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Opinión

Fernando Mires

Los Europeos de Orlando Figes es un monumental libro de historia. El tema: la revolución cultural de Europa durante el siglo XlX. El método: la multideterminación entre hechos, procesos y personas. El objetivo: pensar lo que sigue después de esa historia.

No será mala idea entonces comentar el libro siguiendo ese mismo orden.

1. El tema: La revolución cultural de Europa durante el siglo XlX

Quizás deberíamos hablar, en los términos que otorga Claude Lefort al término, de una sola revolución democrática, una que ha tenido y seguirá teniendo lugar en diferentes lugares. Una revolución que comenzó siendo política con la independencia de los EE UU, que continuó siendo industrial (técnica y económica) en Inglaterra y que, en la Francia jacobina, fue social. En el hecho las tres revoluciones se han dado en cada uno de esos tres sucesos. No obstante, sus componentes han tomado un rol directriz o hegemónico diferente en los tres países mencionados.

Solo una mirada macroscópica puede entender a los tres acontecimientos como partes inseparables de un solo proceso que, al parecer - después de las revoluciones anti soviéticas de fines del siglo XX, de la caída de las dictaduras militares en Sudamérica, de las “revoluciones de las flores” (Ucrania, Georgia, Serbia) del siglo XXl cuyo último estallido lo estamos viendo en Bielorrusia - no ha terminado todavía. Un ejemplo fue que esa misma revolución francesa predominantemente social de 1789 estuvo precedida por el estallido cultural de la Ilustración cuyo espíritu liberador se extendió, también bajo formas culturales, a lo largo del siglo XlX, independientemente a los sistemas políticos que regían en cada uno de los países de la Europa geográfica (incluyendo a Rusia).

Hay que marcar el término Europa geográfica. Pues Europa hasta el siglo XlX era solo territorial. Gracias a la expansión de una cultura cuyo punto de partida y cuyo faro luminoso fue Francia, comenzó a ser una Europa cultural antes de convertirse en lo que quiere ser hoy –y todavía no es- una Europa política y económica.

Como anota Orlando Figes, antes de la irrupción cultural decimonónica era usual que la mayoría de los europeos recurrieran al “modelo” propuesto por Montesquieu (El Espíritu de las Leyes) de acuerdo al cual existía una Europa del norte progresista y una Europa del sur atrasado. O al aún más refinado de Voltaire, quien nos hablaba de un Occidente culto y civilizado y de un Oriente semiasiático representado en Europa por Rusia y Turquía.

El hecho es que gracias al desarrollo cultural fue naciendo otra Europa: la Europa cosmopolita, centro del estudio de Orlando Figes. Una verdadera revolución cultural. ¿Cómo fue posible ese fenómeno? Figes recurre en ese punto a una metodología tradicional, introduciendo en la trama a uno de sus personajes principales. Ese personaje se llama: ferrocarril.

2. El método: La multideterminación

Gracias al ferrocarril las distancias lejanas se convirtieron en cercanas. Viajar aunque fuera una vez en la vida a otro país llegó a ser práctica anual. Lo amoríos distantes y utópicos se hicieron cercanos y eróticos. Aparecieron los viajeros y luego los tours, de los tours nacieron los touristas y de los touristas, la industria turística. Los países exóticos dejaron poco a poco de serlo. Los artistas, científicos, literatos, trabaron conocimiento y fueron articulándose entre sí y las ideas comenzaron a circular a una velocidad insospechada. La Europa ferroviaria, más pequeña, comenzó a conocerse a sí misma después de haber estado tan separada por la Europa de caballo y cochero.

¿Estamos hablando de una determinación de la técnica por sobre la cultura? A primera vista, sí. A segunda vista, no. La necesidad del acercamiento cultural, el naciente ideal cosmopolita, en fin, las proximidades, crearon nuevas demandas a la economía y a la tecnología. Las casas editoriales generaron nuevos oficios, entre ellos los traductores, y por cierto, nuevas técnicas: apareció la linotipia y gracias a la linotipia la literatura comenzó a ser verdaderamente universal.

Poco a poco fue tomando forma una “nueva clase”: una elite cultural de características continentales. No solo miembros de esa nueva clase, en gran parte sus fundadores, fueron, según Figes, tres personas: la cantante de ópera Paulina (García) Viardot, su esposo, crítico de arte y literatura, Louis Viardot, y el apasionado amante de Europa y Paulina, el escritor ruso Ivan Turgénev. Uno de los varios méritos de Figes fue haber descubierto el rol de este trío, haber hurgado en sus más íntimas correspondencias y haber entendido que, para que aparezcan hechos históricos, no solo se requieren determinadas condiciones materiales sino, además, la existencia de actores que estén en condiciones de actuar sobre la base de ellas.

El original ménage aux trois entre la española Paulina, el francés Louis y el ruso Turgénev, conformó también un núcleo militante cuyo trazado objetivo fue agrupar a los miembros más destacados de la cultura europea. Residencias como las de Baden Baden, entre otras, fueron convertidas en lugares de peregrinaje para artistas y escritores de todos los países. En ellas, Dostojevski llegó conocer a su admirado Charles Dickens quien inspiró su primera novela (Pobre Gente), Flaubert y Zola pudieron practicar sus amistosa enemistad, Paulina confesar intimidades femeninas (y quizás feministas) a George Sand y a Clara Schumann, y los pintores todavía no famosos, algunos casi andrajosos, entre ellos Cézanne, Monet, Renoir, Degas se conformaban con una comida caliente y un buen vino mientras escuchaban a Wagner hablar mal de Meyemberg y Mendelsohn (y viceversa), o a Turgénev recordando a Rusia junto a Gogol, Chaicovski, Mussorgski. Y Rimski-Korsakov dejándose embelesar por Debussy. Y tanto más. Toda un pléyade de genios divagantes sin los cuales nuestro Occidente cultural nunca habría llegado a ser lo que es.

Europa comenzó a ser “una Europa” desde el momento es que se convirtió en territorio del arte, del pensamiento, de la música, un espacio donde se cruzaban diversas tradiciones, tanto cosmopolitas como nacionales y, a veces, con destinos cruzados. Un ejemplo: los temas de Wagner eran cada vez más nacionalistas, pero su tonalidad era cada vez más internacional. A la inversa, los temas de Verdi eran cada vez más internacionales, pero su tonalidad fue siempre muy nacional.

En Europa nacía una cultura de la heterogeneidad y de las diferencias, signo que hasta ahora es su marca.

Nada de eso habría sido posible sin el ascenso social y económico de la inculta burguesía sobre las ruinas del feudalismo, habría dicho un historiador marxista. Pero no, demuestra Figes, la relación entre la cultura y los representantes de la economía fue más bien ambivalente. Tensa por un lado, amistosa por otro. Quizás no pudiendo ocultar mutuos desprecios, ambas “clases” comprenderían pronto que los unos no podían prescindir de los otros. Los artistas y escritores entendieron que sin la intermediación del dinero nunca podrían dar a conocer sus obras. Los empresarios, a su vez, no tardaron en ver en el mundo de las artes un campo de suculentas inversiones. Así aparecieron las grandes librerías, los teatros que atraían públicos internacionales, algunas pinturas alcanzaron precios desorbitantes -echando por el suelo la tesis marxista de que el valor de cambio está determinado por el precio de la fuerza de trabajo– nuevas modas e indumentarias nocturnas, y no por último, el prestigio que otorga a un empresario codearse con personajes del mundo de las artes y de las letras.

La Europa cosmopolita era sin duda más rentable que la Europa de las naciones. Por supuesto, del cruce entre la demanda burguesa y la oferta cultural surgieron productos intermedios, algunos de pésimo gusto, pero otros deliciosamente vulgares. De la ópera nació la opereta, de las sinfonías los valses vieneses, y no olvidar, ese impúdico "can-can" sublimado por Touluse-Lautrec. De la pintura naturalista nació el paisajismo y, de la gran literatura, la novela por entregas.

Los artistas se vendieron a la burguesía, nadie lo niega, pero se vendieron bien. Tanto fue así que, lentamente, los artistas comenzaron a desplazar a los militares en el culto público. Los grandes monumentos durante el siglo XVlll eran militares, dedicados a los héroes sangrientos de la nación. Durante el siglo XlX en cambio, aparecieron monumentos a próceres artísticos e intelectuales. Plazas y calles recibieron nombres de escritores y poetas. Y los funerales de los autores más conocidos pasaron a convertirse en asunto de estado. Sobre todo en Francia. Los funerales de Victor Hugo, por ejemplo, congregaron a las autoridades de toda Europa mientras las calles de París eran inundadas por muchedumbres portando coronas de flores. Nunca, desde Atenas, los nombres de la cultura habían ostentado tanto poder. Fue, así nos la presenta Figes, una verdadera revolución.

3. La historia después de la historia

Lamentablemente no existe revolución sin contrarrevolución.

La alianza, de por sí frágil entre empresarios internacionales y artistas cosmopolitas, no tardaría en despertar malestares sociales e ideológicos. Los discensos aparecieron dentro de la propia cultura. En la música las tendencias nacionalistas, no exentas de antisemitismo, comenzaron a abrirse paso. Wagner fue solo uno entre varios xenofobos. Pero sobre todo la reacción se desencadenó con furia en el campo de las artes plásticas en contra del aparecimiento de la pintura abstracta, tildada por sus enemigos como decadente y degenerada. La culpa la tuvo un invento: la máquina fotográfica.

Desde el momento en que apareció la fotografía, los pintores intuyeron que su tarea no podría ser más representar a la naturaleza y al cuerpo humano del modo más exacto posible. Frente a la fotografía solo cabía una respuesta: la representación inexacta de la realidad, intentar colorear lo que no se puede ver, e ir más allá de la forma externa. La pintura abstracta, en todas sus expresiones, sub o sobre realista, influiría a la poesía cuyos exponentes comenzaron a dejar atrás la rima, y a la música cuando compositores franceses como Berliot, Gounod, Debussy, Ravel, descubrieron los misterios de la disonancia. Demasiado para ese orden nacional estricto que querían imponer los nacionalismos emergentes en sus respectivas naciones.

El regreso de los nacionalismos llevaría a la guerra mundial de 1914 que a su vez produjo nuevos resentimientos nacionales. Desde el punto de vista cultural, sabemos que el nazismo fue una reacción irracional en contra de la cultura europea, el “asalto a la razón” lo llamaría Georg Lucas. Lo mismo ocurrió con el estalinismo, cuyo propósito objetivo – tema que analiza Orlando Figes en otra de sus obras: "La tragedia de un pueblo” - fue separar a Rusia de Europa.

Después del comunismo, no pocos representantes de la cultura rusa creyeron que había llegado la hora de re-europeizar a su país. Se engañaron. Bajo la férula de Putin continúa el camino impuesto por Stalin: separar a Rusia de Europa para convertirla en vanguardia de las naciones anti-europeas y occidentales.

Nada está escrito ni nadie sabe si Putin logrará su objetivo anti-europeo. Por ahora los líderes intelectuales de Rusia siguen mirando a Europa como el paraíso perdido que ayer cautivara al escritor Ivan Turgénev. Pero no solo en las artes. En Rusia y los países que domina, los habitantes de las grandes ciudades quieren salir de ese mundo nacionalista, confesional y patriarcal que intenta imponer el putinismo. Los manifestantes de Bielorrusia, antes que nadie sus valientes mujeres, luchan por las libertades vigentes en la mayoría de los países de Europa. Libertades que permiten no solo la diversidad de opiniones sino también la expansión del ser humano más allá de sus contornos sensoriales inmediatos.

El ser humano no solo es físico, es profundamente metafísico. Si esa frase es cierta, los putines, los lukashenkos y otras atrocidades, están condenados a perder. El espíritu de los Viardot (Paulina y Louis) y de Turgénev, continúa viviendo en Europa. Y aún más allá de Europa.

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2020/09/fernando-mires-los-europeos.htm...

 9 min


Acceso a la Justicia

En tiempos de COVID-19 guardar una distancia prudencial entre unos y otros se ha vuelto cotidiano, menos en la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), instancia que durante la pandemia ha dejado en claro que su cercanía con la administración de Nicolás Maduro se mantiene incólume. A esta conclusión arribó Acceso a la Justicia luego de revisar las sentencias que desde el 19 de marzo pasado y hasta el 18 de septiembre ha dictado la máxima intérprete de la Carta Magna, cuya radiografía se presenta en esta nota.

Pese a que el grueso del Poder Judicial se mantiene paralizado desde hace seis meses, en acatamiento de las medidas contenidas en el estado de alarma impuesto por Maduro desde el 13 de marzo para frenar la propagación del coronavirus, así como por las resoluciones de la Sala Plena del TSJ, la Sala Constitucional ha continuado dictando sentencias, pero lo ha hecho fundamentalmente para favorecer al Ejecutivo. Así, de los 87 fallos emitidos en estos meses, por lo menos 38 (44%) ha servido para avalar decisiones adoptadas por el Palacio de Miraflores, a fin de beneficiar sus intereses o para atacar a la Asamblea Nacional (AN) o a la disidencia política.

Ejemplo de lo anterior es que las primeras tres sentencias emitidas, numeradas como 56, 57 y 58, fueron para avalar decisiones como la extensión del ya eterno estado de excepción y emergencia económica, así como la imposición del estado de alarma y su primera prórroga.

Hasta el momento, once de los fallos de la Sala Constitucional han sido para avalar las resoluciones mediante las cuales se imponen o extienden los regímenes que permiten al Gobierno de Maduro limitar derechos y garantías de los ciudadanos previstos en la Constitución.

Contra la oposición

Sin embargo, donde la alineación de la Sala Constitucional con los intereses del Ejecutivo ha quedado más clara ha sido con los diez fallos que hasta ahora ha dictado para intervenir partidos políticos de todo signo.

Esta ola se inició el pasado 15 de junio, cuando mediante su sentencia n.º 71 destituyó a la directiva de Acción Democrática (AD) a cargo de Isabel Carmona y el diputado Henry Ramos Allup, en sus condiciones de presidenta y de secretario general, respectivamente; para colocar al frente al exgobernador de Amazonas, Bernabé Gutiérrez.

La suerte del partido blanco la han corrido también formaciones opositoras como Voluntad Popular (VP) y Primero Justicia (PJ), pero también aliadas del chavismo como Tupamaro y Patria Para Todos (PPT).

Estas acciones se han producido en el marco de la cuestionada convocatoria de las elecciones parlamentarias que se celebrarán el próximo 6 de diciembre, que han sido rechazadas por el grueso de la oposición con representación parlamentaria y por gobiernos como los de Estados Unidos y la Unión Europea (UE). Entre los intervenidos están organizaciones que han dicho que no acudirán a esta cita, como AD, VP y PJ; y otras que han dicho que lo harán, pero en nuevas alianzas fuera de la esfera del oficialismo, como Tupamaro y PPT.

No obstante, el pasado 4 de septiembre, en su sentencia 128, la Sala anuló parcialmente la intervención de Primero Justicia. Esto ocurrió luego de que se confirmaran los contactos entre representantes del Gobierno y de dirigentes de esa formación, como el excandidato presidencial Henrique Capriles Radonski, los cuales habrían servido para excarcelar a decenas de presos políticos a cambio de participar en la cita. Sin embargo, como el fallo no ha sido publicado íntegramente se desconoce el alcance de su contenido.

En dirección opuesta

Pero no solo la oposición ha sido perjudicada por la actuación de la Sala durante la pandemia, también principios constitucionales como la separación de poderes, la descentralización y el modelo federal, todos previstos en la Carta Magna.

En este sentido, la Sala Constitucional ha dictado seis fallos que han arrebatado funciones y se han inmiscuido en asuntos internos de la AN, tales como el que validó la elección del diputado Luis Parra como presidente del Parlamento (sentencia n.º 65), o el que pretendió convertir al procurador encargado Reinaldo Muñoz en el titular del despacho (sentencia n.º 59), pese a no haber sido ratificado por el órgano legislativo nacional, que es el competente en la materia.

Por supuesto, no hay que olvidar las sentencias n.º 68, 69, 70 y 83, mediante las cuales designó, por quinta vez en dos décadas, a los rectores del Consejo Nacional Electoral (CNE), y luego, suplió la vacante dejada por uno de sus integrantes al renunciar (Rafael Simón Jiménez), apenas un mes después de haber sido escogido. Todo esto escudándose en el argumento de que los legisladores incurrieron en una omisión de sus funciones.

Como si esto fuera poco, entre julio y agosto emitió dos fallos (78 y 118) que en la práctica han supuesto un golpe a la descentralización y al modelo federal previsto en la Constitución de 1999, por cuanto primero prohibió a los municipios y estados legislar en materia tributaria, y luego, los forzó a negociar con el Gobierno central cómo cobrarlos y cuánto.

Los ciudadanos olvidados

Mientras tanto, las necesidades de los venezolanos parecen no interesar a la Sala Constitucional. Este es el sabor de boca que dejó, por ejemplo, el hecho de que fuera rechazado el recurso que un grupo de abogados interpuso contra la paralización de la justicia por la pandemia, que impide a los ciudadanos resolver asuntos tales como divorcios, demandas por pagos de sueldos o despidos injustificados, y reclamar manutención de niños, por mencionar algunos de ellos.

Casi tres semanas después de adoptada esta decisión (la 121 del 20 de agosto de 2020), la Sala no ha publicado el fallo con sus razonamientos. Esta situación no se limita a este caso o al antes mencionado de Primero Justicia, sino que hay decenas de sentencias (62% para ser exactos, es decir, 54 de 87), cuyo contenido se desconoce por cuanto no ha sido publicado, pese a que en algunos de esos casos han transcurrido meses desde que esas sentencias fueron anunciadas. Tal situación impide conocer el porqué de la decisión tomada y el impacto real para el colectivo.

Los intereses de los ciudadanos, en cambio, fueron la excusa mediante la cual la instancia autorizó la toma de las instalaciones de DirecTV, luego de que la casa matriz de la empresa de televisión por suscripción interrumpiera el servicio debido a que por las sanciones del Gobierno de Estados Unidos no pudiera trasmitir algunos canales de interés del régimen de Maduro, como PDVSA TV y Globovisión. Días después, la Sala Constitucional dio su bendición para una nueva directiva, en la cual figuraban varios militares.

Solamente en la sentencia 91 la Sala en realidad pareció tomar en cuenta los problemas de los venezolanos para acceder a la justicia, al establecer que durante la duración del Estado de Alarma la figura del «abandono del trámite» no es aplicable, debido a la «suspensión de los lapsos» acordada por la Sala Plena debido a la pandemia.

¿Y a ti venezolano, cómo te afecta?

«La justicia es la reina de las virtudes republicanas y con ella se sostiene la igualdad y la libertad». Así definió el Libertador Simón Bolívar a la justicia y posiblemente, el hecho de que ella no sea más que un instrumento del poder para favorecer sus intereses explica por qué Venezuela se encuentra sumida en la grave crisis humanitaria en la que está en la actualidad.

El desmantelamiento progresivo que ha vivido el sistema democrático venezolano en los últimos años ha llevado a una ruptura institucional; lo que impera en Venezuela es, en efecto, un Estado de hecho, que no habría sido posible sin el concurso del Poder Judicial, y en particular, de la Sala Constitucional del TSJ.

La parcialización de la justicia y en especial de la instancia responsable de interpretar la Carta Magna no es algo novedoso. Sin embargo, su actuación durante la pandemia ha dejado en claro que su único desvelo es proteger al gobierno de Maduro, lo cual representa un grave peligro para los ciudadanos, quienes se encuentran cada vez más desprotegidos frente al poder.

Septiembre 24, 2020

https://www.accesoalajusticia.org/radiografia-de-la-sala-constitucional-...

 6 min


Ignacio Avalos Gutiérrez

Al coronavirus le debemos el regreso a una vieja discusión sobre el Producto Interno Bruto (el PIB), como herramienta para estimar la temperatura del desarrollo de un país, mediante el cálculo del valor de mercado de todos los bienes y servicios producidos por una sociedad. Fue creada hace alrededor de 90 años por Simon Kuznets, convirtiéndose en el indicador más usado por gobiernos y organismos internacionales.

“La vida más allá del PIB”

Cada vez hay más coincidencia en torno a la idea de que el PIB no expresa fielmente el estado de una sociedad y esconde las limitaciones de un modelo de desarrollo que gotea por muchos lados. Cierto, pues, que pondera el crecimiento económico de las sociedades, pero no expresa el bienestar de su población, opinión que llegó a asomar el propio Kuznetz, relativizando un tanto la importancia de la herramienta que había inventado, argumentando que no tomaba debida cuenta de las diferencias entre cantidad y calidad del crecimiento y que “.… no refleja, por ejemplo, la desigualdad ni los daños ambientales, no distingue entre la producción de alimentos o de armas y no considera si un país vive en democracia o no …”. En pocas palabras señaló que “… la vida va más allá del PIB…”, afirmación suya que, va en la línea de una expresión algo desmesurada de Robert Kennedy, quien en 1968 declaró que el PIB “mide todo… excepto lo que hace que la vida valga la pena”.

Dentro de este marco de apreciaciones, hace pocos meses el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, declaró que la pandemia del coronavirus puso nuevamente de manifiesto “… que la economía mundial funciona sin red de seguridad…” y abogó, por sustituir el PIB por mejores indicadores, al tiempo que subrayó la necesidad de medir las consecuencias de pandemia echando mano de códigos que trasciendan la recesión económica.

Termómetros más sofisticados

Así las cosas, han proliferado iniciativas que apuntan a dimensionar el desarrollo incluyendo otros aspectos, más allá del crecimiento. El Gobierno de Francia publica un índice de felicidad desde el año 2008 con indicadores diseñados por dos premios Nobel de Economía: Amartya Sen y Joseph Stiglitz. Estados Unidos comisionó, entre otros investigadores, al sicólogo Daniel Kahneman, también Premio Nobel de Economía, para el diseño de indicadores de felicidad. Debe destacarse, igualmente, el surgimiento de otros informes como el Índice de Bienestar Económico y Social, en 1989; el Índice de Desarrollo Humano, en 1990; el PIB Verde, en el 2004; el Índice de Planeta Feliz, en el 2006, el Índice de Progreso Social, en el 2010; el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas; el Informe de la Felicidad Mundial, que se publica anualmente desde el 2012; o el Índice Global de Felicidad, dirigido por Jeffrey Sachs, Richard Layard y John Heliwell, además de otros más que no logré ubicar, igualmente influenciados por el pensamiento de Amartya Sen y de Joseph Stiglitz, como fundamento importante para la construcción de criterios dirigidos a ensanchar la concepción del desarrollo social.

Ahora se trabaja en la elaboración de criterios y métodos que apuntan a evaluar otros planos por los que también se desliza la existencia humana, con la pretensión, incluso, de calibrar la felicidad per cápìta. Menuda tarea ésta, pues la felicidad no es cuestión sencilla, depende de numerosos imponderables y está sujeta a múltiples significados que, además, varían con el tiempo. Pero lo importante es que se ha avanzado en su tratamiento conceptual y político, lo que resulta esencial para un mundo que trata de repensar los fundamentos que lo gobiernan.

El tema se abre hueco en los ambientes académicos, ocupa un lugar en la agenda de las preocupaciones colectivas e incluso se habla de la “economía de la felicidad”, un tema en el que concurren los científicos trabajando de manera transdisciplinaria, a fin de ampliar el abanico de pautas que permitan calibrar la situación de los países.

¿Una crisis civilizatoria?

Se trata, así pues, de investigaciones promisorias, que encajan con reflexiones de fondo, según las cuales lo crucial estriba en plantear un nuevo modelo socio-económico que transforme en su esencia las relaciones de poder, las instituciones sociales, la convivencia colectiva, las reglas éticas, las actitudes hacia el entorno natural, y, en última instancia, nuestra conciencia como humanidad.

Se lleva un cierto camino andado, hay más termómetros disponibles y la validez del PIB tiende a decaer. Pero hay que apretar el paso, nos encontramos en medio de una crisis civilizatoria. Algunos ¿exagerados? como el Profesor Jeremy Rifkin, sostienen que si no cambiamos de rumbo el ser humano podría considerarse una “especie en extinción”.

El Nacional 23 de septiembre de 2020

 3 min


Américo Martín

Sabemos que el fin está cerca cuando lo único que tienen en la calle son militares


(Nelson Mandela)

Son palabras emanadas de quien las honraba con su sobrio valor, pero en alguna forma guardan cierta familiaridad con el drama venezolano. La confrontación en nuestro caso no es una guerra civil, ni del apoyo de la cúpula militar a Miraflores, puede deducirse que nos acercamos a un duelo de esa naturaleza. No quisiera reducir a dimensiones simplistas un drama de alcance trágico como el que nos envuelve, sobre todo después de leer con atención y escándalo el crudo informe de la Misión del CDH/ONU.

El madurismo encuentra resistencias naturales en casi todos los escenarios.

El objetivo estratégico por excelencia que se ha trazado el sistema madurista es copar el parlamento con gente suya o con diputados ajenos a la mayoría leal a Guaidó. Las detenciones arbitrarias agotan sus posibilidades, a pesar de dar el paso de paquidermo de dividir partidos opositores con medios nunca practicados en democracia. Imponiendo una minoría írrita en la Asamblea, espera el oficialismo someter a la oposición y con la fuerza extrema hacerla entrar por el aro.

En ese caso, supongo que la situación sí que podría desbordarse y lo primero que parece salirse de madre es la paciencia mundial que no está dispuesta a dejarse abofetear por un régimen al que ha descubierto en su naturaleza y su vocación de perpetuidad.

No obstante, así como ofrece un solidario respaldo cuyos perfiles no quieren ser atenuados por terquedades oficialistas, insiste en que se apliquen los mecanismos del diálogo y la negociación para garantizar salidas políticas, pacíficas y electorales libres y viables. Su posición en torno a las parlamentarias del 6D ha quedado bien clara en el informe de la Misión enviada por las Naciones Unidas debido a la ausencia evidente de garantías de transparencia.

La UE resolvió medir la consistencia de la tesis extremista. Habida cuenta de que continúen las sanciones, probablemente ampliadas con el flujo de nuevos países irritados por las evidencias del informe y de la limpia aclaratoria de la presidente de la Misión, Marta Valiñas, en el sentido de que no hicieron estudio in situ solamente porque el gobierno de Maduro les prohibió la entrada dejando sin respuesta las seis comunicaciones que le envió. Tampoco valoró la importante oferta de enviarle el Informe antes de su publicación, para permitirle al gobierno investigado aclaraciones de última hora.

Entiendo que la UE propuso aplazar las elecciones y aprovechar para completar garantías y favorecer la negociación. Es una fórmula interesante dado que la suspensión con esos fines ha sido presentada desde la oposición por miles de personas en ejercicio de un Recurso de Amparo, y por el movimiento civil emergente y profesionalmente capacitado “Universitarios por Venezuela”.

Desde predios opositores me hicieron tres preguntas:

Primera, ¿crees que el gobierno radiografiado en el Informe de Naciones Unidas esté interesado en negociar?

Segunda, ¿devolverá los partidos de los que se apropió?

Tercero, ¿cumplirá las condiciones de transparencia que se le exigen?

No puedo responder por ellos ni creo que las eventuales negociaciones se reduzcan a uno o dos asuntos. Se puede dudar de la apertura de la puerta pero si le pesan las sanciones, podrían reclamar su levantamiento. En cualquier caso, la suspensión de las parlamentarias está en la palestra.

Recordemos que la negociación es un instrumento democrático, al igual que el diálogo y las elecciones. Por lo tanto cada vez que asome la nariz, la alternativa democrática debe inclinarse por la afirmativa. Si la autocracia se va por la negativa, no muestra interés o no responde, es un problema suyo. El planeta todo es el tercero, el factor que decide posiciones conforme a su contenido y el estilo gárrulo o civilizado de sus autores. Rechazar negociaciones que impidan la paz y promuevan la democratización causa costos que no pueden eludirse.

La alternativa democrática y un vasto número de países han intensificado su pleno respaldo a elecciones generales libérrimas. Es en ese punto donde se ha situado la disyuntiva oficialismo vs democracia. Ya el problema no es solo la escogencia por consenso de la directiva del Consejo Nacional Electoral sino la capacidad para realizar elecciones automatizadas, como manda la ley, o manuales por vía excepcional.

Los técnicos en la materia saben perfectamente que no es posible resolver el asunto sacando de la manga unos comicios manuales, pues implicaría la construcción de un nuevo modelo con las reformas técnico-legales en un tiempo en el cual están pendientes acuerdos para la nueva directiva del Poder Electoral, la revisión de la escuálida burocracia del CNE y la generación de toda la infraestructura para un proceso manual, desde el Registro Electoral hasta la adjudicación y proclamación de los cargos electos por votación popular.

Resulta cuesta arriba fijar un cronograma que cumpla con estas exigencias. Sencillamente no hay condiciones que conjuguen tiempo, experticia y capacidad para rearmar el proceso.

Necesitamos unir a los amantes de la democracia y la libertad, dondequiera que se encuentren, alrededor de metas programáticas aptas para conducirnos a la prosperidad que Venezuela en mala hora perdiera y merece recobrar como en pocos momentos de su historia de luces y sombras.

Twitter: @AmericoMartin

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Carlos Raúl Hernández

Las utopías son invulnerables a la realidad. Desde Platón, llevan dos mil años de trizas y se levantan, se sacuden el polvo y reintentan. Marcuse en El final de la Utopía, desarrolla una idea de Marx: que el kapitalismo “realizará” la utopía, porque su producción de riqueza es tal que, al expropiarla y repartirla, la escasez será un mal recuerdo burgués. Inspirado por el Manifiesto comunista, un panfleto zafio pero fulgurante, el mundo asumió la barbarie.

Se desmarcaron los socialdemócratas, aunque muchos siguieron llamándose socialistas democráticos. Pero pese a que el Presidente Rómulo Betancourt detuvo la guerrilla de los años 60, diez años después de la caída del Muro de Berlín, nuestro gran aporte al mundo fue, como Juana la Loca, exhumar y entronizar el cadáver que, esta vez sí sería amable. Un gran marxista disidente, Lucio Coletti, escribió que “un socialismo de rostro humano era como un rinoceronte de rostro humano”.

Los fans dicen que “todo ha sido un error, porque el verdadero socialismo hasta ahora no ha existido, sino un capitalismo de Estado”. La teoría y la práctica de dos siglos demuestran que socialismo es solo capitalismo de Estado, “control de los medios de producción”, con autoritarismo político variable si los ejecutores son dictadores del proletariado o socialdemócratas. Doquiera se acosó a los “explotadores”, los productores de riqueza, se recaló en la depauperación absoluta o, en el mejor de los casos, relativa.

Algunos acuden al burladero de un “socialismo sueco”, paradójicamente país situado en el top los veinte con economías de menor intervención estatal, junto a Canadá, Hong Kong, Nueva Zelanda, Holanda, Chile, Suiza, Irlanda, Reino Unido, Singapur, Australia y otros. Para más señales, Suecia decidió desde el siglo XX la aterradora herejía de no tener ley del trabajo ni salario mínimo, y se norman por contratos colectivos y diálogo tripartito. Y ¿casualidad? es sexto en el Índice de Progreso Social del mundo.

¡Unidos jamás serán vencidos!
Toman las decisiones sociales y laborales, entre socialdemócratas, el movimiento obrero, liberales, conservadores y la organización empresarial. Son parte del Estado de bienestar europeo, pero principalmente de la economía social de mercado alemana. Asumir que tener empresas poderosas es objetivo de todos los suecos, burgueses y proletarios, permitió el milagro de Electrolux, Ikea, Saab, Ericcson, Volvo (vendida a China, por decisión colectiva).


Desmedraron (desmadraron) la lucha de clases, las políticas económicas y sociales son de consenso y el Estado no las impone. En los 70 llegaron a ser la segunda economía mundial, cometieron errores “de época”, universalizaron la seguridad social gratuita al cien por ciento de la población: educación, empleo, transporte, salud, desde la cuna hasta la tumba. Esta utopía comenzó a naufragar en los 70 con la crisis petrolera mundial y el alza de los precios de la energía.

Nació una rama torcida llamada “cultura del bienestar”: desestímulo al trabajo, la producción y la superación de los individuos, que vivían del Estado. Pese a tener una de las poblaciones más saludables del mundo, Suecia presentaba los niveles más asombrosos de permisos por enfermedad, y desempleo. Para mantener el Estado de bienestar, siguieron el tobogán europeo: incrementar impuestos, lo que reduce la inversión y el empleo, y el modelo declinó.

Pero los grupos de poder mantuvieron la mirada en las tendencias mundiales y en el arranque de la globalización en los 90. Para modernizar el Estado de bienestar modelo del mundo, lejos de enquistarse, se involucraron en las herejías “neoliberales” de la globalización. Lo que llama Mauricio Rojas Reinventar el Estado de bienestar (Edit. Gota a gota: 2010) Crear fondos privados de pensiones y jubilaciones (también lo hizo Chile), flexibilizar la estabilidad laboral para que el trabajador valore su plaza.

Uno ve lo que quiere
Como altos impuestos desestimulan la inversión, con el consecuente freno del producto interno y de la oferta de empleos, ante el reto de la inmigración y la vagancia juvenil, el “socialismo sueco” estremece a los paladines antineoliberales del planeta: privatiza la dispensa de servicios esenciales, nada menos que salud, educación, energía, aguas blancas, a empresas privadas que garantizan mayores eficacia y eficiencia, naturalmente financiados por la seguridad social. La tercerización.

Esta mala palabra, tercerización o subcontratación, hizo eficiente el gasto social. Un médico sueco atendía 3.5 pacientes diarios mientras que en el resto de Europa era más del doble. Las reformas modernizadoras cambiaron radicalmente y pese a los problemas que sobreviven, el sistema se recuperó. Por eso se callan, la izquierda que desconfía de las reformas al mercado laboral, eufemísticamente flexiestabilidad, y mucho más de la privatización de los servicios, y la derecha que cuestiona al Estado.

Esta maravilla de la ingeniería social fragmentaria se debe a la pareja de economistas Gunnar y Alva Myrdal, ambos Premio Nobel (por separado) y militantes socialdemócratas, que la concibieron en los lejanos años 30. Ojalá quienes gobiernan y gobernarán en Venezuela leyeran El reto de la sociedad opulenta, un libro muy despreciado por reformista cuando yo era estudiante. Y alguien se ocupe de enterrar el olisco cadáver socialista de Felipe, ya no el Hermoso, sino el exterminador.

@CarlosRaulHer

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Ismael Pérez Vigil

Desconozco lo que están haciendo internamente los partidos por desarrollar sus estrategias y por tratar de renovarse o mantenerse a flote en esta difícil contingencia que estamos atravesando –en cualquier caso, este tampoco sería el espacio para ventilar esa actividad– por lo tanto en el análisis del despliegue de la estrategia de la llamada oposición democrática me limitaré a lo que cualquier ciudadano común puede observar por los signos externos y la actuación de los principales líderes opositores.

Me referiré a la oposición democrática, la que se desgrana o desangra en tres fracciones –encabezadas por Juan Guido, Henrique Capriles y M.C. Machado, respectivamente– y que solo a efectos de este análisis las consideraré en “pie de igualdad”, cosa que dista mucho de ser cierta, a tenor de encuestas y resultados electorales; como es evidente excluyo de mi análisis a la llamada “mesita” –que no considero realmente una opción opositora que busque la salida del régimen– y excluyo también a los chavistas no maduristas, que se han diseminado en algunas de las opciones señaladas.

Comienzo por la opción que encabeza Henrique Capriles Radonsky, que en esencia plantea aplazar el proceso electoral, pero participando en el mismo, luchando por lograr mejores condiciones y dejando abierta la posibilidad de retirar sus candidatos y no concurrir a la votación el 6D sí no se logra un cambio en las condiciones electorales.

Esta es la estrategia opositora más fácil de desarrollar, pues la mecánica electoral es algo bien conocido –sobre todo por los partidos políticos– y sobre la que hay vasta experiencia, de éxitos y fracasos, en más de 35 procesos electorales durante estos 21 oprobiosos años. La tarea, aunque no trivial, es: escoger los candidatos, inscribirlos, organizar los comandos de campaña, recorrer el país con los candidatos, organizar los testigos para cubrir –por lo menos– el 90 o 95% de las mesas, garantizar que todos los testigos acudan a todo lo largo del proceso de votación, hasta que los resultados se envíen a los comandos y a los centros de totalización del CNE, y esperar los resultados de la auditorias en el cincuenta y pico por ciento de las mesas, para asegurar la fidelidad de esos resultados.

La mecánica política, sin embargo, ya no es tan simple. Aunque se “participe” en el proceso y no se vote el 6D, lo que está planteado con esta estrategia es movilizar a la gente, de una manera segura, para hacer planteamientos políticos, críticas y ofertas; entre los planteamientos estarían los de solicitar un proceso con unas condiciones electorales mínimas –por ejemplo: transparencia, habilitación de todos los partidos y candidatos, observación nacional e internacional, no utilización de recursos del estado en la campaña y otras similares– que, de no darse, de no lograrse para una fecha determinada, se denunciaría el proceso y se retirarían los candidatos. Se habría logrado así el efecto de participación y movilización y la decisión de retirar los candidatos serviría para denunciar internacionalmente el proceso una vez más y tratar de recuperar posiciones para una negociación política. De llegar al final, al día de la votación, esperemos que exista alguna opción –que no tiene por qué revelarse ahora a viva voz– para resolver el eterno dilema: ¿Qué hacer si el régimen hace fraude o peor aún, sin hacerlo, desconoce el resultado electoral y busca cualquier estratagema jurídica para ello, apoyada naturalmente en su fuerza militar?

Por su parte, la estrategia liderizada por Maria Corina Machado (MCM), plantea que la solución a la crisis provendrá, dicho más o menos en sus palabras, de la intervención de una fuerza extranjera, multifacética, conformada por una coalición internacional que despliegue una Operación de Paz y Estabilización en Venezuela (OPE); habla igualmente de invocar el artículo 187, numeral 11 de la Constitución que permite “…el empleo de misiones militares … extranjeras en el país”; de invocar el principio de la “Responsabilidad para Proteger (R2P)” suscrito por las Naciones Unidas y en la activación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, (TIAR); todo ello para lograr “… salir de Maduro y su régimen en el plazo más corto posible a través de una operación nacional e internacional que lo logre…”.

Aparte de otras consideraciones, que ya he expuesto y no repetiré, (https://ismaelperezvigil.wordpress.com/2020/09/12/la-carta-de-maria-corina-machado/), siempre me ha parecido que la propuesta de MCM tiene dos debilidades intrínsecas. Una, es que no nos dice mucho de la vía interna, de cómo lograr esa parte de lo que denomina la “operación nacional”; y dos, que su estrategia descansa excesivamente en terceros, no en la acción que ella o los venezolanos podamos desplegar.

Invocar el artículo 187, numeral 11 de la Constitución, que dependería de la AN y no de las fuerzas que moviliza MCM, no es lo único que se necesita para la creación de una fuerza extranjera multilateral, y esto último no es algo que se resuelve levantando el teléfono y llamando al presidente de los Estados Unidos o de alguno de los países vecinos. Invocar el principio R2P, tampoco es algo simple –como veremos en detalle cuando hablemos de la estrategia de Guaidó– o que dependa de los esfuerzos que podamos hacer en el país; lo mismo podemos decir de invocar el TIAR, con el agravante de que ya se ha intentado esa vía y ha sido negada en la última reunión de la OEA en diciembre de 2019 y rechazada por la mayoría de los países de América Latina.

En síntesis, la estrategia de MCM depende excesivamente de factores o decisiones que ni ella ni nadie en el país controla, por más que se alegue que el trabajo político consiste en hacer “intentos o gestiones” para lograr esa fuerza extranjera multilateral, con base en el TIAR o en el R2P.

Veamos por último la estrategia de la fracción que se congrega en torno a Juan Guaidó, la Asamblea Nacional y el G4, que la dejamos para el final por el insospechado giro que ha tenido la última semana. Como es sabido la estrategia de este grupo se bifurca en dos vías; en lo interno la no participación electoral el 6D y la organización de una consulta popular; en lo internacional, que creo que es su carta fundamental y más fuerte, pretende continuar el proceso para que la comunidad internacional mantenga la presión sobre el régimen venezolano que lo obligue a una negociación de una salida política a la crisis.

La vía interna, debemos decirlo, no ha tenido mayores avances tras la propuesta de Juan Guaidó hace un par de semanas. Nada se ha dicho acerca de qué hacer para evitar esa mortífera inmovilidad que acompaña a todas las abstenciones –aunque no la llamen de esa manera– y hasta ahora la única propuesta de acción inmediata se concreta en realizar una “consulta popular” que se pretende tenga carácter vinculante, con base en los artículos 70 y 71 de la Constitución Nacional, y sobre la cual tampoco se ha dicho mucho.

La vía internacional, también prácticamente adormecida, sin nuevas ideas ni propuestas de acción, recibió sin embargo un impulso inesperado con la publicación del informe sobre la violación de los derechos humanos en Venezuela que dio a conocer la Misión Internacional Independiente designada por las Naciones Unidas y que se refuerza esta semana que concluye, con la presentación oral del informe de Michelle Bachelet sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela. Tras el anuncio de la referida Misión, el presidente Juan Guaidó ha renovado los esfuerzos sobre la comunidad internacional, para que esta a su vez mantenga la presión sobre el régimen venezolano, que lo lleve a suspender o aplazar el proceso electoral y buscar una vía de negociación, que abra la posibilidad de un Gobierno Transitorio y un nuevo proceso electoral, que incluya elecciones amplias y libres, observadas internacionalmente, en un periodo corto de tiempo.

En ese contexto, el presidente Guaidó, con base en el mencionado informe de la Misión Internacional Independiente, en una intervención dirigida a la Asamblea General de la ONU, solicitó “…alinear los esfuerzos de asistencia internacional para restablecer la soberanía efectiva en Venezuela, y proteger a la población civil desarmada, ante la comisión sistemática y reiterada de crímenes de lesa humanidad a manos del régimen dictatorial que usurpa la presidencia de Venezuela”. Naturalmente, sin que el presidente Guaidó lo dijera expresamente, a todos nos saltó de manera inmediata, la idea de que se trataba de una invocación al principio de responsabilidad de proteger (R2P) de la ONU; sí esa era la intención, no lo sé, pero así fue recogido en las redes sociales y en muchos medios de comunicación.

Ahora es sano advertir, antes de que se generen falsas expectativas, que hasta el momento la decisión de aplicar el R2P ha dependido del Consejo de Seguridad, en donde tienen capacidad de veto Rusia y China –aunque algunos señalan que, al ser una solicitud directa del representante de un gobierno legítimo, no se sometería al referido Consejo–. Además, también hay que considerar que hasta el momento los países –tanto de la ONU, como del TIAR– que podrían formar parte de una “fuerza interventora” que actué en Venezuela, han declarado que no apoyan esa opción. En todo caso, se puede decir que se cumplió el “tramite” que algunos solicitaban de invocar el R2P, que dudo que pase a una fase de acción. Si nada ocurre no faltara quienes digan que se invocó “muy tarde”.

Estas son las opciones que nos presenta una oposición dividida, que sin que hagamos un fetiche de la unidad, ninguna de las tres fracciones pareciera estar haciendo nada por lograrla; la unidad —y mantenerla— dada la naturaleza del régimen que enfrentamos, creo que es un valor estratégico, no un mero instrumento y, aun como instrumento, creo que es más importante que los demás que están sobre el tapete: votar, abstenerse o una consulta popular. El de la “unidad” es un tema pendiente, por encarar más a fondo.

https://www.noticierodigital.com/2020/09/estrategias-opositoras-en-desarrollo/ y también en: https://ismaelperezvigil.wordpress.com/2020/09/26/estrategias-opositoras-en-desarrollo/

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Luis López Méndez

Este estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), constituye un documento de mucha relevancia para los venezolanos de bien, que somos la mayoría, y aunque se titula una “Una Mirada al Futuro”, abarca el desastre ocurrido en el pasado reciente, incluyendo el supuesto periodo “rosa” de Chávez, así como el angustiante presente y el incierto, pero lleno de esperanzas, futuro.

El esfuerzo realizado durante 2019 y 2020, es un insumo de trabajo, una brújula para los ciudadanos y las organizaciones que van a participar, y las que se requerirán, para la reconstrucción del país en el mediano plazo. No obstante, es necesario tener en cuenta que siendo un estudio elaborado por una institución financiera para determinar “la naturaleza y la escala de las intervenciones necesarias para atender la emergencia” mediante la participación de las instituciones multilaterales de crédito, “cuando la situación político-institucional lo permita”, establece una serie de condiciones, entre ellas de política de estado, que necesariamente pasaran por la modificación de leyes, para lograr que se pueda concretar esa “ayuda internacional”, y que sea realmente efectiva para mejorar la condiciones de la población y reactivar el aparato económico del país, de manera que pueda “honrar” los compromisos financieros adquiridos.

Pero a diferencia de la opacidad con la que el chavismo siempre ha actuado, en esta ocasión se realizaron consultas con miembros del Gobierno Interino que preside Juan Guaidó, y de la Asamblea Nacional, así como también con representantes de organizaciones de la sociedad civil y del sector privado. Igualmente, debido a que la crisis humanitaria que padece Venezuela, tiene consecuencias más allá de nuestras fronteras, también la comunidad internacional fue consultada al respecto, especialmente nuestros vecinos.

Además, el documento hace énfasis en las condiciones de estabilidad política y de seguridad requeridas, así como también la comunicación constante y efectiva a la población de que el proceso de recuperación es de mediano alcance. No crear falsas expectativas que todo va mejorar tras la caída del régimen.

No se trata entonces de un mamotreto de medianoche, de una jugada a escondidas, es un proyecto país, y aunque duela y de algo de pena decirlo, ha sido concebido fuera de nuestro territorio y por un agente extranjero. ¿Es eso consecuencia de la incapacidad de nuestra dirigencia política para ponernos de acuerdo puertas adentro?

Por fortuna, no fue hecho en Cuba ni en China ni Rusia, pero no tengo dudas que estos últimos están al tanto de este estudio pues una parte importante de la deuda les corresponde a ellos.

Es importante tener en cuenta que a partir del 1ro de octubre, Mauricio Claver-Carone, actual director de Asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos, asumirá la presidencia del BID por un periodo de cinco años con posibilidad de reelección, siendo la primera vez en la historia que el BID no será presidido por un latinoamericano.

Varios puntos de este documento merecen especial consideración.

1. El apalancamiento de los sectores petróleo, gas y minería como fuentes para el pago de los compromisos para la reconstrucción.

Para ello se tomaron en cuenta las conclusiones del informe “Reviving Venezuela’s Oil Sector: The Role of Western Oil Majors”, el cual se basa en las opiniones de ocho grandes compañías petroleras occidentales, incluyendo algunas que todavía operan en Venezuela, en relación a las condiciones que determinarán cuán rápido y hasta qué punto, estas compañías reanudarían o incrementarían sus operaciones en Venezuela en caso de una transición política, los desafíos y barreras a la inversión que tendrán que ser superados y el nuevo y difícil contexto competitivo internacional para Venezuela como productor de petróleo. (https://www.thedialogue.org/analysis/reviving-venezuelas-oil-sector-the-...)

Como consecuencia, el modelo de desarrollo también revive las inequidades territoriales ya conocidas, lo cual conduce a la necesidad de un proyecto adicional para el desarrollo territorial diferente al actualmente planteado, pues continuaríamos con las desigualdades que tanto lodo han traído a esta orilla.

2. Dada la magnitud de la crisis venezolana, la propuesta del BID es principalmente asistencialista, lo que denominan “intervenciones” en razón de la crisis de alimentos, salud y servicios. Destaca la enorme consideración que se reserva al sector salud, no solo por efectos del COVID-19, sino por el lamentable, y diríase hasta criminal, estado del sistema de salud venezolano, donde uno de las carencias más difíciles de suplir será el capital humano que ha emigrado.

3. Mucho me temo que por un tiempo más, el PIB agrícola continuará deprimido y será necesario recurrir a importación de alimentos y materias primas provenientes de la agricultura. Sin embargo, especial atención se dedicará a la pequeña agricultura, no solo como vía de alivio a la pobreza sino también como suministro de alimentos más nutritivos para los centros poblados cercanos (Región Centro-Norte Costera).

En mediano plazo la agricultura empresarial pudiera aprovechar las mejoras programadas en el sistema de transporte y en la operatividad de puertos y aeropuertos, así como en la eficiencia de los pasos fronterizos, para la exportación de rubros competitivos. También se abriría la ventana de oportunidades para los desarrollos de las áreas rurales desde una perspectiva bioeconómica con opciones modernas para la creación de empleos de calidad y nuevas cadenas de valor.

Comparto porque considero que mi grupo, Aragua sin Miedo, al igual que muchas otras organizaciones de la sociedad civil, debería transformarse para servir a la nueva realidad venezolana.

https://publications.iadb.org/publications/spanish/document/Una-mirada-a...

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