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Opinión

Analítica.com

Editorial

Entre el 7 y el 12 de diciembre tuvo lugar un fenómeno extraordinario en Venezuela. La Consulta Ciudadana. Más de 7 millones de ciudadanos participaron en ese evento. Se hace necesario por tanto analizar el mensaje detrás de esa acción.

Lo primero que hay que reconocer es que la consulta se desarrolló en un ambiente claramente adverso. Cerca de 6 millones de venezolanos han tenido que emigrar, casi todos -por definición- opuestos al régimen. Es evidente que los que desesperados han huído por trochas y deambulan a pie por Latinoaméricano no tenían los medios para participar.

De los que sí están en Venezuela, la feroz crisis que padece el país los mantiene sumidos en una paralizante situación de pobreza. Recordemos que la encuesta Encovi ha señalado que el 96% de las familias venezolanas viven en situación de pobreza de ingresos y casi el 80% por debajo de la línea de la pobreza extrema.

Sobre ese frágil sector de la población el régimen lanzó la más descabellada y cruel de las amenazas: “el que no vota no come”, refiriéndose a las Parlamentarias.

Y desde luego estaba la intimidante presencia de los colectivos amedrentando, sobre todo a los sectores más humildes, que conocen los riesgos que ello implica.

Estaba por supuesto la alternativa de la participación digital. Eso implicaba disponer de una computadora o de un teléfono inteligente. Pero aún sobre aquellos que tuvieron la posibilidad de recurrir a esa tecnología, pesaba un obstáculo a ratos insuperable: la desesperante lentitud e inestabilidad del internet, que en esos días presentó condiciones particularmente adversas,

Quien esto escribe estuvo desde las 7 am hasta las 11:30 pm del día 7 de diciembre realizando innumerables intentos de votar vía VOATZ. Incluso después de lograr el registro, la plataforma no permitía avanzar con el proceso de votación por cuanto aún no se completaba la verificación de los datos. No sabemos si ello se debió al congestionamiento por exceso de participantes o a alguna acción intencional por parte de alguna autoridad.

En definitiva, sólo un gran esfuerzo de perseverancia permitió finalmente responder SÍ, SÍ, SÍ a las tres preguntas de la Consulta.

Recordemos que se trató de una consulta organizada por la sociedad civil, con muy escasos recursos, sin acceso a los medios de comunicación y enfrentada a un alud de intimidaciones.

En los comicios del 6D, todas las amenazas de averno recaían sobre los que no votaran, así como esas mismas amenazas se tornaron en la Consulta Ciudadana contra los que sí participaran.

Tomando en consideración todo lo anterior, el que más de 7 millones de venezolanos hayan participado es una proeza extraordinaria, que viene a demostrar que la oposición mantiene todo su vigor. Tal cifra más que duplica la votación de 3,5 millones de votos que, tomando por buenos los datos del CNE, dicho organismo le atribuye a la coalición oficialista en las Parlamentarias del 6D.

Además de un contundente mensaje dirigido por los venezolanos a los mismos venezolanos, se trató también de una misiva a una comunidad internacional que cada día ve con mayor preocupación lo que ocurre en Venezuela y una advertencia dirigida a quienes medran de las atrocidades que la barbarie le ha impuesto a una nación que antes creía tener un futuro para sus hijos.

Sin duda tales resultados deben llamar a la reflexión al otro bando, sobre todo a los militares que a través del Plan República conocieron la desolación en los centros de votación el día de las Parlamentarias.

Llegó la hora de que comprendan que la razón de la fuerza no es por definición fiable, porque la fuerza termina por volverse en contra de quienes la ejercen sin razón.

José Toro Hardy, editor adjunto de Analítica

 2 min


Luis Ugalde

Las armas hicieron silencio y la guerra besó a la paz cuando desde la trinchera alemana se elevó el suave canto “Stille Nacht, heilige Nacht”, al que se sumaron los soldados ingleses en su lengua “Silent night holy night”. “Noche de paz, noche de amor”. De corazón los enfrentados se dieron permiso mutuo para enterrar a sus muertos y se obsequiaron cigarrillos y tarjetas navideñas. Era la Navidad de 1914 en las trincheras de Ypres (Bélgica) a los 4 meses de empezada la I Guerra Mundial. Los altos mandos de uno y otro lado se disgustaron y silenciaron esa conducta tan “irracional” y peligrosa en plena guerra. Luego continuaron durante cuatro años cumpliendo el “deber” de matarse, exigido por la lógica “racional” de dominar y derrotar al otro. ¿Para qué? Para, por medio de la muerte de millones, terminar los vencedores mutilando a Alemania que había ensalzado la guerra segura de su triunfo; una humillante derrota y mala paz que alimentó el resentimiento del pueblo alemán y dio alas luego a la locura criminal de Hitler y a la II Guerra Mundial que, con más eficaz “racionalidad instrumental” logró 100 millones de muertos y una Europa destruida.

La racionalidad instrumental y la felicidad. Los ilustrados del siglo XVIII creían haber descubierto la piedra filosofal de la felicidad humana: la causa del mal era la ignorancia y el dominante oscurantismo religioso. Con la entronización de la diosa Razón se liberaría nuestra razón y descubriríamos las leyes científicas que el Creador puso cuando hizo este mundo con escuadra, compas y fórmulas matemáticas. Efectivamente en el “Siglo de las Luces” (y antes) la razón descubrió que la materia no era caótica e irracional sino toda ella ordenada con las leyes matemáticas, físicas, biológicas… También en las sociedades desaparecería el mal con las leyes de la “física social” (Sociología), y de la Psicología. La economía desbordaría en riqueza bien distribuida con solo respetar la “ley científica” del libre juego del mercado sin la imposición externa de la autoridad política ni de la ética. Las dos guerras mundiales no fueron obra de los ignorantes, sino de los países más “ilustrados” y avanzados en el manejo de las leyes científicas y tecnológicas aplicadas para la mayor destrucción del enemigo. Los países más ricos y poderosos sembraron millones de vidas en los barrizales de las trincheras y cosecharon millones de muertes y destrucción.

Pero en la Navidad de 1914 aquellos hombres en trincheras enfrentadas no pudieron reprimir la fraternidad de su condición humana. Ante el Niño de Belén se despertaron su bondad y la ternura del abrazo, porque ese “Dios con nosotros” es Dios-Amor; los lobos descubrieron su vocación de hermanos el uno para el otro.

El lógico disgusto de los altos mandos militares dejó al descubierto que el amor trasciende la racionalidad instrumental (científica) y la transforma en vida. Sabían que ese destello de fraternidad de la “noche de paz” no era una estupidez, ni una traición, como sería juzgado y castigado por la lógica de la guerra.

Homo homini lupus y Europa de 1945 a 1965

El hombre es lobo para el hombre, como ya lo escribió Plauto en el siglo III antes de Cristo y nos recordó Hobbes. Pero lobos llamados a hacernos hermanos, nos lo muestra Jesús.

En 1945 según la racionalidad de la dominación, Francia y Alemania debieron prepararse con mayor inversión, esfuerzo y técnica para derrotar al otro en la tercera matanza mundial. Pero no fue así. Los vencedores EE.UU. en primer lugar- se convencieron de que es una estupidez mutilar al vencido y destruirlo para que nunca vuelva a tener fuerza. Por el contrario escogieron el camino de la colaboración para la recuperación, y luego de la Unión Europea con la convicción de que es necesario que a Alemania le vaya bien para que a Francia le vaya bien y viceversa. Decidieron jugar a “ganar ganar”, no invertir en tropas y armas contra el otro y desmontar las fronteras y los odios para destruir al enemigo histórico. Las convicciones y audacia política de tres dirigentes cristianos (Schumann en Francia, Adenauer en Alemania y De Gasperi en Italia) fueron decisivas para la Unión Europea y el “Milagro alemán”. Hoy la Europa de naciones que se mataron durante siglos no gasta un euro en tanques, bombas y ejércitos para destruirse. Ya no se siembra el odio mutuo y se entiende que la guerra, además de una catástrofe criminal, es una estupidez destructora.

Navidad y política en Venezuela

Esa es la Navidad para los cristianos, y también para los que no son religiosos o no conocen el cristianismo. Es lo que nos dice el papa Francisco en su última encíclica “Fratelli Tutti”. Siguiendo a Jesús, y con el ejemplo de Francisco de Asís, estamos llamados a transformar el lobo que somos en “hermano lobo”. Sin olvidar que esta conversión no es hereditaria, ni erradica al lobo, sino que las nuevas generaciones, y cada persona, tenemos la responsabilidad permanente de convertir día a día el lobo que somos en hermano. Hoy en el mundo y en Venezuela Jesús vive y nos dice que para encontrar nuestro propio yo tenemos que hacernos nos-otros; que dar la vida por otro no es perderla sino ganarla, que nadie tiene más amor que quien la da por otro; y que el amor es más fuerte que la muerte porque Dios es amor.

Venezuela está derrotada. Millones van al exilio porque aquí no encuentran vida. El poder y la dominación entronizados como supremos dioses han traído muerte, miseria y represión, incluso para los seguidores de la dictadura. Continuarla es una estupidez y un crimen. Esta Navidad como ninguna otra hemos de preguntarnos qué debemos hacer unos y otros para entrar en una nueva dinámica política de “ganar ganar” con la convicción de que para que al pobre le vaya bien tienen que florecer el trabajo y las empresas y que estas no pueden ser exitosas si el pueblo está en hambre, sin educación, sin oficio, y sin trabajo ni ingresos.

La política tiene que nacer de nuevo. En esta trágica derrota nacional sin ganadores, el diálogo nacional e internacional ha de ser la piedra fundamental para que renazca la vida, la economía y la política democrática animada por la fraternidad.

¡Feliz Navidad a pesar de que Venezuela llega a ella derrotada y en agonía! Que el Niño-Dios nos traiga como regalo la convicción de que la felicitad no está en la destrucción del otro bando, sino que el otro tiene lo que a mí me falta y yo lo que él necesita: ser nos- otros. Que el reconocido fracaso del enfrentamiento destructivo nos lleve a entender que la puerta de la felicidad se abre hacia fuera (Kirkegaard) y que mi llave está escondida en el otro y la de él en mí.

¡Feliz Año 2021 con una nueva Venezuela como tarea de todos!

15 de diciembre 2020

Articularnos

https://articularnos.org/2020/12/14/lobos-o-hermanos/

 5 min


Eddie A. Ramírez S.

Los resultados de la Consulta ciudadana y de la farsa del 6D deben motivar reflexiones a la oposición, al régimen de Maduro, a la comunidad internacional y a quienes buscan pescar en cualquier lado. La consulta montada por la sociedad civil y los partidos políticos de la oposición fue exitosa. Enrique Colmenares, vocero del Comité Organizador anunció que acudieron 6.466.791 ciudadanos. Como siempre, algunos dirán que han debido ser más y otros pondrán en dudas esa cifra. Es absurdo comparar con otros eventos realizados en diferentes circunstancias. Lo fundamental no son los números, sino que los venezolanos no nos rendimos. Millones se movilizaron para rechazar la usurpación de Maduro y la farsa electoral del 6D; solicitar elecciones presidenciales y parlamentarias transparentes libres y gestionar ante la comunidad internacional la cooperación, acompañamiento y asistencia que permitan recuperar nuestra democracia, atender la crisis humanitaria y proteger al pueblo de los crímenes de lesa humanidad.

La Consulta se llevó a cabo contra viento y marea. Tuvo muchos factores en contra, tales como las limitaciones para garantizar el secreto de la identidad de los participantes, los cuales recuerdan las represalias por las llamadas listas Tascón y Maisanta; también las restricciones por la pandemia, por lo cual hubo que recurrir a contestar las preguntas vía internet, que no solo falla constantemente, sino que muchos no tienen acceso o conocimiento para ingresar. Además, la hegemonía comunicacional del régimen impidió la divulgación de esa herramienta constitucional, la compañía de teléfonos bloqueó una de las plataformas y los voluntarios fueron objeto de agresiones de los paramilitares rojos armados y de organismos del estado en once entidades, que en algunos casos se robaron el material de la consulta. Sin embargo, se impuso la voluntad del pueblo, la valentía y trabajo del voluntariado y el empeño de los organizadores.

Como quien esto escribe tiene por norma hacer público lo que comenta en privado, no puedo obviar la crítica a gente valiosa y valiente en su lucha contra la dictadura, como María Corina Machado y Antonio Ledezma, que esta vez no sumaron. Curiosamente, las preguntas de la Consulta estaban en línea con lo que ellos predican. Ojalá lo reconozcan y rectifiquen.

La farsa electoral montada por la dictadura con todas las ventajas de contar con un CNE sumiso, un sistema judicial genuflexo y con el chantaje de que “quien no vota, no come”, fue un fracaso. Según el opaco CNE, solo acudieron a la farsa un 31 por ciento del registro electoral, pero de acuerdo a encuestas, fotos y videos en los centros de votación vacíos, la concurrencia quizá de un 24 por ciento.

Esta bajísima asistencia el 6D y el éxito de la Consulta es un claro mensaje a los directivos del PSUV de que Maduro tiene que irse y que les conviene permitir la realización de elecciones presidenciales y parlamentarias transparentes, realizadas preferentemente por un gobierno de transición. Por su parte, la comunidad internacional dispone hoy de más argumentos para seguir reconociendo a la Asamblea Nacional presidida por Guaidó y a este como presidente interino.

Los dirigentes de la nanomesa que predican que son de oposición y que decidieron apoyar la farsa salieron con las tablas en la cabeza. El pueblo los rechazó y el amo les concedió las curules que le dio la gana. Desde luego que hubo quienes acudieron a votar de buena fe, engañados con el argumento de que se podía ganar, que no hay que dejar espacios vacíos y que acudir a la farsa era una manera de protestar. Obviaron que el mundo democrático anunció que no reconocería esa pantomima. Falcón, Romero, Timoteo, Claudio, Mujica, Leocenis, Bertucci y Enrque Ochoa evidenciaron que solo tienen partidos políticos de maletín. Quienes aceptaron que el TSJ les adjudicara indebidamente los nombres y símbolos de AD, Primero Justicia, Voluntad Popular y Copei, tales como Bernabé, José Brito, Luís Parra y Mercedes Malavé hicieron un papel vergonzoso.

Por otra parte, no se puede evitar comentar que extraña que en medio de la Consulta Leopoldo López descalificara la opción de la Responsabilidad de Proteger. Sus declaraciones fueron extemporáneas, por decir lo menos. ¿Y qué decir de las declaraciones de Enrique Capriles? A él lo hemos defendido de las descalificaciones injustas que le han hecho, pero su reciente intervención fue infeliz. Pareciera que para tomar un segundo aire su estrategia es descalificar al presidente(e) Guaidó, quien tiene el mayor porcentaje de aceptación entre los dirigente de la oposición y el reconocimiento de los países democráticos.

El régimen está cada vez más débil. Quizá es el momento de explorar una buena negociación.

Como (había) en botica:

Las organizaciones de derechos humanos deben investigar el caso de los venezolanos ahogados provenientes de Trinidad.

Lamentamos el fallecimiento de César Rojas, miembro de Gente del Petróleo y de Unapetrol , quien trabajó en la Pequiven meritocrática.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


Américo Martín

Aunque esté repleto de dificultades y amenazas, diciembre es diciembre y, pese a que el ambiente será próximo escenario de desenlaces con participación de muchos factores y países, todavía quedan semanas de divagaciones y consejos que por extrema necesidad no podemos dejar de introducir en la licuadora de las ideas, si lo que se quiere es ahorrarle a Venezuela y a las naciones que resulten arrastradas, desastres inmerecidos.

Aunque haya opiniones mejores no dejaré de traer las que deslice el mismo diablo, por falsario que sea el tenebroso personaje. Si en varias ocasiones he sostenido que hasta con el Maligno se debe negociar, por la obvia razón de ser quien tiene la llave del infierno, donde arden para siempre trillones de seres humanos.

Supongamos que, por la razón que sea, decida poner en libertad a los presos políticos y militares; autoriza el retorno de los exiliados y prohíbe las torturas, imposible será solo para quien no presiona en esa dirección.

“Que esas cosas no suceden”.

Que los intelectuales venezolanos encabezados por Andrés Eloy Blanco, Jacinto Fombona Pachano y Nelson Himiob serían burlados por el presidente López Contreras cuando prometió la libertad a los presos políticos.

Lo dijeron, sí, al escuchar “al día siguiente” a esos valientes escritores ratificar al país el respaldo, con doble razón, a la conducta de López Contreras, presidente interino de los EEUU de Venezuela.

Sus palabras no tienen desperdicio.

Compatriotas. Pedimos serenidad y fe. Ya en prensa esta hoja, recibimos la noticia de haber sido ordenada la inmediata libertad de los presos políticos. Esta medida es UNA PRUEBA de que el General López Contreras está cumpliendo las promesas que ayer nos hiciera personalmente en Maracay. (Al pueblo de Caracas.21-12-1935. Gobierno y época del presidente Eleazar López Contreras. Col. Pensamiento Político Venezolano del Siglo XX. Congreso de la República. 1985)

De las cientos de imágenes sobre el rey de las tinieblas me gustaría traer la que vierte el excelente humorista y caricaturista inglés Max Beerbohm. Incorpora consejos políticos en el marco de los límites que nunca desbordará porque cuando asume rol político sabe sacarle provecho a semejante papel. La obra de Beerbohm se titula Eric Soames, un dudoso poeta ansioso hasta la desesperación de cómo lo recordarán sus cosúbditos del Reino Unido. No ha vacilado en vender su alma al gran enemigo de la humanidad. Con alegría contenida, la única petición que hace.

—¿Solo eso? Pregunta el Maligno. En dos horas sin interferencia de nadie y con toda la documentación disponible.

—Pide usted poco, señor Soames, responde Satanás en un arrebato de sinceridad y admiración

—Todo depende del interés del afectado. Lo que a usted le parece banal para mí es lo más importante.

—Bien respondido. Graduar el tiro al objetivo en agresiones que enrarecen lo que quieres. Hubiera sido usted mejor político que los que en Venezuela no saben sumar, sino restar y dividir.

Diablo y endiablado dan un paseo por la plaza, libres de mirones. El diablo lo escucha recitar:

—Alrededor y alrededor de la plaza desierta, caminas, junto al diablo.

Son dos versos nada desechables, piensa el demonio. Casi sin darse cuenta está deseando que pase bien la prueba. Nos vemos pues en dos horas. Le deseo suerte.

Ambos desaparecen. En el tiempo indicado, Soames y sus amigos están sentados en el elegante Café de la Plaza. El diablo aparece, saluda a todos, especialmente a Soames, quien está muy deprimido y resignado. La única indicación de lo que tanto busca ha sido insignificante. Eric Soames, poeta inglés del que no se tiene mucha documentación ni noticias. Se conservan dos versos suyos que aparecen bruscamente interrumpidos.

—Bueno ahora solo falta cumplir la segunda parte de nuestro acuerdo.

Pensando en el horror que espera a mi amigo interrumpo diciendo:

—Hay un error. Mi amigo no recibió lo esperado.

El diablo entra en trance de asfixia, ahogado por la furia.

—¿En qué mundo estamos cuando no hay moral ni los acuerdos formales se respetan? ¿No hablan ustedes, los abogados, con pomposa pedantería del pacta sunt servanda?

Molesto por las agresiones que dispara a mis colegas, le devuelvo:

—Ustedes no pueden hablar del tema porque en el Infierno no hay un solo abogado, dicho por esa gran autoridad del Siglo de Oro Español que fue Quevedo.

—¿Y sabe por qué no hay? Lo dijo también Quevedo pero usted no lee completo o no sabe leer. Si dejáramos entrar a los plumarios hace rato que se hubieran confabulado contra la cofradía diabólica y nos habrían arrebatado el poder.

El diablo, según tenemos entendido es polifacético y poliforme. Para posesionarse de seres humanos obra, según el narrador ruso Andreiev, con infinita crueldad: asesina para “vestirse” del cuerpo victimado, de modo que si piensa cometer cien delitos en una tarde despacha a cien inocentes y así conserva su anonimato además de causar cien crímenes perfectos porque los cien cadáveres pueden jugar una simultánea de cien juegos de ajedrez con el poliforme demonio.

No dejará de llamar su atención las variantes políticas de Venezuela. Absorbido por los cambios rítmicos y a ratos divertidos. Musitará tenuemente que toman decisiones impacientes, como pajaritos en grama.

Piensen antes de actuar, tengan paciencia, analicen el efecto de sus precipitaciones en sus propios movimientos y sumen descontentos en lugar de alejarlos mediante muestras de odio y venganza o pasando recibo por cuentas viejas, burlándose o infamando a los que se aproximen a la causa democrática.

@AmericoMartin

 4 min


Carlos Raúl Hernández

Mucha gente desestima que vivir en paz o en caos, la estabilidad o inestabilidad del orden, es obra de la política. Cuando ese desinterés se torna desprecio, hablamos de anti política. El primer concepto de política lo plasma Platón en la República: el arte de hacer que la polis sea estable con un mínimo o un máximo de normalidad. Es kubernetos, gobernanza, para él a cargo de un grupo de sabios totalitarios que controlan holísticamente a los ciudadanos.

Ya viejo se corrige y expone que el gobierno debe basarse en Leyes (así se llama el libro) y no en decisiones subjetivas, ni siquiera de filósofos. Así se entiende hasta hoy y Hayek lo convirtió en tratado en el siglo XX. Un exagerado dijo que toda la filosofía escrita en veinte siglos no es más que el compendio de notas al pie de página a la obra de Platón. Desde 1989, en Venezuela los partidos, las élites, las generaciones que heredarían el sistema, hicieron ingobernable la que sería su herencia.

Coquetearon con la antipolítica revolucionaria, y el sistema se desplomó y de 1993 en adelante demostraron que es muy eficaz para destruir, pero no sabe poner un bombillo. Lejos de Platón, en el siglo XVI, Maquiavelo elabora una nueva concepción, la matchpolitika. Su observación empírica e histórica, devela la fisiología del poder, su oculto, feo proceso digestivo: conformar una fuerza hegemónica para aplastar cualquier obstáculo, por la violencia o el engaño.

Guerra y política son haz y envés de la espada, y matar y mentir, sus instrumentos de trabajo. Naturalmente, si la monarquía se amaraba en la divinidad de su origen, el Príncipe creó un escándalo hasta hoy. En el siglo XIX se completa el esquema de la política moderna, de la civilización política: la democracia representativa, y desde entonces los revolucionarios desde la máquina del tiempo, hablan de democracia directa, popular, protagónica, retrocediendo a Grecia antigua.

Bestial y humana
Platón y Aristóteles analizaron muy claramente que ese modelo conducía a la anarquía, como ocurrió entonces y ocurre después. Decíamos que en el siglo XIX el sistema actual estaba casi completo con Stuart Mills, Benjamín Constant et.al. Faltaba el voto femenino que se obtuvo paso a paso. Desde entonces la acción política se produce en el marco constitucional democrático, pero combinado con elementos esenciales de los anteriores esquemas.

Incorpora la gobernabilidad de Platón, pero cambia el medio, de autoritario, controlista, a democrático. La matchpoltika maquiavélica se mantiene sotto voce, en acciones oscuras, juego de espías, gastos secretos para comprar funcionarios de otros países. La diferencia, es que los gobernantes ahora lo hacen discretamente con la velada aquiescencia del sistema político. Vivir en democracia tiene enemigos y también costos. A casi todo el mundo le gusta el chorizo, pero no quiere saber de qué está hecho.


Se practica en todos los países democráticos, pero en simulación institucional. EEUU espiaba a Merkel, nada menos que a uno de sus principales aliados. Japón lo hizo con EEUU, pero pobre de aquel que se deja descubrir. La sociedad moderna requiere la coordinación complejísima de dominios diversos. La división del poder en instituciones, partidos, gremios, sindicatos, medios de comunicación, iglesias, marco para el progreso, la libertad y el bienestar.

Con mi arte tengo
La política hoy debe mantener consenso básico sobre las reglas de juego entre factores de poder en relaciones contradictorias. No se trata de aplastar grupos y favorecer a otros sino permitir que convivan en la constitución y la ley. Es entonces platónica, maquiavélica y stuart-millseana al mismo tiempo. Pero con un componente acentuado por la hipercomunicación: inventar la realidad. Es casi vulgar el término matriz de opinión, ideas fuerza esparcidas por grupos políticos y culturales.

Se posesionan de la opinión pública más allá de ser ciertas o falsas (fake news, pos verdades). Así Joe Biden es comunista y protege un “Estado profundo” de perversidad institucional. Hillary Clinton regenta una red de pedofilia y en EEUU, empresa ligada a Venezuela produjo un fraude electoral. Biden no ganó, sino que “la gente votó contra Trump”, pese a que fanatizó la mitad del electorado Hay una alianza entre Bill Gates y el comunismo mundial contra EEUU.

Aquí las tenemos frescas. Aún se desbarra del “puntofijismo”, la única etapa civilizada y de paz que vivió la república e inventan que los gobiernos asesinaron a tres mil personas cuando la guerrilla. Votan aquí los “tarifados”, dicho por quienes reciben públicamente cientos de millones de dólares, y quienes se oponen al gobierno, son “disociados”. Pre-líderes tornan encuestas que caminan, aunque la opinión mayoritaria puede ser muchas veces el adversario a derrotar, como dice Mibelys Acevedo.

El liderazgo consiste en convencer y dirigir las sociedades, no recibir órdenes de las masas como hace el populismo. Muchos disparates tienen acogida popular, francachelas, reparto, salariazo, castigo a “los que más tienen”, e incluso dejará amorosa huella, como vivimos aquí intensamente. Luego cuesta mucho salir de los socavones. Por eso el arte de gobernar una sociedad problemática y compleja, es una de las bellas artes. Un reto a la inteligencia.

@CarlosRaulHer

 4 min


Ismael Pérez Vigil

La mejor imagen de lo ocurrido el pasado domingo 6 de diciembre, que tuvieron lugar las elecciones parlamentarias, es una caricatura de Edo, publicada en El Nacional digital el lunes 7, en el que aparece una urna electoral de color rojo y cuatro gatos, igualmente rojos, haciendo fila y el primero de ellos a punto de depositar su voto, por supuesto rojo, en la urna.

No cabe duda que el régimen logro lo que esperaba, con un espurio porcentaje de votos, que apenas supera el 15% del Registro Electoral, el partido de gobierno obtuvo 253 diputados, hasta el momento, faltando tres por adjudicar. Con eso se asegura la mayoría calificada que esperaba obtener –no hay sorpresas– que le permitirá aprobar los contratos que sus socios y cómplices internacionales necesitan, endeudar al país, vender activos de la República, aprobar cuantas leyes sean necesarias y hacer todas las tropelías que se les ocurran. Pero a pesar del logro de ese objetivo, la mejor palabra que describe lo ocurrido el domingo 6 de diciembre es: ¡Fracaso!

A pesar de todas las artimañas desplegadas, del abuso en el uso de los recursos del estado para comprar votos, de los chantajes y amenazas a la población –con dejar morir de hambre a quienes no votaran–, de los intentos desesperados a última hora para acarrear votantes a los vacíos centros de votación, que permanecieron ilegalmente abiertos por algunas horas más, nada funcionó, los electores no acudimos a votar.

El porcentaje de abstención, cercano al 76% –de acuerdo con cifras de los observadores electorales, que son desde luego más creíbles que las del CNE– es el más alto que se haya obtenido en cualquier proceso electoral efectuado en Venezuela desde 1958. Más alto incluso que el porcentaje de abstención de la irrita elección presidencial de 2018, que según el CNE fue del 53%; o el de los referendos constitucionales de 1999, cuando se decidió acudir a un proceso constituyente, que fue del 62%; o cuando se votó por la Constitución Bolivariana, que fue del 54%. Más alto también que el porcentaje de abstención del 30 de julio de 2017, cuando se eligió la inconstitucional Asamblea Nacional Constituyente (ANC), hoy execrada al olvido, que fue también del 54%.

No viene al caso reabrir la discusión acerca de lo acertada de la decisión opositora de abstenerse de participar en este proceso, lo cierto es que solamente acudieron a las urnas el 24% de los inscritos en el registro. Cuantos de esos que no acudimos fue por indiferencia o por seguir la línea política de la oposición democrática que llamó a no votar, no lo sabemos a ciencia cierta. Ese es precisamente el problema de la abstención. Podríamos especular diciendo que si el promedio de abstención histórico es del 35% –sacando algunas distorsiones, como la elección de la ANC y la elección presidencial de mayo de 2018– la abstención habría aumentado desde ese porcentaje del 35% al 76%, es decir 41 puntos, un incremento del 117%. ¿Son esos 41 puntos la magnitud que refleja al contingente opositor? Ojalá, pero es difícil confirmarlo o asegurarlo.

Lo cierto es que ya tenemos una cifra, más allá de las encuestas que circulan, del 76% de los venezolanos que rechazan a este régimen o que al menos no están dispuestos a movilizarse para algo tan simple como ir a depositar un voto para apoyarlo.

Ahora además de la discusión acerca del significado de esa cifra, hay también una discusión intensa acerca de sí debe tomarse en cuenta o no a los inscritos en el registro que están en el exterior y que en consecuencia no estaban habilitados para votar. No se sabe a ciencia cierta la magnitud de ese número de votantes, que algunos estiman en una cifra cercana a 2,5 millones, de los aproximados 5 millones que están en el exterior, pero creo que es una discusión que no tiene sentido.

Si aceptamos como buena esa cifra de 2,5 millones de venezolanos, que están en el exterior y que estarían en posibilidad de votar, porque son mayores de 18 años –aunque no necesariamente todos deben estar inscritos en el Registro Electoral– y la excluimos del Registro, éste baja a 17,5 millones de electores; el porcentaje de abstención sigue siendo el mismo y alta la cifra absoluta de los que no fuimos a votar. Pero además podemos asumir sin ninguna duda que la mayoría de los que están en el exterior, que no están vacacionando ni en viaje de negocios, se fueron del país buscando mejores condiciones de vida que aquí se les negaron; como quiera que sea, su ausencia del país es también un claro rechazo del régimen de oprobio venezolano que fue masivamente desaprobado el pasado domingo.

Pero para tener un cuadro completo de la situación política del país y del rechazo al régimen que nos mal gobierna, nos falta una cifra, la de la participación en la consulta popular, que está concluyendo hoy, 12 de diciembre, con la actividad presencial en cientos de sitios en Venezuela y en el mundo. Cuando la tengamos sabremos con mayor exactitud si el rechazo e indiferencia que la población venezolana demostró el domingo 6 de diciembre es solo al régimen y a los partidos “opositores” que le hicieron la comparsa, o es también un rechazo general a los partidos, a la política y a la oposición mayoritaria.

Esclarecer este punto será muy importante para trazarnos la magnitud de la tarea de reconstrucción política que tenemos por delante, porque ni modo pensar que nos vamos a quedar cruzados de brazos mientras se destruye el país. No lo hemos hecho durante los últimos 21 años, que hemos resistido y luchado contra el autoritarismo en precarias condiciones, no lo vamos a comenzar a hacer ahora.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 4 min


Fernando Mires

Alrededor de los libros

Dust in the wind (Aah, aah)

All we are is dust in the wind

Oh, ho, ho

He tocado varias veces el tema pero no me canso: la literatura puede ser en muchas ocasiones no solo un auxiliar de la historiografía sino también su necesario complemento. Porque distinto es conocer la narración de los hechos - sus vinculaciones, sus causas, sus efectos, su pertenencia a procesos macrohistóricos - que leerlos vividos por actores que, aunque imaginarios, condensan en sí las características de muchos otros actores históricos.

Gracias a la literatura, no importa que no sea verídica, tenemos acceso a una dimensión que podríamos denominar, intra-historia. De ahí que si alguna vez me hubieran solicitado dirigir un seminario sobre historia cubana, habría incluido, junto a la bibliografía especializada, algunas novelas de Guillermo Cabrera Infante, así como varias de Leonardo Padura, partiendo por el Hombre que amaba a los perros, pasando por la Transparencia del Tiempo, hasta llegar a la bien tramada Como polvo en el viento.

Como polvo en el viento sería también apta para un curso de una nueva disciplina - ya establecida en universidades europeas – denominada: Sociología de la Emigración. Me explico: la historia de Padura narra las vidas difíciles de personajes como Clara, Darío, Elisa, Bernardo, Fabio, Lubia, Horacio, Irving y otros jóvenes que desde los años universitarios formaron un “clan” de relaciones entrecruzadas con intrigas, insidias, envidias, pero también con amistades fieles, con mucho sexo y, por supuesto, con el amor.

Narra también ese momento crucial en el que los jóvenes, uno a uno, deciden irse de la isla, no aguantando más la falta de perspectivas que ofrece una sociedad desarticulada, vuelta peligrosa y hambrienta, arruinada con maldad y alevosía por su propio Estado. Todos impulsados por un anhelo no político ni ideológico: vivir una vida sin miedos ni carencias fuera de ese lugar sórdido en donde quieren hacerte creer que “se puede construir una sociedad mejor dándole patadas a la gente”. O como decía el físico Horacio: De “un sitio en donde se practica una ideología con principios indiscutibles, sobre-humanos, cánones ya establecidos por la Historia, en donde la opción de pensar mucho, en ocasiones no resultaba demasiado favorable”.

En fin, los cubanos se van impulsados por el deseos de los deseos, el más pre-histórico y el más moderno de los deseos: el deseo de ser en el mundo.

No estamos hablando por cierto de todos los cubanos que se han ido y seguirán yéndose. Padura enfoca solo a miembros de un grupo social: profesionales egresados de universidades gracias a las facilidades que en un comienzo otorgó el régimen. Ni artistas, ni poetas, ni mucho menos, políticos. Ejercen profesiones como la física, la medicina, la arquitectura, la ingeniería, y otras similares. Todos con excelente formación y gran capacidad de aporte pero que, en los marcos fijados por el sistema, llevan una vida miserable, sin opciones, sin posibilidad de desarrollar sus talentos en términos medianamente aceptables. Como dedujo con su racionalidad el físico Horacio mientras miraba el mar, toda acción provoca una reacción: y si aquí no se puede vivir, pues hay que irse. En suma, ninguno de los que se fueron puede ser considerado, en el sentido exacto del término, un exiliado político.

Aunque parezca extraño, el exilio cubano no es ni ha sido un exilio predominantemente político a menos de que queramos otorgar al término político una connotación que no le corresponde.

Un exiliado político es por definición alguien que ha debido huir de su país por razones políticas. No fue el caso de ninguno de los personajes de Padura, como tampoco lo es el de la mayoría de los cubanos que huyen pues uno de los “méritos” del castrismo es haber destruido la política como modo de comunicación ciudadana. Para decirlo con un ejemplo, el caso de los exiliados cubanos – si es que insistimos en llamarlos así – tiene poco que ver con exilios como el de los españoles durante la Guerra Civil o, en términos más reducidos, el de los chilenos durante Pinochet.

Los exiliados políticos son políticos, o sea, militantes o activistas o simpatizantes de partidos políticos. Cuando van al exilio hacen política de exilio. Todo lo artificial que sea, pero hacen lo que ellos imaginan, es política. Por de pronto, se lo pasan en reuniones, siguen con avidez las noticias que llegan “desde el interior”, reciben a los políticos “nativos” en sus giras internacionales, participan en actos político-culturales, descuidan aspectos de la vida real pues viven situados en un espacio suspensivo marcado por una huida y un – supuesto - regreso. En fin, creen ser la retaguardia exterior de una vanguardia heroica que actúa en el interior. A la memoria me viene el recuerdo de un profesor comunista español quien, habiendo pasado más de cuarenta años en Chile, repetía, sin asomo de ironía, “yo estoy de paso”. Hay exiliados políticos que han vivido casi toda su vida “de paso”. No así los emigrados cubanos. Ellos, en su gran mayoría, se fueron para no volver.

Un verdadero exilio político ocurrió cuando Castro se hizo del poder. Los primeros emigrantes salieron del país por razones – todo lo turbias que se quieran – políticas. La persecución castrista a los que tuvieron que ver, real o imaginariamente con el “antiguo régimen”, fue despiadada. Paredón, paredón, y más paredón. Las olas siguientes ya no fueron políticas. Fueron más bien sociales. Motivadas por el hambre, en el caso de los lancheros y balseros, o por la miseria extrema, como los que se refugiaron en embajadas durante el aciago 2980. Exiliados económicos, los llaman algunos periodistas. El término más correcto sería, despatriados. Como los personajes de Padura quienes salieron a buscar otras patrias porque en la que nacieron ya no podían o no querían más vivir. Esa patria se reduce a veces a palabras muy simples: casa, carro, comida.

El objetivo de cada despatriado es encontrar una patria. Por lo general tienen dos alternativas extremas. O reconstruyen su patria en otra patria o se asimilan a una adoptiva. En los dos casos hay una pérdida de patria. En el primero recrean una patria original, pero idealizada. Si son muchos -y los cubanos despatriados son muchísimos - ocupan un territorio urbano en otra patria y fundan una réplica más o menos similar a la que abandonaron. Es el caso de la ciudad Hialeah, donde casi solo viven cubanos que hablan, gesticulan, comen, cantan, bailan como cubanos, pero pagan impuestos norteamericanos. El otro extremo, el de la asimilación, es aún más trágico. Fue el caso del médico Darío, esposo de Clara quien, abandonando mujer, casa e hijo, intenta en España ser más catalán que los catalanes, tan catalán que se vuelve nacionalista catalán, habla solo en catalán, dice despreciar al imperio de Madrid y - aunque solo entiende de beisbol - no se pierde ningún partido de fútbol en el Camp Nou. Todo eso dura hasta que se encuentra con otro cubano. Ahí cae la gruesa máscara, su “falso yo”, y vuelve a ser el mismo médico atormentado que abandonó la isla.

Cubanismo y asimilacionismo no son sino las dos caras de una misma moneda. Mediante una, los cubanos reprimen la Cuba real, la de sus recuerdos, edificando una réplica adinerada, próspera y gozadora. Mediante otra, ocultan a la patria de su juventud, hasta que esta no aguanta más y explota a borbotones.

Triste destino ese, el de la primera generación de despatriados. Nunca dejaron de vivir en el pasado. Un pasado – el de la niñez y el de la juventud - que no deja de existir, o como dijo Faulkner, “un pasado que ni siquiera ha pasado”. No obstante, esos despatriados habrán cumplido, quieran o no, una tarea de pioneros. Quienes los continuarán, los de la segunda y tercera generación, ya no serán cubanos: serán boricúas, españoles, estadounidenses y muchas otras cosas más. Sin embargo, en sus gestos, en el modo de bailar, en ese saber pasarlo bien, seguirán siendo cubanos sin darse cuenta que, como cada uno de nosotros, unos más otros menos, son el resultado de fragmentos de otras culturas que a través de generaciones se manifiestan de pronto en un gesto que creemos personal y solo es el de un abuelo emigrante. Somos en fin, polvos que se lleva el viento, arrastrados por la fuerza del “ángel de la historia”, como intuyera la pintura de Paul Klee.

Quiso la suerte o el destino que durante mi lectura de la novela de Leonardo Padura hubiera irrumpido en Cuba un movimiento de protesta juvenil y cultural: el Movimiento San Isidro. Son los hijos o los nietos de los que de la isla no se fueron, pensé de inmediato. De seres como Clara y Bernardo quienes en la novela de Padura no pudieron o no quisieron irse. Esos jóvenes de ahora, a diferencia de sus predecesores, no arrastran consigo culpas ni traumas por haber amado lo que después condenaron. Tal vez algunos de ellos también se irán, pero no huyendo de sí mismos, como fue el caso de la bella Elisa, en la novela de Padura.

Movimientos como el de San Isidro, y otros que seguramente lo sucederán, trazarán los rasgos de una nueva Cuba, un país como otros países, un país desde donde se podrá salir y regresar con la mayor naturalidad del mundo, un país donde sus ciudadanos disputarán políticamente sin ser vigilados por nadie, un país donde será posible poseer casa, carro y comida, sin tener que ir a buscarlos más allá de los mares. Los cubanos ya han padecido demasiado. Merecen un mejor destino. Uno en que no tengan que hacerse la pregunta que se hacen todos los personajes de Padura: “¿Qué coño fue lo que nos pasó?”

11 de diciembre 2020

Polis

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