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Opinión

Cayetano López

¿Es posible realizar reformas que mejoren el futuro de una sociedad cuando esta es profundamente desigual? Porque las reformas afectarán a unos sectores más que a otros y habrá perjudicados, al menos a corto plazo, normalmente los más débiles, que se resistirán con buenas razones a esas reformas. Veamos algunos ejemplos.

Uno de los motivos, quizá el más importante, de la reciente revuelta de los más desfavorecidos de Ecuador contra su Gobierno, ha sido la supresión de los subsidios a los combustibles para automoción, es decir, un aumento de su precio. Algo que evoca las manifestaciones de los chalecos amarillos en Francia, cuyo primer objetivo fue oponerse a la implantación de un impuesto sobre el diésel, con un resultado similar: su encarecimiento. En ambos casos, la justificación de las movilizaciones es que esos cambios inciden sobre todo en los sectores más pobres de la población, no porque no se apliquen a todos sino porque en una sociedad desigual unos tienen medios sobrados para afrontar los cambios, y otros no.

Pero la lucha contra el cambio climático requiere que se tomen medidas para disminuir el uso de los combustibles fósiles. Se trata de una de las más evidentes. Y todas, los impuestos verdes, las propuestas de la OCDE o la UE de tasas sobre emisiones, los obstáculos para utilizar el coche privado en las ciudades, la transición al coche eléctrico, etcétera, tendrán efectos distintos sobre distintos sectores sociales en función de los recursos económicos que posean. Puede afirmarse con un alto grado de certidumbre que los movilizados en Francia o Ecuador, o los enemigos de los parquímetros en Madrid, por ejemplo, están a favor de la lucha contra el cambio climático y, seguramente, participarían en movilizaciones para exigir a los Gobiernos medidas más contundentes en este campo.

Los recursos a disposición de las personas varían según la clase social en la que el azar nos ha colocado

Pero cualquier medida concebible tendrá consecuencias y estas afectarán más a quienes menos tienen. Cualquier persona con una cierta sensibilidad social estará de acuerdo en que eso comporta una forma de injusticia, lo que implica que deberán buscarse mecanismos de compensación que las reduzcan. Pero aun así, el hecho es que siempre habrá quienes puedan acomodarse sin problemas debido a los recursos que poseen y otros a quienes cualquier restricción les supondrá una dificultad. ¿Es que no es posible actuar, en este caso contra el cambio climático, en una sociedad desigual, es decir, en cualquier sociedad actual?

Sin duda, habrá quien no tenga escrúpulo alguno en que una parte importante de la población resulte dañada por una medida considerada imprescindible. Y habrá quien considere que la lucha contra el cambio climático se ventila con acciones sobre un grupo minoritario de ricos y poderosos, quedando el grueso de la población al margen de las reformas necesarias. La razón, sobre todo, me impide estar de acuerdo con los segundos: cualquier medida eficaz afectará necesariamente al conjunto de la población, ya sea directamente o indirectamente a través de cargas a empresas que repercutirán en los precios; no olvidemos que el fin último de estas medidas es reducir y encarecer el uso de la energía o de los productos que requieren energía para su manufactura. Pero el deseo de vivir en una sociedad más justa me impide estar de acuerdo con los primeros. Hay que tomar medidas, a veces drásticas, pero siempre sin olvidar el impacto sobre los más débiles.

Otro ejemplo del mundo de la educación apunta en el mismo sentido. Siendo rector de una universidad pública intenté promover medidas para incrementar el rigor académico de la institución. Pero cualquier medida en este sentido afectaría siempre más a los estudiantes de procedencia humilde que a los otros. Y aunque se arbitraran procedimientos de ayuda, por ejemplo becas basadas en la renta familiar, siempre aparecerá la desigualdad. Cualquier exigencia de rendimiento académico asociado a las becas puede interpretarse como discriminatorio respecto de quienes no las necesitan y pueden permitirse no cumplir dicha exigencia. Cualquier norma de permanencia en la Universidad introduciría de nuevo la discriminación. Los más pudientes tendrían medios suplementarios a su disposición para alcanzar el rendimiento exigido, profesores, academias, libros o un ambiente familiar propicio, y en último caso la opción de elegir una universidad privada. Y todo eso es verdad y es imposible de paliar por completo porque vivimos en una sociedad desigual en la que los recursos a disposición de las personas varían enormemente según la clase social en la que el azar nos ha colocado.

Por muchas medidas compensatorias que se tomen siempre habrá unos con menos defensas que otros

En el límite, cualquier reforma tendente a luchar contra el cambio climático, o a elevar el nivel educativo del sistema de enseñanza, entre multitud de ejemplos en otros campos, sería incompatible con la justicia social a menos que se erradicara previamente la desigualdad de nuestras sociedades humanas. Una lucha que es seguramente la tarea más urgente y necesaria de cualquier Gobierno con sensibilidad social. Pero cuya culminación no llegará pronto, ni siquiera sabemos si llegará alguna vez. Mientras tanto, hay problemas que nos acucian, y a los que debemos enfrentarnos en el contexto de sociedades injustas que reparten las cargas de forma muy desigual.

Es posible razonar en el sentido de apoyar únicamente medidas que vayan en el sentido de disminuir la desigualdad a corto plazo, dejando todo lo demás en suspenso debido a las contraindicaciones a que me he referido antes. Aun así, creo que no podemos dejar de intentar mejorar aspectos que signifiquen un progreso global, al tiempo que proseguimos la lucha contra la desigualdad. Ahora bien, en las sociedades democráticas la opinión pública tiene una influencia decisiva sobre las políticas que se ejecutan: la gente no elegirá a quienes defiendan posiciones claramente enfrentadas al criterio mayoritario en asuntos que afecten a todos. Por lo tanto, es preciso lograr un consenso sobre problemas respecto de los cuales hay que actuar con urgencia aun sabiendo que esas actuaciones repercutirán de forma diferente sobre los distintos sectores sociales. Y, por muchas medidas compensatorias que se tomen, y desde luego se deben tomar, siempre habrá unos que tengan menos defensas que otros. Porque vivimos en una sociedad desigual. Pero no podemos permitirnos dejar de actuar.

17 de octubre de 2019

El País

https://elpais.com/elpais/2019/10/16/opinion/1571228135_360549.html

 5 min


Mario Bonucci Rossini

Estas propuestas surgen de una Universidad de provincia, con un fuerte impacto regional, con 234 años de historia y con presencia en lugares destacados en los rankings nacionales e internacionales. Estas propuestas sido aprobadas por nuestro Consejo Universitario y por una Asamblea multitudinaria celebrada recientemente.

Existen múltiples problemas que afectan nuestras actividades fundamentales: investigación, docencia y extensión, así como también las administrativas que son el soporte indispensable de estas actividades básicas. Un ejemplo de estos problemas es la ausencia de planes, a nivel nacional, de financiamiento de la investigación y dotación de bibliotecas. Así como estás hay un sinfín que se relacionan con las actividades básicas descritas y con los actores que hacen posible la educación universitaria. Son prioridades para nuestro sector universitario.

Pero, existen urgencias, que también son prioridades, en las que la Asamblea Nacional juega y jugará un rol preponderante. Ellas son:

A. SENTENCIA DEL TSJ 0324

1. Que la AN y los partidos políticos fijen postura nacional frente a este nuevo intento de violar la autonomía universitaria, con una decisión abiertamente política más que jurídica.

2. Visto que la Sala Constitucional, al reglamentar un proceso eleccionario en una medida cautelar no solicitada, usurpa funciones de la AN en materia legislativa, solicitamos se corrija esta infracción y se declare nulidad de la sentencia o se reglamente su nulidad.

3. Habidas cuentas que la Ley Orgánica de Educación, que fue aprobada en una madrugada de agosto de 2009, incumpliendo lo establecido en la Constitución Nacional para la creación de leyes, además que viola preceptos sustantivos de la Constitución como el establecido en el artículo 109, solicitamos a la AN, con la urgencia del caso la derogatoria de esta Ley Orgánica.

4. Es necesario sentar las bases de la dignificación del resto de las Universidades, en las que las autoridades son nombradas a dedo. En este sentido solicitamos la creación de una ley o dispositivo legislativo que reglamente y ordene las elecciones en esas Universidades, de manera que en todas las Universidades del país se desarrollen procesos democráticos de renovación de autoridades, y que tal renovación esté relacionada con el un currículo académico de calidad.

5. Habidas cuentas que los dos representantes de la AN ante el Consejo Nacional de Universidades tienen el lapso vencido (fueron nombrados en diciembre de 2015) solicitamos a la AN el nombramiento inmediato de estos dos nuevos representantes.

6. Habidas cuentas del carácter moral que se impulsa desde la AN, solicitamos se exhorte al Ministro de Educación Universitaria, y a la Secretaría Permanente del Consejo Nacional de Universidades (CNU) que se hagan, de inmediato, las elecciones de los representantes profesorales y estudiantiles ante el CNU. Hay representantes profesorales que tienen más de 16 años en el cargo. Dos representantes estudiantiles se graduaron hace años, y el que queda debe tener más de 10 años en el ejercicio del cargo. El ejemplo debería iniciar por casa.

B. EL TEMA SALARIAL Y LA PROTECCION SOCIO-ECONOMICA DE PROFESORES, EMPLEADOS Y OBREROS.

Nuestros salarios ya no merecen el calificativo de salario, sino de asignación, que es muy inferior a los dos dólares diarios que definen a la pobreza según organismos internacionales. Esta asignación es muestra del hambre, pobreza y miseria a la que tienen sometida a nuestra comunidad universitaria. Es necesario que la AN impulse mecanismos que permitan rectificar esta situación que conduce inexorablemente a nuestros trabajadores a una situación similar a la esclavitud.

C. LA GRATUIDAD DE LA ENSEÑANZA. EL MALTRATO A LOS ESTUDIANTES

El Ministerio de Educación Universitaria prácticamente ha eliminado todos los servicios que se brindaban a nuestros estudiantes y que materializan la gratuidad de la enseñanza. En los Núcleos distinto del de Mérida no hay servicio de comedor desde enero de este año. En el Núcleo Mérida el servicio es epiléptico, infrecuente y vegetariano. Prácticamente no existen rutas de transporte estudiantil. Desde hace mucho tiempo no existe protección de salud a los estudiantes (antes se hacía a través de FAMES). En fin, nuestros estudiantes deben acudir al sector privado para cualquier servicio puesto que el Ministerio no suministra el presupuesto requerido. Hasta la fotocopia que imprime el docente para una evaluación debe ser pagada por el estudiante, porque el docente ni siquiera tiene proyectores operativos. Esto permite decir que el Ministerio ha “privatizado la educación universitaria”, trayendo esto como consecuencia un incremento de la deserción estudiantil. Mérida está dejando de ser la Ciudad Universitaria que conocíamos. En vista de esta lamentable situación solicitamos a la AN se dicten los correctivos necesarios, llegando al extremos de implementar un sistema de beca nacional que permita al estudiante afrontar los gastos; propuesta que guarda relación con la declaratoria de “emergencia humanitaria compleja” que ha decretado nuestro Consejo Universitario para la institución, en fecha no muy reciente.

D. PRESUPUESTO UNIVERSITARIO

Para la ejecución de las actividades fundamentales se requiere de un presupuesto justo. Como ejemplo del “maltrato presupuestario”, para el año 2020 nos han asignado el 2,54% del presupuesto requerido, es decir, prácticamente nada. Asignaron a nuestra Universidad 159 millardos de bolívares y requerimos 6.277 millardos. En este sentido es necesaria la creación de una Ley de Financiamiento del Sector Universitario para no depender de caprichos ni de una atadura ideológica contraria a la pluralidad contenida en la Autonomía que nos define y que está plasmada en el artículo 109 constitucional. Mientras se elabore esta Ley pedimos a la AN las gestiones necesarias para financiamiento de fuentes distintas a las del Ministerio de Educación Universitaria, gestiones enmarcadas en la declaración de emergencia humanitaria compleja señalada.

Saludos atentos,

Rector de la ULA

Mérida, septiembre 2019

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Con voz propia

Antonio Arnaldo Pasquali Greco, calificado padre de estudios de comunicación, cumplió su ciclo vital y dejó, aparte de acreditada obra, recomendación ineludible, al menos para debate: cerrar escuelas de comunicación y refundarlas.

Ingresó a Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Venezuela en 1950, a dos años de arribado de Italia (nació en Rovato, Brescia). Adquirida la licenciatura en 1955, año en el cual adquiere nacionalidad venezolana, se va a Paris a realizar su doctorado en La Sorbona y en prestigiosas universidades de Cambridge, Oxford y Florencia.

Pero la comunicación social fue su pasión.

“Me enamoré a fondo del tema; di el salto del pensamiento moral al comunicacional. En 1951, trabajé en Grabados Nacionales, de codo a codo con Gabriel García Márquez, él en la revista Momento y yo en Venezuela Deportiva. Sergio Antillano, un señor de la prensa, me transmitió un fuerte y educado amor por el periodismo”.

Mientras culminaba el bachillerato en Liceo Andrés Bello hacía de corrector de pruebas en periódico copeyano El Gráfico y participó en publicación del vocero El Espiral.

Con Juan Nuño, Eduardo Vásquez, Ernesto Mayz Vallenilla, Germán Carrera, Alberto Rosales, Pedro Duno y Federico Riú, editó en los años 60 la revista Crítica Contemporánea.

En la UCV fundó los Estudios de Teoría de la Comunicación. “Tuve el deseo de estudiar por completo la problemática comunicacional”.

¿Qué pasará con la carrera de comunicación social?

“Mi visión es que podrán entrar sólo gente con un título universitario que tengan el interés de querer comunicar lo que ellos saben será una especialización”. Lo planteó en entrevista al periodista Albinson Linares en entrevista para internet de Prodavinci, Julio 2014, aunque advirtió que ya tenía diez años diciéndolo.

Asesor y consultor internacional fue en materia de comunicación y medios.

Escritor prolífico, su obra “Comunicación y Cultura de Masas” (1963) ha sido referencia para generaciones de comunicadores sociales.

Para 1973 es miembro ejecutivo del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC) y coordina el proyecto RATELVE, creando la plataforma política para un verdadero servicio de radio y televisión públicas.

Al jubilarse de la UCV, es llamado a trabajar a la UNESCO donde será nombrado Subdirector General del Sector Comunicaciones, el cargo más alto del sistema de Naciones Unidas nunca antes alcanzado por un venezolano. Como Director General Adjunto del Sector Comunicación y como Coordinador Regional para América Latina y el Caribe, participó en grandes debates sobre la definición y aprobación de un Nuevo Orden Mundial de la Información y de la Comunicación.

“Durante un cuarto de siglo fui titular de la cátedra de Filosofía Moral y, simultáneamente, fundador de Estudios de Teoría de la Comunicación en la Escuela de Comunicación Social. Creé además el Centro Audiovisual del Ministerio de Educación. Agradezco a la UCV la realización de un sueño: creación del primer Instituto latinoamericano de Investigaciones de la Comunicación (Ininco)”.

“Pregonó un tercer polo comunicacional, un verdadero Servicio Radiotelevisivo Público. Por eso me han odiado tanto gobiernos como empresarios de medios, con acusaciones y amenazas, incluso de muerte cuando el Proyecto RATELVE en 1974”.

La Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social ha perdido cuenta de escuelas que tenemos. Se acercan a 600, casi todas conceptualmente viejas, donde no se enseña nada de historia nacional, regional y mundial de las comunicaciones.

Al MARGEN

Telesur, se quejó de la decisión del Gobierno ecuatoriano de sacar del aire la señal del canal. Como si nada, ignora la clausura y vetos a RCTV, CNN, CNNE, NTN24 y BBC.

jordanalberto 18@ yahoo.com

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Juan Gonzalo Aguilar

No porque se haya dicho antes, deja de ser importante repetirlo de nuevo, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) se encuentra en el ojo del huracán debido a su rol protagónico en el acontecer nacional e internacional. Venezuela atraviesa una crisis institucional, económica, política, social y militar. Los militares activos son visto por sus conciudadanos como los responsables directos de todo lo ocurrido en estos largos 20 años, primero, por sus argumentadas razones para insurgir en contra de un gobierno democrático, segundo, por la comprobada cadena de ineficiencia al frente de cargos públicos, tercero, por el abandono del adiestramiento de los hombres de uniforme incorporados a filas, cuarto, por apoyar a un fracasado proyecto socialista del siglo XXI, quinto, por apoyar a un presidente de dudosa nacionalidad, sexto por la entrega indigna de la soberanía nacional a la satrapía cubana, séptimo, por haberse pronunciado en contra de Hugo Chávez y su proyecto socialista desde una plaza pública y no desde los cuarteles, octavo, por haber desaprovechado la oportunidad de un 11 de abril en razón de un más de lo mismo, peleas por el poder y por la falta de carácter del líder del momento en aquella oportunidad. (Mandar para el carajo a Carmona y a su séquito de militares sin cargos de comando de tropa), noveno, por asumir el rol de villanos al secundar y ejecutar violaciones en contra de los DDHH y décimo, por no actuar de acuerdo a las mismas y mayores razones que los motivaron a sublevarse un 4F y un 27N del 92.

Como todo hecho trae consecuencia, los militares han pagado las mismas, 137 se encuentran en prisión acusados por actos de sublevación, traición a la patria, terrorismo de estado. instigación a la rebelión, conspiración y falta al decoro militar, sufrimiento de torturas y enfermedades en las cárceles, miles se encuentran en el exilio, otros enconchados por la feroz persecución, carteles en sitios públicos con sus fotografías como los más buscados e incluso se habla de sicariato en algunos casos, en males quizás menores, la inmensa cantidad de bajas por propia solicitud y las propias del régimen por considerarlos sospechosos de estar en contra del "proceso" y sin dejar afuera, la paupérrima situación socioeconómica en que se encuentra, tanto de los retirados como la de los activos.

Expuesto este decálogo como preámbulo, les hago llegar el siguiente artículo atribuido a Sebastiana Barráez en infobae.com.

Dirigiéndose a la oficialidad castrense, especialmente al Alto Mando, en la persona del Ministro de la Defensa, en un escrito que titula Fibra Ciudadana, les pregunta: “¿Cómo explicarle a Dios, al mundo y a todo un país, que a ustedes se les pervirtió el alma? ¿Es que acaso, ustedes piensan que son el eslabón final de una Institución, que tiene más de 200 años y para la cual ustedes, son y serán siempre, un enredo nodal involutivo en el devenir del tiempo?”.

Les dice que “ni siquiera sus cenizas servirán para algo. La Nación deberá barrer y limpiar muy bien el mesón de trabajo, del polvo que serán ustedes para no contaminar con su rastro, la nueva arcilla, que dará forma al venezolano en lo adelante, al ciudadano, al paisano, al militar”.

Brito Valerio, nacido el 3 de junio de 1952, pertenece a la promoción 1974 “General en Jefe José Ignacio Pulido” del Ejército venezolano; ocupó destacados cargos en el gobierno de Hugo Chávez, entre ellos ser su secretario privado, ministro consejero de la Embajada de Venezuela en Cuba, embajador de Venezuela en Brasil y secretario privado del entonces presidente.

Hoy dice que “de la boca dislocada de un cretino con poder, llamado Hugo Chávez, salieron las charlatanerías y las ofensas, que convirtieron a muchos de nuestros honorables y venerables maestros, en bribones de una Institución, a la que entregaron con devoción y desinterés, los mejores años de su vida”.

Reconoce que “¡Claro! que también tuvimos “malos”, pero eran una excepcional minoría y “todo mundo” los conocía y sabía cómo y por qué llegaron. Nunca fueron la generalidad. ¡Nada que ver con lo que ustedes son ahora! Una gris generalidad que tomó por asalto todos los espacios, los grados y las jerarquías”.

Con profunda amargura los señala de haber abandonado “la mística del trabajo diario de cuartel, para dedicarse a los negocios, el juego, los lujos, la francachela, las fincas, las haciendas, los yates, los vicios y la “nueva vida”. Por eso, no les quedó sino someterse a la indignidad, de ser mandados por un impostor de falsa nacionalidad y usurpador de un poder, que se lo ha transferido a un “pedazo de isla” como es Cuba, y que ustedes han aceptado sumisa, cobarde y traidoramente, convirtiéndose en vergüenza y verdugos de su propio pueblo”.

Ninguno se salvará

Increpa a la alta oficialidad del Alto Mando y los señala de jugar para conveniencia propia y que por ello “tienen un verdadero brebaje cerebral castrista, donde mezclan: soberanía, Estado, nación, autodeterminación, obediencia debida (concepto cuestionado y sancionado por el mundo libre), partido y Fuerzas Armadas, la misma formulita que inventó Fidel Castro para someter fraudulentamente a los cubanos y para erigir su hegemonía en esta parte del mundo, pero sin tocar para nada el término: ¡Libertad!”

A su juicio esos conceptos se utilizan “para destruir la Democracia y tratar de aplicarlos torcidamente para acabar con la libertad. Ése es el “pa’lante y pa’tràs” del que ustedes no salen en sus discursitos y que tienen todos ustedes en la cabeza, que sólo les sirve para ponerse la gorra y algunos ni siquiera se la saben poner, mucho menos llevar”.

Cita a Simón Bolívar en aquello de que “Un soldado feliz no adquiere ningún derecho para mandar a su Patria, no es el árbitro de las Leyes ni del Gobierno, es el defensor de la libertad”.

Los señala con dureza. “Ustedes no sólo han sido árbitros, sino que se han convertido en parte y se han declarado socialistas. ¡Es la libertad, bellacos! lo que tenían que defender”, dice, citando nuevamente a El Libertador: Quisiera tener una fortuna material, para dar a cada colombiano (Gran Colombiano), pero no tengo nada más, que un corazón para amarlos y una espada para defenderlos. Dirigiéndose al Alto Mando: “¿Y ustedes, ¿qué y cuánto darán y dejarán a los venezolanos que han sufrido su traición y su cobardía?”

Recuerda que la Ley Orgánica de la Fuerza armada y el Reglamento de Castigos Disciplinarios N° 6: No puede ser militar el cobarde, el que carezca de dignidad, pundonor ni el de relajada conducta, pues mal puede ser guardián de la Gloria, Honra e Independencia de su Patria, quien tenga miedo al sacrificio o ultraje sus armas con Infames vicios.

Finaliza diciendo el teniente coronel Emiro Brito Valerio, “ninguno de ustedes se salva de estas sentencias. ¿Estás leyendo Padrino López?”.

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Jesús Elorza G.

En días recientes, hemos visto como se ha desencadenado un conflicto político-deportivo entre China y la National Basketball Association de los Estados Unidos, más conocida simplemente por sus siglas NBA. En términos basquetbolísticos, podemos señalar que el “salto entre dos” para el inicio de la confrontación se da entre: Daryl Morey, Director General del equipo Houston Rockets quien publicó un tuit en donde hacia un llamado a solidarizarse con la “Lucha por la Libertad, apoya a los manifestantes de Hong Kong” y el Presidente de la televisión pública china CTV, quien tajantemente expresó “Creemos que cualquier comentario que desafíe la soberanía nacional y la estabilidad social no está dentro del ámbito de la libertad de expresión”.

A partir de ese momento, la confrontación se hizo más activo. El piloto de la NBA, Adam Silver, con su voz de mando le señaló al equipo cuales eran los objetivos y valores que estaban en juego: “Simpatizo con nuestros intereses aquí y con nuestros socios que están molestos”, afirmó el máximo dirigente de la NBA. “No creo que sea incompatible simpatizar con ellos y al mismo tiempo defender nuestros principios. Pero si esas son las consecuencias de adherirnos a nuestros valores, todavía siento que es más importante adherirse a ellos”. “Esto es mucho más importante que hacer crecer nuestro negocio. Los valores de la igualdad, el respeto y la libertad de expresión han definido durante mucho tiempo la NBA, y continuarán haciéndolo. Como una liga estadounidense que opera a nivel global, una de nuestras mayores contribuciones es la defensa de estos valores del deporte”.

La respuesta del equipo chino no se hizo esperar. Prohibieron la retrasmisión de los partidos de los Rockets y decidieron también anular las de los amistosos que disputarán los Lakers de LeBron James y los Brooklyn Nets.

China amplió su presión sobre el contrincante, rotando a sus jugadores: El fabricante chino de teléfonos inteligentes “Vivo”, patrocinador de los partidos de pretemporada, ordenó a varias de sus empresas suspender sus negocios con la NBA. Joseph Tsai, cofundador del gigante chino de comercio electrónico “Alibaba” no hallaba donde esconderse para que no lo metieran a jugar, ya que es el dueño del equipo de baloncesto Brooklyn Nets de New York y podía perder su franquicia. Pero, si le daba la espalda al régimen chino, podía perder mucho más.

Lo más resaltante fue la entrada en el juego de Yao Ming, pívot de 2,29 metros, que jugó en la NBA precisamente con Houston Rockets, desde 2002 hasta que se retiró en 2011, quien es una leyenda del baloncesto y del deporte chino, que de inmediato intentó darle un tapón a Daryl Morey al declarar que consideraba inapropiados los comentarios expresados en el tuit. Adicionalmente, y en su condición de Presidente de la Federación China de Baloncesto, expresaba su firme oposición al intervencionismo norteamericano y su decidido respaldo al Gobierno de su país. Miles de aficionados de los Rockets, al escuchar las palabras de quien fue uno de sus jugadores estrellas, se sintieron frustrados al observar que el gigante Yao Ming quedo como un enano al servicio de un régimen totalitario y colonialista.

El gobierno chino, decidió aumentar su presión en la confrontación, ordenando a las milicias populares el uso masivo de su plataforma “Weibo” para que inundaran con cientos de miles de tuits las cuentas de Daryl Morey y Adam Silver. En todos los mensajes se escribía “NMSL”, la abreviatura en chino de “tu madre ha muerto”.

Algunos directivos y jugadores de la NBA, viendo en peligro el negocio multimillonario que tenían con los chinos, comenzaron a pedir disculpas por el impase, creyendo que con eso se superaría la confrontación. “Nos disculpamos. Amamos a China. Nos gusta jugar allí”, afirmó la estrella de los Rockets, James Harden, en una conferencia de prensa en Tokio, junto a su nuevo compañero Russell Westbrook.

Las reacciones a tal conducta no se hicieron esperar: el precandidato demócrata a las elecciones presidenciales de 2020, Beto O´Rourke, calificó de “vergonzosas” los mensajes de la NBA pidiendo excusas al Gobierno chino. “Lo único por lo que la NBA debería disculparse es por la flagrante prioridad dada al dinero a expensas de los derechos humanos”.

“Somos mejores que eso, los derechos humanos no deberían estar a la venta y la NBA no debería apoyar la censura comunista china”, tuiteó el ex senador estadounidense Ted Cruz, miembro del Partido Republicano.

Destaca también la posición del activista y artista plástico chino Badiucao, quien, respondió con un dibujo en el que caracteriza a Harden como la polémica jefa del Gobierno hongkonés, Carrie Lam, y el mensaje: “¡Tú y la NBA no amáis para nada a China! Lo que amáis es el dinero de China. Tu desafortunada disculpa mata la esperanza de un Hong Kong y una China libres y democráticos”

La confrontación continúa, el juego no ha terminado, Hong Kong lucha por su Libertad, ¡apoyémoslo!

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Tal día como hoy, martes 15 de octubre hace veintiséis años, de 1993, Nelson Mandela y Frederik De Klerk fueron galardonados con el Premio Nobel de la Paz por haber dejado atrás las confrontaciones del apartheid en Sudáfrica. ¿Por qué decidieron negociar personalidades con intereses tan diferentes y con seguidores radicales opuestos a cualquier acuerdo?

Ninguno de los dos era un angelito. De Klerk había sido ministro de varias carteras durante la época dura del apartheid, con graves violaciones a los derechos humanos. Mandela aprobó actos de sabotaje y durante años fue promotor de la lucha armada.

De Klerk contaba con el apoyo del ejército, de las leyes y de quienes las aplicaban, así como de la minoría blanca, la cual tenía el poder económico. Mandela contaba con el apoyo unánime de la población negra en cuanto a oponerse al apartheid, pero con importantes diferencias en cuanto a la estrategia de lucha. A medida que el mundo fue tomando conciencia de la injusticia del apartheid, los principales gobiernos sanciones al gobierno de la minoría blanca. Al respecto también surgieron diferencias porque algunos consideraron que las mismas perjudicaban a la población. Muy pocos de lado y lado consideraban que la negociación era una opción,

La desconfianza era mutua. La población negra resentía los atropellos de las fuerzas de seguridad y el maltrato que les daban los blancos. Estos conocían que los líderes negros propiciaban actos de terrorismo y que se preparaban para la lucha armada. De Klerk estaba convencido de la bondad de los llamados bantustanes, pequeños enclaves donde agruparon poblaciones de una misma tribu, concepto rechazado por la población mayoritaria.

Gradualmente ambas partes entendieron que ninguna de las dos podía imponerse sobre la otra. El primer paso lo dio De Klerk, venciendo la resistencia de los suyos, al estar convencido de que una pequeña minoría no puede imponerse indefinidamente. Posteriormente confesó que no fue una conversión súbita como la de Pablo de Tarso camino a Damasco, sino “un proceso lento, gradual y a veces penoso” y que en 1985 se percató de la necesidad de negociar. En 1990 eliminó la prohibición que pesaba sobre el partido Congreso Nacional Africano, principal partido de la oposición y abolió leyes que apoyaban el apartheid.

Por su parte Mandela reveló su gran calidad humana al cambiar de opinión y descartar la lucha armada en contra de la opinión de muchos de los suyos y entablar conversaciones tendentes a negociaciones posteriores. Tras veintisiete años preso, en 1994 fue electo presidente y designó a De Klerk como vicepresidente. Conocido fue su gesto de apoyar al equipo de rugby integrado por jugadores blancos que se tituló campeón mundial en 1995.

Maduro dista años-luz de ser un estadista como De Klerk, pero no puede ser tan cerril para no percatarse que la pequeña minoría que todavía lo apoya y las armas nos son suficientes para mantenerse en el poder. Además, algunos de su entorno deben entender que las sanciones internacionales y el rechazo general al régimen lo hacen inviable. Negociar es la mejor opción para los rojos. Quedarían fuera del poder, pero como el populismo no morirá hasta que se eleve considerablemente nuestra educación, tendrían la posibilidad de regresar como lo hizo Perón en el pasado y ahora Cristina.

El presidente (e) Guaidó no tiene el carisma, ni la trayectoria de Mandela, tampoco cuenta con un gran equipo, pero aglutina el porcentaje mayor de los demócratas. La ruta que trazó de fin de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres es la correcta y puede alcanzarse con una buena negociación. Desde luego que la misma no puede ser para que el régimen gane tiempo, ni para ceder en cuanto a principios y valores.

Aclaro que no es la opción que preferimos. Desearía que nuestros militares, en cumplimiento de la Constitución, le soliciten la renuncia y, caso de que no la acepte, que lo destituyan. Al respecto diferimos de algunos que temen que los militares se queden con el coroto. Tanto el 18 de octubre de 1945, como el 23 de enero de 1958 los militares derrocaron al gobierno y entregaron el poder a los civiles. Comulgo con que “hay que arrebatarles el poder”, pero como los militares no se manifiestan y la población no parece ganada para una huelga general indefinida con gente multitudinariamente en las calles indefinidamente, pareciera que no hay otra opción que negociar el fin de la usurpación.

Como (había) en botica:

Todos debemos defender la autonomía universitaria.

El informe mensual de la OPEP reporta que, según sus fuentes, Venezuela está produciendo 644.000 barriles de crudo por día. O sea 2.623.000 barriles por día menos que en el 2001.

Impedir que el presidente electo de Guatemala, señor Alejandro Giammatei, y el periodista Carlin entraran al país es otra torpeza del régimen.

Felicitaciones a Carlos Vecchio, embajador de Venezuela en los Estados Unidos, por el Premio Ronald Reagan otorgado por el partido Republicano.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Eduardo Febbro

«Todos los hombres nacen y permanecen libres e iguales», enuncia la Declaración Universal de los Derechos Humanos y del Ciudadano firmada de 1789 y ratificada por la Organización de las Naciones Unidas en 1948. El economista francés Thomas Piketty, autor del famosísimo El Capital en el Siglo XXI (dos millones y medio de ejemplares vendidos en todo el mundo) entrega una minuciosa y demoledora exploración sobre esa ilusión igualitaria en el último libro que acaba de publicar en Francia: Capital et idéologie [Capital e ideología].

Como la precedente, esta obra consta de 1.200 páginas, se apoya en la historia del mundo y en una forma renovada de emplear las estadísticas para ofrecer un vertiginoso recorrido desde el presente hasta los orígenes de las desigualdades. Allí donde se mire, sea cual fuere la época y el régimen político, la desigualdad es una constante a lo largo de la historia de la humanidad cuyo principio o justificación responde, según Thomas Piketty, a una «ideología». Ese es la esfera central en torno a la cual se mueve toda la reflexión del libro: «la desigualdad es ideológica y política». En ningún caso es una cuestión «económica o tecnológica», y, menos aún, como lo alega desde hace décadas la derecha liberal, sus causas son «naturales».

Ya se trate del modelo chino de desarrollo, de las castas en la India, del New Deal de Roosevelt, divisiones como nobleza, pueblo o clérigo, clase obrera o burguesía, todas las desigualdades están organizadas. Piketty escribe: «cada régimen desigual reposa, en el fondo, sobre una teoría de la justicia. Las desigualdades deben estar justificadas y apoyarse sobre una visión plausible y coherente de la organización social y política ideales». La desigualdad es, en este contexto, un instrumento de la gestión de las sociedades que las ideologías convierten en necesarias. «Cada sociedad humana debe justificar sus desigualdades –apunta Piketty–: hay que encontrarles razones sin las cuales todo el edificio político y social amenaza con derrumbarse. Cada época produce así un conjunto de discursos e ideologías contradictorias que apuntan a legitimar la desigualdad».

Capital e ideología desmonta uno tras otro las narrativas que la derecha liberal instaló en casi todo el planeta. No existen, alega Piketty, «leyes fundamentales», menos aún raíces «naturales» de la desigualdad, ni tampoco se trata de «injusticias necesarias» para que el sistema funcione. El gran relato liberal se armó desde el Siglo XIX con la idea de las famosas «meritocracia» y su más moderna versión: «la igualdad de oportunidades». Ese relato es falso y es preciso, anota el autor,” reescribir un relato alternativo”.

Piketty define ese relato dominante como «propietarista, empresarial y meritocrático», cuyo hilo conductor consiste en afirmar que «la desigualdad moderna es justa porque esta se desprende de un proceso elegido libremente en el cual cada uno tiene las mismas posibilidades de acceder al mercado y a la propiedad, donde cada uno se beneficia espontáneamente de las acumulaciones de los más ricos, quienes también son los más emprendedores, los que más merecen y los más útiles». El economista francés demuestra la fragilidad galopante de ese gran relato liberal, así como sus abismales contradicciones, tanto más cuanto que ese principio de la desigualdad necesaria ya no se puede «justificar más en nombre del interés general». Piketty explica que la meritocracia que se expandió como modelo exclusivo desde los años 80 equivale a una suerte de carta mágica que les permite a sus promotores «justificar cualquier nivel de desigualdad sin tener que examinarla y, de paso, estigmatizar a los perdedores por su falta de mérito, de virtud y de diligencia». La modernidad económica se caracteriza así por «culpabilizar a los pobres» y, también, por un «conjunto de prácticas discriminatorias y desigualdades de estatuto y etno-religiosas».

Piketty sitúa el inicio del ciclo más poderoso de la desigualdad a finales de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), cuando se destruyó y se redefinió «la muy desigual globalización comercial y financiera que estaba en curso en la Belle Époque». Desde entonces hasta nuestro Siglo XXI queda un tendal de destrucción social, que es la amenaza que preside todos los trastornos. El economista advierte: «si no se transforma profundamente el sistema económico actual para tornarlo menos desigual, más equitativo y más duradero, tanto entre los países como dentro de ellos, entonces el ‘populismo’ xenófobo y sus posibles éxitos electorales por venir podrían rápidamente entablar el movimiento de destrucción de la globalización híper-capitalista y digital de los años 1990-2020».

Esta obra frondosa y en nada pesimista se inscribe en una cultura de la reconstrucción y la reformulación y no en un mero catálogo de calamidades o diagnósticos sobre la nocividad del liberalismo. Está muy alejada de esa producción vestida de progresista y empeñada en describir el mal sin que haya otra alternativa que aceptarlo o sucumbir. Piketty diseña varios horizontes. No es un libro no de ruptura sino de replanteamientos. No se propone la destrucción del sistema sino su comprensión histórica, su replanteamiento y, sobre todo, la desconstrucción de la retórica liberal que ha justificado hasta ahora todas las desigualdades en nombre de imaginarios «fundamentos naturales y objetivos».

Piketty no solo afirma que hay muchas vidas fuera del sistema, sino que, también, cada vez que se intentó modificarlo la existencia humana mejoró. En el prólogo del libro, Piketty resalta: «de este análisis histórico emerge una conclusión importante: fue el combate por la igualdad y la educación el que permitió el desarrollo económico y el progreso humano, y no la sacralización de la propiedad, de la estabilidad y de la desigualdad». Los procesos de impugnación de la desigualdad por parte de la sociedad civil han sido en este sentido decisivos para cambiar el rumbo: «en su conjunto, las diversas rupturas y procesos revolucionarios y políticos que permitieron reducir y transformar las desigualdades del pasado fueron un inmenso éxito, al tiempo que desembocaron en la creación de nuestras instituciones más valiosas, aquellas que, precisamente, permitieron que la idea de progreso humano se volviera una realidad».

No hay, de hecho, ningún determinismo, es decir, ninguna condena a la cadena perpetua de la desigualdad. Existen y existirán alternativas. «En todos los niveles de desarrollo, existen múltiples maneras de estructurar un sistema económico, social y político, de definir las relaciones de propiedad, organizar un régimen fiscal o educativo, tratar un problema de deuda pública o privada, de regular las relaciones entre las distintas comunidades humanas (…) Existen varios caminos posibles capaces de organizar una sociedad y las relaciones de poder y de propiedad dentro de ella». Esas posibilidades latentes están más abiertas en nuestra época, «donde algunos caminos pueden constituir una superación del capitalismo mucho más real que la vía que promete su destrucción sin preocuparse por lo que seguirá».

Comprender la historia conjunta del capital y la ideología/desigualdad equivale a «elaborar un relato más equilibrado y a trazar los contornos de un socialismo participativo para el Siglo XXI; es decir, imaginar un nuevo horizonte igualitario de alcance universal, una nueva ideología de la igualdad, de la propiedad social, de la educación y del reparto de los saberes y de los poderes, más optimista ante la naturaleza humana».

Esta amplísima lectura de la historia invita a reescribirla en los hechos. Por ejemplo, con esa idea de un «socialismo participativo», Piketty presenta una serie de ideas y propuestas con el objetivo de refutar la tendencia congelada: «las desigualdades actuales y las instituciones del presente no son las únicas posibles, pese a lo que puedan pensar los conservadores: ambas están también llamadas a transformarse y a reinventarse permanentemente». Así como no hay ningún «determinismo» o causa «natural» de la desigualdad tampoco cabe pensar que su erradicación es automática. «El progreso humano no es lineal –escribe Piketty–. Sería un error partir de la hipótesis según la cual todo siempre irá mejor, que la libre competencia de las potencias estatales y de los actores económicos basta para conducirnos como por milagro a la harmonía social y universal». «El progreso humano existe, pero es un combate», recalca. Este debe «apoyarse sobre un análisis razonado de las evoluciones históricas, con lo que comportan de positivo y de negativo».

Piketty desata nudos, desarma narrativas, corre el telón de los cinismos incrustados en la ideología del Wall Street Journal, desmonta pieza por pieza la criminalización de la protesta social y deslegitima la impostura del sometimiento en nombre del equilibrio social. Allí donde los pueblos se levantan para exigir equidad y justicia social, la ideología de la desigualdad vocifera que toda revuelta significa el desorden, el cual desembocará en dirigirse «derecho hacia la inestabilidad política y el caos permanente, lo que terminará por darse vuelta contra los más modestos». Piketty llama a esa contraofensiva del miedo «la respuesta propietarista intransigente», cuyo principio de acción «consiste en que no hay que correr ese riesgo, que esa caja de Pandora de la redistribución de la propiedad nunca se debe abrir».

Capital e ideología propone abrir la caja, empezando por un trabajo que incita a volver a pensar necesariamente las distintas formas de la propiedad, de la dominación y la emancipación. La relectura histórica de las convenciones de la desigualdad se propone también despejar pistas para emanciparse de un régimen que degrada la condición humana. El catadrático y economista francés adelanta un flujo de ideas o pistas que incluyen «la propiedad social» y la «cogestión de las empresas» (los empleados tendrían el 50% en el seno de los consejos de administración), «la propiedad temporal» (impuesto progresivo aplicado al patrimonio), «la herencia para todos» (contar a los 25 años con un capital universal), «justicia educativa» (equilibrio de los gastos en educación en beneficio de las zonas desfavorecidas), «impuesto al carbono individual» (gravamen ecológico basado en el consumo propio), «financiación de la vida política» (los ciudadanos recibirían del Estado bonos para la «igualdad democrática» que luego entregarían al partido de su preferencia), «inserción de objetivos fiscales y ecológicos obligatorios en los acuerdos comerciales y los tratados internacionales», «creación de un catastro financiero internacional» (para que las administraciones sepan quién detenta qué).

Críticos habrá muchos, tanto del campo de la izquierda como del liberal. Los primeros impugnarán Capital et idéologie porque su propuesta no es una revolución, los segundos lo destruirán porque sus 1.200 páginas son un alegato inobjetable sobre los mecanismos que edificaron la depredación de las sociedades humanas. La ideología «propietarista» preside en este momento de nuestra historia todas las retóricas dominantes, con la consiguiente sensación de asfixia globalizada, la casi certeza de que, sin este modelo desigual, no existe vida humana posible. A su manera voluminosa, exhaustiva y original, el ensayo del economista francés abre horizontes, respira y prueba que no existe un solo relato, sino que, mirando con prolijidad, hay otros, que lo que nos presentan como más moderno no es más que una línea narrativa tan viciada como anclada en el pasado. Esa es su meta confesa: «convencer al lector de que podemos apoyarnos en las lecciones de la historia para definir una norma de justicia y de igualdad exigentes en materia de regulación y reparto de la propiedad más allá de la simple sacralización del pasado».

Septiembre 2019

Nueva Sociedad

https://nuso.org/articulo/thomas-piketty-ataca-de-nuevo/

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