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Opinión

Julio Dávila Cárdenas

Los venezolanos nos encontramos ante la disyuntiva de elegir entre lo que coloco como título de esta reflexión.

Decía hace ya más de doce años que la prudencia consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguirlo o huir de ello.

En política, la prudencia es aquella dirigida a lograr el bien común. Santo Tomás nos enseña acerca de ella con la metáfora del barco, cuando nos dice: “La nave, que se mueve por el impulso de vientos diversos hacia lugares distintos, no llegaría al fin previsto si no fuera dirigida hacia el puerto por un timonel competente”.

Norberto Bobbio descubre otra, la del laberinto, que tiene alguna salida, pero ni el filósofo sabe cuál es, pues él también está en la misma situación de los demás. Su tarea es la del prudente que enseña “a coordinar los esfuerzos, a no arrojarse de cabeza a la acción, y al mismo tiempo a no demorarse en la inacción, a hacer elecciones razonadas, a proponerse, a título de hipótesis, metas intermedias, corrigiendo el itinerario durante el trayecto si es necesario, a adaptar los medios al fin, a reconocer los caminos equivocados y abandonarlos una vez reconocidos como tales.”

Luego de permanecer más de veinte años en el poder, tanto el régimen de Chávez como el de Maduro han llevado al país a una situación verdaderamente desastrosa, aun cuando durante el tiempo del primero, el petróleo logró que Venezuela contase con ingentes recursos que tanto Chávez como Maduro despilfarraron y en buena parte fueron a parar a la corrupción.

Aquel pueblo al que el comunismo le prometió luchar por ellos se encuentra sumido en la miseria. Como diría Churchill, “una masa trémula de atormentados, hambrientos, desposeídos y aturdidos seres humanos se encuentran ante las ruinas de sus ciudades y de sus casas y escudriñan los oscuros horizontes”. Los inmensos recursos que debieron emplearse en salud, educación y en mejorar la situación del país, sólo sirvieron para tratar de comprar voluntades tanto en el país como en el exterior y para enriquecer a quienes detentaban el gobierno y a sus viejos y nuevos amigos.

Hoy Venezuela se encuentra en estado más que lamentable, ruinoso. Son muchos quienes piensan que esto se lo llevó el diablo y que prácticamente no hay posibilidad de recuperación. Nos encontramos sin agua, energía eléctrica, gasolina ni petróleo que vender y en medio de una pandemia en un país que no cuenta con recursos hospitalarios ni medicinas con que enfrentarla.

Otros pensamos que lo que se requiere es unidad, unidad y mas unidad de dirigentes y personas capaces y de buena voluntad para recuperar el país y salir de un comunismo que pretende terminar de destruirnos. Aún estamos a tiempo. ¡Hagámoslo!

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Jorge Suárez-Vélez

Las crisis fomentan desigualdad. Por sentido común, quien tiene recursos las puede enfrentar con menos dificultad que quien vive al día; le va mejor a quien tiene un buen empleo que a quien sobrevive en la informalidad. Las crisis presentan un áspero ambiente de selección darwiniana en el cual el más fuerte saca ventaja. Pero sería peligroso confundir el impacto temporal con el daño permanente, pues eso llevaría a adoptar políticas públicas equivocadas que pueden mermar la prosperidad y el potencial de crecimiento de sociedades y países, incluso restringiendo la ansiada movilidad social.

Para comprender lo que está pasando con la pandemia, es importante recordar que es una crisis sanitaria de proporciones solo comparables con la llamada gripe española de 1918, y que ocurre apenas una década después de la “Gran Recesión” de 2008. Llegó la covid-19 cuando todavía vivíamos las secuelas de políticas adoptadas para mitigar las consecuencias de esa crisis, y cuando estábamos aún lejos de poder afirmar que habíamos logrado regresar a un entorno estable o normal.

La respuesta a la crisis de 2008 fomentó mayor desigualdad porque favoreció a quienes tenían activos sobre quienes dependían de su salario. Después de la crisis, los bancos centrales del mundo inundaron de liquidez las economías, con el objeto de evitar una espiral deflacionaria como la que ocurrió después del colapso de 1929. Al hacerlo, provocaron que se desplomara el precio del dinero, es decir, la tasa de interés. Las tasas de interés cercanas a cero –o incluso negativas en algunos países– incitaron un alza sin precedente en los precios de activos (acciones, bienes inmuebles, obras de arte) enriqueciendo, al menos en papel, a sus dueños. Las tasas de hipotecas, en mínimos históricos, hicieron posible adquirir inmuebles que previamente hubieran parecido fuera del alcance. Invertir en acciones de empresas que pagaban dividendos de dos o tres por ciento al año resultaba mucho más atractivo que comprar bonos exentos de rendimiento. Por ello, la década pasada fue la cuarta más rentable en la historia para invertir en la bolsa estadounidense. Quien hubiera puesto mil dólares en la bolsa el primero de enero de 2010 hubiera tenido 3,600 el último día de 2019. Pero quien no tenía activos no recibió beneficio alguno. Quienes sólo podían ahorrar mediante un depósito bancario o un bono, no recibieron retornos para siquiera compensar la tasa de inflación (que, de por sí, fue históricamente baja).

En contraste, el aumento en los salarios ha sido menos robusto como consecuencia de dos grandes corrientes: la globalización y la robotización. Al ser incorporados en las cadenas de valor países densamente poblados como China, Vietnam o México, los trabajadores en muchos países desarrollados perdieron capacidad para negociar sueldos y prestaciones, frente a la amenaza de que plantas industriales pudieran migrar a otros países. Ahora, esa tendencia se profundiza conforme avanzan la robotización y automatización de la producción y surgen herramientas de inteligencia artificial que reducen significativamente la necesidad de interacción humana para la provisión de servicios (esta tendencia podría acentuarse con la interrupción de cadenas de valor por la pandemia, pues las máquinas no se contagian). Según un estudio del Pew Research Center, el ingreso en los hogares del decil más alto en Estados Unidos en 2016 fue 8.7 veces mayor que el del decil más bajo, cuando en 1970 la diferencia era de 6.9 veces.

Sin embargo, cuando se hace este tipo de análisis se critica solo el impacto negativo de la globalización en la producción de manufacturas y no se analizan las consecuencias positivas, empezando por el fuerte abaratamiento que ha habido en los precios de bienes duraderos. En las últimas tres décadas, el índice general de precios en Estados Unidos ha aumentado en promedio 2% al año, pero el precio de los bienes duraderos ha caído 1.3% al año durante el mismo periodo. Gracias a la caída en los precios provocada por la globalización, la familia de un trabajador promedio puede comprar televisiones de grandes dimensiones, teléfonos inteligentes, y una serie de bienes que mejoran su calidad de vida, al proveer entretenimiento gratuito (o casi) y darle la posibilidad de conectarse con amigos y familia distantes en condiciones que antes eran imposibles o inasequibles sin niveles más altos de ingreso (¿cuánto costaba antes una llamada de “larga distancia”?).

La covid-19 ha abierto la brecha de la desigualdad de una forma sin precedente en cuestión de meses. Nos recuerda que millones de familias no pueden darse el lujo de permanecer en casa, pues hacerlo implicaría no poder llevar pan a la mesa. Subraya las condiciones de hacinamiento en las que vive una parte no menor de la población. Cuando escribo esto, por ejemplo, uno de los focos de infección más activos en Asia está en Mumbai, ciudad en la que dos tercios de la población viven en arrabales como Dharavi, cuya densidad poblacional es 30 veces la de Nueva York. Lo mismo ocurre en las favelas de Río de Janeiro o en los cinturones de miseria de Lagos. ¿Cómo mantener “sana distancia” cuando millones necesitan transitar por horas en transporte público sucio y abarrotado?

En Perú, a pesar de las políticas sanitarias sensatas, la pandemia se sale de control porque la población va en promedio 200 veces al año a mercados públicos, pues carece de refrigerador para guardar productos perecederos. A pesar de un plan de estímulo económico adecuado, la economía de ese país se desplomará –se estima– 17% debido a la dificultad de proveer ayuda en forma eficiente cuando tres cuartas partes de la población trabaja en la economía informal. Cuidarse del contagio es un lujo que solo quienes tienen fuentes de ingreso estables se pueden dar.

Encima, se expande la llamada “brecha digital”, que marca una diferencia abismal entre aquellos jóvenes con acceso a computadoras, internet y aprendizaje remoto y quienes no lo tienen, ni asisten a una escuela que provea esa alternativa; muchos jóvenes simplemente perderán meses y quizá años que serán difíciles de recuperar.

Independientemente de que las condiciones que incrementan la desigualdad sean coyunturales o estructurales, es innegable el impacto que esta tendrá en el entorno electoral y en las plataformas políticas en los próximos años. La pandemia dejará una secuela de desempleo y pobreza quizá solo comparable con la Gran Depresión en la década de los treinta. En Estados Unidos, la Reserva Federal estima que la tasa de desempleo, que llegó a 14.4% en el mes de abril, se mantendrá por encima de 5.5% hasta 2022, cuando en febrero, al inicio de la pandemia, era de 3.8%, la más baja desde 1969, después de más de diez años de expansión económica ininterrumpida. En México, se estima que 12 millones de personas perdieron su fuente de ingreso, dos millones de éstas en la economía formal, y se espera que la economía muestre su peor caída desde 1932 (-10%), con una tibia recuperación en 2021, manteniéndose estancada posteriormente como consecuencia del desplome en la inversión, tanto pública como privada.

Como si la lectura de estas condiciones no fuese suficientemente compleja, hay que agregarle las protestas que surgen por las asignaturas pendientes dadas las condiciones de discriminación –racial, de género y clase– que prevalecen en varios países. Así, empezamos a ver confusión en el lenguaje de protestas que tienen un origen absolutamente válido y que reclaman cambios que hace mucho debieron ocurrir. Repentinamente las protestas son también contra el capitalismo, contra el neoliberalismo, o contra la globalización.

La crisis sanitaria ha subrayado las deficiencias en las políticas públicas, la politización de la respuesta, y la ineptitud del liderazgo y de la clase política. Sin embargo, parece no haber suficiente crítica a la pésima asignación de recursos fiscales que se manifiesta en las carencias del sistema de salud pública donde trabajadores de la salud responden con vocación conmovedora y enorme sacrificio, a pesar de las carencias que se les imponen.

Pronto veremos que surgirá la crítica a las soluciones –terapias, vacunas, sistemas de rastreo de contagio– que serán desarrolladas por empresas privadas. Nuestra sociedad parece ignorar que una crisis como esta subraya la colosal importancia de la inversión privada en la investigación científica y médica que todos los días logra encontrar soluciones a enfermedades que antes eran mortales, y a condiciones que afectan seriamente la calidad de vida de millones de seres humanos.

Todos los años se invierten alrededor de 300 mil millones de dólares en investigación médica. Un tercio proviene de universidades que buscan hacerse de propiedad intelectual que pueden vender para tener con qué financiar investigación en áreas científicas y de humanidades, pero también para proveer educación para quien no pueda pagarla. Las soluciones a esta pandemia que ha matado a más de 400 mil seres humanos en solo cuatro meses provendrán de éstas y de empresas de biotecnología.

En este momento en el que los jóvenes protestan por causas justas e impostergables, vale la pena recordarles la importancia de la empresa privada. Hay que recordarles que la globalización y el libre comercio permitieron que entre 1990 y 2010 el número de seres humanos viviendo en condiciones de pobreza extrema ($1.25 dólares diarios) se redujera a la mitad, cinco años antes de la meta establecida. Hay que recordarles que no hay una sola medicina remotamente relevante que haya sido originada en un país que no sea capitalista.

Sí, este es un momento crucial para impulsar la responsabilidad social de las empresas, para fomentar transparencia y honestidad, para subrayar el cuidado al medio ambiente. Pero es también crucial recordar la importancia de que estas tengan incentivos para invertir en innovación y en tecnología. Hoy es más importante que nunca crear riqueza, desarrollar las capacidades de los trabajadores y darles acceso a equipo y tecnología de punta para que logren mayor productividad y para que tengan un trabajo mejor remunerado.

Es importante que las empresas paguen impuestos, pero es igualmente importante exigir que los gobiernos no desperdicien recursos fiscales que hoy serán más escasos que nunca y que deben ser destinados a ayudar con eficiencia (y sin objetivos clientelares) a la población más afectada, a proveerle educación que permita movilidad social, a ofrecerle salud pública que ponga los enormes avances médicos a su alcance y le ofrezca cuidado digno. Hoy es más importante que nunca fomentar la formalidad en la economía para que el grueso de la sociedad tenga acceso a capacitación, a crédito, e incluso a programas de ayuda estatal que sean transparentes y que eviten fomentar dependencia.

Se hará más grande la brecha entre los países ricos, con acceso casi ilimitado a crédito, y los más pobres que no lo tienen. Estos últimos tendrán que actuar con inteligencia, creatividad y enorme eficiencia, pues de no hacerlo será su población más necesitada quien lo resienta. Este no es momento para politiquería o para clavar cuñas, separando a partir de etiquetas. Hoy el sentido común es crucial. Hay que convocar a los expertos y escucharlos. Hay que trabajar juntos y con gran eficiencia en la búsqueda de objetivos comunes. Hoy dividir y polarizar hace más daño que nunca.

Toda crisis presenta oportunidades. Aprovechemos las que ya tenemos enfrente.

Junio 2020

Letras Libres

https://www.letraslibres.com/mexico/economia/desigualdad-y-capitalismo

 8 min


Escribí el borrador de este articulo el pasado domingo, día de descanso, según fue establecido por Dios, agotado después de haber trabajado toda la semana en la creación el mundo. Tenía pensado escribir sobre la Sociedad del Riesgo, concepto que le debemos a Ulrich Beck, sociólogo alemán, que busca caracterizar el planeta incierto y complejo en el que vivimos actualmente.

Hoy es domingo, me dije, y decidí, entonces abordar un tema más leve, si cabe el término, que el de la pandemia o el de nuestra insensatez política. Me refiero al Deporte 4.0, ubicado en el contexto de la Cuarta Revolución Industrial, cuya marca distintiva es el uso creciente de las nuevas tecnologías, calificadas de “disruptivas” por su gran capacidad de transformación.

Zapatos de fútbol inteligentes

A título de ejemplo cabe citar, en este sentido, cosas que ya comienzan a observarse en el fútbol y que, en otro formato y condiciones, también se asoman en las demás disciplinas. Me refiero a la reducción de los tiempos en la recuperación de lesiones, la digitalización de fases completas del juego hasta convertir la cancha en un enorme centro de experimentación o al uso zapatos inteligentes que “adivinan” si el jugador va a driblar o a rematar con piquete al arco.

En una dimensión distinta de las cosas cabe referir, mero ejemplo también, el uso de la biotecnología para crear miembros para personas amputadas, aumentar la resistencia del atleta o llevar a cabo operaciones que recuperen la vista, posibilidades todas que, junto a otras muchas, plantean interrogantes serias (aún sin respuestas satisfactorias, sobre todo, aunque no solo, desde el punto de vista ético), con respecto a su aplicación a los deportistas, no para corregir defectos sino con el propósito de potenciar su desempeño.

En otro orden de ideas, los especialistas anuncian, en paralelo con la expansión y el mayor desarrollo de los denominados E-sports, la invención de nuevos deportes, capaces de combinar el ejercicio y el “gaming”, con lo que, de paso, enfrentan el creciente problema del sedentarismo entre los adolescentes, convertido casi en un problema de salud pública.

Los Juegos Olímpicos

Este nuevo menú conocimientos actualmente disponible transforma el deporte de alta competencia hasta límites que resultan casi inimaginables. Su impacto se visualiza, más allá de las canchas de juego, en nuevas formas de productos, servicios e, incluso, en cambios en el diseño de las organizaciones, en las estrategias de mercadeo y en otro tipo de cambios, todo lo cual es particularmente visible en los Juegos Olímpicos (JJOO).

Con respecto a lo anterior expongo algunas consideraciones extraídas, de manera muy resumida, del trabajo que publicamos Iván de la Vega, Luis Germán Rodríguez y yo (“Tecnociencia, Deporte y Sociedad. La variable tecnocientífica como eje del cambio en los Juegos Olímpicos”), publicado hace algunos años y disponible en internet. En el mismo, que, dicho sea de paso, es una suerte de continuación de otro que editamos antes (“Tecnociencia, Deporte y Sociedad: ¿victorias de laboratorio?”), también en la red, se explora el rol del esfuerzo tecno científico a partir de los últimos siete eventos olímpicos.

Las tecnologías emergentes están marcando diferencias entre quienes las tienen y aplican y aquellos que no pueden acceder al conocimiento de última generación. Esto da pie a afirmar que la competencia es incluso mayor fuera que dentro de los recintos deportivos. Así las cosas, el principio sagrado que debe gobernar la competencia, el de la ‘igualdad de condiciones’, planteado por el Barón Pierre de Coubertin, fundador de los juegos olímpicos modernos, se encuentra en vías de desaparición.

En síntesis, el deporte del siglo XXI debe ser entendido, en buena medida, identificando y sopesando la repercusión que tiene el desarrollo tecnocientífico en sus diversas disciplinas a partir de innovaciones que surge en el seno un nuevo paradigma proveniente de la convergencia tecnológica entre nanotecnología, biotecnología, tecnologías de información y comunicaciones y las ciencias cognitivas, así como de sus derivaciones en tecnologías facilitadoras como la Big Data, Internet de las cosas, cloud computing, transformación digital, inteligencia artificial, impresoras 3D, robótica, etcétera, que tocan la esencia misma del deporte, al punto de que se ha abierto la puerta para hablar de atletas transhumanos.

¿Victorias de laboratorios?

En el lapso considerado en nuestro primer trabajo, que cubre los juegos olímpicos desde 1992 hasta 2016, los resultados se correlacionan en buena medida con los esfuerzos realizados en el campo de la generación de conocimientos, calibrados por los indicadores usuales (gasto en actividades científicas, número de investigadores y número, número de publicaciones científicas, número de patentes …). En otras palabras, obtienen más medallas los países que mejores índices exhiben en cuanto a su nivel de desarrollo en materia de investigación, una correspondencia que, desde luego, merece explorarse con más profundidad a fin de determinar si las victorias deportivas se dilucidan cada vez más en los laboratorios.

El Nacional, 6 de agosto de 2020

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La introducción del sistema acusatorio poco antes de principios de siglo colocó al Ministerio Público en el centro del proceso judicial penal venezolano, al conferirle a ese organismo la responsabilidad de dirigir las investigaciones para identificar a los responsables de los crímenes y sentarlos en el banquillo de los acusados. Esta doble función obligó a incorporar más funcionarios y crear nuevas dependencias, sin embargo, ello no se ha traducido en una mejora del servicio.

Al menos esta es la conclusión a la que arribó Acceso a la Justicia en su Informe sobre el desempeño del Ministerio Público (2000-2018), elaborado a lo largo de 2019 con la coordinación de Elienai González y la investigación de Lissette González, Carmen Jiménez, Thais López y Keymer Ávila, y para el cual revisó los informes anuales que el organismo presentó a la Asamblea Nacional desde el año 2000.

En el reporte se da cuenta del incremento de personal sufrido por la instancia garante de la legalidad en las últimas dos décadas, al afirmar que en el año 2002 el Ministerio Público contaba con 1.135 fiscales, y en 2019 con 2.199, para una tasa de 6,82 fiscales por cada 100 mil habitantes, lo que implicó un aumento de 93,7% en la cantidad total. Venezuela en el año 2015 se encontraba dentro del promedio de la tasa internacional recomendada con 5,5 fiscales por cada cien mil habitantes (pccmh).

El número de fiscales venezolanos está dentro del promedio de la región, arrojó el estudio, aunque también está por debajo del de otros países con alta incidencia de violencia criminal como El Salvador, el cual tiene 8,9 pccmh, con la tasa más alta de la región; Colombia, que tiene 7,8, o Guatemala que tiene 6,9.

El delito sigue campeando

El crecimiento experimentado por el Ministerio Público debería haberse traducido en una mejor respuesta a la ciudadanía, porque debió resolver el colapso que provocó la entrada en vigor del Código Orgánico Procesal Penal (COPP). En el informe se recuerda que para el primer semestre de 1999 ingresaron a la Dirección de Delitos Comunes 17.249 casos, para el segundo semestre de ese año y el primero de 2000 se contaron 206.072 casos, y para el primer trimestre de 2001 ingresaron 133.129 causas nuevas, es decir, cinco veces más que en el primer semestre de 1999.

Sin embargo, el aumento en el número de fiscales no ha venido acompañado por un crecimiento proporcional en la cifra de investigaciones y en la calidad de estas. Ello se demuestra al revisar los propios datos del Ministerio Público sobre casos relacionados con ejecuciones extrajudiciales, torturas y otras violaciones a los derechos humanos cometidas por funcionarios públicos.

Al respecto, en el documento se lee que a pesar del aumento en la cantidad de homicidios, víctimas, y acusados en 2007, con respecto 2006, paradójicamente los funcionarios privados de libertad disminuyeron en un 26,35%, es decir, de 52 detenidos en 2006, se pasó a solo 16 en 2007.

Una situación similar se constató en la lucha contra la corrupción. La investigación detectó que las cifras brindadas sobre la cantidad de acusados en los años 2015 (3.119), 2016 (2.167) y 2017-2018 (1.282), revela un descenso ininterrumpido, de 2015 a 2016 bajó en un 30,52%, y de 2016 a 2018 en un 40,84%, lo que comparado con la cantidad de imputaciones en los mismos años revela la decisión de no acusar en muchos de los casos aun contando con los elementos de convicción para ello, ya que en 2015 imputaron a 3.565, y en 2016 a 3.165 personas, es decir bajó un 11,22%. En 15 meses (2017-2018) se reportaron prácticamente la mitad de los acusados que en el año anterior.

Esto explicaría por qué casos emblemáticos de irregularidades administrativas como Odebrecht, Cadivi o PDVSA permanecen sin castigo.

Otro indicador para medir la eficacia del Ministerio Público que aborda el informe de Acceso a la Justicia es el relacionado con el costo para resolver cada caso. Así, el estudio, muestra que «entre 200 dólares y 400 dólares costó cada asunto resuelto por el Ministerio Público entre 2009 y 2013».

Precisamente el aspecto económico no parece ser una de las razones por las cuales el organismo no ha cumplido cabalmente sus funciones, al menos en buena parte de las dos décadas estudiadas. Entre 2000 y 2011 el Ministerio Público vio cómo su presupuesto no hacía más que crecer —llegó a manejar más de 336 millones de dólares en 2008—. Sin embargo, a partir de 2012 los fondos no han hecho más que caer y «en 2015 se registró el menor presupuesto del período, con 23 millones de dólares».

¿Y a ti venezolano, cómo te afecta?

El Ministerio Público es un organismo fundamental en el sistema democrático diseñado en la Constitución de 1999, porque no solo es el encargado de llevar ante la justicia a quienes quebrantan la ley, sino que además es el responsable de velar porque los tribunales y los cuerpos policiales respeten los derechos de los ciudadanos.

La ineficacia del Ministerio Público es uno de los motivos por los cuales la impunidad campea en el país. La ausencia de castigo a los crímenes no solo incita a que estos se repitan, sino que lo hagan con una mayor virulencia, poniendo así en jaque a los ciudadanos. No hay que olvidar que Francisco de Miranda ya advirtió que «Entre las diversas maneras de matar la libertad, no hay ninguna más homicida para la República que la impunidad del crimen o la proscripción de la virtud».

5 de agosto 2020

https://www.accesoalajusticia.org/el-caso-del-ministerio-publico-prueba-...

Puede leer el Informe sobre el desempeño del Ministerio Público (2000-2018) en

https://www.accesoalajusticia.org/wp-content/uploads/2020/08/Informe-sobre-el-Desempeño-del-Ministerio-Público-2000-2018.pdf

Puedes leer el Resumen Ejecutivo del Informe sobre el desempeño del del Ministerio Público (2000-2018) en

https://www.accesoalajusticia.org/wp-content/uploads/2020/08/Resumen-Ejecutivo-Informe-sobre-el-desempeño-del-Ministerio-Público-2000-2018-1.pdf

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Antonio Di Giampaolo

LAS CONTRADICCIONES EN LA OMS (108)

Hasta la fecha la Organización Mundial de la Salud ha emitido 200 informes para reportar a través de informes diarios el curso de la emergencia sanitaria global. Aunque la alarma por el nuevo coronavirus surgió en la ciudad China de Wuhan en Asia, rápidamente repercutió en varios países de Europa. En la actualidad el continente americano concentra en Estados Unidos, Brasil y México elevados índices de casos, y preocupa que India, el país más poblado del mundo, sostenga el nivel de nuevos contagios diarios más alto del mundo, y también que en África el registro y tratamiento de la enfermedad esté resultando limitado e insuficiente.

Cada mañana en la sede de la OMS en Ginebra se ofrece el reporte diario y una declaración a los medios de comunicación sobre el curso de la pandemia. Algunas de las controvertidas declaraciones han girado en torno al uso generalizado de la mascarilla, la efectividad de la hidroxicloroquina, la transmisión del nuevo coronavirus a través del aire, las restricciones a los viajes y desplazamientos o la eventual transmisión de la enfermedad por el contacto con personas asintomáticas. Para la muestra un botón, el Director General del ente, el galeno Tedros Adhanom Ghebreyesus, por ejemplo, comentó que “quizás no haya nunca una cura contra la Covid-19” y al día siguiente se mostró esperanzado en los prospectos de vacuna que están desarrollándose.

En virtud que la Covid-19 es una emergencia planetaria que se encuentra en pleno desarrollo la conducción de una situación compleja y cambiante supone retos y desafíos sanitarios, logísticos y políticos en variadas dimensiones. Las declaraciones, los informes y los comunicados emitidos, aunque no necesariamente las opiniones personales, son el producto de aportes de equipos multidisciplinarios que tratan de evaluar las eventualidades y las situaciones que han ido surgiendo a lo largo del tiempo. Al día de hoy la cifra de personas que se han contagiado de Covid-19 asciende a veinte millones de personas y más de setecientas mil han perdido la vida. La enfermedad está presente en 188 países y una treintena de dependencias y territorios.

La OMS es un organismo que hace parte de la ONU y tiene una función de coordinación y asesoría en materia de Salud. No tiene pues en si misma capacidad para hacer que las naciones que la integran ejecuten y desarrollen sus políticas. El esfuerzo por integrar la data oficial se limita a una labor de compilación, pero las estadísticas son suministradas por los países afiliados, en muchos casos de manera discrecional o limitada. Aunque en cada país hay una delegación del ente, corresponde a las autoridades de cada estado ejecutar desarrollar los planes y ejecutar las acciones que se estimen convenientes según los criterios locales y en la medida de las posibilidades. Por mandato de la reciente Asamblea Anual de la OMS una comisión de expertos evaluará el desempeño del organismo durante la pandemia. La humanidad espera que la cura llegue antes que las recomendaciones.

¡Amanecerá y veremos!

@ADIGIAMPAOLO

LA GUERRA POR LA VACUNA (107)

Actualmente en el mundo hay en desarrollo más de un centenar de proyectos de investigación en torno a una vacuna contra el nuevo coronavirus. Laboratorios, empresas farmacéuticas, científicos y académicos en diversas localidades trabajan en ensayos con la finalidad hallar el antídoto para la Covid-19. Una veintena de investigaciones han avanzado en aspectos de seguridad y eficacia, así como dosificaciones y adelantan pruebas clínicas en humanos. Inglaterra denunció que sus centros de investigación han sido objeto de ciberataques por parte de internautas rusos y Estados Unidos puso en la lista de “los más buscados” a dos hackers chinos acusados de espiar secretos relacionados con las vacunas en los centros de investigación y empresas norteamericanas.

Los meses de agosto, septiembre y octubre serán decisivos para que al menos cuatro de los prospectos concluyan con resultados satisfactorios y brinden esperanzas a la humanidad sobre la posibilidad de contener y erradicar la pandemia. Uno de los estudios clínicos más avanzados corresponde a la Universidad de Oxford en Inglaterra junto a la firma AstraZeneca, mientras que desde China, la farmacéutica SINOVAC se asegura que es la más adelantada, entre tanto Rusia anunció el éxito del prospecto del Centro Nacional de Investigaciones Epidemiológicas y Microbiología "Gamalei" del Ministerio de Salud y finalmente en Estados Unidos la compañía de biotecnología Moderna recibió fondos federales para acelerar la vacuna y asegurar dosis para la población norteamericana.

En la guerra por la vacuna en la que compiten muchos otros países entre los que destacan también Alemania, España, La República Checa, Chile y Brasil hay otras batallas que se deben librar antes de cantar victoria. Se requiere una inmensa logística para garantizar un nivel de producción de miles de millones de unidades lo cual requerirá tiempo y la labor compartida de muchos laboratorios para la generación y distribución de las dosis.

Un aspecto fundamental es el tema de los costos y China, por ejemplo, ha prometido un crédito para financiar la vacuna en la que se integrarán laboratorios de Beijing y Wuhan. El costo de una vacuna está asociado a la inversión destinada al desarrollo de la misma, y el valor de cada vacuna suministrada dependerá de la cantidad de unidades producidas. Algunas empresas han estimado precios elevados en el orden de treinta dólares por dosis, con el mercantil argumento de costo de oportunidad, lo que se traduce en monto inalcanzable para la inmensa mayoría de la gente.

Además del asunto de los costos, la producción y distribución, otro aspecto vital es la estrategia de vacunación pues se requerirá establecer prioridades en donde el personal de salud, los funcionarios de seguridad y prevención, los educadores y los trabajadores de las actividades esenciales, así como las personas más vulnerables a la enfermedad deberían estar en primera fila.

Aunado a los problemas y dificultades que la pandemia implica, los movimientos antivacunas han alertado sobre los riesgos y peligros que suponen las pruebas clínicas que están en desarrollo.

¡Amanecerá y veremos!

@ADIGIAMPAOLO

LA MASCARILLA DE LOS TORMENTOS (106)

La imagen del Presidente de Brasil Jair Bolzonaro usando tapaboca, luego de haber dado positivo a una prueba de Covid-19, le dio la vuelta al mundo. El mandatario carioca desde un principio había desafiado al nuevo coronavirus, y también a los medios de comunicación, calificándolos de alarmistas cuando tildaba a la Covid-19 de una gripecita.

La más viral de las imágenes noticiosas fue la del Jefe de Estado norteamericano Donald Trump usando una mascarilla durante una reciente visita a un centro hospitalario. El polémico gobernante de Estados Unidos también había desestimado los peligrosos efectos de la enfermedad y en la actualidad la nación lidera las estadísticas mundiales de personas contagiadas y de pacientes fallecidos en todo el mundo.

La producción de cubre bocas se ha vuelto un gran negocio a nivel global. Al principio, por la alta demanda y la escasa disponibilidad surgió un mercado especulativo. La de uso más extendido y ampliamente recomendada es la del tipo N-95, aunque ciertamente no es de las más económicas. Para estar a la moda, las hay de material sintético, muy decorativas, con diversos estampados, que lamentablemente no siempre cumplen con los estándares requeridos para la protección sanitaria. También es necesario destacar las iniciativas colaborativas que en distintas localidades han surgido para producir mascarillas de tela reutilizables que son puestas a disposición de las personas y en particular del personal sanitario que está en la primera línea de lucha contra la enfermedad.

El asunto de los cubre bocas durante la pandemia ha convertido en un tema polémico. Hay quienes lo rechazan simplemente porque les resulta incómodo. Algunos piensan que el imperceptible virus no los afectará, y hay otros que secundan la tesis que se trata de un instrumento de control social surgido en el marco de una conspiración global para imponer un nuevo orden mundial. Afortunadamente el uso de la mascarilla se ha vuelto generalizado,aunque hay quienes por descuido, o tal vez por comodidad la portan de manera inapropiada, a veces como una suerte de gorrito en la cabeza, y otras en el mentón o sin cubrir la nariz, lo que en cualquiera de los casos resulta ineficaz desde el punto de vista de la bioseguridad. Su uso es un signo de responsabilidad y colaboración en la lucha contra la Covid-19. ¡Amanecerá y veremos!

@ADIGIAMPAOLO

LA LÓGICA DEL CORONAVIRUS (105)

Gran preocupación reina en la humanidad a propósito de la emergencia sanitaria global y la manera como la pandemia ha sido abordada y los pacientes son atendidos en diversas partes del mundo. Las políticas sanitarias han sido diversas y se apalancan en las particularidades de cada país, así como en las nociones y prácticas de cada gobierno. En general la prolongada cuarentena con sus especificidades en cada localidad apunta a la posibilidad incidir en la cadena de contagio del nuevo coronavirus y evitar que toda la población, casi de manera simultánea se enferme y se provoque un colapso de los sistemas de salud.

Es claro y evidente que la transmisión de la Covid-19 ocurre entre humanos debido a la proximidad y el contacto entre las personas por lo que el esfuerzo debe centrarse en promover la protección personal con tapabocas y máscaras faciales, el lavado de manos y el distanciamiento social constituyen las practicas vitales en el combate contra la pandemia.

Una cosa es restringir la salida de la gente de sus hogares durante el confinamiento y otra muy distinta es prohibir la compra de bienes esenciales. Un asunto es limitar la libre circulación en los focos de contagio y otra es imposibilitar el desplazamiento general de los ciudadanos. Aun en el marco de un Estado de Excepción hay garantías constitucionales que prevalecen.

Mientras se limita el funcionamiento de ciertos y determinados establecimientos que acatan las elementales normas de bioseguridad, como por ejemplo negocios de repuestos, ferreterías o vestido y calzado, hay cadenas comerciales por departamentos que incluyen además la venta de víveres alimenticios y que funcionan sin mayores restricciones. Los centros comerciales han adoptado medidas de control de acceso, detección de temperatura, sistemas de desinfección y e instalación de dispensadores de gel alcoholado, pero en los concurridos mercados públicos, regentados por autoridades regionales y municipales, no se cumplen las disposiciones que los propios entes gubernamentales imparten.

Hay normas y disposiciones surgidas durante la cuarentena que debe ser evaluadas, y eventualmente modificadas, a la luz de la lógica y el sentido común. La instalación de barreras y puntos de control resultan eficientes en torno a los focos epidemiológicos, pero no cumplen ninguna función sanitaria en el caso de la obstrucción o cierre discrecional de vías, avenidas y carreteras y cuyo despliegue de personal militar o policial bien podría reorientarse al cumplimiento de tareas ciertamente más efectivas.

A diario presenciamos un reporte oficial sobre el saldo de la jornada en la batalla contra la Covid-19 con cifras cada vez más angustiantes.

¡Amanecerá y veremos!

@DIGIAMPAOLO

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El 87% de los venezolanos decidió desde 2017, cuando votó ciudadana y masivamente hasta contar 7.676.894 en el plebiscito del 16J, que la revolución nacida de una conspiración militarista con un enjambre de hombres armados, reforzados por el cubanismo, mancillando la dignidad del venezolano no pudo ni podrá destruir la estructura social de la nacionalidad venezolana, ni meneos aniquilar la oposición democrática que está consciente que el Ambiente Político Real Electoral generado por el 6D es una farsa. Farsa violatoria de la Constitución y tramoya politiquera, construida con grupos de politiqueros compraos, de fracasados operadores, cobardes y parte de la más baja ralea política, que operan como comerciantes del voto en Venezuela durante los últimos 40años.

El 87% de ciudadanos demócratas han leído el tono totalitario de un régimen hoy ahogado y desesperado, que no puede hacer política por cuanto todos ellos son corruptos e ignorantes. En extremo, no les queda más que echar mano a la anti política. Anti política como expresión de un socialismo fracasado, de reformistas impacientes, analfabetos, con enorme estrechez histórica que lo que tienen a la mano es la fuerza bruta. La fuerza bruta representada y operacionalizada por un militarismo vergonzoso a tal extremo, que con su descaro se verifica en la pirámide ocupacional invertida más en su servilismo a una supuesta revolución, que lo que ha hecho es sembrar hambre, miseria y dolor en un país maravilloso que está dispuesto a recuperar la decencia cívica y la democracia.

El 87% de demócratas esta lejos a años luz de esta desgracia autodenominada revolución. En consecuencia, democráticamente ha actuado cuando le negaron el referéndum revocatorio. Sufrió cuando el régimen instrumentó la guerra civil del siglo XXI y, con mucha mayor fortaleza, hoy está dispuesto y listo para defender su derecho histórico, cívico y constitucional de desnudar la farsa del 6D. Para ello ya ha perfilado su conducta: crecer en un movimiento político de renacimiento, que comienza por ignorar el 6D. Ignorar el 6D para crecer como ciudadanía, dispuesto a abrazar la resistencia civil como derecho cívico, instrumento político consistente y -sobre todo- expresión ética de la ciudadanía, hoy subestimados por el marxismo-militarista y los compraos con un discurso de tribuna.

La ciudadanía como respuesta es la civilidad democrática postmoderna, esa que no puede comprender la barbarie de socialismo militarista ideologizado, que todavía y nunca se leyó a Marx pero lo usa. La ciudadanía venezolana en su 87% cree y práctica la democracia, esta asqueada de la revolución y está lista, dispuesta a construir la democracia. Simple, es la venezolanidad que con vergüenza y orgullo ha llegado a la política. A la política como ciencia y arte para recuperar la dignidad del sistema político venezolano… a ella llegan los venezolanos, accionando con ética utens y ética docens, pero además con un gran coraje civilista que ya está puesto en marcha como vía de redención a la decencia política.

La ciudadanía civilista está presta para retornar a la política, por ellos a liberado al partidismo y al partido y a de actuar como la masa democrática del países, vale decir, la que funde en los grandes valores del individuo u del grupo para convertirse en él hiato fuerza y ordenar lo que unos bárbaros corruptos han pretendido construir la nación política. Somos y seremos los ciudadanos demócratas creando un cambio con una cosmovisión política en la cual sepamos todos y sobretodo la instituciones que deben ser reconstruidas y ajustadas a la Constitución ya las leyes

La ciudadanía democrática creadora oteará una Nación Postmoderna, distante de los atavismos históricos, de las leyendas y la ignorancia junto a la violencia. La ciudadanía, creadora como ciudadanía del orden, cumplidora de las leyes e inspirada en la ciencia, en la tecnología y las artes… es la Venezuela que proyectaron grandes valores de la libertad, la decencia y el gentilicio que han querido -sin poder- subestimar los revolucionarios como demonios de la ignorancia y de la estupidez, denominando a esta regresión como revolución.

La ciudadanía, con sus instituciones y en ejecución de la política está dispuesta a reconceptualizar la vida política del país. Reconceptualizar la vida política del país para el buen desarrollo de todos. Es y será hacer una nación venezolana con una función creadora que nacerá amparada con la fe, distante del 6D que tiene sectores confundidos, como consecuencia de la perversión de la maldad líquida. Maldad líquida que deviene y aspira poner control sobre todo, apoyándose en la fuerza y en una guerra psicológica inhumana y perversa para crear separación, división y odios entre quienes somos una extraordinaria raza humana. Le tienen miedo a la oposición, por cuanto es oponerse al 6D, porque será el punto de partida para priorizar y crecer en acciones haciendo política y permitiendo además, que el venezolano común sea un ciudadano corajudo, sobrado de interés por reponer vía su participación política contendiente la Nueva democracia de Venezuela en el siglo XXI.

Es auténtico,

Director CSB CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 4 de agosto de 2020

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Sadio Garavini Di Turno

Fidel Castro el 22 de enero de 1959, en Caracas, anunció que en dos años iba a convocar elecciones en Cuba, pero el 1º de mayo de 1960 sentenció: «¿Elecciones para qué” y más nunca ha habido elecciones libres en Cuba. A partir de 1976, empezaron las farsas electorales con partido único y mayorías del 99%, como en la desintegrada Unión Soviética.

En Venezuela, antes de las elecciones parlamentarias del 2015, había un autoritarismo competitivo, el gobierno utilizaba todos los poderes del Estado para obtener y comprar votos e impedir, inhibir, anular y hasta secuestrar votos de la oposición, sin embargo al final se contaban más o menos correctamente los sufragios. Pero ya desde ese entonces, cuando la oposición ganaba cargos regionales relevantes el régimen les quitaba atribuciones y presupuesto y les nombraba “al lado” un “Protector”, una especie de “gauleiter” nazi. A partir de diciembre del 2015, al ganar la oposición democrática las dos terceras partes de la Asamblea Nacional (AN) el régimen desconoció totalmente la Constitución y ha asumido arbitrariamente todos los poderes, confiscando y usurpando todas las atribuciones y funciones de la AN. Con el reciente nombramiento de un árbitro electoral fantoche y el mismo secuestro de los partidos de oposición se ha profundizado la deriva totalitaria del régimen. A esto hay que agregarle los nexos cada vez más evidentes con la criminalidad organizada y el terrorismo. En este escenario y en medio de una pandemia en crecimiento exponencial, el régimen irresponsablemente ha convocado elecciones parlamentarias para el 6 de diciembre.

La comunidad democrática internacional, incluyendo a los EEUU, la UE, la OEA y el Grupo de Lima, han manifestado que las elecciones son ilegítimas y que no reconocerán sus resultados. Entre los que en la oposición todavía consideran conveniente participar en estas elecciones hay diferencias relevantes. Están los que simplemente se vendieron por un “puñado de dólares”. Hay colaboracionistas convencidos y derrotados psicológicamente que creen que ya no hay más nada que hacer, sino adaptarse y lograr que el régimen les conceda unos “carguitos” de diputados o concejales, para sobrevivir como políticos profesionales. Así sobrevivieron los dirigentes del Partido Campesino en la Alemania Comunista. Pero hay también venezolanos que en buena fe creen que si fuera a votar ese 80% del electorado que se opone al “madurismo”, el resultado sería tan abrumador que el régimen se desestabilizaría. Mi primera objeción es que aunque tuviesen razón, no es realista pensar que sea posible, con estas condiciones y con ese árbitro, lograr que la gran mayoría de la oposición vaya a votar.

Pero sobretodo es necesario entender que la oposición no puede perder el apoyo de la comunidad internacional, que ha escogido el camino de las sanciones financieras y judiciales para erosionar al régimen y buscar un quiebre interno. El régimen, de todas maneras, cada día más está perdiendo la capacidad misma de gobernar frente al desastre socioeconómico y a la pandemia, que “por ahora” le ha facilitado al régimen el control de las crecientes protestas populares. Pero su ineptitud para manejarla irá creando las condiciones para el fortalecimiento de la presión sociopolítica interna, por cierto la variable que falta para el quiebre del régimen. En efecto el apoyo de la comunidad internacional es absolutamente necesario, pero no suficiente. Antes de diciembre del 2015 fui siempre partidario de participar en las elecciones, ahora iré a votar cuando lo apoye la comunidad internacional y la mayoría democrática de la AN.

https://www.analitica.com/opinion/elecciones-para-que-2/

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