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Opinión

Vladimiro Mujica

La traducción al inglés de ‘pesadilla’ es “nightmare”, un vocablo compuesto, casi poético, formado por las palabras night + mare. Un “mare” es una entidad maliciosa en el folklore germánico y escandinavo que cabalga en el pecho de la gente mientras duermen. A pesar del uso de la palabra cabalgar en esta descripción, no hay ninguna relación entre la “mare” de las pesadillas y la acepción moderna de la palabra “mare” en inglés que se traduce como yegua. La palabra pesadilla en español tiene un origen menos esotérico y, según el DRAE, es el diminutivo de la palabra “pesada” en una de sus acepciones en desuso: ensueño angustioso y tenaz.

En uno de mis sitios web favoritos para la búsqueda de información médica, el de la Clínica Mayo, me encuentro con lo siguiente sobre la palabra parasomnia: Los médicos se refieren al trastorno de pesadillas como «parasomnia», un tipo de trastorno del sueño que implica experiencias indeseables que ocurren al dormirse, durante el sueño o al despertar. Por lo general, las pesadillas ocurren durante la fase del sueño conocida como «movimiento ocular rápido» (sueño desincronizado). No se conoce la causa exacta de las pesadillas.

Sigo meditando sobre las pesadillas y recuerdo vagamente de mis tiempos de bachillerato, que en la mitología griega, Fobétor (del griego phobétor: “el que da miedo”) era uno de los oniros, los hijos de Hipnos, que personificaban los sueños. Fobétor aparecía en los sueños en forma de serpiente, pájaro o cualquier otro animal. Mientras su hermano Morfeo servía como mensajero de los sueños, él era el portador de las pesadillas y, ocasionalmente, solía representar sueños proféticos. De modo que Fobétor es, en cierto modo, un análogo del mares germánico.

Esta larga introducción sobre las pesadillas está indudablemente asociada con mi reflexiones sobre Venezuela y lo que nos está tocando atravesar como nación. Por un lado está la pesadilla interminable que acosa al pueblo venezolano desde la llegada de Chávez al poder, hace ya más de dos décadas. Bajo la máscara de una revolución popular que se suponía iba a corregir los legados de pobreza y corrupción de la mal llamada IV República, el régimen ha transformado a nuestro país en el más pobre del continente después de Haití, una tierra insomne donde se tortura y reprime a mansalva, como han terminado por reconocerlo tanto la ONU, como la OEA y la Corte Penal Internacional.

El último capítulo de la parasomnia nacional es el horrífico espectáculo de los náufragos de Güiria, más de 20 venezolanos, entre ellos varios niños, perecidos en el mar, tratando de huir de un país que se les había tornado invivible. Con todas las connotaciones que el término tiene, el régimen de Maduro es el gobierno del mal, inteligente, astuto y atroz para imponer su dominio sobre la población a través del hambre y el miedo.

Pero, al cataclismo del régimen del mal, se le une la pesadilla de una resistencia incapaz de unificarse y de actuar con una estrategia bien definida para enfrentarse al enemigo jurado del pueblo venezolano. Es difícil no indignarse frente al espectáculo de una hidra de varias cabezas que intenta desesperadamente tenderse zancadillas y morderse una a otra mientras los verdugos de Venezuela celebran su última trapisonda, el fraude del 6D para acabar con el último reducto de democracia, la AN.

Por supuesto que es necesario reconocer que Guaidó y el gobierno interino han mantenido una actuación digna y valiente en defender la soberanía del pueblo, que se expresó en la reciente Consulta Popular. Pero luego de cumplirse esa jornada épica, donde los principales actores fueron los millones de venezolanos, en Venezuela y en la diáspora, que se expresaron contra viento y marea, contra la represión, en medio de la pandemia y enfrentados a todas las trampas físicas y cibernéticas del régimen, ahora nos encontramos, nuevamente, en las arenas movedizas de la incertidumbre.

Por increíble que parezca, es de sectores de la propia oposición de donde surgen algunas de las más graves dudas y cuestionamientos sobre el carácter vinculante de la Consulta Popular y sobre quiénes son los destinatarios del mandato del soberano.

Cuando deberíamos estar evaluando cómo se emplean los resultados de la Consulta Popular para enviar un mensaje claro a todos los países democráticos del mundo, cuando el liderazgo de la resistencia debería estar construyendo una estrategia de reunificación de las fuerzas opositoras al régimen que pueda hablarle a todo el país, incluyendo al chavismo disidente, en fin, cuando deberíamos no solamente celebrar la participación popular como un acto de desafío cívico y ciudadano al régimen, nos encontramos sumidos en nuestras propias inconsistencias, en nuestros propios egoísmos, en nuestra propias agendas personales y políticas.

A espaldas del pueblo y su sufrimiento, se sigue haciendo la pregunta: ¿para quién es el mandato de la Consulta Popular? La respuesta es evidente e ignorada al mismo tiempo. El mandato del soberano es, en primera medida, para que el usurpador cese en su tropelía contra la Constitución. Lo es también para todos los poderes legalmente constituidos, es decir, la AN y todos los organismos nombrados por esta, lo que incluye predominantemente al presidente encargado Juan Guaidó. Y, por último, el mandato popular debe ser obedecido por cualquier sector de la nación, civil y militar, que se sienta convocado a la lucha por el restablecimiento de la Constitución, violentado por la acción del régimen.

¿Qué es lo que no está claro en el mandato del soberano? ¿Cómo se pretende llevarle nuestro caso al presidente electo de los Estados Unidos —nuestro principal aliado, independientemente de quién ocupe la Casa Blanca— si no hay claridad sobre la permanencia de la AN y el gobierno interino hasta que pueda haber una convocatoria a elecciones presidenciales y parlamentarias libres?

Los venezolanos no podemos inventar un nuevo liderazgo político. Tenemos la gente que tenemos y no les falta valor ni inteligencia. No ganamos absolutamente nada desacreditándonos entre nosotros mismos. Pero la sociedad civil, la ciudadanía de Venezuela se ha ganado el derecho de exigir a la dirigencia política que se reencuentre, que cesen las disputas estériles y prematuras por un poder inexistente. Que cese la disputa por una botella vacía.

La travesía de Fobétor por Venezuela nos ha resultado dura y difícil, pero como en todos los casos médicos de parasomnia, nuestra conducta durante el día contribuye a abrirle la puerta a las pesadillas en la noche. Hace 22 años, el pueblo venezolano, en medio de una equivocación fatal, le abrió las puertas del poder al régimen del mal, a su propio lado oscuro de resentimiento. Ese, nuestro error histórico primigenio que llevó a Chávez a Miraflores, lo estamos todavía pagando con sangre y sufrimiento.

Pero si ahora no logramos salir de Maduro y su régimen, a pesar de que cuenta con más del 80% de rechazo, como se evidenció en el fraude del 6D, es en buena medida por nuestra propia inhabilidad para ponernos de acuerdo.

¿Cómo le podemos pedir en buena conciencia a todo el mundo democrático que nos ayude cuando nosotros nos rehusamos a ayudarnos a nosotros mismos? Ayúdate, que yo te ayudaré, reza el proverbio bíblico, contra el régimen del mal y contra las tretas de Fobétor.

Doctor en Química. Profesor emérito de la UCV y actualmente en Arizona State University. Activista en ONG

Diciembre 18, 2020

 5 min


Ismael Pérez Vigil

El tema de la semana obviamente es el análisis de los resultados de la Consulta Popular (CP) del 12 de diciembre que creo que nos sorprendió a todos por la magnitud de las cifras; al menos yo así lo reconozco, pues me temía un fracaso estrepitoso. El análisis de los resultados de la CP se ha convertido en un problema político, para unos, y emocional, para otros. Cualquier excusa o acontecimiento, importante o no, sirve para desviarnos de su análisis y perdernos en un mar de elucubraciones.

Pero para hacer el análisis del significado de ese acto es necesario poner las cifras en perspectiva y despejar algunas dudas.

De acuerdo al primer boletín del Comité Organizador, el 87% de las actas escrutadas arroja un total de más de 6 millones 500 participantes, 3,2 millones en Venezuela, 844 mil en el exterior y 2,4 millones por medios digitales. Eso significa, que una vez que concluya el conteo de todas las actas, la cifra podrá sobrepasar los 7 millones de participantes; una cifra similar, quizás ligeramente superior a la alcanzada en el evento similar del 16 de julio de 2017 y un millón y medio de participantes más que en el irrito proceso electoral del 6 de diciembre, aunque no son eventos comparables.

En cuanto al proceso digital, a pesar de las fallas de los dos primeros días, no tengo dudas que en los cuatro restantes se pudo haber alcanzado la cifra de 2,6 millones. Las dudas más importantes se han suscitado por el retraso en dar las cifras definitivas y por la cantidad de participantes en el proceso presencial. Veamos un resumen de ese proceso, según lo relatan algunos de los encargados de los Puntos de Recolección, y quizás eso ayude a disipar las dudas:

- Se dispusieron 7033 Puntos de Recolección, algunos de ellos tenían hasta 5 mesas.

- Al llegar un participante a la mesa del Punto de Recolección, se identificaba con su C.I, donde se verificaba la fecha de Nacimiento, llenaba sus datos en un Cuaderno de Recolección (Número de CI, Nombre y Firma) y se le entregaba una planilla para que la rellenara con su decisión, la cual depositaba en una urna.

- Finalizado el día se contaban las decisiones consignadas en las planillas rellenadas por los participantes, se hacía un acta y una imagen de esa acta, junto con la trascripción de los datos de los Cuadernos de Recolección, se enviaba a un Centro, donde se cotejaban con la base de datos de cedulados y se verificaban los errores y duplicaciones.

Como se puede apreciar por la rapidez del proceso de recolección de la voluntad de los participantes, no había dificultad en recoger la cantidad de participaciones presenciales que el Comité Organizador ha informado. Sin embargo, la mayor demora y dificultad está en la transcripción de la información y especialmente su transmisión al centro donde se totalizaba.

Imaginemos ahora a un voluntario o activista que fue un promotor itinerante por 5 días con su teléfono celular inteligente, para que la gente participara, que el sexto día fue miembro en un punto de recolección y que al final, todavía debía guardar saldo para poder cerrar el proceso y enviar la imagen de su acta física y transmitir todos los números y cédulas de su cuaderno físico, que podían llegar a ser hasta 500 participantes por punto de recolección, para que estos pudieran ser verificados y cotejados con la información digital para depurar errores y duplicados. Si no se lograba la comunicación, había que llevar hasta algún punto, la planilla física con toda la información de los participantes y el acta respectiva. Sumemos a esa dificultad los problemas de seguridad y movilización y nos explicaremos algunos retrasos en acopiar toda la información para después procesarla. El Comité Organizador de la CP no contaba con todos los recursos con los que cuenta el CNE, ni con un Plan Republica para custodiar y movilizar las actas y resultados. En este contexto, más bien creo que es de alabar que el mismo día se haya tenido escrutado el 87% de los resultados.

Con respecto a la participación presencial en el exterior, si hacemos una comparación con 2017, en ese año había 1,2 millones de posibles participantes en el exterior y se recogieron 700 mil firmas; ahora hay 2,5 millones de posibles participantes y se recogieron 800 mil, que si bien pudo ser más alta –habida cuenta la apatía, las restricciones a concentraciones en algunos sitios debido a la pandemia y el frío, que también fue un factor en los países del norte–, es explicable y no es una cifra despreciable.

Con respecto a la significación de estas cifras, el resultado hay que ponerlo en el contexto adecuado para entender su importancia; en la Consulta Popular no se contó con un órgano similar al CNE, que disponía de los recursos y la fuerza operativa del estado; ni con el plan república como operador logístico para resguardo, movilización y acarreo de participantes; ni con la CANTV desplegando operativos especiales de telecomunicaciones.

Por el contrario, la CP se vio afectada por la pandemia, por la falta de recursos, por el acoso de los colectivos armados y de las policías en estados y municipios, por los problemas de movilización del país, por falta de gasolina y alcabalas para interrumpir el desplazamiento; y con todo eso, se logró –yo creo– una importante cifra de respaldo de una oposición, que como muchos han señalado, tenía más de año y medio sin movilizarse, que está obviamente desmotivada hacia eventos que parezcan electorales, aunque este no lo era.

Se puede entender que existían dudas con relación a si una “Consulta Popular” era la medida más apropiada en este momento, si era la más eficaz, si sería exitosa dado el desánimo que se percibe en la oposición, producto de la misma situación de crisis y fatiga que vivimos, agravada por la precariedad de las comunicaciones cada vez más evidente, el aislamiento y todas las demás cosas que conocemos bien. Parecía claro que no estábamos en las mejores condiciones para una actividad política de movilización de esas características y todos teníamos dudas; pero allí están las cifras y ninguna otra opción –de las que están planteadas para salir de la crisis y rescatar la democracia– ha logrado una movilización popular semejante.

Los resultados obtenidos si bien no son como para lanzar cohetes, ni dejar de hacer las críticas y reflexiones sobre el proceso, hay que evaluarlos más allá de las cifras y me parece mezquino tildarlo de fracaso, porque los resultados no fueron mayores o más contundentes. Las cifras, cuyo análisis es importante para la planificación futura, deben relativizarse, pues parece que son lo de menos, porque lo importante fue la participación.

Hay un hecho irrebatible, la oposición logró movilizar a más de 7 millones de personas –se dice fácil– en Venezuela y en el exterior, a pesar del hostigamiento, el monopolio de los medios en manos del régimen, de las hordas de colectivos atacando Puntos de Recolección y de las no menos “hordas” de atacantes a la CP en redes sociales –supuestos opositores– con más odio y rencor hacia los organizadores y promotores de la CP que hacia el propio régimen. Ya quisieran algunos de los que aspiran liderizar a la oposición, contar con ese contingente humano en respaldo a su causa.

Y por último, ¿que se le va a decir a los 7,5 millones de Venezolanos que participaron en la consulta?, ¿Vamos a desconocer también a los miles de voluntarios y activistas que pusieron su esfuerzo y recursos propios por el éxito de la jornada? Y al resto de los millones de venezolanos, que sin importarles el riesgo de la pandemia ni las posibles agresiones, acudieron a participar, ¿les vamos a decir que su esfuerzo es despreciable porque a lo mejor sus líderes cometieron errores?

Merecen un mejor trato esos millones de venezolanos que simplemente fueron a decirle al régimen que rechazan su fraude electoral del 6D, que quieren elecciones libres, justas, competitivas, observadas internacionalmente y que quieren que se hagan los esfuerzos que sean necesarios por salir de este régimen de oprobio.

Siete millones de venezolanos, más los que dejaron de asistir al proceso del 6D, si es que son diferentes, es una base importante sobre la cual reconstruir una fuerza opositora. En la oposición nos debatimos en tres o cuatro opciones distintas con relación a la forma de rescatar la democracia en Venezuela; ese será el tema con el que iniciaremos 2021.

Esta es mi última entrega de este año, reanudaré mi actividad el 9 de enero de 2021; seguramente pasaremos en familia el final de este año –para el olvido– rodeados de paz y tranquilidad y deseando que el 2021 nos traiga mejores perspectivas. Feliz Navidad y un venturoso Año Nuevo.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 6 min


Ignacio Avalos Gutiérrez

El país, hace agua por todos lados, tal es la sensación diaria de cada uno de los pateamos las calles en cualquier ciudad. Sufre un desacomodo general que afecta todos los ámbitos de transcurrir colectivo, no deja ileso a ninguno y deteriora la vida de diaria de los venezolanos.

Acabamos de tener dos eventos electorales que, lejos de lo que algunos pensaron al principio, no sirvieron para salir de nuestros conflictos, sino para ratificarlos e incluso agravarlos, entre otras cosas porque seguramente complicarán aún más nuestra arquitectura institucional, eje central de la vida colectiva, y enredarán en mayor medida el escenario político. Dichos eventos mostraron, además, una gran indiferencia por parte de los votantes, señal, junto a otras, de que la sociedad venezolana pareciera dominada por una sensación mezcla de hartazgo, desespero y escepticismo.

Opina el cura Infante

En una entrevista que le hace Hugo Prieto, Alfredo Infante, cura jesuita y hasta hace muy pocos días director de la excelente revista SIC, asoma con mucha razón, la despolitización de la sociedad. “Existe una polarización inorgánica. Es decir, son dos polos que están luchando por el poder, pero de espaldas al cuerpo social. No logran interpretar, genuinamente, las aspiraciones del cuerpo social.”

Hay un descontento muy grande hacia al gobierno, pero también hacia la oposición. Pero ese descontento no se queda allí. “Por eso suelo decir que no hay crisis política, que es la política misma la que está en crisis. Yo creo que no puede haber ejercicio de la política sin la vigencia de los partidos políticos. Pero los partidos tienen que replantearse su organización, tienen que releerse, tienen que resetearse, no pueden seguir siendo partidos estalinistas. Y de esa manera podrán surgir liderazgos sociales que se conecten con la política. Un nuevo modo de entenderla desde la sociedad.

Ni los unos ni los otros

En un principio la mayor parte de los venezolanos percibió el chavismo como esperanza, promesa de un país mejor que el que teníamos, y lo respaldo masivamente. Veinte años después es una élite que mal gobierna una sociedad envuelta en grandes problemas y sin horizonte a la vista. Al chavismo (¿los chavismos?) se les extravió las claves de la sociedad actual, lo que resulta todavía más grave si se toman en cuenta los cambios radicales que se están dando a nivel planetario y que, según sostienen no pocos analistas, dibuja los bordes de una crisis civilizatoria.

Como indique anteriormente, la presente gestión chavista empieza y termina en el control del poder, en medio de cierta épica que aún le saca jugo al culto a la personalidad de su difunto líder. Atraviesa una crisis existencial que lo obliga a repensarse, objetivo que manifestaron incluso varios de sus aliados.

Por otro lado, quienes se oponen al Gobierno muestran un fraccionamiento casi infinito, difícil de entender, aunque no resulta extraño especular, y permítaseme la franqueza, que la ambición desmedida y fuera de lugar de algunos líderes- no todos, ni siquiera la mayoría es preciso aclarar­- juega un papel nada despreciable. En fin, cualquiera sea la razón, lo cierto es que las oposiciones no han podido trazarse una ruta estratégica común ni elaborar una narrativa compartida para diagnosticar al país y marcarle un norte. Así las cosas, no han podido capitalizar el rechazo mayoritario hacia el presente gobierno. A estas alturas no se le ve como opción en relación a nuestras dificultades.

Visto lo anterior luce que el año 2021 estará nublado. Es digamos, una hipótesis, en consecuencia puede rebatirse. Depende de todos nosotros.

Es la economía, estúpido

Así las cosas, resulta ineludible convertirnos un país más cohesionado, mejor cosido. Que sepa convivir en medio de diferencias y conflictos, que sepa tragarlos y digerirlos, convertirlos, incluso, en nutrientes democráticos. Que sea capaz de acordar los pactos básicos que les den a todos sus habitantes la imprescindible convicción de vivir en una misma sociedad, de ser parte de un nosotros perdurable, ligado a un mejor futuro que les concierne a todos

"La negociación no es la mejor alternativa ¡Es la única alternativa!" La frase anterior la dijo y escribió con insistencia en diversas oportunidades. Y, palabras más, palabras menos, repitió igualmente que “…. un país no se puede construir sobre la base del odio y del miedo desatado”. Me refiero a Pedro Nikken.

En suma, hay que echar mano del entendimiento para dejar de ser el país resquebrajado que desde así casi dos décadas venimos siendo, lo que en otros términos significa, reivindicar a la política como instrumento de convivencia, indispensable para bregar los pactos que hagan falta. Y quienes tienen la principal responsabilidad de trabajar con ese propósito no pueden convertir el diálogo y la negociación en una mera lucha por el poder, que es lo que, en general, hemos presenciados los venezolanos durante los varios intentos que se han promovido y cuyo informe de cierre suele concluir que no fue posible el consenso por culpa del otro. El diálogo debe hacerse en nombre de la gente, en atención a sus problemas, de cara a la escollos que tan severamente desacomodan a la sociedad venezolana. Esa es su verdadero motivo, hay que reiterarlo cuantas veces haga falta.

No hace mucho leí en un texto del Maestro Manuel García Pelayo, que la política consiste en el encuentro - en modo de confrontación, negociación, diálogo, acuerdo…- de actores con posiciones diferentes, encuentro marcado por determinadas circunstancias, a partir de las cuales los políticos deben reconocer lo que es factible en cada situación e incluso distinguir en cada caso entre aquello en lo que debemos ponernos de acuerdo y aquello en lo que podemos e incluso debemos conservar las diferencias.

Hay, entonces, que restituir el diálogo como herramienta para el cohesionar al país y acordar un futuro donde entremos todos. Si apelamos a lo expresado por el filósofo Daniel Innerarity, la política es, al fin y al cabo “…. una forma de hacer cosas con palabras”.

En resumen, para nosotros, la cuestión es la política, convertida en medio obligado para encaminarnos a la solución de los miles de problema que padece la sociedad.

En fin, no es la economía, estúpido.

El Nacional 17 diciembre de 2020

 4 min


Miguel Pita

En ciencia todas las opiniones valen lo mismo: nada, incluso las de los científicos. La verdad no es lo que opine una viróloga china, ni un médico italiano, ni un genetista español, sino la que desvelan los resultados. Durante esta pandemia los científicos se han enfrentado con frecuencia a preguntas y debates que deben responder los datos, no las personas.

El cerebro humano es muy bueno para distinguir cuando un objeto está lejos o cerca, o cuando huele a comida, pero no está adaptado a comprender de forma intuitiva el conocimiento complejo. La prueba la tenemos imaginando un debate prehistórico sobre objetos pesados. Hace diez mil años, cualquiera de nosotros habría defendido que era imposible que un objeto de metal de doscientas toneladas pudiera volar, por ejemplo.

Nuestra mente se deja seducir por atajos sencillos. Cae fácilmente en las trampas de nuestro cerebro cavernícola y tiende a abrazar la mitología y la superstición. Tiene muy pocas luces para los complejos requisitos de la ciencia, que implican trabajar con partículas subatómicas o grandes movimientos tectónicos. Así que, para llegar a la descripción de los fenómenos de la naturaleza, nuestra especie necesita recurrir al método científico. Su virtud reside en ser objetivo y saber extraer la realidad incluso de lo invisible o poco evidente, y además funciona a prueba de sesgos, engaños e intereses.

Imaginemos que el científico es un policía

El método siempre parte de una hipótesis que se pone a prueba. Es decir, el investigador cavila una posible explicación para el fenómeno que intenta comprender y a continuación hace experimentos para ver si su planteamiento estaba en lo cierto o no. La hipótesis que proponga tiene que estar fundamentada en la razón y el conocimiento previo, y los experimentos para validarla o refutarla bien diseñados.

Nuestra misión es compartir el conocimiento y enriquecer el debate.

Por usar un ejemplo equivalente, imaginemos que el científico es un policía que llega a un apartamento cerrado con llave por dentro. En él encuentra a un caballero ahorcado junto a una carta firmada en la que declara que ha decidido quitarse la vida. Entonces, propondrá la hipótesis de que ha ocurrido un suicidio.

Por supuesto también sospechará que puede haber ocurrido un asesinato, como sabemos todos los aficionados a la novela negra, pero el policía científico trabajará inicialmente con la hipótesis más plausible. Para comprobar si es cierta, recabará información de forma exhaustiva y analizará pruebas, como el investigador que hace experimentos hasta llegar a una posible solución.

Si en el proceso su hipótesis resulta refutada, estudiará una explicación alternativa y perseverará hasta encontrar la verdad. Por cierto, este método ordenado y lógico, si se hace bien, lleva su tiempo y requiere paciencia. Otra virtud que nuestros cerebros administran celosamente.

El origen del SARS-CoV-2: se buscan más pistas

Sobre el origen del SARS-CoV-2, la mayoría de los científicos se han posicionado a favor de una hipótesis de origen natural porque las características del virus invitan a pensar de esta manera.

Sin embargo, todavía se buscan más pistas que ayuden a aclarar cuál ha sido el recorrido exacto y, seguramente, más pronto que tarde, se averiguará. Hasta la fecha, los escasos estudios basados en explicaciones alternativas no han mostrado resultados que los sustenten. Por eso encuentran un rechazo masivo en la comunidad científica, que no necesita ponerse de acuerdo para criticar los trabajos poco rigurosos. Por el contrario, según una encuesta publicada recientemente, el 64,9% de la población consideraba cierta la afirmación “Es un virus creado en un laboratorio”.

Es comprensible que algunas personas que no son expertas en el tema se posicionen a favor de posturas que se asemejan más a narrativas basadas en la intuición o la superstición. Por ello, para evitar esta clase de tentaciones que nos llevan a entender la naturaleza como una novela negra, tenemos el método científico.

Aunque no parezca relacionado escribiré un poco sobre lunares. La mutación del ADN de las células de nuestra piel produce, en ocasiones, la aparición espontánea de estos llamativos fenómenos cutáneos en distintas partes del cuerpo.

Si mañana encontrásemos la aparición de un lunar en la mejilla de nuestra pareja, después de comprobar que no ha sido pintado, pensaríamos que ha surgido espontáneamente, de forma natural. Sin embargo, el fascinante desarrollo de las técnicas de genética permitiría producir modificaciones de células en el laboratorio e implantarlas como lunares.

Como una pintura impresionista

La tecnología está disponible (y su potencial utilidad no es estética, aunque no viene al caso). Pero reconozcamos que, aunque exista esta compleja posibilidad, nadie pensaría que la explicación más plausible, a falta de más datos, para la aparición de un lunar en la piel de nuestra pareja es la manipulación genética.

Por una razón similar, los expertos, que conocen cómo surgen los virus en la naturaleza y cómo saltan de una a otra especie, se posicionan inicialmente a favor de la hipótesis más robusta sobre el origen del SARS-CoV-2. Confío en que a partir de ahora nadie se sienta inclinado a sospechar del origen de sus lunares.

A diferencia de un caso policial concreto que suele tener principio y fin, el avance científico se asemeja más a la creación de una pintura impresionista. Esta se puede nutrir de pequeños puntos de color casi indefinidamente.

Por ejemplo, sobre la covid-19 encontramos nuevos resultados diariamente. Cada uno de ellos pone una pequeña mancha de óleo en el lienzo, como si Monet estuviese pintando un enorme cuadro que, una vez terminado, mostrara un atardecer. Como lectores, o como periodistas, no es muy recomendable abalanzarse sobre cada pequeño resultado de investigación. Todavía es menos apropiado si intentamos extraer información válida para nuestra ambiciosa y compleja vida cotidiana. Es mejor esperar a que la suma de pinceladas empiece a mostrar un panorama general.

La ciencia requiere tiempo y paciencia

La ciencia requiere tiempo y paciencia porque los resultados siempre pueden ampliarse y revisarse. De igual forma que, a veces, los pintores necesitan borrar un puntito de color azul de su cuadro y reemplazarlo por uno verde. Eso no es un fallo del método sino un acierto. El procedimiento implica no dejar de buscar pruebas que ayuden a aclarar el caso hasta que la hipótesis se demuestre sólidamente verdadera o falsa.

El conocimiento sobre una determinada materia siempre puede aumentar. Cuanto más tiempo le demos a la ciencia, más asentados y robustos serán los cimientos del tema investigado. El método científico es seguro, pero lento. Así que, mientras llegan los resultados que anhelamos, conviene alejarse de opiniones y evitar adherirse como un hooligan a teorías conspiratorias.

Lo oportuno es tener un poco de paciencia. Sin embargo, la avidez y la ansiedad son inevitables en nuestra caprichosa e hiperactiva sociedad. Por eso perseguimos y exprimimos las opiniones de los científicos sobre cada pequeño avance. Desafortunadamente para los cazadores de titulares, de los buenos científicos no logramos escuchar más que una opinión moderada y abierta a rectificaciones. No lo hacen por timidez o desprecio.

Lo hacen porque quienes trabajan en la ciencia saben que no hay que descorchar el champán hasta que los datos sean fiables y estén revisados y contrastados. Esta actitud cabal y parsimoniosa está plenamente justificada porque un científico solamente es alguien que ha aprendido una lección. Ha aprendido a fiarse del rigor, la capacidad resolutiva y la objetividad del método, ignorando las trampas de su propia intuición.

Por brillante que sea hoy, el científico acepta que hace diez mil años, sin método, no habría creído que un objeto de metal de doscientas toneladas pudiera llegar a volar. Obviamente, necesitamos sus opiniones porque si no se hacen oír lo harán otros con menos cautela y criterio, pero los científicos son conscientes de que su opinión no es lo que importa. Solamente su método y resultados son fiables e imprescindibles.

Doctor en Genética y Biología Celular, Universidad Autónoma de Madrid

Diciembre 15, 2020

The Conversation

https://theconversation.com/el-metodo-cientifico-y-el-origen-del-sars-cov-2-152039?utm_medium=email&utm_campaign=Novedades%20del%20da%2016%20diciembre%202020%20en%20The%20Conversation%20-%201813217624&utm_content=Novedades%20del%20da%2016%20diciembre%202020%20en%20The%20Conversation%20-%201813217624+CID_fdc33aeccee02d4fbecfa59be4d7835b&utm_source=campaign_monitor_es&utm_term=El%20mtodo%20cientfico%20y%20el%20origen%20del%20SARS-CoV-2

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Humberto García Larralde

La incapacidad de los gobiernos chavistas por controlar la inflación en Venezuela ha ido asomando la dolarización de su economía como solución definitiva: al imposibilitar al estado emitir dinero, se eliminaría la expansión monetaria que empuja el alza de los precios. Pareciera que el régimen de Maduro se viene aproximando, por fuerza, a esta medida, a pesar de haberlo negado rotundamente hace pocos días.

En las ciudades principales del país --según una encuesta reciente de la consultora Ecoanalítica[2]—más de la mitad de las transacciones se estarían haciendo en moneda estadounidense. El ámbito dolarizado ha generado una burbuja en la que no hay escasez, haciendo que quienes posean suficientes dólares, sientan que se le abren las puertas a la prosperidad. Se obnubila la situación de la inmensa mayoría que, al no tener acceso a la divisa, sobrevive apenas en condiciones sumamente deplorables. Los precios inflados, además, siguen presentes, pero esta vez por la especulación de noveles comerciantes oportunistas, no, por desórdenes monetarios.

Algunos opinan –entre ellos, el gurú de los currency boards, Steve Hanke—que toca terminar de instrumentar las medidas que hagan al dólar moneda oficial de Venezuela y dejar atrás la terrible vorágine que ha destruido el poder adquisitivo de los venezolanos. Otros, sin idea alguna de cómo funciona una economía, ya proponen salarios mínimos de USD 300. ¡Zuás! ¡Salimos de la miseria!

No obstante, y adicional a las críticas que, en general, se le hacen a la dolarización, se presentan en Venezuela dos problemas que hacen de sus esperadas bondades una quimera. El primero es, desde luego, que no hay dólares o, mejor dicho, estos son demasiado pocos para lubricar la recuperación económica. Este año, las exportaciones de petróleo no llegarán a USD 6 millardos. El saqueo de minerales del arco minero guayanés y lo obtenido por otras actividades ilegales, podría añadir unos USD 2 millardos o más. Las remesas, en esta era de confinamiento y caída en la actividad económica en el mundo, difícilmente pasarían de ese monto. Y si las exportaciones privadas (no tradicionales) superan el millardo de USD, será gracias a la incipiente exportación de servicios.

Estaríamos hablando de un ingreso total de divisas probablemente inferior a USD 10 millardos. Actualmente Venezuela no tiene acceso a fondos internacionales, ni siquiera chinos. Luego, están sus compromisos internacionales. La República y Pdvsa ya no pagan el servicio de sus deudas, pero están las importaciones y algunos servicios ineludibles. ¿Cuánto quedaría, entonces, como base monetaria (en dólares) para las actividades domésticas? Cabe señalar que la capacidad crediticia de la banca interna es mínima. en USD, sus activos totales apenas superan los 5 millardos. Su cartera propiamente crediticia resultó ser el equivalente de apenas 208 millones en octubre de este año. Una economía en el estado de depresión en que se encuentra Venezuela tiene una demanda por créditos muy baja, lo que restringe la función expansiva del multiplicador monetario.

De manera que, sin los cambios estructurales que restituyan las garantías, restablezcan la confianza requerida para atraer inversiones y para negociar una importante reestructuración de la deuda externa, y permita contraer cuantiosos empréstitos con los organismos multilaterales, la dolarización sólo sería compatible con una actividad económica muy reducida, todavía menor a la de la economía enana que, con sus estropicios, forjó el actual régimen dictatorial. En ausencia de la prodigiosa renta petrolera que tanto nos malcrió en el pasado, el salario medio se conservará, probablemente, en torno a los miserables niveles de hoy.

El otro problema es que el gobierno escasamente se financia con impuestos, dada la destrucción de Pdvsa y el colapso de la economía interna. La enorme brecha fiscal se cubre con emisión monetaria del BCV. El fin de dolarizar es, precisamente, eliminar tal opción.

En ausencia de acceso al crédito internacional y con el tamaño reducido de la banca doméstica, habría que hacer una amputación drástica del gasto para cerrar la brecha fiscal. Si bien, en términos reales, el gasto público se ha reducido significativamente por la depreciación del bolívar, todavía paga cerca de 3 millones de empleados (con sueldos muy miserables), servicios públicos (venidos a menos), el funcionamiento de escuelas, hospitales y universidades (con recursos muy desmejorados), compras públicas y otras actividades. Una estimación somera llevaría a vislumbrar una contracción del gasto probablemente mayor al 50% para cerrar el déficit. ¡Una debacle inmensa!

De ahí el rechazo tajante de Maduro a hacer del dólar moneda oficial. No, no es por ninguna sensibilidad patriotera en mantener el bolívar, sino porque –simplemente—su esquema de expoliación se le viene abajo si no puede mantener la ficción de ocuparse de la gestión pública. Al fascismo criollo en absoluto le importa la calidad del gasto, el sostenimiento de sueldos dignos o de sus efectos sobre el bienestar de los venezolanos. Su angustia es que la carga de sus responsabilidades frente al Estado sea manejable y no se le estropee su interés central, que es continuar con la expoliación del país. La dolarización hace de la gestión pública –en ausencia de financiamiento externo—inmanejable. La debilidad actual del régimen haría de la dolarización su tumba.

Cabe señalar que la dolarización colocaría a la economía venezolana a merced de la política monetaria del país emisor (EE.UU.) y haría que, en última instancia, toda expansión monetaria autónoma estuviese sujeta a saldos positivos en la balanza de pagos. Pero podría ser la “bala de plata” –la única posible—para acabar, de una vez, por todas, con la inflación. Habría que preguntarse, sin embargo, a qué costo. Por las razones expuestas, bajo Maduro y sus cómplices, debe descartarse. No obstante, el esquema bi monetario actual representa un vertedero importante para el lavado de divisas mal habidas.

En el estado en que se encuentra la economía venezolana, la dolarización –como cualquier esquema de estabilización macroeconómica conservando el bolívar—sólo podría funcionar en presencia de un muy generoso apoyo del FMI, que incluya la reestructuración de la cuantiosa deuda del país para aliviar, significativamente, su servicio.

Las posibilidades de ello pasan por un programa de estabilización que ataque las enormes distorsiones generadas por el régimen de expoliación, restituya las garantías económicas y emprenda un proceso profundo de reforma estructural que haga viable la gestión pública y el reembolso de los empréstitos contraídos. Por otro lado, la posibilidad de sostener salarios dignos, que no se deterioren en el tiempo, no sólo está sujeto a que se cuente con una moneda estable. Depende de que aumente de manera sostenida la productividad laboral. Ello es función de la inversión, de la innovación y el cambio tecnológico, de la capacitación y la formación de talentos, y del despliegue amplio de la iniciativa privada, en un marco institucional inclusivo que genere seguridades y confianza. Es decir, la antítesis de la situación actual.

La dolarización, en absoluto, es la solución mágica a nuestros problemas. La única opción para abrirle las puertas a esa posibilidad es salir de este nefasto régimen.

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela

humgarl@gmail.com

[1] Autor del libro, Venezuela, una nación devastada. Las nefastas consecuencias del populismo redentor, Ediciones Kalathos.

https://www.amazon.com/dp/B08MDF3MLR/ref=sr_1_1?dchild=1&keywords=Venezu...

[2] Ecoanalítica, “Una Venezuela diferente: Perspectivas 2021”

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Acceso a la Justicia

La victoria del chavismo en las elecciones parlamentarias del pasado 6 de diciembre no debería sorprender a nadie, pues fue producto de una cadena de vicios e irregularidades sistemáticas, las cuales se iniciaron con el nombramiento de los rectores del Consejo Nacional Electoral (CNE) por parte del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), continuaron con el aumento arbitrario del número de diputados y con la modificación inconstitucional del sistema electoral contemplado en la Ley Orgánica de Procesos Electorales (LOPRE), la intervención judicial a los partidos de la oposición y la falta de información sobre la compra de las máquinas de votación tras el incendio que destruyó el depósito del CNE en Filas de Mariche (estado Miranda).

Sin embargo, Acceso a la Justicia constató otros vicios que ocurrieron durante la jornada y que hacen aún más cuestionables y polémicos los resultados de estos comicios.

Coacciones a los votantes

A lo largo de la campaña se registraron varios casos de presiones a los electores, siendo la más emblemática la declaración de Nicolás Maduro Guerra, hijo de Nicolás Maduro Moros y candidato a diputado por La Guaira.

«Llamo a que metamos el remate perfecto, por favor, remate de verdad, para compensar lo que no pudimos tener o lograr en horas pasadas. Tenemos todas las condiciones y herramientas, vayamos al remate perfecto, que vamos a vencer. Vayamos a buscar a la gente a sus casas, a los edificios, veredas, calles, y digamos a la gente lo que estamos jugándonos, no estamos jugando carritos, estamos jugando la continuidad de la patria».

Pocos días antes de la jornada electoral, el candidato oficialista y presidente de la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente, Diosdado Cabello, dijo: «El que no vota, no come. Para el que no vote, no hay comida. El que no vote, no come, se le aplica una cuarentena ahí sin comer».

Pero si lo anterior no fuera suficiente, durante el mismo 6 de diciembre volvieron a aparecer los «puntos rojos», pese a las promesas del oficialismo de que no recurriría a ellos como en los procesos celebrados desde 2017. En estos puntos los votantes muestran su Carnet de la Patria y reciben bonos luego de sufragar.

Estas amenazas refuerzan el chantaje y la extorsión hacia los electores que impone el chavismo: otorgan dinero y cajas de alimentos de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) a cambio de votar por los candidatos oficialistas. Cabe señalar que en este proceso electoral no había verdaderos candidatos de oposición, como ya Acceso a la Justicia ha explicado reiteradamente.

Este tipo de acciones son conductas que alteran la autenticidad y legalidad del proceso, pues afectan el libre comportamiento electoral del ciudadano, al obligarlo a sufragar por una opción concreta, lo que viola el artículo 63 de la Constitución que establece que el sufragio es un derecho que se ejercerá mediante votaciones libres, universales, directas y secretas.

Parcialización de la veeduría internacional

Los veedores u observadores electorales deben ser independientes e imparciales, porque su misión es seguir el proceso y verificar su transparencia o señalar las fallas. Sin embargo, esto no ocurrió el 6 de diciembre al estar presentes personalidades abiertamente afines o simpatizantes al chavismo, como el expresidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y los exmandatarios de Honduras, Ecuador, Bolivia y Paraguay, Manuel Zelaya, Rafael Correa, Evo Morales y Fernando Lugo, así como la exsenadora de Colombia, Piedad Córdoba, y los representantes de los gobiernos también amigos del régimen de Maduro, como Rusia, Kenia y Turquía.

Esta falta de objetividad e imparcialidad en la veeduría internacional quedó enfatizada por la asistencia del único organismo internacional acreditado por el CNE como veedor internacional, el Consejo de Expertos Electorales de Latinoamérica (CEELA), que también participó como «acompañante extranjero» en la fraudulenta elección de los integrantes de la ANC, así como en las polémicas contiendas electorales de los gobernadores y alcaldes de 2017 y en los írritos comicios presidenciales celebrados en mayo de 2018 que permitieron la reelección de Maduro.

La proximidad que existe entre el CEELA y el oficialismo ha sido más que evidente, pues no es un secreto que este organismo internacional nació en 2004 gracias al financiamiento del Gobierno del entonces presidente Hugo Chávez Frías, tal como fue denunciado por Acceso a la Justicia.

Sistema automatizado sin garantías

El actual CNE no es sinónimo de independencia ni de autonomía, y por lo tanto, tampoco brinda credibilidad al sistema electoral.

Sobre el sistema automatizado de votación se ciernen sobradas sospechas de que puede ser manipulable, prueba de ello fue lo ocurrido el mismo día 6 cuando Maduro ejerció su derecho al sufragio en la Escuela Ecológica Bolivariana Simón Rodríguez, ubicada en Fuerte Tiuna, pese a que en la página web del CNE mostraba que su centro de votación era el Liceo Miguel Antonio Caro, en la parroquia Sucre (Catia), lugar donde ejerció su derecho al sufragio en anteriores comicios.

La normativa electoral establece que los electores solo pueden ejercer su derecho al sufragio en el centro en el que están inscritos, y para que esto se cumpliera el CNE gastó en 2004 millones de dólares en el sistema de verificación dactilar (captahuellas).

Para Acceso a la Justicia, el traslado de electores de un centro de votación a otro por parte del CNE, así como la manipulación del registro electoral, son graves prácticas que favorecen a las candidaturas del oficialismo, lo que sin duda configura otro menoscabo más del ejercicio libre y legítimo del derecho del sufragio, mecanismo de expresión de la soberanía, sobre todo teniendo en cuenta que los cambios de centros de votación solo podían ser realizados hasta el 29 de julio, de acuerdo con el cronograma electoral aprobado por el írrito CNE.

Prórroga injustificada

La ampliación arbitraria del horario de votación en las legislativas es otra irregularidad observada. El CNE, sin ninguna justificación ni necesidad, decidió extender la duración del proceso de votación por una hora más, hasta las 7:00 de la noche.

Es importante recordar que la LOPRE, en su artículo 121, solo permite extender el horario de las votaciones por una razón: que «haya electores y electoras en espera para sufragar», lo cual no ocurrió en este caso, como lo comprobó la abstención de más de 70% admitida por el árbitro. El uso discrecional e injustificado de las prórrogas no es algo nuevo, pero se ha agravado desde los comicios celebrados en 2017 con el fin de favorecer los intereses del oficialismo.

En este caso, la ampliación de la jornada de votación decretada por parte del CNE buscó permitir operativos del Gobierno dirigidos a llevar a electores a los centros, como se explicó en el primer punto.

Alianzas desconocidas

La modificación de las alianzas electorales luego de los resultados electorales anunciados por el CNE, sin duda confirma las sospechas de que el nuevo sistema electoral impuesto solo buscaba favorecer al oficialismo. Asimismo, la escasa información acerca de las sustituciones y modificaciones de candidatos, además de las alianzas electorales, hicieron que los votantes ejercieran su derecho constitucional a ciegas.

La confusión que se respira ante la denuncia de supuestas alianzas que se desconocían, aparte de la forma en que fueron adjudicados los cargos luego de saberse que candidatos que no habían obtenido el número suficiente de votos resultaran electos, y que otros que fueron proclamados como diputados por la propia rectora Indira Alfonzo luego no lo sean, solo muestra que el sistema es completamente manipulable, desconfiable, turbio y pleno de deficiencias.

¿Y a ti venezolano, cómo te afecta?

Lo ocurrido el 6 de diciembre fue la crónica de un fraude anunciado. El proceso estuvo lejos de reunir los requisitos establecidos en la Constitución y los estándares internacionales; por ello, a Acceso a la Justicia no le sorprende la alta abstención, que según cifras oficiales alcanzó el 69%, aunque la agencia de noticias EFE indicaba que llegó al 80%.

Se debe advertir que el comportamiento del árbitro electoral, el Gobierno y las demás autoridades deteriora la institución del voto. Si se compara la abstención del 6 de diciembre con la registrada en las no menos cuestionadas elecciones presidenciales de 2018 (53,95%), es innegable un significativo aumento en la desconfianza del ciudadano en el voto y en la capacidad del Poder Electoral de organizar un proceso con las mínimas garantías de competitividad, igualdad, integridad y transparencia. Cualquier ataque al voto, base de la democracia, afecta a la esencia de esta.

16 de diciembre 2020

https://accesoalajusticia.org/el-fraude-electoral-del-6d-en-cinco-claves/

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Laureano Márquez

Termina un año. Termina la segunda década del siglo XXI. Quizá los que nos precedieron, los soñadores de utopías imaginaron que para este tiempo la humanidad habría encontrado camino de justicia, equilibrio y libertad. Los venezolanos concluimos este año con la dura noticia de lo acontecido a nuestros paisanos en Güiria. No solo en las cárceles venezolanas se tortura, la vida en nuestra tierra se ha vuelto una tortura en sí misma de la que la gente huye poniendo en riesgo su vida.

Mientras el régimen venezolano persista, la gente preferirá el peligro de una eventual muerte, a la espera de la que le viene segura. Pienso en Güiria, la nuestra y tantas otras «güirias» en distintos lugares del planeta. Avanzado el siglo, la humanidad sigue huyendo de sí misma, como era en el principio.

El fin de año nos convoca a pensar el tiempo, nuestro tiempo, el tiempo todo del que formamos parte. Somos entre todos los animales que tuvieron la suerte de existir en este planeta, los únicos capaces de pensar y comunicar nuestros pensamientos. Detrás de estas líneas, que usted sin dificultad lee e interpreta, querido lector, hay miles de años de trayectoria: las pinturas rupestres, petroglifos, lenguas indoeuropeas, migraciones, la escritura cuneiforme, fenicios, griegos, romanos, navegantes, religiones.

Para el perro amable que mueve la cola a nuestro lado y que muestra una inteligencia que nos asombra, no existe el mundo, ni Dios como idea, ni la muerte como línea final de la existencia, ni el sistema solar, ni la luna y aunque también le afecten las cosas del universo, no hay ningún concepto en él.

Nuestro entendimiento ha constituido una cosmovisión del mundo, que a partir de principios que nos resultan hoy lejanos, ha ido edificando ideas complejas como justicia, libertad, derecho, democracia. Ideas para desplazarnos, comunicarnos, almacenar nuestros conocimientos, difundirlos, ideas para curar nuestras enfermedades, para alimentarnos mejor, para vivir más.

Sin embargo, concluye el 2020 y el hombre sigue huyendo del hombre, que es su principal amenaza. Si uno se detiene a pensar y evoca el viejo intelectualismo ético de los antiguos griegos, no logra comprender por qué a estas alturas no hemos alcanzado la sabiduría para construir sistemas económicos equilibrados, regímenes políticos democráticos y honestos, ciudadanos formados para vivir la libertad y el bien.

Vuelvo a Güiria, me pongo en la piel de mis paisanos, pienso en el desespero que les movió a tomar el riesgo de la muerte para partir, además, a un país cuyo régimen nos aborrece y remata a nuestra gente. Voy más allá: el mediterráneo, las costas de África, la frontera norte de México, Siria, Etiopía y tantos otros lugares en los cuales, como un preso que huye de una torturante prisión, la gente prefiere tomar el riesgo de morir en el escape antes de continuar con una existencia inviable.

El hombre huye del hombre. Huye de regímenes políticos tiránicos y corruptos y de la pobreza agobiante. Es oxímoron: la pobreza produce regímenes tiránicos que producen más pobreza que produce más tiranía. De esto huye la gente, de esto nace un negocio.

El ser humano, como ha hecho toda la vida, busca un lugar donde vivir mejor, donde alimentarse y existir en paz. En África apareció el hombre que luego migró a Europa. El hombre hace lo que ha hecho durante miles de años

¿Cómo revertir esta desigualdad? ¿Cómo lograr una humanidad más equilibrada política y económicamente? Mientras la tiranía y su correlato económico que es la pobreza, sigan perpetuándose, el ser humano tratará de escapar, cueste lo que cueste. Parece que nuestro desarrollo tecnológico como especie no va a la par de nuestro desarrollo espiritual: los teléfonos celulares llegan a todos los rincones del planeta, pero no las ideas de justicia y libertad. Todos bailamos al ritmo de Jerusalema, una canción que viene de África, sin saber que su letra –como quien traza un rumbo– dice: “Jerusalén es mi casa, sálvame y camina conmigo, no me dejes aquí”.

Quizá la humanidad tenga que aprender a bailar una mejor coreografía de justicia y libertad, comenzar a salvarnos unos a otros y caminar juntos a esa evocadora Jerusalén espiritual cuyo nombre significa “ciudad de la paz”, aunque la terrena no la haya conocido nunca. Probablemente tengamos que abocarnos a la astronomía interior, quizá nuestro prójimo proyecto tendría que ser llegar amarte.

Que Dios nos acompañe este 2021.

Twitter: @laureanomar

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