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Opinión

Rafael del Naranco

En Venezuela, tras haber dejado extenuados en estos años a sus ciudadanos, el presente sigue envuelto en desaliento sin otearse una posible esperanza.

La política esparcida sobre el país está repleta de angustias sin levantar perspectivas. La nación se expande sobre una actitud fallida cubriéndola de corrupción, mientras el terruño con más reservas de petróleo del planeta no produce combustible, y enunciar eso, si no fuera funesto, sería -por expresar algo- hallarnos ante una cantinflada.

El chavismo, que llegó con esperanza hace 21 años, se apropió de la voluntad política a cambio de un “orden-orden” vejatorio cuyas consecuencias han sido –y siguen siendo– dramáticas.

Vivir en democracia es hacerlo con riesgo y con dudas, porque se trata de una forma de cultura que por su responsabilidad exige, más que ningún otro sistema político, envolverla en análisis, reflexión y decisiones compartidas con todas las toldas políticas.


Existe una teoría cíclica basada en el desarrollo de las civilizaciones. En ella se afirma que éstas no son sino el resultado de la respuesta de un grupo humano a los desafíos que soporta, ya sean naturales o sociales.

Ese día marcado, cruzar la esperanza dependerá de cada uno de los ciudadanos defensores de los valores perdurables de la república.

Partiendo de esa suposición, unos pueblos progresan cuando su respuesta a un desafío patrio estimula una serie de retos centrados en la separación de poderes, y es que una nación decae como resultado de su impotencia para enfrentarse a unos gobernantes que han resquebrajado los zócalos democráticos.


Hemos escrito en otros instantes cruciales ante una exactitud perdurable: o se dialoga con total apertura llamando a la oposición encabezada por Juan Guaidó, o el despotismo nos cercenará, ya que el país, o es de todos, o terminará siendo de nadie.


Nicolás Maduro ha demostrado nervio. Viene luchando con tesón, y en la presidencia, punteada por las Fuerzas Armadas, ha sacado brío, pero falló en la conversa ineludible, ya que sin ella es imposible una comunicación apremiantemente necesaria ahora mismo. De lo contrario, todo se puede ir al barranco, y ante tan punzante situación, la animadversión general podrá llegar a los extremos más exacerbados.


Se están cometiendo errores. La crisis económica hace estragos en todas las parcelas. Las órdenes de hoy se anulan mañana. En los cuarteles no todo es serenidad y santa paz. Hay rendijas, desasosiego, cansancio y una tensión permanente.

Ante esa situación, la herencia de Hugo Chávez hizo aguas, y mientras, el nuevo timonel que maneja el barco, sigue sin comprender las cartas de navegación. De continuar así, la gabarra gubernamental se estrellará contra los farallones. Y cuando ese drama llegue a su punto más álgido, la obediencia se torna adulación y la decadencia púdica se babea ante el rastrerismo yerto.

Cuidado, hay borrascas que no suelen verse hasta que no llegan a los arrecifes.

No estoy en Venezuela, y aún así el país pervive cada día dentro de nuestro espíritu agradecido, ya que no habiendo nacido a la sombra del Waraira Repano, mamé parte de mi vida a la luz de su cobijo.

El gobierno de raíces chavistas no está dispuesto a ceder su poder imperioso sobre su proyecto excluyente, siendo, a balance de esa dureza, que la democracia, aún estando rodeada de obstáculos y saturada de fuerzas antimotines, debería, si hubieran unas próximas elecciones, captar los derechos inalienables que corresponden a toda sociedad libre.

No es ésta una frase al voleo, encierra eso sí, el sentir de una sociedad que continúa, desde hace dos décadas, buscando su destino sobre parámetros ideológicos acordes con su idiosincrasia.

Las naciones nacieron pataleando por sus derechos hieráticos sin descanso, una y otra vez, miles de veces. Caían, se levantaban, y seguían enfrentándose a piquetes, alambradas, tanquetas, gases y la voz ronca de uniformados sosteniendo en sus timbales ocultos en las gargantas, órdenes represivas venidas de los mansiones de los autócratas, contra la vibrante fuerza de las protestas.

La hora apesadumbrada ha rebasado la pasividad; el aire sabe a azufre, los cielos están nublados y la desesperanza hace tiempo se asentó en el nido con temor. Ya no hay ilusiones, sino pesadillas, y solamente a lo lejos, parece levantarse un resquicio de ensoñación sobre una raya lejana que anhela hallar una perspectiva-país justa para todos.

rnaranco@hotmail.com

 3 min


Carlos Raúl Hernández

La eficacia de la acción en entornos del siglo XXI, requiere distinguir dictaduras totalitarias, dictaduras tradicionales, y los autoritarismos híbridos o semidemocracias-semidictaduras, dice Sartori. El problema lo enfrenta la ciencia política hace poco, pero desconocerlo lleva al yerro. La naturaleza de la doxa (la opinión, propia de divulgadores de ideas de segunda mano, según Hayek) se queda en la apariencia y a falta de saber, acude a juicios morales.

En cambio, la episteme (el conocimiento) de rigor metodológico, busca conocer, desentrañar rasgos específicos y generales de los fenómenos, ser científica en el buen sentido posible. En el primer tercio del siglo XX el estudio de la dictadura totalitaria se sobreimpuso al de la dictadura tradicional y lo dejó de lado. La eclipsó que desde ese momento los totalitarismos dominaron: URSS, Alemania, Italia (¿) China y Cuba, ejes de las grandes conmociones mundiales, incluso de la segunda guerra y de la casi tercera.


Además, las dictaduras tradicionales, en el lejano tercer mundo, no estimulaban demasiado la reflexión en los grandes centros académicos, aunque si la novelística en sus países. Hoy dictadura es el gobierno que castra los demás poderes y los anula. Pero el concepto original en la antigua Roma, correspondía a la facultad constitucional del Senado de conceder poder total al líder por un período limitado, para superar crisis o guerras.

Equivalía a la figura jurídica de “poderes especiales” o “Estado de excepción”, a diferencia del tirano, que usurpaba por la fuerza. Mario y Sila son tiranos, pero Julio César un dictador constitucional, aunque lo tentaron tres veces. Por eso Dante sepulta por traidores a sus asesinos, Casio y Bruto, en el lugar más espantoso del infierno.

Tu cráneo es mío
Emergen las dictaduras totalitarias, de ideologías invasivas, trascendentalistas, con la misión histórica de sustituir por la fuerza la sociedad y sus corruptos valores. Mussolini acuña el término totalitario, aunque se discute si su régimen lo fue. Quieren crear un hombre nuevo, sin yo, consagrado solo a sublevar “históricamente” a los condenados de la tierra, el proletariado, la raza, para vengar injusticias ancestrales.

Romain Rolland ironizó: “andan por el mundo midiendo el cráneo de cada hombre para decirle `¡eres mío!´…”. La creación del hombre nuevo, requiere que el caudillo demiurgo, tenga poder total sobre lo humano, la sociedad, la familia, la intimidad, el alma, que deben rehacere según él diga. Pasternak y Solzhenitsyn describen campos de concentración llenos de reos por “indiferencia pequeño burguesa”. Disentir es impensable, la pasividad un crimen y el terrorismo de Estado obliga a quien quiera sobrevivir, a militar febrilmente en la revolución.


Hitler exigía a las muchachas arias, aunque estuvieran casadas, que se acostaran con soldados y SS para purificar la raza. El arte, la literatura, el entretenimiento, la vida cotidiana, son parte esencial de la lucha. Para Stalin los poetas eran “ingenieros del verso”, como la frase inmortal de Fidel Castro: “con la revolución, todo; contra la revolución, nada”. Pero el objetivo de las dictaduras tradicionales, sin dejar de ser feroces, es la pasividad.


Calles congeladas
En épocas de Gómez y Pérez Jiménez, más allá de eventuales actos de servilismo al caudillo, la tranquilidad reposaba en que “la gente de bien no se mete en política” y la saña de la represión era contra activistas y dirigentes democráticos. “Si Ud. no se mete con la política, la política no se mete con Ud.”. Las dictaduras tradicionales despolitizan. Las totalitarias polarizan, calientan las calles y las plazas. La dictadura tradicional las congela.

Aunque la opinión común es estocástica, razona en términos polarizados (se está vivo o muerto, enfermo o sano, en democracia o dictadura, negro o blanco, malo o bueno) la episteme registra el gradiente, los matices entre polos. Varios estudiosos, entre varios otros Howard Wiarda y Gabriel Almond, definieron grados de democracia y de autoritarismo, desde la dictadura hasta la democracia plena. Más recientemente, en 2019, la unidad de inteligencia de The Economist, actualizó su propio índice, cuya máxima calificación es 10.

En ese cuadro, Noruega obtuvo 9.93, la democracia más completa del mundo, y Norcorea 1 punto, el último de la tabla de 167 países, el totalitarismo perfecto. En el medio se ubican las híbridas semidictaduras. Hay en ellas elecciones semicompetitivas, relativas e interferidas dosis de libertad de expresión, asociación, reunión y pluripartidismo, impensables en Norcorea o Cuba.


Allí eventos para criticar a los Kim o los Castro serían debajo de las tumbas, como en los horrores de Machado, Sánchez Cerro, Videla o Chapita. Havel cuenta que él y su grupo se reunían en bosques a las afueras de Praga a 12 grados bajo 0. La ceguera equivoca el diagnóstico y se inhibe de participar en la dinámica política y los procesos institucionales semidictatoriales, perder todo y desproteger la ciudadanía sin instancias de poder y dilapidar triunfos por acciones irresponsables. En vez de abrir ventanas democráticas, consolidaron a quienes quieren poder total.

@CarlosRaulHer

 3 min


Raef Zibaqui

Pensé que no se atreverían y se atrevieron. Nicolás se ve muy nervioso, asustado, acorralado. No sé por quién porque obviamente no es por quienes lo adversan y creo más bien por quienes, en teoría, lo apoyan.

Cada día se rompen más los tabúes de la dolarización, la retórica socialista anti norteamericana vale 0,50$ el litro. La Nutella que parecía barata en 12$ en noviembre pasado resulta un espejismo en junio presente.

El bravo pueblo del himno es el mismo que hoy ve pasar las horas de su vida mansamente en colas. PDVSA nunca fue de todos y el arco minero, con todo su oro, es solo de ellos. Hoy es la gasolina, mañana el gas, el agua y la electricidad. Ya aprendieron a cobrar en dólares, pero no olvidarán pagar en bolívares.

Mientras tanto el venezolano practica su mejor afición "victimizarse", ese papel de víctima que solo le sirve para acomodarse en su aflicción y no luchar por lo que vale el esfuerzo luchar. Ese papel de víctima que sirvió para recostarse dócilmente en los brazos de la izquierda. Ese papel de víctima que le permitió al estado el tutelaje de sus propias vidas. Ese papel de víctima que ahora busca soluciones más allá de las fronteras y se convierte en un paradigma. Ese papel de víctima que, cuál síndrome de Estocolmo, justifica al victimario.

No es que hoy cambio algo, es que todos los días te fueron cambiando sin darte cuenta y hoy te das cuenta que el cambio llegó antes que lo advirtieras. Un país que se volvió un cuartel y hoy, tú que eres civil, eres el más raso de los soldados. Sobre ti cualquier uniforme sin charreteras, por debajo solo el polvo y la tierra.

Sigamos siendo víctimas, que las víctimas no pelean.

 1 min


He jugado fútbol muchos años, no digo cuántos, pero nunca me han parecido demasiados. A ojo de buen cubero – siempre he sido malo en matemáticas - han sido tantos como para que quepan casi tres mil partidos, sin contar amistosos, ni caimaneras, y jamás me ha pasado por la cabeza la idea de retirarme de la cancha. Todos los juegos fueron distintos, particulares, especiales, todos ellos fueron a su manera entretenidos, divertidos, emocionantes, aunque también los hubo desagradables, juegos de esos de donde uno sale furioso, descontento, deprimido, con ganas de matar al arbitro o lamentando no haberle dado un buen codazo al lateral derecho del equipo que te gano 4 a 1 la final de un campeonato.

La vida en la cancha me dio a entender, desde niño, que si el alma es eso que nos hace humanos a los humanos porque les permite sentir, pensar, creer y soñar, entonces yo debo tener el alma en los pies. Y un poco después comprendí por qué Eduardo Galeano, escritor uruguayo, expresó que el fútbol es una religión respecto a la cual es imposible ser ateo.

Así las cosas, es obvio suponer como me ha afectado la cuarentena. Ya voy para tres meses sin pisar la alfombra de grama y por lo que se asoma en el horizonte, me quedan otros cuantos más. Pero para no enloquecer del todo - seguro que no soy el único terrícola al borde de la demencia -. tengo un baloncito con el que corro por todo el apartamento driblando sillas y chutando a un cesto de basura que hace las veces de portería.

La pandemia impone condiciones

El fútbol es un fenómeno social que tiene pocos parangones en el mundo actual, de lo que dan constancia numerosos estudios que lo examinan desde el punto de vista político, social, tecnológico, ético y obviamente económico. El deporte es, sostienen los que echan cálculos, el tercer o cuarto negocio del planeta, siendo el fútbol el de mayores dimensiones entre todas las disciplinas. Es una industria que a través de todos sus componentes (televisión, publicidad, venta de jugadores, franelitas, ropa y paremos de contar), mueve enormes fortunas, a veces de manera no muy santa, por cierto. Cabe presumir, entonces, el descalabro económico que le significa la suspensión de los campeonatos en casi todos los países, también en Venezuela, como consecuencia de la pandemia.

Por otra parte, en los pocos en que se han reiniciado, se han tomado diversas medidas, dado que se ubica entre las actividades que producen mayor contacto social En el ámbito del propio juego se han procurado algunas variaciones: se permiten cinco sustituciones de jugadores por equipo, se asoma la eliminación del VAR, se obliga al uso de un tapa bocas especial, se le saca tarjeta amarilla al que escupa, se reduce la duración del partido y adicionalmente se pretende acortar las temporadas. Son precauciones que se suman a las que se toman antes del partido conforme al protocolo indicado por los médicos. Se trata, en suma, de evitar el contagio, pero como dice el ex jugador argentino Jorge Valdano, hoy convertido en un magnífico escritor “…tarde o temprano habrá que ir a cabecear un córner, y el riesgo que corra un jugador será extensible a su mujer y a sus hijos cuando vuelva a casa.”

Estadios vacíos

El mismo Valdano advierte que “…los que tienen prisa por regresar no son los jugadores, es la industria del balompié”, no importa que los partidos tengan lugar en estadios vacíos, norma que seguramente se mantendrá por largo tiempo, si tomamos en cuenta algunos pronósticos serios respecto a la propagación del virus y sus efectos.

Para el negocio del fútbol el hincha es una escenografía, dice el periodista Martín Caparros. El estadio sin público es un mausoleo, señaló Juan Villoro. “Jugar al fútbol sin público es como tener sexo con la ropa puesta, opinó el británico John Carlin. Tres frases que muestran como el coronavirus ha reivindicado al fanático. Este hace falta hasta en los eventos transmitidos por televisión y es indispensable, desde luego, para los jugadores que se encuentran en la cancha. Así, las cosas, ante la ausencia de los espectadores se ha barajado la posibilidad de emitir el audio grabado del público, utilizar aficionados de cartón piedra, maniquís o incluso robots para llenar parte de las gradas y hasta desarrollar un software con el fin de generar un público virtual que reaccionaría a partir de unos algoritmos de inteligencia artificial.

Cómo será la nueva “normalidad” del fútbol

El suizo Gianni Infantino, Presidente de la FIFA, la todo poderosa multinacional encargada de gobernar al futbol a nivel planetario, ha declarado que “Debemos construir un fútbol vinculado con las realidades territoriales, pero al mismo tiempo más global, menos arrogante y más acogedor. Lo único que no cambiará será la alegría por un gol, el abrazarse para compartir una alegría. Seremos mejores, más humanos, más atentos a los verdaderos valores”, dijo al anunciar que se vendrán cambios profundos. “Necesitamos una evaluación del impacto económico global, de los daños, para ver cómo podemos cubrirlos, qué sacrificios hacemos y cómo volvemos a arrancar. Quizás podemos aprovechar para reformar el fútbol dando un paso atrás, con formatos diferentes, torneos más reducidos, con menos equipos, pero con más equilibrio. Menos partidos para proteger la salud de los futbolistas”.

Ignoro si su visión transformadora va más allá de este planteamiento general. Hay otros dirigentes que están considerando que si gracias a la pandemia se mejoraron las plataformas digitales, no es descabellado visualizar que algunas modificaciones tecnológicas se arrimen con más fuerza al fútbol.

En efecto, diversos reportes de algunos expertos aseguran que el desarrollo de “tecnologías disruptivas” como la realidad aumentada, la inteligencia artificial o los tejidos inteligentes, formarán parte del balompié. Un reciente documento – “El futuro de la industria del fútbol: la visión para 2022”-, se ha centrado en propiciar la interacción con los aficionados y la evolución del consumo de fútbol por nuevos canales, como uno de los pilares de los cambios, resaltando los efectos de la ya citada inteligencia artificial y la realidad aumentada como dos de las grandes novedades que se incorporarán terminada la pandemia.

Por otro lado, el mencionado Informe prevé el paso a “estadios inteligentes”, con la incorporación de servicios de geolocalización, la inclusión de pantallas en los asientos, además de la posibilidad de ver los partidos en tres dimensiones gracias a proyecciones desde fuera de los estadios. El tema es largo, pero a fin de salirle al paso a la tentación de que se piense que se trata de cuentos de ciencia ficción, resulta imposible no referir que el Camp Nou, estadio del Barcelona, es el primero en Europa con cobertura 5G, lo que permitirá que el televidente vea el partido aún mejor que si estuviera sentado en las tribunas.

Por otro lado, diversas exploraciones dejan ver como se suman cada vez más los aficionados, sobre todo jóvenes, a los eSports al igual que a las Fantasy Leagues, en las que los hinchas pueden crear sus equipos virtuales, actividades ambas que muchos observan como una seria competencia frente al balompié.

La transformación del futbol ¿ya cuenta con un libreto?

Desde hace rato, cuando nadie adivinaba que un virus iba a causar semejante desmadre en todo el planeta, el balompié ya venía mostrando innovaciones muy importantes generadas desde la informática, la nanotecnología, las neurociencias, la biomecánica, la psicología y otras especialidades, referidas a la vestimenta, la fabricación de equipos y materiales, el entrenamiento, la nutrición y la salud del atleta - incluyendo cosas como chalecos GPS que siguen a los futbolistas, sensores en las espinilleras y pastillas inteligentes para medir la temperatura gastrointestinal cada medio minuto … -, el mejoramiento de estadios (incluyendo medidas de seguridad casi orwelianas) y, de manera muy relevante, las estrategias para competir, vía, sobre todo, inteligencia artificial y big data. Todo ello sin mencionar la aparición de formas más sofisticadas de dopaje - dopaje genético, dopaje cognitivo -, con relación a las cuales las autoridades deportivas han prendido las alarmas.

¿Cuál irá siendo, entonces, el peso que tiene la labor de los diversos laboratorios en el resultado de las competencias? Los expertos han empezado a hablar, por tanto, de la necesidad de repensar a fondo la actividad deportiva, evaluando si su progresiva “tecnologización” distorsiona su esencia. Se trata de un asunto clave que alude también el futbol, desde luego.

En suma, la pregunta central es, me parece, si este libreto futbolístico, ya en curso, seguirá vigente después de que termine la pandemia y si las grietas que desnudó el bichito en la civilización contemporánea, y la consiguiente necesidad de cambiarla de manera radical, no plantearán también y de manera igualmente profunda, la transformación del balompié de acuerdo a otro modelo y a otros propósitos.

El Nacional, viernes 29 de mayo de 2020

 6 min


La certeza respecto al momento en que se celebrarán las elecciones es uno de los pilares de los sistemas democráticos alrededor del mundo, y en Venezuela lo fue también durante décadas. Sin embargo, esto ha ido cambiando con el chavismo; las elecciones ya no solo no se celebran en diciembre, como tradicionalmente ocurría, sino que algunas de ellas tampoco se han dado en el momento en que correspondía. Un ejemplo fueron los últimos comicios de alcaldes y concejales, que debieron celebrarse en 2012 junto con los de gobernadores, pero fueron aplazados para abril de 2013.

La muerte del presidente Hugo Chávez, anunciada el de 5 de marzo de 2013, forzó la celebración de unas elecciones presidenciales sobrevenidas, las cuales se celebraron el 14 de abril y ello obligó a postergar nuevamente el proceso municipal.

Esta anomalía volvió a repetirse en el caso de las elecciones regionales, que tuvieron lugar el 15 de octubre de 2017, es decir, con más de diez meses de atraso. El artículo 160 de la Constitución de 1999 establece claramente que el período de los gobernadores es de cuatro años, por lo cual las últimas elecciones para elegir a dichos funcionarios debieron celebrarse en 2016, porque las anteriores ocurrieron en 2012, pero ello no fue así.

«Estamos viviendo una emergencia económica, producto de que sobre Venezuela hay una guerra petrolera, económica y financiera (…) Ahora no tenemos los recursos y la prioridad para el país, porque las elecciones no son un derecho fundamental como lo es la alimentación, la salud y el bienestar».

Estas fueron palabras del diputado oficialista Pedro Carreño cuando se le preguntó sobre la demora para celebrar dicho proceso.

Pero esta práctica podría convertirse en rutinaria, porque Nicolás Maduro ya ha dejado entrever la posibilidad de que las legislativas tampoco se celebren en el tiempo correspondiente. «Hoy sería una irresponsabilidad de mi parte decir que tiene que haber elecciones a trocha y mocha», declaró en abril de 2020 a un programa argentino, alegando que el coronavirus podría impedir la convocatoria a las urnas.

Semanas después, durante una cadena de radio y televisión, el ocupante del Palacio de Miraflores volvió a insistir en su tesis:

«Este es año de elecciones si lo permite la pandemia, bueno, presenten sus candidatos, vayamos a la elección de la Asamblea Nacional y los asuntos entre los venezolanos los resolvemos entre los venezolanos con el voto popular el día de las elecciones».

No obstante, vale la pena advertir que el estado de alarma decretado por la COVID-19 no ampara una eventual postergación de las elecciones. La Ley Orgánica de Estados de Excepción, en el numeral 13 de su artículo 7, establece que el sufragio no se puede suspender bajo estados de conmoción, alarma o excepción.

¿Y a ti venezolano, cómo te afecta?

A estas alturas de la historia reciente de Venezuela no es un secreto para nadie cómo el derecho a la participación política, concretamente el derecho al voto, ha sido dejado de lado de manera lenta pero segura. Los atrasos y arbitrariedades a la hora de asignar fechas de los comicios, que empezaron en el último año del mandato de Hugo Chávez, no son más que un intento por silenciar la voluntad de cambio de los ciudadanos. Ello, sumado a decisiones de cuestionable legalidad por parte del Tribunal Supremo de Justicia que han ayudado a Nicolás Maduro y a su partido de gobierno a conservar el poder, constituye un auténtico golpe electoral contra la democracia venezolana.

Mayo 26, 2020

https://www.accesoalajusticia.org/en-el-limbo-las-parlamentarias-2020/

 2 min


Marcos Hernández López

A los presidentes con tendencias autoritarias no les gusta el sistema de división de poderes y la existencia de otros poderes independientes. Como estrategia, el gobierno de Maduro para avanzar en su ilógica de afianzarse en el poder tiene su Asamblea Nacional Constituyente como su traje a la medida para legitimar lo inconstitucional, además este poder puede ser utilizado para las amenazas políticas germina en un tipo de violencias visibles e invisibles, muy difícil de ver a simple vista, ya que son las propias estructuras psíquicas de las personas las que las hacen frágiles. Nuestro análisis se puede explicar desde un enfoque del daño antropológico, anomia social y secuestro emocional. La sociedad venezolana, evidentemente, percibe, interpreta y reacciona ante la amenaza política de diversas formas inducidas por el régimen para frenar su proceso irreversible en su decadencia política-electoral.

Por diferentes móviles sociales la Gran Caracas lleva varias noches de cacerolazos. Sin embargo, protestar en Venezuela hoy día es considerado traición a la patria, la consigna de régimen no importa que se pase hambre, lo significativo es mantener la revolución cueste lo que cueste. No obstante, la amenaza, la violencia y el miedo gravitan sobre la conciencia y la conducta de todos los venezolanos. El gobierno del extinto comandante Chávez y Maduro transfiguraron la vida normal de la gente, la modificación conductual-existencial ha puesto muchos venezolanos en niveles vulnerables.

Evidentemente, en nuestro país existe una violencia estratégica, el régimen es supra, amenaza, por encima del derecho y de las leyes, siempre apuntalado en la violencia estratégica. La agresión al adversario ya es práctica gubernamental común: los vejámenes a los dirigentes políticos detenidos en varios estados del país por protestar por una mejor calidad de vida contra el régimen de Maduro, la tortura psicológica hacia los presos políticos, las diversas violaciones a los Derechos Humanos, las continuas amenazas despidos a empleados públicos por sospecha de “infidelidad” electoral hacia el Socialismo Siglo XXI, la negación –juegos de hambre– de los Clap a los que no apoyan el proyecto revolucionario, bonos con el carnet de la patria, todo un verdadero chantaje, en otras palabras es un instrumento que pretende recompensar la lealtad del 20% de la población que aún se mantiene estoicamente con Maduro.

Lo que no razona o no quiere razonar Maduro, es que lo grave está en que la mayoría de venezolanos ya no creen en su discurso y menos que la compleja crisis país es causada por una “guerra económica” apoyada por empresarios apátridas, recibiendo órdenes del imperio norteamericano. En nuestro análisis integral se revela 77,5% de los entrevistados no cree en la guerra económica y sanciones como un argumento para comprender y soportar la aguda crisis económica y social. Es decir, Maduro inventó una “guerra económica” potenciadas por las sanciones que ya parece hasta sospechosa incluso en su propio capital político.

Desde su llegada a Miraflores, en abril de 2013, Maduro deja deslizar su discurso como si Venezuela es la Cuba del Siglo XXI, divisionista y fabricando eventos ficticios, lo que sí es una verdad verdadera, la crisis económica se ha transformado en algo complejo por su reconfiguraciones, según los diversos análisis paradigmáticos, nuestras investigaciones cuantitativas y cualitativas, esta realidad está derivando en que más 82,0% de los entrevistados no vacilan en señalar que Nicolás debería salir del poder este año a través de cualquier mecanismo constitucional. Haciendo una abstracción de nuestras investigaciones de opinión, las derivaciones hacen llegar a inmediatas conclusiones, Nicolás perdió la calle, la popularidad, de acuerdo a nuestros números, está un poco por encima de 15,1%, es irreversible el desgaste del Socialismo Siglo XXI. Se perdió la magia revolucionaria que los atornilló durante 20 años en el poder central, irrumpió el desamor hacia un proyecto político que ilusionó pero no concretó los sueños de los que aspiraban a un mejor país. Es casi imposible llegar al final de una gestión con una opinión nacional en contra, sanciones, contradicciones, la injusticia social, la incapacidad de dar respuesta a las diversas problemáticas en la falta de gasolina, gas y agua… El tiempo se le agotó Socialismo del siglo XXI, sólo queda el delirio de mantener una revolución a la fuerza. En síntesis, ¿cuál es la realidad de la revolución bolivariana? La unidad Chavista está fracturada, existe un divorcio afectivo entre sus jerarcas. El “Madurismo” que emerge es perdedor, fracasado y con fama de ineficiente, corrupto y fatigado. Estamos viendo un proyecto revolucionario en decadencia, ya es un proceso del pesado, con un líder preso en su propio laberinto.

TW e IG: @Hercon44

El Pitazo

https://elpitazo.net/opinion/venezuela-la-cuba-de-siglo-xxi/

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Isabel Pereira Pizani

Comparto plenamente la afirmación del maestro José Rafael Herrera sobre lo que nos espera. «Después de la inminente liberación que no tardará mucho tiempo en producirse, Venezuela como concepto, es decir, como pensamiento y realidad, tendrá la obligación de reinventarse. Una Venezuela ha llegado a su fin. Hay que pujar por una saludable Venezuela naciente”.

Esa inminencia presagia grandes cambios y oportunidades, conscientes de haber aprendido que no puede reinventarse ningún sociedad feliz desde el odio o lucha de clases, ni desde el miedo y la represión como han intentado la gente que sostiene el socialismo siglo XXI, chavistas y maduristas.

Para hacer real ese momento de liberación hay que enfrentar algunas decisiones, encontrar cuál es el camino que nos permitirá dejar atrás estos veinte años de fracasos, destrucción y miedo.

En lo inmediato se erige un gran dilema. ¿Sólo lo podríamos lograr con apoyos externos que decidan de una vez acabar con este régimen, vergüenza para la humanidad, o por el contrario será desde sus entrañas, por su resquebrajamiento interno?

A esta segunda opción corresponden, como presagios, los diferentes movimientos que cada día aparecen buscando salidas, acciones, donde aparecen por primera juntos civiles y militares, quizás de forma incoherente, malograda, pero mostrando que por un extraño camino se está consagrando aquello de la unidad cívico militar. Militares como Oscar Pérez, Juan Carlos Caguaripano, el Capitán de Corbeta Rafael Acosta Arévalo, revelan que la condición militar no necesariamente enceguece el alma.

Esto, en medio de las derrotas, es una buena noticias. En los cuarteles hay gente con la cual compartimos nuestras angustias. Este es el caso del joven sargento segundo de la Guardia Nacional, Leandro Leomar Chirinos Parra, alias Nagasaki, una referencia para militares dentro y fuera de la institución castrense al dar una demostración de dignidad al general que lo detuvo y trato de humillarlo. Hay que reconocer que quizás se necesita mas guáramo para oponerse desde adentro, en medio de la verticalidad, de la consigna de no pensar. sino solo obedecer, teniendo enfrente las mazmorras y las manos que torturan.

Para reinventar el país tenemos que revalorizar el ejemplo de todos estos hombres que idearon liberar el país, en medio del terrorismo, de la presencia apabullante de cubanos que sin piedad actúan como guardias del terror, representantes de una de las peores injurias hechas a la humanidad como ha sido robarle la alegría, el son, a Cuba quizás el pueblo más musical de nuestro hemisferio.

Estas acciones por la libertad no pueden ser una muestra aislada, sino una reacción ante el sufrimiento y las penurias que deben estar arrastrando las familias de los militares. Como repetía Leandro Leomar ante las amenazas de su superior, “General, tengo familia”. Esa respuesta es una clave que debe alentarnos para la reinvención del país, Leomar está conectado con su familia, con su gente, con su pueblo y es un sentimiento que vale más que todas las amenazas, porque es un hombre libre que enfrenta a su superior en nombre de una causa mayor, su familia, es decir su país.

Cuando pensamos en reinventar el país tenemos que utilizar estos ejemplos. Más que granos de arena, son la raíz que puede formar la gran montaña para enfrentar el monstruo que hoy nos oprime y aterroriza. Cuánto vale el argumento de Leomar frente a los embozados terroristas del FAES, Dgcim. ¿Les habrá llegado la noticia de un niño de 12 años que decidió quitarse la vida, con la esperanza de que su hermana menor pudiese alimentarse con la comida que él dejaría de consumir? Y este es sólo otro caso. ¿Habrá oído Ceballos Ichazo estas noticias cuando pregona que actúa en nombre del bienestar del país?

Para reinventar el país necesitamos voltearlo, eliminar todas las medidas que han puesto en marcha estos fatídicos propulsores del socialismo siglo XXI cuyos efectos hoy vivimos con la mayor desesperación, tenemos que acertar en el diseño de las estrategias y políticas públicas que reconstruyan la economía, refundar las instituciones que garantizan la existencia del Estado de Derecho y la igualdad de todos ante la ley.

Pero también tenemos que reconocer los actos heroicos surgidos de la gente, de una tenacidad y resistencia absoluta. De igual calibre que la mostrada por los millones de venezolanos que caminando han ido en busca de nuevos horizontes, en lugar de arrodillarse y pedir limosnas, emprenden caminos inciertos, llevados por un espíritu fuerte acometen acciones insólitas como es cruzar fronteras sin ninguna protección, sin medios económicos solo con la esperanza de encontrar la solución para sus familias.

Una idea que los lleva a resistir los peores desafíos y que nos muestra que la familia es una de las instituciones más poderosa que identifica a nuestro país y que es una bandera de lucha que puede remover los peores obstáculos.

Podemos enfrentar los dos discursos. El general que reprocha la acción a Leandro y su respuesta: “lo hago por voluntad propia» ante lo cual el general responde: “pero, qué tiene que ver la voluntad propia si esta es tu patria, la patria de Bolívar, La patria de Chávez”. Pero Leandro repite tranquilo: “tengo familia, mi general”. Es decir, los militares tienen familias. Una clave para la reinvención y para la gran solución.

Noticiero Digital

https://www.noticierodigital.com/2020/05/tengo-familia-mi-general/ ...

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