Pasar al contenido principal

Opinión

En estos tiempos de bombardeo masivo de informaciones ciertas, falsas o de media verdades es inevitable que se perturbe nuestra capacidad de razonar. El problema se agudiza cuando estamos sometidos a presiones de diversa índole. Resulta difícil analizar determinada situación política cuando se siente en carne propia la escasez y la dificultad para que el ingreso alcance para cubrir las necesidades mínimas. Más difícil aún, si algún familiar o conocido ha sido asesinado, torturado, encarcelado o ha tenido que buscar refugio en otro país. O cuando es la propia persona la que ha sufrido los atropellos. Hoy en día es explicable que exista mucha ofuscación y de allí los dimes y diretes.

En estas circunstancias, la dirigencia política, articulista y opinadores tienen la responsabilidad de contribuir a orientar al resto de los ciudadanos para no caer en intolerancias que dificultan cualquier solución. Descalificar a otro compatriota por no tener la solución para sacar al usurpador Maduro es estar ofuscado por lo antes mencionado o por interés personal. Quizá si nos preguntáramos qué haríamos si tuviésemos poder de decisión, nos daríamos cuenta de que a veces somos injustos al descalificar a quienes no piensan como nosotros.

Por ofuscados hemos agredido de palabra a personas y a instituciones. En abril del 2002 hicimos picadillo a Pedro Carmona y a quienes manejaron esa crisis por los errores cometidos, unos ciertos, otros no, que permitieron que Chávez regresara al poder. Al respecto no toman en cuenta que Chávez tenía el apoyo de los comandantes de tropa. Después del paro cívico de diciembre de ese mismo año enfocaron las baterías en contra de Carlos Ortega y de Carlos Fernandes por haber convocado una huelga “inoportuna” y a los petroleros por haber abandonado sus puestos “facilitando al régimen que se apoderara de Pdvsa”. Es decir, que deberían haber permanecido tranquilos esperando las elecciones porque lo que había era un “déficit de democracia”.

Después le tocó el turno de hacer de “punching ball” a la Coordinadora Democrática y a su sucesora la Mesa de Unidad Democrática. Volaron las acusaciones de “colaboracionismo”. Perdimos a un excelente dirigente como Ramón Guillermo Aveledo, ensalzado en un principio y luego condenado al ostracismo. Se logró ganar un referendo sobre la reforma de la Constitución y después la mayoría de la Asamblea Nacional, pero como no se produjo el cambio porque el régimen cuenta con el apoyo de la Fuerza Armada y de un grupo no despreciable de seguidores, surgieron las críticas porque no se desplazó a Maduro en seis meses.

Los militares han sido un blanco evidente, ya que al tener las armas muchos civiles consideran que todos son culpables y que derrocar a una dictadura es coser y cantar, no percatándose que es una organización piramidal y vigilada estrechamente, por lo que las probabilidades de una insurrección exitosa no son elevadas. Prueba de ello son los cientos de oficiales que han sido pasados a retiro, encarcelados, torturados e incluso asesinados,como el caso del capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo.

Al presidente (e) Juan Guaidó lo elevaron por las nubes, pero como pasa el tiempo y no cesa la usurpación, ahora le reclaman que está en campaña electoral. ¿Qué puede hacer, salvo recorrer el país animando a la gente, instar a la Fuerza Armada a que respete la Constitución, designar embajadores que están cumpliendo un excelente trabajo y estar en contacto con gobiernos democráticos ante los cuales denuncia los atropellos y solicita sanciones? ¿Cómo puede haber opositores tan ofuscados que lo critican porque no logra que intervenga una fuerza armada de países democráticos? ¿Acaso que eso depende de Guaidó? Califican de fracaso el que no lograra entrar la ayuda humanitaria y que los militares no atendieran el llamado desde La Carlota. ¿Acaso era preferible que no lo intentara?

Algunos deben dejar de decir que apoyan al presidente (e) pero le disparan trascorrales. Quizá puedan ganar algunos aplausos momentáneos, pero cuando cese la ofuscación irremediablemente perderán credibilidad, lo cual es indeseable, ya que algunos son gente valiosa. Dirigentes y ciudadanos en general debemos entender que se requiere una unidad sin zancadillas y sin francotiradores.

Como (había) en botica:

Torturar a un preso es lo más bajo que puede llegar un ser humano. Maduro, el general Padrino López y el general Hernández Dala, Director de Contrainteligencia Militar, entre otros, son responsables del asesinato por tortura del capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo. También hay información de que el teniente coronel Ígber Marín Chaparro, preso desde marzo 2018, está siendo torturado. Marín fue el primero de su promoción. Igualmente el médico José Alberto Marulanda ha sido torturado por los esbirros de la dictadura Desde el pasado 21 de junio se encuentra secuestrado por el Sebin nuestro amigo José Méndez, ciudadano de arraigados principios cristianos, ingeniero nuclear, miembro de COENER, defensor de los derechos humanos y luchador incansable, quien ha denunciado en la Corte de La Haya los atropellos del régimen.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


Cuando apareció muerto por tortura el Secretario General de la Liga Socialista, Jorge Rodríguez, en los calabozos de la DISIP, el Ministro de Relaciones Interiores Octavio Lepage, todo nervioso, dijo disparates al principio, pero de inmediato reconoció que había sido asesinado por funcionarios policiales. Dio la cara por sus torturadores y enviaron presos a los asesinos directos, en cambio, estos torturadores de hoy, descaradamente callan.

La DIGEPOL cuando se llevó secuestrado al Profesor Alberto Lovera, fueron tan bestiales las torturas infringidas, que terminaron clavándole en el pecho un pico y lo lanzaron al mar, pero como la tortura acusa y señala hasta su muerte a los torturadores, Lovera apareció de cuerpo entero a las orillas de las playas de Lechería. Fue un escándalo nacional, el caso llevado hasta el Congreso de la República, y el Presidente de entonces, prometió todo el "castigo" a los responsables de aquel crimen atroz. Sin embargo, estos torturadores de hoy, criminalmente callan.

En el momento que Rogelio Castillo Gamarra apareció ante la prensa, maquillado, pero moribundo por las torturas en la sede de la PTJ; sus esbirros al no poder esconder su crimen lo desaparecieron hasta el sol de hoy. Eso sí, el silente de estos días, José Vicente Rangel, armó un escándalo tan descomunal que obligó a su amigo Caldera, a abrir una investigación que llevó a la destitución del propio jefe de la PTJ. Claro está, estos torturadores de hoy, impunemente callan.

Estos torturadores de hoy, recién se instaló Hugo Chávez en el poder, más por venganza que por justicia, llamaron a constituir el "Comité de Víctimas de Torturas y Desaparecidos de los años 60, 70 y 80". Nadie imaginó que se repetiría en sus gobiernos, como tragedia indescriptible, la tortura y la desaparición de prisioneros políticos.

Ante ese llamado se incorporaron valientes militantes de aquellos años azarosos de guerrilla y combate frontal contra los gobiernos de AD y Copey. Ellos salieron a pedir justicia como víctimas de aquellos esbirros, que se afincaron sobre sus humanidades indefensa por su condición de prisioneros políticos.

Hoy estos venezolano, sobrevivientes aún, deben como insurrectos y víctimas de un pasado venezolano, caracterizado por la violencia política, dar la cara, salir a denunciar a los nuevos torturadores y mostrar la mayor solidaridad con las nuevas víctimas de este terrible flagelo, casi desaparecido en el Continente. Aquí no es posible callar, la tortura y asesinato del Concejal Fernando Albán. Las torturas propinadas al Diputado Juan Requesens, los tratos vejatorios y violatorios de sus derechos humanos a Raúl Baduel, Juan Caguaripano, Miguel Rodríguez Torres y demás militares presos. Tampoco es posible callar el recién asesinato bajo tortura del Capitán de Corbeta Rafael Acosta Arévalo.

Estos torturadores de hoy callan. Hace silencio cómplice, el poeta de su revolución asesina, Tarek William Saab. El gritón de Diosdado Cabello traidoramente calla, ante los crímenes contra sus camaradas de las Fuerzas Armadas. Ordena y calla cobardemente Padrino López, mientras que por los pasillos de su Ministerio, destila la sangre de nuestra oficialidad, víctima de sus crueldades. Con sus manos ensangrentadas, ejecuta y calla el General de la tortura, Néstor Luis Reverol. Al unísono callan la Vicepresidenta y el Ministro de información, victimas y prisioneros de un pasado, que jamás les perdonará haber sido hijos de un padre fallecido en el potro del tormento y la tortura. Desde los pasillos de Miraflores, calla y baila a rabiar, el Usurpador y Torturador Mayor, creyendo que Venezuela y el mundo democrático, aguantará callado sus crímenes y torturas.

 2 min


​José E. Rodríguez Rojas

El régimen de Maduro espera que la comunidad internacional le confiera el mismo tratamiento que le han dado al régimen cubano. Ciertamente la comunidad internacional, y la ONU en particular, han contribuido a legitimar al régimen cubano, dando por ciertas sus estadísticas que reflejan logros en educación y salud, que son parte de la propaganda del régimen. A pesar de la sistemática violación de los derechos humanos que se ha producido en la isla, Cuba forma parte del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Esta organización ha hecho caso omiso hasta el presente de las solicitudes de numerosas ONGs que plantean la necesidad de revisar la situación de los derechos humanos en la nación caribeña. La aspiración del régimen venezolano de prolongarse en el poder contando con la complicidad de la ONU no es infundada.

En las negociaciones que se llevaron a cabo en República Dominicana, Jorge Rodríguez declaró que ellos aspiraban a recibir el mismo tratamiento que la comunidad internacional le había conferido al régimen cubano desde sus inicios. En efecto, buena parte de la comunidad internacional contribuyó a legitimar al régimen cubano y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) desempeñó un papel relevante en esta tarea. El sistema de Naciones Unidas se ha desarrollado cohabitando con los regímenes más despóticos del mundo, que violan sistemáticamente los derechos humanos, que la misma organización promulgó en sus inicios. Uno de ellos es Cuba, país donde el régimen castrista, durante el inicio de la revolución, llevó a cabo una carnicería. Según la directora del programa Archivo Cuba María Werlau, los casos de fusilamiento y ejecución extrajudicial para los primeros tres años y medio del régimen de los Castros, exceden la cifra total de muertos durante la dictadura de Pinochet.

Encarcelaron de por vida a uno de los dirigentes fundamentales de la revolución, Huber Matos, por el solo hecho de discrepar de la deriva comunista de la misma. Fue liberado después de veinte años de encarcelamiento por la presión internacional. No hay libertad de expresión ni medios independientes del gobierno, el cual controla la totalidad de los medios de comunicación masivos. Han encarcelado a muchos por el delito de disentir de la orientación socialista del régimen o protestar contra los Castros. Han intimidado a intelectuales simpatizantes del proceso revolucionario, obligándolos a realizar confesiones amañadas en la cual han admitido haber cometido delitos contra el Estado, una de las mayores transgresiones en la nación caribeña.

Han sometido a la población a un régimen de carencias sistemáticas en todo los órdenes de la vida: alimentos, electricidad, gasolina. Los cubanos tienen un ingreso medio que se ubica por debajo de la línea de pobreza internacional establecida por el Banco Mundial. La población no puede organizarse en partidos diferentes al Partido Comunista o en organizaciones sindicales independientes para demandar mejores ingresos, pues ello está prohibido y si presionan son reprimidos y encarcelados después de un juicio amañado a puertas cerradas.

A pesar del régimen de carencias que sufre la población, una buena parte de la intelectualidad de izquierda y países gobernados por simpatizantes de esta tendencia, han contribuido a crear una imagen de la nación caribeña como un enclave de bienestar. La ONU también ha coadyuvado a esta labor propagandística, presentando los logros en el sistema sanitario y de educación como un modelo a imitar. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) elabora un Índice de Desarrollo Humano (IDH) que considera los aspectos económicos a través del PIB per cápita y los logros en salud y escolaridad, recurriendo a la esperanza de vida y los años de escolaridad. El PNUD presenta a Cuba como un país con un IDH elevado debido a sus logros en materia de salud y escolaridad, que aparentemente compensan las carencias de la economía. Esto pudo ser cierto en sus inicios debido al subsidio soviético pero a lo largo del tiempo estos servicios se han deteriorado y el PNUD no lo refleja en su Índice, debido a que da por legítimas las prefabricadas estadísticas que genera la burocracia cubana. Sin embargo el consenso entre los analistas y conocedores de la realidad cubana es que ha ocurrido un sostenido deterioro de los servicios de salud y de educación como lo ha señalado la bloguera cubana Yoani Sánchez.

En el cuadro siguiente insertamos el IDH de Cuba y de varios países latinoamericanos. De acuerdo con estas cifras Cuba tiene un IDH superior al de los países latinoamericanos citados en el cuadro. Lo absurdo de las cifras del PNUD se refleja en el hecho de que Venezuela, en plena crisis humanitaria, tiene un IDH superior al de Colombia, Ecuador y Perú. Según esto los migrantes venezolanos tienen un comportamiento irracional, pues huyen despavoridos de un país con una economía pujante y con un sistema de salud y de educación modélico, a otros con un nivel de desarrollo humano inferior. El caso extremo es el de Colombia que aparece con un IDH 14 puntos por debajo del de Venezuela. La realidad es que el PNUD da por ciertas las estadísticas cubanas y venezolanas, que son parte de la propaganda de los regímenes autoritarios que los gobiernan y no pueden ser comparadas con las estadísticas de los países democráticos, que reflejan la realidad de sus carencias. Esto último es así, pues las instituciones generadoras de estadísticas están sometidas al escrutinio de las organizaciones de la sociedad civil y la prensa libre, en la dinámica normal de una sociedad democrática.

Cuadro 1. IDH de varios países latinoamericanos, año 2017.

IDH

País

0.777

Cuba

0,774

México

0.761

Venezuela

0,759

Brasil

0.752

Ecuador

0,750

Perú

0,747

Colombia

Fuente: PNUD

A pesar de la sistemática violación de los derechos humanos Cuba figura en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. En diversas oportunidades numerosas ONGs se han dirigido al Consejo a fin de exigir un proyecto de resolución sobre la situación de los derechos humanos en Cuba. La más reciente fue este año, planteada por 75 organizaciones de derechos humanos de 35 países que abarcan África, Asia, Europa y las Américas. La coalición llamó la atención sobre la falta de elecciones libres y justas en el país, la situación de un régimen que ha posibilitado la permanencia de los militares en el poder por 60 años en contra de la voluntad del pueblo cubano. Además denunciaron la práctica cotidiana del gobierno de encarcelar a los opositores. La solicitud fue realizada por la dirigente política Rosa María Payá hija de un destacado dirigente de la oposición que murió en un accidente propiciado aparentemente por los esbirros del régimen. Hasta el presente no se ha producido ninguna decisión en torno a la solicitud realizada. El gobierno cubano ha respondido presentando la posición de una lista de ONGs oficialistas que son cajas de resonancia de la visión de la dictadura.

Profesor UCV

 5 min


La tarde del jueves 20 de junio, 26 ONG participaron en una reunión con la Alta Comisionada Michele Bachelet, quien estuvo por tres días en el país para constatar la situación de crisis humanitaria que vivimos los venezolanos. Entre otras, Acceso a la Justicia, Acción Solidaria, Cepaz, Codevida, Convite, IPYS, Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, Prepara Familia y Cáritas Venezuela, expusieron a Bachelet las dolorosas circunstancias que atraviesa el país desde sus ámbitos de acción y las exigencias de los activistas por la dignidad humana.

20 de estas intervenciones están registradas en el documento Peticiones de ONG al Alto Comisionado DDHH ONU durante su visita a Venezuela, que se ofrece a modo de consulta de un hecho histórico: un alto comisionado de la ONU constató de primera mano la emergencia humanitaria compleja que el gobierno se empeña en negar.

La visita de Bachelet puede entenderse como la culminación de un proceso que se inició en septiembre de 2018 cuando, durante una reunión del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, se aprobó una resolución sobre Venezuela, con 23 votos a favor, en la que se exigía al gobierno venezolano que abriera sus puertas a la asistencia humanitaria, expresando preocupación por lo que se calificó como “graves violaciones de los derechos humanos en el contexto de una crisis política, económica, social y humanitaria”.

En el texto se solicitaba la colaboración de la Oficina del Alto Comisionado Derechos Humanos, así como la activación del resto de los mecanismos del Consejo. Se estableció que la Oficina del Alto Comisionado para los DDHH de la ONU elaborara un nuevo informe exhaustivo sobre la situación de derechos humanos en el país latinoamericano, para que fuera presentado ante el Consejo, a mediados de 2019, haciendo una actualización de forma oral en la sesión correspondiente a marzo de 2019.

Tras esta resolución la Alta Comisionada para la ONU de los DDHH, Michelle Bachelet pidió a las autoridades venezolanas que dejaran entrar al país a los investigadores de su equipo técnico, para poder recabar información in situ para la realización del tercer informe especial sobre la situación del país. En una entrevista con Noticias ONU, Michelle Bachelet, explicó que cuando se reunió con el canciller venezolano, Jorge Arreaza, en Ginebra le pidió “acceso al país” y le explicó que su oficina, con o sin resolución, tiene que monitorear y hacer un reporte sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela. Luego de esta solicitud se anunció que Nicolás Maduro permitiría que la propia Alta Comisionada visitara Venezuela. La anterior visita de un funcionario de esta envergadura, con competencias en materia de derechos humanos, ocurrió en el 2002 cuando el Secretario General de la OEA, César Gaviria, visitó Caracas tras la solicitud de la activación de la Carta Democrática Interamericana luego de los sucesos de abril de ese año.

Bachelet llegó a Venezuela el miércoles 19 de junio para una visita de 3 días al país. El jueves 20, en horas de la tarde, estuvo destinado el espacio de encuentro para las organizaciones de derechos humanos y diferentes grupos de víctimas. En el espacio de una hora 26 voceros tomaron la palabra para hacerle peticiones al Alto Comisionado.

Ver el documento de peticiones en el archivo anexo

 2 min


La respuesta a una pregunta tan general tendría que ser sí. Por supuesto que todo puede ocurrir, incluso aquello que consideramos poco probable.
Pero esto nos sirve poco para hacernos una idea sobre las probabilidades de ocurrencia de los hechos. Entonces voy a hacer algo riesgoso: describir lo que creo más probable, aunque sea sólo uno de los muchos escenarios posibles.

A diferencia de la visión de muchos colegas, mi opinión es que mientras más fuerte sea el deterioro, más primitiva sea la economía y más autocrático se vuelva el gobierno, la probabilidad de su permanencia en el poder se amplifica.

Pero, ¿cómo es posible que debilitando económicamente al país el gobierno pueda más bien afianzarse?

La primitivización, producida por el modelo intervencionista y controlador del chavismo, ha venido acompañada por un aumento del control social del gobierno y la amplificación de la dependencia de la población más pobre a ese mismo actor que la empobrece. Si bien la crisis es muy severa, las políticas sociales han crecido en términos de penetración. El programa de reparto de comida barata a través del sistema CLAP, controlada por el sector militar, llegó a atender al 73% de la población y el reparto de esas bolsas y cajas de comida está condicionada al “buen” comportamiento de la población. El fracaso de las acciones de protestas masivas contra a principios del año pasado tiene que ver mucho con la ausencia de participación de los estratos más pobres (y también masivos) y generaron frustración y desánimo, lo que hace más difícil la reedición de la protesta como pivote de la acción opositora.

EEUU presentó un conjunto de sanciones personales y generales, buscando presionar los cambios, mientras Europa amenaza con seguir el mismo camino de presión si no se llegan a acuerdos concretos en las negociaciones. El gobierno podría estar dispuesto a hacer cesiones de muchas cosas… menos de su cabeza.

Claro que las sanciones afectan al país y al gobierno. Es un absurdo decir que restringir las operaciones financieras de Pdvsa y el financiamiento del país no tiene impacto en la gente. No es necesario explicar qué buscan esas medidas. Parece obvio. Lo que sí deben explicar es por qué esas mismas acciones no funcionaron para sacar a los gobiernos sujetos a sanción en muchos países donde han sido utilizadas.

La tesis de que retar más al pueblo tiene el efecto equivalente a las banderillas en un toro y que la gente se rebelará para sacar por la fuerza al gobierno, además de chocar contra la evidencia empírica, parece olvidar un tema central del comportamiento humano. Bloquear al gobierno por supuesto lo empobrece a él y a los suyos. El problema es que empobrece aún más al resto de la gente y ahora con un nuevo culpable para explicar porqué estamos tan mal (probablemente olvidando que ya lo estaban).

Resulta que en esa primitivización, el gobierno es, el único capaz de conseguir algo de oxígeno de sus aliados. Y es además el único que tendrá algo que vender, aunque sean migajas.

¿Puede ser distinta esta historia? Claro. Si la acción internacional se convierte más bien en una fuerza que eleva el poder de negociación de la oposición y obliga al gobierno a buscar mecanismos de negociación política, que no comprometen su cabeza, pero si le presionan a abrir espacios para el rescate de la democracia a futuro y se plantean los mecanismos de reducción del costo de salida de ese gobierno, entonces, y sólo entonces, podríamos ver una luz al final del túnel.

¿Se recuerdan cuando escribí esto y me dijeron que estaba loco, porque en realidad todo estaba listo y había que enfriar los champañas?

luisvicenteleon@gmail.com

 3 min


Carlos Raúl Hernández

El 23 de junio confluyeron dos noticias. La derrota de Erdogan en Estambul y el fin de la visita de Michelle Bachelet a Venezuela. En las redes le habían insistido que viniera “a ver con sus propios ojos” la violación de DD.HH. Si uno ve algo no tiene que advertir que lo hace con los ojos, cosa implícita y menos, además, que es con los propios y no con ajenos. Su ausencia demostraba complicidad con el gobierno. Decidió hacerlo y una lluvia ahora de abajo hacia arriba develó que la complicidad la hizo venir. Karl Popper negaba seriedad científica al marxismo porque el mismo argumento da razón de un fenómeno y su opuesto.

Hipótesis esencial del materialismo histórico era la inevitable revolución en los países desarrollados, pero con las idénticas razones, retorcidas ad hoc, explica por qué solo ocurrió en un país atrasado, Rusia de 1917. Si viene es cómplice y si no también. Salvo gratas excepciones, demasiado en las redes sobre su visita fue tapa amarilla, mera impericia sobre protocolos de ONU y las multilaterales. Debía “denunciar” al gobierno, como si fuera operadora de un partido o una internacional de partidos y no de Naciones Unidas. A otros irritó el institucionalismo que obliga a un funcionario internacional.

Realzó a la oposición al indicar el débito de ambos contendores en la solución de la crisis, pero lo tomaron como afrenta. Retardado el despegue del avión de Bachelet por la tormenta de improperios, irrumpe la noticia del bofetón a Erdogan que trajo otro aquelarre. Turquía y Venezuela tienen lo que expertos llaman semidemocracia, semidictadura o autoritarismo competitivo, y abusos electorales parecidos. El 31 de marzo los opositores ganaron en Estambul con ventaja de 1% y el artero organismo electoral lo invalidó.

¡Acompañados tampoco!

Pero no se dedicaron a quejarse, a llamar a Trump, pedir golpes militares o urdir amenazas más ingenuas que creíbles. No lo declararon ilegítimo ni llovieron sobre mojado. No cerraron el camino del voto ni tuvieron la cachaza de fundar un frente abstencionista. Se aprietan faldas y pantalones, concurren a la reposición del proceso el 23 de junio para contarse otra vez y volvieron a ganar, ahora 9% arriba. Aquí corearon: “¡gran cosota!, Turquía es Europa y no hay una Tibisay”, haciéndose los locos frente a la brutal anulación.

Su conclusión: Lord Erdogan no es un dictador asiático sino un refinado caballero europeo, y Bachelet, no una Presidenta constitucional sino una roja zafia. Por eso nuestros activistas no celebran ni se interesan en aprender de lo ocurrido, sino en autojustificar sus chapuzas. Nuevo mantra higiénico del gato: pasar la página, mantener la división opositora y seguir la hegemonía interna irrepresentativa, torpe y desquiciada. Sin voluntad para absolver y sepultar cristianamente, nos atormentan cadáveres del abstencionismo, la alucinación y suicidas políticos, escondidos en el closet de 2002-03-05-14-16-17-18-19. No pueden a exorcizarlos.

Esa posesión diabólica sacrificó concejales, gobernadores, consejeros regionales, alcaldes, es decir, los partidos políticos. Celebrar a los turcos revive la gran burrada de 2018 que conectó los cables invertidos para no poder ganarle a nadie, ni con cincuenta países y EEUU que equivalen a cincuenta más. ¡Solos no podemos pero acompañados tampoco! Mientras la epidemia social revolucionaria cómodamente destruye, contamina, descompone, tales demócratas celebran con lógica comunista, que “se agudizan las contradicciones”. De la cubanización nacerá la libertad.

Noticias de ninguna parte

Mercedes Malavé escribe que “hasta un niño de doce años sabe que abstenerse es claudicar”. La desmadrada abstención abandonó los dirigentes locales al hambre, el desamparo. No bastaba y ahora ponen en jaque la A.N. Meten el casco y el gobierno nos despedaza, ni bien ni mal vamos a ninguna parte, y no habrá salvador acuerdo en Oslo mientras insistan. Desplomados el golpe y la invasión 23F y 30A, veremos nuevas chifladuras y apuestas desmelenadas. Desesperado por Atenea, Hefesto se abalanza para tomarla por la fuerza y aunque la diosa virgen se resiste, no pudo evitar que el apasionado herrero mojara sus piernas.

Ella se secó con un pedazo de lana y de él nació Erichtonio el primer rey de Atenas. La nueva aberración también es mitológica: la feliz criatura nacerá de la hambruna revolucionaria en ciernes y su acelerador, el embargo económico. Caminamos sin ruta en la diáspora, la miseria creciente y el autoritarismo, la cubanización hija de quienes la denuncian y un trapo. En tanto, como en todas las revoluciones, la nomenclatura va en aviones privados, deglute exquisiteces y cata buenos vinos, mientras la población apenas sobrevive.

Los cubanos aprendieron a hacer carne mechada e infusiones de conchas de plátano para sustituir el café, cuando por ventura coinciden agua y gas o electricidad, como cuenta Jesús Díaz en Dime algo sobre Cuba. En las calles habaneras sestean corroídos automóviles de los 60s cuando el comandante mandó a parar la historia. Bajo paredes cancerosas, cloacas que corren por el canto de la acera medra gente en bermuda, franela y sandalias, descompuestos, deshumanizados por el ocio y la miseria como figuras de Bacon. Al fondo el cínico y tenebroso son de Carlos Puebla: “¡aquí, aquí/esperando la invasión!”.

@CarlosRaulHer

 4 min


La discusión acerca del proceso de “transición” en Venezuela está, a mi entender, en un contexto equivocado. La “transición” en Venezuela no se dará porque sea “justa”, “razonable”, “conveniente”; porque sea un paso “natural” en la salida de un régimen de oprobio y en la búsqueda de la reconciliación de los habitantes de un país, polarizados y enfrentados. En otras palabras, la “transición” en Venezuela se tiene que dar –desde mi punto de vista, que creo que comparten muchos– porque ninguno de los dos grupos en liza está en capacidad de acabar con el otro. Es tan simple y pragmático como eso. No queda más remedio, para encontrar una salida, que ir a una etapa de “transición”. Veamos, sin edulcorantes y con toda crudeza esta situación.

Hay una larga lista de desafueros por parte de la dictadura y de reclamos que hacer al régimen chavista/madurista; no voy a caer en elaborar una larga y penosa lista de todas las razones para salir de esta dictadura, las doy por conocidas; lo importante es tomar conciencia de que todo eso que estamos pensando, y mucho más, lo ha hecho el régimen durante más de 20 años, en los que ha destruido el país, pero no ha logrado acabar con la oposición y en esto radica nuestra fuerza, ni nos hemos rendido ni nos han dominado.

Por parte de quienes nos oponemos al régimen, –a través de procesos electorales, referendos, consultas populares, movilizaciones masivas, protestas callejeras por cientos y miles, intentos de sublevación cívica o militar, o cívico militar, o llamando la atención de la comunidad internacional sobre nuestra desgracia y penurias y solicitando su activo apoyo y ayuda–, hemos hecho varios intentos para desalojarlos del poder, sin lograrlo tampoco.

En síntesis, el régimen controla todas las palancas y resortes del poder: la administración pública; el efímero, insuficiente, pero jugoso, presupuesto; la mayoría de las gobernaciones y alcaldías y todos los mecanismos de represión y no ha podido acallar a la oposición. Por su parte, como he dicho, la oposición ha pretendido –sin una fuerza física similar, con la sola fuerza de la calle, de la verdad y de la razón–, desalojarlo del poder y tampoco ha podido. Está demostrado que no es una tarea fácil, doblegar el uno al otro, de allí que tengamos que convenir en un proceso de “transición” por el cual se desaloje del poder a la actual dictadura.

Para el régimen, aunque es el que controla el territorio, ya solo le es posible mantenerse en el poder por la fuerza; con casi el 90% de la población y gran parte de la comunidad internacional en contra, el país se le ha hecho ingobernable; no tiene ninguna viabilidad política bajo su control, por eso debe cederlo, aunque la oposición no tiene forma de arrebatárselo de las manos por ninguna vía institucional o de fuerza.

Solo la renuncia voluntaria o la intervención de una fuerza militar, interna o externa, podría lograr desalojar del poder a la mafia enquistada en él y abrir un compás para la “transición” de la que se ha hablado. Ese es el terreno en el que hay que colocar las cosas, pues no tiene sentido hacer comparaciones inverosímiles con ninguna situación en otro país, en otra latitud, que pueden ser parecidas, pero no son comparables.

Sentada de esta manera la base de la discusión, podemos ver otras aristas del tema. Obviamente hay que ponerse de acuerdo con quienes dejarán el poder, sobre la forma que esto ocurrirá y los plazos. Eso será lo que llamaríamos la “transición” y desde luego, no parece realista pensar que quien tiene todo el poder y la fuerza física para mantenerlo, lo va a entregar sin más y se va a “retirar” dejando el terreno libre y despejado, exponiéndose además muchos de sus personeros a ir a la cárcel, al exilio y entregar sus fortunas seguramente mal habidas. Por el contrario, es obvio que algunos –o muchos– personajes que ahora están en el poder, se querrán mantener en él. Esa es la particular complejidad de este problema en Venezuela, seguir negándose a verlo de esa manera es vivir engañados, o peor aún, tratar de engañar a otros.

El chavismo, que controla todo el poder, en todo el país, no desaparecerá, no se esfumará cuando el actual usurpador deje la presidencia y al día siguiente de finalizada la usurpación no vamos a tener un gobierno democrático, similar al de Suiza, Alemania o los EEUU; restos del poder corrupto de hoy y su influencia permanecerán en los intersticios de la sociedad: en ministerios, empresas públicas, gobernaciones, alcaldías, en la propia AN, es algo inevitable; precisamente por eso se necesita una “transición”, mientras se abre paso nuevamente la democracia y el estado de derecho. De allí que tenga que darse entonces un proceso de “negociación” –otra palabra maldita– para acordar los términos de esa “transición”. Desde luego, y disculpen la ironía y el sarcasmo, lo mejor sería que este proceso de “negociación” se diera entre la oposición y la Superiora General de la orden de las Carmelitas Descalzas de Venezuela, que es una magnifica persona, pero desafortunadamente la negociación se tendrá que dar con los representantes de la actual dictadura militar. Sí, militar, no olvidemos eso.

De nada servirá “retorcerse” en el piso porque se va a negociar con “delincuentes y maleantes”, porque esa es la realidad: se negocia con quienes tienen el poder en Venezuela y no hay fuerza nacional –y parece que tampoco internacional– que pueda hacer que las cosas sucedan de otra forma. Claro, hay la opción de no hacerlo, de no hacer nada, de cruzarnos de brazos y esperar que el país se termine de derrumbar por completo y que se vayan varios millones más de venezolanos a ver si al final de todo, los sustentadores del régimen, no habiendo más que expoliar, se cansan y se retiran. No creo que sea esa una perspectiva aceptable.

La alternativa es negociar, firmemente, sin temor ni vergüenza y sin hacer concesiones, tomando el tiempo y en el espacio que sea necesario y, simultáneamente, manteniendo la presión interna e internacional, hasta asfixiar a la dictadura; si la comunidad internacional no presiona fuertemente, con medidas severas y amenazas creíbles, al tiempo que nosotros mantenemos la presión de calle, no vamos a lograr nada con una negociación, sería ir a un matadero sin opción. El apoyo internacional es crucial, pero no a posteriori, como paso en República Dominicana, que se limitaron a desconocer el gobierno salido de las elecciones del 20M de 2018, después de consumado el irrito proceso.

Mantener la movilización interna es la parte más compleja, sobre todo por la presión de opositores “radicales”, internos y en el exterior, que desde posiciones ideológicas y la distancia lo ven todo muy sencillo y empujan por salidas que internamente muy pocos están dispuestos a seguir, e internacionalmente, nadie. Se constituyen en un enjambre de la antipolítica que, en redes sociales, con sus abejas y reinas, trabajan incesantemente.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 5 min