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Opinión

Brandon Ambrosino

¿Cumplen las religiones una función evolutiva?

"Este es mi cuerpo".

Estas palabras, que según los evangelios fueron pronunciadas por Jesús durante la última cena, se pronuncian a diario en iglesias de todo el mundo antes de la ceremonia de la comunión.

Y cuando los cristianos las escuchan hoy en día remiten a un pasado que siempre está con nosotros, que nunca nos deja.

Pero ¿de cuánto pasado estamos hablando?

Tradiciones ancestrales

Ciertamente de los dos últimos milenios, los que, además de devotas celebraciones de la eucaristía, también han acumulado disputas doctrinales, cismas, episodios de violencia, excomulgaciones, pronunciamientos papales y varios debates metafísicos, todos alrededor del tema de la comunión.

Podemos sin embargo remontarnos todavía más atrás, al desarrollo de las tradiciones orales que fueron fijadas en textos luego incorporados en el Nuevo Testamento. O preguntarnos sobre la histórica comida en la que se basan los diferentes textos sobre la última cena.

También es posible ir todavía más allá, mucho antes del surgimiento del cristianismo: después de todo, Jesús era judío, y el acto de compartir el pan con sus discípulos nos remite a la historia del pueblo judío, incluyendo su escape de Egipto y la entrega de la Torá en el Sinaí.

Pero podemos remontarnos más lejos todavía: cualquier comida religiosa es, antes que nada, una comida. Es un acto -el de compartir la mesa- que era un ritual importante en el antiguo Medio Oriente.

Y los sentimientos positivos de esta práctica -recogida luego en rituales como el Séder y la comunión- se pueden rastrear hasta el surgimiento de los humanos modernos, hace unos 200.000 años.

Varias religiones celebran el acto de compartir los alimentos, el que puede reflejar algunos hábitos prehistóricos.

Dicho esto, el Homo sapiens no fue la primera especie que descubrió los beneficios de compartir los alimentos: los Neandertales lo hacían, así como varias especies de Homo que se remontan hasta hace dos millones de años.

"Piensa en unos cazadores-recolectores súper sociales que están comiendo", me dijo uno de mis profesores de teología cuando me preguntaba sobre la profunda historia evolutiva detrás de la eucaristía.

"Los cazadores se sienten orgullosos de haberlo hecho bien y comparten con su familia; los que prepararon la comida son reconocidos y apreciados; la barriga de todos se está llenando y se siente bien; y muchas interacciones sociales positivas están teniendo lugar. No es de extrañar que tanto contenido mitológico se haya construido alrededor de la comida", explicaba.

Pero el acto de compartir la comida antecede incluso a nuestros antepasados Homo, y en la actualidad también se puede observar en chimpancés y bonobos.

De hecho, una investigación reciente documentó a bonobos compartiendo su comida con otros no pertenecientes a su grupo social. Y Bárbara Fruth, una de las autoras del estudio, le dijo a la revista digital Sapiens que esta práctica "debe tener sus raíces en nuestro último ancestro común".

Según el reloj molecular, este último ancestro común de los humanos y los grandes simios vivió hace unos 19 millones de años.

Por eso, cuando escucho las palabras "este es mi cuerpo", mi mente inmediatamente empieza una carrera hacia el punto de partida de la evolución.

Religión profunda

Empiezo con una reflexión sobre la eucaristía porque vengo de una tradición cristiana, pero el punto de que las experiencias religiosas emergen de historias muy antiguas y muy específicas aplica a la mayoría de los fenómenos religiosos.

Es así porque, en las palabras del sociólogo Robert Bellah "nada se pierde nunca". Quiénes y cómo somos y donde estamos es el resultado del avance de la historia. Cualquier fenómeno es un fenómeno humano que se convirtió en lo que es. Y eso también pasa con la religión.

Pero empecemos definiendo religión. El primatólogo Frans de Waal, autor de "El bonobo y el ateo", dice que religión es "la reverencia compartida hacia lo sobrenatural, lo sagrado o lo espiritual, así como hacia los símbolos, rituales y adoración con los que se los vincula".

Y la importancia de la experiencia compartida no puede ser sobrestimada pues, en la historia que estamos contando, la evolución de la religión humana es inseparable de la cada vez mayor sociabilidad de los homínidos.

Como señala Bellah, la religión es una forma de ser. También la podemos ver como una forma de sentir, una forma de sentirnos juntos.

Si bien gran parte del estudio científico de la religión se basa en religiones doctrinales con una base teológica, el psicólogo evolutivo Robin Dunbar cree que este es un enfoque limitado porque "ignora completamente el hecho de que durante la mayor parte de la historia humana las religiones tenían una forma chamánica, muy diferente, que carecía de dioses y códigos morales".

Según Dumbar, mientras que las manifestaciones religiosas con base teológica solo tienen algunos miles de años y características de sociedades post-agrícolas, las formas chamánicas (religiones vividas que a menudo incluyen experiencias de trance y viajes por mundos espirituales) se remontan a más de 500.000 años y son propias de los cazadores-recolectores.

Por eso, si queremos comprender cómo evolucionaron las religiones, Dunbar recomienda analizarlas "desprovistas de sus acumulaciones culturales".

Es decir, necesitamos centrarnos menos en las preguntas sobre los grandes dioses y credos, y más en las preguntas sobre las capacidades de nuestros antepasados que les permitieron alcanzar una forma religiosa de estar juntos.

Después de todo, todas las sociedades parecen tener algún tipo de religión. "En esto no hay excepciones", me dijo De Waal por teléfono.

Y las explicaciones de esto se dividen en dos grandes perspectivas.

¿Adaptación o subproducto?

La primera se llama funcionalismo o adaptacionismo y se resume en la idea de que la religión tuvo efectos evolutivos positivos, destacándose en particular sus contribuciones a la vida en grupo.

En las palabras de De Waal: "Si todas las sociedades tienen una (religión), entonces esta debe tener un propósito social".

Otros, sin embargo, opinan que la religión es un subproducto del proceso evolutivo, una especie de órgano vestigial: tal vez en el ambiente en el que se desarrolló cumplía una función adaptativa que ahora ya no tiene. O tal vez las creencias religiosas son el resultado de mecanismos psicológicos que evolucionaron para resolver problemas ecológicos ajenos a la religión.

En cualquier caso, desde esta perspectiva, la religión no es un objetivo de la evolución, sino que surgió mientras la evolución apuntaba a otros objetivos.

Ahora, si bien aquellos en ambos lados del debate tienen sus razones, tratar de entender la religión en términos tan excluyentes no parece particularmente útil.

Después de todo, los humanos bien pueden haber tomado algo que era simplemente un subproducto de un proceso evolutivo para cumplir una función o resolver un problema específico.

Y aunque esto puede ser cierto para muchos comportamientos, incluyendo la música, la religión presenta un rompecabezas particular, pues a menudo demanda comportamientos extremadamente costosos, como el altruismo y, en ocasiones, incluso el autosacrificio.

Por esto, teóricos como Dunbar sostienen que también tenemos que ver más allá del individuo, hacia la supervivencia del grupo.

Esto es lo que se conoce como selección multinivel, la que "reconoce que los beneficios individuales a veces se pueden incrementar como resultado de las acciones grupales y no siempre son un producto directo de las acciones de los propios individuos", tal y como explica Dunbar.

Un ejemplo es la caza colectiva, que le permite al grupo cazar presas mayores que las que cualquiera de sus miembros podría cazar individualmente. Una presa grande significa más carne para mí, aunque tenga que compartirla.

Y estos procesos grupales, dice Dunbar, "requieren que el individuo sea sensible a las necesidades de los otros miembros del grupo".

No existe una historia de la religión de una criatura individual. Nuestra historia es sobre nosotros.

Por eso, para entender la religión primero tenemos que entender la historia de cómo nuestros antepasados evolucionaron para vivir en grupos.

Los sentimientos primero

Efectivamente, como explica Jonathan Turner, autor de "El surgimiento y la evolución de la religión", descendemos de una larga línea de homínidos con "débiles lazos sociales y sin estructuras grupales permanentes".

Por eso, para él la pregunta del millón de dólares es "¿cómo transformó la evolución darwiniana la neuroanatomía de los homínidos para hacerlos más sociables de forma que pudieran generar fuertes lazos sociales y formar grupos primarios?".

"Eso no es algo natural en los monos", me dijo por teléfono.

Y es que si bien los humanos modernos compartimos el 99% de nuestros genes con los actuales chimpancés, y nuestras similitudes son bastante bien conocidas, entre ambos existe una diferencia importante que tiene que ver con el tamaño de nuestros grupos.

Los chimpancés, en promedio, pueden mantener grupos de aproximadamente 45 individuos, sostiene Dunbar. En contraste, el grupo humano promedio es de aproximadamente 150, lo que se conoce como "el número Dunbar".

La razón, dice, es que los humanos tenemos la capacidad de sostener tres veces más contactos sociales que los chimpancés con el mismo esfuerzo. Y la religión emerge de esa mayor capacidad de socialización.

¿Cómo así? En la medida que nuestros ancestros pasaron de selvas cada vez menores a espacios más abiertos, como las sabanas del este y sur de África, las presiones darwinianas actuaron para hacerlos más sociables para poder protegerse menor y acceder a más alimentos. También hicieron que fuera más fácil encontrar pareja.

Y sin la habilidad de sostener nuevas estructuras -como pequeños grupos de cinco o seis, las denominadas familias nucleares, explica Turner- no habrían sido capaces de sobrevivir.

Turner sostiene además que la naturaleza produjo ese proceso de socialización no a través de lo que típicamente definimos como inteligencia, sino a través de las emociones, lo que estuvo acompañado por importantes cambios en la estructura de nuestro cerebro.

Y aunque la neocorteza figura de forma prominente en muchas teorías sobre la evolución de la religión, Turner afirma que los cambios más importantes se produjeron a nivel subcortical, hace unos 4,5 millones de años, dándoles a los homínidos la capacidad de experimentar un mayor rango de emociones.

Estas mayores emociones promovieron una mayor unión, un logro crucial para el desarrollo de la religión.

"Es en la historia de la evolución de estos mecanismos (subcorticales) que se puede descubrir los orígenes de la religión", sostiene Turner.

Pero ¿cómo lo consiguió la naturaleza?

Las emociones básicas

Probablemente todos han oído hablar de lo que se conoce como las cuatro emociones primarias: rabia, miedo, tristeza y felicidad. ¿Notan algo en esa lista? Pues sí, tres de esas emociones son negativas.

La promoción de la solidaridad, sin embargo, requiere emociones positivas. Así que la selección natural tuvo que encontrar formas de acallar las emociones negativas y fortalecer las positivas, afirma Turner.

Y aquí entra en juego su concepto de elaboraciones de primer y segundo orden, que son emociones producidas por la combinación de dos o más emociones primarias.

Así, por ejemplo, una combinación de felicidad y rabia genera venganza, mientras que los celos son la combinación de rabia y miedo. Y la veneración, que es un sentimiento eminentemente religioso, es una combinación de miedo y felicidad.

Las elaboraciones de segundo orden, por su parte, son todavía más complejas y se produjeron en la evolución del Homo erectus (hace 1,8 millones de año) al Homo sapiens (hace unos 200.000 años).

Culpa y vergüenza, por ejemplo, dos emociones cruciales para el desarrollo de la religión, son una combinación de tristeza, miedo y rabia.

Es difícil imaginar una religión sin la capacidad de experimentar esas elaboraciones emocionales, por la misma razón que también es difícil imaginarse grupos sociales cercanos en su ausencia: semejante paleta emocional nos amarra a los otros a un nivel visceral.

"Las solidaridades humanas solamente son posibles gracias a la excitación emocional causada por emociones positivas: amor, felicidad, satisfacción, lealtad, y la mitigación del poder de las emociones negativas, o al menos de algunas de ellas", explica Turner.

"Y una vez que las nuevas valencias de las emociones positivas son neurológicamente posibles, pueden unirse con rituales y otras conductas que despiertan emociones para mejorar la solidaridad y, finalmente, producir nociones de dioses poderosos y fuerzas sobrenaturales", agrega.

No quiero adelantarme demasiado, pero es importante entender lo importante que son los sentimientos en la evolución de la religión.

Darwin, por ejemplo, estaba convencido de que no había diferencias entre los sentimientos religiosos y los otros tipos de sentimientos. "Es un argumento a favor del materialismo", escribió en su diario, "que el agua fría causa de repente en la cabeza un estado de ánimo análogo a esos sentimientos que pueden considerarse como verdaderamente espirituales".

Y si eso es verdad, entonces significa que las causas de los sentimientos religiosos pueden ser trazadas y estudiadas como cualquier otro sentimiento.

Ritual

En la medida que la evolución fue transformando las estructuras cerebrales, mejorando sus capacidades emocionales e interpersonales, ciertas propensiones de comportamiento de los simios también comenzaron a evolucionar.

Algunas de las propensiones que Turner enumera como ya presentes en los monos incluyen: la capacidad de leer ojos y caras e imitar gestos faciales; diversas capacidades para la empatía; la capacidad de excitarse emocionalmente en entornos sociales; la capacidad de realizar rituales; cierto sentido de reciprocidad y justicia; y la capacidad de ver al yo como un objeto en un entorno.

Pero me quiero concentrar en dos comportamientos -ritual y empatía- sin los que la religión sería inconcebible.

Con base en sus detalladas observaciones del comportamiento de los chimpancés -como su bien documentada "danza de la catarata", en la que un grupo de estos primates parecen exhibir una innegable emoción ante una espectacular caída de agua- la primatóloga y antropóloga Jane Goodall concluyó que los chimpancés son tan espirituales como nosotros.

Esta admiración "no la pueden analizar, no hablan de ello, no pueden describir lo que sienten. Pero a uno le da la impresión de que tienen algo dentro de sí y que la única forma de expresarlo es a través de esta fantástica danza rítmica", expuso Goodall, quien también describió comportamientos similares durante aguaceros particularmente fuertes.

Y además de las exhibiciones destacadas por Goodall, otros también han documentado diferentes exhibiciones carnavalescas, sesiones de tambores y rituales de gritos.

Las raíces de los rituales están en lo que Bellah llama "juegos serios": actividades realizadas por sí mismas, que pueden no servir a una capacidad de supervivencia inmediata, pero con el potencial de ayudar a desarrollar otras capacidades.

Y el juego, en este sentido evolutivo, tiene muchas características únicas: debe realizarse en un "espacio relajado", cuando el animal está alimentado, sano y libre de estrés; tiene un principio y un final claro e implica cierto sentido de justicia o, al menos, ecuanimidad. Y, tal vez sobra decirlo, está personificado.

Ahora comparen eso con el ritual, que también está personificado. Los rituales empiezan y terminan. Requieren una intención y una atención compartida. Involucran normas. Tienen lugar en un tiempo con tiempo, diferente a tiempo de lo cotidiano.

Y lo más importante de todo, según Bellah, es que el juego es una práctica en sí mismo, y no "algo con un propósito exterior".

Por eso, para Bellah el ritual "es la forma primordial de juego serio en la historia de la evolución humana", lo que significa que el ritual es una mejora de las capacidades que hicieron posible el surgimiento del juego en los mamíferos. Hay una continuidad entre los dos.

Y aunque Turner reconoce que puede ser exagerado referirse a la danza de la catarata de los chimpancés como un "Ritual", con r mayúscula, cree que estos comportamientos "cuasi-rituales" sugieren que parte de lo que necesitamos para el comportamiento religioso está presente en el genoma de los chimpancés, y por lo tanto de los homínidos.

Empatía

El segundo rasgo que debemos considerar es la empatía. Y la empatía no está principalmente en la cabeza, sino en el cuerpo. O al menos así fue como empezó.

Empezó, escribe De Waal, "con la sincronización de los cuerpos, corriendo cuando otros corrían, riendo cuando otros reían, llorando cuando otros lloraban o bostezando cuando otros bostezaban".

Y, para él, la empatía es fundamental para lo que llamamos moralidad. "Sin empatía no hay moralidad humana. Hace que nos interesemos en los otros. Hace que nos importen emocionalmente", afirma.

Si la religión, según nuestra definición, es nuestra forma de estar juntos, entonces la moralidad, que nos da pistas sobre cómo podemos estar juntos de la mejor manera, es una parte inseparable de esto.

De Waal ha sido criticado por una visión demasiado ingenua y romántica del comportamiento animal por aquellos científicos que creen que en lugar de interpretar el comportamiento animal como altruista, y por lo tanto como el resultado de cierta forma de empatía, debemos reconocerlo por lo que es: egoísmo.

Los animales quieren sobrevivir. Punto. Y todas sus acciones deben ser interpretadas desde esta perspectiva.

Pero para De Waal esa es una forma equivocada de hablar acerca del altruismo.

"Hemos visto a animales que quieren compartir su comida incluso si no les conviene. Hemos hecho experimentos con ellos y la conclusión general es que la primera tendencia de muchos animales es ser altruistas y cooperativos. Las tendencias altruistas son muy naturales en muchos mamíferos", señala.

¿Pero no es eso también puro instinto de supervivencia? ¿No están, por decirlo de alguna manera, preparando las condiciones para el momento en que ellos necesiten ayuda?

Pues calificar a eso de egoísmo, porque en el fondo toda tendencia pro-social tiene beneficios, es hacer que las palabras pierdan sentido, argumenta De Waal.

Obviamente hay sensaciones placenteras vinculadas a la acción de compartir con los otros, así como hay sensaciones placenteras vinculadas a otros comportamientos necesarios, como comer o el sexo. Y, para él, lo mismo ocurre con el altruismo. Pero esto no significa que deje de existir.

Y una división tan tajante entre altruismo y egoísmo es por lo tanto ingenua, en el mejor de los casos, o engañosa, en el peor.

De Waal también está en desacuerdo con aquellos que sostienen que los animales no tienen ni reconocen normas.

Y en "El bonobo y el ateo" argumenta que los animales incluso parecen tener mecanismos para reparar el orden social, es decir, regresar las cosas al "como debe ser" que está en la base de toda normatividad.

"Unas 30 especies de primates se reconcilian después de pelear, y esa reconciliación no está limitada a los primates. Hay evidencia de este mecanismo en hienas, delfines, lobos, caras domésticas", escribe.

Y también encuentra evidencia de que los animales "activamente tratan de preservar la armonía en su grupo social… reconciliándose después de conflictos, protestando contra divisiones injustas y mediando en las peleas de otros".

"Se comportan normativamente en el sentido de corregir, o tratar de corregir, las desviaciones del estado ideal (…). Esto hace que el salto de comportamiento primate a normas morales humanas no sea tan grande como se acostumbra pensar", afirma De Waal.

Pero ¿qué tan atrás se remontan esas tendencias? Probablemente, al igual que esas capacidades para el juego (y por ende para el ritual), al momento del surgimiento del cuidado de los hijos.

"Durante 200 millones de años de evolución de los mamíferos, las hembras más cuidadosas con sus críos se reprodujeron mejor que aquellas que eran frías y distantes", explica De Waal.

El amanecer del surgimiento de la religión

Nuestros modernos servicios religiosos pueden parecer muy lejanos del juego y la empatía que emergieron en nuestro pasado remoto, y la religión institucionalizada es mucho más compleja y avanzada que la llamada danza de las cataratas, pero la evolución nos enseña que los fenómenos complejos también tienen principios sencillos.

Como nos recuerda Bellah, no venimos de ninguna parte: "Somos parte de una larga historia biológica y cosmológica".

Cuando nuestros antepasados se mudaron a ambientes más abiertos también se vieron forzados a formar estructuras sociales más duraderas. Y la selección natural fue capaz de lograr esta asombrosa hazaña mejorando su paleta emocional.

Al disponer de un conjunto más amplio de emociones, el cerebro de los homínidos pudo entonces mejorar algunas de sus capacidades, incluyendo algunas que se prestaron naturalmente a una forma religiosa de ser.

Luego, a medida que estas capacidades se desarrollaron todavía más con el crecimiento del cerebro del Homo y el desarrollo de la neocorteza cerebral, comportamientos como el juego y el ritual entraron en una nueva fase en el desarrollo del homínido, convirtiéndose en la materia prima a partir de la cual la evolución cultural comenzaría a institucionalizar la religión.

Y si bien esta historia no nos determina, esta historia bio-cosmológica influye en todo lo que hacemos y somos. Incluso las decisiones aparentemente más autónomas las hacemos dentro de esa historia.

Eso es lo que hemos mantenido en mente en este viaje en el tiempo hacia las semillas de la evolución que eventualmente, y de forma muy lenta, tuvieron como fruto la religión humana.

23 de junio de 2019

BBC

https://www.bbc.com/mundo/vert-fut-48624547

 16 min


Que existan voces del chavismo disidente en contravía de la narrativa madurista y de sus ejecutorías en materia de derechos humanos y sociales, no deja de ser alentador, pero que de paso se propongan agruparse y constituirse en lo que ellos asumen como Movimiento por la Democracia (MPD), es mas que significativo. Esto da señales irreversibles de dos hechos fundamentales, de los cuales ni hasta el más radical opositor puede desdeñar.

En primer término, sí existe aguas abajo, un vasto movimiento de activistas políticos y sociales que, atraídos por el encanto de superar los males originados en la última década cuarta republicana, acompañaron el llamado de aquel Chávez redentor, pero que hoy han marcado distancia de las fechorías y traiciones a las expectativas prometidas. Por otro lado, el espíritu democrático instalado en la conciencia del venezolano, cultivado en casi un siglo de luchas, libradas por los derechos políticos de la ciudadanía, está haciendo posible el rechazo del 90% a la gestión de Nicolás Maduro.

Quienes andan enarbolando las banderas de la democracia, y a su vez proponiéndose constituirse en un nuevo referente político, han establecido una especie de decálogo de propuestas para contribuir en el rescate de la civilidad y el ejercicio de la política, en condiciones distintas a la de hoy.

Veamos cuáles son sus propuestas:

  1. Nuestra principal responsabilidad será conquistar la vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
  2. Rechazamos toda intervención militar extranjera, pero apoyamos las sanciones que de forma individual se dirijan contra todos los que sustentan la tiranía impuesta por Nicolás Maduro.
  3. Respaldamos el acompañamiento internacional de países y organizaciones multilaterales, en la búsqueda de una solución negociada bajo condiciones de transparencia e igualdad.
  4. Retomar la capacidad productiva del país, solo es posible recuperando la democracia, el respeto a los Derechos Humanos y el Estado de Derecho.
  5. La transición hacia la democracia requiere de un marco de garantías políticas, donde ningún actor sea excluido del proceso de reconciliación y reconstrucción del país.
  6. Somos solidarios y apoyamos en todas sus acciones a la Asamblea Nacional y a la Fiscal General de la República, Dra. Luisa Ortega Díaz, como únicos órganos constitucionales legítimos vigentes.
  7. Ratificamos el respaldo y reconocimiento como Presidente encargado de la República, al Diputado Juan Guaidó.
  8. Abogamos por la constitución de una Alianza Nacional Democrática, que represente a toda la Venezuela deseosa de un cambio de rumbo para el país, sin exclusiones sectarias y anti unitarias.
  9. Nos comprometemos ante Venezuela, a facilitar todos los enlaces necesarios, para generar la confia

 2 min


Amelia Valcárcel

A las democracias, que tienen cierta variedad en sus formas, se sabe que no les convienen los adjetivos. Las puede haber de una cámara o de dos, de voto obligatorio, de escasa participación, de elecciones a una o dos vueltas, de listas abiertas o cerradas, con voto juvenil o solo adulto, con urna o con caja, con cabina y sin ella. El procedimiento concreto y pequeño puede variar siempre que la intención primera se mantenga. Que elegiremos libremente, escrutaremos y respetaremos los resultados. Por eso la democracia abomina de los adjetivos. Es un sistema corriente que admite pocas precisiones. No es “orgánica”, “islámica” ni “popular”; porque cuanto más adjetivo, más peligro y menos contenido. Es un procedimiento fundado en un conjunto de valores compartidos: libertad, igualdad, solidaridad, tolerancia y repudio de la violencia. La democracia es además feminista.

Las religiones son algo más variadas. Aunque no demasiado. Las que han convivido con formas políticas desarrolladas, Estados plenos, se reducen a los tres monoteísmos abrahámicos, el tronco hinduista, el budismo y las religiones agrarias personalmente vinculadas (quien manda es sacro y ejerce los ritos), cuyos importantes calendarios recuerdan y aseguran. Las religiones que han vivido y convivido con Estados han mimetizado parte de su estructura de administración. El funcionariado y el clero han estado cercanos, pero no les ha convenido ni les conviene confundirse. Credos y Estados más bien se han vigilado mutuamente. Las situaciones estatales por lo común han favorecido a las religiones hasta un cierto punto. Pero ninguna ha peleado con una autocracia sin convertirse ella misma en otra. Ni la ha desposeído. O al menos no había ocurrido hasta la llamada Revolución Islámica de Irán. Como escribió Montesquieu, es signo de lo tiránico de un régimen que sólo la religión tenga capacidad para oponérsele. El despotismo crea un desierto moral donde únicamente el fanático osa levantar la voz. Pero que el clero se convirtiera en la autoridad civil, eso ha resultado inédito.

Aún sabemos poco de revoluciones, pero anotamos que la soviética destruyó iglesias que ahora están no solamente restauradas, sino multiplicadas. Irán es un caso peculiar porque en la religión musulmana el clero carece de papel, excepto precisamente allí. Es más, ese clero ha tomado por modelo a otros, los occidentales, en lo que toca a la búsqueda de influencia. Obviamente su predominio no ha contribuido en absoluto a amansar el fanatismo religioso.

Por ahora, sólo el judaísmo y el cristianismo han tenido que medirse con las verdades liberales. Y ambas salieron mejoradas a causa de tal trato. La democracia ha llegado a una paz con las religiones: son privadas, no pueden pretender ser intocables y serán protegidas. Se les exigirá a cambio tolerancia mutua, que no rompan la paz civil y que respeten los valores comunes. Ese es el pacto. Las religiones que son capaces de soportar la nueva paz se vuelven interesantes, mejoran ellas y a su gente. La democracia les viene muy bien, las perfecciona. Pero necesitan tiempo de cohabitación. Sus modelos son tan disímiles que el amor a primera vista no es de esperar.

La pregunta es si todas las religiones pasarán a la relativa mansedumbre del cristianismo. Se necesitará tiempo y algo más. Porque este, el de religión y democracia, es un silogismo con término medio. Resumo: dependerá de las mujeres. Las mujeres y sus libertades son la variable no contemplada. Dos cosas sabía y bien Huntington: historia y demografía. En ninguna de las páginas de su Choque de civilizaciones admitió que la variable “feminismo” pudiera turbar sus análisis. Los bloques religiosos en su opinión son cerrados y estables. Nada les cambiará. Occidente es demográficamente limitado y lo que venimos llamando pomposamente historia se reduce a demografía. Los dados están ya echados. Seremos desbancados. Sin embargo, las libertades de las mujeres son un asunto que bulle planetariamente. Está cambiando a todas las sociedades. Puesto que esas libertades chocan con el orden previo, las mujeres son, aun las devotas, una fuerza antirreligiosa descomunal. En todas partes está cursando su rebeldía contra las verdades patriarcales que las religiones mantienen, representan y defienden. Los bloques de sentido religioso tienen un poderoso enemigo interno. Por eso son tan reactivos al feminismo. También estos dados acaban de echarse; habrá que esperar.

21 de junio de 2019

El País

https://elpais.com/elpais/2019/06/21/ideas/1561111284_841442.html

 3 min


Jesús A. Viloria R.

Este artículo, del cual se incluyen a continuación algunos extractos textuales generales, pone en evidencia que la expansión de los centros poblados y de los niveles del Lago de Valencia ha venido ocurriendo a una tasa acelerada y que la misma ha sido a expensas de tierras de alto valor para el uso agrícola.

El aumento creciente del área urbana es un fenómeno mundial que se ha convertido en una espada de doble filo. Por un lado, promueve el desarrollo socioeconómico y mejora las oportunidades de empleo. Por otro lado, convierte ecosistemas naturales y áreas cultivadas en superficies impermeables con importantes efectos ambientales, como pérdida y fragmentación de bosques y tierras agrícolas, contaminación, destrucción de hábitats, pérdida de biodiversidad y alteración hidrológica. Además, la influencia de la expansión urbana en el entorno físico usualmente se extiende mucho más allá de los límites de la ciudad, y puede tener impactos ambientales de alcance mundial, como el cambio climático.

El patrón de expansión urbana no suele seguir un crecimiento continuo y ordenado a partir de un núcleo. Frecuentemente es mucho más complejo, como resultado de la interacción de diferentes fuerzas que compiten entre sí. En muchas zonas urbanas el crecimiento descontrolado y disperso obstaculiza su desarrollo regional sostenible. Esto ocurre en la depresión del Lago de Valencia, la cual se ha convertido en una de las áreas más densamente pobladas del país, con 14% de la población total de Venezuela concentrada en menos de 0,2 % del territorio nacional.

El impacto ambiental de la expansión urbana en esta región se ha acentuado por la ampliación del Lago de Valencia, como consecuencia de la importación de agua desde una cuenca adyacente, para satisfacer la demanda cada vez mayor de la población asentada en la depresión.

Para lograr una gestión eficaz del crecimiento de las ciudades en la depresión del Lago de Valencia, que permita mitigar sus impactos adversos, es necesario comprende r el proceso de expansión urbana en esta región y sus factores impulsores. Esta tarea se facilita hoy en día gracias a la disponibilidad de imágenes satelitales libremente accesibles en la Internet. Estas pueden proporcionar mediciones sucesivas y consistentes de las condiciones de la superficie terrestre, con diversos grados de resolución espacial. Esto ha convertido a la teledetección, conjuntamente con los sistemas de información geográfica, en herramientas valiosas para el monitoreo del cambio de cobertura de la tierra.

En el trabajo se presentan los resultados de una investigación realizada para dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿Cuál ha sido la magnitud de la expansión urbana y del crecimiento del lago?, ¿Cuál era el potencial agrícola de las tierras consumidas por la expansión urbana y el crecimiento del lago? y ¿Cuál es la disponibilidad actual de tierras para desarrollo urbano y agrícola en la depresión del lago de Valencia? Las respuestas a estas preguntas serán útiles como base de conocimientos para planificar el desarrollo sostenible de esta región.

No es difícil prever que la futura reactivación de la economía venezolana atraerá nuevas inversiones hacia la región centro- norte del país y esto reavivará los conflictos por el uso de la tierra en la cuenca del Lago de Valencia. El presente es el momento de tomar las decisiones que conduzcan hacia el ordenamiento del uso del espacio en esta cuenca. En caso contrario, repetiremos errores del pasado que llevarán a la creación de una gran conurbación desde Las Tejerías hasta Tocuyito. No obstante, la distribución de las actividades humanas en el espacio no puede ser el producto de un plan centralizado, sin consenso social. Se pueden tomar medidas para proteger las áreas con alto potencial agrícola contra el impacto del crecimiento urbano. Sin embargo, si estas medidas carecen de apoyo público y político, su éxito será limitado. La toma de decisiones sobre el uso de la tierra es un proceso complejo en el que intervienen diversos actores con intereses diferentes que compiten entre sí, lo cual genera conflictos de uso de la tierra. La expansión urbana en la cuenca y el crecimiento del lago son manifestaciones de esos conflictos. El desarrollo regional sostenible la cuenca del lago de Valencia debe ser el resultado de un proceso de negociación entre estos actores. La información presentada en este trabajo intenta proveer una base de conocimientos que contribuya a orientar ese proceso de negociación hacia decisiones racionales. De allí la necesidad de divulgar esta información para que llegue a ser de amplio conocimiento público.

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Se puede aseverar que Venezuela fue un país rural hasta el descubrimiento de grandes yacimientos de petróleo e inicio de su explotación. Esto trajo como consecuencia inmediata la movilización de muchas personas hacia las zonas donde había petróleo, se fueron desarrollando esos poblados y se fue descuidando el campo en las regiones agrícolas.

Por supuesto, las mejores condiciones salariales, y en general, de beneficios socio económicos, se convirtieron en un imán para atraer trabajadores, para atraer mano de obra hacia las zonas petroleras. Desde la época colonial, Venezuela se caracterizó por exportar café y cacao como base de su economía. Los “Grandes Cacao” eran familias que se enriquecieron con la producción y exportación de cacao hacia Europa, con lo cual lograron excelentes condiciones de vida, y en esa época, todo aquel que acumulaba riquezas y adquiría un elevado nivel de vida era llamado “Gran Cacao”. Aún en la Venezuela del siglo XXI, algunos viejos ciudadanos utilizan esta expresión para identificar a las familias ricas.

Con el incremento de las exportaciones petroleras, cuando Venezuela llegó a ser el primer país exportador de petróleo del mundo, poco a poco la “Enfermedad Holandesa” fue carcomiendo la economía del país. Esta enfermedad, que es un término utilizado en economía, también es conocido como “Mal Holandés” o “Síndrome Holandés”, y se refiere a los efectos negativos que provoca en la economía de un país un repentino y desmedido incremento del ingreso de divisas, ocasionado por la exportación de algún recurso natural como minerales preciosos, hidrocarburos, café, etc, o por algún crecimiento importante de la inversión extranjera directa.

El nombre deriva de lo ocurrido en los Países Bajos en los años sesenta del siglo XX, cuando se incrementó violentamente el ingreso de divisas luego del descubrimiento y explotación de grandes yacimientos de gas natural hacia el Mar del Norte. Consecuentemente, el florín, que es la moneda holandesa, se apreció y aumentó su cotización en el mercado de divisas afectando negativamente la competitividad de las exportaciones de otros bienes o recursos del país.

Aun cuando el nombre de esta distorsión en la economía de un país se relaciona con Holanda y es de reciente cuño (1960), este modelo se ha utilizado para explicar los efectos que tuvo en la España del siglo XVI el ingreso de los tesoros enviados desde América, o los efectos perniciosos que tuvo sobre la economía australiana el descubrimiento de oro por allá por el año 1850, y más recientemente, las distorsiones de la economía venezolana derivadas de los altos precios del petróleo.

El “Síndrome Holandés” ha originado en Venezuela, por muchos años, la apreciación del bolívar que es la moneda nacional; además, reducción significativa de la producción interna en sectores tradicionales de la economía como es el caso de la agricultura y las industrias manufactureras. Estos productos para el consumo interno han tenido que enfrentar una desproporcionada competencia con productos importados de menor precio; y los productos para exportación, se ubican en desventaja por la elevada apreciación de la moneda local.

La situación de bonanza petrolera ha promovido la inyección interna de elevados recursos, elevando el circulante, que sin una adecuada contrapartida en la oferta de bienes y servicios provoca continuos incrementos en los índices de inflación. Actualmente, Venezuela ha alcanzado la mayor distorsión económica de su historia, y a pesar de sus riquezas, se encuentra en una situación crítica de pobreza, además de haber contraído altísimos niveles de endeudamiento externo.

La “Enfermedad Holandesa” agobia a la población venezolana y ha afectado profundamente la agricultura. Para 2018 se estimó que apenas se produjo 20% de los requerimientos alimenticios de los treinta millones de venezolanos, y las expectativas para el 2019, son aún peores. Con la renta petrolera se sigue importando alimentos en lugar de promover y apoyar la producción interna. Las divisa parece que se están agotando complicando estas importaciones, por lo que el futuro que se le presenta a la población es de mayor escasez de alimentos cada día. Tenemos que “sembrar el petróleo” y superar el “Síndrome Holandés”, tal como lo han logrado otros países como Finlandia, Australia, Holanda, Noruega, Chile y otros.

Junio de 2019

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Edgar Benarroch

Quien nos entiende, hasta ayer pedíamos a gritos que la Alta Comisionada de la Organización de las Naciones Unidas, Dra. Michelle Bachelet (por cierto su primer nombre es Verónica, pero se le conoce solamente como Michelle) visitara nuestro país, ahora que está entre nosotros hay voces que la descalifican y dicen que ocultará la verdad porque es "caimán del mismo pozo" y que de ella no debemos esperar ningún cuestionamiento a la gestión del régimen. Quienes así opinan, en mi parecer denotan tres posiciones, 1.- son desconsiderados con la visitante emitiendo juicios de valor sin ningún fundamento, 2.- no conocen la realidad latinoamericana, menos la de Chile y 3.- tampoco conocen a Michelle Bachelet.

Es bueno recordar que la visita de la Alta Comisionada fue precedida por una comisión de expertos que ella designó y que estuvo trabajando en nuestro país por más de dos semanas y producto de ese trabajo presentó un informe más o menos completo de la situación nacional en cuanto a los Derechos Humanos, democracia, libertad y realidad social y económica. Con la información que le fue presentada y con el conocimiento personal que tiene la Dra. Bachelet ha dado declaraciones deplorando y cuestionando severamente el desempeño de este régimen y lo ha hecho en términos muy contundentes. Algunos han manifestado que en dos días, tiempo de su visita, no es posible percibir la situación nacional , es verdad, pero como antes cité la comisión que ella designó pudo captar la grave situación del país en todos sus órdenes .

Michelle Bachelet fue dos veces Presidente de Chile y aunque su gestión en cuanto a crecimiento económico no fue la mejor, se destacó por respeto y sujeción a los principios democráticos, a los derechos humanos, a la tolerancia política e institucional y a los derechos colectivos e individuales, ello fue de reconocimiento general.

Quien la llama caimán del mismo pozo tal vez lo hace porque se define socialista y efectivamente lo es. Si todos los que se dicen socialista tuvieran sus convicciones y principios la situación fuera otra.

Cuando se anunció la visita de la comisionada el régimen empezó a pintar hospitales y carteles pretendiendo infantilmente ocultar la desastrosa realidad. Con pinturitas no pueden ocultar el estado de abandono de nuestros centros hospitalarios sin equipos ni medicinas, no podrán ocultar los más de setecientos presos políticos que injustamente purgan condena impartida por el régimen ni tampoco las huellas de las torturas a las que han sido sometidos. La Dra. Bachelet debe haber observado en la cara de la gente el estado de angustia y desesperación en que nos encontramos al lado de un inmenso deseo de salir de este oprobioso régimen. A lo mejor logra ver gente buscando en la basura algo para comer. Por supuesto se percatará del racionamiento criminal de la energía eléctrica y de agua con las graves consecuencias que ello provoca.

Nuestra realidad es tan cruda, dramática y espeluznante que es inocultable, se respira en el ambiente la profunda y espantosa crisis que soportamos. No podrán esconderla menos aún a una luchadora social con gran experiencia y principios como lo es Bachelet . Estoy seguro que ella está en el grupo preocupado por el daño terrible que le ha hecho este régimen a la corriente socialista.

Esperemos su juicio que me anticipo a decir será severo contra la usurpación. Su objetividad y valores le impiden mediatizar lo que sus ojos ven, su consciencia le indica y sus enviados informaron.

No tengo el honor de personalmente conocer a la Dra. Bachelet, pero como por "sus obras los conoceréis" la juzgo.

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Ricardo de Querol

Tiene motivos para presumir de dones proféticos, porque estuvo en primera fila del despertar digital y vio con claridad lo que vendría después. En los años ochenta y noventa, cuando la mayoría de la población desconocía o empezaba a acercarse a Internet, Nicholas Negroponte (Nueva York, 1943), ingeniero informático y arquitecto, fundador, director y ahora presidente del Media Lab del Massachusetts Institute of Technology (MIT), vaticinó que íbamos a tener ordenadores en los bolsillos, pantallas táctiles, televisión a la carta como la de Netflix, altavoces inteligentes y hogares conectados. Y entendió que vendrían profundos cambios sociales. Sus artículos en la última página de Wired o su libro El mundo digital (1995) eran seguidos como un oráculo.

El tiempo le ha dado la razón en casi todo. Negroponte conversa en Madrid, donde participa este jueves en la jornada Cruce de Caminos, organizada por Banco Caminos y Bancofar. Sigue confiado en sus visiones del futuro, que hoy suenan muy atrevidas. Claro que también era atrevido lo que decía hace 30 años.

Pregunta. ¿Cuál es el próximo hito para la humanidad?

Respuesta. El mundo digital se ha integrado en nuestras vidas. Lo que vendrá ahora ya no serán extrapolaciones de la informática, como las que hemos visto.

Pregunta. ¿Es la bioingeniería la próxima revolución?

Respuesta. Esa será una de las grandes cosas que vengan, sí. Tendremos humanos genéticamente modificados y corregiremos los errores de la naturaleza. Será un futuro muy distinto.

P. ¿De verdad podremos vivir 150 o 200 años? ¿Lo haremos nosotros o nuestros descendientes?

R. Eso ocurrirá con seguridad en la próxima generación. Es un poco tarde para nosotros, porque revertir el envejecimiento es más difícil. Pero no hay duda de que sus hijos y mis nietos vivirán hasta los 150 años. Y haremos que los discapacitados puedan andar, luego podremos eliminar las enfermedades raras...

P. Y se alimentará al mundo con comida artificial.

R. Crear carne que no proceda de las vacas es un proyecto maravilloso. Podremos replicar las células de las vacas sin hacer daño a animales, sin el CO2 que emiten, ahorrando agua, cuidando el medio ambiente, y logrando que la gente tenga carne.

P. ¿Nos salvará la tecnología también del cambio climático?

R. La tecnología es la única solución al cambio climático. No hay otra. Tenemos que encontrar la forma de producir energía, no necesariamente de fuentes renovables, como el viento o el sol, sino haciendo que la fusión nuclear funcione. En 50 años tendremos una economía distinta y un mundo mejor gracias a ella.

P. Usted pronostica avances enormes para la humanidad. ¿No teme que las miserias humanas, o los intereses políticos y económicos, impidan que lleguen a beneficiar a la mayoría?

R. Los intereses corporativos suelen frenar algunos avances, pero no por mucho tiempo. Es bien conocido que quienes tienen intereses en el petróleo pueden forzar un retraso en las tecnologías alternativas. Por eso es tan difícil hacer pronósticos sobre cuándo llegarán algunas cosas, porque a menudo los retrasos vienen de fuerzas externas que no tienen que ver con la tecnología.

P. El 5G, el sistema que dominará las comunicaciones móviles, está siendo el centro de esta Segunda Guerra Fría, un campo de batalla entre EE UU y China por esa tecnología. ¿Quién ganará?

R. Hace 15 años que EE UU se ha rendido en las tecnologías de la telecomunicación. Los principales actores ya no son empresas americanas. El repentino interés por el 5G, y en particular por Huawei, me parece increíble. Porque el 5G no es tan importante como están vendiendo. Es solo un cambio incremental sobre el 4G. El hito fue el 3G. Esto no es la fusión nuclear. Si alguien domina la fusión nuclear, cambiará las reglas del juego. El 5G no va a ser rompedor. Y si miramos lo que hace China en áreas como el 5G, está muy por delante de EE UU.

P. Usted representa el optimismo ante los cambios tecnológicos. Pero todo indica que la opinión pública ha ido pasando del entusiasmo al pesimismo.

R. Sigo siendo optimista, pero eso es verdad. Hay un creciente sentimiento en todo el mundo de escepticismo, de que la tecnología ha creado muchos de los problemas que tenemos que arreglar. Si lo miras objetivamente y con perspectiva, la tecnología ha traído muchas soluciones, como en la medicina, y los problemas son sobre todo por cómo usamos la tecnología.

P. Los gigantes de Internet son vistos ahora como un gran oligopolio que hace negocio sin control con nuestros datos. Una especie de Gran Hermano.

R. Pondré otro ejemplo. Cuando las revelaciones de Snowden, muchos americanos como yo nos sorprendimos de que el Gobierno nos estaba vigilando. Si vas a China, y acabo de estar allí, ves cientos de cámaras en la calle haciendo reconocimiento facial y creando una casi perfecta seguridad. Y la gente está satisfecha. Dicen: de acuerdo, quizás se viole lo que vosotros los occidentales consideráis intimidad, pero no tenemos delincuencia. Son cosas que se ven distintas desde cada cultura.

P. ¿Juega China con ventaja en la carrera tecnológica por la falta de garantías para la intimidad? Allí se puede crear una gigantesca base de datos genéticos que en Occidente no sería viable.

R. Europa es quizás el líder mundial en protección de la intimidad. Por otro lado, hay mucha gente que muere en Alemania porque es ilegal compartir datos que permitirían salvarlos. Es un difícil equilibrio. Si me atropella un coche, no quiero que mis datos médicos estén protegidos, quiero que cuando llegue la ambulancia lo sepan todo.

P. ¿Cree que los gigantes de Silicon Valley deben ser divididos como otros monopolios en el pasado, lo que ha propuesto la senadora Elizabeth Warren?

R. No estoy seguro de que dividir a estas compañías garantice asuntos como la privacidad. A nadie le gusta que una empresa crezca tanto y sea dominante, pero lo que tenemos que mirar es qué sacamos de ellos, quién está contribuyendo más al conocimiento y la ciencia. Es sorprendente qué poco aportan muchas de esas grandes compañías. La gente joven quiere ser Mark Zuckerberg, no quieren ser Alan Turing. Es decepcionante. Necesitamos gente que invente y sea imaginativa como Turing.

P. ¿Están afectando las redes sociales a la calidad de la democracia? Allí se expanden ideas extremistas, mensajes de odio…

R. No uso mucho las redes sociales. Soy más un observador. Está claro que están teniendo un impacto. En unas partes, están creando democracia, en otras partes la están debilitando. El balance es probablemente a favor de la democracia.

P. Diversos estudios alertan de la destrucción de millones de empleos por la robotización, incluso en las actividades más intelectuales. Esto está generando ansiedad en la población y abriendo debates como el de la renta universal. ¿Cuál es el futuro del empleo?

R. Es más fácil automatizar la mayoría de actividades intelectuales que la mayoría de empleos en servicios, como preparar comida rápida. Es más fácil tener un robot abogado, o contable. El desplazamiento del empleo no dependerá de las capacidades intelectuales. En algún momento tendremos que repensar el concepto del trabajo. Una parte del concepto tiene que ver con tener un sentido, un propósito. La gente siempre tendrá un propósito, pero puede no ser llevar un salario a casa, que es lo que define el empleo hoy.

P. ¿Vamos a tener algún día una verdadera inteligencia artificial, que tenga conciencia?

R. Esa es la pregunta, la conciencia, y la mayoría de la gente no se la hace. No estoy seguro de que lo vaya a ver en mi vida. Pero antes de eso veremos máquinas que tendrán sentido del humor, y será asombroso. Otra pregunta que no parece interesante es: ¿por qué los hombres apreciamos la música?

P. ¿Hay que reivindicar las humanidades, o la filosofía, en una sociedad hipertecnológica?

R. Las humanidades son la cosa más importante que puedes estudiar.

20 de junio 2019

El País

https://elpais.com/tecnologia/2019/06/19/actualidad/1560974542_919705.html

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