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Opinión

Anatoly Kurmanaev, Isayen Herrera, Tibisay Romero y Sheyla Urdaneta

GÜIRIA, Venezuela — El presentador de El pueblo en combate, un popular programa de radio, siempre había elogiado al presidente venezolano Nicolás Maduro, incluso cuando millones de ciudadanos se hundían en la miseria bajo el gobierno del Partido Socialista Unido de Venezuela. Pero este verano, cuando la escasez de gasolina paralizó su remoto pueblo pesquero, se desvió de la línea del partido.

En su programa, el locutor José Carmelo Bislick, un socialista de toda la vida, acusó a los dirigentes locales del partido de haberse beneficiado de su acceso al combustible, dejando a la mayoría de la gente haciendo filas durante días en las gasolineras vacías.

Solo transcurrieron unas semanas desde la denuncia cuando, en la noche del 17 de agosto, cuatro hombres enmascarados y armados irrumpieron en la casa de Bislick y le dijeron que “se comió la luz”, una frase que indica que alguien se ha pasado un semáforo en rojo. Luego lo golpearon y se lo llevaron a rastras frente a su familia. Horas después lo encontraron muerto con heridas de bala, y vestido con su camiseta favorita del Che Guevara.

Los asesinos de Bislick siguen prófugos en esa ciudad de 30.000 habitantes, donde todos lo conocían y sabían que le había dedicado su vida a la revolución bolivariana. El alcalde socialista de la localidad nunca habló del asesinato ni visitó a sus familiares, quienes dijeron que su muerte había tenido motivaciones políticas.

Los responsables de la muerte del hermano de Rosmery Bislick siguen libres en una ciudad de 30.000 habitantes donde todos se conocen.

“¿Es denunciar tan feo como para que le cueste la vida a un hombre que solo buscaba el bienestar social?”, se pregunta Rosmery Bislick, hermana del locutor.

La muerte de Bislick parece formar parte de una ola de represión contra los activistas de izquierda marginados por Maduro, quien parece decidido a consolidar su poder en las elecciones parlamentarias de diciembre. La votación, boicoteada por la oposición y denunciada por grupos de derechos humanos, podría llevar a la que solía ser una de las democracias más consolidadas de América Latina al borde de un Estado de partido único.

Después de haber desmantelado a los partidos políticos que se oponían a su versión del socialismo, Maduro ha apuntado a su aparato de seguridad hacia los aliados ideológicos desilusionados, repitiendo el camino recorrido por los autócratas de izquierda desde la Unión Soviética hasta Cuba.

La oficina de Maduro no respondió a una solicitud de comentarios.

“Quien haga una crítica primero te ponen al lado de partidos de oposición, de derecha, te llaman traidor”, dijo Ares Di Fazio, exguerrillero urbano y líder del Partido Tupamaros, de extrema izquierda, que fue desmantelado por el gobierno en agosto después de haber expresado su descontento.

Las fuerzas de seguridad han reprimido a los tradicionales partidarios del gobierno que en los últimos meses inundaron las calles de las ciudades de provincia para denunciar el colapso de los servicios públicos. Funcionarios que denuncian corrupción son acusados de sabotaje.

Los integrantes de la alianza electoral gobernante que decidieron postularse como independientes son descalificados. Quienes perseveran son acosados por la policía o acusados de delitos espurios.

En parte, la represión interna es el resultado de la decisión de Maduro de abandonar las políticas de redistribución de la riqueza de su difunto predecesor Hugo Chávez, a favor de lo que equivale a un capitalismo de compinches para sobrevivir al endurecimiento de las sanciones estadounidenses. El cambio legalizó efectivamente la economía de mercado negro en Venezuela, santificando la corrupción generalizada y permitiendo que Maduro mantenga la lealtad de las élites militares y empresariales que se benefician del nuevo orden económico.

El resultado ha sido un abismo discordante entre la retórica oficial, que culpa del colapso nacional a las sanciones del gobierno de Estados Unidos, y las vidas extravagantes que ostentan las élites gobernantes en los supermercados y las salas de exhibición de autos de lujo.

“Hay un bloqueo para unos y los bodegones para otros”, dijo en referencia a las tiendas donde se venden productos importados de lujo Oswaldo Rivero, un destacado activista de izquierda y presentador de televisión nacional, que durante años impulsó los ataques

A quienes cuestionan eso, “los vuelven leña”, dijo Rivero, quien dice que ahora lo llaman traidor y lo han amenazado en redes sociales por hablar en contra de la corrupción.

Durante las últimas dos décadas, los partidos de izquierda representados por activistas como Rivero habían ayudado a Chávez, y luego a Maduro, a permanecer en el poder.

Esos movimientos políticos, algunos de los cuales se remontan a las insurrecciones de la época de la Guerra Fría, hicieron campaña a favor de los candidatos de Maduro, movilizaron simpatizantes para manifestaciones gubernamentales y, en ocasiones, acosaron a los manifestantes de la oposición. Su mensaje de cambio radical resonó con fuerza en los barrios marginales y en los asentamientos rurales de Venezuela hartos de

Pero estos aliados se desilusionaron cada vez más con el autoritarismo y la corrupción de Maduro. Este año, por primera vez, decidieron presentar a sus propios candidatos a la asamblea.

Maduro respondió rápidamente al desafío.

En agosto, los jueces del Tribunal Supremo de Justicia instalaron a los leales a Maduro en la directiva de los Tupamaros y otros tres pequeños partidos disidentes.

La policía detuvo al jefe de los Tupamaros, José Pinto, por cargos de asesinato que no han sido demostrados, hostigó a los líderes del Partido Comunista de Venezuela y detuvo brevemente a un veterano disidente de izquierda, Rafael Uzcátegui, de 73 años, acusado de haber visitado un burdel. Todos los acusados han calificado los casos como una persecución política.

Uzcátegui afirma que 37 miembros de su partido, Patria para Todos, han sido detenidos por hacer campaña contra el gobierno en las próximas elecciones. Cuatro de ellos simplemente hicieron una pintada en una pared pública con las palabras “Salario digno ya”, una súplica para aumentar el salario mínimo mensual de 2 dólares.

“El gobierno no le teme a la derecha”, dijo Uzcátegui. Le teme a la izquierda, dijo, “porque saben que decimos la verdad a la gente”.

Isabel Granado, una activista del Partido Comunista de 32 años, decidió postularse para la Asamblea Nacional contra el gobierno para las elecciones de diciembre porque dijo que este había dejado de representar a los pobres del país.

Hace dos años, ella y otras dos docenas de agricultores de su pueblo de El Vigía, ubicado en las estribaciones andinas, decidieron apoderarse de una parcela de tierra que, según dijo, las autoridades habían declarado inactiva desde 2010. Llamaron a su grupo de agricultores “La mano poderosa de Dios”, y comenzaron a cultivar pequeñas parcelas para alimentar a sus familias.

Durante mucho tiempo, el gobierno había respaldado esas invasiones para ganar apoyo rural e intentar reducir la desigualdad.

De repente, el 24 de septiembre, Granado dijo que un escuadrón de la policía de operaciones especiales, con oficiales vestidos de negro, irrumpió en su casa, tiró al suelo a su hija de 9 años y amenazó con golpear a la activista frente a la niña si no se iba con ellos. La llevaron a una comisaría y la acusaron de ocupación ilegal de tierras y robo de ganado, un cargo que Granado negó.

Al día siguiente la liberaron por falta de pruebas, pero volvió a ser detenida dos días después, esta vez por un grupo de comandos militares fuertemente armados. Granado dijo que durante el tiempo que estuvo bajo custodia la esposaron, la amenazaron con cargos falsos de posesión de drogas ilícitas y le dijeron que la ejecutarían.

No era una amenaza vana en un país donde los investigadores de las Naciones Unidas han implicado a las Fuerzas de Acciones Especiales de Maduro, conocidas como FAES, en miles de ejecuciones extrajudiciales sucedidas en los barrios pobres durante los últimos años.

“Estaba demasiado asustada de verdad, porque aparte de luchadora social yo también soy madre”, dijo Granado. “En lo único que podía pensar era en mis hijos”.

Granado dijo que el momento, la brutalidad y la naturaleza arbitraria de las detenciones muestran que las autoridades locales intentan que abandone su postulación al congreso. Dijo que vive con miedo constante, cambiando con frecuencia su domicilio en una red de casas seguras.

Pero dijo que continuará con su campaña electoral.

“El respaldo de la gente para nosotros es lo que más les duele”, dijo refiriéndose al gobierno.

Después de una tensa calma provocada por la pandemia, el descontento popular con el gobierno de Maduro estalló en más de mil protestas repentinas en septiembre.

A diferencia de las oleadas de disturbios anteriores, las últimas manifestaciones se concentraron en los estados rurales pobres, que durante mucho tiempo han formado la base del partido gobernante. Los manifestantes, muchos de ellos simpatizantes del gobierno desde hace mucho tiempo, exigieron alimentos, combustible y electricidad y no un cambio político, según entrevistas en cuatro pueblos afectados.

Maduro respondió al descontento de esos enclaves socialistas con la misma represión que le aplica a los opositores. Más de 200 manifestantes fueron detenidos en los disturbios rurales de septiembre, y las fuerzas de seguridad mataron a tiros a una persona, según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, un grupo sin fines de lucro que registra los disturbios.

“Lo que ellos están haciendo nos huele mucho a dictadura”, dijo Edito Hidalgo, un veterano activista tupamaro que lideró una protesta en el pueblo occidental de Urachiche en septiembre. “Parece algo así como que ‘yo tengo el poder y no lo voy a soltar’”.

Urachiche, una comunidad agrícola muy unida, había votado abrumadoramente por candidatos socialistas desde que el gobierno de Chávez asumió el poder por primera vez en 1999 con la promesa de gobernar para el pueblo.

“Este es un pueblo revolucionario”, dijo Hidalgo, quien relató con orgullo la breve parada del Che Guevara en Urachiche en 1962.

Después de soportar la crisis económica durante siete años, la ciudad finalmente alzó la voz en septiembre. Miles de residentes marcharon pacíficamente ese mes hacia la alcaldía cantando el himno nacional para entregarle al alcalde una propuesta para mejorar el suministro de alimentos y la distribución de combustible de la ciudad.

De pronto, una banda apareció entre la multitud con cuatros tradicionales y maracas, finalizando el mitin con un concierto improvisado, dijo Hidalgo. “Terminó el acto y cada quien se fue para su casa sin lanzar una piedra”.

Grafiti a favor de Maduro en Urachiche. “Este es un pueblo revolucionario”, dijo Hidalgo

Unos días después, la policía de las FAES se detuvo frente a la casa de Hidalgo, buscándolo. Alertado por su esposa, huyó del pueblo y pasó dos semanas escondido, mientras la policía y las patrullas militares hostigaban su barrio.

“Parece que ellos decidieron” que debían deshacerse de Edito Hidalgo “porque está revolucionando a la gente”, dijo.

Según las encuestas, el gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela cuenta con el apoyo de solo uno de cada diez venezolanos.

Mientras tanto en Güiria, la familia de Bislick, el locutor de radio socialista, todavía espera justicia.

Después de que los hombres armados sacaron a Bislick de la casa, su familia corrió directamente a la estación de policía; su automóvil, como la mayoría de la ciudad, se quedó sin gasolina.

En vez de emprender una búsqueda inmediata en la pequeña ciudad, los oficiales pasaron dos horas anotando los detalles, dijeron sus familiares. Desesperados corrieron a la sede local del partido gobernante, donde Bislick había trabajado durante dos décadas, para pedir combustible con el fin de continuar la búsqueda. Pero se lo negaron.

Finalmente, un vecino encontró el cuerpo de Bislick en unos arbustos.

Las denuncias de Bislick sobre la corrupción local se habían vuelto tan populares que los residentes ponían su programa a todo volumen en los altavoces de sus autos durante los apagones, dijo su colega de la radio, José Alberto Frontén.

“Teníamos la mano pesada en el programa y sabíamos que estábamos pegando donde es”, dijo Frontén. “Pero nunca vimos venir ese golpe”.

19 de noviembre 2020

New York Times

https://www.nytimes.com/es/2020/11/19/espanol/america-latina/maduro-repr...

 9 min


Mariza Bafile

“La democracia no es un hecho sino un acto”. Con esta frase, pronunciada en su primer discurso, tras decretarse la victoria de Biden a la presidencia y de la suya a la vicepresidencia, Kamala Harris nos puso en alerta sobre la fragilidad, no solo de la democracia sino de todas las conquistas sociales. Cuando, conmovida recordó el largo y difícil trabajo hecho en los años pasados por su madre y muchas otras mujeres, también nos habló de la vulnerabilidad de los derechos de las mujeres. Es importante recordar el pasado para avanzar hacia el futuro.

Fueron suficientes cuatro años para que un Jefe de Estado como Donald Trump pusiera en riesgo importantes logros, fruto de años y años de lucha. Al igual que muchos otros populistas, manipuló rabias y frustraciones de largo estratos de la población. Dejó que afloraran sin ningún tipo de recato, los sentimientos más nocivos para cualquier sociedad: xenofobia, el racismo e intolerancia hacia quienes piensan y sienten diferente. Buscó el apoyo de los fanatismos para mantenerse en el poder a costa de los derechos de las mujeres, de la comunidad LGTBQ+, de los inmigrantes y de los refugiados.

Cuatro años fueron suficientes para romper una tradición de trasparencia, un lenguaje respetuoso y de aprecio hacia la verdad. Trump nunca habló como presidente de toda una nación sino únicamente de los sectores que lo apoyan.

Las divisiones se han profundizado. No será fácil recomponer un tejido tan desgarrado en el cual gran parte de la sociedad es incapaz de ver en el opositor político a otro ser humano con ideas diferentes. El opositor, en los cuatro años de Trump, se ha transformado en el enemigo. Su ex asesor Bannon llegó al extremo de declarar públicamente que le gustaría enzarzar las cabezas del reconocido médico Antony Fauci y de Christopher Wray, director del FBI, en unas picas, “a cada lado de la Casa Blanca, como una advertencia a los burócratas federales, de que o se atañen al programa o están fuera».

En 2019, según un estudio de Southern Poverty Law Center, en Estados Unidos se detectaron 940 grupos de odio. Es un mapa de la intolerancia, un mapa que habla de personas dispuestas a todo con tal de imponer sus ideas, su religión, sus reglas.

La presencia de Trump en la Casa Blanca favoreció la multiplicación de estos grupos, les dio visibilidad y credibilidad. Hasta llegar a colocar una partidaria del sitio web QAnnon, cuya finalidad es justamente la de difundir odio, rabia y temores, en un Congreso que es el mayor símbolo de la democracia.

En solo cuatro años logró empañar la imagen de los republicanos, de un partido otrora respetado, cuyos miembros, en su mayoría, no tuvieron el valor de distanciarse de un cierto modo de hacer política con tal de no perder el poder.

En solo cuatro años el presidente logró poner en grave riesgo la vida del planeta. Es gracias a su apoyo que otro populista de derecha, Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, está permitiendo la destrucción de la foresta amazónica y de las poblaciones que allí viven.

En solo cuatro años las relaciones internacionales de Estados Unidos con el mundo democrático se han deteriorado y su presencia en los organismos multilaterales se ha debilitado. Y, finalmente, la ciencia ha sido denigrada, ignorada en un momento en el cual la sabiduría médica es la única arma para combatir una pandemia que ha matado a más de 1,29 millones de seres humanos en todo el mundo y de ellos 243mil en Estados Unidos y 164mil en Brasil.

“La democracia no es un hecho, es un acto”. Si hubiera todavía alguna duda sobre la veracidad de estas palabras bastaría analizar la actitud del Jefe de Estado en estos últimos días. Con tal de no salir del Estudio Oval, está dispuesto a arrasar con todas las reglas democráticas, poniendo en duda un pilar fundamental como el voto y por ende la legitimidad de Biden y Harris.

Kamala en su discurso subrayó, asimismo, el logro que significa tener, por primera vez, en la vicepresidencia a una mujer que, además, es de piel oscura y tiene raíces afro-caribeñas e indianas. “Este es el país en el cual soñar es posible”, dijo.

Y estamos de acuerdo con ella quien rompió uno de los techos de cristal más duros de la historia de las mujeres.

Sin embargo, es bueno recordarle a todos, y no solamente a las mujeres, que los techos de cristal así como se rompen pueden recomponerse más fuertes que antes, que la lucha para los derechos humanos no conoce fin, que las conquistas sociales son vulnerables si no velamos por ellas. Solo así los sueños podrán transformarse en realidad.

@MBAFILE

16 de noviembre 2020

viceVersa

https://www.viceversa-mag.com/kamala-harris-sonar-es-posible-pero/?goal=...

 3 min


Sandra Caula

Ricardo Sucre Heredia, formado en la Marina, en Ciencias Políticas y en Psicología Social, suele tener un punto de vista equilibrado y muy buen criterio para analizar nuestras derivas políticas. Sus reflexiones se basan en experiencia y formación, en observaciones in situ y en documentos, en sus conocimientos de la historia y la cultura venezolana a los que se suma el sentido común. No cede a modas de interpretación, no se acomoda a lo conveniente, no repite como loro. Nada tampoco de histeria ni de espejismos.

Llevo tiempo leyendo su blog y sus artículos académicos. Lo sigo en redes y medios. Entrevistarlo fue mi manera de tener una conferencia suya, para profundizar en una perspectiva de nuestra tragedia que no es la habitual. No le quito ni una palabra más de las que permite este espacio. Esto me dijo:

En varias oportunidades has señalado que no es buena idea sovietizar lo que pasa en Venezuela.

La sociedad venezolana experimenta un rechazo muy grande por todo lo que percibe como izquierda. Como Chávez y Maduro se proclaman socialistas, una reacción es analizarlo todo en clave de Cuba, la URSS o la DDR, que fueron experiencias autoritarias y la simbología chavista apela a esos países. No considero que esas comparaciones sean ociosas, pero te alejan de tu propia historia y ponen el eje de los hechos en otros lugares, eso no ayuda a comprender lo que sucede en Venezuela. Lo que vivimos es made in Venezuela y revisar nuestra historia podría dar claves para entenderlo mejor. Dos ejemplos. En la conversación opositora, domina el G2 como motor de lo que pasa o como control de la sociedad, pero en el informe de la misión del consejo de derechos humanos de la ONU, en sus más de 400 páginas, no hallé alguna mención al G2, a pesar de que habla de la policía política del Estado y sus métodos de control y tortura. El otro ejemplo es la ida de Leopoldo López. Seguramente se buscará una analogía con el exilio cubano, pero me parece que la consecuencia puede ser una tensión entre los que están afuera y los que están adentro que se dio con la oposición a Pérez Jiménez, principalmente en AD. El choque entre los que se fueron y los que se quedaron fue catalizado por el asesinato de Ruiz Pineda en octubre de 1952. Entre analizar el exilio cubano y el pasado de AD, elijo lo último. Me dará más luces para comprender el exilio del presente.

Esa explicación sovietizada parece haber propiciado una especie de profecía autocumplida: el chavismo, respaldado por una conspiración de la izquierda internacional, se muestra todopoderoso e invencible.

Diría que sí en un sentido. La sovietización ha contribuido a la desesperanza, a creer que no se puede hacer algo frente al gobierno de Maduro. Sin embargo, la derechización extrema de la sociedad es tan intensa, que me aventuraría con una explicación que podría parecer jalada por los pelos. Es la lógica freudiana para explicar las creencias paranoicas. En corto, Freud sugiere que la paranoia surge para reprimir los deseos de atracción homosexual, al invertir la atracción. Tomo lo de invertir la atracción.

Venezuela era un país de cultura ñángara y ahora hay un giro de 180 grados, es la inversión de la atracción. La sociedad quiere romper con ese pasado y lo invierte.

La necesidad de refundar todo para atajar la ansiedad que produce ver un país en ruinas, lleva a una intensidad política de signo contrario a lo que antes se apoyó. Eso lleva a querer eliminar todo lo que vaya del centro a la izquierda.

Has escrito que en nuestra historia reaparece la dinámica “fragmentación, muerte y fracaso” ante las autocracias ¿Cuál es su lugar en los desbarres de estos veinte años?

El ciclo que mencionas es un arquetipo entre quienes se enfrentan en Venezuela a gobiernos autoritarios: cuando optan por la vía insurreccional terminan fragmentándose y fracasando. Preocupado por el peligro de una guerra civil, en la introducción del Libro negro (1952) Ruiz Pineda escribió sobre ese arquetipo que aparece entre la represión del Estado autoritario y las estrategias insurreccionales —putschistas como se decía entonces— de quienes se oponían a la dictadura. El ciclo lo vimos con Pérez Jiménez, con la democracia y lo que quedó de la izquierda insurreccional en la etapa consolidada de la democracia —esta no fue una forma de gobierno autoritaria, pero el PCV abandonó la lucha política durante la lucha armada. La oposición a Chávez y a Maduro tampoco escapa a este arquetipo, salvo en momentos muy particulares. Al enfrentar a Chávez por la vía insurreccional, la oposición salió derrotada, y vino su fragmentación, muerte y fracaso. Con Maduro, desde 2013 se optó por una política de “quiebre”, que no ha resultado, y lo logrado hoy está muy lejos de las expectativas de quienes promovieron y promueven tal estrategia: una oposición fragmentada, buena parte de sus cuadros en el exilio, muertes y fracaso político. Fíjate que el arquetipo no se presenta cuando se opta por la vía electoral. El mejor momento para la oposición fue entre 2009 a 2014, cuando la MUD construyó las bases para una oposición con fuerza. Luego la muerte de Chávez le dio fuerza al regreso de la política insurreccional. La sociedad venezolana se fracturó, y la lucha política hoy es suma cero.

Lamentablemente, los conflictos políticos tienen vida propia, lo que hace difícil salir de ellos, por la cantidad de intereses creados en juego.

Fíjate el conflicto en Colombia o el estancamiento del conflicto en Siria. ¿Por qué Venezuela tendría que ser diferente? Un conflicto político se mantiene en el tiempo porque se potencia y la sociedad no es capaz de romper con la rutina conflictiva porque nadie cree que es posible abandonar una guerra. Muchos viven de ella o se ajustan. Entonces, se reproduce el conflicto de forma interminable. Nadie cree, nadie se atreve.

Dices que ves al chavismo más parecido a Gómez que a Pérez Jiménez. ¿Por qué?

La comparación se refiere a Maduro, no a Chávez. Por supuesto, no es una comparación literal, son dos momentos diferentes. Pérez Jiménez fue una dictadura modernizadora. Gómez, como lo acuñó Manuel Caballero, un “tirano liberal”. Pérez Jiménez fue una interrupción en el “largo camino hacia la democracia” al modo de Carrera Damas. Gómez, el cierre de una etapa en Venezuela. Caballero decía que para hablar de un “nuevo gomecismo” primero habría que vivir “un siglo de guerras”. Con las diferencias del caso, la sociedad venezolana ha estado en conflicto desde tal vez el Viernes Negro de 1983. Como con Castro y Gómez, Chávez era primero ágil, carismático; y Maduro burocrático y gris, pero muy zamarro desde el punto de vista político. También asocio con el gomecismo el clima pesado, de desesperanza. Una oposición con sus principales cuadros en Bogotá, Washington, Madrid, planeando sacar a Maduro. También hubo una “invasión” que fracasó. Maduro significa también el cierre de una etapa económica y política. Gómez abrió la petrolera, Maduro abre una cercana a lo no petrolera. Gómez liberalizó, como se entendía en esa época, una economía ortodoxa. Maduro hace un ajuste “liberal” aunque chucuto, desordenado, desigual; la Ley Antibloqueo supone abrirse a grandes empresas, aún a las norteamericanas. El gomecismo fue patrimonialista, el gobierno de Maduro también lo es. Vuelvo a Caballero, para quien Gómez no es solo una persona, sino una manera de gobernar: pienso que Maduro encaja en ella.

Te has referido también a un «statu quo de la resistencia» que significa algo que hiela la sangre: indiferencia ante el sufrimiento de la gente ¿Hay un divorcio entre la oposición y las mayorías en este momento?

El divorcio es afectivo, de compromiso, de empatía. No es un divorcio retórico. Por ejemplo, del asunto de la leña habló todo el mundo en la oposición para poner de relieve el manejo incompetente y corrupto del gobierno con el gas, pero ya. En las dificultades se necesita empatía, comprensión, equilibrio, porque las privaciones nos igualan. Son momentos para el ejemplo. Betancourt como presidente fue austero, una manera para comunicar compromiso, no fue solo retórica. Cuando hizo un importante ajuste económico por los descalabros heredados de Pérez Jiménez, la rebaja del sueldo incluyó a los altos funcionarios. En el caso actual, percibimos una distancia entre las privaciones que nos toca vivir y el estilo de vida del mundo político. No es que tengan que sufrir, pero están lejos de los problemas del común. Esto sin entrar en las informaciones acerca del manejo de dineros públicos que, de ser ciertas, decepcionarían aún más. Cierta opinión opositora construyó un discurso “esto es peor que” (Mao, Stalin, Pol Pot, Fidel… agregue usted y todos sumados), pero ellos se ven bien, a pesar de que vivirían como todos en el “esto es peor que”. No sé si en el Gran Salto Adelante de Mao había algún delivery, mientras se “denunciaba” el hecho. El discurso de “esto es peor que” llevó a la desesperanza. Hace un tiempo, era “ya hicimos todo”, “venimos del futuro” y “solos no podemos” —expresiones que encierran una gran desesperanza y un locus de control externo. Ahora es: “pase lo que pase, esto terminará en negociaciones”, que justifica el discurso de la espera, impensable hace un par de años. Pero tenemos conciencia de vivir en una forma de gobierno autoritaria y eso produce una disonancia. Al final todo se reduce al idealizar un pasado que no fue tal y a construir un mundo en el cual confirmo mis sesgos, me alejo de lo que perturba, lo canalizo a través de la denuncia, y espero que algún evento externo cambie la situación. Así se lleva la vida.

Creo que eso se relaciona con que nuestros partidos políticos hoy no se definen por ideas, sino que más bien son tribus o grupos de poder. ¿Me equivoco?

Nominalmente los partidos tienen un programa, aunque no con el peso que tiene en un partido europeo, por ejemplo. Los programas políticos influyeron en los partidos en Venezuela hasta los sesenta. Perdieron relevancia con las demandas de Puntofijo para la estabilidad política, que llevaron a discusiones menos doctrinarias y más instrumentales, para evitar polarizar como en el Trienio Adeco. El segundo motivo: la estabilización de la democracia liberal en 1973, cuando el bipartidismo AD-Copei se consolida. Carlos Andrés Pérez inaugura las campañas de corte norteamericano. El efecto en los partidos es que los programas comienzan a tercerizarse en técnicos cercanos a los partidos o gente de renombre, pero no son programas producto de la vida de los partidos.

Un programa político es como la buena poesía: se siente, no se entiende.

Pero la época de Picón Salas en ARDI y ORVE, el Programa de Febrero (1936), el Plan de Barranquilla (1931), Puntofijo (1958), programas y textos de cuyas páginas brota Venezuela, ya pasó. Pasamos de partidos con doctrinas a los catch all parties de la madurez de la democracia. Lo venezolano de los programas se perdió.

¿Cuál es la alternativa? ¿Qué debe hacer un partido si quiere resistir en este momento?

Hay que rescatar la idea de programa y del trabajo de organización política. Que no es una “lista de cosas para hacer” porque esa la oposición la tiene (el Plan País, la más reciente). Un programa que ubique al ciudadano en su mundo y en el mundo. La narrativa del chavismo penetró en el cuerpo social. Para competir con esta narrativa, se necesitan programas que respondan al “cómo” y al “para qué” de la existencia política. El trabajo de organización supone llegar a todos los sectores, pero para eso debes participar en la vida social y política. Un efecto negativo de la estrategia del “quiebre” es que la oposición abandonó los espacios organizados. Mientras espera las “condiciones suizas” para participar, más lejos estará de sus propias bases partidistas y del país. Se cita mucho el caso de AD en sus orígenes y la famosa frase de Betancourt. Pero esa generación trabajó en las condiciones que había en Venezuela en ese momento. Y tuvo éxito.

El viraje reaccionario de la sociedad venezolana suele explicarse por el sufrimiento de estos años, pero tú has estudiado un autoritarismo agazapado en nosotros.

Desde el punto de vista psicosocial, que es el área en la que estudié el autoritarismo, es esa es una reacción para garantizar estabilidad frente a un ambiente que no controlo. Es una tendencia mundial y Venezuela no es la excepción, nuestra crisis es muy severa y produce una reacción autoritaria. Se busca al “gendarme necesario”. Pero el autoritarismo de hoy es distinto al que llevó a Chávez al poder. Los noventa fueron una década con un clima muy autoritario en Venezuela, pero Chávez llegó con una promesa de cambio institucional: la constituyente.

Hoy lo que sorprende es la intensidad de la disposición autoritaria.

En los noventa se buscaba un autoritarismo político para poner orden en la casa. Hoy se busca un autoritarismo existencial, de tipo ontológico, ya no es poner orden en casa, sino derribarla y refundarla sobre nuevas bases. Es un autoritarismo existencial que ha revivido el positivismo y la antropología del pesimismo, según la cual los venezolanos somos de una determinada manera negativa. Pero en general, aunque parezca contradictorio, considero que tenemos una cultura democrática.

13 de noviembre 2020

Cinco8

https://www.cinco8.com/perspectivas/ricardo-sucre-heredia-hoy-se-busca-u...

 10 min


José Machillanda

El régimen acorralado en su incapacidad como gobierno muestra cada vez más ser un anti-gobierno. En tal sentido, casi locura pero con control y ejecutando el espectro radioeléctrico, explota con burda propaganda socialista arrinconado a la civilidad. Abarrota de sucia, absurda propaganda y expresiones teatrales para mostrar la “Farsa del 6D”. Así el hecho electoral lo convierte el régimen farsante, en el todo de su antipolítica. Es casi una provocación a la mayoría de la ciudadanía, que no tolera ni acepta la burda propaganda para un hecho electoral que no reúne las condiciones propias de la civilidad.

El régimen girando alrededor de la farsa electoral es un real y claro motivo para activar en sus funciones específicas al Nuevo Liderazgo Político, que como profesionales de la sociedad -liderazgo ejemplar- tendrán que activar acciones para explicar la grave situación del revolucionarismo militarista enfocado en la farsa del 6D. El 6D es una maniobra-atajo para que el régimen consiga una supuesta relegitimación ante el mundo. Relegitimación negada desde ya por la sociedad democrática, entendiendo que el Ambiente Político Electoral no es una ocasión legitima, sino una maniobra artera en contra de la democracia, que desconoce la episteme y la doxa electoral y está distante de lo que significa el hecho democrático electoral para los venezolanos.

La farsa electoral del 6D deviene de un régimen en usurpación que, por violento y primitivo, desconoce la Ley del Estatuto y la noción usurpación. La brutal y angustiosa propaganda cuanto explica es el nerviosismo del revolucionarismo, a la inmoralidad de un régimen, que para dar la vida a un supuesto engaño se coloca en el límite de la aceptación de muchos venezolanos y el mundo democrático. Es un show mal montado, es una trampa y es el ridículo de un régimen que todavía no entiende que el 91% de los venezolanos son demócratas.

El nuevo liderazgo político tiene que comprender esta trampa y explicar que el régimen en usurpación está denudo y que el nuevo liderazgo, entendido como profesionales de la sociedad, no aceptará esas maniobras comunicacionales sino que crearán una oportunidad para estar presente en las plazas, los barrios, y sobretodo en los canales electrónicos para fortalecer la resistencia política. La farsa política del 6D es una bofetada al derecho del voto y es una maniobra del chavismo-comunismo en contra de la paz social y lo pautado en la Constitución, que ha sido violentada por el régimen apoyado por elemento armado que acciona como partido político en armas.

El nuevo liderazgo político deberá desarrollar acciones que expliquen la farsa electoral, el espacio del voto como sufragio y la limitación a la voluntad libérrima del ciudadano. El nuevo liderazgo está retado frente a la farsa electoral, a explicar que esta maniobra simplista, autoritaria por parte de un régimen que lo que motoriza es la desobediencia ciudadanía, llama a la desobediencia de la Constitución y al privilegiar el ejercicio de la política, que como fuerza política creadora transforme esta tiranía y reconstruya la democracia.

El nuevo liderazgo político, ese cuerpo de mujeres y hombres demócratas repartidos en toda la geografía venezolana, está presto y dispuesto a no escuchar la brutalidad, los mensajes acusatorios y difamadores de una masa dictatorial. Masa dictatorial que juega con el hecho electoral, creando pánico, instrumentando grupos criminales, persecuciones y un Ambiente Político Real Violento que de nada sirve a la grave crisis de hambre, de indignación de la mayoría democrática venezolana. Los demócratas venezolanos reconocen el origen perverso, arbitrario y militarista de quienes hoy defienden el voto como una acción o maniobra para una posible relegitimación del régimen.

El nuevo liderazgo político venezolano tiene la responsabilidad de ser el guía, el prohombre que explique la perversión y cobardía de este régimen, que muestre como se ha violado la Constitución, la manera como se ha violado la dignidad de muchos venezolanos, el encarcelamiento y violencia de unos bárbaros que han cercado de hambre y de miseria a dignos y valientes hombres y mujeres de Venezuela que desconocen al comunismo militarista que azota y persigue al ciudadano. La ciudadanía democrática más ese nuevo liderazgo político, entendido como profesionales de la sociedad, no caerán en la trampa de la propaganda abusiva y grotesca.

La farsa del 6D ofende a la República, muestra a unos grupúsculos compraos a que formen parte de esa finta, de ese engaño, de esa acción arropada de mentira y brutalidad propia de la antipolítica. El nuevo liderazgo político tiene la responsabilidad de adecentar la democracia. Para ello promoverá el no asistir a un acto doloso y vergüenza para la historia política de Venezuela. El nuevo liderazgo político como profesionales de la sociedad tiene una responsabilidad cívica de no validar, no asistir a la Farsa Electoral del 6D que muestra al comunismo socialista militarista.

Es auténtico,

Director CSB CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 17 de noviembre de 2020

 3 min


Eddie A. Ramírez S.

A veces las amenazas a la democracia son más endógenas que exógenas. Es decir, provienen del propio sistema democrático y de los demócratas, y no de algún ambicioso con ideas autocráticas o contrarias a la democracia liberal, base de los principios y valores de la civilización.

El sistema democrático tiene la debilidad de la libertad de expresión que es, paradójicamente, también su fortaleza. La misma permite divulgar ideas y programas que directa o indirectamente socavan la democracia. Con eso tenemos que convivir y neutralizar las malas prédicas con una mejor educación, buena gestión gubernamental, más y mejor democracia y con dirigentes sensatos.

Por parte de los demócratas es necesario aceptar que en el mundo existe una gran desigualdad social que es necesario reducir. Tenemos derechos, pero frecuentemente olvidamos que también tenemos deberes. Respetar las opiniones contrarias es fundamental para alimentar la democracia. Cualquier ciudadano que se considere dueño de la verdad es un autócrata en potencia.

Perdimos la democracia en 1948, por no ser buenos ciudadanos. La recuperamos en 1958 y la volvimos a perder en 1999. Hace 72 años, el 24 de noviembre de 1948, se instauró una dictadura porque los venezolanos pecamos de intolerantes. Rómulo Betancourt reconoció la arrogancia de Acción Democrática durante el trienio 1945-1948 y escribió que existió una guerra civil incruenta y una manera casi bestial de embestirnos mutuamente los partidos. A las pocas horas de la intervención militar, tanto Caldera, como Jóvito, líderes de los partidos de oposición Copei y URD, justificaron esa acción.

La democracia establecida en 1958, empezó con buenos augurios, pero gradualmente se fue deteriorando. Concretamente, a partir de 1974 se inició la pérdida del rumbo, los partidos se volvieron clientelares y se debilitaron al dividirse por diferencias en el liderazgo. Alianza Bravo Pueblo y Un Nuevo Tiempo se separaron de Acción Democrática; Convergencia, producto de la ambición de Caldera, surgió de Copei. Voluntad Popular nació de Primero Justicia. Chávez no fue producto de la generación espontánea, ni del polémico sobreseimiento. Los venezolanos lo llevamos al poder, unos por acción, otros por omisión, y todos por no exigir rectificaciones a la democracia.

Una vez electo Chávez, pecamos por dejar hacer, dejar pasar. Fuimos alcahuetas o, si se quiere ser más suave, pecamos por apaciguamiento, como consta en el excelente libro de Miguel Martínez Meucci. En 1999 la oposición tenía mayoría en el Congreso, gobernaciones y alcaldías, y el TSJ no estaba en manos chavistas, sin embargo permitimos la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente, que legisló rueda libre. De allí en adelante, las violaciones a la Constitución y especialmente a los derechos humanos ocurren a diario.

¿Hemos aprendido la lección? Lamentablemente, algunos dirigentes tienden a incurrir en los mismos errores. Pareciera que no perciben cuál es el peso específico de sus opiniones dentro del grupo opositor, ofreciendo opciones atractivas, pero poco realistas, que alimentan a tuiteros ingenuos o mal informados. Los ciudadanos tenemos la obligación de ser intolerantes ante los atropellos del régimen y del grupo que usurpa el poder, pero no podemos serlo ante los chavistas no corruptos y mucho menos entre la familia democrática opositora.

Esta intolerancia quedó de manifiesto ante las elecciones en Estados Unidos. La simpatía por Trump o por Biden, no debió descalificar su sistema electoral. Extraña el fanatismo al apoyar la declaración de fraude, sin conocer cómo funciona ese sistema. También la credibilidad ante las disparatadas teorías conspirativas, que van desde papeletas sin marca de agua, hasta computadoras en Alemania que cambiaron los resultados, así como a comparar a Tibisay y su corte con las elecciones organizadas de acuerdo a las leyes de cada uno de los 50 estados de la unión.

Depongamos la intolerancia. Unámonos alrededor de la Consulta, no busquemos peros a la misma. Participar no será una llave mágica para salir del régimen, pero es la dirección correcta para contribuir a desencadenar su caída.

Como (había) en botica:

Nicolás Maduro encomendó a la juez Carol Padilla y al fiscal Elín León Aguilar para ejecutar órdenes de allanamiento, persecución, hostigamiento e incautación de bienes a los ciudadanos Arghemar Pérez, Jonathan López, Gabriel Gallo, Freddy Orlando, Romer Rubio, y David Natera, designados por la Asamblea Nacional como Miembros ad honorem del Consejo Nacional de Defensa Judicial, para recomendar estrategias para evitar la pérdida de activos del Estado en el exterior. Sus domicilios fueron saqueados y la persecución y detenciones se extendieron a sus familiares.

El presidente Trump con su antipolítica y la cúpula Republicana que lo apoya le hacen daño a la democracia estadounidense.

¡Bravo por la joven directora de orquesta Glass Marcano!

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Freddy Carquez

Hace unos días me permitía recordar la experiencia vivida en Caracas durante los últimos meses de 1957, cuando a partir de la huelga universitaria del 21 de noviembre, las brigadas juveniles de la resistencia a la dictadura, dirigidas por el Frente Universitario y la Junta Patriótica.

Denunciábamos la ilegalidad de la convocatoria de un Plebiscito a celebrarse el 15 de diciembre, en el cual el dictador General Marcos Pérez Jiménez pretendía ser reelecto para cinco años más en el ejercicio del poder político en Venezuela, procedimiento que se encontraba en franca contradicción con la Constitución que exigía elecciones libres, para decidir la continuidad del poder Ejecutivo.

Pérez Jiménez acompañado de sus consejeros políticos y policiales, pretendía evitar una sorpresa como la ocurrida el 30 noviembre de 1952, cuando en unas elecciones libres fue derrotado por una combativa alianza liberal democrática conducida por Jovito Villalba.

La consulta plebiscitaria del 15 de diciembre de 1957, estaba completamente despojada de contenidos democráticos, sobraban los presos políticos y los perseguidos, con los partidos políticos ilegalizados, resultaba muy claro como ocurre hoy (6/12/2020), que respondía a los intereses muy personales del caudillo de aferrarse al poder y sus inmensos privilegios, caracterización que identificó nuestra población, respondiendo con su AUSENCIA, EL LLAMADO A VOTAR fue rechazada.

En el presente, 63 años después (06/12/2020), nos encontramos con una “novedosa” llamada a elecciones parlamentarias, decididas al igual que las de diciembre del 57, en las oficinas del Ejecutivo, para ser instrumentadas por su oficina de asuntos electorales, ignorando el camino democrático que demanda la presencia, participación y decisión de la Asamblea Nacional.

Consulta absolutamente controlada por el NICOLAS, mediante el monopolio de los recursos financieros, de la propaganda (prensa y televisión), las comunicaciones monopolizadas al extremo de la centralización de la administración del gasoil y la gasolina.

La intervenida organización de la infraestructura electoral, que de paso esta militarizada, con la existencia de centenares de presos políticos, tanto civiles como militares, parlamentarios y organizadores exilados.

El ejecutivo actual que encabezan los ciudadanos Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, aprendió de los errores de la experiencia militarista Perezjimenista, gestión que tuvo sus éxitos en materia administrativa y económica, pero se desvinculo delas exigencias sociales y políticas, generando contradicciones insalvables en cuanto a intereses en la administración del poder, diferencias y rupturas que condujeron a su derrota.

En su pretensión continuista y hegemónica, Nicolás y sus asesores nacionales y extranjeros, idearon “democratizar la actividad poltica” en forma controlada desde Miraflores, negociando la cesión de algunos espacios a cambio del acompañamiento del llamado presidencial a elecciones de la nueva Asamblea Nacional.

Es completamente explicable que el equipo de Gobierno trate de mejorar su aceptación local y en la vecindad, pero debe aprender que no hay otro camino que el respeto a las reglas del juego, no es posible aceptar ninguna consulta electoral que no descanse en ELECCIONES DEMOCRATICAS, la pretensión continuista debe desaparecer.

Y tampoco debemos olvidarnos de la indispensable LEGITIMIDAD POR SUS REALIZACIONES, aspecto en el cual tanto Nicolás como su equipo de gobierno están aplazados, “no van para el baile” por incompetentes, vivimos la mayor catástrofe económica, social y poltica de la vida republicana, nunca antes se había generado tanta miseria en Venezuela.

¿SERA POSIBLE ENTONCES CIUDADANOS PARTICIPAR EN LA CITA ELECTORAL DE NICOLAS MADURO, DIOSDADO CABELLO Y VLADIMIR PADRINO LOPEZ?

Maracay, 17 de noviembre del 2020

Licenciado en Medicina de la Universidad de Chile. Médico cirujano de la Universidad Central de Venezuela. Médico Internista Generalista. Profesor Titular de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Carabobo. Magister en Educación Superior. Doctor en Ciencias Sociales.

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Redacción BBC News Mundo

Tras una década en proceso, el mayor acuerdo comercial del mundo es un hecho.

Líderes de Asia firmaron este domingo en Hanoi el megatratado que incluye a los diez miembros de la Asociación de Países del Sudeste Asiático (Asean) además de China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda.

Entre todos los miembros suman casi un tercio de la población mundial y el 29% del Producto Interno Bruto del planeta.

El acuerdo, que lleva el nombre de RCEP (siglas en inglés de Regional Comprehensive Economic Partnership, Alianza Integradora Económica Regional), será mayor que el de T-MEC (Estados Unidos, México y Canadá) y que la Unión Europea.

India también formó parte de las negociaciones, pero se retiró el año pasado por su preocupación de que la reducción de aranceles perjudicara a sus productores.

¿Qué significa?

El RCEP eliminará aranceles a las importaciones por los próximos 20 años e incluye provisiones respecto a propiedad intelectual, telecomunicaciones, servicios financieros, comercio electrónico y servicios profesionales.

Muchos de los países miembros ya tienen tratados de libre comercio entre sí, pero con limitaciones.

"Los tratados de libre comercio existentes pueden resultar muy complejos en comparación con el RCEP", dice Deborah Elms, de la organización Asian Trade Centre, a Tim McDonald, corresponsal de la BBC en Singapur.

Negocios que se basan en cadenas globales de suministro podían verse afectados por los aranceles, pese a que existiera un tratado de libre comercio, porque sus productos tenían componentes hechos en otro lugar.

Un producto hecho en Indonesia que contiene partes fabricadas en Australia, por ejemplo, podía ser gravado con aranceles.

Bajo el RCEP, sin embargo, los componentes de cualquier país miembro serán tratados igual, lo que podría dar a las compañías de los países RCEP un incentivo para asociarse con proveedores de la nueva alianza regional.

¿Cuál es su importancia geopolítica?

La idea del RCEP nació en 2012 y fue vista como una forma de China, el mayor importador y exportador de la región, de contrarrestar la influencia que Estados Unidos estaba tomando en Asia-Pacífico bajo el gobierno de Barack Obama.

El interés en el RCEP creció cuando Trump retiró del TPP en 2017 a su país, que era el arquitecto del acuerdo y cuya economía abarcaba dos terceras partes de la del bloque.

De hecho, la guerra comercial entre Estados Unidos y China y que Trump haya privilegiado el "Estados Unidos primero" y acabado con la idea de Obama de mirar más hacia Asia ha servido para impulsar y completar RCEP, que es visto como la oportunidad de Pekín de establecer la agenda comercial regional en ausencia de Washington.

Como fuente clave de importaciones y principal destino de exportaciones para la mayoría de miembros del RCEP, China parece ser el principal beneficiado y está bien posicionado para influir en las normas comerciales y expandir su influencia en Asia-Pacífico, algo que Obama quería prevenir.

¿Cambiará algo la presidencia de Biden?

El comercio internacional estuvo mucho menos en la agenda en esta campaña presidencial y Biden ha dicho relativamente poco sobre si su política comercial cambiará significativamente ni sobre si reconsiderará entrar en el TPP.

Biden apuesta por regresar a una política de multilateralismo, como Obama, pero es prematuro hablar de acuerdos comerciales dados los enormes retos que enfrenta a nivel interno.

Y se arriesga a que sea percibido como algo que perjudica a los sindicatos que le ayudaron a conseguir el triunfo en los estados del cinturón industrial.

Se espera que sus prioridades comerciales se centren en trabajar con aliados para presionar a China y forzar cambios en la Organización Mundial de Comercio.

Regresar a lo que era el TPP podría no ocurrir a corto plazo.

Los sindicatos y progresistas que respaldaron la elección de Biden se han mostrado escépticos sobre los acuerdos de libre comercio y representantes de estos grupos están presentes en su equipo de transición. Es posible que defiendan ciertas protecciones a industrias vulnerables como el acero y el aluminio.

Si Biden decide volver a reconectar con Asia-Pacífico, podría actuar como contrabalance de China.

¿Cómo afecta a América Latina?

El comercio bilateral entre Asia y América Latina ha crecido de forma continua en las últimas décadas, pero la integración entre ambas regiones tiene mucho margen de mejora.

"A corto plazo, el RCEP puede causar algún desvío comercial, limitar el crecimiento en el comercio entre América Latina y Asia", dice a BBC Mundo Jack Caporal, experto en comercio del Center for Strategic & International Studies (CSIS), con sede en Washington.

"Sin embargo las normas comunes harán más fácil para las compañías de América Latina con presencia en Asia hacer negocios allí", afirma Caporal.

"Una cuestión importante para los países de América Latina es si persiguen la integración con Asia individualmente o de forma conjunta como a través de la alianza del Pacífico (TPP) o Mercosur", agrega.

"Desde que el comercio entre América Latina y China explotó en los años 2000, liderado casi en exclusiva por el rápido crecimiento de China y su necesidad de materias primas, los países de la región han buscado una mayor integración con Asia en general, no sólo con China sino en particular con Japón Corea del Sur e India", dice a BBC Mundo Cynthia Arnson, experta del Wilson Center en las relaciones entre ambas regiones.

Arnson afirma que ese era el espíritu del TPP, ahora diezmado sin Estados Unidos.

"A menos que el gobierno de Biden regrese al TPP, los países de América Latina se verán atraídos a la mayor cuota de mercado en Asia que ahora está representada por el RCEP", agrega.

Nicolás Albertoni, profesor de la Universidad Católica del Uruguay e investigador asociado del Laboratorio de Política Internacional y Seguridad de University of Southern California, cree que es una "desventaja" para los países que no forman parte de este tipo de megaacuerdos.

"Es clave que los países de América Latina (principalmente del Cono Sur) que no son parte vayan a tocar la puerta y pidan ser parte de estos acuerdos", le dice a BBC Mundo.

"Poco ambicioso"

Aunque el RCEP fue una iniciativa de los diez países de la Asean, muchos la consideran una alternativa respaldada por China al TPP, una propuesta de acuerdo que excluye a China pero incluye a muchos países asiáticos.

Doce naciones, entre ellas Chile, México y Perú, firmaron el TPP en 2016 antes de que Trump retirara a su país del acuerdo en 2017.

Sin Estados Unidos, el resto de países firmó el CPTPP.

Aunque incluye a menos países, el CPTPP reduce aún más los aranceles que el RCEP e incluye provisiones sobre empleo y medio ambiente.

Los críticos dicen que es un acuerdo poco ambicioso.

El ex primer ministro de Australia Malcolm Turnbull criticó el nuevo acuerdo por anticuado.

"Habrá bombos y platillos por la firma y la entrada en vigor del RCEP, pero es un acuerdo comercial poco ambicioso, no deberíamos engañarnos", dijo Turnbull, que firmó en nombre de su país el TPP.

Activistas temen la falta de provisiones para proteger a los trabajadores y el medio ambiente y que perjudique a granjeros y negocios pequeños en un momento en el que ya están sufriendo por la pandemia.

Diferencias a un lado

En lo positivo, el RCEP une a países que a menudo han mantenido relaciones espinosas, como es el caso de China y Japón.

Tanto Australia como China se suman al acuerdo a pesar de los reportes de que China podría boicotear algunas importaciones de Australia por diferencias políticas.

"Uno puede cooperar con alguien o simplemente odiarlo, como pasa con las personas. El RCEP ha hecho un trabajo impresionante en separarse de otras disputas", dice Elms.

16 de noviembre 2020

BBC News Mundo

https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-54937458

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