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Opinión

Nuestra industria de hidrocarburos está desmantelada tanto en su infraestructura, como en sus recursos humanos. Sin embargo contamos con la presencia de abundante materia prima, tanto petróleo, como gas, y todavía es una de las pocas áreas en las que tenemos ventajas comparativas y competitivas. El reto es cómo volver a poner en marcha esta vital industria destrozada por el régimen de Chávez-Maduro.

Las transnacionales la desarrollaron con gran eficiencia. Cierto que inicialmente se aprovecharon de nuestra ignorancia del negocio y de la corrupción de la dictadura de Gómez, pero a partir de la Ley- Convenio de 1943 los venezolanos fueron aplicando medidas de control y aprendiendo el oficio. Como quiera que las concesiones vencían en 1983, las compañías, en defensa de sus intereses, dejaron de invertir y se limitaron a ordeñar el negocio. Sin embargo, hay que reconocer que se preocuparon por adiestrar personal venezolano. Esto permitió que al momento de la estatización, nuestros profesionales pudiesen asumir exitosamente las operaciones y la gerencia.

La opción a no estatizar hubiese sido ampliar el lapso de vencimiento de las concesiones, punto impensable para los políticos de la época. A pesar de los temores de muchos de que sucedería lo mismo que con las otras empresas del Estado, es decir la politización y quiebra de las mismas, Pdvsa y filiales resistieron por varios años la intromisión política partidista, con las excepciones que confirman la regla. Sin embargo, gradualmente el sector político empezó a inmiscuirse, como lo ha narrado Gustavo Coronel.

Chávez propinó el zarpazo final, ya que para su proyecto político era imprescindible ponerle la mano a Pdvsa y filiales. Algunos todavía sostienen que la eliminación de las filiales facilitó la toma, pero eso es desconocer la naturaleza del régimen. Lo que sí es cierto es que convertir a los directivos de Pdvsa en operadores afectó transparencia de su manejo.

Ahora se discute si el nuevo gobierno, que inevitablemente llegará, debe privatizar a Pdvsa o recuperarla. A favor de privatizar se alega que el Estado no debe invertir cuantiosos recursos que debería destinar a educación, salud e infraestructura; además, que más temprano que tarde se produciría una nueva injerencia política en su manejo. Al respecto hay varias propuestas de estudiosos del tema que deberían tomarse en cuenta.

Entre quienes predican que debe ser recuperada como empresa del Estado, una mayoría piensa de buena fe que los ingresos petroleros son imprescindibles para reactivar la economía; estos compatriotas deben analizar que durante muchos años esos ingresos serán magros, mientras que las inversiones deberán ser cuantiosas. La vía de los impuestos puede ser una mejor opción. Otro grupo alega que por razones de soberanía la industria petrolera debe ser del Estado. Aunque respetamos este punto de vista, ojalá sus defensores se percaten que ya no estamos en el siglo XIX. Hoy hay muchas maneras de proteger activos considerados importantes para la nación, sin necesidad de poseerlos.

El grupo que más preocupa es el integrado por buitres que piensan que las empresas del Estado son para colocar a los amigos y compañeros de tolda política, o que visualizan jugosos contratos con repartición de comisiones.

La decisión dependerá del grado de influencia de los grupos y será determinante la ideología de los mismos. Por declaraciones de la mayoría de los dirigentes de la oposición pareciera que la decisión será recuperar a Pdvsa y mantenerla como empresa del Estado. Ojalá entiendan que tendrá que ser una empresa diferente a la del pasado y del presente. Guste o no, tendrá que ser más pequeña y la industria deberá tener mayor apertura al sector privado. Un factor crítico serán los recursos humanos. Los nuevos profesionales que ya han adquirido experiencia deben ser el pivote de la recuperación. Los directores, muchos gerentes y otros activistas políticos tendrán que ser sustituidos. De los que fueron despedidos en el 2002-2003 regresarán los que hagan falta. A todos habrá que reconocer los derechos violados, para lo cual Gente del Petróleo y Unapetrol han presentado una propuesta ante la Asamblea Nacional.

Si la decisión es mantener a Pdvsa y a otras empresas como compañías del Estado, habrá que identificar a muchos directivos como el general Rafael Alfonzo Ravard, que resistan la influencia de la política partidista y las manejen como negocio al servicio de la Nación. Ojalá, desde ya, los partidos políticos firmen un acuerdo de no injerencia, salvo la fijación de las políticas a seguir por esas empresas.

Como (había) en botica

Felicitaciones a El Nacional por sus 76 años de lucha.

La ratificación de la Directiva de Citgo, designada por el presidente(e) Guaidó, por tribunal de USA evidencia el buen trabajo de nuestros representantes.

Admiramos el excelente trabajo de defensa de los derechos humanos que realiza Tamara Sujú. Ojalá se concentre en los mismos y no los mezcle con su percepción política.

Los ballesteros que disparan flechas envenenadas hacia las filas de la oposición, para ver si agarran a incautos con las mentiras, solo favorece a la dictadura.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 4 min


Benjamín Tripier

Todo es más lento, los servicios se dosifican con el temor permanente de que se suspendan, hay más empresas cerradas que abiertas, y la escasez ya es estructural, pese a algunas burbujas de abastecimiento (como la actual) que sabemos que no pueden durar a menos que haya cambios importantes en la filosofía de desarrollo económico y se privilegie la inversión por encima del gasto.

El país se ha gastado la bonanza, y casi no ha hecho inversiones. Y eso es muy triste porque no deja ni siquiera el recuerdo de haber disfrutado la fiesta, pues fue para unos pocos que se quedaron con casi todo.

La vulnerabilidad actual no es una sorpresa, sino que ya se anticipaba desde hace muchos años, con un modelo que no es sustentable, y solo puede extenderse en el tiempo cuando hay mucho dinero para disimularlo; que cuando comienza a escasear y se anuncia que habrá cada vez menos, entonces quedan a la vista todos los males acumulados: en 70 años los temas sociales y políticos, y en los últimos 20 años, los económicos y estructurales.

Como sociedad estamos llegando a un punto de hacernos inviables, y la mejor señal de alerta es la estampida de venezolanos, entre 3 y 4 millones, que es más del 10% de la población, huyendo de una situación en la que estamos mal y vamos peor.

Estamos muy cerca de ser “reseteados” como país, lo cual nos da la esperanza de “reiniciarnos”, y hace que la construcción del futuro ya no dependa del presente o del pasado, porque allí no hay nada a que aferrarse.

No se trata de dos instantes donde todo cambia, pues mientras dura el “reseteo”, y comienza el “reinicio”, corremos el riesgo de apagarnos.

Tenemos que concentrarnos en el presente y seguir trabajando con las condiciones reales para mantenernos activos, cada quien haciendo lo mejor en nuestros roles en la sociedad, tanto profesionales y personales, como en nuestra faceta política y ciudadana.

Ojalá el gobierno entienda que a él le corresponde la iniciativa (que no es ir a una mesa a tratar de retener el poder) de lograr que trabajemos todos juntos, porque por este camino, lo que hay al final, no es bueno para nadie.

Social

Las bases populares ya no tienen diferencias entre ellos y se han convertido en una masa homogénea y sufriente que ayuda a su vecino, así este sea de un pensamiento político opuesto.

La polarización y la ideologización, son un lujo que ya el pueblo venezolano no puede darse.

El CLAP, para mucha gente, es la única posibilidad de acceder a alimentos, y como su distribución está en manos del chavismo, pudiera dar la falsa idea de que porque alguien lo recibe, automáticamente cuenta con su lealtad y sentido de pertenencia.

Hoy más que nunca, la gente busca y quiere soluciones, vengan de donde vengan, lo cual puede ser una inflexión que desactive el “Síndrome de Estocolmo sociológico” donde estaba estacionada la base vulnerable de nuestra sociedad.

Política

Excepto por las amenazas de aquí y de allá, hemos vuelto a entrar en una meseta, que se parece mucho a las anteriores.

El chavismo ha identificado, y está trabajando con ellos, a una “oposición sensata”, de forma tal de contar con un microclima favorable, pues reconocen a Maduro como presidente –la mayoría participó en las elecciones del 20M2018- mientras que la otra oposición, la verdadera, la que tiene con ellos a las bases, no lo reconoce.

Es el tema de “las oposiciones” a que se refería Maduro hace un par de semanas. Son todos movimientos tácticos que nos retrasan el poder llegar a una solución de fondo, donde las cosas cambien para mejor.

Estamos jugando con fuego, y nos podemos quemar.

Económico

Los dos momentos económicos más relevantes para un país, son cuando está en expansión, y cuando está en recesión.

La revolución estaba “diseñada” para expansión, pero la realidad le ha puesto a tener que sobrevivir en recesión, y eso no está en ninguna de las referencias conocidas.

Se sigue aumentando el tamaño del gasto, no ya solo por la inercia inflacionaria, sino desde el punto de vista de la estructura, pues el Estado sigue creciendo, y ya a esta altura, eso no es financiable.

El exceso de gasto público versus los ingresos limitados -petróleo, minas, otros- nos asegura una inflación estructural, la cual podrá ser disimulada por políticas tipo el súper encaje (única medida que se puede decir que es antiinflacionaria), la cual por sí sola, no es suficiente, pues no hay manera de detener el pago a proveedores, ni la nómina del Estado.

Ha llegado el momento de hacer una revisión profunda de nuestra economía, y replantearse desde el Estado un cambio radical que debe ser hecho ahora, conjuntamente, chavistas y opositores.

Si esperamos por el cambio político, para ese momento, ya posiblemente hayamos caído en un desmembramiento anárquico que ponga en riesgo a la república.

Y es responsabilidad del Gobierno iniciar estas reformas, lo antes posible. Luego puede ser tarde.

@btripier btripier

@ntn-consultores.com

www.ntn-consultores.com

 3 min


Alejandro J. Sucre

Mientras Venezuela este bajo la dirección de Maduro, sus ministros y la ANC permanecerá en estado de declive. La razón para ésta afirmación es que ningún empresario venezolano, chino, ruso, turco e hindú y mucho menos latinoamericano, europeo o norteamericano, ningún funcionario público, ningún profesional, ninguno de los trabajadores en el país confía sus propiedades, ni sus mejores esfuerzos en el grupo que ejerce el poder. Ninguna institución de servicios del Estado funciona de manera normal. La corrupción con los prestamos de sus aliados rusos y chinos, el impago de deudas de Pdvsa, las expropiaciones sin previo pago, los controles de cambio y precios asfixiantes del pasado, el uso de fuerza y violación de DDHH para frenar protestas y cambios democráticos, la emisión de dinero inorgánico hace que a pesar del gran interés mundial que existe por invertir en Venezuela, nadie ni los propios aliados de Maduro inviertan. El gobierno bajo la gerencia de Maduro se ha convertido en un tapón que impide el flujo de actividades de la población nacional y extranjera. Si permanecen empresas abiertas en el país es porque creen que habrá un cambio político, o debido a que la administración de Maduro ha moderado sus ataques al sector privado o por que son amigotes del régimen. Inversiones nuevas, nuevos profesionales inspirados por el Socialismo y sus protagonistas no hay ni habrá hasta que haya un cambio político.

En este momento la estrategia del régimen es mantenerse en las riendas del poder y permanecer con un país vegetativo que se vaya reduciendo a lo que quede. Aprovechándose que la población venezolana no reclama sus derechos políticos con arrojo, excusándose en las sanciones estadounidenses, que no habrá intervención militar extranjera, y que los líderes de los países democráticos no se ponen de acuerdo en como enfrentar a Maduro y que pronto perderán elecciones, Maduro piensa que tiene tiempo de sobra y una ANC para ir manteniéndose como los Castro en Cuba sin importar el costo social. Por el otro lado, el presidente (AN) Guaidó aglutina una inmensa porción de apoyo de los ciudadanos del país, y define un plan de reactivación económica donde garantiza tasas de crecimiento de mas de 20 % anual y motiva a los capitales del mundo incluyendo China y Rusia y los grandes inversionistas de las industrias minera, energética, turística, manufacturera y agroindustrial a nivel mundial. Estos inversionistas globales y locales están dispuestos a invertir con entusiasmo centenares de miles de millones de dólares. Hoy una Venezuela libre con apertura a los inversionistas sería el polo de atracción de capitales e inversiones mas importante del planeta. Ningún país en el mundo hoy ofrece (a excepción del sector tecnológico estadounidense) mejores tasas de retorno a la inversión que Venezuela en las industrias de petróleo, petroquímica, minería, y demás sectores ligados a las industrias alimenticias y turística.

Pareciera que la reactivación del aparato productivo venezolano esta a punto de estallar y que el tapón que lo impide es la desconfianza en la ANC y en Maduro. Incluso EEUU arma un fondo de USD 10.000 millones y el FMI y el Banco Mundial hasta USD 80.000 millones sin sumar la inmensa cantidad de dinero de inversión que entrará a Venezuela vía inversión en el rescate de las empresas del Estado y otras inversiones. Ni Rusia ni China ofrecen similar plan de inversiones. Incluso el plan de inversiones de EEUU y Guaidó es lo que haría viable recuperar las inversiones de China y Rusia.

@alejandrojsucre

 2 min


El archipiélago opositor es una incongruencia que subyuga las posibilidades de derrotar al gobierno de Maduro. Es como si cada quien remara para su lado en un naufragio; sin rumbo fijo. Girando, como pollo sin cabeza. Una estampida alocada… Parecen no entender que más puede el todo que la suma de sus partes, en el conocido principio aristotélico. Pero, las rivalidades y las ambiciones crean muros de incomunicación y desacuerdo, que hacen crecer exponenciales las contradicciones y los antagonismos. No hay un solo camino y el número esta acoplado a personalidades y organizaciones (generales sin ejército), que hacen vida en solitario. Cabalgan sin compañía, pero hacen ruido mediático y en las redes, aparentando una fuerza que no tienen. En algunos casos estimulados por el gobierno. Ideas efectistas, oportunas y propuestas sesudas, se pierden en el laberinto de la trama inoficiosa. Remos antigregarios… ermitaños.

Timón y motor de la victoria

Pescando en río revuelto, pasan su tiempo negociando aquí negociando allá. Son piezas furtivas nadando a un lado y otro en el inmenso mercado opositor. No coinciden con nadie y son como las estrellas solas que titilan a lo interno. Son símbolos de una etapa paradójica e incomprensible donde reina la incertidumbre como bosque nocturno y empantanado. Satisfechos en sus afanes melodramáticos, andan, por el mundo político, tras un chance, para figurar y fantasear. Pareciera que no conviene la unidad, aunque fuera para derrotar a Maduro. El liderazgo reconocido por la mayoría, capitaliza en forma íntegra. Sin embargo, el objetivo de sacar a Maduro, con esfuerzo interno, demanda una acción unitaria. La situación de minusvalía de la actual participación colectiva, reclama una contundente estrategia unitaria, que eleve el optimismo, aliente la lucha y la movilización en la calle. La unidad total opositora es el timón y motor de la victoria.

Representatividad cualitativa y cuantitativa

Habida cuenta que el líder opositor, reconocido por la mayoría de los venezolanos y por el mundo occidental, es Juan Guaidó, a él corresponde un llamado a la unidad total, con propuestas de funcionamiento y liderazgo colectivo. Hay que integrar a todos en una plataforma política de dirección y lucha. Donde quepan todos, alrededor de un consensuado programa de gobierno y de unas líneas argumentales y propuestas centrales. A mi entender, este sería el principal esfuerzo de diálogo y negociación que se debe desarrollar en el país. ¡Antes, que con el gobierno! A la negociación promovida por el gobierno de Noruega asisten por primera ves “las oposiciones”, tal como lo dijo Maduro. ¡Buena esa, es un importante avance! No se debe ir a una guerra con una parte de las fuerzas. Ir fraccionado, decreta la derrota. Como se estaba haciendo, le daba ventaja, de entrada, al gobierno. Era igual a presentarse al campo de batalla enclenque o disminuida. La imagen de vigoroso o corpulento se lo da su grado de unidad. Su representatividad cualitativa y cuantitativa.

ANC, “Caballo de Troya”

Por conocer esa debilidad y raquitismo es por lo que el gobierno luce prepotente… amenazador. Ahora va por los diputados que aprobaron el TIAR, en la Asamblea Nacional. Desconociendo el fuero de la “Irresponsabilidad”. Y el carácter que tiene la cámara de enjuiciar a sus miembros. Mejor dicho, su objetivo es liquidar el único poder público y electo que tiene la oposición. Continúan las persecuciones, la violación de los DDHH, a los privados de libertad por posiciones públicas. Violando la Constitución y las leyes respectivas. La Asamblea Nacional Constituyente se convirtió en un “Caballo de Troya”, para la oposición. Desde allí y desde el TSJ, tienen a raya por “Desacato”, a la AN. Ni aprueba leyes ni controla la administración pública. Es simplemente un centro de desahogo o calistenia. Que reconoce el mundo occidental, pero sin efecto práctico en la institucionalidad democrática y en el funcionamiento del Estado de derecho. A mi entender, la prioridad es amalgamar en un solo proyecto a toda la oposición: líderes, cuadros medios, regionales, militantes y opositores al gobierno. Esta es la forma de levantar el espíritu de lucha y la confianza en el liderazgo. ¿Qué es una temática compleja? Estoy de acuerdo, pero para eso hay especialistas de gran capacidad mediadora y facilitadora. Métodos y técnicas eficaces que desarrollan procesos con resultados garantizados. El objetivo es común, cambiar el gobierno e instaurar uno de transición. ¡Manos a la obra!

fcordero@eluniversal.com

efecepe2010@gmail.com

@efecepe2010

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Carlos Raúl Hernández

La ciencia política habla de Estado fallido aunque en derecho internacional solo existen estados sin calificativos. Dos politólogos norteamericanos, Steven Ratner y Gerald Helman acuñaron el concepto hace casi 30 años. Son naciones en dramática disolución porque la vida es invivible, incapaces de satisfacer necesidades básicas, prestar servicios de salud, electricidad, agua potable o seguridad ciudadana. Grupos irregulares o delictivos arrebatan el monopolio institucional de la fuerza.

Robert Rotberg matiza que previos al precipicio hay estados en vías de fallar, fracasar, colapsar o desestructurarse. Venezuela va en ese tramo pero acelera con la actual dualidad de poderes que no parece proclive de resolverse porque se creó un statu quo y muchos intereses atravesados. No hubo hasta ahora una guerra civil con cisura territorial, porque las FF.AA no sucumbieron a la prédica de la intervención militar democrática, el quiebre militar.

No han funcionado coros de sirenas mitad humanos y mitad burros. Según estudiosos, Somalia es la tormenta perfecta, tanto que somalización equivale a Estado fallido, éxodos en masa, hambruna, guerra civil, terrorismo y desintegración territorial. Datos recientes indican que funcionaban apenas siete hospitales, habían robado el cableado eléctrico, todas las escuelas cerraron, no existía ya red de agua potable, ni policía, ni bancos, ni ejército regular.

Ni sistema de pasaportes, identificación, ministerios, ni aduanas. Cuestiona la idea de Estado fallido Noam Chomsky, uno de los más importantes semiólogos del siglo XX, pero también en sus análisis políticos, reo de estafa continuada y mentira con alevosía. Su disgusto nace de que casi todos los fallidos fueron plazas revolucionarias, satélites soviéticos o chinos. Una vez que se desintegró la URSS, la corriente se lleva a sus criadas e improductivas tiranías en África y Asia.

Socialismo fallido

Cuba se salva porque cuando queda sin subvención soviética y llamaba al hambre período especial, Chávez la adoptó. En esa morgue o cerca están: Somalia, Uganda, Ruanda, Burundi, República Centroafricana, Zimbabwe, Congo, Sierra Leona, Mozambique, Liberia, Sudán, Chad, Yemen, Irak, Libia, Afganistán, Birmania, Camboya, Kirguistán, Uzbequistán, Turkmenistán, Tayikistán, Siria et.al. El socialismo africano. Pese a las ensoñaciones diurnas las tropas extranjeras cambian cáncer por Sida

¿Cuántas intervenciones militares extranjeras llevan Haití y Somalia? En esos países el infierno se abrió cuando las guerras civiles dividieron al ejército y el país quedó en manos de bandas. La historia se repite: un bufón megalómano y pueril con cabeza cuajada de tonterías, vino a cambiar el mundo y lo logró, gracias a la trivialidad de las élites. A diferencia de Chomsky, organismos internacionales, de seguridad, y centros académicos, dan a la discusión primera magnitud y carácter de tragedia.

La CIA crea una Fuerza de Tarea en Estados Fallidos (SFTF) y un Comando Africano (AC). La OCDE tiene el Grupo para Estados Frágiles (FSG) Somalia se funda en 1960 con un régimen democrático que muy pronto comienza a ahogarse en la polarización política y el odio entre los grupos dirigentes. La incapacidad para establecer un consenso de convivencia trae la revolución encabezada por Siad Barré en 1969, alfil de la Unión Soviética que nacionaliza la economía e inicia hostilidades con la vecina Etiopía.

Una tiranía feroz e inepta, aplasta clanes y tribus a nombre del socialismo que abre puertas a la hambruna. El frente opositor derroca la república socialista a comienzos de los 90, pero incapaces de establecer acuerdos, estalla la guerra civil. En medio de la violencia a partir de 1996 cinco regiones se declaran autónomas o independientes. Una coalición de grupos islámicos toma la capital, y ante la anarquía los países vecinos, Burundi, Kenya y Etiopía, invaden Somalia para frenar el drama de millones de refugiados.

Sanchezcos

Como el ejército quedó destruido, EEUU, Europa y la Unión Africana deciden nueva intervención militar, que dura diez años, para respaldar y estabilizar “la transición”. Solo dieron a mafias, narcotraficantes y piratas argumento para acciones terroristas. Hoy el gobierno apoyado por occidente apenas controla la capital Mogadiscio y los funcionarios no pueden siquiera salir de la ciudad. Sin problemas étnicos ni religiosos, la moderna, petrolera y democrática Venezuela, se hunde y coquetea con disolverse.

Sus élites “alquilaron habitaciones en el hotel del abismo” diría Lukács. Empujaron y empujan la carreta hacia él durante tres décadas. En alguna religión de India, Leviatán es un espíritu no del mal, sino del caos. Derrocar del proyecto modernizador de Carlos Andrés Pérez instaló el caos en el gobierno y en importantes grupos de poder que luego fueron opositores a la revolución.

Veinte años atrás, amigos criptochavistas tomaban con sorna sanchezca las advertencias sobre lo que vendría. Hoy criptoradicales, las asumen de la misma manera. Hay tres puntos clave para frenar la locomotora sin frenos. Un acuerdo de conciliación que cierre la brecha, lo que implica seguridades mutuas. Mantener la unidad de la FF.AA; y que nuestros países amigos no apuesten a somalizarnos, a matarnos de hambre.

@CarlosRaulHer

 3 min


Deutsche Welle

Achim Steiner lleva dos años administrando el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Nueva York. Durante una década –entre 2006 y 2016– fue director ejecutivo del programa de la ONU para el medio ambiente (PNUMA), cuya oficina central está en Nairobi, Kenia. Y antes de eso llevó las riendas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), con sede en Gland, Suiza. Aunque estos cargos demandan una buena dosis de diplomacia, Steiner no tiene tapujos a la hora de señalar los obstáculos que dificultan la reconciliación de la economía con la ecología en el marco de la actual crisis climática. DW habló sobre este y otros temas con el político y ambientalista germano-brasileño de 48 años.

Deutsche Welle: La eficiencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) es puesta en duda por cada vez más personas con cada vez más frecuencia. ¿Diría usted lo contrario? ¿Cree usted que la ONU cumple su cometido cabalmente?

Achim Steiner: ¿Somos la ONU y sus agencias individuales, sus fondos y sus programas el mejor ejemplo de eficiencia y efectividad? No, no lo somos. Por otro lado, los Estados miembros de la ONU no están contribuyendo a financiar su funcionamiento como se comprometieron a hacerlo. Y esa falta de recursos ha generado una crisis. Creo que el mundo entero se quedaría pasmado si supiera lo mucho que hacemos con tan poco dinero para conservar la paz en el planeta, proveer apoyo humanitario donde es necesario y ayudar a países a alcanzar sus metas de desarrollo. Estamos haciendo mucho para conseguir ser más eficientes.

¿Qué tan pequeño es el presupuesto con el que trabajan?

Permítame citar una cifra para hacer una comparación. Los ciudadanos de Nueva York pagan 2.750 millones de euros al año en impuestos para garantizar su protección. Eso es más o menos el equivalente de lo que el secretario general de la ONU tiene a su disposición para mantener funcionando su despacho y responder a las mayores crisis del mundo. En otras palabras, el presupuesto de la ONU es inadecuado.

¿Podría darnos un ejemplo de cómo el PNUD trata de garantizar la sostenibilidad del desarrollo de las naciones que reciben su respaldo? Con tantos problemas de escala global, ¿cómo blindar el progreso de los países no industrializados?

El sistema económico en el que estamos atrapados destruye nuestro planeta. Mientras tanto, el PNUD se destaca en el seno de la ONU como el mayor proveedor de asesoría para enfrentar el calentamiento global y sus secuelas. Nosotros contribuimos a que en más de 170 países se aceleren las acciones para responder al cambio climático, en beneficio de sus respectivos intereses de desarrollo nacional. Nosotros también lidiamos con la cuestión migratoria combatiendo directamente las causas de las migraciones masivas. La población joven del mundo sabe que existen oportunidades para prosperar fuera de sus países y, si estos no les brindan esperanza y perspectivas, ellos van a hacer sus maletas e irse a otro lado. Esos movimientos no los podemos controlar en este momento, pero lo intentamos.

A pesar de las contrariedades, usted es percibido como un optimista. ¿Qué factores lo frustran personalmente?

Mi mayor fuente de frustración es la falta de tiempo. Vivimos en una era donde el impacto colectivo de los humanos sobre el planeta está transformándolo de manera evidente y alterando las condiciones de vida en él. Y ese impacto ya no es producto de la ignorancia, sino de la autocomplacencia y la irresponsabilidad. Estas actitudes son una amenaza para el futuro de nuestros niños.

Reconciliar la economía y la ecología ha sido uno de los puntos más importantes de su agenda. De hecho, usted contribuyó a que el Acuerdo de París para frenar el calentamiento global se firmara. ¿Cree usted todavía que la meta fijada de limitar el calentamiento global a 1,5 ºC pueda ser alcanzada?

Hay razones de peso para creer que podemos alcanzar esa meta. Pero nuestros líderes carecen del coraje y de la honestidad necesarias para comprometerse con sus comunidades y propiciar un cambio en la percepción de lo que significa tener responsabilidad sobre nuestros actos. Tener responsabilidad sobre nuestros actos implica tomar decisiones, hacer cosas y saber que, si no tomamos otro camino, estamos hipotecando el futuro de las próximas generaciones. Lo curioso es que estamos en el siglo XXI –una era en la que somos más ricos, estamos mejor educados y somos más capaces de actuar– y todavía votamos por líderes políticos que nos dicen que quizás este no es el momento indicado para actuar. Estamos viviendo en la era de la irresponsabilidad. Es necesario que eso cambie.

DW

https://www.dw.com/es/achim-steiner-nuestros-líderes-carecen-de-coraje-y-honestidad/a-49873993

 3 min


Raghuram G. Rajan

La independencia de los bancos centrales está otra vez en las noticias. En Estados Unidos, el presidente Donald Trump viene criticando duramente a la Reserva Federal por mantener tasas muy altas, y se dice que exploró la posibilidad de forzar la salida de su presidente Jerome Powell. En Turquía, el presidente Recep Tayyip Erdoðan despidió al gobernador del banco central; su reemplazante adoptó una política de marcada reducción de los tipos de interés. Y no son los únicos ejemplos de gobiernos populistas que en los últimos meses pusieron en la mira a los bancos centrales.

En teoría, la independencia de los bancos centrales implica que las autoridades monetarias tienen libertad para tomar decisiones impopulares pero necesarias (en particular en lo referido a combatir la inflación y los excesos financieros), ya que no tienen que presentarse a elecciones. Enfrentados a decisiones similares, los funcionarios electos siempre tendrán incentivos para adoptar una respuesta más blanda, cualesquiera sean los costos a más largo plazo. Para evitarlo, delegaron la intervención directa en asuntos monetarios y financieros a los bancos centrales, que tienen amplitud para elegir con qué medios cumplir los objetivos fijados por el establishment político.

Este sistema aumenta la confianza de los inversores en la estabilidad monetaria y financiera del país en cuestión; la recompensa por esa confianza (recompensa que se hace extensiva al establishment político) es que los inversores aceptarán tipos de interés más bajos por la deuda. En teoría, al país le aguarda un futuro venturoso, con inflación baja y un sector financiero estable.

Tras mostrarse eficaz en muchos países a partir de los ochenta, la independencia de los bancos centrales se convirtió en mantra de las autoridades en los noventa. Los banqueros centrales pasaron a ser figuras prestigiosas, cuyas declaraciones públicas (muchas veces elípticas o incluso incomprensibles) se tomaban como palabra santa. Por temor a una recaída en la alta inflación de principios de los ochenta, los políticos les dieron amplio margen y se abstuvieron en general de comentar públicamente sus acciones.

Pero ahora parece que tres acontecimientos han destruido este consenso en los países desarrollados. El primero fue la crisis financiera global de 2008, que hizo pensar que los bancos centrales se habían quedado dormidos al volante. Aunque después de eso consiguieron rodearse de un aura de poder todavía más grande organizando una respuesta eficaz a la crisis, desde entonces los políticos lamentaron tener que compartir escenario con estos salvadores elegidos por nadie.

En segundo lugar, desde la crisis, los bancos centrales han sido reiteradamente incapaces de alcanzar sus metas de inflación. Esto podría interpretarse como que no han hecho lo suficiente para estimular el crecimiento, pero la realidad es que no tienen medios que les permitan una mayor flexibilización monetaria, ni siquiera con herramientas no convencionales. Cualquier indicio de expansión monetaria parece alentar más la toma de riesgos financieros que la inversión real. De modo que los bancos centrales se han vuelto rehenes del aura que ayudaron a crearse. Cuando el público cree que las autoridades monetarias tienen superpoderes, los políticos preguntan por qué no los usan para cumplir con sus mandatos.

En tercer lugar, los últimos años muchos bancos centrales cambiaron su estrategia de comunicación, pasando de emitir declaraciones crípticas a una política de plena transparencia. Pero desde la crisis, muchos de sus pronósticos públicos en relación con el crecimiento y la inflación resultaron errados. Que tal vez fueran las mejores estimaciones del momento no convence a nadie: lo único que importa es que se equivocaron.

Esto los vuelve triplemente culpables a ojos de los políticos: no previnieron la crisis financiera, y eso no les supuso costo alguno; no están cumpliendo con su mandato ahora; y no parece que sepan más que cualquier vecino sobre la marcha de la economía.

No sorprende que los líderes populistas estén entre los críticos más furiosos de los bancos centrales. Los populistas creen que tienen un mandato emanado del “pueblo” para arrebatar el control de las instituciones a las “élites”, y no hay nada más elitista que unos sesudos doctores en economía que hablan en jerga y se reúnen periódicamente a puertas cerradas en lugares como Basilea, Suiza. Para un líder populista que teme que una recesión le desbarate la agenda y manche su imagen de infalibilidad, el banco central es el chivo expiatorio perfecto.

Los mercados se muestran curiosamente tolerantes a pesar de estos ataques. En otros tiempos hubieran reaccionado presionando al alza sobre los tipos de interés. Pero al parecer, los inversores concluyeron que las consecuencias deflacionarias de la incertidumbre creada por las acciones heterodoxas e impredecibles de los gobiernos populistas superan con creces cualquier daño a la independencia de los bancos centrales. Así que prefieren que estos den a los líderes populistas lo que quieren, no para sostener sus políticas “maravillosas”, sino para contrarrestar sus consecuencias adversas.

El mandato del banco central le exige flexibilizar la política monetaria en tiempos de crecimiento vacilante, incluso si es causado por las propias políticas del gobierno. Aunque sigue siendo una entidad autónoma, en la práctica se convierte en un seguidor dependiente. Puede ocurrir entonces que el gobierno se vea alentado a emprender políticas todavía más arriesgadas, dando por sentado que el banco central rescatará la economía si fuera necesario. Peor aún, los líderes populistas pueden convencerse erradamente de que el banco central tiene más capacidad para remediar los efectos económicos de sus errores políticos que la que realmente tiene. Esos malentendidos pueden ser muy problemáticos para la economía.

Además, las autoridades monetarias no están a salvo de la crítica pública. Saben que una imagen negativa daña la credibilidad del banco central y su capacidad para reunir fuerzas y actuar en el futuro. Conscientes de que si la economía flaquea todos les echarán la culpa, es totalmente comprensible que las autoridades monetarias tomen recaudos adicionales para protegerse de esa eventualidad. En el pasado, el costo hubiera sido más inflación en el mediano plazo; hoy el costo más probable es más inestabilidad financiera en el futuro. Claro que esta posibilidad tenderá a deprimir más los tipos de interés del mercado antes que elevarlos.

¿Qué pueden hacer los bancos centrales? Sobre todo, tienen que explicar su función a la opinión pública, y que no se trata simplemente de subir o bajar los tipos de interés a voluntad. Powell ha sido transparente en sus conferencias de prensa y en sus discursos, y ha sido honesto respecto de las incertidumbres que los bancos centrales tienen en relación con la economía. Disipar la mística que rodea a los bancos centrales puede dejarlos vulnerables a ataques en lo inmediato, pero a la larga es lo mejor. Cuanto antes entienda la gente que las autoridades monetarias son personas comunes y corrientes que hacen un trabajo difícil con herramientas limitadas en circunstancias complicadas, menos esperará que la política monetaria corrija como por arte de magia los errores de los funcionarios electos. Y en las condiciones actuales, puede que sea la mejor forma de independencia a la que pueden aspirar los bancos centrales.

Traducción: Esteban Flamini

31 de julio de 2019

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/central-bank-fall-guys-by-r...

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