Pasar al contenido principal

Opinión

Jesús Elorza G.

Me encontraba plácidamente desayunando en mi casa, cuando mi hijo de ocho años se acercó a mi para pedirme que lo ayudara con la tarea que le habían asignado en su clase virtual . Si como no, fue mi respuesta inmediata. ¿Dime cual es la tarea?.

Me piden que explique en mis propias palabras que es la PAZ.

-Esa pregunta, me traslado mentalmente a mi época de estudiante, en la década de los años sesenta cuando el movimiento hippie hacia furor en todo el mundo y la consigna principal de aquel momento era "Amor y Paz". Largas melenas, pantalones bota anchas, sandalias y franelones eran la pinta del momento. También, participábamos de largas discusiones grupales sobre la Paz. Normalmente el concepto predominante era la relación entre la Paz y las libertades individuales. Pero, con el paso del tiempo comencé a ver que el concepto de Paz era mas complejo de lo que había pensado.

La guerra de Vietnam impulso un movimiento mundial por la Paz, las huelgas de los trabajadores sacó a la luz el concepto de la Paz Social, la confrontación militar entre países dio paso a la confrontación política por el logro de Acuerdos de Paz, las diferentes dictaduras que existían en el mundo eran acusadas de poner en práctica la Paz de los Sepulcros dando paso a escuadrones de la muerte para acallar las voces opositoras, en las misas una expresión de fe era: “la Paz este contigo”, en el plano personal se usa el termino Paz Interior, Descansa en Paz es una expresión o sentimiento para despedir u honrar a un difunto y en reconocimientos mundiales está el Premio Nobel de la Paz y el termino mas contradictorio es el referido a la Paz Armada.

Ya casado, mi esposa se incorporó, convencida por una de sus amigas, a la práctica del Yoga. A partir de ese momento, la expresión "Oooommmmm" y las posiciones de "Loto" se hicieron parte de la cotidianidad de nuestro hogar. Sin embargo, mi esposa al salir de esa burbuja de tranquilidad generada por la practica yogista, se encontraba con la realidad del día a día y al ver su salario progresivamente devaluado por la hiperinflación, la escasez de gasolina, gas, agua y alimentos surgía de su interior un grito de indignación y arrechera "Coño, hasta cuando va a durar esta vaina"

Todo aquello, me llevo a establecer como definición que Paz es un estado a nivel personal o social de estabilidad y equilibrio, contraria a la guerra y la violencia. Pero, inmediatamente surgieron en mí nuevas interrogantes: ¿Puede alcanzarse un estado de Paz Interior ante la presencia de violaciones de los Derechos Humanos? ¿Alcanzar un estado de tranquilidad personal es posible con la existencia de guerras y genocidios en el mundo? ¿Se puede vivir en Paz como persona cuando estas rodeados de conflictividad social?

Esas y muchas otras interrogantes me llevaron finalmente a sostener que la Paz es un laberinto, el cual el ser humano debe transitar enfrentando de manera permanente las contradicciones sociales que se oponen al logro de una Paz Interior. Un estado individual de calma y tranquilidad necesariamente pasa por un estado de Paz Social. La paz no sólo significa ausencia de guerra, sino que implica tener un entorno libre de toda forma de violencia.

Ahora, sé que mi hijo buscará en Google la información sobre el tema asignado y me corresponderá orientarlo en relación a la Paz como un concepto de tranquilidad interna de un individuo y su relación multidimensional con el entorno social y esperar despertar en el las interrogantes sobre las tensiones que pueden generarse. Hacerle ver, en lo posible, que la Paz es una búsqueda permanente del ser humano.

 2 min


Humberto García Larralde

La cúpula militar

En un artículo recién, argumentaba que Venezuela se debatía entre la vida y la muerte. La drástica contracción de sus actividades productivas se traduce en niveles de hambre y miseria que no se veían desde que comenzó la era petrolera. Se trata de la peor tragedia sufrida por una población que no esté en guerra, materializada en apenas siete años. No ha sido fruto del azar, ni de terribles desastres naturales, sino de un régimen de expoliación articulado, bajo el chavismo, en torno al poder. Tiene, por tanto, sus responsables. Son los que, desde el Estado, han venido tomando medidas altamente perjudiciales para los venezolanos, amparados en una retórica “socialista”. Son los verdugos de Venezuela, los causantes de su aciago camino hacia su desaparición como país viable. No pueden excusarse por ignorancia, porque no sabían o no se daban cuenta de las secuelas de su accionar pues, desde hace años, se les viene alertando acerca de estas consecuencias. Lamentablemente, ha privado su afán de lucro, no el interés por evitar sufrimientos a la población.

Este artículo inicia una breve serie sobre estos verdugos. Por razones obvias, se comienza con la cúpula militar. Sin la represión abierta o solapada, a través de mecanismos de terror desplegados, y sin el miedo inducido en una población mayoritariamente opuesta al régimen, no sería posible que Maduro estuviese todavía en el poder. Estos militares son los principales culpables de la tragedia urdida sobre el país.

¿Por qué renegaron tan vilmente de sus paisanos, de su patria y traicionaron abiertamente a la nación?

Desde que comenzó a gobernar, Chávez fue colocando a militares en cargos importantes, con poca o nula supervisión, a la par que desmantelaba el Estado de Derecho. Alimentaba su ego, alabándolos como herederos de Bolívar. Dejó a su arbitrio el manejo de ingentes recursos, haciéndose la vista gorda. Pero se cuidó de tomar nota de los manejos irregulares, para poder cobrar eventuales deslealtades en el futuro. Creó, así, una red de complicidades en torno a su persona. El llamado programa Bolívar 2000 y las notorias corruptelas asociadas con el Centro Azucarero Ezequiel Zamora (CAEZ), vienen a la mente. A esto se añaden las oportunidades inusitadas para la extorsión proporcionadas por el custodio de fronteras, puertos, aeropuertos y alcabalas por parte de la Guardia Nacional y de otros componentes de la Fuerza, y la inspección de cuántas actividades del sector privado se les ocurriesen, sin mencionar el contrabando de gasolina y de productos regulados, en complicidad con otros funcionarios.

Nicolás Maduro, bajo tutoría cubana, auspició todavía más estas prácticas depredadoras. Hoy, la Fuerza Armada es dueña de astilleros, instituciones financieras y de seguros, televisoras, empresas agrícolas, de alimentos y de bebidas, construcción, ensamblaje de vehículos, transporte, armamento y de minería (Camimpeg), entre otras. Adicionalmente, está al frente de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), que controla las empresas básicas de esa región, y de las empresas públicas como Edelca, Enelven Corpoelec, Minerven y Pequiven. A finales de 2016, Maduro puso frente a PdVSA un general sin previa experiencia en el campo[1]. Bajo su gestión, la producción de la empresa se redujo en un 80%, reflejo de la danza de irregularidades con las que se viene depredando a la renta petrolera.

Según Impacto CNA (Citizen News Agency), para 2018 los militares controlarían no menos del 70% de la economía venezolana[2]. Por su parte, el portal Armando.info, que cruzó datos referentes al registro nacional de contratistas, con la nómina de la alta oficialidad de la FF.AA., encontró que, “al menos 785 oficiales activos” estaban al frente de empresas de construcción, servicios de seguridad, suministros médicos, alimentos, transporte, comerciales, informática y más, que contratan con el Estado[3]. Con la Gran Misión Abastecimiento Soberano, los militares monopolizan la importación y distribución de alimentos y medicamentos esenciales. Actualmente, controlan, además, el racionamiento de la gasolina. En todas estas responsabilidades, además de una buena tajada, han tenido manejo discrecional de los dólares provenientes de la exportación petrolera y minera[4]. Por último, es notorio el señalamiento, por parte de la DEA (Drug Enforcement Administration) de EE.UU., de altos oficiales venezolanos implicados en narcotráfico. Su defensa desembozada por parte de Maduro, así como de altos oficiales señalados de estar incursos en violaciones de derechos humanos, y su frecuente premiación con altos cargos de gobierno, afianzan la complicidad de muchos altos oficiales con el sistema de expoliación instaurado.

Estas “aficiones” han destruido a la institución de la FF.AA. como tal. Torcieron sus valores corporativos, quebraron su disciplina y fomentaron adhesiones en torno a filones provechosos, sustituyendo la unidad de mando y de propósitos por una constelación de mafias en procura de particulares cotos de caza. Ello permea, lamentablemente, a distintos niveles, convirtiendo a la requisa arbitraria de Guardias Nacionales y de otros, en un cáncer que consume a la nación. La compra masiva de armamentos a Putin fue pasto de suculentas comisiones, que terminaron sometiendo a la fuerza a su influencia. Mientras, la tropa pasa hambre y carece de aprestos (por hurtos). Ahora, como socios del saqueo de minerales en Guayana, en alianza con el ELN y otras bandas criminales, militares corruptos se convierten en agentes de intereses económicos foráneos. Tal desdibujamiento institucional hace que Maduro se apoye cada vez más en bandas paramilitares –colectivos fascistas, FAES y grupos hamponiles—como expresiones del poder de Estado. ¡Triste papel para un cuerpo al que se le quiso insuflar orgullo como supuestos herederos de Bolívar! En este afán, la cúpula corrompida ha tenido que marginar, acosar y reprimir a centenares de oficiales y soldados honestos, muchos de los cuales languidecen en las mazmorras del régimen.

¿Acaso han expresado remordimiento Padrino López, Remigio Ceballos y demás integrantes del alto mando militar, verdugos principalísimos, no sólo del país, sino también de la institución a través de la cual accedieron a ocupar sus lucrativos cargos? ¿Qué pasa por la cabeza de Néstor Reverol, Benavides Torres, Hernández Dala, González López y de Zavarse Padrón, señalados como violadores de derechos humanos, torturadores y/o de narco terroristas? ¿Acaso no tienen familia? ¿Cómo concilian los horrores de los que son responsables, con el colgajo de charreteras que exhiben, pretenciosos, con sus uniformes de gala? ¿Medallas a qué? Pero las oportunidades de lucro acallan cualquier atisbo de conciencia, más cuando se dispone de una burbuja ideológica para encubrir crímenes y lavar años de descomposición moral y humana. A los constructores de esta burbuja ideológica dedicaremos la próxima entrega.

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela.

humgarl@gmail.com

 5 min


Yanis Varoufakis

El 12 de agosto sucedió algo extraordinario. Se dio a conocer la noticia de que, en los primeros siete meses de 2020, la economía del Reino Unido había sufrido su mayor contracción en la historia (una caída del ingreso nacional superior al 20%). La Bolsa de Londres reaccionó con un alza en el FTSE 100 de más del 2%. El mismo día, cuando Estados Unidos empezaba a parecerse a un estado fallido, no solamente a una economía en problemas, el S&P 500 alcanzó un pico sin precedentes.

Sin duda, los mercados financieros desde hace mucho tiempo han recompensado los resultados que aumentan la miseria. Las malas noticias para los trabajadores de una empresa –despidos planificados, por ejemplo- suelen ser una buena noticia para sus accionistas. Pero cuando las malas noticias afectaban a la mayoría de los trabajadores simultáneamente, los mercados bursátiles siempre caían, debido a la expectativa razonable de que, cuando la población se ajustara el cinturón, todo el ingreso, y por lo tanto las ganancias y dividendos promedio, se comprimirían. La lógica del capitalismo no era bonita, pero era comprensible.

Ya no más. No existe una lógica capitalista para los acontecimientos que culminaron el 12 de agosto. Por primera vez, una expectativa generalizada de menores ingresos y rentabilidad condujo a un frenesí de compra sostenido en Londres y Nueva York –o al menos no lo impidió-. Y esto no es porque los especuladores estén apostando a que las economías del Reino Unido y Estados Unidos hayan tocado fondo, haciendo que éste sea un gran momento para comprar acciones.

No, por primera vez en la historia, a los financistas no les importa en absoluto la economía real. Ven que el COVID-19 ha colocado al capitalismo en una animación suspendida. Ven cómo desaparecen los márgenes de ganancias. Ven el tsunami de pobreza y sus efectos de largo plazo en la demanda agregada. Y ven cómo la pandemia revela y refuerza las profundas divisiones clasistas y raciales preexistentes.

Los especuladores ven todo esto, pero lo consideran irrelevante. Y no se equivocan. Desde que el COVID-19 colisionó con la enorme burbuja que los gobiernos han venido utilizando para reflotar al sector financiero desde 2008, los mercados bursátiles en auge se volvieron compatibles con una implosión económica masiva. Fue un momento históricamente significativo, que marcó una transición sutil pero discernible del capitalismo a un tipo peculiar de post-capitalismo.

Pero comencemos por el principio.

Antes del capitalismo, la deuda aparecía al final del ciclo económico. En el feudalismo, lo primero era la producción. Los campesinos trabajaban los campos de los señores y la distribución venía luego de la cosecha, cuando el sheriff recolectaba la parte que le correspondía al señor. Parte de esta cuota luego se monetizaba cuando el señor la vendía. Recién entonces surgía la deuda, cuando el señor prestaba dinero a los prestatarios (muchas veces, inclusive, al rey).

El capitalismo revirtió el orden. Una vez que la mano de obra y la tierra se habían mercantilizado, la deuda era necesaria incluso antes de que comenzara la producción. Los capitalistas sin tierra tenían que endeudarse para rentar tierra, trabajadores y máquinas. Los términos de estos arriendos determinaban la distribución del ingreso. Recién ahí podía comenzar la producción, generando ingresos cuyo residual era la ganancia de los capitalistas. En consecuencia, la deuda alimentó la promesa temprana del capitalismo. Pero fue recién en la Segunda Revolución Industrial cuando el capitalismo pudo reformular el mundo a su imagen.

El electromagnetismo dio lugar a las primeras compañías en red, que producían de todo desde plantas de generación de energía y la grilla de electricidad hasta bombillas para cada habitación. Las colosales necesidades de financiamiento de estas empresas engendraron el megabanco, junto con una capacidad considerable para crear dinero de la nada. La aglomeración de megafirmas y megabancos creó una Tecnoestructura que usurpó mercados, instituciones democráticas y medios de comunicación, lo que primero derivó en los locos años veinte y luego en la crisis de 1929.

Desde 1933 hasta 1971, el capitalismo global estaba planificado centralmente bajo diferentes iteraciones del marco de gobernanza del Nuevo Trato, incluidos la economía en guerra y el sistema de Bretton Woods. Como ese marco fue arrasado a mediados de los años 1970, la Tecnoestructura, disfrazada de neoliberalismo, recuperó sus poderes. Luego vino un aluvión de “exuberancia irracional” al estilo de los años 1920, que culminó en la crisis financiera global de 2008.

Para reflotar el sistema financiero, los bancos centrales canalizaron olas de liquidez muy barata al sector financiero, a cambio de una austeridad fiscal universal que limitó el gasto de los hogares de bajos y medianos ingresos. Al no poder beneficiarse de los consumidores golpeados por la austeridad, los inversores pasaron a depender de las constantes inyecciones de liquidez de los bancos centrales –una adicción con efectos colaterales graves para el propio capitalismo.

Consideremos la siguiente reacción en cadena: el Banco Central Europeo otorga nueva liquidez al Deutsche Bank a un interés de casi cero. Para sacarle provecho, el Deutsche Bank debe prestar ese dinero, aunque no a la “pobre gente” cuyas circunstancias deterioradas han debilitado su capacidad de pago. Entonces, se la presta, por ejemplo, a Volkswagen, que ya está inundada de ahorros porque sus ejecutivos, por temor a una demanda insuficiente de nuevos autos eléctricos de alta calidad, pospusieron inversiones cruciales en nuevas tecnologías y empleos bien remunerados. Aunque los jefes de Volkswagen no necesitan el dinero extra, el Deutsche Bank les ofrece una tasa de interés tan baja que lo toman e inmediatamente lo usan para comprar acciones de Volkswagen. Naturalmente, el precio de la acción se dispara y, con él, los bonos de los ejecutivos de Volkswagen (que están asociados a la capitalización de mercado de la compañía).

De 2009 a 2020, estas prácticas ayudaron a desvincular los precios de las acciones de la economía real, lo que resultó en una zombificación corporativa generalizada. Así estaba el capitalismo cuando llegó el COVID-19. Al afectar el consumo y la producción al mismo tiempo, la pandemia obligó a los gobiernos a reemplazar los ingresos en un momento en que la economía real tenía la menor capacidad para invertir en la generación de riqueza no financiera. Como resultado de ello, se llamó a los bancos centrales a estimular de manera aún más grandiosa la burbuja de deuda que ya había zombificado a las corporaciones.

La pandemia ha reforzado aquello que ha venido minando los cimientos del capitalismo desde 2008: el vínculo entre ganancias y acumulación de capital. La crisis actual ha revelado una economía post-capitalista en la que los mercados de bienes y servicios reales ya no coordinan la toma de decisiones económicas, la Tecnoestructura actual (que incluye a las Grandes Tecnológicas y a Wall Street) manipula el comportamiento en una escala industrial y las demostraciones están excluidas de nuestras democracias.

31 de agosto 2020

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/covid19-and-postcapitalist-...

 5 min


Tulio Hernández

Al líder juvenil guaireño una jauría impaciente le ‘dio hasta con el tobo’. Para decirlo en habla popular.

¿Se acuerdan de Carlos Andrés Pérez? Es un ejemplo claro de lo que trataré de explicar a continuación. La tesis de que, desde que se aceleró la crisis de la democracia representativa, al menos en el bando de los demócratas venezolanos, padecemos de una enfermedad colectiva que bien podríamos llamar ‘liderofagia’.

Su síntoma mayor es la pulsión a devorar a los mismos líderes que primero encumbramos. Son tres momentos. Primero, el colectivo humano busca ansiosamente un salvador de la patria. Mejor decir, un héroe. En el sentido mitologico del término. Quizás un mago. Segundo, una vez que lo encuentra genera hacia él un enamoramiento también colectivo. Mejor, un delirio apasionado. A la manera adolescente. Una gran ilusion. Y, al final, tercero, cuando se comprueba que el Salvador no lo es tanto, que no responde de manera express a los requerimientos de las masas, que no saca del sombrero los conejos que todos aguardaban, pero que él tampoco se había encargado de aclarar que no sabía hacerlo.

Entonces la multitud instigada por unos adelantados con autocritas, lo saca de juego. Lo mata en el sentido freudiano. Como se mata al padre. Viviendo así el placer casi sensual de comerse, si es posible aún vivo, al objeto de ilusión de unos meses atrás.

Carlos Andrés Pérez suscitó pasiones profundas entre los venezolanos. Fue, a su manera, el primer gran líder de masas mediático del país. A partir de la campaña electoral de 1973, convocó multitudes que lo escucharon arrobadas. Saltó charcos. Se vistió con chaquetas cinéticas que a la mayoría agradaban. Movió los brazos como aspas frenéticas que concitaron aplausos y suspiros magnéticos.

Nacionalizó el petróleo y el hierro; creó Fundayacucho, el pleno empleo, la Gran Venezuela. Y luego, exactamente veinte años después, cayó en desgracia en medio de su segunda presidencia. El colectivo lo mató. Simbólicamente, claro está. Porque quienes querían efectivamente matarlo, y no metafóricamente, los militares conjurados en el golpe de Estado de 1992, no lo lograron. En cambio, lo sacó de juego una élite de civiles seniles encabezada por Rafael Caldera, Ramón Escovar Salom, Arturo Uslar Pietri, José Vicente Rangel y el mismísimo Luis Alfaro Ucero, el caudillo de su partido, que manipularon a su antojo la Corte Suprema de Justicia de entonces.

Fue tan dramático el proceso que, una vez condenado por la cifra ahora risible de 50 mil dólares que traspasó a Violeta Chamorro para su campaña electoral en Nicaragua, el Muchacho de Rubio declaró: “Hubiese preferido otra muerte”.

Pérez –como Bolívar, Guzmán Blanco, Castro y Betancourt– murió fuera del país. En su caso, en exilio forzoso. No recibió, por suerte, porque hubiese sido una deshonra más, homenaje alguno del gobierno de esa vergüenza endémica llamada Nicolás Maduro. Pero igual un pequeño grupo de persistentes militantes de AD acompañó, sin pompa ni ruido, sus restos al Cementerio del Este.

Desde entonces en adelante, al menos en las filas de la resistencia democrática al militarismo chavista, no ha pasado un solo año en que el colectivo opositor no esté buscando un nuevo presidenciable y tramando cómo deshacerse del líder del momento.

Desde los días del Carmonazo, el golpe bufo del año 2002, unas tras otras, como a modelos en pasarela, las multitudes han aclamado a posibles fichas que podrían sentarse a salvar la patria en el solio presidencial de Miraflores.

Recuerdo por aquellos tiempos a las multitudes que aclamaban a militares públicamente declarados en rebeldía contra el gobierno de Chávez mientras hombres y mujeres los vitoreaban dándoles fuerzas para conducir un golpe contra el tirano. “Ese sí las tiene bien puestas”, decían. De sus apellidos hoy pocos se acuerdan.

Leopoldo López alcanzó por el año 2010, en las encuestas que irritan la vanidad de Hugo Chávez, el más grande nivel de aceptación que haya tenido un dirigente político desde 1989 hasta hoy. Pero el colectivo igual, después, se lo comió. Ahora yace en las brumas de la Embajada de España.

Henrique Capriles, especialmente en la campaña electoral de 2015, contra la desgracia Maduro, producía conmociones. Delirios. Arrancaba lágrimas y pasiones. Pero, igual le tocó su turno al cadalso y el colectivo también lo eliminó. Lo que no necesariamente significa en Venezuela que esté muerto.

Ramos Allup, en su fugaz paso al frente de la Asamblea Nacional, luego de hablarle golpeado al chavismo, comenzó a ser visualizado con una banda presidencial en su pecho. “No hay nada como un político veterano y curtido”, se escuchaba decir en las gradas. Pero no se salvó. También, hasta nuevo aviso, quedó sin vida.

Igual ocurrió con Antonio Ledezma después de su espectacular fuga que recordaba las peripecias de Petkoff. “Huele a presidente”, decían en las gradas más o menos los mismos que luego aplaudían a rabiar a Lorenzo Mendoza hasta que subieron los precios de la harina Pan. Incluso Ramón Guillermo Aveledo, el prudente conductor de la Mesa de la Unidad Democrática, tuvo sus quince minutos. También cayó.

Después vino la fascinación Guaidó. La multitudes saludaron emocionadas en febrero de 2019 la llegada del nuevo mesías. “Caramba, no hay nada como un político joven y sin mancha”, se escuchaba decir en las gradas a los mismos que alabaron a Ramos. Pero también su ciclo terminó.

Pronto, en un consenso extraño que reunió a escritores ilustrados con la analista Diosa Canales, la dueña de los senos más leídos del país, al líder juvenil guaireño una jauría impaciente le ‘dio hasta con el tobo’. Para decirlo en habla popular.

Ahora estamos en pleno funeral. Los colaboracionistas del régimen —naufragos de AD, Copei, el MAS y el MIR, de PJ, VP y UNT— hacen de ‘anfitriones’ a las puertas del nuevo Consejo Nacional Electoral hecho a la medida de la estafa roja. Mientras los opositores ‘liderofágicos’ terminan de cavar la tumba del presidente Guaidó.

Si Mandela hace política en Venezuela nunca hubiese llegado a la presidencia de la República. Nadie aguardaría pacientemente sus veintiocho años de prisión. A los cinco, o quizás a los tres, seguramente a los dos meses, desde las gradas alguien grita: “Ah no, Nelson, estás como Miranda en La Carraca, ¡enchinchorrado!, mientras los blancos siguen mandándonos”.

Siguiendo los consejos nuevos de políticos viejos, la horda se da la vuelta. Mira hacia otro lado buscando otro líder. Y otro. Y otro. Y así sucesivamente. Al final un nuevo Chávez, de esos que no se dejan matar fácilmente, contempla paciente el cambio de guardia. Está como ausente.

Por ahora, cae el telón.

@tuliohernandez

lacolumnadetuliohernandez.blogspot.com

 5 min


Ismael Pérez Vigil

En el complicado ajedrez político opositor, las piezas se están moviendo. Henrique Capriles Radonsky (HCR) hizo su movida y alborotó el patio; ya anunciábamos la semana pasada (https://ismaelperezvigil.wordpress.com/2020/08/29/la-propuesta-de-capriles-tomando-distancia/ ) su posición de distanciamiento con respecto a Guaidó/G4, que se convirtió en abierta ruptura.

HCR está “jugando” a la política, a su manera, como él la sabe hacer. No siempre a la gente –me incluyo– le gusta lo que hace y no siempre lo que hace le resulta bien; por ejemplo, sin ser exhaustivo, pues no viene al caso, a veces tiene frases infelices –“el tiempo de Dios es perfecto”–; otras veces lo acusan de que le falta decisión, como lo fue –para algunos, no es mi caso– al no haber sacado la gente a la calle en el 2013 cuando perdió la presidencia con NM.

Pero más allá del disgusto que cause su posición, de las diatribas e insultos que se le profieren ahora, es indudable que HCR, políticamente, ha tenido una trayectoria respetable y exitosa; ha sido diputado, en 1998, cuando incluso fue el presidente de la última Cámara de Diputados que hemos tenido en el país; ha sido alcalde, gobernador y candidato presidencial dos veces, logrando en ambas entusiasmar(nos) y motivar(nos) a miles de seguidores y millones de votantes, sacando más de 6,5 millones de votos en ambas oportunidades; en fin, aunque no todo le sale bien, su trayectoria no se puede borrar de un plumazo con insultos y descalificaciones. En términos generales hay que decir que es un político que ha corrido con suerte.

Ahora ya no hay duda de que está negociando, creo que con apoyo de una buena parte de la UE, sino de toda; eso lo sabremos pronto; si lo habilitan y es candidato o inscribe candidatos –por lo pronto ya anunció que lo hará–, para algunos será la confirmación.

Con respecto a la “negociación” de HCR, yo soy de los que cree que de esto no salimos sin una negociación, que al final nos lleve a un proceso electoral, ¿O cómo se van a elegir los presidentes después de esta tiranía? Y la negociación no será con la congregación de las hermanitas de la Madre Teresa de Calcuta, ni con los obispos de la Conferencia Episcopal, sino con los que hoy están en el gobierno, a quienes además habrá que ofrecerles “alguna salida”, para que dejen el omnímodo poder que hoy tienen, se vayan y quede un gobierno temporal, de transición, interino, o como lo quieren llamar, pero que ofrezca garantías a todos, sin exclusión, de que se respetarán las reglas del juego y así evitar que esto termine en un baño de sangre, porque seguro que si hay un baño de sangre en las circunstancias que hoy tenemos, lo más probable es que sea la nuestra.

Ahora bien, a lo mejor a HCR no le interesa volver a ser diputado, sino estar “habilitado” para lo que pueda ocurrir, pues allí se abren varios escenarios, de los que ya se empieza a hablar:

1) una postergación de las elecciones, y que se abran negociaciones para ampliar la elección, en el 2021, a alcaldes, gobernadores, parlamento e incluso presidenciales;

2) que no haya ampliación, pero que HCR mismo sea candidato a diputado –cosa que no es hoy posible pues está inhabilitado–, para tratar de animar a la oposición a votar, que no lo logrará, pero saldrán electos varios de sus seguidores,

3) que en efecto presente candidatos, participen en la campaña, traten de que se pospongan las elecciones por la pandemia, busquen mejorar las condiciones y al no lograrlo –que es lo más seguro– se retiren a última hora; esta ha sido una posibilidad que el mismo HCR ha esbozado en alguna oportunidad

4) en cualquier caso, si logra movilizar, posponer, cambiar las condiciones o retirarse, se tratará de una victoria política sobre la cual reconstruir la oposición, con eje principal en HCR y su fracción de diputados, a partir de enero 2021...o bien,

5) todo esto no pasará, HCR no será habilitado –que es lo más probable–, las elecciones seguirán como van, el régimen recupera el control de la AN, con unos poquitos diputados de la “mesita” y habrá algunos del grupo de HCR, sí finalmente presenta candidatos.

Lo que es cierto es que la oposición democrática –G4/G27/Guaidó– está en estos momentos en total reflujo, varios pasos por detrás del régimen, reaccionando y sin una política de masas o que entusiasme a la gente; ni siquiera le está sacando provecho al tema de la abstención –cosa por demás difícil– y no han podido articular nada para movilizar a la gente en torno a esa idea. Lo único concreto de lo que han hablado, o apenas balbuceado, es de una supuesta “consulta”, que no han logrado aun definir. En otras palabras, estamos en la situación perfecta para que el régimen trate de terminar de destruir la ya malograda oposición y que surjan más oportunistas, como los de la mesita… o para que surja una opción encabezada por alguien como HCR, a quien –dígase lo que se diga–, nadie puede acusar de chavista o de estar con la gente de la “mesita”. HCR puede estar equivocado, eso se verá con el tiempo, pero no es ningún “traidor” o “vendido”; es un disidente, uno muy importante, pero no más que eso, digan lo que digan los que hoy lo atacan furiosamente.

Sin duda a la oposición le está haciendo falta una estrategia que la movilice, que la organice, que le dé un objetivo y finalidad logrables, medibles, en el corto y mediano plazo, que no apunte solo al largo y desconocido plazo. Creo que HCR ha elegido una estrategia de movilización más fácil que la de Guaidó/G4, porque es más fácil organizar a la gente en torno a un objetivo concreto, una finalidad: elegir unos candidatos, que movilizar a la gente en torno a una idea abstracta como la “unidad” o una consulta, que todos sabemos que por más que se predique y se argumente, no tendrá nunca ese carácter vinculante que algunos extraen con pinzas de la Constitución; ni ayudará a ir más allá de recoger miles o millones de firmas, tarea nada fácil con la apatía política reinante, sin gasolina y grandes dificultades de desplazamiento y en medio de una pandemia. Además, lo ocurrido con la consulta del 16 de julio de 2017 demuestra que sí no hay una finalidad práctica detrás de una consulta, esa movilización para firmar, ese esfuerzo, se pierde. Pretender que había un “mandato”, oculto, en el 16J es fantasioso y abstracto.

Sin embargo, creo que la estrategia de HCR tiene tres fallas. Una, paradójicamente, a pesar de que como dije la movilización electoral es la estrategia más fácil, en este momento creo que es utópico pensar que tendrá un éxito importante en movilizar a la oposición a votar. Han sido muchos años de campaña del régimen descalificando el voto, minando su importancia, su carácter de secreto o de instrumento para tomar decisiones; y lo más grave, es que los opositores los hemos ayudado en esa tarea, con todas esas consejas de “dictadura no sale con voto”, “la ineficacia de las elecciones”, “en estas condiciones no se puede votar”, etc.; lo cierto es que eso ha logrado una total apatía y desesperanza en grandes sectores de la población, que difícilmente se moverán a votar y menos tras percibir la aguda división opositora en torno al tema.

La segunda falla creo que es el tema de la unidad, que ahora algunos descalifican y la rebajan como valor y objetivo, minimizándola a un mero medio o instrumento para alcanzar cosas; sin duda lo es, pero es también un valor y objetivo fundamental. Una dictadura como la que gobierna en Venezuela, difícil de enfrentar y derrotar, lo es mucho más si quienes la adversamos estamos dispersos y con peleas a cuchillo entre nosotros. HCR, sea ese su objetivo o no, cosa que dudo, ha puesto una piedra de molino en el cuello de la unidad política del país, tan difícil de lograr y sobre la cual se habían dado pasos importantes. Ese no es un buen registro para el currículo de cualquier político.

La tercera falla, más bien duda, ¿Agotó Capriles todos los medios posibles, todas las discusiones para resolver este tema a lo interno de la oposición, a lo interno de su partido, antes de dar este paso de ruptura? ¿O simplemente actuó movido por su interés político personal, que tiene derecho a tenerlo, pero que puede significar un descalabro o desajuste importante para toda la oposición?

En conclusión, algunos están felices por la propuesta de Capriles; unos porque llama a votar –podría ser mi caso, pero no es así, no al precio de la unidad–; pero otros, precisamente por eso, porque ven en su acción un golpe noble y certero a la unidad de la oposición.

De cualquier manera, la oposición tendrá que reconstruirse desde ahora y a partir de enero 2021 será imperativo y HCR –al igual que el G4– será uno de los ejes sobre los cuales se reconstruirá. Creo que en el fondo esa es la estrategia de HCR, estar en ese juego. ¿Es su estrategia la más adecuada? ¿No implicará un alto costo, innecesario, para toda la oposición? Como dice el dicho popular, amanecerá y veremos; pero en todo caso, lo bueno es que el escenario político se está moviendo.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 7 min


Paola Bautista de Alemán (Entrevista)

En la más reciente edición de la revista Democratización del instituto de estudios políticos Forma, la periodista y dirigente de Primero Justicia afirma que partidos, gremios, sindicatos, iglesias y organizaciones sociales pueden trabajar desde ya en la sanación de las heridas que afectan a la sociedad venezolana

Sin duda, Venezuela es otra. “Difícilmente volveremos a ser lo que éramos antes de este episodio autocrático”, afirma Paola Bautista de Alemán, presidente del instituto de estudios políticos Forma (https://redformaweb.com/). Partiendo de esta premisa, la política venezolana sostiene que “el proceso de democratización exigirá una profunda revisión de los males sufridos que abra camino a la justicia, el perdón y la reconciliación”.

“El cambio que demanda Venezuela exige disposición transformadora por parte de los actores políticos que lideren el proceso”, enfatiza Bautista de Alemán en su artículo Transformación para Venezuela: Estado gangsteril y democratización, publicado en la más reciente edición de la revista digital Democratización (https://redformaweb.com/articulos-septima-edicion/) del instituto de estudios políticos Forma.

Al considerar las decisiones prácticas que pueden allanar el camino hacia la transformación democrática del país, la periodista y dirigente de Primero Justicia subraya la necesidad de “mantener la Constitución de 1999 en su versión original y rescatarla como depositaria de las reglas del juego político que deben respetar todos los actores. Esta decisión podrá ofrecer seguridad y estabilidad en momentos de tensión”.

En segundo lugar, la intelectual subraya que “es necesario construir y promover una unidad de propósitos que guíe la transformación democrática”, con la finalidad de avanzar hacia la “sanación de la sociedad política”, gravemente afectada por el régimen chavista. “Con la revolución, Venezuela descubrió el hambre, la emigración, la persecución política, la violencia estatal, la represión de la conciencia, la tortura y la muerte. Han sido veinte años en donde hemos descubierto dolores que pensábamos superados en nuestra historia. ¿Cómo y cuánto nos ha cambiado? Resulta difícil precisarlo”, admite.

Sin embargo, Bautista de Alemán señala que la sociedad venezolana puede avanzar de inmediato en ese proceso de sanación. “Para alcanzar este propósito no es necesario esperar a la liberación autocrática. El trabajo político, las redes de solidaridad, las estructuras de confianza y la formación cívica integral allanan el terreno para aliviar el dolor y sanar las heridas. De ahí la importancia de los partidos, gremios, sindicatos, iglesias y organizaciones que funcionan con independencia del Estado y mantienen condiciones predemocráticas a pesar de los ataques”.

La presidenta del instituto de estudios políticos Forma resalta que “conviene considerar los desafíos colectivos, tales como gestionar la incorporación al nuevo sistema democrático de actores políticos previamente relacionados con el régimen que expresen su voluntad de someterse lealmente a la Constitución, vencer los deseos hegemónicos de grupos políticos concretos y construir espacios de consenso que eviten situaciones que pongan en riesgo al nuevo orden”.

Por último, Bautista de Alemán plantea el esfuerzo que demandará la reconstrucción del Estado venezolano. “Dada la crisis humanitaria compleja que padecemos y la dinámica criminal que ha desarrollado el Estado venezolano, puedo advertir que se requerirá apoyo de la comunidad internacional para superar la condición de colapso que experimenta el país. Conviene preguntarnos si es necesario que el acompañamiento internacional se extienda también al rescate de la soberanía y del monopolio de la violencia”, concluye.

https://talcualdigital.com/paola-bautista-de-aleman-unidad-de-proposito-...

 2 min


Juan M. Raffalli A.

Si por cualquier motivo hay un diferimiento del acto electoral y no hay una elección previa a la fecha de inicio del quinquenio legislativo, es decir al 5 de enero de 2021, serán los Diputados electos en 2015 quienes en virtud del principio de Continuidad de los Poderes Públicos deberán continuar en el ejercicio de sus cargos, pues de lo contrario cesaría el Poder Legislativo. Esperamos que el CNE no incurra en el error de buscar soluciones absurdas, que contribuirían a viciar aún más la ya desacreditada convocatoria y su resultado.

|Mucho se ha dicho sobre las condiciones bajo las cuales el Consejo Nacional Electoral (CNE) ha convocado a supuestas elecciones parlamentarias el 6 de diciembre de este año, las cuales hasta el momento no pueden derivar en el cumplimiento de los estándares internacionales mínimos para que ese evento pueda alcanzar la finalidad de las elecciones auténticas, que no es otro sino legitimar el ejercicio del poder. Seguidamente planteamos algunas precisiones sobre estas condiciones y, especialmente, sobre la posibilidad de un diferimiento del “evento electoral” convocado para el próximo 6 de diciembre.

Las condiciones

El proceso ha sido convocado por un árbitro electoral cuestionado en su origen y composición; los símbolos de los principales partidos políticos de oposición, e incluso de algunos hasta ahora aliados al régimen, han sido secuestrados judicialmente; el voto para la elección de Diputados indígenas no será universal, directo y secreto, como lo ordena la Constitución; y por si fuera poco, se trata de un proceso ejecutado por un CNE provisional, bajo normas “especiales” que modifican la ley electoral sin respetar el período de reserva de reformas que es de 6 meses según el Artículo 298 de la Constitución. Igualmente debe resaltarse que el Artículo 186 constitucional, dispone que el Parlamento Nacional (Asamblea Nacional) estará integrado por Diputados electos en cada entidad federal sobre base poblacional, lo cual está vinculado directamente con el carácter federal y descentralizado de la República consagrado en el Artículo 4 constitucional, pero las susodichas Normas Especiales dictadas por el CNE provisional el 30 de junio de 2020, han dispuesto a contrapelo de los dispuesto en la Constitución y en la Ley Orgánica de Procesos Electorales, la elección de 48 Diputados mediante una “Lista de Adjudicación Nacional” creando así una circunscripción electoral nacional y un sistema “especial” para elegir Diputados que no representarán a ninguna entidad federal sino a todo el país, lo cual vulnera así abiertamente el Artículo 186 de la Constitución.

“La elección de 48 Diputados mediante una ‘Lista de Adjudicación Nacional’ creando así una circunscripción electoral nacional y un sistema ‘especial’ para elegir Diputados que no representarán a ninguna entidad federal sino a todo el país, vulnera abiertamente el Artículo 186 de la Constitución”

Ante este panorama una coalición de 27 organizaciones políticas ha decido no acudir a lo que califican como un fraude electoral. Otros líderes de oposición aspiran a que ocurra un milagroso cambio en las condiciones electorales que les permita postularse, de hecho esta posición y las conversaciones que suponemos entraña, pareciera haber tenido como resultado la extensión del período de postulaciones de candidatos ya en dos oportunidades.

El posible diferimiento

La pandemia sigue causando estragos. El incremento sostenido en el número de contagios en Venezuela es alarmante y todo indica que estamos en pleno auge. Si además consideramos que el proceso electoral es complejo y consta de una serie de etapas que aún no han ocurrido, comienza a cobrar cada vez más vigor la posibilidad de un diferimiento de la convocatoria inicialmente contemplada para el 6 de diciembre. Algunos países han realizado elecciones en estos tiempos, pero con recursos y alternativas que no se ven disponibles hoy en Venezuela; de hecho, algunos de esos países han obtenido resultados realmente insatisfactorios. Luce necesario entonces plantearse ¿qué ocurriría si debido al Covid-19 o incluso a una negociación entre factores políticos se pospone la pretendida elección parlamentaria por varios meses?

Lo primero que se debe señalar es que en efecto el período constitucional de la Asamblea Nacional electa en diciembre de 2015, expira el 5 de enero de 2021 fecha en la cual deben asumir los curules quienes resulten electos para el quinquenio 2021-2025. La consecuencia obligada de un diferimiento del acto electoral es justamente que el 5 de enero de 2021 no habría Diputados electos, los únicos serían los actuales proclamados en 2015. Ello nos lleva directo al sonado tema de la “continuidad”.

¿Qué ocurriría si debido al Covid-19 o incluso a una negociación entre factores políticos se pospone la pretendida elección parlamentaria por varios meses?

El principio de la Continuidad Administrativa, que se ha aplicado en Venezuela pero que es natural y propio del derecho público casi universal, supone que la función de la administración pública no puede cesar pues ello afectaría prestaciones esenciales para la ciudadanía, empezando por los servicios públicos. En el caso del Poder Legislativo Nacional (Asamblea Nacional) no estamos ante ese supuesto, pues se trata de un poder público distinto al Ejecutivo. Sin embargo, la función legislativa incluyendo las competencias de contraloría e investigación que la Constitución confiere a la AN en un sistema de gobierno presidencialista pero con sujeción parlamentaria, en modo alguno puede cesar pues el Poder Legislativo Nacional es indispensable para el funcionamiento del Estado.

Siguiendo esta línea argumental, se ha establecido doctrinaria y jurisprudencialmente el llamado principio de Continuidad de los Poderes Públicos (Sala Constitucional, Sentencia del 09/01/2013, Interpretación del Artículo 231 de la Constitución) también llamado por algunos autores como la profesora Claudia Nikken, “Continuidad Institucional”. La base de este principio es muy clara, las instituciones del Estado como órganos, no pueden cesar en su actividad. Precisamente por ello en Venezuela han ocurrido varios casos en los cuales se han extendido los mandatos a Alcaldes y Gobernadores hasta ser sustituidos mediante elección popular (Sentencia 1.300 Sala Constitucional 17/06/2005).

Este tema de la continuidad ha sido polémico en el caso de sustituciones cuando la elección popular no reviste tal carácter. Compartimos la posición de la precitada profesora Nikken, quien sostiene que en casos de impugnaciones no opera la “continuidad” sino que al asumir el funcionario electo, éste debe permanecer en su cargo hasta que el proceso electoral sea declarado nulo y se produzca una nueva elección, que es justamente lo que debió ocurrir en el caso de los Diputados de Amazonas. La polémica se genera cuando, como ocurre en la actualidad, el cuestionamiento no viene dado por la denuncia de un vicio de nulidad, sino porque en su conjunto el evento electoral no reviste las condiciones mínimas para ser considerado como tal.

Sin entrar en esa polémica, luce de bulto e indiscutible que si por cualquier motivo hay un diferimiento del acto electoral y no hay una elección previa a la fecha de inicio del quinquenio legislativo, es decir al 5 de enero de 2021, serán los Diputados electos en 2015 quienes en virtud del principio de Continuidad de los Poderes Públicos deberán continuar en el ejercicio de sus cargos, pues de lo contrario cesaría el Poder Legislativo Nacional.

En todo caso, de ocurrir un diferimiento, lo importante sería que en ese tiempo extra exista un cambio de actitud y se generen condiciones que permitan una amplia participación reabriéndose incluso el plazo para la postulación de candidatos, cosa que, de nuevo, luce muy poco factible si el régimen persiste en su actitud. Finalmente, esperamos que el CNE Provisional e irregularmente designado, no incurra en el error de buscar soluciones absurdas como por ejemplo esta de dividir el acto electoral en varias jornadas, como declaró reciamente su Presidenta, pues eso contribuiría a viciar aún más la ya desacreditada convocatoria y su resultado.

La Gran Aldea

https://lagranaldea.com/2020/09/01/el-diferimiento-electoral/

 6 min