapas de las fosas comunes de la Guerra Civil en España, durante las dos décadas de exhumaciones de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica; o de la llamada guerra contra las drogas en México, gracias a proyectos periodísticos tan poderosos como “A dónde van los desaparecidos”. Hemos aprendido a ver nuestros propios países como negativos fotográficos que deben ser revelados. A confiar en el periodismo y las asociaciones civiles la búsqueda de la verdad que oculta el Estado.

Porque se ha producido una revolución paralela en el ámbito del periodismo digital. Factcheck.org nació en 2003 en Estados Unidos y Chequeado se formó siete años más tarde en Argentina. En la segunda década del siglo, las presidencias de mitómanos como Donald Trump o Jair Bolsonaro, en Brasil, han catalizado el esfuerzo por la verificación de datos y se han creado muchos medios especializados. Actualmente forman parte de la International Fact-Checking Network más de ochenta revistas, diarios y plataformas de todo el mundo. Sus métodos forenses recuperan la dimensión científica de las llamadas ciencias de la información.

En una paradoja habitual en nuestros tiempos, la misma tecnología que va a propiciar la difusión todavía más masiva de desinformación, también nos va a ayudar a combatirla. Las inteligencias artificiales están localizando a los bots y usuarios de redes sociales que son más dados a difundir noticias falsas. Y la ciencia forense cibernética está desarrollando sistemas de verificación de imágenes y vídeos, gracias al mismo aprendizaje profundo que sirve para producir los nuevos fakes.

Si algunos medios ya utilizan WhatsApp para comunicarse con cualquier ciudadano que quiera discriminar la verdad de la mentira, es muy probable que en un futuro cercano todos llevemos en nuestros teléfonos móviles aplicaciones que nos permitan someter a autopsias automáticas no solo la información multimedia de circulación pública, sino también fotos privadas o currículos de LinkedIn.

Volvemos así al origen de la palabra “autopsia”, que en griego antiguo señala la “acción de ver con los propios ojos”. Ver para creer. Alfabetizarnos mediáticamente para que nuestra ciudadanía sea vigilante. Armarnos de pruebas y argumentos para denunciar lo falso. Porque no hay que olvidar lo que dijo Cicerón: “La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”.

@jorgecarrion21

31 de enero 2021

NY Times

https://www.nytimes.com/es/2021/01/31/espanol/opinion/fake-news-que-son....

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