Pasar al contenido principal

Opinión

Eddie A. Ramírez S.

Tal día como hoy, 24 de noviembre hace 72 años, Venezuela cayó en manos de una dictadura militar. Cabe preguntar qué factores precipitaron ese hecho y cuáles hicieron posible que esa dictadura fuese posteriormente derrocada. ¿Por qué unas veces nuestros militares dan un golpe de estado a un presidente constitucional y otras derriban a un tirano? Guardando las distancias, quizá algunas lecciones de esos sucesos puedan ayudarnos a salir del totalitarismo rojo.

Recordemos que después del derrocamiento del General Medina, en octubre de 1945, se estableció la Junta Revolucionaria de Gobierno integrada por cuatro militantes del partido Acción Democrática (AD), un independiente muy cercano a ese partido, y dos militares. Ese trienio 1945-1948 fue de mucha confrontación por inmadurez política y por imposición de una transición manejada por un solo partido político. Una primera lección es que las transiciones deben ser con inclusión de diferentes toldas políticas y con independientes.

Al finalizar el mandato de esa Junta, que tuvo muchos logros, pero también muchos yerros, Don Rómulo Gallegos asumió en febrero 1948 como presidente constitucional, pero fue derrocado nueve meses después. ¿Qué factores influyeron en su defenestración? Del lado del partido de gobierno un primer error fue haber seleccionado como candidato al distinguido autor de Doña Bárbara, quien no era apropiado para sortear las dificultades heredadas. Un segundo factor fue que, inexplicablemente, hubo distanciamiento entre él y Rómulo Betancourt. El tercer factor fue que muchos de sus compañeros de partido eran novatos en la política y pecaban de jacobinos. La lección que podemos extraer es que dentro de los demócratas tenemos que estar unidos, apartar el fanatismo y tender puentes con quienes piensan diferente, pero no son corruptos.

Del lado de Copei y URD, integrantes de la oposición a Acción Democrática y a Gallegos, sin duda que no midieron las consecuencias de sus ataques despiadados a un gobierno recientemente electo. Ni el gobierno, ni la oposición se percataron que ambos estaban de lado de la democracia y no fueron capaces de convivir. La lección debe ser que se pueden tener diferencias en cuanto a cómo poner fin a la usurpación, pero el enemigo es Maduro. Desde luego, descartamos a los dirigentes que apoyan la farsa electoral del 6D, por ser cómplices del totalitarismo.

Por falta de tolerancia entre los demócratas, los militares intervinieron en 1948 basados en el errado concepto de que ellos son los llamados a enderezar entuertos. Inicialmente, mientras Delgado Chalbaud presidió la Junta Militar, hubo una dictablanda, si es que eso existe. Después de su asesinato, en noviembre de 1950, se impuso Pérez Jiménez y su barbarie.

Salir de la dictadura costó diez años, con saldo de numerosos demócratas asesinados, cientos de ciudadanos torturados, encarcelados o exiliados. El derrocamiento del tirano se produjo cuando las Fuerzas Armadas percibieron que los partidos políticos, intelectuales, fuerzas vivas y trabajadores en general estaban unidos. Debemos tener claro que los militares no deben insurgir contra gobiernos democráticos, pero sí tienen la obligación de intervenir para poner fin a un régimen que viola los derechos humanos y otros derechos constitucionales.

La dictadura de Chávez-Maduro surgió por malos gobiernos anteriores y por errores y apaciguamiento de la dirigencia opositora. Ahora, la Consulta vinculante es una opción para cohesionarnos en contra del régimen. Argumentos tales como que ya se realizó una consulta exitosa el 16 de julio del 2017, es un razonamiento inmaduro. Hemos participado en numerosas protestas masivas y el usurpador sigue en Miraflores ¿Acaso debemos suspender las protestas? ¡ Claro que no! Algunos evaden su responsabilidad ciudadana alegando que esa Consulta es para apoyar a un grupo de políticos corruptos. Esta afirmación no solo es injusta, sino que no toma en cuenta que el enemigo es Maduro. Un tercer grupo lo integran los eternos inconformes que critican cualquier acción que proponga nuestra dirigencia. Por último los que alegan que esa Consulta vinculante no surtirá efecto porque Maduro no acatará su resultado. Evidentemente que esto es cierto, pero es una herramienta más de protesta y presión nacional e internacional para contribuir a la caída de la dictadura.

Los demócratas tenemos la obligación de apoyarla. Evidentemente no será fácil. El régimen pondrá mil y un obstáculos para que fracase. Quien se oponga es un indolente, tiene otros intereses non sanctos o está con la narcodictadura.

Como (había) en botica:

Los demócratas deberíamos establecer un Día del Recuerdo y erigir un monumento sencillo en homenaje a los caídos en la lucha en contra de las dictaduras del Siglo XX y lo que va del XXI.

Lamentamos el fallecimiento de nuestro amigo Ciro Padrón, compañero de Gente del Petróleo y de Unapetrol.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


Luis Ugalde

Me preguntan si voy a participar en la Consulta Popular constitucional (art.70) organizada por nuestra oposición democrática del 07 al 12 de diciembre, inmediatamente después de la farsa electoral del 6D montada por la dictadura.

Hasta ahora no he querido manifestarme e incluso he evadido invitaciones a programas de radio porque consideraba que como sacerdote no debía recomendar opciones partidistas. Pero cada día que pasa veo que no es parcializarme, sino apoyar el fundamental derecho a la vida de los venezolanos gritando contra el crimen institucionalizado que está matando al país.

Dramática necesidad de cambio

Raro es el venezolano que no esté sufriendo esta pobreza generalizada y que no sienta el cambio como una necesidad vital para recuperar la esperanza.

Cambio de esta destrucción nacional. Solo una pequeña cúpula de lo que queda del chavismo degradado en madurismo está empeñada en perpetuarse con represión dictatorial y propaganda de éxitos imaginarios. Destaca el desprecio total a lo que sensatamente dicen y aconsejan las universidades, academias e iglesias y a lo que sufren trabajadores, familias, empresarios, jóvenes, presos políticos, exiliados, desempleados y los que sobreviven con las escuálidas cajas CLAP.

Pasan los meses y avanza la pobreza, se deterioran los servicios públicos vitales, se expande el hambre, se envilecen los pocos bolívares que quedan, mueren las instituciones, mientras la dictadura se va apoderando de todo, y se va endeudando por completo. Destrozada la industria petrolera y sus derivados -fuente casi exclusiva de divisas- todo aumento en bolívares se hace con “dinero inorgánico”, combustible para el fuego de la inflación. Es el círculo infernal del empobrecimiento del país, sin trabajo, sin producción, sin alimentos y sin ética para eliminar el “matraqueo” y el abuso. Todo el sector público, incluidos los Generales, están sometidos a salarios de hambre. No hay gasolina para transportar alimentos, ni comida en los cuarteles, ni ingresos para cientos de miles de educadores en pobreza. Necesitamos un cambio urgente y paso a la transición democrática.

La burla de las parlamentarias precocidas

Pues bien, la dictadura está haciendo todo lo contario de lo que necesitamos y se atrinchera para resistir, reprimir y anular el poder ciudadano. Eliminó la Constitución, eliminó la elección presidencial legítima, inventó una Asamblea Nacional Constituyente, no para hacer una nueva Constitución sino para someter la que tenemos y anular cuando les convenga todo poder constituido y toda acción y decisión de la Asamblea Nacional legítima. El Poder Judicial, arrodillado ante el Ejecutivo, elimina toda decisión de la Asamblea Nacional. Esta prolífica creatividad dictatorial recientemente ha inventado una ley constitucional “antibloqueo”, también supraconstitucional para deshacer y hacer lo que quiera la dictadura arbitrariamente sin información ni autorización, a escondidas del “pueblo soberano”.

La votación del 6D tiene como objetivo eliminar el último reducto de poder legítimo, hacer desaparecer al molesto Guaidó, mundialmente reconocido como Presidente encargado “mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente” (art. 233).

El régimen ha organizado el 6D para reforzar ese cuadro y cerrarlo contra todo cambio democrático.

En su locura hasta puede querer dar pasos funestos para inventar el “Estado Comunal”, también anticonstitucional. La dictadura está haciendo todo lo posible para obligar con amenazas a votar el 6D. Con lo cual el hambre y la miseria serán mayores en Navidad y el 2021 no será “año nuevo vida nueva”.

Consulta y mandato ciudadano

Nuestra consulta no es para averiguar el ya conocido rechazo al régimen. Es para que el mundo y nosotros mismos nos escuchemos en un sí rotundo y unitario al cambio.

Estas son las preguntas:

1) ¿Exige usted el cese de la usurpación de la Presidencia de parte de Nicolás Maduro y convoca la realización de elecciones presidenciales y parlamentarias libres, justas y verificables?

2) ¿Rechaza usted el evento del 6 de Diciembre organizado por el régimen de Nicolás Maduro y solicita a la comunidad internacional su desconocimiento?

3) ¿Ordena usted adelantar las gestiones necesarias ante la comunidad internacional para activar la cooperación, acompañamiento y asistencia que permitan rescatar nuestra democracia, atender la crisis humanitaria y proteger al pueblo de los crímenes de Lesa Humanidad?

Sin duda mi respuesta es sí, sí y sí. Cerca de 20 millones (dentro y fuera del país) darían la misma respuesta si hubiera libertad. Pero la dictadura hará lo posible para impedirla con control comunicacional, desinformación y amenazas con perder bolsa, trabajo y Carnet de la Patria. No seamos ingenuos discutiendo como si estuviéramos en democracia libre. Los partidos están perseguidos con muchos dirigentes en el exilio, en la cárcel o escondidos de la persecución; y la sociedad civil está agobiada y dispersa. Pero aun así vale la pena organizarse y responder dentro y fuera del país y que decenas de ciudades en el mundo sientan vibrar a los venezolanos por su libertad y democracia. Un buen porcentaje de ese inmenso pueblo doliente logrará vencer los obstáculos y responder a la consulta con un rotundo SÍ.

Por eso es un triunfo lograr la suficiente información, unidad y organización para responder a la Consulta Popular y decir al mundo y a nosotros mismos lo que significa la farsa del 6D. Ya la Unión Europea, el Grupo de Lima y el Gobierno saliente y entrante de EE.UU. se han manifestado frente a la farsa. Ahora los venezolanos unidos tenemos que decir que la esperanza de Venezuela está en elecciones libres y en la inevitable negociación-transición para que renazca la vida con reconstrucción productiva y democracia reconciliada abierta a todos.

23de noviembre 2020

La Patilla

https://www.lapatilla.com/2020/11/23/consulta-popular-por-luis-ugalde/

 4 min


Moisés Naím

En las recientes elecciones de Estados Unidos votó el mayor número de personas en 120 años. Casi 80 millones votaron por Joe Biden y más de 74 millones por Donald Trump. Son los dos políticos más votados en la historia de ese país.

Se suponía que la pandemia y la campaña del presidente Trump pronosticando un fraude electoral aumentarían la abstención. No fue así. 67% de los inscritos votó en persona o por correo.

La otra sorpresa fueron los 74 millones de personas que votaron por Trump —10 millones más de cuantos le votaron en 2016—. Sorprendieron por lo que no les importó, así como como por lo que si les importa.

No les importó, por ejemplo, votar por un presidente que miente de manera constante y fácilmente verificable. ¿Mentir compulsiva y comprobadamente no debería ser suficiente para ser derrotado en las urnas? 74 millones de estadounidenses piensan que no. No creen que Trump sea un mentiroso, o no les importa, o tienen necesidades y esperanzas que les resultan más importantes que la honestidad del presidente.

¿Que 26 mujeres se atrevan a identificarse públicamente y denunciar a Trump por violencia sexual, y que algunas lo acusen de haberlas violado, no debería haberle hecho perder el voto femenino? ¿No basta el video del programa Access Hollywood donde Trump le dice al presentador Billy Bush que “ser famoso te permite hacer lo que quieras con las mujeres, incluyendo el agarrarlas por los genitales”? Pues no. Cerca de la mitad de las mujeres blancas votaron por Trump.

Pero si a los 74 millones no les importan las múltiples denuncias de acoso sexual contra el presidente ¿no debería importarle la salud del planeta? Parece que no.

Trump ha denunciado la lucha contra el calentamiento global como una trampa de China para debilitar la economía estadounidense. Las decisiones del presidente Trump han sido devastadoras para el medio ambiente. Y muy lucrativas para las empresas más contaminantes–y los lobistas que las representan. ¿Importa a los votantes de Trump que el haya nombrado en los principales cargos que se ocupan de regular las industrias contaminantes a los lobistas que representan a esas mismas industrias? Obviamente no.

¿Les importa que el gobierno de Trump sea caótico e inepto y que haya manejado tan mal la pandemia? No parece. A los 74 millones tampoco les importa que dos importantes documentos sigan siendo secretos: la declaración de impuestos de Donald Trump y su política sanitaria. ¿Que hay en los impuestos de Trump como para que el presidente haya hecho tantos esfuerzos para mantenerlos fuera del escrutinio público? ¿No deberían los votantes saber que compromisos financieros tiene el presidente y con quién? ¿No debería saberse si el presidente es un evasor de impuestos?

El otro documento que no aparece es el plan de Trump con respecto a la salud. El presidente se ha dedicado a desmontar la política sanitaria de Barack Obama. Trump ha prometido reiteradamente que la reemplazará por “algo mucho mejor”. Los operadores políticos del presidente han ofrecido una montaña de confusos documentos, pero hasta ahora no han revelado los detalles de lo que es ese “algo mejor”. Lo que esta claro es que eliminar la reforma sanitaria de Obama sin tener con que reemplazarla le hará mucho daño a la gente, incluyendo por supuesto, a los 74 millones que votaron por él. O no lo saben, o no lo creen o no les importa.

La lista de razones por las cuales no había que votar por Trump es larga. Su renuencia a denunciar con firmeza a los odiosos supremacistas blancos. Su desinterés por enfrentar el racismo institucionalizado. Sus menguados logros en política exterior y el haberle cedido espacios de poder a China y Rusia. Sus extensos conflictos de interés. Sus derivas autoritarias y la manera como ha socavado la democracia estadounidense. Nada de eso parece importarles a los 74 millones.

Pero entonces ¿qué les importa? ¿Qué los mueve a apoyar tan incondicionalmente a Trump? Muchas cosas. Van desde lo muy concreto (“no me suban los impuestos”) a lo espiritual (“Trump entiende lo que siento”). De lo positivo (Hagamos América grande de nuevo) a lo negativo (“Si gana Biden, los afroamericanos invadirán los suburbios). De la defensa de derechos (el libre porte de armas) a la defensa de valores (“estoy en contra del aborto”). De repudiar la inmigración ilegal (“viva el muro con México”) al oponerse a la globalización económica (“quiero fábricas y empleos aquí, no en China”).

La demografía de los 74 millones es diversa y confusa. Incluye a significativos porcentajes de hispanos, de la población rural, de hombres blancos sin estudios universitarios, de grupos evangélicos, empresarios, obreros y muchas otras categorías. Los condados donde ganó Biden, por ejemplo, generan el 70% de la actividad económica de Estados Unidos, mientras que los que votaron mayoritariamente por Trump generan el 30%.

El hecho de que las empresas encuestadoras no hayan anticipado la conducta de los 174 millones confirma que no sabemos lo que realmente determina su incondicional apoyo a Donald Trump.

Tenemos cuatro años para averiguarlo.

@moisesnaim

 3 min


Luis Xavier Grisanti

Recién fue publicado el libro Estados Unidos y Venezuela: Diez Miradas, editado por el Instituto de Estudios Parlamentarios Fermín Toro bajo el patrocinio de la Fundación Konrad Adenauer y la Universidad Católica Andrés Bello. La coordinación de la edición correspondió al embajador Edmundo González Urrutia, destacado diplomático de carrera venezolano.

Los autores de los diez ensayos son los académicos Ramón Guillermo Aveledo y Edgardo Monfolfi Gudat; los profesores Elsa Cardozo, Carlos Romero, Emilio Nouel, Maxim Ross y Rosendo Fraga; y los embajadores Carlos Bivero, Edmundo González Urrutia, Norman Pino de Lion y Luis Xavier Grisanti.

Nuestro ensayo: Petróleo y Democracia: Estados Unidos y Venezuela en el siglo XX aborda no sólo el nacionalismo prudente, el profesionalismo de nuestra diplomacia democrática y las relaciones amistosas y mutuamente beneficiosas entre ambos países, sino que identifica los aportes de las empresas petroleras internacionales (Creole, Shell, Mene Grande, Gulf, Texaco, Sinclair, etc.) al desarrollo nacional y a la formación del capital de nuestra industria de los hidrocarburos, a saber: inversión de capital, creación de valor y empleo, talento humano, transferencia de conocimientos y tecnologías (algunas desarrolladas en Venezuela), destrezas operativas y gerenciales, diseño y ejecución de proyectos, ingeniería y construcción, gerencia profesional y responsabilidad social (de la cual fueron pioneros en el país).

En la mayoría de la bibliografía existente, se subraya (con razón) la épica nacionalista y sus hitos importantes (la primera Ley de Hidrocarburos de Gumersindo Torres de 1920 (cuyo centenario se celebra); la suspensión de las concesiones en 1938 por el presidente de la transición democrática, Eleazar López Contreras; la Ley de Hidrocarburos de 1943 del presidente Isaías Medina Angarita (para muchos la mejor de todas); el Pentágono Petrolero de Juan Pablo Pérez Alfonzo; la fundación de la OPEP y de la Corporación Venezolana del Petróleo en 1960 por el presidente Rómulo Betancourt; la nacionalización en 1976 durante el primer mandato del presidente Carlos Andrés Pérez, etc.). Todos hitos de indiscutible trascendencia en la construcción de la que fue para muchos la más eficiente y próspera de las industrias de hidrocarburos edificadas por los países exportadores de petróleo.

En nuestro trabajo se resalta el aporte esencial del capital privado internacional en la formación del capital social de la industria y en la venezolanización de los cuadros técnicos, gerenciales y directivos desde los años 50 del siglo XX; iniciada por la empresa Shell de Venezuela en 1954 y asimilada como política de Estado por el ministro Pérez Alfonzo y el presidente Betarncourt luego de la restauración democrática en 1958. Para dicha política se contó con el empuje de los primeros geólogos e ingenieros petroleros de Venezuela, entre quienes destacan Juan Jones Parra, Arévalo Guzmán Reyes, José Cirigliano, Ernesto Agostini, Ulises Ramírez, Francisco Gutiérrez, Felix Rossi Guerrero, Manuel Alayeto, Rubén Caro, y a quien les precedió como ejemplo de profesionalismo y rectitud, Luis Plaz Bruzual. Este aporte del empresariado internacional y nacional no lo debemos olvidar. El Colegio de Ingenieros de Venezuela y la Sociedad Venezolana de Ingenieros de Petróleo (SVIP), fundada en 1958, jugaron un papel prominente en el proceso de venezolanización.

Podrá apreciarse en nuestro escrito que las empresas petroleras internacionales nunca dejaron de invertir a lo largo de seis décadas, inclusive cuando se estableció la política de no más concesiones en 1945, retomada en 1959 por Pérez Alfonzo y Betancourt. Moderaron sus inversiones, pero no las detuvieron pese a la inminente finalización. Bajo la supervisión del venerable y desaparecido Ministerio de Minas e Hidrocarburos – semillero de especialistas petroleros de gran valía técnica y ciudadana – las compañías petroleras internacionales realizaron la construcción de la infraestructura física y operativa de la industria (refinerías, plantas de desulfuración, deshidratación y reinyección, unidades de desintegración catalítica y de alquilación, flota de tanqueros, oleoductos y gasoductos, patios de tanques, estaciones de flujo, puertos, etc.), generando empleos directos e indirectos para los venezolanos.

Nunca hubiese sido posible la nacionalización de la industria en 1976, si no es por el capital social formado por las empresas concesionarias durante aquellas décadas. El talento humano desarrollado y entrenado entonces era considerado el mejor y más capacitado entre los países productores de petróleo y gas natural.

¿Por qué no dejaron de invertir, aunque esta fuera declinante al acercarse el término (1983) de las concesiones otorgadas conforme a la gran Ley de Hidrocarburos de 1943? Porque los hacedores de políticas públicas, desde los ministros Gumersindo Torres en los años 20 hasta Valentín Hernández Acosta durante la nacionalización en los años 70 del siglo pasado, implantaron un nacionalismo sensato. Y porque Venezuela ganó la reputación de ser un país garante de la seguridad jurídica, principal criterio para invertir de las compañías internacionales de cualquier país.

Invito a los apreciados lectores a leer el libro (http://www.fermintoro.net/portal/2020/08/estados-unidos-diez-miradas/) y constatar cómo un país pequeño, pero con una industria petrolera de significación mundial, puede desarrollar relaciones dignas, constructivas y mutuamente beneficiosas con la gran potencia norteamericana, cuyas inversiones y flujos de comercio necesitaremos en el futuro para el progreso de Venezuela en el siglo XXI.

@lxgrisanti

 4 min


Américo Martín

En tiempos de obligatoria reflexión, como este que nos aplasta, proliferan las demasías de vocación maximalista. Aclaro, antes de seguir, que para mí es ese el emblema venezolano del error. Por maximalismo entiendo la tendencia a salirle al paso a la crisis humanitaria compleja en la que estamos sumidos, con fórmulas que quieren alcanzar, de una sola vez y mediante un solo acto, la totalidad de las soluciones propuestas, “arrebatones”, fórmulas únicas, preferiblemente violentas, rápidas y hasta súbitas.

El maximalismo no tolera gradualidades, parsimonia, “saber esperar” y en fin, todo aquello que suponga diálogo o negociación.

Por eso, en la ejecución de actos maximalistas los héroes son necesarios. Las ejecuciones sumarias le van a la perfección a líderes capaces de actuar ahora mismo y comprometiendo en la operación la plenitud de recursos y reservas.

Ana Teresa Torres precisa otros rasgos definitorios que me gustaría hacer del conocimiento de mis lectores. Les recomiendo la lectura de su obra, La herencia de la tribu, Editorial Alfa, noviembre 2009.

El problema es que los héroes no circulan libremente por la calle, ni están a la mano para el despliegue de políticas matizadas o de inteligente diseño. Por lo general, tampoco son indispensables y a veces más bien sus ansiosas demasías pueden dañar estrategias si son capaces de supeditarlas a aquellas. En cualquier caso, nunca es malo tener héroes disponibles para lo que pueda ocurrir y en el marco de la política que se esté aplicando.

El tema de esta columna se refiere más a las negociaciones que a las animadas heroicidades individuales, a propósito de la interesante iniciativa del presidente de Fedecámaras, Ricardo Cussano, de hacer del conocimiento colectivo la importancia del camino de negociación en varios lugares críticos del planeta, incluidos Colombia y Venezuela.

La presencia como ponente del experimentado colombiano, Humberto de la Calle resultó una garantía de seriedad e información. Invitado yo también por Cussano, a ese importante foro, pude intercambiar provechosas ideas con Humberto.

Las negociaciones de esta índole pueden ser complicadas, arduas o de apariencia infinita y precisamente por eso, suelen agitar impaciencias que despiertan a los héroes dormidos o aburren a los pacientes despiertos.

Para que las FARC aceptaran negociar su desmovilización y desarme hubo que pasar por momentos agrios y frustrantes. Pero lo cierto e inocultable es que firmaron la paz, entregaron armas pagando el precio de dividirse, mientras sigue pendiente la prometida reinserción a la sociedad civil.

Como pocas cosas transcurren conforme a lo previsto, el cuadro se volvió a complicar con la presencia del paramilitarismo —Autodefensas Unidas de Colombia—, dotado de una estrategia abierta a negociaciones.

  • Nacimos para combatir la insurgencia izquierdista, anunció su jefe fundador Carlos Castaño.
  • Exigimos al gobierno cambios pero no vamos contra él.

Con todo, la reaparición de este factor, emanado de clásicos carteles de la droga pero con un lenguaje desconcertante, parecía el cuento de nunca acabar.

No obstante, estos vericuetos iluminaron flancos aprovechables por la tenaz democracia, que no se rinde ni deja de aprender de las nuevas realidades. En algunos ensayos y columnas he subrayado la importancia de descubrir el origen de la renuencia a mover piezas en el tablero y de los motivos que paralizan a los renuentes.

Subrayé lo siguiente: mientras las FARC creyeran que vencerían al igual que Fidel en Cuba y Ortega en Nicaragua, usarían los diálogos para ganar espacio y aprovisionarse, sin avanzar ni un paso en la negociación misma. ¿Para qué negociar pedazos de una torta que pronto tendrían en su totalidad?

Todo cambió al sobrevenir la serie de derrotas políticas y militares, después de la Operación Jaque, que no solo debilitó material y moralmente a las FARC, sino que arruinó la reputación de invencibilidad que pregonaban Marulanda y su Secretariado.

El fuerte viraje lo anunció Alfonso Cano, sucesor del fallecido Marulanda, al ordenar el regreso de las FARC a la formación guerrillera, paso inevitable, puesto que ya no podían mantener la guerra de movimientos y posiciones. El sueño de la victoria había desaparecido.

Cuando leí la orden dictada por Cano supe que el juego había terminado. Declaré entonces que a las FARC solo les quedaba negociar. ¿Por qué? Simplemente porque las guerrillas no están para ganar guerras sino para distraer y fastidiar al otro. No liberan y ocupan territorios pues su movilidad y su desconfianza son constantes.

Retroceder a esa forma primitiva de guerra solo les dejaba retomar lo que desdeñaban para ofrecer paz, desarme a cambio de legalidad.

Lección para los negociadores de la acera democrática: mucha, pero mucha atención a las señales expresas o implícitas que provengan de la otra acera. La información básica puede ser la de las errantes luces de cocuyos y luciérnagas.

Twitter: @AmericoMartin

 3 min


Carlos Raúl Hernández

En 1931 triunfa el bloque de stalinistas, trotskistas, anarquistas, republicanos en las elecciones municipales españolas. El rey huye despavorido y deja el país en una espantosa oleada de violencia fratricida, comparable con la guerra de secesión en EEUU. Los expertos afirman que las guerras civiles son más crueles que entre naciones, porque se desbordan odios de regiones, partidos, vecinos y hasta familias, mientras las otras son impersonales.

El gobierno de España hace poco exhumó a Franco del Valle de los caídos y llamó a hacer lo mismo con los desmanes del franquismo, lo que llena el espacio de fantasmas y corren el riesgo de enamorarse de ellos. En Montevideo, cuenta Victor Cadet el 13/11 pasado, armaron un “acto de repudio” contra el semanario La mañana, por describir miserias del partido comunista en la guerra española, en disenso de elogios a su heroísmo.

Savater escribió no hace mucho que dejaran quietos a los abuelos, porque buscando conseguirían torturadores y asesinos. España en ese período se dividió en manadas de fieras que competían en sadismo y crueldad, seducidas por el olor a sangre y muerte. El reportaje de La mañana se basa en el gran libro Tiempos modernos de Paul Johnson, de los historiadores más sobrios del siglo XX. Las ideologías duras son enfermedades del pensamiento.


Gente de buena fe las contrae y pasa a justificar barbaries a nombre de supuestas causas sociales o nacionales. Si los israelíes matan en Palestina, se oyen los gritos del silencio de los afines y el estruendo de los anti sionistas. Si se cuestionan los horrores musulmanes en Francia, es islamofobia. Quien censura el intento de Trump para torcer las elecciones es comunista y pedófilo. Si se dice lo mismo sobre Morales, desprecias a los indígenas. Fanátismo.

Amoralidad del juicio
Las ideologías duras conducen a la amoralidad del juicio, al que Kant prescribe des relativizar, y proceder como si cada acto fuera a convertirse en ley universal. Se llamaban republicanos, pero no querían una república, sino una dictadura soviética. La Comintern de Stalin los controlaba, salvo a la disidencia trotskista y anarquista que aplastará, y aún si Franco no entra en escena en julio del 36, la guerra ya desgarraba la izquierda. Así España vivió dos guerras civiles al tiempo.

Comienza con terrorismo, no anticlerical como sería si se dirigiera solo contra las autoridades episcopales, sino anticristiano, porque persigue la fe. Expulsan obispos, queman iglesias y conventos, pero también asesinan masas de simples creyentes. En tres años liquidan más de 8000 entre obispos (doce), sacerdotes, seminaristas y monjas. Aunque en 1933 gana Alejandro Lerroux, un moderado, gracias al voto femenino, ya el Estado no controlaba nada. Era una bolsa vacía.

Las FF. AA se desmarcaban del caos republicano y los partidos en armas ejercían la soberanía territorial en vez del gobierno. Ignoran a las autoridades electas y llaman a la huelga general en Madrid, Barcelona, el país vasco, y Cataluña se independiza. En Asturias, los consejos obreros toman los cuarteles de la guardia civil, las minas, hacen estallar la Catedral de Oviedo y destruyen la ciudad.

Aun antes del golpe, el ejército tiene que ocuparla para desarmar a los trabajadores y frenar la matanza entre civiles. La soberanía, el poder real lo ejercían las “chekas” para llamarlas en ruso, brigadas armadas con cárceles propias sin control de nadie, donde torturaban trotskystas, franquistas, católicos. Se llamaban Leones Rojos, Linces de la república, Espartacos, Furias. Quien entraba a una de ellas, no salía vivo. “¡Cuídate España de tu propia España!”.

No porque hablaron mal de él
En Cataluña los comunistas aplastan a los anarquistas y al POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) y es inmortal el heroísmo del líder trotkysta Andrés Nin. Lo despellejaron vivo, no solo hablando mal de él, sino literalmente, y no delató a sus compañeros. Lo confiesa el camarada Orlov, su torturador, quien desertó y se asiló en Occidente, cuando Stalin lo mando a liquidar por lo que sabía. En sus territorios controlados, el franquismo a su vez ejercía una dictadura militar terrorista que nada envidiaba a Stalin.

Ilegalizados los partidos, incluso los de derecha, todo aquel conocido por remotamente próximo a comunista, socialista, sindicalista o liberal, si tenía suerte sería fusilado o encarcelado. Testimonios republicanos hablan de que los prisioneros cavaban sus propias tumbas, en las que después podían enterrarlos vivos. Estaba prohibido el tránsito interurbano en vehículo o en tren. En el carnaval de sangre asesinaron al poeta más importante de la época, García Lorca, quien no tenía nada que ver con la política.

En prisión fallece Miguel Hernández. J.M Gironella escribió que el balance es de un millón de muertos entre los dos bandos, pero un historiador más moderado, Hugh Thomas, calcula 600 mil. Hoy intelectuales y comentaristas hablan de episodios tan tenebrosos con el fanatismo y la frivolidad de los hinchas del Real Madrid y el Barcelona, o en casos más tontos, de buenos contra malos. Deberían dejar en paz los huesos en los cementerios.

@CarlosRaulHer

 3 min


Ismael Pérez Vigil

La oposición democrática organiza un evento entre el 5 y el 12 de diciembre próximos, una “consulta popular”, en contraposición a lo poco democráticas e irritas elecciones convocadas para el 6 de diciembre (6D) por el igualmente ilegal y parcializado CNE.

Frente a estas elecciones del 6D, la oposición democrática ha decidido abstenerse; es una estrategia que no apoyé en el momento de su discusión, pero que he aceptado acatar –como siempre dije que haría cuando se tomara una posición definitiva– porque considero que es más importante mantener la unidad opositora que mantener una posición de principios frente a algo que, en definitiva, no es más que una estrategia política.

Con respecto a la “consulta popular” convocada, buena parte de las dudas que muchos tienen acerca de lo oportuno de realizarla provienen de que, para bien o para mal, todos tenemos en mente lo ocurrido con la exitosísima jornada de recolección de firmas o consulta igualmente popular, llevada a cabo el 16 de julio de 2017 (16J).

Para rechazar la consulta propuesta hoy, algunos preguntan que para qué otra consulta, si la del 16J no sirvió para nada, pues no se llevaron adelante algunas acciones que ellos suponen que se debieron realizar.

Al argumentar sus objeciones, comparando ambas situaciones, algunos aluden a que el 16J veníamos saliendo de una frustración porque nos habían eliminado el referendo revocatorio y que esa consulta fue algo así como el hijo directo de esa frustración. A lo mejor en octubre de 2016 eso de una consulta popular estaba “in pectore” o en la cabeza de algunos líderes políticos o ciudadanos, pero desde luego no era parte de la discusión política, pública, abierta, por lo que voy a disentir de esa conexión directa que se hace entre ambos eventos, la suspensión del revocatorio a finales de 2016 y la recolección de firmas del 16 de julio de 2017.

Soy de los que cree que es necesario tener en cuenta, al evaluar la actual consulta popular, que estamos en condiciones muy diferentes para realizar esa consulta, con relación al ambiente político que había el 16J; pero, hacer esa conexión directa, entre la suspensión del revocatorio y la recolección de firmas del 16J, me parece que es un intento de argumentar contra la consulta actual, haciendo una comparación de eventos, olvidando y soslayando algunos acontecimientos políticos importantes ocurridos entre octubre de 2016, cuando se cancela la posibilidad del revocatorio y el 16 de julio de 2017. Recordemos solo los más significativos.

Se posponen, sin motivo justificado, las elecciones de gobernadores.

Se detiene la recolección de firmas para el revocatorio, tras la decisión ilegal de varios jueces penales y se elimina de manera definitiva la posibilidad del referendo revocatorio.

Fracasan los intentos de diálogo de Margarita, mediados por El Vaticano, Samper, Rodríguez Zapatero, Omar Torrijos y Leonel Fernández)

El TSJ intenta quitarle atribuciones a la AN con dos decisiones, que después revocaron, pero que desencadenan una serie de eventos políticos.

Como consecuencia de esas decisiones del TSJ se reinician protestas, marchas y manifestaciones que duraron varios meses y que dejaron más de 140 muertos.

Se inhabilitó políticamente a Capriles Radonsky, en ese momento Gobernador, y se amenazaba y ponía presos a los alcaldes opositores, algunos de los cuales se vieron obligados a irse al exilio.

El presidente Nicolas Maduro convoca inconstitucionalmente a la elección de una Asamblea Nacional Constituyente, a lo que el CNE responde perentoriamente fijando la fecha.

La Fiscal General, Luisa Ortega Diaz, que había calificado de “ruptura del orden constitucional” las decisiones del TSJ para quitarle atribuciones a la Asamblea Nacional, AN, intenta, infructuosamente, acciones contra la convocatoria de la ANC.

Las acciones de la Fiscal General conducen a su destitución, su exilio y nombramiento de Tarek William Saab como Fiscal General.

El 27 de abril, Venezuela se retira de la Organización de Estados Americanos (OEA), ante las críticas a la situación venezolana por parte de su Secretario General y del propio organismo, que realiza dos intentos –el 31 de mayo y el 20 de junio– de censurar a Venezuela, sin lograr consenso suficiente.

El 27 de junio Oscar Perez bombardea desde un helicóptero la sede del TSJ.

El 3 de julio, el presidente de la AN, Julio Borges, en nombre de la coalición de partidos de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), anuncia la convocatoria de un plebiscito o consulta popular, de la que se venía hablando hace algunas semanas.

El 5 de julio la AN –a pesar de estar rodeada por violentos manifestantes oficialistas y ser invadida su sede– aprueba formalmente realizar la consulta popular y el 6 de julio se dan a conocer las preguntas y comienza, públicamente, el proceso de organización de la consulta del 16 de julio.

Todos esos acontecimientos, sin que sea fácil privilegiar la mayor importancia de alguno de ellos, fueron el caldo de cultivo, el ambiente político que había en el país y que convocó a la participación de la consulta popular del 16 de julio de 2017 a más de 7 millones y medio de venezolanos, de los cuales 724 mil participantes lo hicieron en el exterior, repartidos en 556 ciudades de 90 países.

Hoy, que nos avocamos a una nueva consulta popular, a diferencia de esa efervescencia, vivimos un proceso político muy diferente, con una población desanimada, que ha transitado por varios procesos de abstención electoral, con la vía del voto totalmente satanizada, con una crisis económica y social que hace que la gente se concentre prioritariamente en resolver su situación para sobrevivir, con graves problemas de desplazamiento y movilidad por la pandemia y la falta de gasolina, sin conexión a internet y ni siquiera luz en buena parte del país, como para hacer la consulta de manera virtual. Incluso en el exterior habrá dificultades para recoger firmas presencialmente, por la pandemia y porque buena parte del hemisferio norte estará en pleno invierno.

A todo eso habrá que agregar los esfuerzos que desplegará el régimen para sabotear, intimidar y desconocer esa actividad. Debemos estar preparados, por ejemplo, para que el régimen compare los resultados de esa consulta popular con sus elecciones de la AN prevista para el 6D. Sin duda exagerarán la participación del 6D, sobre la cual dirán cualquier número, como hicieron con los resultados de la ANC, cuando simplemente lanzaron una cifra superior a la de la consulta del 16J; pero, como se recordará, nunca publicaron resultados por entidad ni por mesa, como era de esperarse de todo evento oficial del CNE, y nunca supimos realmente cuántos votantes concurrieron a ese proceso ni con cuántos votos fueron electos de manera individual los integrantes de la ANC.

Como quiera que la decisión de hacer la consulta está tomada, no tengo dudas en que se hará un gran esfuerzo para superar todas esas condiciones adversas y lograr una jornada lo más exitosa posible. De hecho, en las diferentes regiones del país y en algunas zonas de Caracas, eso está ocurriendo ya y se nota un entusiasmo muy superior al que se percibe en las discusiones de algunas redes sociales y grupos de WhatsApp.

Lo importante es que no nos formemos expectativas sin bases reales y no hagamos comparaciones inapropiadas con eventos anteriores o similares; que nadie esté pensando tampoco, por la forma en que están redactadas las preguntas, en que esa será la actividad que ponga al régimen contra la pared y lo obligará a renunciar e irse. Por muchas interpretaciones jurídicas en cuanto a lo vinculante o no de esa consulta, lo cierto es que el poder fáctico, el régimen, no está dispuesto a reconocer ninguno de sus resultados y, como siempre, sí está dispuesto a utilizar la fuerza para demostrarlo. A pesar de eso, la jornada, por sus características, ofrece una oportunidad para alcanzar mayores niveles ciudadanos de organización, que no debemos desaprovechar; es también una oportunidad para seguir demostrando a la comunidad internacional y a los países que han apoyado al gobierno interino, que la oposición venezolana sigue viva, aun cuando no participe en jornadas electorales organizadas por el régimen, porque éstas no reúnen condiciones mínimas de equidad, libertad y democracia.

En resumen, con relación a la consulta popular, creo que hay que deponer algunas actitudes de rechazo y desmoralización hacia los que han decidido asumir las dificultades, ya de por si importantes, de esta tarea y aprovechar la circunstancia de la posición unitaria asumida por la oposición democrática para convertir esta jornada de consulta popular en, al menos, un reinicio de la actividad política de calle por parte de los ciudadanos, muy adormecidos desde hace casi un año. Que la jornada se sume, sin otras pretensiones, a las diarias protestas del pueblo venezolano en contra del régimen, por los más variados y válidos motivos, ya es un logro importante.

Como dice Daniel Asuaje: “Hoy luce casi imposible salir de este laberinto y si solo un milagro puede sacarnos de él, entonces es tiempo de estar determinados a coproducirlo, no a obstaculizar a quienes buscan realizarlo.” (Los Milagros (a veces) existen. El Universal, 18 de noviembre de 2020)

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 6 min