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Opinión

Alejandro J. Sucre

La ley Antibloqueo, así como la eliminación de los controles de cambio y de precios en el año 2019, abre la puerta final para liberar los activos que monopoliza el Estado para el desarrollo por parte de los ciudadanos del país. Venezuela con libertad cambiaria y de precios, y ahora con la Ley Antibloqueo ya establece las bases conceptuales que desde hace décadas necesitaba el país para que el Estado deje de ser empresario y se convierta en administrador de los bienes públicos. Desde el punto de vista del mundo de las ideas económicas es un gran salto cuántico para Venezuela que los dirigentes de izquierda que más aplaudieron las estatizaciones en nuestra historia económica, que se inspiraron en el modelo cubano, luego de ver las consecuencias de pérdida del PIB de 2/3, ahora hayan rectificado y propongan reactivar las 400 empresas del estado privatizándolas. Es un inmenso logro para la nación que tanto los dirigentes de la oposición como los del oficialismo todos hayan entendido el daño que hace el estatismo en Venezuela.
Los cambios en los enfoques de política económica por parte de los dirigentes del oficialismo son realmente impresionantes y positivos. Así como su terquedad expropiatoria, estatista y de controles arruinaron al país desde 2000 hasta el 2019, su rectificación desde el año 2019 va también a la raíz de la cura del estatismo que hizo que Venezuela desde la década de los años setenta declinara. Luego del siglo XIX de guerras civiles y líderes populistas que querían apropiarse de parcelas de poder destrozaron al país, en el siglo XX Venezuela, desarrolló un sentido de nación desde el Gral. Gómez hasta Raúl Leoni, y fue uno de los países que más creció en el mundo y cuya moneda se ubicaba entre las mas fuertes. Inmigrantes de Europa y otros continentes vinieron atraídos no solo a las riquezas naturales sino también a las oportunidades de desarrollar industrias alrededor. Todo eso cambió desde la nacionalización del petróleo donde poco a poco se incubó la inflación y la devaluación a los pocos años hasta llegar al ridículo actual de $1 cuesta Bs. 450.000 luego de dos conversiones, y que sin ellas el bolívar estaría en 450.000.000.000. No obstante las medidas económicas que hoy toma el oficialismo nos vuelven a las políticas económicas que hicieron de Venezuela un país prospero en los primeros 70 años del siglo XX.

Qué falta y riesgos:
La eliminación de los controles de cambio y de precios, y la Ley Antibloqueo marcan un nuevo rumbo y nuevas definiciones de la actuación del Estado y del sector privado en la economía. No obstante desde el punto de vista práctico, estas acertadas medidas pueden causar más ruina económica y para evitarlo el oficialismo necesita tomar ahora medidas de carácter político.

El Señor Jesús, hijo de Dios, dijo “Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra”.

Venezuela es hoy un país profundamente dividido políticamente y por eso como dice Jesús no saldrá de la ruina hasta que exista la convivencia política. Las acertadas leyes propuestas por el oficialismo hoy que abren la economía a la modernización y a la iniciativa de los ciudadanos no va a tener efecto modernizador mientras el país siga con las inmensas luchas internas actuales por el poder político. Se parece mucho a las que diezmaron a Venezuela luego de las luchas por la independencia. El oficialismo y la oposición le deben al país la alternabilidad democrática y aceptar en paz que el pueblo decida como lo lograron los adecos y los copeyanos a finales del siglo XX. El oficialismo y la oposición deben resolver sus diferencias convenciendo al pueblo en elecciones, referéndum y mas democratización del capital. No mas marchas, ni bloqueos, ni antibloqueos, ni ANC.

Twitter : @alejandrojsucre

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Carlos Raúl Hernández

“Un caballero sólo defiende causas perdidas”. Borges

Treinta etnias esclavizadas, aplastadas, se aliaron contra el régimen político más canalla de la humanidad: el imperio azteca o mexica, cuya religión pautaba lo que hoy llamamos genocidio, y los historiadores discuten si fueron 100.000 o 250.000 sacrificados. En horrendos días de 1486, asesinan 20 mil al dios del sol y la guerra, Huitzilopochtli.
Los aztecas ejercían su sangriento dominio sobre 15 millones de rehenes. La capital, Tenochtitlan, una isla del lago Texcoco, cuyo centro urbano estaba en lo que hoy es el Zócalo de Ciudad de México. Los pueblos esclavos debían tributar cosechas, animales y sobre todo humanos, porque el dios bebía sangre a diario, y los aztecas tenían la delicadeza de no importunar en lo posible a su propia gente.
Había opciones. Arrancar el corazón a la víctima todavía latiendo, o desollarla viva, o lanzarla desde lo alto de la pirámide, y a los hombres, enfrentarlos con cuatro guerreros al mismo tiempo. Terminada la faena, se los comían. Esa ciudad maravillosa y sanguinaria, con 200 mil hbs., esclavizaba los vecinos. Igual en el sur del continente los incas, el Tahuasinsuyo, sometían desde Cusco regiones hoy de Chile, Uruguay, Paraguay, Ecuador, Colombia, países que no existían, como tampoco México.
Las comunidades vivían en terror porque los mexicas secuestraban metódicamente y algún dios prefería niños. La que pasó a la historia como Malinche, dicho hoy en clímax feminista, pertenecía al último nivel en la escala social. Era popoluca, de un pueblo marginal encadenado por los mexicas. Al ser mujer, no podía hablar ante los varones ni levantar la vista, lo que no variaba mucho con los europeos.

La guerra de liberación nacional
En su futuro, el puñal de ónix le partiría las costillas, como a sus dos hermanas, a cuyo padre asesinaron por defenderlas. Su madre la vendió a tratantes aborígenes que la entregaron como sirvienta y esclava sexual a un cacique maya de Tabasco desde los once años. Más tarde su amo, derrotado por Hernán Cortés, para hacer las paces con él se la regaló en un grupo de veinte muchachas.
Pero no se rindió a su suerte como era lo normal. Sus extraordinarias personalidad, inteligencia y sensibilidad política, la sacaron del abismo para que fuera una de las figuras más poderosas del siglo XVI. Hablaba la lengua azteca náhuatl, maya, aprendió castellano rápidamente y se hizo traductora del capitán en las negociaciones para las alianzas indígenas, desplazando a Jerónimo Aguilar. Fue compañera inseparable de Cortés y al final su mujer. La llamaban la lengua.
Uno de los primeros mestizos es su hijo Martín Cortés. Los historiadores aclaran que Hernán no fue ningún Leónidas que enfrentó al imperio más poderoso con 300 españoles. En 1519 se acordaron cerca de treinta etnias, miles de indígenas, para derrotar a los mexicas en la primera guerra de liberación nacional del continente, comandados por Cortés y gracias a la habilidad de Malinche en las negociaciones, quien traducía como le daba la gana y ocultaba los arrebatos del capitán.
Llamada de cuna Un-ocelote, la cristianizaron Marina, pero los indígenas solo podían pronunciar Malina. Malin-tzin, (doña Marina) la jerarquizó el tlatoani (cacique) de los tlascaltecas, arrobado por su carácter y atractivo. De allí derivó al fonema Malinche. Otro tlatoani la increpó porque se atrevía a dirigirse a él, y ella contesta, sin bajar la mirada “te lo voy a decir otra vez. Aquí quien habla soy yo. Y si no es conmigo, no tendrás con quien hacerlo”.
Lengua suelta
Sin su tacto y habilidad, el violento Cortés hubiera fracasado. Él diseñó la estrategia militar, pero la lengua la hizo posible porque más que traducir, elaboraba política, conciliaba, los caciques a veces querían hablar solo con ella, y a Cortés lo llamaban el señor Malinche. Él, y ella en su corta vida, crearon México, al unificar los pueblos indígenas y construir la entidad político administrativa que avanzó al resto del territorio, más tarde poderoso Virreinato y que hoy lleva ese nombre.
En la etapa de la independencia se entronizó la leyenda negra anti hispánica, los criollos renegaron y cubrieron de oprobio la memoria del fundador, y naturalmente a la heroína. Por alienaciones ideológicas, no se sabe cómo pudieron escamotear que el nacimiento de México es obra de españoles e indígenas, así como la independencia lo fue de criollos y pardos.
A mediados del siglo XIX, al comenzar las hostilidades entre México y EEUU, el mundo compadecía la suerte de este ridículo experimento democrático anglosajón, al que casi el mundo entero, salvo Alexis de Tocqueville, le auguraba corta vida. En la guerra, los gringos les arrebataron la mitad del territorio, y los criollos crearon una perversión ideológica para desahogar el resentimiento y la amargura. El patrioterismo mexicano cuando México no existía.
Malinche ya no fue la creadora de la nación y estratega liberadora de los oprimidos, sino su antítesis. Y para incomodidad de quienes no entienden o entienden retorcida la historia, Latinoamérica, que Vasconcelos llama “la raza cósmica”, existe porque las indígenas se cruzaron con los españoles, como Cortés y Malinche. Y porque los africanos se incorporarán a la fusión racial iniciada por Colón el 12 de octubre de 1492.

@CarlosRaulHer

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Mariana Mazzucato

Seamos optimistas y supongamos que se descubre que una o más de las 11 vacunas para el COVID-19 que hoy están en la Fase 3 de los ensayos clínicos son seguras y efectivas a comienzos de 2021. También imaginemos que la producción se puede acelerar rápidamente, para que los países puedan vacunar a una parte significativa de sus poblaciones para fines del año próximo.

En este escenario esperanzador, el actual “período especial”, en el que el distanciamiento social restringe seriamente las actividades económicas –desde escuelas a universidades, restaurantes a aerolíneas, conciertos a eventos deportivos y ceremonias religiosas a casamientos-, durará sólo un año más. Una vez que se levanten las medidas de distanciamiento social, la demanda reprimida de celebraciones, reuniones sociales, viajes y los placeres de la interacción humana probablemente alimenten fuertes recuperaciones.

Sin embargo, para muchas empresas que ya han soportado seis meses de disrupción generada por la pandemia, un año parece una eternidad. Las empresas capaces de sobrevivir hasta entonces –en especial en los mercados emergentes- tendrán un futuro brillante, pero balances débiles. Habrán experimentado 18 meses de flujos de caja negativos en los que su capital patrimonial en gran medida se habrá evaporado.

Es verdad, muchos bancos centrales han ofrecido niveles sin precedentes de estímulo monetario, no sólo reduciendo las tasas de interés, sino también comprando enormes cantidades de activos (alivio cuantitativo) y comprometiéndose a mantener esta política por un período sustancial. Esta llamada “forward guidance” (orientación prospectiva) está destinada a convencer a los bancos de que deberían prestar más a tasas de interés más bajas, porque estas tasas no van a subir por un bien tiempo.

Pero los bancos prestarán solamente a prestatarios solventes –y la solvencia no depende sólo de las perspectivas prometedoras de los prestatarios, sino también de cuánto capital patrimonial tengan-. El capital actúa como una suerte de garantía de que el prestatario es tiene capacidad de pago. Si las cosas no resultan tan bien como sugieren las hojas de cálculo, la empresa de todas maneras puede pagar un crédito porque debe menos de lo que vale.

En este sentido, el capital patrimonial y la deuda se complementan: cuanto más capital tiene una empresa, más puede pedir prestado. Los bancos normalmente exigen que los prestatarios mantengan su ratio de deuda-capital por debajo de cierto límite.

De modo que, en el escenario optimista que se describe más arriba, habrá muchas empresas con perspectivas promisorias, pero con patrimonio insuficiente para garantizar un mayor endeudamiento. Su crecimiento dependerá de lo rápido que incrementen su capital –ya sea de manera acelerada, a través de una inyección de capital, o mucho más lentamente, a través de utilidades retenidas-. Claramente, una infusión rápida de capital hará que la política monetaria sea mucho más efectiva y la recuperación, mucho más robusta.

Pero el capital es institucionalmente mucho más complejo que la deuda. La deuda implica el compromiso de pagar una cierta cantidad fija de dinero en determinadas fechas. Es fácil para un prestador saber si el pago se produjo y convencer a un juez cuando éste no haya ocurrido.

El capital, en cambio, es un derecho sobre lo que queda después de que todas las otras partes interesadas ya han cobrado, incluidas no sólo las deudas con proveedores, trabajadores y acreedores, sino también los salarios, bonos, gastos de representación y aviones corporativos de los gerentes. El derecho de los accionistas sobre el flujo de caja residual de la empresa, por ende, puede evaporarse muy fácilmente.

Impedir esto y tranquilizar a los inversores de capital patrimonial requiere una buena gobernanza corporativa y una ejecución judicial confiable. Los accionistas deben contar con algunos derechos como el poder de elegir y remover a la junta, controlar el pago de los ejecutivos y limitar la cantidad de operaciones riesgosas en las que entra la compañía. También deberían tener derecho a ser informados por auditores independientes sobre lo que está haciendo la empresa y garantizar que quienes tengan información privilegiada no comercialicen sus acciones de manera ventajosa.

Ahora bien, establecer una estructura de gobernanza que pueda ofrecer esas garantías resulta costoso. En Estados Unidos, esto ha propiciado el crecimiento de la industria de “private equity”, que prefiere evitar esos costos retirando de la bolsa a empresas previamente listadas. En la mayoría de los países en desarrollo, las bolsas de valores, cuando existen, comprenden sólo a las empresas más grandes, incluidos bancos, compañías de seguros, empresas de telecomunicaciones, energía eléctrica y unas pocas manufacturas grandes. Para el resto de las empresas, el capital proviene de amigos y familiares.

A menos que tuvieran una participación mayoritaria en la compañía, los fondos de “private equity” globales que han intentado ingresar en los mercados emergentes desde los años 1990 muchas veces vieron evaporarse el valor de sus inversiones. Asimismo, la ausencia de bolsas de valores líquidas significa que cuando quieren desinvertir, se encuentran en una situación tipo Hotel California, en la que pueden dejar la habitación, pero nunca marcharse. Esto es particularmente problemático para los fondos de “private equity” que prometen devolver el capital a sus inversores después de un período predeterminado.

El costo social de estas ineficiencias se disparará durante la recuperación post-vacunación. Lidiar con ellas de manera efectiva hoy puede ser una de las inversiones de mayor retorno que se haya visto.

Parte de la solución debería venir de la innovación financiera liderada por el sector privado. Los fondos de capital privado que se transan como acciones no necesitan períodos de desinversión predeterminados y, por lo tanto, no tienen ningún apuro en vender. En Estados Unidos, las empresas de adquisición de propósito especial (SPAC, por su sigla en inglés) obtienen su capital a través de una oferta pública de acciones antes de saber qué harán con el dinero, y están listas para invertir cuando aparezcan las oportunidades. No tienen que estar listadas en el país en el que invierten, lo que significa que pueden salir a bolsa en lugares con mejores instituciones y mercados más líquidos.

Los países emergentes se beneficiarían enormemente si le encontraran una solución a la inminente escasez de capital. Las empresas familiares, por ende, necesitan considerar las ventajas de aceptar nuevos accionistas y la resultante dilución de la autoridad de los miembros de la familia en la toma de decisiones, a menos que quieran ver cómo los competidores que sí aceptan a esos fondos les quitan el mercado.

Mientras tanto, las autoridades económicas en países emergentes deberían hacer un esfuerzo por mejorar los marcos regulatorios –asegurando, por ejemplo, que los fondos de pensión y las compañías de seguros puedan invertir en los nuevos vehículos de capital-.Y los fondos globales, con el estímulo de instituciones como la Corporación Internacional de Finanzas del Grupo Banco Mundial e IDB Invest, parte del Grupo Banco Interamericano de Desarrollo, deberían crear fondos de “private equity” para invertir en estos países.

Nada de esto es neurocirugía, y puede rendir grandes frutos en términos de una recuperación más rápida. Una razón más para ser optimistas.

9 de octubre 2020

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/new-private-equity-funds-ca...

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Analítica.com

Como si de la Caja de Pandora de la mitología griega se tratase, en Venezuela se liberaron todos los males del mundo, por la acción demoledora de una revolución que superó los presagios más pesimistas.

The New York Times publicó recientemente un artículo demoledor con respecto a la destrucción que se ha producido de la industria petrolera venezolana. “Por primera vez en un siglo, no hay plataformas en busca de yacimientos petrolíferos en Venezuela”.

En efecto, las plataformas petroleras de Venezuela se paralizaron por completo en junio. Ningún taladro estaba operativo, según informó la empresa de servicios petroleros Baker Hughes, especializada en el tema.

Y según informa S&P Global Platts, otra de las más prestigiosas consultoras en materia energética , la producción petrolera del país se hundió hasta unos 280.000 barriles por día. Habría remontarse hasta la década de los 30 del siglo pasado para encontrar cifras similares.

No obstante, si bien la producción cayó, las exportaciones de crudo almacenado aumentaron ligeramente según Refinitiv Eikon, por envíos a Cuba y también por embarques destinados a pagar deudas a la española Repsol y a la italiana Eni. Este tipo de exportaciones dados sus objetivos, no se traducen en ingresos petroleros adicionales. De hecho, Diosdado Cabello recientemente informó que desde octubre del año pasado Venezuela no cuenta con ingresos petroleros formales.

“Los días de Venezuela como un petroestado se acabaron”, sostiene Risa Grais-Targow, analista de Eurasia Group, una consultora de riesgo político, a lo que agrega The New York Times: “Se espera que el país que hace una década era el mayor productor de América Latina, que ganaba alrededor de 90.000 millones de dólares al año por las exportaciones de petróleo, obtenga alrededor de 2.300 millones para fines de este 2020, menos que la cantidad total de remesas que los migrantes venezolanos que huyeron de la devastación económica del país enviarán a casa para mantener a sus familias”.

Las informaciones antes citadas superan la capacidad de comprensión de quienes conocimos el inmenso potencial petrolero de Venezuela. De no ser por la acción destructiva de un régimen que a lo largo de dos décadas ha venido desmontando nuestra industria petrolera, hoy deberíamos estar produciendo al menos 5,5 millones de barriles por día.

Sin embargo, no importa cuan demoledora haya sido la acción combinada de la ignorancia, la corrupción y la demagogia, en nuestro subsuelo siguen existiendo inmensas reservas de petróleo. Seguimos teniendo una impresionante infraestructura petrolera, hoy severamente dañada por la falta de mantenimiento y el saqueo a que ha sido sometida, pero aún recuperable. Todavía tenemos 6 refinerías en el país que, siempre y cuando se realicen las inversiones requeridas, podrán ser reactivadas.

Aunque la vida útil del petróleo se acorta cada vez más en un mundo dispuesto a remplazar el uso de los combustibles fósiles por otros agentes menos contaminantes, aún estamos a tiempo de aprovechar esa inmensa riqueza de nuestro subsuelo en aras de lograr una recuperación de la economía venezolana por el Apocalipsis revolucionario de las últimas dos décadas.

Eso sí, tendremos que entender que será un sector cualitativamente diferente, en el cual un Estado quebrado no está en condiciones de realizar las inversiones requeridas y, en consecuencia, le corresponderá un rol mucho mayor a la iniciativa privada.

Entiéndase, cuando hablamos de iniciativa privada no nos referimos a aquella que un Estado corrupto asigne a dedo a socios tras los cuales se escondan intereses inconfesables. Ese escenario es el que se plantea en el proyecto de Ley Antibloqueo que se está considerando en la Asamblea Constituyente.

Nos referimos a inversiones que sean el resultado de un amplio y transparente proceso de licitaciones, bajo las condiciones establecidas por un Estado serio que respete la propiedad privada y los contratos suscritos y que garantice los mayores beneficios a la sociedad.

De la Caja de Pandora ya se liberaron todos los males. Le toca ahora el turno a Elpis, el espíritu de la esperanza, que los dioses habían colocado
en el fondo de la misma.

José Toro Hardy, editor adjunto de Analítica

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Acceso a la Justicia

El régimen encabezado por Nicolás Maduro ha cometido delitos de lesa humanidad desde el año 2014. Palabras más, palabras menos este fue el titular que apareció en los medios del mundo que reseñaron el informe elaborado por la Misión Internacional Independiente de Verificación de Hechos para Venezuela de las Naciones Unidas (ONU).

El informe confirma la comisión de ejecuciones extrajudiciales, torturas, malos tratos, desapariciones forzadas y detenciones arbitrarias dentro de un patrón sistemático y generalizado, lo que los convierte en delitos de lesa humanidad. Además, y como dato novedoso, la Misión señaló a Nicolás Maduro y a los encargados de los cuerpos de seguridad del Estado y de la Fuerza Armada como responsables de esos delitos.

«Uno de los elementos que contribuyen a las violaciones y delitos determinados por la Misión es la falta de independencia del Poder Judicial», se lee en el documento que el pasado 16 de septiembre fue presentado ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y en el cual se denuncia que las reformas que el Poder Judicial ha sufrido desde 1999, lejos de subsanar sus fallas, las ha agravado y han facilitado su cooptación y control por parte de los gobiernos del fallecido Hugo Chávez y su sucesor.

La Misión no pasó por alto que una de las primeras decisiones tras su derrota en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015 haya sido remodelar el TSJ, designando de manera apresurada e inconstitucional a trece magistrados principales y veinte suplentes; y que este organismo haya bloqueado toda acción del Parlamento democráticamente elegido.

En el reporte se lee lo siguiente:

«El Tribunal Supremo ha dejado de funcionar como un control independiente de los demás poderes del Estado. En particular, la Sala Constitucional tiene amplias facultades para anular las decisiones de todos los demás poderes del Estado. Desde enero de 2016 hasta la fecha, el Tribunal Supremo de Justicia ha anulado de manera consistente las decisiones de la Asamblea Nacional dirigida por la oposición».

Lo anterior ha sido denunciado con insistencia por Acceso a la Justicia.

Los modus operandi

¿Cómo la justicia ha sido cómplice, cuando no actúa directamente en las gravísimas violaciones a los derechos humanos ocurridas en el país? En los casos de persecuciones contra opositores y disidentes, la Misión identificó varios patrones, siendo uno de los más recurrentes el incumplimiento de los lapsos procesales fijados en la ley, algunos de los cuales «se extendieron más allá de los límites».

«La no presentación de los detenidos ante el Poder judicial para su comparecencia inicial ante el tribunal dentro de las 48 horas siguientes a la privación de libertad, ya sea debido a las suspensiones del tribunal o a la no presentación de los detenidos por parte del SEBIN o la DGCIM», fue una de las irregularidades que se toparon los investigadores designados por la ONU luego de analizar 223 casos, de los cuales en 48 indagaron de manera exhaustiva; y además revisaron otros 2.891, que confirman los patrones a que se hace referencia en esta nota.

Otra práctica reseñada es que:

«El Ministerio Público no presentó una acusación formal, o desestimó el caso, en los 45 días posteriores a la comparecencia inicial ante el tribunal, a pesar de que el detenido seguía en prisión preventiva. Esto también afectó el inicio de la audiencia preliminar, que debe tener lugar en un plazo no superior a 20 días después de la presentación de la acusación».

Ello fue seguido por el «aplazamiento de las audiencias preliminares por los tribunales, debido a aparentes atrasos en los casos».

Asimismo, el derecho a la defensa a los imputados no les fue plenamente garantizado, impidiéndoseles hablar con sus abogados o negándoles a estos últimos acceso a los expedientes.

Como si lo anterior no fuera suficiente, la Misión acusó a los tribunales y al Ministerio Público de ignorar olímpicamente los casos relacionados con torturas y desapariciones forzadas, en especial cuando se trata de militares señalados de conspirar contra el Gobierno.

«En todos los casos investigados relacionados con oficiales militares, las autoridades judiciales se negaron a ordenar la investigación de las denuncias de tortura. Ello a pesar de que las víctimas comparecieron ante el tribunal con claros indicios de malos tratos o declararon expresamente durante las audiencias que habían sido torturadas o solicitaron un examen médico. En algunos casos se ordenaron exámenes médicos, pero en los casos investigados, sólo una vez que las marcas de tortura ya no estaban presentes».

Una situación similar se produce en los casos de ajusticiamientos, la inmensa mayoría de los cuales permanecen en la más absoluta impunidad.

Meros instrumentos del poder

La Misión también expuso cómo la provisionalidad reinante en el Poder Judicial y en el Ministerio Público ha permitido al chavismo convertir a esos organismos en parte de su aparato represor.

Se apunta en el informe lo siguiente:

«Los jueces y abogados también han declarado que han sido objeto de presiones indebidas. Franklin Nieves, fiscal en el caso de Leopoldo López, ha declarado públicamente que el juicio contra López fue una farsa y que guardó silencio por miedo y debido a la presión ejercida por sus superiores. Dijo que el Presidente Maduro y Diosdado Cabello dan ordenes directamente a la Fiscalía General sobre qué casos perseguir, señalando que el Poder Judicial “se arrodilla” ante el Ejecutivo, que “dirige absolutamente todo”. La jueza de ese caso, Ralenis Tovar, ha declarado que al firmar la orden de aprehensión de Leopoldo López, se encontraba sentada ante un gran número de funcionarios de los servicios de inteligencia del Estado y de la Guardia Nacional Bolivariana y cuatro fiscales nacionales, y fue amenazada con convertirse en la “próxima Jueza Afiuni”»

Entre 80% y 90% de los más de 2.000 jueces que hay en el país son provisorios, temporales o accidentales y, por lo tanto, el TSJ considera que puede removerlos sin ningún tipo de procedimiento. En el caso de los fiscales esta cifra supera el 95%, y ello abre las puertas a que sean presionados con ser despedidos si no actúan de acuerdo a los intereses de sus superiores, los cuales normalmente coinciden con los del Gobierno.

¿Y a ti venezolano, cómo te afecta?

El informe de la Misión Internacional Independiente de Determinación de Hechos para Venezuela de la ONU deja en claro el control que el gobierno de Maduro ejerce sobre la justicia, lo que ha facilitado la comisión de delitos de lesa humanidad, pues los jueces y fiscales no han ejercido su función de control sobre los demás poderes, sino que por el contrario se han sumado a su estrategia de persecución a la disidencia.

Miles de familias podrían haberse ahorrado mucho dolor y sufrimiento en los últimos años si el TSJ y el Ministerio Público hubieran cumplido con sus funciones constitucionales, en lugar de haberse convertido en apéndices del Ejecutivo.

9 de octubre 2020

https://www.accesoalajusticia.org/rol-de-la-justicia-venezolana-segun-la...

 5 min


Jesús A. Jiménez Peraza

SS Francisco acaba de publicar uno de los documentos más oportunos y hermosos de la Iglesia católica. En su primera encíclica, Laudato Si, abogó por la conservación de lo que llama la casa común de todo cuanto Dios creó sobre la Tierra para el bienestar de su obra máxima, el hombre. En forma perfectamente sincronizada dedica esta tercera carta pastoral Fratelli Tutti (Todos Hermanos), a la fraternidad y la relación social, que simboliza el amor de San Francisco de Asís por el sol, el viento y el mar, con lo cual entiendo que compagina el centro neurálgico de ambos documentos, enlazados por su segunda encíclica, Lumen Fidei, fundada en la fe, dirigida fundamentalmente a los obispos, presbíteros, diáconos, personas consagradas y en general a todos los fieles laicos.

Precisamente es la fe la virtud teologal que nos permite aceptar y entender la Palabra de Dios y del santo pontífice que habla en su nombre, sin necesidad de percibir prueba alguna a través de nuestros órganos sensoriales.

Es a través de sus prédicas y obra escrita como puede analizarse el pensamiento de SS Francisco. Basta leer el Evangelio y las cartas pastorales de sus antecesores, incluido el estadista más grande que ha puesto Dios sobre la Tierra, el Papa Juan Pablo II, para entender que el Santo Padre persiste en continuar la orden impartida por Jesucristo, porque si algo tiene de complicado el oficio papal, es que debe actualizar el Evangelio, enfrentando los nuevos problemas que surgen en el universo, sin abandonar la doctrina central de la Iglesia, con más de dos mil años y desarrollada en sitios y tiempos antagónicos.

Muchos aplauden cuando grandes líderes mundiales comentan con brillante locuacidad el tema de la sobrepoblación de la Tierra, o cuando analizan la escasez de recursos y la longevidad del ser humano, producto de nuevos descubrimientos médicos y hacen al respecto propuestas que de fondo implican, diezmar a la población, hacerlas ingerir alimentos fáciles y baratos de producir, aunque atenten contra la salud y el aniquilamiento de ancianos o de quienes por algún hecho determinado dejan de ser productivos. La Iglesia y a través de ella la palabra del Papa, no puede proponer o admitir siquiera métodos alejados de la tesis central de la iglesia católica, expuesta por Jesucristo mismo, basada en el respeto por la dignidad del hombre.

Fratelli tutti propugna un mundo sin fronteras. Qué vergüenza deberían sentir quienes acusan al actual Papa de comunista, una doctrina que, para hacer fuerte económicamente al Estado, concentra todo el poder económico en él, empequeñeciendo al hombre, haciéndolo dependiente, empobreciéndolo, al ver como SS Francisco, pidió a Gran Imán Ahmad Al Tayyeb, quien es la máxima autoridad islámica, que firmaran a cuatro manos la encíclica Hermanos Todos, como demostración de la necesidad de buscar la paz mundial y la coexistencia común. También con la Laudato Si, tuvo una orientación similar al solicitar de Bartolomé I, Patriarca Ortodoxo y Ecuménico, Arzobispo de Constantinopla y Nueva Roma el pleno respaldo para dar a entender al universo los Acuerdos alcanzados. Esa forma de unir pacíficamente razas y religiones es lo más alejado que se puede estar del comunismo.

En el capítulo Las Sombras de un Mundo Cerrado, se analiza como sobre una etapa superada como la reunificación de Europa se ciernen fantasmas nuevamente, porque instrumentos como justicia y libertad se utilizan para justificar cualquier acción. Dentro de ese capítulo copio a la letra el punto 15, porque aunque por supuesto, el mensaje papal es universal, los venezolanos debemos tomarlo para nosotros, analizarlo hasta hacerlo sentir como parte que es de nuestra historia reciente: “La mejor manera de dominar y de avanzar sin límites es sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante, aun disfrazada detrás de la defensa de algunos valores. Hoy en muchos países se utiliza el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar. Por diversos caminos se niega a otros el derecho a existir y a opinar, y para ello se acude a la estrategia de ridiculizarlos, sospechar de ellos, cercarlos”.

Ha aumentado la riqueza, dice el Papa, pero con inequidad. Además no podemos medir el crecimiento, concepto distinto al desarrollo humano, con criterios de otras épocas, gozar hoy de energía eléctrica no debe considerarse como avance social, porque en otros tiempos no era signo de pobreza ni generaba angustias.

La igualdad de género y la existencia de la esclavitud, que no obstante los acuerdos internacionales y las estrategias para combatirla, aún existe. Igual que las guerras, atentados, persecuciones, torturas y actos similares, son denunciados por el Santo Padre. En nuestro país nos toca de cerca, visto el reciente Informe de determinación de hechos, publicado por la Comisión Especial designada por la Secretaría de DDHH, que el gobierno no debería ignorar ni tratar de contra restar con un documento, realizado unilateralmente por los Poderes controlados del Estado venezolano, sino al contrario que les sirva para tratar de enderezar entuertos.

Escriben SS Francisco y el Gran Imán Ahmad Al Tayyeb, sobre los grandes avances tecnológicos y de las ciencias médicas, pero a la vez sobre el hecho que la ética no va al mismo ritmo, porque el sentimiento de una humanidad única, justa y pacífica se debilita. Bajo óptica similar se analiza la actual pandemia del Covid 19, vista como freno a la libertad de mercado reduciendo “los costos humanos”. Con estas bases se ataca fuertemente por los países ricos, a la migración o la ayuda a los países pobres, para obligarlos a tomar las medidas que la austeridad o las leyes de la economía global indican, sin reparar en las vidas desgarradas.

Los avances de los medios de comunicación, no escapan del análisis profundo de la pastoral. Ha dejado de existir el derecho a la intimidad, para hacer de todo un espectáculo donde todos podemos ser vigilados, espiados frecuentemente de manera anónima. Hemos abandonado el diálogo, la conversación reposada, para darle sentido a la existencia. Destrozar la autoestima de alguien es una forma de dominarlo, es así como los países poderosos se presentan como modelos, en vez de hacer que cada pueblo desarrolle sus propias capacidades y cultura.

La carta papal desarrolla fundamentalmente La Esperanza, porque Dios sigue derramando sobre nosotros semillas de bien. Toma del Concilio Ecuménico Vaticano II, que “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”, planteamiento que desarrollaremos después, porque lo primordial en la palabra de SS Francisco, no es enrostrarnos simplemente nuestros errores y debilidades, sino las enseñanzas que podemos obtener para mejorar como seres humanos, para nuestras familias, para el mundo y sobre todo para nosotros mismos.

SS Francisco ha sido acusado de comunista, algunos para tildarlo como tal, hablan de sus buenas relaciones con los gobiernos dictatoriales de finales del siglo XX en Argentina, sin reparar en que las mismas eran de militares de derecha, no de izquierda; que muchas actuaciones de Jorge Mario Bergoglio, primero como párroco de San Miguel, obispo titular de Auca y Auxiliar de Buenos Aires y después, arzobispo primado de Argentina, debían cumplirse en función de preservar la vida y libertad de sus fieles en peligro a merced de dictadores con botas y espada, sin ningún tipo de escrúpulos. También es necesario entender que el actualmente Papa Francisco, además de ser el jerarca máximo de la Iglesia Católica, es jefe de Estado, que lo obliga a cumplir reglas básicas de diplomacia en un mundo absolutamente dividido. ¡Dios bendiga a Venezuela!

@jesusajimenezp

jesusjimenezperaza@gmail.com

 6 min


Fernando Mires

La función no ha terminado. Aunque ya hemos visto bastante para hacernos una idea aproximada de lo que puede venir, Trump brinda espectáculo, mantiene la atención, medio mundo contiene el aliento en espera de que ejecute su salto mortal. O su ascenso a presidente con funciones redobladas para realizar el sueño de la supremacía mundial, o su caída frente a un Joe Biden, incapaz de despertar entusiasmo aún entre los más suyos. Pero quien sabe si ahí resida la fuerza de Biden cuyo hablar tan tranquilo, cuyos modales tan cuidados, cuya apariencia tan frágil, producen un contraste inmenso frente un presidente devenido en energúmeno.

Tarde para Trump sería cambiar su estilo. Solo le queda exagerarlo. En las próximas semanas nadie se aburrirá, lo garantizo señor. A un lado, un demócrata. Al otro, un republicano pro-forma, pero en el hecho un líder de un partido que trasciende tanto a demócratas como a republicanos. Es el partido trumpista, un partido que va más allá del bi-partidismo clásico.

Entre ambos candidatos tendrá lugar una disputa inédita. Los electores decidirán cual es la realidad que prefieren: la que se presenta ante nuestros conocimientos, o la realidad de Trump. La segunda niega radicalmente a la primera. Por esa, y por otras razones, Trump ha sido tildado como negacionista. Efectivamente, no solo es negacionista, es además, un negacionista radical.

¿Qué significa ser negacionista? Para despejar digamos que ser negacionista no significa negar. Quien algo niega es simplemente un negador. Negacionista en cambio – el “ista” lo indica – es una postura cuyo objetivo es eliminar una parte de la realidad en aras de una visión de mundo, de un sistema de creencias o de una ideología.

El negacionista, reiteremos, no niega a toda la realidad sino a la parte de ella que no se ajusta a sus objetivos. Eso no significa que el negacionista contradiga a esa parte de realidad, entiéndase bien. Pues contradecirla implicaría aceptar su existencia. Los negacionistas, como el nombre lo dice, no contradicen, simplemente niegan.

Por cierto, Trump no es el primer negacionista de la historia. Quizás el caso más extremo fue Hitler. El perverso líder creía efectivamente en la superioridad de la raza aria y todo lo que contradijera su creencia debería ser suprimido, es decir, declarado inexistente. El hecho de que muchos miembros de la comunidad judía destacaran en los terrenos del intelecto, de las artes, de la economía y de la política, contradecía la “tesis” de Hitler. Para que la contradicción desapareciera, había que negar la existencia de los judíos. Pero como los judíos existían, debían desaparecer de la faz de la tierra. El Holocausto fue el acto mediante el cual los nazis destruirían toda posibilidad de contradicción.

Toda contradicción confiere ambivalencia a la realidad, la que cuando es contra-dicha se transforma en discursiva (discutible). La negación en cambio, elimina la ambivalencia y con ello a toda discusión. ¿Cómo discutir en contra de algo que no existe?

Para cada mente autoritaria la ambivalencia es un escándalo, escribió Sygmunt Bauman, en uno de sus más celebrados libros (Modernidad y Ambivalencia). Suprimir la ambivalencia, vale decir, la posibilidad de que algo no sea totalmente definido, la de que exista un sí frente a un no, la de que esto sea también lo otro, es una de las misiones propias a las dictaduras y a otras formas de gobiernos antidemocráticos. Quiere decir, todo lo que se oponga a la verdad del poder, deberá ser negado o, en su defecto, suprimido.

Podemos encontrar así dos tipos de negacionistas. Los a priori y los a posteriori. Hitler y su mellizo comunista, Stalin, pertenecían a la segunda especie, simplemente hacían desaparecer a sus enemigos. Los a priori, y a esa especie pertenece Trump, se contentan con declarar la inexistencia de todo lo que contradice a sus propósitos.

¿Cambio climático? No existe, el clima sigue siendo el mismo de siempre. ¿Enemigos democráticos? No existen, son todos comunistas. ¿Covid 19? No existe, se trata de una simple gripe. Visto así, los aprioristas parecen ser mucho menos peligrosos que los aposterioristas. No suprimen lo que niegan. Simplemente lo niegan. No obstante, los daños que pueden causar, ya sea por omisión o complicidad, pueden ser muy grandes. Más todavía si se tiene en cuenta que los negacionistas no actúan solos. En el hecho están apoyados por muchas personas que necesitan negar la realidad para transitar en el mundo idealizado en que ellos viven. Podríamos decir incluso que el factor negacionista es constitutivo a la mente humana.

El negacionismo, aunque parezca irracional decirlo, es una posibilidad de la razón. De acuerdo a Kant (Crítica de la razón práctica) el humano es el único ser dotado con la capacidad de transfigurar a la realidad. Para el gran filósofo la facultad del saber pensar implica no solo la posibilidad de engañarse, sino también la de mentirse, es decir, la de negar la verdad sustituyéndola por una mentira o por una no-verdad. O como en el caso de Trump, por la de negar una realidad sin sustituirla.

Puede que alguien con conocimientos psicológicos argumente que para mejor vivir, o para convivir con los demás y consigo mismo, sea necesario conservar un mínimo de negacionismo. Al fin y al cabo, olvidamos lo que queremos olvidar y si lo olvidamos es porque no deseamos mantenerlo en el recuerdo. Y a veces por razones muy explicables. La verdad, como lo demostró Henrik Ibsen en su obra El Pato Salvaje, suele ser destructiva. Por eso hay mentiras piadosas. En cambio, no hay verdades piadosas. Las verdades son implacables.

En términos sociales, el negacionismo, si no justificable, es explicable. ¿Qué mejor para un buen ciudadano alemán amante de su nación si alguien dice que el holocausto nunca existió, que fue solo una invención de los vencedores de la guerra? ¿Qué mejor para un comunista si alguien dice que los crímenes de Stalin solo fueron una invención del imperialismo? ¿Qué mejor para un fanático de los automóviles si alguien dice que la emisión de dióxido de carbono no influirá en el cambio climático porque este nunca ha existido? ¿Qué mejor para un vacacionista compulsivo si alguien dice que la covid-19 no es más peligrosa que una simple gripe?

En fin, no solo olvidamos lo que queremos, además, creemos lo que queremos creer. Y más lo creemos si el que habla no es un cualquiera sino nada menos que el presidente del país más poderoso de la tierra.

Trump, ya sea por convicción o por simple conveniencia, conoce probablemente la fuerza del negacionismo que el mismo profesa. Pero ya lo sabemos: si resulta elegido, lo será no por haber proclamado verdades sino por haberlas negado. Lo que nunca sabremos es si Trump cree en sus negaciones hasta el punto de poner su propio cuerpo en peligro mortal o si la suya es una simple deformación del carácter. Como sea, Trump ha terminado por convertir a la pandemia en una aliada política. Covid 19 la nombra solo para ser negada y así ganar el apoyo de los negacionistas. Si estos son mayoría, lo sabremos en noviembre.

¿Estamos frente a uno de los más grandes manipuladores de la historia política universal, o solo frente a un político de mente perturbada? No está excluida tampoco la posibilidad de que sea las dos cosas a la vez. Lo único seguro es que después de la era Trump, la tarea de quien lo suceda deberá ser no solo política sino pedagógica: la de restaurar la verdad sobre su negación. Tarea muy difícil pues, derrotado o victorioso, el trumpismo seguirá existiendo después de Trump, ya sea como movimiento anticultural y antipolítico, ya sea como un espíritu de su propio tiempo.

8 de octubre 2020

Polis

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Twitter: @FernandoMiresOl

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