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Opinión

Corina Yoris-Villasana

En mis clases de Lógica (durante unos cuantos años) he usado un argumento para pedirle a mis estudiantes que identifiquen los elementos constituyentes de ese argumento. El pasaje dice: “Quien a un hombre mata, quita la vida a una criatura racional, imagen de Dios; pero quien destruye un buen libro, mata la razón misma, mata la imagen de Dios”. Su autor, John Milton. Y, al usarlo, siempre he apuntado a suscitar en mis alumnos el amor por los libros. Incluso, en este prestigioso espacio de El Nacional, he escrito varios artículos sobre el libro como símbolo de inteligencia, de conocimiento, de libertad de pensamiento.

Si hablas o escribes sobre libros es ineludible la referencia a Jorge Luis Borges quien, en el prólogo a Ficciones, antes de escribir el cuento La biblioteca de Babel, compuso un ensayo intitulado La biblioteca total, editado en la Revista Sur, 1939. En este ensayo Borges filosofa sobre la imagen de la biblioteca infinita. Es un maravilloso escrito en el que nos brinda un recuento de los predecesores del tema de esa biblioteca ilimitada. Estos antecedentes no son otros que el cuento La biblioteca universal, escrito por Kurd Laßwitz; Sylvie and Bruno, de Lewis Carroll y El certamen con la tortuga, de Theodore Wolff. Imperdibles, tanto los escritos de Borges, como las obras citadas.

¿Por qué aludo a Borges y a su biblioteca infinita? Porque en ella estarían reunidos todos los libros que el ser humano ha escrito. Infinitos estantes hexagonales contendrían “todo lo que es dable expresar, en todos los idiomas”; allí estarían las obras perdidas, aquellos libros que encierran los secretos mejor guardados de nuestro mundo, documentos que disiparían cualquier inconveniente, bien fuese individual o mundial. Así, el ser humano, poseído por una “extravagante felicidad”, estarían en capacidad de resolver definitivamente “los misterios básicos de la humanidad”. Hay que volver a Borges y a su biblioteca infinita para adentrarse en el simbolismo que encierra una librería, un simple estante, una rinconera.

No me cabe la menor duda acerca de que el paradigma de ese sueño borgiano no es otro que la gloriosa Biblioteca de Alejandría.

¿Qué misterio encierra ella? En un imperdible artículo de Roger Bagnal, recogido en los Proceedings of the American Philosophical Society, 2002, hay un arqueo de todo lo que contenía este recinto sagrado del saber, escrito que recomiendo a mis lectores; Bagnal desenmaraña mitos aclarando muchos puntos sobre los números fantasiosos que han sido usados para expresar la grandeza de la Biblioteca.

La historia de la Biblioteca de Alejandría puede ser dividida en varias etapas y solo quiero referirme a su destrucción, que tiene lugar en distintos momentos. Construida poco tiempo después de la fundación de Alejandría por Alejandro Magno en 331 a. C., tenía como propósito agrupar todas las obras del intelecto humano, y que debían ser compendiadas en una especie de colección infinita para la posteridad.

Sufrió varias devastaciones y una de ellas y, quizás, la más significativa fue el incendio ocasionado cuando Julio César, quien había arribado a Alejandría con el propósito de brindarle apoyar a Cleopatra, fue asediado en el palacio, situado en un lugar cercano a la biblioteca de los “Libros regios” así como al Museo, el templo de las musas. Se dice que Julio César fue el mayor causante de la devastación de la biblioteca, al provocar el incendio de una escuadra de naves y favoreciendo que se esparciera el fuego. Este suceso se sitúa en el año 47 a.C.

Con la caída de Marco Antonio y Cleopatra se produjo el desplome del reino ptolemaico de Egipto, quedando bajo el dominio de Roma. Inevitablemente, Alejandría sufrió un lánguido y fatal ocaso, y con ella, también su Biblioteca.

En el siglo IV de la era cristiana, las leyes contra el paganismo promulgadas por el emperador Teodosio fueron utilizadas por los cristianos más fanáticos para justificar sus asaltos contra templos e instituciones del paganismo. Así, la valiosa biblioteca del Serapeo, fundada por Ptolomeo Evergetes –que, por cierto, muchos autores confunden con la biblioteca palatina, la Biblioteca de Alejandría–, fue devastada en el año 391 d. C, durante un pogromo en contra de los paganos, exhortado por el patriarca Teófilo.

Sobre el califa Omar se dice que incendió textos contrarios al Corán en el 645 d. C., aunque la mayoría de los historiadores juzgan que esta versión es falsa.

Sea como fuere, la Biblioteca de los sueños, el gran ideal por juntar el saber humano fue destruido.

En la historia de la aberrante quema de libros, saltando siglos desde Alejandría, encontramos el horror de esta práctica en el Opernplatz de Berlín, 10 de mayo de 1933. La multitud allí concentrada, fue arengada por el discurso henchido de odio del líder estudiantil nacionalsocialista Herbert Gutjahr, quien vociferaba: “Hemos dirigido nuestro actuar contra el espíritu no alemán. Entrego todo lo que lo representa al fuego”, y arrojó una cantidad considerable de libros a las llamaradas de una pira avivada por millares de libros incinerados. Actos similares se repitieron ese fatídico día en toda Alemania. Prácticamente en casi todos los campus universitarios fueron calcinados libros de aquellos autores que no concordaban con sus marcos ideológicos. La barbarie en las propias casas del saber. El horror recorriendo los templos de la cultura.

Así, cuando se irrumpe con violencia en el sagrado recinto del conocimiento, cuando se atenta contra un libro, aunque sea uno solo, se está agrediendo al ser humano mismo, a la inteligencia, a la razón. He visto con profundo dolor el incendio de la biblioteca de la Universidad de Oriente. Toda aquel que ha pisado alguna vez una biblioteca, todo aquel que ha disfrutado del olor de un libro, todo aquel que ha encontrado en un pequeño opúsculo alguna frase que le ha llenado un vacío en su alma, debe levantarse y condenar enérgicamente semejante barbarie. Pero, además, está en el sagrado deber de ayudar a producir más cultura y así resarcir al ser humano, y, en particular a cada integrante de la UDO, de la inexcusable pérdida de su patrimonio bibliográfico.

Hoy, todos los universitarios de Venezuela elevamos nuestra protesta y exigimos una exhaustiva investigación sobre este asesinato de la razón.

junio 9, 2020

El Nacional

https://www.elnacional.com/opinion/ante-la-barbarie-mas-cultura/

 4 min


Marta de la Vega

El RP2, el 187n° 11, el TIAR o los Cascos Azules de la ONU no son factibles si los gobiernos aliados de los países democráticos del mundo en contra de la tiranía usurpadora de Maduro y la camarilla militar civil que lo sostiene y protege, dirigidos en primer plano por la dictadura cubana, con Rusia, China e Irán en el trasfondo, han afirmado varias veces que no están de acuerdo con el uso de la fuerza ni pueden respaldar una incursión militar. Una intervención armada constitucional o un desembarco por razones humanitarias en costas venezolanas tampoco están en la agenda ni de la Unión Europea, ni del grupo de Lima, ni del gobierno actual de los Estados Uni

Todos los que impulsamos la lucha por la democracia, la decencia, el respeto a los otros y el cumplimiento estricto de las normas que garanticen la civilidad y la convivencia pacífica en Venezuela, nos preguntamos hoy cómo es posible que el sátrapa enquistado en Miraflores o en Fuerte Tiuna, Nicolás Maduro, se mantenga aún en el poder. La cúpula de las fuerzas armadas es la que tiene el dominio del país.

En todos los niveles, sea por miedo, sea por horror a la delación de sus propios compañeros, o por las torturas indescriptibles de las que han sido víctimas los sospechosos de disidencia o de insubordinación, sea por la relajación de sus conductas institucionales, sea por degradación de sus principios y valores, en los que ya el honor no se divisa, las fuerzas militares o policíacas sustentan la dictadura madurista. O callan de manera cómplice ante los desafueros y abusos atroces cometidos por los integrantes de los organismos de seguridad y contrainteligencia del Estado, la Guardia Nacional Bolivariana o las Fuerzas de Acciones Especiales, que son escuadrones de exterminio para aterrorizar y asesinar a ciudadanos inermes.

Sus motivaciones no provienen de razones ideológicas ni es por respeto a la Constitución venezolana vigente, pisoteada despiadadamente desde hace muchos años para aferrarse al poder a cualquier costo. Se ha construido un entramado denso y oscuro de corrupción generalizada que se extiende desde el general de más alto rango hasta el soldado raso y contamina todas las estructuras del Estado, hoy refugio de una banda de hampones que controlan las instituciones de la república, la explotación criminal del Arco Minero, el narcotráfico con pingües ganancias, el contrabando de gasolina y ahora la “custodia” de las bombas surtidoras de combustible.

En este sentido, la posibilidad de un “quiebre” militar ha resultado ser una táctica fallida en la visión estratégica por parte de la dirigencia democrática. Causas muy poderosas como las que acabamos de enumerar frenan una acción de las fuerzas armadas, pese a conatos de rebelión, para acatar la Constitución siguiendo su artículo 328 y contribuir a restaurar el Estado de Derecho.

En Venezuela ha habido históricamente una mentalidad de privilegio y supremacía militaristas a pesar de que la Constitución subordina el poder militar al poder civil. También cierto menosprecio de aquellos hacia estos últimos. Los códigos de los militares resultan enigmáticos para el mundo civil. No han podido ser descifrados por la dirigencia democrática para trazar un camino efectivo de acercamiento hacia el cuerpo armado. Estos sienten desconfianza hacia los civiles como alternativa real de poder. ¿Qué hacer entonces?

El engranaje entre los problemas de la gente y sus protestas y un gobierno de emergencia nacional es indispensable para impulsar el cambio político. Su antecedente más importante fue el pliego de conflictos elaborado por múltiples organizaciones de la sociedad civil y partidos políticos, entregado en la concentración del 10 de marzo pasado al presidente interino de la república, Juan Guaidó. El Plan País marca una dirección experta y seria para resolver la multicrisis nacional.

Otro hecho clave es la firma que acaba de ocurrir para asegurar sin obstáculos el ingreso de ayuda humanitaria a Venezuela entre la OPS (Organización Panamericana de la Salud) con un representante del gobierno interino y el ministro de salud del régimen de Maduro. No es un acuerdo político como se pretende hacer ver sino, por un lado, un reconocimiento al gobierno legítimo de Juan Guaidó y por el otro, un esfuerzo técnico multinacional para evitar de nuevo la tragedia del 23 de febrero pasado al impedir brutalmente la entrega en territorio venezolano de la ayuda humanitaria.

Es decisivo comunicar ya a la ciudadanía todos los aspectos del contenido de la propuesta de los negociadores democráticos en Oslo y Barbados, que muchísima gente no conoce. La importancia mayor del gobierno de emergencia nacional es que facilita un “puente de plata” a los chavistas, militares y civiles, sin excluir a los distintos actores de la oposición.

Las modificaciones presentadas por el gobierno estadounidense agregan una serie de garantías para los militares, la permanencia del alto mando actual hasta las elecciones presidenciales, la suspensión de las sanciones y la escogencia de Maduro y sus acompañantes de quedarse en el país o salir al que ellos deseen sin que se les persiga o extradite. Esta condición es necesaria pero no suficiente para que cese la usurpación y comience una transición incluyente de todos los sectores políticos y sociales del país a fin de emprender su reconstrucción.

@martadelavegav

https://talcualdigital.com/por-que-un-gobierno-de-emergencia-nacional-po...

 4 min


Maxim Ross

Hace tiempo atrás publiqué un artículo con el mismo nombre y con el mismo argumento, porque sigo observando cómo, economistas, analistas y políticos siguen empleando el mismo concepto para identificar lo que sucede en Venezuela y, por consecuencia, proponen soluciones correspondientes a esa definición. Decía, en aquel momento: “No creo que estemos frente a un fenómeno de crisis, al menos en su sentido convencional. El examen de la situación de Venezuela desde ese punto de vista es errado y nos lleva a conclusiones y propuestas equivocadas”

¿Qué es una crisis?

De varios lugares tomamos el concepto de crisis y todos van en la misma dirección: la “interrupción de un proceso inercial”, “la ruptura o separación”, “hechos que producen un quiebre” o la “inestabilidad de una inercia”. Todos ellos, como vemos, encierran la idea de una ruptura de un equilibrio que es independiente de la acción de un individuo o grupo, que es precisamente lo importante en nuestro caso.

Varios casos para aclarar la tesis que defiendo. En el mercado político se puede ver muy claramente con los gobiernos parlamentarios, cuando el partido que tiene la mayoría la pierde, se produce una crisis política y se resuelve con un llamado a elecciones. En el terreno económico existen ilustraciones claras de su significado como lo fueron los distintos casos experimentados por el mundo contemporáneo, la Gran Depresión, la reciente “crisis financiera” del 2007-2008.

Observamos, entonces que, tanto en los casos políticos o económicos que refiero, el patrón común, el patrón de consistencia de lo que se puede llamar “crisis” es producto de la ruptura de una inercia, de una situación espontanea, que se genera dentro del propio sistema, inesperada y no provocada intencionalmente. En este sentido la distinción entre una crisis y lo que pasa en Venezuela es muy clara.

¿Por qué no estamos en crisis?

Ninguno de los síntomas que se describen todos los días en Venezuela son producto de una crisis y no provienen de hechos espontáneos sucedidos en el seno del sistema que los organiza. Por el contrario, todos ellos, repito todos, son el producto de la acción intencionada y deliberada de una entidad ideológica y política que está poniendo en práctica una modalidad de vida y de sociedad distinta a la que se tenía y la que se tiene. Es la postura y la práctica clásica de un proceso revolucionario que quiere destruir lo preexistente, como lo ha sido en todas las experiencias históricas que conocemos.

Es el socialismo en marcha.

En aquel articulo cerraba con esta conclusión: “A pesar de toda la confusión que se genera al entender este proceso lleno de corrupción, narcotráfico, incompetencias, ineptitudes, violaciones constitucionales, trampas electorales, devaluación de la moneda, caída de los precios petroleros, etc., etc., negar su carácter ideológico es un grave y sustantivo error pues, poco a poco, se ha ido implantando en Venezuela un modelo similar al de la Cuba de los 60’s, al de China o la Unión Soviética con las variantes que imponen los tiempos”

Diría ahora: ¿Hacen falta más pruebas? Con todo y los cambios que se han producido con la aceptación del dólar como moneda de intercambio, con la gasolina a precios internacionales, con la “liberación” de controles y precios en algunos mercados, creemos que el “socialismo” está abandonando sus objetivos. Recordemos que el sistema de propiedad ha sido radicalmente vulnerado, recordemos que todos los días hay amenazas en el campo de la politica y que, poco a poco, se construye la hegemonía politica del partido único.

¿Será, de verdad, que estamos en crisis?

 2 min


Manuel Delgado Campos

El encierro cuarentenario me ha obligado, por una parte, a permanecer en el país más tiempo del que tenía previsto y por la otra, dedicarme a actividades no cotidianas, las cuales eran mi obligación como profesor universitario y Presidente del Consejo de Profesores Jubilados (CPJUCLA) de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado.

Por lo que, aunque suene redundante, deseo expresar una serie de preocupaciones, convertidas en angustias, respecto del quehacer universitario, con énfasis en lo que atañe a los jubilados.

Nuestras actividades se han visto tan reducidas que hasta se podría decir que anuladas. No es que fueran muchas, porque regularmente estaban limitadas a reuniones de frecuencia mensual de tipo cultural y recreativo, con preponderancia de lo musical, todo ello aunado a eventos deportivos propios de las personas de juventud prolongada.

Esa reducción no puede achacarse exclusivamente a la “cuarentena pandémica” la cual, por larga que sea, siempre será temporal. No, eso viene desde tiempo atrás cuando los recursos, tanto los asignados por el Estado Venezolano como por los aportes directos de los profesores, fueron disminuyendo drástica y continuadamente desde hace varios años, lo cual reduce la capacidad de desarrollar las mencionadas actividades.

Se suma a lo anterior, la baja capacidad de movilización de los profesores tanto en sus propios vehículos como en el deficiente transporte público. Causado también por los ínfimos sueldos y pensiones de jubilación. Si los llamamos irrisorios no es porque causen risa si no que más bien dan ganas de llorar.

Colateralmente, aunque no es responsabilidad directa de los gremios de jubilados, los sistemas de previsión social están prácticamente colapsados y es casi imposible atender los casos de hospitalización y cirugía y, muy deficientemente las consultas médicas externas al igual que los servicios de laboratorio.

Las sedes sociales, tanto las de profesores como las de empleados y obreros han sido invadidas o vandalizadas y en el mejor de los casos, en franco deterioro por falta de recursos para su mantenimiento.

En total, que la denominada cuarentena o más bien toque de queda, simplemente ha sellado con broche de maldad la actividad universitaria en general. No ha quedado hueso sano. Los ataques alevosos y continuados contra la infraestructura universitaria han causado mella en casi todo.

La alternativa de trabajo a distancia, a través de las diversas redes comunicacionales son, a veces, casi una falacia. Las fallas eléctricas, telefónicas y de la internet dificultan enormemente la intercomunicación. Situación esta que no es exclusiva de la UCLA si no que afecta por igual, en mayor o menor grado, a todas las universidades y otros centros educativos y de investigación.

Que podríamos hacer al respecto para paliar la situación mientras llega el “día después”, para el cual si hay muchos y muy buenos estudios y proyectos listos para ser aplicados. Yo me refiero a lo que pudiéramos hacer desde ya.

Con relación a la situación socio- económica de los profesores es muy poco lo que podemos hacer en la actualidad. El régimen nos tiene de manos atadas hasta para hacer elecciones de nuevas juntas directivas de los gremios.

Pero los profesores si podríamos hacer algo en favor de los estudiantes, en particular de los que están en los últimos años de carrera y a punto de graduarse. Un poco de sacrificio y una liberalización de criterios puede ayudar al uso de las ventanas, a veces abiertas, de los sistemas comunicacionales, para atender la culminación de algunas unidades curriculares y en particular trabajos especiales, informes de pasantías y trabajos de grado, sin necesidad de la presencia física.

No debemos aferrarnos como a un dogma de fe a los métodos tradicionales de enseñanza. Tengamos plena confianza en la responsabilidad y honestidad de nuestros jóvenes. Ellos son los más interesados en hacerlo bien ahora y en el futuro. Si algunos de nosotros no estamos al día con las más recientes tecnologías comunicacionales, seguramente encontraremos quien nos ayude y asesore. Hagamos el esfuerzo. La juventud en formación y Venezuela como nación lo agradecerán.

Para concluir, con relación a esta situación tan generalizada, me permito expresar que no hay que ser muy avispado ni de mente muy ágil para señalar unos culpables, quienes se han dedicado con la mayor tenacidad y alevosía a la destrucción de Venezuela.

Ingeniero Agrónnomo, Ph. D.

Profesor titular (J) de la UCLA

Barquisimeto, 08 de junio de 2020

 3 min


En las dictaduras de Juan Vicente Gómez y de Pérez Jiménez, hubo ministros, embajadores, presidentes de empresas del Estado y colaboradores en general que demostraron ser competentes y que podían haber trabajado en el sector privado o incluso en otros países. La pregunta obligada es ¿cómo es posible que aceptaran trabajar bajo dictaduras que violaban los derechos humanos en La Rotunda, en el Obispo o en Guasina? ¿Qué indujo a buenos profesionales a trabajar en un régimen que asesinaba, torturaba, encarcelaba y exiliaba? Por el contrario, en la dictadura totalitaria aderezada con narcotráfico de Chávez- Maduro la presencia de colaboradores mediocres ha sido la regla. ¿A qué se debe la diferencia?

Juan Vicente Gómez, tuvo ministros de gran calibre. Entre ellos Gumersindo Torres, quien realizó una gran labor al crear conciencia sobre nuestro petróleo y redactar leyes y reglamentos al respecto. Román Cárdenas, ministro de Hacienda modernizó lo referente a la hacienda pública. El ingeniero Luis Vélez, como ministro de Obras Públicas diseñó gran parte de nuestro sistema de carreteras. También destacados profesionales como Rafael González Rincones, José Gil Fortoul, Pedro Emilio Coll, César Zumeta, Pedro Manuel Arcaya y Henrique Toledo Trujillo.

Los distinguidos venezolanos citados seguramente consideraron que era necesario modernizar el país y que para ello era imprescindible eliminar el caudillismo regional que con constantes montoneras impedía la paz necesaria para poder avanzar. Vieron en Gómez el “gendarme necesario” que requerían esos tiempos. Recordemos también que los derechos humanos no estaban sobre el tapete y, lamentablemente, eran violados impunemente en muchos países.

La dictadura de Marcos Pérez Jiménez también contó con algunos ministros de categoría. Sin embargo en este caso es difícil encontrar argumentos para explicar, y mucho menos para justificar, la colaboración con el dictador. La mayoría tenían prestigio profesional y han podido prestar sus servicios al sector privado o fundar sus propias empresas. Entre ellos destacan Eduardo Luongo Cabello, ministro de Energía y Minas, quien realizó una buena labor en esta área; incluso las concesiones otorgadas a las transnacionales fueron transparentes, dicho por el mismo Rómulo Betancourt. Armando Tamayo Suárez fue un buen ministro de Agricultura y Cría. Julio Bacalao Lara, ministro de Obras Públicas, modernizó Caracas. Otros destacados profesionales también colaboraron con la dictadura. Ya en los últimos días de Pérez Jiménez, Giaccopini Zárraga y Humberto Fernández Morán, distinguidos profesionales, aceptaron ir al Gabinete.

En la dictadura de Chávez- Maduro, nunca ha habido independientes en el Gabinete. Todos ocuparon cargos por su identificación ideológica con el régimen. Algunos ministros como Jorge Giordani, Héctor Navarro, María del Pilar Hernández, Nelson Merentes, Aristóbulo Istúriz, Jorge Rodríguez y Rafael Ramírez sobresalen del resto en cuanto a formación profesional, no así en cuanto a gestión cumplida, particularmente el último citado fue nefasto para el país. Otros, como Juan Carlos Loyo, Carlos Osorio, Elías Jaua, Iris Varela, Delcy Rodríguez y el resto, difícilmente podrían competir en el mercado de trabajo, por lo que necesitan esgrimir sus credenciales “revolucionarias” para insertarse en cargos gubernamentales.

Tanto en las dictaduras de Gómez, como en la de Pérez Jiménez, los colaboradores eran de categoría porque el objetivo era construir un mejor país. En la de Chávez- Maduro el objetivo es destruir para controlar, por lo cual se explica la incompetencia.

Hay otros colaboradores de esta dictadura totalitaria que no ocupan cargos en el régimen, pero que requieren ser mantenidos ellos o sus nano partidos. Necesitan vivir de la política para no perecer. Son ciudadanos como Timoteo Zambrano, Claudio Fermín, Segundo Meléndez, Felipe Mujica, Luís Parra, Franklin Duarte, José Gregorio Noriega, Negal Morales, Henry Falcón, Luís Romero, Javier Bertucci y muchos otros.

Respecto al punto anterior, nos permitimos recordar un artículo de Georg Eickhoff, en el mismo narra que en la Alemania Oriental el Partido Socialista Unido de Alemania, léase Partido Comunista, toleraba la existencia de otros partidos. Estos partidos proporcionaban una forma de vida segura a políticos que preferían la deshonra a tener que emigrar, a cambiar de oficio o a sumarse a la resistencia.

Ya sabemos quiénes son. Si el régimen convoca elecciones con el CNE que designará el ilegítimo TSJ, ellos harán campaña tratando de convencer que sí es posible salir del régimen con votos. Patrañas para que ellos puedan sobrevivir en tiempos de dificultades económicas. Son parásitos de la política. Ojalá que otros partidos no decidan convivir con el régimen.

Como (había) en botica:

Arbitraria la detención de Héctor Rivero, Carrano y Villamizar, ejecutivos de Directv.

Lamentamos fallecimiento de Milagros Pietri y de Ángel Rafael López, de Gente del Petróleo y de Unapetrol.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


Julio Castillo Sagarzazu

El lector seguramente recordara un partido de futbolito improvisado que tuvo lugar en las jornadas de grandes movilizaciones populares en el 2002 en plena autopista de Prados del Este en Caracas. El juego enfrento a dos equipos, uno de los manifestantes de la oposición y otro de defensores del gobierno de Chávez. Por varias horas, ambos, jugadores e hinchas confraternizaron sobre el asfalto caliente de aquel caliente momento de la política nacional. Por cierto, nadie recuerda el score, todos recordamos que el partido tuvo lugar.

¿Recordaremos acaso también la reacción de Chávez? Yo sí, y claramente. Monto en cólera, saco de su costal todos los improperios contra los ricos, los apátridas, los escuálidos. Identifico muy bien, para su gente, quienes eran aquellos con los que jamás debían juntarse y ni siquiera ir a misa; mando el mensaje de acuerdo con el cual, confraternizar y sonreír con los explotadores era una traición. A todos ellos quedo claro que quien quería ver deporte que se fuera a la cancha del Círculo Militar a verlo lanzar su rabo e cochino o que se pusiera en su barrio a jugar chapita como jugaba el con el teniente Andrade antes de dejarlo tuerto.

¿Por qué esta reacción tan desmesurada frente a un inocente partido de futbol calle? Pues justamente porque el partido no era inocente, al menos no para sus planes. Porque para imponer el régimen que padecemos desde entonces hace falta mucha división, mucho odio y sobre todo meter muchas cuña entre la unidad de los gobernados para que no puedan juntarse nunca.

Así se hizo la polarización política y social. Venezuela ya no era un solo país y los venezolanos no tendrían un solo proyecto para mejorar y avanzar, sino que la vida desde entonces se planteaba entre ricos y pobres; patriotas y apátridas; buenos y malos; chavistas y no chavistas.

Chávez creó su ring de boxeo, su zona de confort y acopio la leña que sería el combustible que avivaría, hasta el día de hoy, su hoguera de la manutención del poder.

¿Cuál es la lógica de la polarización? Pues, demostrar que el proyecto político que encarno no triunfara hasta que no derrotemos y aniquilemos definitivamente al adversario. A la victoria no se llega sino sobre las ruinas del adversario. Mientras tanto, todos los problemas, las miserias, los sinsabores, son parte de la larga marcha hasta La Tierra Prometida. Los pobres conquistaran el cielo como lo canto Marx sobre los Comuneros de Paris de 1871 porque “el motor de la historia es la lucha de clases” y su “partera es la violencia”.

Todo esto ocurrió ante nuestros ojos. Este escenario fue concebido como una trampa jaula con cuyo paral no hemos dejado de tropezar nunca. Hemos caído en el juego de la polarización para solaz de quienes lo inventaron para mantenerse en el poder.

Han sido pocas las ocasiones en las cuales hemos sorteado la trampa. Una de ellas fue en el 2015 cuando logramos la maravillosa victoria electoral de la Asamblea Nacional. Aquella campaña fue impecable. Era la época de las colas, del bachaqueo, del estallido de la mega inflación y de la escasez. Hubo muchas consignas, pero el fundamento de todas ellas era. “Si no quieres esta vida de colas, de irrespeto, de escasez y de vida cara, vota contra Maduro en la AN”. Es decir, nos salimos del mensaje polarizador del ¡Maduro vete ya! para hablar a la gente de sus problemas lo cual, desde que el mundo es mundo, es la única manera de convencer a alguien para que haga el puente entre su vida cotidiana y la política.

Pero, como cuando el pobre lava llueve, enseguida regresamos a la zona de confort de Maduro. En lugar de convertir la Asamblea en el pivote de las luchas sociales y populares y la aspiraciones de los millones de compatriotas que nos llevaron allí, volvimos a caer en la trampa. No se había secado la tinta del acta donde Tibisay proclamada la irreversibilidad de nuestra victoria, cuando le ofrecimos al país que en 6 meses sacaríamos a Maduro. Conclusión: Maduro nos dijo “vengan a Miraflores a sacarme” y nosotros le tomamos la palabra y cada vez que lo intentábamos, las ballenas no nos dejaban pasar de Chacaíto.

Mi cauchero chavista que voto por la oposición me dio una clase de política cuando aquello ocurrió. Me dijo: “Vistes, Julio, lo que querían era un quítate tú para ponerme yo.”

Y como las desgracias nunca vienen solas, nos equivocamos en el fondo y también en la forma. Con esa política nos retiramos a los salones de los hoteles, a las redes sociales a realizar cuanto foro, seminario, taller y simposio, entre nosotros mismos (ahora hacemos tuitazos, webinairs y sesiones de zoom) para elucubrar sobre el sexo de los ángeles y dejamos a la gente entendiendo con sus problemas y viendo desde las gradas la pelea de boxeo entre Morochito Rodríguez y Muhammad Ali.

Venezuela ha visto agravar todos aquellos problemas y hay quien quiere vendernos la idea de que los venezolanos nos estamos adaptando a la situación como la ranita de la olla con agua tibia. Esta es solo una verdad a medias. Se trata de un mecanismo de defensa natural de toda persona que pone la sobrevivencia como punto central de su existencia. Gracias a ese instinto nos hemos preservado como especie.

Pero la lógica de hierro de la historia y de la lucha social nos enseña que los pueblos despiertan insospechadamente. A veces despiertan y los derrotan y a veces despiertan y logran victorias y avances.

La diferencia entre una y otra está en la clarividencia y capacidad de su dirección política. Es necesario reconstruir la credibilidad y la confianza. El 80% de los venezolanos no quiere a Maduro y lo responsabiliza de la actual pesadilla. Solo hay que regresar a estar con la gente y a organizarla. Poner una política creíble, transversal que interese a TODOS y no a un grupito de iluminados y diseñar una agenda que destierre la polarización de las consignas puramente políticas; que ponga énfasis en los problemas que padecemos todos los venezolanos y diseñe el país bonito y distinto que también todos queremos.

Imaginemos por un rato que aquel partido de futbol en Prados del Este llegue al medio tiempo y terminemos hablando de nuestros problemas comunes y que entonces nos pusiéramos de acuerdo para actuar. No habría ballenas pa’ tanta gente. El segundo tiempo lo jugaríamos en libertad.

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Roberto Casanova y Gerver Torres

Uno

Siempre nos hallamos en algún estado emocional. Y el estado emocional en el que nos hallemos condiciona la percepción de nuestro entorno y de nosotros mismos, impulsándonos a actuar de una cierta manera y no de otra. La rabia nos incita al ataque; el miedo nos conduce a la huida o a la sumisión; la frustración nos hunde en la pasividad. La esperanza, por su parte, nos impulsa al emprendimiento creador.

Emoción y estado emocional no son lo mismo. Una emoción es una respuesta mental y fisiológica para la acción ante eventos externos o experiencias internas. Los estados emocionales, en cambio, constituyen parte de ese trasfondo, muchas veces inconsciente, que nos predispone a actuar de cierto modo. Así, tener un ataque de rabia no es lo mismo que vivir rabioso. Aquí queremos referirnos a los estados emocionales. Queremos destacar, en especial, que ellos están estrechamente asociados a los relatos que creamos para interpretar nuestras circunstancias.

En efecto, los seres humanos no solo somos emocionales: también somos narradores de historias. No es algo que podamos dejar de hacer. La necesidad de dar sentido a nuestro devenir en el tiempo nos exige hilar los hechos en tramas y relatos. Explicar, imaginar o proyectar es dar forma a relatos que nos contamos a nosotros mismos y a otros. Estos relatos son, en parte, contenidos que nos transmite, por diversos mecanismos, la cultura a la que pertenecemos.

Comprender la relación entre narrativas y estados emocionales nos parece fundamental. Las narrativas sobre nuestro entorno y sobre nuestras capacidades para actuar en él son, tal vez, los factores más importantes para entender por qué nos ubicamos en uno u otro estado emocional. Pero la situación en la que creemos estar depende, a su vez, del estado emocional en el que nos hallemos. Existe, pues, una relación de mutua causación entre emociones y narrativas. De la adecuada comprensión de esta circularidad depende nuestro buen desempeño como personas, como grupos, como sociedad.

Consideremos, por ejemplo, las narrativas que podemos calificar como políticas. Una narrativa política es, en un sentido general, un relato –o un conjunto de relatos– que nos permite explicarnos el pasado y el presente de una sociedad y prefigurar su futuro. Estas narrativas cumplen funciones de esclarecimiento, de diseño, de movilización. En ellas se entremezclan postulados científicos, interpretaciones históricas, creencias colectivas.

En toda sociedad conviven y compiten varias narrativas políticas. Algunas de ellas favorecen la convivencia y la cooperación; otras nos hacen desconfiar e incentivan el conflicto social. Hay narrativas que generan esperanza y hay narrativas que promueven el odio o el miedo. Estos distintos estados emocionales, a su vez, hacen a las personas proclives a aceptar algunos relatos y a rechazar otros. De esta manera, narrativas y estados emocionales se potencian mutuamente, haciendo que, en algunos casos, una sociedad quede presa de sí misma y en otros que progrese de manera indefinida. Digámoslo así: el desarrollo, en sus múltiples dimensiones, está acompañado de ciertas narrativas políticas y está reñido con otras.

Dos

Cifras de un estudio de opinión realizado hace algunos meses reflejan los estados de ánimo dominantes en nosotros. Unas tres cuartas partes de la población que se define a sí misma como opositora al régimen afirma experimentar estados emocionales negativos (angustia, enojo, desilusión, desesperación). Esos estados de ánimo estarían también presentes en aproximadamente la mitad de quienes no se definirían políticamente e, incluso, en alrededor de una tercera parte de quienes se consideran chavistas. Por otra parte, solo en este último grupo habría un porcentaje de personas significativo (cerca de un tercio) con estados de ánimo positivos (tranquilidad, agradecimiento, optimismo, entusiasmo). Es de suponer que este «mapa» emocional haya experimentado cambios y hoy imperen en todos los sectores estados emocionales negativos.

¿Qué narrativas podrían estar detrás de estos distintos estados de ánimo? Afirmar que solo dos  una narrativa democrática y otra chavista  sería una simplificación tal vez extrema. No sería muy difícil crear otro «mapa», uno de políticas relevantes. Sería posible diferenciar así narrativas más específicas, asociadas a las circunstancias vividas por distintos grupos: narrativas de socialistas convencidos, de capturadores de renta (o «enchufados», para entendernos), de demócratas, de conservadores. Estas no serían, desde luego, narrativas independientes unas de las otras y, más bien, se solaparían entre sí de diversas maneras.

Lo que sí resulta evidente es que no existe hoy entre nosotros una narrativa que cumpla, al mismo tiempo, con dos condiciones deseables: ser mayoritariamente compartida e infundir estados emocionales positivos. Uno de los desafíos de los venezolanos consiste, pues, en dar forma a una narrativa comprensiva e inspiradora, capaz de articular a otras narrativas y de adecuar nuestros estados emocionales al desafío de nuestra liberación y de nuestra reconstrucción.

Tres

En Un Sueño para Venezuela ofrecemos una narrativa política que pretende ser tanto verosímil como esperanzadora. Al fin y al cabo, no todo lo deseable es posible y no todo lo posible es deseable. Una narrativa política como la que requerimos no puede ser solo un cuento estéticamente bien logrado y debe proponerse conjugar razón, imaginación y emoción. No puede limitarse a dibujar un país ideal y debe promover nuestro aprendizaje sobre lo que hemos hecho bien y lo que hemos hecho mal. Una narrativa política es, sin duda, un complejo «artefacto» cultural.

Con esa perspectiva en mente, nuestra narrativa contiene cinco momentos presentados como otras tantas preguntas: ¿A dónde queremos y podemos llegar? ¿Dónde estamos hoy? ¿Cómo llegamos hasta aquí? ¿Con qué contamos para salir de la situación actual? ¿Cómo hacemos para cambiar? Las respectivas respuestas a estas interrogantes conforman los capítulos del trabajo.

No pretendemos, ni por asomo, haber agotado el debate sobre estos temas con nuestras respuestas. Requerimos, en realidad, una amplia y profunda conversación cívica sobre nosotros mismos. Todo ciudadano reflexivo y preocupado por el destino de nuestra sociedad debería sentirse convocado a ella. Esta es nuestra contribución. Es la razón que justifica el tono pedagógico del texto: es un intento, ojalá exitoso, de presentar asuntos de relativa complejidad en forma accesible a un público no especializado.

Este libro constituye una nueva edición, revisada y sustancialmente modificada, de un texto escrito hace veinte años por uno de nosotros. Esta nueva edición ha sido redactada esta vez «a cuatro manos», con el valioso apoyo de generosos amigos y compañeros. Advertimos que nos hemos permitido usar libremente, sin hacer citas que entorpeciesen la fluidez de la lectura, muchos extractos de otras obras nuestras. Es necesario agregar que este libro estaba listo para su publicación pocas semanas antes del inicio de la pandemia del COVID19. Dado el agravamiento extremo de las duras circunstancias que ya vivía el país, hemos decidido divulgar el libro en forma gratuita.

Cuatro

En el año 2000, la primera edición de este libro proponía un camino alternativo y mejor al que la mayoría de la sociedad estaba tomando, tras los pasos de un líder carismático. La experiencia y la reflexión nos han servido para entender lo trágicamente equivocada que resulta ser una revolución socialista. Los tiempos que corren representan el final de ese terrible experimento en nuestro país y, por esa razón, constituyen una oportunidad propicia para presentar, de nuevo, una narrativa política inspirada en la libertad, la inclusión, el progreso.

En materia de cambio social puede resultar equívoco colocar un calendario a nuestras expectativas. El año 2020 fue utilizado, en la primera edición del libro, solo como una referencia, tal como el año 2038 es usado en esta nueva edición. Mas lo cierto es que ninguna sociedad puede saber lo que el futuro traerá consigo. Por ello una visión de nuestro porvenir debe estar siempre abierta a lo inesperado y debe evitar quedar congelada en un conjunto de metas que, en la práctica, pueda ser un obstáculo para la creatividad colectiva. El progreso no debe medirse, en un determinado momento, por lo cerca que estemos de una meta específica que nos hayamos propuesto sino, más bien, por el avance con respecto a la situación anterior. Saber que andamos en buenos pasos, que caminamos en la dirección correcta, es, en sí mismo, esperanzador. Una sociedad se hace mejor en la medida en que promueve la inteligencia creadora de todas las personas y las oportunidades para que ella se expanda libre y solidariamente.

Hablar acerca de adelantos en una dirección correcta es una afirmación con obvias connotaciones éticas. Al respecto sostenemos que una visión de nuestro futuro colectivo debe ser definida, ante todo, por los valores que deseamos ver materializados en instituciones, en proyectos, en conductas. Tales valores nos servirán para recuperar la concordia social y política sin la cual ninguna sociedad puede prevalecer y progresar. Son entonces valores como la libertad, la inclusión y el progreso, entre otros, los que deben servirnos, como una suerte de brújula moral, para saber si nos movemos o no en la dirección deseada.

Cinco

Las narrativas capaces de inspirar y movilizar a los pueblos se manifiestan primero en ciertas prácticas sociales. En tal sentido, en una sociedad es posible identificar las acciones individuales o grupales que son simientes de un futuro posible y deseable.

Ello ocurre hoy en Venezuela. Una mirada atenta a nuestro entorno nos permitiría descubrir comportamientos y experiencias de otra Venezuela que pugna a diario por hacerse realidad. Emprendedores en las distintas esferas del quehacer humano –la economía, el activismo social, la educación, el arte, la literatura, etc. – son, sabiéndolo o no, portadores del ideal de un mejor país, de un sueño nacional. Se trata de personas que se caracterizan por su acción esperanzada, por su perspicacia para encontrar o imaginar oportunidades, por su resiliencia para afrontar un entorno hostil, por su vocación realizadora, por su contagiosa fuerza vital.

Hay personas, sin embargo, que sienten que ya no pertenecen a Venezuela. Respetuosos de la libertad individual, no juzgamos tal convicción. Pero sí sostenemos que, en nuestra opinión, uno no pertenece a un país: uno es un país. Es la articulación de nuestras acciones la que da forma, cotidianamente, a Venezuela. Así, una fracción de nuestro país como empresa en común desaparece cada vez que un venezolano pierde la fe en él. Pero nuestro país se vigoriza con cada venezolano que persevera en la lucha por la libertad creadora, condición indispensable para transitar el exigente pero maravilloso camino de nuestro renacimiento nacional.

A estos emprendedores, portadores de nuestro futuro, dondequiera que se encuentren, dedicamos este libro.

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