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Opinión

Carlos Raúl Hernández

Con la simpleza de que la salsa del pavo debe servirle a la pava se quiere dar lecciones de filosofía política coloquial, para justificar cualquier cosa, conforme si se es de la alt left o la alt rigth. En la región existen democracias como Chile, Colombia, Ecuador, Panamá y Uruguay y también autoritarismos plebiscitarios, semidemocracias, que encarnaron con el socialismo XXI y la salsa no es la misma.

A la alt lef le parecen comprensibles los vandalismos en Chile contra la desigualdad y a la otra cualquier cosa que se haga contra Morales y cuidado con la receta para adobarlas. Balzac hablaba de las semivírgenes para referirse a damas encopetadas e insatisfechas de la Inglaterra victoriana (a la que detestaba) dispuestas a hacer cualquier audacia íntima siempre que no pusiera en peligro su virginidad, que ofrendarían en el sacramento matrimonial.

En su ingenuidad, algunos enredan todo al referirse a Venezuela o Bolivia como tiranías, cuando son semidemocracias o semidictaduras, cosa muy distinta. A estas alturas del pensamiento y la acción se sabe perfectamente que la democracia es un método de gobierno alternativo, de régimen electoral confiable, predecible y monótono en el cumplimiento de los derechos fundamentales y con poderes separados.

Las elecciones están invariablemente regidas por la Ley y no a capricho de un caudillo. Los autoritarismos plebiscitarios, electorales o semidemocracias consisten exactamente en lo contrario, pero conservan formas semivirginales, aunque comienzan por cambiar la Constitución y controlar las instituciones lo que enajena o problematiza el voto. Así hicieron Chávez, Rafael Correa y Evo Morales con lo que tuvieron un poder no constitucional y por lo tanto autoritario y espurio.

Doble play

Morales gracias a su control de los jueces forzó un referéndum aberrante y pidió insólita autorización al electorado para violar la Constitución, aspirar a un tercer período de gobierno, y perdió 51 a 49. Recordemos que una Constitución no es cualquier panfleto sino una Carta que establece los derechos inalienables de las personas, su espacio de libertad donde están exentas de la presencia del Estado. En los países civilizados la Constitución es casi intocable no así en el tercer mundo.

Por eso al lanzarse de candidato este mes, se coloca doblemente fuera de la Ley, da un golpe de Estado, y otro cuando ordenó delictivamente al Tribunal Electoral escabullir los escrutinios. Principio fundamental del Derecho moderno es que el Estado solo puede hacer aquello que específicamente le fijen las leyes, mientras los ciudadanos somos libres para hacer todo lo que no nos esté prohibido. Esta es la garantía para la vida, la libertad, la propiedad.

Si no es eso, no es una Constitución sino un grimorio. Morales delinque al presionar a la gente para que le permitiera violar la ley y también o más al violarla pese a su reprobación expresa. Las cartas fundamentales de prácticamente todos los países democráticos contienen un artículo anti autoritario, aporte de la Escuela de Salamanca, que inspiraron los teólogos jesuitas y dominicos Francisco de Vitoria, Francisco Suárez, Tomás de Mercado, Domingo de Soto y varios otros.

Esta insta a todo ciudadano, civil o militar, a derrocar al usurpador y restablecer la vigencia de la Constitución. San Agustín no tiene dudas de recomendar el magnicidio. Las Constituciones de EEUU, Francia, Alemania, España, recogen este principio, el famoso artículo 350 en Venezuela. Su significado es una autorización para usar la fuerza cuando el mandatario se aparte del orden constitucional y la justifica a posteriori.

Golpe a golpe

La ingenuidad hizo pensar a muchos en Venezuela que se invocaba “el 350”, salía el genio de la botella y el problema estaba resuelto. La esencia que nos obliga a acatar los gobernantes es la legitimidad, que para los revolucionarios no significa nada pero tiene dos fuentes: la legitimidad de origen que, como hemos dicho, parte de que el gobierno nace conforme lo pauta la Constitución. Y la legitimidad de ejercicio, que pierde si se aparta de ella en su gobierno, como hacen las semivírgenes en el poder.

El golpe de Estado es una figura suficientemente estudiada en la teoría política y consiste en que un poder del Estado, basado en la fuerza, usurpa atribuciones o funciones constitucionales de otro, anulándolas. Suele provenir del Poder Ejecutivo por su control sobre la fuerza pública. Puede ser un golpe militar, cuando hay movilización de tropas.

Ese expediente a veces no es necesario porque basta con la disuasión y se habla de un golpe blando. Pero si un mandatario delinque y lo toman in fraganti, la fuerza pública está en la obligación de impedir que se consume el crimen. Es lo que ocurre con Morales quien había cometido uno grave y se le sorprende perpetrando otro, nada menos que un fraude electoral.

Sin que eso signifique pronunciarse sobre las desgracias o venturas que podrían haber procurado a los respectivos países, en las últimas décadas defenestraron varios presidentes de la región, sin que pueda calificarse de golpe de Estado: Carlos Andrés Pérez en Venezuela 1993, Mel Zelaya, Honduras en 2009, Fernando Lugo de Paraguay en 2012 y Dilma Rousseff de Brasil en 2016, la última sin haber cometido la más remota transgresión.

@CarlosRaulHer

http://www.eluniversal.com/el-universal/55642/las-semivirgenes

 4 min


Se supone que la gasolina es combustible. ¿Pero por qué también se ha vuelto políticamente explosiva, como sugiere la erupción de protestas masivas en Ecuador y Chile?

Mientras que el caso ecuatoriano tuvo que ver con un incremento significativo del precio de la gasolina, lo que disparó la revuelta en Chile fue un aumento programado de apenas 3% de las tarifas del metro de Santiago. Más allá de si hubo o no injerencia extranjera, el hecho es que las protestas, si no la violencia y la destrucción que las acompañaron, han tenido un respaldo público significativo.

El argumento económico contra los subsidios a la gasolina parece sólido. Los subsidios son ineficientes porque conducen a beneficios en el consumo que valen menos de lo que le cuesta a la sociedad ofrecerlos. Son nocivos desde un punto de vista ambiental porque el consumo de gasolina genera externalidades negativas: no solo calentamiento global, sino también contaminación local, congestión y degradación de las vías. (Más bien, la gasolina debería gravarse para tener en cuenta estos costos). Y son profundamente injustos, porque los ricos consumen más gasolina que los pobres, lo que significa que obtienen una tajada mayor del subsidio.

Pero el argumento económico contra los subsidios ignora otras dimensiones del problema que ayudan a entender la oposición pública a una intervención en los costos del transporte. Reconocerlas y entenderlas es crucial para diseñar mejores soluciones en materia de políticas.

El problema con la lógica económica estándar es que no tiene en cuenta el papel de los bienes públicos en la vida urbana –y, en particular, en la movilidad–. Las calles, los metros, las ciclovías y las autopistas no tienen mercados o precios como sí los tienen los automóviles y los departamentos. Tampoco las vistas hermosas, los parques públicos y los barrios seguros.

La vida moderna exige interactuar con muchas otras personas, ya sea trabajando en grandes organizaciones o atendiendo a los consumidores. Es por eso que, a nivel mundial, el porcentaje de gente que vive en áreas urbanas ha crecido de menos de 35% en 1960 a más de 55% hoy. En países de altos ingresos, el porcentaje supera el 80%.

La posibilidad de interactuar con los demás implica la capacidad de movernos desde donde vivimos hacia donde trabajamos, compramos, aprendemos y socializamos. Cuán lejos tenemos que ir y cuánto tiempo y dinero nos cuesta son cosas que están determinadas por la disposición geográfica urbana y la infraestructura de transporte. Por ejemplo, Barcelona y Atlanta tienen poblaciones similares, pero Atlanta utiliza una superficie más de 26 veces superior y emite más de 10 veces más dióxido de carbono. Barcelona ofrece transporte público mucho mejor y más económico, y su mayor densidad poblacional fomenta la eficiencia de la red. De la misma manera, si bien Tokio tiene más habitantes que Nueva Delhi o Ciudad de México, los tiempos de traslado son mucho más cortos, debido a una planificación urbana más inclusiva y grandes inversiones en infraestructura.

Los ricos eligen dónde vivir en parte teniendo en cuenta los tiempos de traslado, lo que hace subir los precios inmobiliarios en lugares bien conectados y empuja a los pobres a zonas periféricas. También conducen autos grandes (muchas veces solos), y así ocupan más espacio en las calles. Para ellos, el costo del transporte no es existencial.

Los pobres, en cambio, relegados como están a lugares no tan bien conectados, enfrentan tiempos de traslado más largos (un tema especialmente sensible para las madres) y deben asignar un porcentaje mayor de sus magros presupuestos al transporte. Si la infraestructura de movilidad es horrible, viajar al centro de la ciudad para obtener mejores oportunidades laborales puede ser tan costoso que la gente se queda atrapada en actividades informales menos productivas más cerca de sus vecindarios de bajos ingresos. Esto constituye una trampa de pobreza: como uno es pobre, no puede llegar adonde están los buenos empleos, lo que significa que uno seguirá siendo pobre.

En este contexto, utilizar precios de mercado para equilibrar la oferta y demanda de transporte excluiría sistemáticamente a los pobres de los beneficios de la vida urbana. Quienes tienen menos ingresos –digamos, los estudiantes de familias pobres que intentan llegar a la escuela– serían los que dejan de viajar cuando aumentan los precios. Es por eso que muchos sistemas de metro, incluso el de Santiago, tienen precios especiales para los estudiantes. De la misma manera que no utilizamos subastas para asignar órganos de trasplante, necesitamos principios distintos a los de las leyes de mercado para administrar el transporte.

Lo mismo es válido para otras amenidades urbanas valiosas. En comparación con los residentes de los suburbios, las habitantes de las ciudades tienden a pasar menos tiempo en sus departamentos más pequeños y más tiempo en espacios públicos compartidos. Pero el Central Park de Nueva York, el Hyde Park de Londres o el Bois de Boulogne de París, que están disponibles para todos de manera gratuita, pronto se convertirían en clubes de campo o barrios cerrados si cayeran en manos del mercado.

Como el grueso de los costos del transporte son fijos, en el sentido de que se incurre en ellos en el momento de la construcción, las ciudades tienen muchos grados de libertad para decidir quién paga por ellos y cuándo. Consideremos un sistema de metro: ¿qué porcentaje del costo debería ser pagado por las futuras generaciones, los jóvenes, las personas mayores y la población en edad laboral? ¿Cuánto deberían pagar los usuarios del sistema y cuánto quienes se benefician de una menor congestión en las calles o del incremento del precio de los inmuebles gracias a su proximidad a una estación?

Aún más importante, ¿qué porcentaje de la asignación del espacio urbano debería dejarse en manos de los mercados, donde cada dólar vale lo mismo, y cuánto dedicarse a un mecanismo que trate a todos los ciudadanos por igual? Como señaló Michael Sandel de Harvard: “Cuantas más cosas puede comprar el dinero, más difícil es ser pobre”. Si el acceso a barrios seguros, buenos empleos y espacios públicos está limitado por la falta de dinero, los pobres tenderán a considerar injusta la asignación que resulte del mercado.

Nada de esto justifica los subsidios a la gasolina. Todo lo contrario: estos recursos deberían utilizarse de manera mucho más eficiente y justa en garantizar que todos tengamos acceso a las oportunidades y placeres de la vida social. Pero lo que la gente espera, y lo que los gobiernos deberían brindar, son políticas que mejoren la calidad del espacio público compartido y la eficiencia y disponibilidad de los medios para recorrerlo.

Copyright: Project Syndicate, 2019.

https://www.elnacional.com/opinion/cuando-los-mercados-chocan-con-la-movilidad/

 5 min


Foodografo

Uno de los mayores placeres que tenía (y que recuerdo) de mi vida de los finales de los 80 y principios de los 90 era revisar el periódico del domingo. En Venezuela los más grandes eran El Nacional y El Universal. Mis papas eran más tendencia de El Nacional, pero otros familiares o amigos, preferían el otro. En esos años, en los que ya era un niño grande y cercano a la pubertad, disfrutaba enormemente todo lo que traía el periódico: los comics (o comiquitas como les decimos) y las secciones extras que no salían entre semana. Pero de todo mi preferida era la revista: traía secciones muy buenas como el horóscopo largo, los crucigramas, entrevistas a la farándula de la época, entre otros.

El asunto es que esa revista se llamaba Feriado y además, tenía recetas de cocina. Eso no lo recordaba, la verdad, porque a esa edad era poco probable que me interesara aprender a cocinar. Mi mayor acercamiento a eso, era acompañar a mi abuelo con mis hermanos y mis primos al mercado libre (nombre que le damos en Venezuela a los mercados de plaza).

El tema por el que traigo a estas páginas el recuerdo, es que fue hasta que creé este blog que supe que la revista del domingo tenía recetas. Mi prima Laila a los meses de empezar a publicar recetas, me escribió desde Caracas y me contó que a Aníbal (su esposo) y a ella, les haría mucha ilusión que yo desarrollara una receta que habían publicado en revista en los años 80s: mousse de ají dulce con plátano.

A mí de una me llamó la atención, pero en esos primeros meses que tanto dediqué a generar contenido, estaba tan emocionado que dejé dormir la receta. Luego estuve haciendo cursos de cocina en mis viajes y empecé a producir material para no olvidar hacerlas, y finalmente, este año, decidí despertar del letargo la receta en cuestión. Tuve incluso que pedirle a Laila que me la reenviara porque no encontraba el email y ella tan “juiciosa” lo hizo súper rápido.

Haber intentado la receta me emocionó mucho por varias razones. Primero, porque eran ingredientes que disfruto mucho y que son protagonistas de la cocina venezolana. Segundo, desempolvó nostalgias de los años más lindos de la historia contemporánea de mi país que fueron esas dos décadas: 80s y 90s. Y tercero, e igual de importante, me divirtió mucho conversar con Aníbal sobre la receta e ir mostrándole los dos o tres intentos.

En los días que ensayé la receta, Aníbal fue buscando en los recovecos de su biblioteca información sobre ese mousse de ají dulce y me envió información que me dificulta referenciar, pero que me sorprendió, ya que en un artículo dicen que esta receta se servía en el restaurante del Country Club de Caracas, y que años después salió en un libro de recetas que se llama “Quien es quien en la cocina”. Como carezco de la fuente, si alguien está leyendo y las tiene, por favor le pido que me la comparta.

Aníbal ahora anda resolviendo temas de salud en España, pero yo aprovecho esta nota para agradecerle toda la emoción que le metió a esta receta y a los comentarios e información que me fue compartiendo. Aníbal: deseo mucho que te mejores pronto, y espero que algún día podamos preparar este mousse de ají dulce y plátano.

La receta del mousse de ají dulce y plátano

Para 6 personas

Ingredientes:

Para el mousse:

1 plátano maduro

2 huevos

½ lata de crema de leche (equivale a ½ taza)

Para la salsa de ají dulce:

200 gramos de ají dulce (sin semillas y cortados en cuadritos pequeños)

½ cebolla cabezona mediana

1/3 de botella de vino blanco

½ lata de crema de leche (equivalente a media taza)

1 tbsp (cucharada) de maizena

½ tsp (cucharadita) de sal

½ tsp (cucharadita) de pimienta

2 tbsp (cucharada) de mantequilla o de aceite de oliva

Agua

Necesitarás moldes pequeños tipo ramekin para hornear.

¿Qué hago?

1 Precaliento el horno. Licúo todos los ingredientes del mousse (plátano, huevos y crema de leche) por un minuto o hasta que no se vean trozos de plátano enteros.

2 Engraso moldes de cerámica tipo “ramekin” con aceite vegetal en spray o con mantequilla, y vierto la mezcla licuada.

3 Pongo a hornear por 40-45 minutos a 180ºC / 350F o hasta que al insertar un palito en los moldes, salga limpio. Retiro del horno, dejo enfriar y desmoldo.

4 En paralelo mientras horneo la mousse, hago la salsa de ají dulce. Corto el ají dulce en cuadritos pequeños y diluyo la maizena en dos cucharadas de agua.

5 En un sartén a fuego medio pongo a sofreír la cebolla en aceite de oliva o mantequilla. Agrego ají dulce, sal y pimienta y cocino por 1 minuto. Sigo con el vino por 4 minutos más (reducir a la mitad), y por último, bajo el fuego y añado la crema de leche y la maizena diluida y cocino por 8 minutos más. Si está muy densa y se ha secado la mezcla, agrego ½ taza de agua. Pruebo y verifico si necesito más sal y pimienta. Apago y dejo enfriar unos minutos.

6 Licúo la salsa hasta que se vea cremosa y cuelo si es necesario (este paso lo recomiendan en la receta, pero yo lo evito para no generar desperdicio). Sirvo en un plato una mousse y en el top o alrededor acompaño con dos o tres cucharadas de la salsa.

Disfruto de este original y delicioso plato.

El dulce del plátano va muy bien con el sabor del ají dulce.

Noviembre 14, 2019

http://foodografo.com

 4 min


Berna González Harbour

Un buen libro no es solo una sintonía entre autor y lector, ambos tan distanciados en tiempo, lugar y contexto que sería impensable de otra forma, sino el valioso camino de llegada, el viaje de sus manos a las tuyas. Y tan importante es a veces el quién y el cómo te lo recomienda, el entusiasmo que le inyecta, que la historia que vas a encontrar.

Fue Sánchez Piñol quien me recomendó con ese brillo en los ojos Magokoro, un libro cálido, de descanso, de reparación. En él, Flavia Company no se ocupa de sí misma, como parece hacer todo el mundo, sino de una persona indefinida en tierra indefinida que busca comprender las cosas que parecen sencillas y no lo son. Nos vale Magokoro (Catedral, 2019) para situarnos donde quiero llegar. “Lo invisible no se ve, pero está”, dice uno de los personajes de ese libro que a Sánchez Piñol –según contó- le ha cambiado su forma de leer.

Vivimos un momento de egos y ombliguismo, lo que en literatura viene llamándose autoficción, que coincide estrepitosamente con la era del selfi masivo, el onanismo colectivo, la suma de yoes superpuestos, y -por si fuera poco- con un momento político de egoísmos, de búsqueda de una identidad subrayada frente al otro, al diferente, de nacionalismos y posiciones excluyentes. Y hay novelas excelentes en el género, claro que sí (Manuel Vilas, Carlos Pardo, Emiliano Monge, María Moreno), pero, seamos sinceros: ¿acaso alguien puede dar la vuelta al móvil y enfocar a los demás? ¿Mirar alrededor? ¿Acoger, absorber, aprender de los demás? ¿Buscar lo que parece invisible, pero está?

Es solo una pregunta. O varias preguntas dentro de una sola pregunta. Todo género es respetable, todo libro bueno es bueno, todo “yo” puede ser “tú” y toda corriente tiene su aquel. Pero el más potente embrión de novela que se ha visto estos días es la historia de Omar, un joven guineano de Igualada que, tras ser expulsado del centro de menores por ser catalogado como mayor de edad, se arrojó al río. El chaval estaba integrado y una familia esperaba para acogerle (¡aún hay gente en el campo de los buenos, #fuckVox!), pero el trauma de la inmigración pudo más y el chico prefirió el puente. Gentes que mueren. Gentes que sobreviven. Gentes que acogen. Gentes que abren puertas. Gentes que antes de mirarse a sí mismas miran a los demás. Gentes que niegan a Vox. Existen.

Mirar al otro para comprender. Buscar la lección en los demás. Ayudar para crecer. ¿Acaso, como sociedad, no necesitamos cambiar la mirada? ¿No sería un buen momento? Escribir para descubrir, escribir para aprender, excavar para detectar, salir de nuestra concha, del ombliguismo y mirar alrededor. Edna O’Brien viajó a Nigeria para retratar a las víctimas de Boko Haram en La chica. Por ejemplo. Es una opción. Es un buen plan. O al menos un sueño ingenuo del que, lo sé, tendremos que despertar.

14 de noviembre 2019

El País

https://elpais.com/cultura/2019/11/14/actualidad/1573735560_236189.html

 2 min


Jesús Elorza G.

Los atletas, entrenadores, padres, representantes y dirigentes de clubes y asociaciones vinculados a la Federación Venezolana de Deportes Acuáticos (FEVEDA) fueron sorprendidos el pasado 08de noviembre 2019, al enterarse del contenido de la correspondencia Nº 933/19, enviada por el Ministro del Poder Popular para el Deporte (MPPPD) al Presidente del Comité Olímpico Venezolano (COV), en donde se señala el nombramiento de una Comisión Ad Hoc para que en un lapso de 10 días hábiles organice el registro de las personas que tienen el derecho a conformar la Asamblea General de FEVEDA para la elección de sus autoridades.

Este hecho, sin precedente alguno, constituye de manera inequívoca un ataque contra la autonomía del sector deportivo federado, al pretender el Ministro del Deporte atribuirse una facultad correspondiente a la Asamblea General de la federación. De manera arbitraria, amparado en la Sentencia Nº 84 del 13 de agosto 2017 de la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) ,que declaró nulo el proceso eleccionario de las autoridades de FEVEDA para el periodo 2017-2021 y que ordenaba, también de manera intervencionista y violatoria de la autonomía federativa, al Consejo Nacional Electoral la conformación de una Comisión Electoral Ad Hoc integrada por 5 funcionarios designados de su propio seno.

A un año, de la designación de la referida comisión, todavía se está a la espera de la realización de las elecciones de la federación. Cabe destacar, que resulta por demás notorio el intervencionismo gubernamental, al pretender imponer, contrario a la Ley del Deporte, a una comisión designada por el CNE y no por la Asamblea General del ente federativo.

Ahora, pretende el actual Ministro del Deporte, apropiarse de la ilegitima resolución de la Sala Electoral del TSJ, para justificar y continuar, con la violación de la Autonomía Federativa, reafirmando la designación de la Comisión Ad Hoc, en este caso nombrada ya no por el CNE sino por él, en su condición de Ministro del Deporte.

Es importante, recordar que la referida Comisión, tiene el papel fundamental de establecer quiénes van a conformar la Asamblea General de FEVEDA para la elección de sus autoridades. En tal sentido, el ministro para no dejar cabos sueltos, en su descarada intención de designar a su libre criterio revolucionario, una dirigencia servil a sus intereses totalitarios, designa una comisión integrada en su totalidad por representantes de su despacho:

-Franklin Amílcar Cardillo Romero, actual presidente del Instituto Regional de Deporte del estado Miranda. Anteriormente ocupó el cargo de viceministro del deporte.

-Luis Alberto Salas Guzmán, actualmente es el Director de Alto Rendimiento del Instituto Nacional de Deporte.

-Astrid Pereira Romero, Consultora Jurídica del Instituto Nacional de Deporte.

Más un representante designado por el Presidente del Comité Olímpico Venezolano.

Lo más risible del caso, es que en la resolución del Ministro del Deporte se ordena notificar a Francisco Garrido del Consejo Nacional Electoral, quien fungía como presidente de la comisión en el 2018, que cesó en sus funciones. Que quede claro y sin lugar a dudas, que el poder revolucionario para el deporte es el Ministro y no el CNE o la Sala Electoral del TSJ.

Todo este hecho, solo viene a demostrar una vez más, la manifiesta intención del régimen totalitario de atacar a las Federaciones Deportivas, como los tiburones a sus presas, para apoderarse de todo el sector deportivo federado para ponerlo a su servicio. Esta política, tuvo sus orígenes cuando el régimen integró en una sola persona al Presidente del IND y al Ministerio del Deporte quien utilizó todos los recursos presupuestarios y jurídicos para presionar a las federaciones con la intención de que modificaran los Estatutos del Comité Olímpico para hacer posible que un funcionario de gobierno pudiera presidirlo. Lamentablemente, las federaciones cayeron en ese perverso juego y sacrificaron la autonomía olímpica haciendo permisible que el régimen avanzara en el control totalitario del deporte.

Como muestra de las contradicciones de la burocracia revolucionaria, todos los que han pasado por el cargo de ministro del deporte, han manifestado su interés en ser presidente del COV. De allí, que es común escuchar en los pasillos del IND “Si Eduardo llegó a ser presidente, Yo como ministro o ministra también puedo”…pero en el medio de esa burocrática pelea está el deporte venezolano y en particular las Federaciones Deportivas, ya que para llegar al COV hay que tener los votos federativos. Por eso, hoy vemos como el actual ministro es Vicepresidente de la Federación de Futbol, viceministros en cargos federativos o lo que es más grave el intervencionismo de las elecciones federativas para poner al servicio del régimen a sus dirigentes.

Corresponde a la dirigencia deportiva venezolana luchar por hacerse respetar frente a un régimen violador de la autonomía del sector deportivo federado. Pensar o creer que por mantenerse callado ante los desmanes del régimen no los van a tocar, es hacer el papel de tontos útiles. En un régimen totalitario, los colaboracionistas son desechables. En las contradicciones de la burocracia revolucionaria, los sectores en pugna buscan los apoyos ofreciendo “El paraíso” pero una vez alcanzado el poder, “si te veo no te conozco” o te dan unas migajas de los recursos económicos para comprar tú silencio.

El caso de la Federación de Deportes Acuáticos, no es distinto a lo ocurrido con el Baloncesto, el Softbol o el Futbol. Lo que si llama poderosamente la atención, es la falta de solidaridad en el sector deportivo federado frente a los desmanes del régimen.

La defensa y lucha por “Un Deporte Mejor en una Sociedad Mejor” requiere la Unidad de Todos…..Todas las luchas, Una sola Lucha.

 4 min


Alejandro Lafluf

La evolución es una idea poderosa. Pero sobre todo es una idea inteligente. En efecto, si no evolucionamos, no podremos devolverles a nuestros países, la vitalidad y dinamismo, que sus economías necesitan.

Ahora bien, la economía es un sistema. Pero no se trata de cualquier sistema. La economía es un sistema complejo. Una rueda o una palanca son sistemas simples – tienen pocos elementos -. Un avión o un barco son sistemas complicados – tienen muchos elementos -. Sin embargo, tanto en los sistemas simples como en los complicados, “el todo nunca es mayor que la suma de sus partes”. Y aquí radica la diferencia fundamental. En los sistemas complejos, los elementos interactúan de tal modo que generan lo que se denomina “propiedades emergentes”. En sistemas así, “el todo siempre es mayor que la suma de sus partes”. Y esto lo cambia todo.

El agua es un sistema complejo. Aunque nos sumergiéramos en ella solo encontraríamos oxígeno e hidrógeno. Lo mismo ocurre con nuestro cerebro. La conciencia es una propiedad emergente de ese sistema, por eso no vamos a hallarla en ninguna neurona en particular. Las propiedades emergentes de un sistema complejo no tienen que ver con los elementos del sistema, sino con su relación, con su modo particular de interactuar en conjunto.

Siguiendo a Murray Gell – Mann, en un sistema complejo, las interacciones no son fijas sino dinámicas y penetrantes (pueden alterar el estado inicial de los elementos del sistema) no-lineales (pequeñas causas pueden determinar grandes efectos) recursivas (el sistema se retroalimenta, positiva o negativamente, potenciando sus componentes o inhibiéndolos) y abiertas (el sistema interactúa con su entorno, determinando su reorganización o adaptación).

La clave con este tipo de sistemas pasa por salvaguardar la particular interacción que existe entre cada una de sus partes, de tal modo de proteger sus propiedades emergentes. Si dañamos el cerebro, la conciencia desaparece. Si alteramos su química, el agua desaparece. Lo mismo ocurre con una economía. Si un Gobierno no actúa del modo en que debe actuar; si no respeta la naturaleza compleja del sistema económico y no actúa en línea con ella, entonces sus propiedades emergentes se pierden.

¿Cómo debe comportarse entonces un Gobierno frente a un sistema complejo como la economía para que sus propiedades emergentes – competitividad y empleo – no se pierdan?

Un sistema complejo oscila entre dos extremos: orden y caos. Si existe demasiado orden (demasiada rigidez y regulación) el sistema pierde dinamismo y capacidad de adaptación. Si no existe ningún orden, el sistema se dispersa en la condición de su entorno, pierde identidad y se descompone. En sus extremos todo sistema complejo es débil porque pierde sus propiedades emergentes (por falta de dinamismo o por descomposición) ¿Cuáles son entonces los mecanismos a través de los cuales un sistema complejo puede mantenerse en una condición de vitalidad y crecimiento? Aquellos que le permitan funcionar en un estado de equilibrio dinámico denominado “criticalidad auto-organizada”. Este punto crítico constituye la condición óptima del sistema porque favorece su complejidad, alejándolo de sus extremos.

Mi crítica al Estatismo es que no termina de entender la naturaleza compleja del sistema económico, y por lo mismo, no actúa en línea con ella. De ese modo destruye sus propiedades emergentes, desquiciándolo y sacándolo permanentemente de su óptimo. El Estatismo perjudica la complejidad del sistema de dos formas: a través de su concentración y a través de su centralización. El Estatismo conduce a la concentración porque no entiende que la riqueza se crea – de ese modo convierte a la economía en un juego de suma cero-. El estatismo genera déficits que luego intentará solventar a través de endeudamiento, impuestos y tarifas públicas – ahogando al sector productivo y haciéndole perder rentabilidad y competitividad -. Como todos los recursos están dedicados a un solo “atractor”, el sistema pierde dinamismo y vitalidad, comienza a moverse más lento (desempleo, desinversión, caída de las exportaciones) afectando dramáticamente su capacidad de adaptación al entorno.

Si la concentración le resta vitalidad y dinamismo al sistema, la centralización le resta diversidad. La centralización imposibilita el desarrollo integral al circunscribirlo a las grandes capitales impidiendo que sus frutos lleguen a todos. Asimismo, limita la calidad del crecimiento y consolida la primarización – la inversión privada (nacional o extranjera) al carecer de las condiciones estructurales para instalarse en el interior no puede sino concentrarse en las materias primas -.

La descentralización de la economía rompe este círculo vicioso pero depende necesariamente de la descentralización de la obra pública. Si la inversión privada se descentraliza, porque ahora cuenta con las condiciones necesarias para instalarse de forma óptima, entonces los frutos del desarrollo (fundamentalmente el empleo) se distribuirán, abriéndose nuevas posibilidades de inversión que incluyan la agregación de valor y nos alejen de la primarización.

La diversidad de agentes y la descentralización de la estructura son claves para revertir la concentración y la centralización del sistema permitiendo que éste recupere su complejidad, pueda adaptarse a los cambios del entorno, fortalecerse (aumentando el peso de sus conexiones) y evolucionar.

Si el Mercado es un termómetro, el Estado es un termostato. Un termostato se ajusta en función de la temperatura que marca el termómetro (regla fiscal y tarifas competitivas). Del mismo modo, el Estado no es una brújula – con un solo rumbo ideológico- sino un GPS que va trazando las mejores trayectorias en función de los objetivos que le va indicando la sociedad y el mercado (políticas sociales e inserción internacional). Necesitamos un Estado inteligente que se organice de forma óptima para actuar en un mundo complejo. No un Estado torpe y unidireccional que actúa sin medir las consecuencias socio-económicas de sus actos porque no termina de entender la complejidad del mundo en que vive.

15 de noviembre 2019

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2019/11/alejandro-lafluf-uruguay-la-pol...(POLIS)

 4 min


Daniel Eskibel

Las campañas electorales tienden espontáneamente hacia el caos. Y el desorden lleva casi inevitablemente a la derrota. El único antídoto eficaz es el método.

¿Puedes derrotar a una dictadura con un rumor?

Ese era el tema de nuestra conversación aquella noche de 1978 en una esquina de Montevideo. Desde hacía 5 años Uruguay vivía una dictadura cívico-militar que parecía estar allí desde siempre y para siempre. No lo sabíamos, claro, pero todavía faltaban 7 años más para recuperar la democracia.

Néstor estudiaba arquitectura y yo estudiaba psicología. Aquella noche estábamos parados a mitad de camino entre las dos pensiones estudiantiles en las que vivía cada uno de nosotros. Hablábamos en voz baja, sabiendo que la dictadura tenía oídos en todas partes.

La conversación se había desplegado a partir de una lectura reciente que nos había impactado: la novela El recurso del método, del cubano Alejo Carpentier. Y partiendo del texto de Carpentier habíamos desembocado en una idea obsesiva: derrocar a la dictadura uruguaya con el método de instalar un rumor poderoso que la destruyera.

Estábamos equivocados, claro. Los años siguientes nos demostrarían que el camino hacia la democracia sería mucho más largo, más duro y más complejo que nuestros sueños.

Pero había un pequeño grano de verdad en aquella conversación. No tenía que ver con el rumor, pero sí con el método. Porque para lograr cualquier objetivo político se necesita método.

¿Tienes una mente metódica?

Los cinco rasgos básicos de personalidad que pueden caracterizar a cualquier ser humano son la energía, el neuroticismo, la amabilidad, la apertura mental y la escrupulosidad.

El quinto rasgo, escrupulosidad, es el que identifica a las mentes metódicas. Cuando este rasgo es predominante, entonces la persona es metódica, detallista, organizada, responsable y minuciosa.

¿Cómo puedes saber si tienes una mente metódica?

Para determinarlo con exactitud tendría que aplicarte un test, claro está. Pero de todos modos puedes tener una visión bastante aproximada con una auto-observación sincera.

Te ayudo para ello con una breve descripción de la personalidad escrupulosa o metódica. Léela, analízate y concluye si encajas o no en el perfil.

Una persona metódica se preocupa mucho por el trabajo y por las tareas que tiene que realizar. Le gusta planificar lo que hará, y luego trata de ceñirse a esos planes y de ejecutar esas tareas con precisión. Es alguien muy fiable, a quien se le puede encomendar algo con la certeza de que lo va a cumplir de la mejor manera (inclusive sin necesidad de una supervisión constante). Es una persona que no deja las cosas a medias y que además es exigente consigo misma y con los demás. Le gusta ordenar, acomodar, clasificar, colocar las cosas en su lugar.

Con la breve descripción anterior ya es suficiente para que veas si estás dentro de esta categoría de personas. Si tu personalidad no coincide con este perfil no tienes por qué preocuparte. Seguramente tendrás otro rasgo predominante de personalidad que te dará otras posibilidades. Pero si tu perfil coincide con la descripción, entonces seguramente eres una persona metódica.

En definitiva: si el perfil anterior te describe y además trabajas en vinculación con la política, eso implica que tendrás una ventaja comparativa interesante a la hora de las campañas electorales. Esa ventaja será que para todo tendrás un método.

¿Por qué es ventajoso tener un método?

Porque cuando tienes un método sabes siempre a dónde vas. Y algo más importante aún: porque sabes siempre cuál es el camino para llegar a tu meta. Y cuando no lo sabes, pues estudias e investigas hasta que logras saberlo.

¿Cómo aplicas tu mente metódica a la política?

Ya sabes que las campañas políticas casi siempre se estrellan en medio del desorden, la confusión y el caos. Lo cual nos lleva a considerar la otra cara de la moneda: las campañas electorales ganadoras son siempre metódicas.

No se trata de que todas las campañas electorales metódicas sean ganadoras sino de que todas las campañas electorales ganadoras sí que son metódicas.

O sea que se trata de una cualidad imprescindible, aunque por supuesto no alcanza solo con ella. De hecho se necesitan también otras cualidades vinculadas a los candidatos, al equipo de campaña, a la coyuntura actual y al contexto político, económico y cultural en el que se produce la elección.

Las mentes metódicas son vitales para cualquier campaña. Y hay que saber cuándo, dónde y cómo aplicarlas. Esto implica cuatro asuntos básicos:

La meticulosidad del método hay que aplicarla en primer lugar en la investigación pre-electoral. Si la investigación falla hará que falle toda la campaña, razón suficiente para ser preciso en cuanto a qué factores investigar y cómo investigarlos.

En segundo lugar esa meticulosidad hay que aplicarla en el diseño de la estrategia. El terreno estratégico es siempre uno de los máximos secretos de la victoria electoral, y por supuesto demanda mucha puntería y exactitud.

En tercer lugar esa meticulosidad hay que aplicarla en la ejecución, en la puesta en práctica de la estrategia. Suele ser todo un desafío ya que las campañas brindan tantos estímulos a cada instante que los equipos que las comandan se enfrentan a una innumerable cantidad de oportunidades para apartarse de los lineamientos estratégicos. Apartamientos que más temprano que tarde conducen a la derrota, por supuesto.

Y en cuarto lugar esa meticulosidad hay que aplicarla a la evaluación permanente de la marcha de la campaña. Los candidatos siempre se ven rodeados por una cámara de eco que les dice que todo va bien, pero eso es tan tranquilizador como peligroso. Por eso el equipo de campaña debe evaluar de modo sistemático y permanente, observando el proceso electoral con la máxima objetividad.

La metodología es pues indispensable para investigar, para diseñar la estrategia, para ponerla en práctica y para evaluar.

¿Perdemos la espontaneidad con tanto método?

Podría pensarse que demasiado método significa rigidez e incapacidad para adaptarse a los cambios. Lo cual deja la puerta abierta para pensar que es preferible dejar que la espontaneidad y la intuición lideren las campañas.

Pero la espontaneidad y la intuición tienen su propio lugar dentro de las campañas, dentro de la política y dentro de la vida misma. Y ese lugar no es precisamente el de la investigación, la estrategia y la evaluación. Esos son terrenos para ser precisos y meticulosos. Son terrenos para ser organizados y efectivos. Son terrenos para mentes metódicas.

Un curso para mentes metódicas

Un ejemplo ilustrativo es el de nuestro Curso de Experto en Psicología Política. Porque el primer target al que convoca dicha formación es el de las mentes metódicas. No es el único, pero es el primero. Porque lo que se brinda son procedimientos psicológicos a ser aplicados en el mundo de la política.

Otros cursos de formación política convocan especialmente a otros tipos de personalidad:

Algunos hacen énfasis en las oportunidades de networking que se presentan en grandes eventos, siendo ideales para personalidades extrovertidas. Pero en nuestro curso limitamos las plazas para que sean grupos pequeños.

Otros subrayan las novedades, el aprendizaje de lo más reciente que recién asoma al mercado, siendo ideales para personalidades abiertas. Pero en nuestro curso hacemos foco en la psicología y en su conocimiento acumulado y asentado a lo largo de los siglos.

En ciertos casos el eje se coloca sobre objetivos políticos en materia de bienestar público general, lo cual los hace ideales para las personalidades en las que predomina la amabilidad y la empatía. Pero en nuestro curso nos concentramos más bien en explicaciones, procedimientos y estrategias.

Hay otros casos en los cuales se privilegia lo vivencial, el aprendizaje como experiencia emocional, algo que convoca mucho a las personalidades que se ubican entre los polos del neuroticismo y la estabilidad emocional. Pero nuestro curso se enfoca más en la adquisición de herramientas conceptuales para operar con mayor efectividad en la realidad política misma.

Nuestro Curso de Experto en Psicología Política también ofrece networking, novedades, preocupación por el bienestar público y experiencias vivenciales. Pero el foco está en lo metodológico. La clave reside en que las campañas electorales necesitan una muy alta dosis de método.

El recurso del método

Quienes trabajamos en campañas electorales sabemos que las campañas tienden hacia el caos. Esa es la experiencia vivida por candidatos, dirigentes políticos, investigadores de opinión pública, asesores, publicistas, consultores políticos y miembros de los equipos de campaña.

Pero frente al caos tenemos un recurso.

El recurso del método.

Maquiavelo& Freud

https://maquiaveloyfreud.com/campanas-electorales-ganadoras-metodicas/

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