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Opinión

Elmer Huerta

Un nuevo estudio científico publicado en la prestigiosa revista New England Journal of Medicine habla del beneficio adicional del uso de las mascarillas durante la pandemia de covid-19. Las mismas podrían actuar como elemento de variolización, es decir, generarnos una especie de inmunidad al virus.

El uso de las mascarillas para la prevención del contagio del nuevo coronavirus fue rápida y masivamente adoptado por la población de países asiáticos.

Se cree que experiencias previas con epidemias influyeron mucho para que esas poblaciones adoptaran inmediatamente el uso de las mascarillas.

El mundo occidental, sin embargo, ha pasado por diversos momentos en su adopción.

El uso de las mascarillas

Al inicio de la pandemia, y siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y de los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades de Estados Unidos, el uso de la mascarilla fue únicamente recomendado para las personas con síntomas de alguna enfermedad respiratoria.

No fue sino hasta el 3 de abril que los CDC cambiaron su postura, y recomendaron que toda la población de Estados Unidos usara mascarilla para evitar que aquellos individuos que tengan el nuevo coronavirus sin saberlo, o tener síntomas, contagien a otros.

La OMS tardó mucho más. Fue recién el 5 de junio que cambió su postura y recomendó también el uso universal de las mascarillas.

Entretanto, debdo a ese retraso y a los vaivenes de la política, la mascarilla se convirtió, por lo menos en Estados Unidos, en un signo de división política.

El asunto es que las mascarillas han probado ser elementos esenciales en la prevención del contagio del nuevo coronavirus.

En ese sentido, las mascarillas no solamente actúan como una barrera física para que la persona que la use no se contagie. Sino que hace el trabajo inverso, es decir, impide que una persona sintomática o asintomática, pueda contagiar a los demás.

Pero ahora, investigadores de la Universidad de California en San Francisco plantean una interesante hipótesis publicada en el New England Journal of Medicine del 8 de septiembre, que establece que las mascarillas actúan como un elemento de variolización, haciendo que si nos infectamos usándola, la enfermedad que adquirimos sea asintomática.

¿Qué es la variolización?

La viruela fue, desde la antigüedad, una plaga que afectaba a todas las capas de la sociedad.

En el siglo XVIII en Europa, 400.000 personas morían anualmente de viruela y un tercio de los supervivientes quedaban ciegos.

La mayoría de los supervivientes quedaban con cicatrices desfigurantes y entre 20% y 60% de los enfermos morían.

En los niños pequeños, la mortalidad era aun mayor, calculándose que a fines del siglo XIX llegaba a 80% en Londres y 98% en Berlín.

Debido a su alta mortalidad y a severas secuelas estéticas, la humanidad trató desde tiempos inmemoriales de desarrollar algún tipo de tratamiento preventivo contra la enfermedad.

Se piensa que, en algún lugar de África, China o la India, los practicantes médicos desarrollaron un método de control de la enfermedad a la que llamaron variolización, cuyo fundamento era la observación de que una persona que sufría de la enfermedad se volvía inmune a ella, es decir, no volvía a enfermarse jamás.

La inmunidad por exposición

Movidos por razonamientos desconocidos, la variolización consistía en obtener material fresco de las ampollas causadas por la viruela e inyectarlas mediante un raspado en la piel de personas sanas para evitar la enfermedad.

Práctica común en Asia, la variolización llegó a Europa a comienzos del siglo XVIII, llevada por las clases aristocráticas de la corte inglesa.

A pesar de que la variolización causaba enfermedad y muerte en algunos sujetos sometidos a ella. Esas cifras eran mucho menores que las causadas por la enfermedad natural, por lo que su práctica se extendió en Europa y América, y se convirtió en el principal modo de combatir esa grave enfermedad.

Fue en 1796, cuando el médico inglés Edward Jenner observó que las mujeres que ordeñaban vacas y adquirían la viruela de las vacas eran también inmunes a la viruela humana, que se inventó la vacuna, haciendo posible que en 1975 se erradicara la viruela del mundo.

Pero volviendo a la variolización, este era un método que no eliminaba completamente la viruela; lo que hacía era disminuir la intensidad de la enfermedad.

En otras palabras, la persona variolizada desarrollaba una viruela tan leve que disminuía el daño causado por la enfermedad.

¿Las mascarillas nos generan inmunidad al covid-19?

Volviendo a las mascarillas, los investigadores de la Universidad de California postulan que el uso de las mascarillas durante esta pandemia de covid-19 actuaría como un elemento de variolización. Es decir, que si una persona se infecta usando una mascarilla, la carga viral sería tan poca, que terminaría causando una forma asintomática de la enfermedad.

En ese sentido, mencionan que en sociedades en donde el uso de las mascarillas es casi universal la proporción de casos asintomáticos es de 80%, mientras que en sociedades en donde el uso de las mascarillas no es generalizado, la proporción de casos asintomáticos es del 40%.

Citan también dos situaciones en las que las mascarillas produjeron un alto número de casos asintomáticos. La primera en un barco argentino y la segunda en una planta procesadora de carnes, en las que, gracias a las mascarillas, repartidas muy temprano en el brote, la proporción de asintomáticos llegó a ser de 81% y 95%, respectivamente.

Obviamente, dicen los investigadores, su hipótesis solo podría ser probada comparando la proporción de casos de covid-19 en sociedades que usen y no usen mascarillas, algo muy difícil de hacer.

En resumen, la hipótesis es muy atractiva y agrega otro potencial beneficio al uso de las mascarillas para prevenir la enfermedad.

CNN Español

14 de septiembre, 2020

https://cnnespanol.cnn.com/2020/09/14/el-uso-de-las-mascarillas-podria-g...

 4 min


Maxim Ross

La coyuntura politica actual, esa que estamos viviendo con el tema de las elecciones, merece un examen desprendido de interés y tan objetivo como sea posible, por lo que voy a interpretarla utilizando algunas comparaciones históricas que nos den lecciones al respecto.

Mi hipotesis es que los seres humanos, y más todavía ellos como entes sociales, deben entender y adaptarse al momento en que un determinado modelo de conducta se agota. Lo que sucede, normalmente, es que tendemos a aferrarnos a un modo de pensar y a conservarlo, sin reconocer cuando y como se va erosionando. Sitiados por la inercia no solucionamos lo que se pretende, salvo que se logre desmontar el paradigma que lo fundamenta. Varios ejemplos en el campo de la economía y de la politica ilustran la idea.

En el terreno de la primera está el caso del “keynesianismo”, modelo que venía dominando, tanto teóricamente, como en la politica económica en el mundo desarrollado, pero que comenzó a presentar signos de agotamiento, a pesar de los cuales, muchos países lo siguieron aplicando, en especial los Estados Unidos e Inglaterra, hasta que hizo crisis con síntomas severos y simultáneos de inflación y recesión. Por ello se vieron obligados a abandonarlo, a pesar de la resistencia de muchos en el campo teórico. El cambio de paradigma se dio y la economía neoclásica, también llamada neoliberalismo, lo sustituyó exitosamente, revirtiendo drásticamente la crisis.

Otro ejemplo que permite entender mi hipotesis es el caso del agotamiento del “modelo petrolero” venezolano, oportunidad que se nos presentó varias veces en el tiempo, pero que siempre fue reconstruido de distintas maneras y nos resistimos a renunciar a él, fuese con el método de “precios de referencia” o con la apertura petrolera. Inclusive en momentos claves de la politica económica, con los cambios que se intentaron a principios de los noventa, terminamos soportándolos en el ingreso y el modelo petrolero. El cambio de paradigma no se produjo, lo que explica en buena medida la crisis económica y politica que vivió Venezuela después de los ochenta, a finales de los noventa y hoy día.

Lo que ya resulta evidente es el agotamiento del modelo petrolero basado en la propiedad y la conducción del Estado, con claros signos que han llevado la industria al borde del colapso, pues esta ni genera producción, ni exportaciones suficientes para mantener el país andando, pero el Gobierno y la dirigencia politica siguen atados al mismo esquema[1]. Pareciera que tímidamente se comienza a experimentar con otras actividades económicas, pero de una manera tan precaria que no se percibe la dimensión de un verdadero cambio. No se logra romper con el paradigma “rentista”. Por una parte, por la ineptitud y conducta gubernamental adversa a la economía privada y, por la otra, porque todos, y el gobierno en particular, se aferran a seguir viviendo del petróleo. Se dice que ya no vivimos de una economía “rentista”, pero es lo que se practica a diario. No hay mejor ejemplo de ello que esa secuencia de bono tras bono y el mantenimiento de una aparatosa maquinaria burocrática. La hiperinflación es la forma que toma el “rentismo” y la contracción económica la insuficiencia de una real transición hacia una economía no petrolera.

Entre la economía y la política tenemos varios ejemplos. Algunos exitosos y otros no. En la Unión Soviética se dieron cuenta muy tarde de que el modelo estaba agotándose y solo una intervención tardía, la de Gorbachov pudo atenuar la crisis, pero el modelo implosionó y la “Unión” se hizo pedazos. Otro ejemplo similar, pero con peores resultados es el cubano, donde la imposibilidad de romper con el paradigma socialista tiene hundida esa sociedad en un crónico e indetenible deterioro. El caso chino es un ejemplo de un caso exitoso, cuando Deng Xia Ping le da un giro a tiempo al paradigma económico y logra el salto hacia la prosperidad que exhibe hoy ese país. La libertad y la democracia están a la espera de un cambio de paradigma político.

Obviamente, analizar el tema desde una visión retrospectiva es más fácil, porque podemos leer los acontecimientos con esa síntesis que nos brinda la narrativa histórica, pero otra cosa es inferir el agotamiento y el cambio de paradigma en una situación contemporánea.

El agotamiento del modelo de la llamada “revolución bolivariana” pareciera bastante claro, especialmente por la desaparición de la doctrina, la ideología y las consignas que le dieron origen, tanto en el discurso, como en la práctica. Por una parte, ya no se habla del Socialismo del Siglo XXI y a veces se habla de un “socialismo a secas”, con un gran vacío de mensajes y sin contenido alguno. En la práctica se fue convirtiendo, sin solución de continuidad, al más perfecto modelo capitalista, con una economía completamente dolarizada y donde el mercado marca la pauta de los precios. El modelo se agotó por necesidad y, quizás, sin poder evitarlo, tal como lo indican expresiones y declaraciones de quienes hoy dirigen ese proceso. Sin embargo, la “revolución” continua con su retórica alusiva al “antiimperialismo” y a la “guerra económica”, sus “aparentes” grandes enemigos.

Obligada reflexión merece el caso de la oposición al gobierno, pues parece conveniente y necesario evaluar si el modelo utilizado para oponérsele está agotado y si requiere un cambio de paradigma. La trayectoria “cese la usurpación”, “gobierno de transición” y “elecciones libres” merece un riguroso examen, junto a la experiencia del apoyo internacional obtenido, sea el diplomático, el de las sanciones o el de una intervención internacional efectiva.

El hecho de que esos objetivos no se han logrado concretar hasta ahora, al menos debería llamar la atención y obliga a un cambio de enfoque. A nuestro juicio, dos razones principales podrían explicar su erosión. De un lado, está el hecho de que fueron formulados sin reales fuerzas de respaldo, ni internas, ni externas y, del otro, porque de nuevo se subestimó al enemigo, interpretando y repitiendo que está más débil, cuando la realidad indica lo contrario. Por otra parte, no es muy seguro que el descontento con el gobierno realmente se transforme en automático apoyo a la oposición.

La lectura del recién publicado “Pacto Unitario” indica que tiene las mismas ideas y consignas que no han dado resultados. El respaldo anunciado de una gran variedad de partidos políticos y de un sin número de organizaciones civiles revela el clásico expediente de mostrar la formalidad de respaldo de una mayoría. La postura de principio, de rechazar de plano la participación en el proceso electoral, que sabemos amañado, inhibe plenamente la acción politica y la movilización. Si las elecciones son una oportunidad “movilizadora” para cambiar, tanto como se pueda las reglas impuestas por el gobierno y se logra obtener sustantivo apoyo internacional, entonces, se abre una ventana que no se puede rechazar de entrada.

Romper con el dilema “votar o no votar” ya es un paso adelante y positivo y podría entenderse como un primer paso para diseñar un nuevo paradigma de la oposición. Podría ser que, por ese camino, se levante una consigna que restaure la Unidad. Razón daré a quien propugne el regreso a lo político, a la politica, quiere decir a acercarse a esa gran mayoría desatendida, por gobierno y oposición, a ir a la calle con un discurso que se salga del tema electoral y la diatriba politica y se dedique a la conquista de una mayoría que está a la espera de un verdadero cambio. De un proyecto de sociedad convincente para todos los venezolanos. No excluyente.

Como alguien cercano me ha dicho:[2] hay tres tipos de políticos, el “mago”, el “pastor” y el “tejedor” y la diferencia entre los tres está en que el primero juega a un momento mágico, el segundo al apostolado y el tercero a “tejer” una nueva politica. Me quedo con este y para ello siempre recuerdo una anécdota reveladora: Larrazábal y Betancourt en 1958. El primero con las características del primero, el segundo como el tercero. Rómulo se fue a la calle, conquistó a la gente, presentó un proyecto de sociedad, consolidó su partido y ganó las elecciones. Ahora, en verdad, quizás estamos esperando que aparezca un “tejedor” que tenga la posibilidad de cambiar el paradigma y logre el cambio que todos esperan.

[1] Aparentemente el reciente plan presentado por PDVSA pareciera reconocer la necesidad de cambiar.

[2] “La politica como arte del buen tejer” Blog de Javier Seoane.28/8/2020

 6 min


Jesús Seguías

1. De las 5 mega crisis que conmueven al país, la económica es la más grave, pues esta influye determinantemente en la crisis de los servicios públicos, en la crisis social y en la crisis emocional de los venezolanos. Y, obviamente, el origen de todas ellas es la crisis política. Nadie lo discute. Y la oposición está de acuerdo.

2. Pero hoy la misión de los políticos venezolanos es similar a la de un cardiólogo. Cuando alguien sufre un infarto, la misión de los médicos es evitar que el paciente muera, se dedican a salvarlo para luego luchar por su pronta recuperación. Jamás se les ocurriría desatender al paciente, para darle prioridad a confrontarlo y reclamarle los desórdenes alimenticios que provocaron el infarto. Sería una locura.

3. La crisis económica se ha convertido en la tarea más urgente para los políticos de oficio en Venezuela. Eso es lo que exige la mayoría absoluta de los venezolanos. De hecho, el 80% de quienes han abandonado al país lo han hecho por razones económicas y buscando mejorar su calidad de vida. Apenas 6% se ha ido por razones políticas.

4. Creo que ya es hora de decir algunas cosas. Inexplicablemente, el respeto y estímulo al sector productivo privado por parte del gobierno jamás fueron exigencias relevantes en todas las mesas de negociaciones que han ocurrido entre el gobierno y la oposición.

5. Evitar la destrucción del aparato productivo de la nación no ha importado seriamente a los políticos, ni a los del gobierno ni a los de la oposición.

6. El foco de discusión entre ambos bloques ha sido siempre la disputa por el poder político. Y lo más insólito es que el mismo sector empresarial (especialmente sus gremios) tampoco le han exigido a los políticos un compromiso sólido al respecto.

7. Es momento de darle a la economía la prioridad que merece, pues de ello depende que Venezuela salga a flote de nuevo y que se detenga el sufrimiento extremo de los venezolanos.

8. Venezuela desde hace rato está fuera del marco tolerable que caracteriza a una sociedad funcional, por más problemas que ésta tenga. El país ya está al borde de convertirse en la sociedad distópica que nadie quiere.

9. El gobierno de Nicolás Maduro, por su parte, tiene la obligación de dar un viraje a sus políticas económicas. Y la oposición debe exigirlo. Y eso no es nada difícil. El desarrollo de la crisis facilita en este momento algunas medidas que hasta hace poco eran tabú en Venezuela.

10. Lo primero que hay que hacer es pasar directo a la economía capitalista, sin complejos de carácter político. Los chinos se lo han dicho de mil maneras a Maduro (en público y en privado, en voz alta y en susurros): “Sólo el capitalismo puede salvar al socialismo de una debacle. Actúen rápido”. Punto.

11. El chavismo, en términos generales, está totalmente ganado para este viraje. Todos saben que la “economía socialista” ha sido uno de los mayores fiascos en la historia de la humanidad. Y deben corregirlo.

12. También están claros que los inversionistas privados (los únicos que pueden recuperar la economía venezolana) exigen -como condición innegociable para traer sus capitales- absoluta paz social y política, un nuevo marco jurídico, y un gobierno que lo respete a cabalidad.

13. En este sentido, es necesario dar pasos relevantes y de alto impacto para facilitar las condiciones que pongan fin a la confrontación política extrema en el país. Es todo lo contrario a al juego duro que se viene aplicando.

14. Otro paso que ayudará a generar confianza es retornar a sus propietarios la mayoría de las empresas, bienes, tierras expropiadas en las últimas dos décadas. También hay que privatizar muchos servicios que el estado no está en capacidad de asumir. Es necesario eliminar el subsidio a la gasolina (nadie se opondría hoy día, con tal haya suministro) y terminar de convertir al dólar en una moneda de libre circulación sin obstáculos estatales.

15. Esas son algunas de las medidas que ameritan el consenso de todas las fuerzas políticas. Eso permitirá detener la crisis económica y comenzar la reconstrucción de la nación.

16. Es un pésimo error creer (y estimular) que mientras más sufran los venezolanos más nos aproximaremos a un cambio. Además de la crueldad que conlleva esa estrategia, denota incompetencia política. Celebrar el sufrimiento de la gente porque eso puede generarnos réditos políticos es una manera bastarda de hacer política.

17. En cambio, comenzar a resolver la crisis económica, independientemente del desenlace político, mejorará la calidad de vida de los venezolanos (eso sí es un éxito político para quien lo propicie), congelará el éxodo, y permitirá el retorno de millones de los que deambulan por el mundo.

18. Por tanto, si está descartada (por inviable) la ruta insurreccional y militar, no queda más alternativa que retomar la única ruta que ha brindado éxitos (aunque sean parciales) a la oposición: la ruta electoral.

19. Así las cosas, es obvio que a la oposición le conviene el retorno de millones de electores cautivos que se fueron a la diáspora, y cuya ausencia ha sido una de sus mayores debilidades en los últimos procesos electorales. Inclusive, pesa más que las trampas del CNE.

20. Dicho de otra manera, la crisis económica, lejos de traer beneficios políticos, es altamente dañina para la oposición.

21. Conclusión lógica: hay que salir del atolladero económico con urgencia. Y esa debe ser, junto a condiciones electorales transparentes, la mayor carta de negociación ante el gobierno. Pueden comenzar por la gasolina… ¿Se atreverán los políticos todos a dar ese viraje? Venezuela observa.

Mañana: análisis sobre el nuevo destino de la oposición venezolana.

*Jesús Seguías es presidente de Datincorp. Consultor político.

 4 min


Humberto García Larralde

Estamos presenciando el fallecimiento de la Venezuela moderna. Se encuentra en fase avanzada, con niveles de miseria, hambre, muerte y desolación que nos retrotrae al siglo XIX. No es producto de un cataclismo externo, imprevisible, sino de una conducta deliberada, en contra de los intereses de la mayoría de los venezolanos, por parte de quienes manejan las palancas del Estado. Sus aciagos efectos han sido alertados reiteradamente y se les ha exhortado rectificar sus políticas. Pero no, los que están en el poder se atrincheran aún más en torno a la depredación de lo que todavía queda, sin importarles la ruina de los que, cínicamente, afirman defender. Son los verdugos de Venezuela, beneficiarios aventajados de un régimen de expoliación de la riqueza social, disfrazado de “revolución”.

En una entrega anterior reseñé, muy brevemente, el pilar central de este régimen de expoliación: una cúpula militar podrida que depreda los recursos de la nación, imponiéndose, con las armas, sobre el tejido social. En este escrito examinaré –también de manera muy sucinta—el complemento obligado a tal arreglo, el que le da cohesión y sirve de argamasa para evitar que implosione por el desbordamiento de las apetencias de poder y riqueza. Es el conformado por aquellos que ocupan posiciones de jefatura en el gobierno, los que, afanosamente, se autoproclaman “revolucionarios”: Maduro, los Rodríguez, El Aissami y su cohorte de depredadores. Para muchos, formados en la cultura de la Guerra Fría, se trata de comunistas o castrocomunistas, enemigos del mundo libre. Prefiero un término que no le atribuya tan trascendentes propósitos –así sean negativos—y designarlos, simplemente, como agentes cubanos.

La retórica comunistoide del chavismo corresponde con tales propósitos. Posiblemente algunos todavía se la crean. Pero no es un proyecto ideológico lo que los anima. Es la imposición de una arquitectura de dominación, perfeccionada a través de los años por la gerontocracia cubana, sin la cual el régimen de expoliación puede venirse abajo. Es decir, la permanencia de Maduro al frente del gobierno (como usurpador) y de sus ministros civiles, gobernadores y demás autoridades, amparados por las armas de militares corruptos --cómplices de la expoliación del país--, se la debemos a la “desinteresada” ayuda de los dirigentes cubanos, los primeros chicharrones en el despojo nacional. Esta denominación incluye a personeros como Diosdado Cabello y Pedro Carreño, carentes de todo pedigrí “revolucionario”. Hasta el pelmazo de Arreaza, cuya única credencial conocida es el de exyerno de Chávez, cabe en esta designación. Como gustan afirmar los marxistas, “objetivamente” actúan como agentes cubanos.

Si no comparten un proyecto revolucionario de sociedad, ¿qué explica su participación concertada en la destrucción de la nación? Claramente, como en el caso de la cúpula militar corrupta, es su interés como usufructuarios privilegiados del régimen de expoliación instalado. A cada uno de los jerarcas se les asocia con fortunas mal habidas: Maduro, con los negocios a través de los “Claps” y otros encargados a Alec Saab, amén del amparo a sus “narco-sobrinos”; a El Aissami, se le vincula con prolijas cuentas en el extranjero; al estilo de vida del camarada “Louis Vuitton” Carreño se le ven las costuras; y de Diosdado, ¡ni se diga! Y es que la demolición de la institucionalidad del Estado de Derecho, que antes resguardaba a la nación contra el pillaje, ha sido el verdadero propósito de esta “revolución”. Pero la incorporación de militares corruptos para asegurar su viabilidad es de factura cubana. Se inspira en el Grupo de Administración de Empresa, S.A. (GAESA), bajo conducción del yerno de Raúl Castro, que ha encumbrado a una casta militar sobre la economía antillana. Son los verdaderos propietarios de esa particular Revolución, devenida en tiranía.

La distinción venezolana está en que ese andamiaje se integra a partir de una FF.AA. descompuesta. No obstante, el régimen de expoliación instaurado apela a los mismos mitos que les han servido a sus tutores cubanos. Venezuela estaría, también, en la vanguardia de la lucha antiimperialista por la “liberación de los pueblos”, lo cual obliga a centralizar el poder en manos “revolucionarias” y a desmontar todo obstáculo –el imperio de la ley y de los derechos humanos—que se interfieran con tan “nobles” propósitos. Las fortunas acumuladas son la justa remuneración a su sacrificio como conductores del proceso. Con tal burbuja ideológica, se encubren los desmanes cometidos; lava conciencias. El imperio, buscando, como siempre, cogerse a Venezuela, persigue y acosa a estos patriotas “revolucionarios”.

El problema para la “dirección civil” --para llamarlo de una manera-- del régimen de expoliación, es que este relato tiene cada vez menos credibilidad. El estricto control del castrismo sobre la vida de los cubanos durante seis décadas hizo que allá tuviesen que calarse ese discurso a juro. Ello no es así para Maduro y sus socios. Su permanencia en el poder exige ceder crecientes tajadas del despojo nacional a “aliados” que puedan socorrerlo. Así, el saqueo mineral de Guayana es inconcebible sin la presencia del ELN colombiano y de otras bandas criminales, amén de la venta de oro, a escondidas, a Turquía o Irán; lo que queda del negocio petrolero obliga a entregar parcelas cruciales a Irán y a Rusia, “amigos desinteresados” de Venezuela; el tinglado de complicidades armado por Saab para darle oxígeno a Maduro todavía se desconoce, pero pronto se sabrá. En las ciudades, la impronta del hampa y de los colectivos en la extorsión y robo de los venezolanos --cuando no de los cuerpos represivos como la FAES--, desdibujan todo sentido de gobierno. Y, en todas estas instancias, participan militares corruptos, socios obligados mientras pueden hacer uso de su dominio de las armas.

Maduro y su combo son los pararrayos de esta orquestación, su cabeza visible. Su tabla de salvación ha sido apegarse al recetario cubano, con la esperanza de bañarse en el justificativo revolucionario –David contra Goliat-- que ha amparado la gerontocracia antillana. En realidad, Maduro, los Rodríguez y quienes aprendieron el discurso, representan los despojos de una ilusión que, en boca de un demagogo irresponsable y narcisista, engatusó al pueblo con promesas de redención. Pero se agotó. Han cambiado sus referentes. No se expresan, ahora, en un “socialismo de siglo XXI” incontaminado, porque nadie sabía en qué consistía, sino en el timón del Titanic, tripulado por organizaciones mafiosas que no tienen prurito alguno en revelar su verdadera naturaleza.

De ahí que Maduro ni siquiera intenta ya una semblanza democrática. Convoca unos comicios –que no elecciones, porque no hay oportunidad real de elegir— burdamente amañados, para asegurarse una Asamblea Nacional a su medida. Pone en tres y dos a las fuerzas democráticas, agotadas por no haber logrado el desplazamiento del usurpador y por las peleas internas, con la clara intención de aplastarlas. Participar o no en esta farsa parece plantear una disyuntiva perder-perder: está diseñada para impedir la expresión auténtica de la voluntad popular y a provocar su rechazo; así, asegura una mayoría para la nueva Asamblea Nacional, por forfait. Como se viene insistiendo, la mera abstención no es respuesta.

La comunidad democrática internacional ha desconocido la legitimidad de estos comicios. Como quiera que por imperativo constitucional deben realizarse, es menester apoyarse en este desconocimiento para exigir condiciones aceptables. Entre otras cosas, debe postergarse su realización por la expansión de la pandemia: realizar concentraciones públicas y convocar la gente a votar estimula su contagio. Con condiciones apropiadas, debe reabrirse el proceso de postulación de candidatos. Tales elementos deben ser centrales a la consulta que piensan realizar las fuerzas democráticas agrupadas en torno a Guaidó. El fascismo no convoca a una contienda democrática, sino a una trampa que les permitirá descabezar al liderazgo democrático para seguir depredando al moribundo país. La idea de postergar el mandato de la Asamblea actual como respuesta, en última instancia, nos despoja del fundamental argumento de la legitimidad del mandato, conforme a la constitución. Es ahí donde debe intentarse que se plantee la lucha; en la legitimidad de una elección para que la Asamblea electa exprese, de verdad, la voluntad popular, democrática. El pueblo tiene que conquistar el instrumento, por excelencia, para salir de este horror. Que no quepa dudas: mientras continúe Maduro en el poder, la situación empeorará.

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela.

humgarl@gmail.com

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Antonio Di Giampaolo

BIOTERRORISMO Y DIÁSPORA (113)

Los flujos migratorios más activos corresponden a los desplazamientos en el mar mediterráneo y a la diáspora venezolana. Aunque hay otros movimientos de menor intensidad sin duda uno de los que la pandemia no ha logrado contener es el relativo a Venezuela. En torno a los ciudadanos que han vuelto al país, en especial en el marco de la pandemia, inicialmente el gobierno argumentó que la vuelta a la patria se explicaba como el retorno de connacionales que huían de la xenofobia y la discriminación y que volvían al país en búsqueda de cobijo y atención.

Ya a finales del año pasado el Banco Mundial calificaba el éxodo venezolano como “ el desplazamiento de personas vulnerables más numeroso y más rápido del mundo después de la crisis siria y sin precedentes en la historia de la región”. La plataforma de coordinación interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela integrada a instancias de la ONU por ACNUR y la OIM además de la Cruz Roja Internacional y un conjunto de ONG y agencias y dependencias gubernamentales de países de la región documenta que más de cinco millones ciento ochenta mil venezolanos están radicados en diversos países del mundo aunque aproximadamente la mitad se encuentra concentrada en Latinoamérica y en particular en Colombia, Perú, Ecuador, Brasil, Chile y Argentina.

El desarrollo de la pandemia y el efecto de la Covid-19 sobre las economías de la región ha provocado el regreso de unas cien mil personas a través de los pasos fronterizos del Zulia, Táchira y Apure con Colombia y en menor grado con Brasil a través de Santa Elena de Uairén. Solo a través del Puente Simón Bolívar entre Cúcuta y San Antonio se habilita el transito interdiario de 300 personas que son retenidas en refugio o albergues sanitarios para el cumplimiento de la cuarentena. También han sido autorizados varios vuelos humanitarios, pero siguen pendientes grupos de ciudadanos en Estados Unidos, Panamá y España, entre otros países.

Las estadísticas oficiales registran más de cincuenta mil personas contagiadas y medio millar de fallecidas, aunque las cifras podrían ser superiores debido a las limitaciones en cuanto a la cantidad, centralización y rezago en los diagnósticos de las pruebas de PCR. En el país la discordia surgió también a propósito de la diáspora. Inicialmente el reporte de la Covid-19 asociaba el incremento diario de casos a la llegada de personas a través de la frontera. Ciertamente hay un número indeterminado de venezolanos que han regresado al país atravesando senderos y trochas en el área fronteriza con la finalidad de evadir los controles migratorios y epidemiológicos, muchos de ellos alentados por la victimización de la que han sido objeto los migrantes señalados como una suerte de “bioterroristas”. Hay quienes desgraciadamente terminan padeciendo no solo la enfermedad sino la estigmatización. Con el correr del tiempo los contagios comunitarios son la causa de la expansión de la pandemia. En todo caso el saldo del flujo migratorio sigue siendo deficitario para Venezuela.

¡Amanecerá y veremos!

@ADIGIAMPAOLO

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Eddie A. Ramírez S.

La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó en el 2007 que se celebre cada 15 de septiembre el Día Internacional de la Democracia. Esa decisión derivó de la Declaración Universal de la Democracia aprobada en El Cairo por la Unión Interparlamentaria en 1997.

Como es sabido, realizar elecciones libres es un requisito necesario, pero no suficiente, para que haya democracia. Esta exige que haya justicia, libertad, igualdad, tolerancia y respeto a las minorías. Como decía Tocqueville, la democracia requiere que los individuos se conviertan en ciudadanos que participen en asuntos de la colectividad, con derechos, pero también con deberes. Churchill afirmaba que la democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás. Cabe preguntarnos si los venezolanos somos demócratas o si solo hablamos de democracia cuando logramos imponer nuestros puntos de vista.

Ante la convocatoria a votar el 6D cabe recordar que el Artículo 21 de la Declaración Universal de Derechos Humanos aprobada en 1948 establece que “1- Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos. 2. Toda persona tiene el derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país. 3. La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igualdad de condiciones y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto”. ¿Se cumplen estas condiciones?

Por su parte el Consejo Interparlamentario de la Unión Interparlamentaria (UIP) aprobó en 1994 la Declaración sobre los criterios para elecciones libres y justas, ratificada por todos los miembros en 1997, las cuales se mencionan en los siguientes puntos, cada uno de los cuales está detallado: 1- Elecciones libres y justas. 2- Derechos relativos al voto y a la elección. 3- Derechos y responsabilidades relativos a la campaña y 4- Derechos y responsabilidades de los Estados.

Ante la farsa electoral convocada, por ahora, para el 6D, caben varias opciones: 1- Rebelión cívica para impedirla. 2- Acudir a votar conscientes de que nos asaltarán y 3- Negarnos a avalar la farsa.

Un buen ejemplo de la primera opción fue la rebelión cívica realizada por el pacífico pueblo costarricense en 1889, cuando con palos y machetes impidieron el 7 de noviembre el fraude gubernamental contra José J. Rodríguez. Los democráticos ticos celebran esa fecha como el Día de la Democracia. Desde luego la rebelión tuvo éxito porque quienes estaban en el gobierno no eran una pandilla de facinerosos y cedieron ante la exigencia del pueblo.

Acudir a votar nos convertiría en cómplices necesarios del asalto, sea por ingenuidad del votante común o por algún beneficio económico para los políticos que quieren avalar la farsa.

Negarnos a convalidar el asalto es la opción de los ciudadanos conscientes de sus deberes y derechos que no aceptan ser cómplices del despojo. No es una posición pasiva, sino cívica en respaldo a los principios y valores de la democracia. Tampoco es negarnos a votar per secula seculorum, sino seguir presionando para que se postergue la elección hasta que cumpla con las condiciones establecidas por el mundo democrático. Por otra parte, nuestra dirigencia debe evaluar cuidadosamente otras acciones como la del plebiscito vinculante en tiempos de Covid 19 y de otros obstáculos. El mismo se justifica pero, como dice el distinguido columnista Fernando Rodríguez, tengamos cuidado de no enredar más la situación, aunque si finalmente se decide realizarlo, lo apoyaremos.

Hoy, Día Internacional de la Democracia, reflexionemos sobre nuestros errores, pero no decaigamos en la lucha por nuestros derechos y tomemos una dosis fuerte de tolerancia entre los verdaderos opositores.

Como (había) en botica:

Felicitaciones a Acción Democrática por su aniversario.

En relación al Proyecto de Ley de Hidrocarburos nuestros diputados están conscientes de que para recuperar nuestra industria petrolera hay que atraer inversiones y que el sector privado debe jugar un importante papel. Sugerimos revisar la propuesta de conformación de la directiva de la Agencia Venezolana de Hidrocarburos para garantizar independencia y menor injerencia política en el negocio.

Excelente el libro Castrochavismo Internacional, con artículos de distinguidos especialistas, editado por María Teresa Romero y conclusiones de Fernando Gerbasi. También recomendamos el libro de nuestro compañero de Gente del Petróleo y de Unapetrol Emilio Venuti ¡Bienvenidos al futuro!, una visión, gerencia y acción para transformar a Venezuela.

Lamentamos el fallecimiento de Ricardo Borjas de Gente del Petróleo y Unapetrol, así como de Rafael Strauss, distinguido gerente de la Pdvsa meritocrática.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Jesús Castillo M.

La Cuenca del Lago de Valencia o Los Tacariguas es una unidad hidrográfica de carácter endorreico que posee una extensión 3.450 kilómetros cuadrados (0,3 % del territorio), es la segunda cuencas más importante del país, después del Lago de Maracaibo. Concentra el 13 % de la población de la región Central, es decir unos 4.750.000 habitantes según el último censo de población y vivienda, alberga el 30% de las industrias manufactureras, el 3 % de los suelos con vocación agrícola, con una alta biodiversidad.

Por otra parte, dentro de la cuenca existen tres Áreas Bajo Régimen de Administración Especial (ABRAE), el Parque San Esteban con 44.050 hectáreas, el Parque Henry Pittier con 107.800 hectáreas y el monumento natural Pico Codazzi con 11.850 hectáreas respectivamente; en este amplio territorio se encuentra el Lago de Valencia o los Tacariguas cuyo espejo de agua en la actualidad es de 460 kilómetros cuadrados. Así mismo este importante reservorio de agua es compartido por dos entidades federales: Aragua y Carabobo, teniendo influencia en once (11) municipios del primero y nueve (9) del segundo respectivamente por formar parte de sus planicies aluvionales.

Durante 1975 y 1980 fueron construidas muchas urbanizaciones en terrazas cuyas cotas oscilaban entre los 410 y 415 metros sobre el nivel del mar (msnm). Para esa época el nivel del lago era de 401 msnm; el cual fue en aumento progresivo, pasando por las cotas 408 en 1999, 410 en 2005 hasta alcanzar 412 en 2011, obligando a muchas familias desalojar sus viviendas a consecuencia de la inundación producto del incremento del nivel del lago.

El origen de este problema estuvo en la expansión urbano-industrial hacia las zonas no aptas para tales fines, contradiciendo los principios básicos del ordenamiento territorial, en particular en áreas como cuencas cerradas. Por otra parte el incremento en el uso urbano-industrial de las tierras planas de la cuenca está estrechamente ligado a lo antes señalado toda vez que el estado Venezolano desde 1980 hasta la fecha ha estimulado la ocupación desordenada del territorio de la cuenca, principalmente en sus áreas planas, incidiendo en el aumento descontrolado de sus efluentes urbanos e industriales que unido al aporte de sus 22 ríos que tributan sus caudales de agua al lago, mas el aporte de agua derivado desde la cuenca del Pao-Cachinche, localizada en el vecino estado Cojedes, cuya importación para el año 1983 era de 7 metros cúbicos/segundo y para el año 2011 está por encima de los 16, es decir en tan solo tres décadas los planificadores del desarrollo urbano-industrial de este ecosistema estimularon más del 100% el abastecimiento de agua para tales fines, sin considerar las consecuencias negativas que tal decisión traería para la gente que hoy vive un drama humano impresionante.

Las comunidades de la Punta, Mata Redonda ,El Aguacatal I y II del Municipio Girardot, así como Paraparal en el Municipio Francisco linares Alcatara esperan desde el año 2007 por el cumplimiento de una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia que ordena al estado Venezolano indemnizar a más de 4000 familias que aún viven en condiciones insalubres cohabitando con las aguas residuales que regresan por sus inodoros por el colapso de sistema cloacal a consecuencia del crecimiento del lago.

…Maritza Perdomo , habitante de la Urbanización La Punta comenta que ha perdido la cuenta de las innumerables diligencias que ha realizado para obtener una respuesta de la autoridad y en muchas ocasiones tanto a ella como a sus vecinos no les atienden,…No queremos ir a refugios esa no es la solución, desde el año 2008 permanecen familias en la Escuela Olinto Mora Márquez de Campo Alegre, quienes creyeron en la oferta de que si se iban a un refugio les darían una vivienda, terminó siendo eso un engaño, muchos hasta ya han fallecido esperando solución, aquí seguimos , nuestra salud cada día se deteriora padecemos de enfermedades de la piel, respiratorias, para completar ya el servicio de aseo tampoco funciona, el agua tenemos que cómprala porque dudamos de las que viene de las tuberías cuando viene…. Prosiguió diciendo… No es justo, estas casas representan el sueño de una familia, quienes compramos hace más de 25 años invertimos nuestro patrimonio, aquí crecieron nuestros hijos, fue un proyecto d familia. Quien pudiera pensar que nuestras casas y nuestras vida a esta edad ya no valen, llegamos a la tercera edad y nos toca continuar luchando a ver si al menos logramos vivir decentemente lo que nos queda de vida.

Por su parte Pedro García un pequeño comerciante del Barrio el Aguacatal II manifiesta su frustración por las condiciones en que viven,…. He tenido que mudarme al segundo piso de mi casa junto a mis dos hijos y esposa, si abandono la casa me la desvalijan y en la gobernación me dicen que me sacan de lista de los beneficiarios, no entiendo aquí han venido comisionados, representantes de todas las esferas del gobierno y todavía no tenemos respuestas. Queremos que nos den al menos una vivienda digna o nos paguen. El gobierno a través de PDVSA construyo un muro para detener el avance del agua del lago, eso fue peor ahora nuestra comunidad quedo como un tanque y dependemos de una bomba para achicar las aguas negras, muchas veces se paraliza porque no llega el combustible o se daña y las aguas negras alcanzan hasta 80 centímetros de altura.

El derecho humano al saneamiento significa que toda persona, sin ningún tipo de discriminación,

debe tener acceso físico y económico a servicios de saneamiento, en todas las esferas de la vida,

que sea seguro, higiénico, aceptable social y culturalmente, que proporcione privacidad y asegure la dignidad.

aguasinfronteras@gmail.com

Amnistía Internacional

https://www.amnistia.org/ve/blog/2020/09/16425/revista-desca

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