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Opinión

Ignacio Avalos Gutiérrez

Vivimos tiempos que no son nada sencillos, determinados por cambios rápidos, profundos, y hasta dramáticos, que contravienen los moldes que acomodaron (y desacomodaron) la vida humana durante el último tramo de su historia. Tales cambios se encuentran estrechamente relacionados con el ritmo y la orientación que asume el desarrollo tecno-científico e influye de manera cada vez más determinante en el trazado del perfil que asoma el mundo contemporáneo.

Asimov tiene razón

Sea cual sea el punto de vista desde el que se prefieran calibrar las transformaciones que vienen sucediendo, lo cierto es que asoman temas esenciales de índole muy variada, sin que aún tengamos las herramientas para identificarlos y comprenderlos cabalmente y, así, poder actuar sobre ellos con siquiera mediana eficacia. Los problemas con los que se tiene que lidiar son cada vez más complejos, poniendo en evidencia la dificultad de analizarlos y comprenderlos de manera simple, lineal y fragmentada, pues tienen un sinnúmero de causas y efectos interrelacionados. Nunca tuvo más razón Isaac Asimov: «la ciencia reúne el conocimiento más rápido de lo que la sociedad reúne la sabiduría»

Nada sobresale con más claridad, entonces, que la urgente necesidad de ir creando nuevos marcos de análisis para enfrentar las complicaciones que caracterizan al mundo que ya empezó a manifestarse. El intelectual francés Bruno Latour ha caracterizado las innovaciones tecnocientíficas como la proliferación de híbridos, es decir, de realizaciones que embrollan las divisiones esencialistas en un complejo entramado de ciencia, tecnología, política, economía, naturaleza, derecho, etcétera.

Hay, así pues, que irle encontrando respuestas a las numerosas interrogantes que emergen, dando pie a dudas y dilemas, tanto morales como legales, acerca de temas tales como si los robots tienen derechos y responsabilidades, si se pueden clonar los seres humanos, si debería permitirse a un Cyborg muy avanzado postularse para cargos político, si se puede patentar un gen, clonar animales o realizar implantes en el cerebro humano, si es moral la manipulación de la raza humana, si se debe autorizar la creación de "bebés de diseño", y así una menú interminable de asuntos que amenazan con sobrepasarnos y de los que no cabe desentenderse en ningún sitio del planeta porque los procesos de globalización establecen que casi todo pasa en todos lados.

Sin embargo, afirma Latour, nuestra cultura intelectual no sabe cómo categorizar el entramado de los híbridos que la tecno ciencia produce. Esto no es de extrañar, añade, pues para ello es preciso cruzar las líneas divisorias que separan la ciencia y la sociedad, la naturaleza y la cultura, las cuales se mantienen en la actualidad.

En 2015, la lista de «Objetivos de Desarrollo Sostenible» (ODS), adoptados por la Asamblea General de las Naciones Unidas, identificó una serie de problemas globales que suponían desafíos directos en el ámbito de las humanidades y ciencias sociales. Si bien el conocimiento científico se mostraba clave para entender y atender estos problemas, la cooperación entre distintos campos conocimiento aparecía ahora como una necesidad real. En otras palabras, la conceptualización de la ciencia no debe reducirse exclusivamente a lo que las comunidades de científicos pueden decir de ella. Deben incorporarse, además (cosa que ya está ocurriendo), las visiones que “desde fuera” se construyen sobre la ciencia (sus prácticas y sus agentes), lo que supone reevaluar la interacción entre ciencia y sociedad. Se impone, así pues, la trandisciplinariedad entre las distintas ciencias, vale decir, el entrecruzamiento de varias disciplinas (o fragmentos de ellas).

El asunto no es volver a la “normalidad “

En suma, es preciso un gran esfuerzo de comprensión intelectual que proporcione los códigos requeridos para descifrar los acontecimientos, así como los mapas que se precisan para desenvolverse con respecto a ellos, so pena de que el futuro nos agarre sin paraguas. La tarea pendiente es, entonces, imagina el porvenir, “conociendo los caminos que conducen al infierno”, según habría aconsejado Nicolás Maquiavelo. Y tal como están planteadas las cosas, el asunto depende no sólo, pero si en alto grado, de cómo orientar y organizar políticamente el desarrollo tecno-científico en torno a las aspiraciones dirigidas a humanizar la sociedad desde lo local, pero en un entorno que es, a la vez, cada vez más global.

La pandemia, es opinión ampliamente compartida, puso al descubierto las costuras del modelo de desarrollo adoptado desde hace unas cuantas décadas. No hay mejor prueba de ello que el problema ambiental, que ha mostrado claramente, tanto la insustentabilidad de este modelo civilizatorio como su incapacidad, dentro de sus moldes, de encontrarle respuestas satisfactorias a largo plazo. También empieza a ser ampliamente compartida la idea de que al término de la pandemia, el propósito no puede ser volver a la “normalidad”, porque ella es el problema, no puede ser nuestro futuro.

Pareciera, entonces, que hay que inventar otro.

El Nacional, miércoles 2 de septiembre de 2020

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Maxim Ross

La reciente impresión y edición del libro “Necesidad de un Proyecto Integrador para Venezuela”, elaborado en el Centro de Estudios de Integración Nacional de la Universidad MonteAvila (CEINA), quizás sea propicia para comentar la oportunidad que se presenta actualmente en nuestro país para un nuevo encuentro de la sociedad venezolana, de su sociedad civil, de sus partidos políticos, de todos aquellos que quisieran una solución consensual y duradera para ese país que, día a día, se desmorona ante nuestros ojos.

El llamado de la oposición venezolana representada en la Asamblea Nacional a concertar un Pacto Unitario, la alternativa propuesta por Henrique Capriles, en nada excluyente, al contrario, completamente complementaria de aquel, la declaración de la Conferencia Episcopal para un encuentro de todos en aras de aquella solución, los graves problemas que confronta el país con el dramático fenómeno de la pandemia, todos ellos, decimos van en la dirección de un encuentro por otra Venezuela.

Si a ello se suma, más allá de las interpretaciones e intenciones políticas, la decisión gubernamental de liberar una cantidad importante de presos políticos y la tomamos como una posibilidad de armar una agenda de contenidos que se salga del drama político de las elecciones, de encontrar una solución para legitimar todos los poderes públicos, pero sobre todo que ponga la mira, por fin, en los verdaderos problemas que está sufriendo la gran mayoría de la población venezolana, entonces, ¡quizás!, podamos armar un camino que recoloque los asuntos venezolanos en otro lugar distinto al pleito político diario.

Y, ¡quizás!, podamos pensar a Venezuela de una manera distinta comenzando a tejer una solución en la que puedan poner sus “buenos oficios” los empresarios, los trabajadores, las enfermeras y los médicos agotados por el tratamiento de la pandemia, los maestros y los padres y representados de los niños y los jóvenes que esperan para regularizar su vida escolar, digo, ¡quizás!, puedan encontrarse en un solo lugar y proponer nuevas soluciones.

Si ahora la comunidad internacional, verdaderamente involucrada en ayudar a Venezuela, se activa en intermediar ese encuentro, no el del Gobierno y la Oposición, sino en reunir a los auténticos y legítimos afectados e interesados en resolver con una perspectiva mas amplia, con una visión diferente a la practicada hasta ahora, ¡quizás! sea una oportunidad para un momento integrador, para poner de conjunto la materia social, con el sobrecogedor problema de los millones de venezolanos que están pagando el precio de un insoluble conflicto político, la materia económica y los temas institucionales que circundan a todos, ¡quizás! podamos “saltarnos” el paradigma puramente político y encontrar esa solución integradora que tanto esperamos. Es solo cuestión de propiciar ese encuentro.

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Luis López Méndez

Las deplorables y caóticas condiciones agro venezolano requieren de un conjunto de acciones urgentes para lograr recuperar su operatividad y pueda comenzar a aliviar la terrible situación que está padeciendo la población donde el 74% de los hogares tienen un grado de inseguridad alimentaria entre moderada y severa, cuyas secuelas de largo plazo pueden ser irreversibles (ENCOVI 2020, https://www.proyectoencovi.com/informe-interactivo-2019 ).

Este proceso de recuperación también debe servir para el apalancamiento del desarrollo económico y social que permita la rápida reducción de la pobreza extrema cercana al 80%, especialmente en las áreas rurales.

Sin embargo, la reconstrucción agrícola no puede convertirse en retorno a la agricultura del pasado, pues de insistir en esa línea de acción los resultados no serán distintos a los obtenidos en el periodo 2004-2010, es decir, incrementos en volúmenes de producción y baja productividad con consecuencias ambientales negativas y ligeras mejoras sociales en los territorios rurales.

A nivel global, la actividad agrícola es el segundo emisor más grande de gases de efecto invernadero (GEI), después del sector energético, pero también los agricultores y las áreas rurales son las más perjudicados por las consecuencias del cambio climático: inundaciones, heladas, sequias y los efectos adversos sobre el rendimiento de los cultivos. Las estimaciones muestran que el cambio climático puede reducir la productividad agrícola global en un 17% para 2050.

Paradójicamente, la agricultura es una de las soluciones a gran escala, más esperanzadoras, para frenar e invertir el cambio climático. Los cultivos de cobertura, la rotación de cultivos y la siembra directa son algunas de las prácticas que pueden capturar el CO2 de la atmósfera y secuestrarlo en el suelo, aumentando su contenido de carbono del 0,5-1% actual, al 3-7% como en bosques y sabanas.

De igual manera, la agricultura de precisión y el manejo integrado de plagas y nutrientes también constituyen estrategias de eco-intensificación, o intensificación sostenible, cuya finalidad es el mejoramiento del desempeño ambiental de las actividades agrícolas sin perjudicar los niveles de productividad.

El Foro Económico Mundial estima que, si el 15-25% de las fincas adoptaran la agricultura de precisión, el rendimiento global podría incrementarse en un 10-15% para 2030, mientras que las emisiones de GEI y el consumo de agua podrían reducirse en un 10% y 20%, respectivamente.

Si bien es imprescindible promover políticas alimentarias sostenibles que contemplen toda la cadena, desde la producción, almacenamiento y transporte hasta el consumo, también lo es estimular la aplicación de buenas prácticas para reducir la huella climática de las operaciones agrícolas, con el propósito de lograr una producción diversificada, acompañada con la generación de empleos calificados en las áreas rurales. Consecuentemente, el nuevo modelo agrícola debe contemplar el establecimiento de incentivos específicos para la promoción de prácticas agronómicas eco-intensivas.

En estas primeras décadas del nuevo siglo hemos podido constatar como las innovaciones tecnológicas generadas por las TIC y la Biología han logrado avances significativos en el sendero hacia una agricultura más productiva y sostenible, donde destacan los cultivos transgénicos y la agricultura de precisión.

No obstante, estas innovaciones han sido utilizadas principalmente por empresarios agrícolas, por lo cual, el gran reto del nuevo modelo agrícola es impulsar el desarrollo sostenible de la pequeña y mediana agricultura, cuya contribución a la seguridad alimentaria y nutricional de los territorios rurales es determinante, pero donde se continúan aplicando prácticas agrícolas ineficientes y ambientalmente insostenibles, especialmente en las zonas montañosas.

Afortunadamente esta brecha está cada vez más cerca de desaparecer en la medida que las innovaciones estén alcance de la mayoría y puedan hacer uso masivo de ellas. Como ejemplo tenemos es el caso de Precision Agriculture for Development (PAD) https://precisionag.org/, una iniciativa que cuenta entre sus fundadores al Premio Nobel de Economía Michael Kramer, la cual está suministrando servicios agrícolas digitales de asistencia técnica y extensión rural a pequeños productores utilizando telefonía celular para trasmitir información generada por laboratorios móviles de análisis de suelo con espectroscopia, estimaciones meteorológicas en tiempo real e imágenes satelitales para recopilación y validación de datos, así como también recomendaciones para manejo integral de plagas. Los contenidos son procesados y mejorados para hacerlos más efectivos haciendo uso de resultados de recientes investigaciones producto de la combinación de economía del comportamiento, aprendizaje social, ciencia de datos y machine learning.

Estudios de PAD realizados en ocho países de África y Asia muestran que estos servicios remotos generaron aumentos de productividad superiores al 11% y que el envío de información por SMS incrementó en 22% las posibilidades de que los agricultores utilicen los insumos adecuados. Además de ello, con la metodología PAD, se puede enviar un mensaje semanal con orientación técnica a un costo anual menor a USD 1,25 por finca, lo cual es considerablemente menor que los costos de los servicios personalizados de asistencia técnica y extensión agrícola.

Hay más señales promisorias del crecimiento de la burbuja de la Cuarta Revolución Industrial o Revolución de las TIC, en el mundo de la pequeña y mediana agricultura:

  • Kenia, cuyo PIB per cápita es similar al de Venezuela, lidera el campo de la tecnología agrícola en África, teniendo el ecosistema digital mejor calificado y el 30 % de las tecnologías agrícolas disruptivas que existen en el continente.
  • Brasil se convertirá en el primer país de América Latina en recibir las soluciones de tecnología digital, mediante convenio suscrito entre el PAD, el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Abastecimiento de Brasil y el Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas, para proveer servicios asistencia técnica y extensión rural vía mensajes de telefonía fija y celular 200.000 pequeños agricultores del Nordeste de Brasil, llevando orientaciones técnicas sobre plagas, cosechas, buenas prácticas y salud animal.

Estamos en un momento histórico crucial, y deberíamos aprovechar esa magnífica oportunidad para salir del foso donde nos encontramos, lo cual requiere de un esfuerzo titánico, para luego tomar impulso y dar un salto hacia el futuro.

La agricultura venezolana para los nuevos tiempos debe ser verde, digital e inclusiva.

Confío en que si nos ponemos de acuerdo y tenemos la audacia para intentarlo, lo lograremos.

Buenos Aires, agosto 2020

Este artículo fue publicado originalmente en https://barataria-azul.com/

 4 min


Alberto Jordán Hernández

Con voz propia

Con posturas se pasa a la historia, pero con las acciones se hace. Y si es consecuente se logran las dos. Trescientos años no bastan, proclamó en lo que sería su primer discurso político el Coronel Bolívar en la especie de ONG de esta época, que se convirtió en partido, llamada a luchar por democracia.

“…¡Que los grandes proyectos deben prepararse en calma! 300 años de calma, ¿no bastan? La Junta Patriótica respeta como debe, al Congreso de la Nación, pero el Congreso debe oír a la Junta Patriótica, centro de luces de todos los intereses revolucionarios. Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad sudamericana, vacilar es perdernos”.

Agréguese la frase testamentaria anti partido: “Si mi muerte contribuye para que cesen partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”.

Hoy en veinte años de crisis sin precedentes políticos que tuvieron posturas, someten a la hambruna a toda la gente.

En oportunismo cayeron políticos que fueron anti dictatoriales después de la asonada militar del 4 de febrero de l992.

Rafael Caldera uno de los líderes que luchó por derrocamiento dictadura militar de una década, defendió a insurgentes que el Congreso acusaba de magnicidio.

Ya el ex Presidente se había entrenado en El Caracazo de 1989.

Venezuela “es lo que los norteamericanos llaman "show window", el escaparate de la democracia en América Latina, que rompieron a puñetazos, a pedradas y a palos, los hambrientos de los barrios de Caracas”

“Yo cumplí con mi deber el 4F92” declaró Eduardo Fernández, secretario general y candidato presidencial de COPEI. Expresaba que el pueblo "está más que bravo" por situación de crisis, pero apoyó al presidente adeco Carlos Andrés Pérez, “para salvar la democracia”

Ahora María Corina Machado, reitera su postura debido al llamado del Presidente(e) Juan Guaidó, que había saludado.

Ella fue elegida diputada después de participar en las primarias de la Mesa de Unidad Democrática. De suplente tuvo al Ricardo Sánchez, quien antes de ser pinzado de alacrán se destacó como tesonero antichavista.

Apena ver clasificados de aliados del régimen a gente como MCM y Henrique Capriles, por sus posturas divisionistas de la unidad de la cual se beneficiaron.

Igual tristeza causa tildar de divisionistas a constitucionalistas como EF. Contradice a sus colegas de la sala constitucional de UCV.

Auto definido está el oportunismo del movimiento Prociudadanos, de Leocenis García.

Inexplicable la candidatura al parlamento desde ya evidenciado como gran fraude electoral, de la Gobernadora del Táchira, Laidy Gómez.

Podemos omitir la mención de la mesita, aunque si evitamos ponernos el pañuelo en la nariz para individualizar a sus líderes y partidos que la conforman.

Resaltamos al asesor del presidente estadounidense Donald Trump para asuntos del hemisferio occidental. Destaca Mauricio Claver-Carone en la declaración acusadora:

«Nicolás Maduro es quien preside el Cartel de los Soles. Seguimos muy cercanamente todos los movimientos del narcotráfico de Venezuela y son muy preocupantes». Refiere la incautación en Honduras de casi media tonelada de cocaína dentro de una avioneta que procedía de Venezuela.

Carencia de escrúpulos lleva al usurpador a asumir en persona la asistencia a su testaferro Alex Saab. En Miraflores recibió a funcionarios de Cabo Verde, donde fue capturado. Y remata con el clamor del Clap, clap, clap, fuente de la riqueza.

Son noticia quienes con sus posturas, explotan el oportunismo a costa del sufrir del pueblo. De allí que, pese a los divisionistas, Guaidó anuncie logros en pacto unitario.

Al MARGEN.

“Actualmente nuestra Patria se encuentra sumergida en la terrible crisis de la historia. La corrupción y la administración de los recursos humanos han destrozado gran parte de nuestro futuro” (Plan Cívico Militar, por una Venezuela Mejor, abril 1999).

jordanalberto18@yahotoo.com

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Antonio Di Giampaolo

LA FALSA NORMALIDAD (112)

“Maduro pretende establecer una falsa normalidad” ha señalado desde el exilio el diputado José Manuel Olivares. Nicolás manipula la data de los contagios -añadió el galeno de La Guaira- No hay descenso de casos en Venezuela, por el contrario, hay más casos en los hospitales. El Doctor Julio Castro asesor de la Comisión de Expertos de la Asamblea Nacional va más allá, y agrega que no solo duda del régimen sino de las cifras que ofrece en materia de contagios por coronavirus. Explica el médico, quien acaba de confirmar que se infectó de Covid-19, que según los datos oficiales hay una disminución de casos, pero las cifras se explican por las limitaciones en la realización de pruebas.

Para dilucidar el asunto Ciro Ugarte director de Emergencias de la Organización Panamericana de la Salud, organismo que suscribió el acuerdo de cooperación entre el Gobierno y la Asamblea Nacional admitió que la realización de los test de diagnóstico sigue siendo limitada y habló de la necesidad de la compra masiva de pruebas de antígeno que son rápidas de realizar y son económicas, todo ello con la finalidad de “tener un mejor análisis de la situación” en torno al curso de la pandemia. "Los resultados tardan mucho tiempo en ser entregados, lo que aumenta las probabilidades de contagio" –agregó- "No aclare que oscurece" podría añadir cualquiera a fin de zanjar la revelación del alto funcionario del organismo multilateral.

Las estadísticas oficiales se enrumban a los cincuenta mil casos acumulados de Covid-19, y aunque los datos apuntan a cerca de cuatrocientas personas fallecidas, diversos conteos sitúan las muertes por encima del medio millar de personas. Solo en el caso del personal de salud la cifra da cuenta de más de un centenar de médicos, enfermeras, funcionarios y empleados, lo cual es una proporción elevada y pone en evidencia la falta de equipos de protección y material de bioseguridad para el cumplimiento de las labores sanitarias.

El esquema de cuarentena intermitente debe ser revisado para favorecer la ampliación y flexibilización de actividades que permita la reincorporación de más personas a las labores cotidianas atendiendo las medidas se higiene personal y protección ciudadana, incluido el distanciamiento social.

Para alcanzar el éxito en la vigilancia y el control de la pandemia el abordaje debe ser epidemiológico, en lugar de policial o militar.

¡Amanecerá y veremos!

@ADIGIAMPAOLO

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Jesús Elorza G.

Era agosto de 2016 y sonaba el himno nacional antes de un partido de pretemporada en la NFL. Colin Kaepernick, entonces mariscal de campo de los San Francisco 49ers, hincó la rodilla en el suelo en vez de ponerse en pie. "No voy a levantarme para mostrar orgullo por una bandera de un país que oprime a la gente negra", explicó después el deportista, que es mestizo. "Tal vez debería buscarse un país que se adapte mejor a él", replicó Donald Trump, que era candidato a la presidencia.

Desde entonces, varios atletas han estado negándose a ponerse de pie en rechazo al trato que la policía le da a la gente de raza negra, que consideran discriminatorio. Ahí comenzó una polémica que, un año después, se ha convertido en una guerra entre el ahora presidente de Estados Unidos y una parte importante del mundo del deporte.

Desde 2016 a la actualidad, las disputas entre el presidente estadounidense y las estrellas de la NFL han sido incesantes, aunque el punto álgido hay que situarlo en el famoso mitin de Donald Trump en Alabama en septiembre de 2017.

En el, dirigiéndose a los propietarios de las franquicias de la NFL, Trump dijo la frase “Get that son of a bitch off the field right now! He’s fired! He’s fired!” (¡Sacad a ese hijo de puta del campo ahora mismo! ¡Está despedido! ¡Está despedido!) y les instó a que echaran a todos los jugadores que protestaran durante el himno.

La reacción del mundo de la NFL no se hizo esperar con protestas en masa en la que tanto jugadores y entrenadores como propietarios se unieron contra el presidente y se arrodillaron durante el himno.

En ese proceso de ataque incesante contra los deportistas que públicamente manifiestan su posición frente a la discriminación racial y la violencia policial, se suma la reiterada suspensión de la visita de los equipos campeones a la Casa Blanca, bien por orden del mandatario o por el rechazo de los jugadores.

Los Philadelphia Eagles, ganadores del Superbowl, es uno de esos conjuntos que no han tenido recibimiento por parte del presidente norteamericano. Los Washington Capitals, campeones de la Stanley Cup, todavía no han acudido a la Casa Blanca pese a la entusiasta felicitación de Trump cuando se proclamaron vencedores. Especialmente sincera fue también Cheryl Reeve, entrenadora y general manager de las Minnesota Lynx, después de que su equipo se proclamara en 2017 campeón de la WNBA por cuarta vez en su historia y no fuera invitado por Trump a la tradicional visita a la Casa Blanca. Los Golden State Warriors tampoco han visitado la Casa Blanca en ninguno de sus dos últimos campeonatos de la NBA.

Por su parte, Trump también aprovechó su oportunidad el pasado 4 de agosto de 2018, para, responder a una entrevista de LeBron James en la CNN en la que el alero de los Lakers acusó al presidente norteamericano de utilizar el deporte para “dividir” a los estadounidenses y en la que, además, aseguró que nunca se sentaría a charlar con él. “Lebron James acaba de ser entrevistado por el hombre más imbécil de la televisión, Don Lemon. Ha hecho a Lebron parecer inteligente, lo que no es fácil de conseguir.

El deporte estadounidense ha unido sus fuerzas y alzado su voz en contra del racismo y el abuso policial sistemático en ese país. Las ligas deportivas más importantes, sumaron sus esfuerzos al "Movimiento Black Lives Matter" y suspendieron sus partidos este miércoles 26 de agosto como señal de protesta. Así es como cientos de jugadores, manifestaron su solidaridad con el joven afroestadounidense, Jacob Blake, quien se encuentra hospitalizado luchando por su vida como consecuencia de un caso de brutalidad policiaca ocurrido en Kenosha, Wisconsin.

Esta ola también ha llegado a la NASCAR y la NHL. La primera dio a conocer el miércoles que prohibía mostrar la bandera confederada en todas sus carreras. Ese emblema es considerado como una exaltación del racismo y la esclavitud y se remonta a la Guerra Civil de Estados Unidos entre 1861 y 1865. “La presencia de la bandera confederada en los eventos de la NASCAR es contraria a nuestro compromiso para ofrecer un ambiente inclusivo y acogedor a todos nuestros aficionados”, afirmó la organización en un comunicado. Mientras tanto, en la NHL, la liga de hockey sobre hielo, más de 100 jugadores han hecho declaraciones denunciando las desigualdades raciales. Es un paso casi histórico para un deporte en el que el 95% de los jugadores son blancos. Una tónica similar a la NASCAR, en donde hay poca presencia de pilotos afroamericanos.

En el mismo contexto, los equipos de la Liga Mayor de Fútbol estadounidense (MLS, por su sigla en inglés) que disputaban la séptima jornada del torneo, no jugaron sus compromisos y se unieron a las protestas que empezaron en la NBA.

A estas protestas se unieron también las jugadoras de la WNBA. El baloncesto femenino, líder en muchas cuestiones de lucha social y reivindicaciones similares, volvió a dar ejemplo siguiendo la propuesta de los Milwaukee Bucks y optaron por no disputar tampoco sus partidos. Poderosas imágenes se mostraron, sobre todo la de las jugadoras del Washington Mystics, que lucieron unas camisetas con 7 agujeros en la espalda para representar su indignación ante el tiroteo de la policía estadounidense sobre Jacob Blake.

Por su parte, los jugadores de Cerveceros de Milwaukee de la Major League Baseball (MLB), tomaron la decisión de no jugar la noche de este miércoles ante los Rojos de Cincinnati, también como modo de protesta. Horas más tarde se confirmó que los encuentros entre los Marineros de Seattle vs Padres de San Diego y Angeles Dodgers contra San Francisco; también serían cancelados. Asimismo, varios equipos analizan unirse a las protestas y no saltar al campo.

Otras disciplinas deportivas como el tenis, donde también sus atletas han decidido no seguir participando en los torneos para unirse a las manifestaciones contra acciones racistas.

Hoy al igual que ayer, en la historia del movimiento deportivo la lucha contra el racismo se hace presente. Jesse Owen con sus cuatro medallas de oro en los Juegos Olimpicos de 1936 derribo la ilusión totalitaria de "La Supremacia de la Raza Aria" de Adolfo Hitler, John Carlos y Tommie Smith en Mexico 1968 elevaron sus puños con guantes negros para dar a conocer al mundo entero el movimiento Black Power y las acciones emprendidas por Cassius Clay posteriormente conocido como Muhamma Ali señalan entre muchos ejemplos el camino a seguir hasta lograr la derrota definitiva del racismo.

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Irene Hernández Velasco

Antonio Sitges-Serra ha escrito un libro tan revelador y documentado como polémico. Y con un título bastante provocador: "Si puede, no vaya al médico".

La recomendación viene de cerca.

Sitges-Serra (Barcelona, 1951) es catedrático de Cirugía en la Universidad Autónoma de Barcelona, fue jefe del departamento de Cirugía del Hospital del Mar y ha publicado más de 400 artículos científicos.

En su controversial libro, denuncia cómo en la sociedad actual -una sociedad que venera la ciencia y que siente pánico por la muerte y por envejecer- la medicina se ha convertido en un colosal negocio, a expensas casi siempre del paciente.

Su libro lleva por título "Si puede, no vaya al médico". ¿Por qué no hay que ir al médico?

Si uno está bien, si se puede evitar, no hay por qué ir al médico.

El concepto de que el médico tiene que vigilar nuestra salud me parece un poco arcaico. El médico está para ayudar cuando uno tiene problemas, pero si te encuentras bien y tu vida se va desarrollando de forma correcta, si no tienes molestia alguna, el médico no ayuda a prevenir la enfermedad.

Más bien somos nosotros los que deberíamos ayudarnos a nosotros mismos, a prevenir la enfermedad.

El mensaje básico del libro es tranquilizador contra la hipocondría social, contra el abuso de la medicina y a favor del autocuración, de la responsabilidad personal y de evitar la sobre medicación.

Hablando de hipocondría social... En su libro revela que entre un 15 y un 20% de los pacientes que acuden al médico no tiene motivos para hacerlo. ¿De dónde surge esta hipocondría que padecemos?

Es una cuestión multifactorial. Para empezar, la salud se ha convertido en obsesión para muchos ciudadanos.

En segundo, los medios de comunicación insisten mucho en cómo cuidarse, en que hay que tener mucho cuidado si uno se nota un bulto aquí y allá. Sin duda, eso contribuye a generar esa hipocondría.

Quizás también la ciencia abusa un poco de su poder, haciendo creer a los ciudadanos que aunque estén sanos todos son enfermos potenciales.

Y a eso se suma nuestra propia angustia y ansiedad, porque la nuestra es una sociedad bastante ansiosa.

Al final uno cree que la salud es lo más importante y que yendo al médico y usando el sistema de salud va a vivir mucho más tiempo, algo bastante dudoso.

¿Existe el riesgo de que cuando uno está sano y va al médico éste se empeñe en encontrarle algo?

Claro. Es lo que conoce como sobrediagnóstico.

Uno va al médico, el médico le pide pruebas, si no está convencido le pide más prueba.

Cuando te haces muchas pruebas es posible que haya alguna que no salga bien, entonces el médico insiste.

Podemos entrar así en una espiral que puede acabar con una operación, una biopsia o una medicación innecesarias que van a tener efectos adversos.

¿Y por qué hay ese exceso de sobrediagnósticos?

El médico no quiere equivocarse y va hacer por tanto todo lo posible para llegar a un diagnóstico.

El enfermo, si tiene una molestia, quiere que se la traten. Y si uno abusa de las visitas médicas corre el riesgo de ser sobremedicado y sobre diagnosticado.

¿Y ese sobrediagnóstico no puede responder también a motivos estrictamente económicos, a una cierta mercantilización de la sanidad? Recuerdo que hace unos años en Italia detuvieron a un médico que se dedicaba a realizar operaciones absolutamente innecesarias sólo para cobrarlas…

Claro. Evidentemente, en la medicina privada el riesgo de que un paciente sea sobremedicado, sobre tratado y sobre operado es más alto, porque ahí hay en juego unos honorarios médicos que se quieren cobrar y puede haber la tentación de sobre indicar cirugías.

De hecho, hay un estudio que dice que los parientes de los médicos se operan mucho menos que los que no son parientes.

Un dato muy revelador… ¿Y qué ocurre en el sistema de salud pública?

Un poco lo mismo, pero los médicos del sistema público no se ven tan acuciados por motivos mercantiles, pero sí por otros motivos: los académicos, los del prestigio, el que su centro haga el mejor lo que sea, la connivencia con la industria.

Tanto la mercantilización como ciertas formas de promoción ponen al enfermo en riesgo de ser sometido a pruebas y cirugías que no necesita.

¿Nos hemos convertido en cobayas de los laboratorios farmacéuticos?

Yo no lo diría en términos tan agresivos. La industria farmacéutica y la industria de dispositivos sanitarios han sido fundamentales para el desarrollo de la medicina, que hoy dispone de un arsenal terapéutico, de diagnóstico y de monitorización impresionante, que supone una ayuda capital.

Pero, naturalmente, la industria farmacéutica tiene intereses esencialmente mercantiles, porque son empresas cuyo último fin es hacer negocio, incrementar su valor en bolsa y mejorar cada año su resultado económico.

Es un poco paradójico: es como si la industria sanitaria fuera una industria de televisores o de automóviles.

Además, si estamos más sanos, si vivimos más años, hasta cierto punto deberíamos de recibir menos tratamientos de los que recibimos.

Pero la industria farmacéutica, como cualquier otra industria, quiere ir creciendo. Y en este ir creciendo emplea prácticas deshonestas. Esto hay que denunciarlo.

¿A qué prácticas deshonestas recurre la industria farmacéutica?

A prácticas de sobornos, a sacar publicaciones que no son correctas, a financiar de manera exagerada la formación continuada, una formación sesgada a favor de la industria…

Todo eso es debido al hecho de que la industria médica en general es una industria capitalista como cualquier otra. Los accionistas aprietan, hay que subir las ventas… Y entonces entramos en la sobre medicación y en la promoción de enfermedades.

Empiezan, por ejemplo, a aparecer en muchos periódicos noticias hablando no de impotencia sino de disfunción sexual, que tiene un espectro mucho más amplio que la impotencia, y esto puede ayudar a aumentar las ventas de Viagra.

¿Todo esto puede ser también fruto de que hemos deificado a la tecnología, a la ciencia? Cualquier cosa que venga con la etiqueta 'ciencia' la compramos sin dudarlo….

Claro. Yo pienso que en general la población, la ciudadanía, tiene un concepto de la ciencia muy dogmático.

Es paradójico: hemos rechazado los dogmas religiosos para aceptar otros. Y máxime cuando la ciencia es muy controvertida. Lo que hoy defiende la ciencia puede no defenderlo mañana.

La naturaleza misma de la ciencia es ser crítica, revisar continuamente lo que dice.

Por supuesto, hay conocimientos adquiridos, sólidos, que nadie discute.

Pero cuidado con tener fe en la ciencia porque eso nos lleva a pervertir su sentido.

La ciencia se equivoca muchas veces o, por lo menos en ella, hay opiniones muy diversas.

Lo hemos visto por ejemplo con la pandemia de coronavirus…

Eso es. Casi cada país, cada epidemiólogo, cada régimen sanitario, ha actuado de forma diferente.

Las evidencias científicas son, por naturaleza, cuestionables; en algunos aspectos las cosas están más claras, pero en otros muchos no.

Hay quien defiende el uso de la mascarilla y quien no, quien defiende el confinamiento y quien no, quien defiende una cosa para los enfermos y otra para los sanos.

Yo creo que la ciudadanía en este momento debería ser un poquito más escéptica respecto a lo que representa la ciencia, porque en esta pandemia ha demostrado ser muy insuficiente.

Vivimos también en un período dominado por el hedonismo, el miedo a las enfermedades y el miedo a la muerte. Hay incluso médicos que aseguran que vamos a vencer a la muerte, que en unos años ya seremos inmortales… ¿Todo eso está relacionado con del concepto capitalista de la sanidad?

Desde luego. Google, por ejemplo, está destinando cientos de millones de dólares para luchar contra el envejecimiento y buscar la clave de la vida perpetua.

Hay grandes corporaciones que ya están congelando a gente muy enferma con la promesa de descongelarla cuando la ciencia y la técnica lo permita.

Hay todo un movimiento transhumanista, que está fuertemente apoyado por la industria, y que pretende convencer al público de que está a nuestro alcance eliminar la muerte o, por lo menos, demorarla muchos años.

¿Y usted cree que eso es posible?

Yo creo que es una gran mentira y, además, me parece que esa idea es poco honrada respecto a las generaciones que nos siguen.

Debe de haber una cierta solidaridad intergeneracional, dar paso a la gente de las siguientes generaciones.

El mundo no es nuestro, lo tenemos prestado y hay que irlo pasando. Nadie puede apropiarse de él para siempre.

Aparte de las cuestiones estrictamente ideológicas o tecnológicas, en lo de vivir para siempre o muchos años más hay un aspecto filosófico y ético que a mí me hace ser muy crítico.

Lo que hoy ya se está haciendo es cronificar muchas enfermedades incurables, lo que provoca que quienes padecen esas enfermedades tengan en muchas ocasiones una calidad de vida terrible e incluso agónica…

Y tanto. Yo estoy a favor de alargar la vida, pero no de alargar la muerte. Porque -como ya dijo Ivan Illich, uno de los precursores en la crítica cultural de la medicina-, la medicina genera mucha patología.

También cura cosas, pero genera mucha gente enferma, muchas veces enferma crónica.

Yo considero que sería prudente invertir menos en medicina de fases terminales e invertir más en prevención o, por ejemplo, en otras medidas sociales.

Me imagino que habría que analizar la calidad de vida de algunas de esas personas, ¿no?

Sí. La calidad de vida, las visitas al médico, las pruebas complementarias, nuevas visitas al médico, tratamientos de quimioterapia que muchas veces no tienen ninguna finalidad terapéutica.

Y aparte de que la calidad de vida del enfermo muchas veces queda comprometida, el enfermo queda totalmente dependiente del sistema sanitario. Todo eso es enormemente costoso, tanto en términos de calidad de vida del paciente como para las arcas públicas.

Leyendo su libro me he enterado de que, en los últimos años, y a pesar de la hiper medicalización, en los países más desarrollados la esperanza de vida no sólo se ha estancado sino que está retrocediendo...

Sí, sí. Hay noticias de Francia, Estados Unidos, España, que apuntan a que puede haber un estancamiento en el crecimiento de la esperanza de vida. De hecho, desde hace años la curva se ha ido aplanando.

Y tiene su lógica: nos acercamos a lo que muchos creemos que son los límites biológicos. Por cuestiones biológicas y de deterioro del propio organismo, yo creo que es desaconsejable intentar alargar extremadamente la vida.

Y, por hacerlo, estamos pagando un precio: por ejemplo la enfermedad de Alzheimer, que es una enfermedad terrible, ya casi ha alcanzado proporciones epidémicas.

El alargamiento de la vida tiene una cara B: la aparición de más cánceres, de más enfermedades neurológicas incurables y más deterioro del sistema cardíaco y vascular.

Si a eso se añade que la obesidad se está generalizando, las adicciones ganan terreno y que (re)aparecen enfermedades relacionadas con el cambio climático, tiene su lógica que la esperanza de vida no crezca e incluso retroceda.

Y doctor, todos estos problemas, ¿cómo se curan?

Un poco con el empoderamiento del enfermo. Será difícil, hoy no vemos señales de que el sistema adopte medidas para cambiarse a sí mismo, a pesar de que los avisos llegan por todas partes.

No descarto que haya una involución y un cambio de ruta en algunos de los temas fundamentales que estamos comentando. Pero cada uno de nosotros debemos de ser conscientes de todo esto.

El enfermo que tiene cáncer a lo mejor tiene que ver que no le pueden tener dos años muriéndose poco a poco, a lo mejor tiene que preguntarse en qué le está ayudando realmente su doctor o están haciendo un ensayo clínico a sus espaldas o probando un medicamento para ver si me alarga un mes la vida, a expensas de que el sistema público se gaste 50.000 euros más en ese enfermo.

Creo que debe haber más responsabilidad propia y una cierta aceptación de la muerte natural. Antes, de nuestros abuelos se decía que morían de muerte natural.

Ahora la muerte está super medicalizada, es muy artificial.

¿Cómo ha sido acogido su libro por sus colegas médicos?

Quizás nadie escribe al autor para decirle que lo ha hecho mal, porque he recibido un montón de correos diciéndome que ya era hora de que alguien pusiera en negro sobre blanco lo que muchos pensábamos.

Creo que en este libro se ha cristalizado lo que en el ambiente lleva tiempo flotando.

Ahora bien, he puesto en evidencia -y acaso se hayan molestado- a aquellos que creen que la medicina es una ciencia básica. La oncología y la psiquiatría están en la diana de mi libro y algunos profesionales se habrán sentido señalados.

Por ejemplo, hago una crítica bastante dura a la psiquiatrización social que convierte en enfermedades mentales lo que son estados fisiológicos y abusa de la medicación. Hoy en día alrededor del 15% de los hombres y casi el 30% de las mujeres recibe algún tipo de medicación neuroléptica.

En general el libro ha tenido una buena acogida y yo creo que el público ha recibido un mensaje liberador. Además, está documentado, lleno de números, de hechos, de datos. Y se pueden criticar las opiniones, pero los hechos y los datos están ahí.

31 de agosto 2020

BBC News

https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-53944005

Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Querétaro, un encuentro de escritores y pensadores que se realizará virtualmente entre el 2 y 7 de septiembre de 2020.

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