Pasar al contenido principal

Opinión

Aníbal Romero

El reciente discurso del presidente Donald Trump en Miami tiene gran importancia, y constituye en sí mismo un evento político de primer orden. Ante todo, porque explicó con suma claridad qué ha pasado en Venezuela bajo el régimen chavista-madurista, y en segundo lugar porque esbozó con trazos inequívocos una estrategia dirigida hacia un futuro distinto y mejor. Lo dicho por Trump puede sintetizarse en tres frases principales.

1- En primer término, casi al final de su exposición, Donald Trump afirmó que la pesadilla venezolana está llegando a su fin pues Estados Unidos, una gran nación, ha decidido respaldar la causa de la liberación de manera firme hasta concluir definitivamente la tarea.

Trump reconoció con palabras muy generosas la lucha heroica de los venezolanos a lo largo de dos décadas, y se refirió con detalle a varios ejemplos individuales de dedicación y sacrificio. No obstante, pienso que los venezolanos debemos admitir que luego de enfrentar tantos obstáculos, de sufrir tantos tropiezos y experimentar tantas derrotas, las fuerzas de la oposición democrática habían sufrido un desgaste, y el futuro se vislumbraba lleno de sombras.

Donald Trump afirmó que la pesadilla venezolana está llegando a su fin pues Estados Unidos, una gran nación, ha decidido respaldar la causa de la liberación de manera firme hasta concluir definitivamente la tarea

La contundente decisión de Trump y su gobierno, apoyados por otros destacados políticos estadounidenses y latinoamericanos, de poner fin al régimen que tiraniza a Venezuela ha sido un punto de inflexión, cambiando radicalmente la correlación de fuerzas a nivel regional y global y llenando de nuevas energías el combate interno de los venezolanos por la libertad.

En este sentido, Trump tuvo el acierto de explicar que la tragedia de Venezuela, y las inmensas dificultades que hemos sobrellevado los venezolanos para acabar con la opresión y restaurar una existencia libre y democrática, se debe en gran medida al pacto infame establecido entre la dictadura castrista en Cuba y sus serviles agentes en nuestro país. Ese pacto, dijo Trump, consistió en que el régimen chavista-madurista se comprometió a sostener económicamente a la Cuba castrista, a cambio de que esta última construyese en Venezuela un Estado policial, una sofisticada y eficaz estructura de represión, destinada a repetir en nuestro país la dolorosa experiencia totalitaria de la isla caribeña.

De modo pues que los venezolanos no hemos enfrentado una mera autocracia, como otras muchas que han existido en América Latina, sino un proyecto totalitario centrado en la reproducción del tradicional modelo comunista de control social. Y ante ello nuestras fuerzas, a pesar del heroísmo de tantos hombres y mujeres a lo largo de 20 años, fueron insuficientes. De la misma manera que los pueblos de la Unión Soviética y Europa Oriental requirieron en su momento apoyo externo para liberarse, igual cosa ha ocurrido con nosotros. Tuvimos la suerte de que así como ellos contaron con Ronald Reagan, el Papa Juan Pablo II y Margaret Thatcher, nosotros contamos ahora con Donald Trump, Luis Almagro, Marco Rubio, Iván Duque, Sebastián Piñera y tantos otros hacia quienes albergamos una inmensa deuda de sincera gratitud.

2- En segundo lugar, Trump insistió en que la política que está llevando adelante su gobierno con relación a Venezuela “no tiene vuelta atrás”, y repitió en varias ocasiones las advertencias que se vienen haciendo estas pasadas semanas desde Washington hacia Nicolás Maduro y sus aliados. Hay una nueva situación y las cosas ya no son como antes. Trump colocó el desafío en el plano que merece: se trata de una confrontación que desborda las fronteras venezolanas y adquiere una dimensión geopolítica regional y hasta global. Las tiranías en Cuba y Nicaragua también sufrirán las consecuencias de la resolución estratégica estadounidense.

Cabe presumir que Washington ha enviado los indispensables avisos a Moscú y Beijing, para que sepan a qué atenerse y no den pasos en falso, análogos a los desastrosos errores de cálculo que condujeron a la Crisis de los Misiles en 1962. Pienso que este proceso no se repetirá, pues las motivaciones que llevaron a los dirigentes soviéticos al borde del abismo, motivaciones que tocaban el equilibrio nuclear entre las superpotencias, no están ahora presentes. La tragedia venezolana desborda nuestras fronteras, pero Washington está logrando limitarla dentro de un ámbito local y regional, y en el marco de ese ámbito seguramente se resolverá.

Los adversarios de Trump en Estados Unidos y otras partes han tendido a subestimarle, y han perdido de vista los rasgos de personalidad y capacidad política que le llevaron a la Presidencia y le han sostenido, en medio del ataque incesante de unos medios de comunicación en su mayoría entregados a hacerle una oposición sistemática y a veces delirante. No creo, sin embargo, que a estas alturas del juego a Maduro y sus secuaces y aliados les queden dudas acerca de la determinación implacable de Trump, cuando se propone un objetivo.

3- El Presidente estadounidense volvió a dirigirse de manera directa a los militares venezolanos, y en ese contexto pronunció la tercera frase que a mi modo de ver define la sustancia de su discurso: Ni Washington, ni el presidente Juan Guaidó buscan venganza. La oferta de una amnistía, si abandonan la tiranía de Maduro y la servidumbre hacia la Cuba castrista, es real y será honrada. La opción de actuar con patriotismo y restaurar gradualmente la dignidad perdida está abierta. Pero el tiempo corre y deben pronunciarse pronto. Los militares venezolanos están arriesgándolo todo, incluso sus vidas, al apegarse a una dictadura oprobiosa que ha destruido al país y sólo merece una radical condena ética y política.

Trump colocó el desafío en el plano que merece: se trata de una confrontación que desborda las fronteras venezolanas y adquiere una dimensión geopolítica regional y hasta global. Las tiranías en Cuba y Nicaragua también sufrirán las consecuencias

Un aspecto adicional de significativa relevancia en el discurso de Trump, fue la base de sustentación ideológica de su exposición, orientada a poner de manifiesto la necesaria conexión entre socialismo y opresión. En ese orden de ideas, Trump nos recordó lo que han sido siempre los experimentos socialistas, y el horror al que inevitablemente han conducido. Lo peor es que esas tragedias del socialismo han sido producidas por sus adherentes en nombre de la justicia, la igualdad, la paz y el progreso. En verdad, como sabemos, el socialismo es una doctrina que persigue un siempre creciente control social desde la cúpula dominante, y es en realidad el poder lo que esa cúpula quiere y busca, un poder que, como lo resumió Trump, intenta finalmente decidir quién debe vivir y quién debe morir.
Con su discurso en apoyo a la liberación de Venezuela, Trump logró no sólo emocionar a millones de venezolanos, sino que también envió un mensaje de ánimo y esperanza a cubanos y nicaragüenses, ahora oprimidos por quienes les tiranizan. Fue un momento singular y de enorme relevancia política y psicológica, un momento ubicado en el vértice de una coyuntura excepcional para nuestro país y el hemisferio entero. Es la primera vez que un Presidente estadounidense articula con tan certera precisión una estrategia para la liberación. Confrontar la urgente crisis humanitaria será un primer paso, pero sólo el primero. Con sus palabras, Trump nos ha hecho sentir que un nuevo y mejor porvenir está más cerca.

 5 min


El régimen y Pdvsa agonizan. El primero no tiene salvación. Pdvsa también agoniza, pero dado que es la principal y casi única proveedora de divisas, cabe discutir si es conveniente o inevitable privatizarla o si puede ser recuperable y redimensionada para intentar protegerla de los buitres.

Los políticos que tomen la decisión deben considerar que la situación petrolera de hoy es diferente a la del 2000. En aquel entonces éramos el tercer productor de la Opep con 2.897.000 barriles por día(b/d), mientras que Arabia Saudita extraía 8.267.000 b/d y Estados Unidos 6.050.000 b/d. Hoy somos el octavo productor de la Opep con apenas 1.106.000 b/d, mientras que Arabia Saudita produce 10.213.000 b/d y Estados Unidos 11.899.000 b/d de crudo. Los precios, salvo sucesos de gran magnitud, es de prever se mantengan alrededor de los 60 dólares por barril. Para Estados Unidos nuestro petróleo no es vital. China e India son mercados interesantes, aunque hay que competir con proveedores más cercanos y con petróleo de mejor calidad. Además, el mundo se encamina hacia energías renovables, por lo que la ventana de los hidrocarburos se irá cerrando.

El otro factor es que nuestra deuda financiera es elevada y tendremos que endeudarnos más para satisfacer los requerimientos de los diferentes sectores. Es decir, que no tenemos dinero para incrementar la producción, ni mejorar el sistema de refinación que está en el suelo. Además, según el último informe de Pdvsa, del 2017, la misma cuenta con 140.395 trabajadores, cifra que incluye 4.576 en el exterior, 7.836 contratados y 21.089 que realizan actividades no petroleras. En ese personal hay muchos calificados y otros que son activistas políticos. Ese año renunciaron 3.400 trabajadores, número inédito y que debe haber aumentado por el descontento existente.

Privatizar Pdvsa es tarea compleja que requiere tiempo y probablemente no sea atractivo para ningún comprador, considerando el deterioro de las instalaciones y que el riesgo país perdurará algún tiempo después del cambio de gobierno. Mientras se realizan esas gestiones el personal se desmotivaría aún más, inevitablemente la producción seguiría cayendo y los accidentes laborales aumentaría.

Hoy, muchos pensamos que fue un error estatizar la industria de los hidrocarburos. Es utópico creer que hemos aprendido la lección y que no se repetirá la politización de la empresa para ponerla al servicio del partido político de turno. Quizá un próximo gobierno la operará como negocio al servicio de la nación, pero Pdvsa es demasiado atractiva. Más temprano que tarde se repetirá la historia.

Todo indica que el sector político, a quien corresponde la decisión, no aprobará la privatización de la empresa. Por lo tanto, lo procedente es trabajar para redimensionar a Pdvsa, que continúe por un tiempo con las actividades petroleras que realiza, pero con mayor participación de las empresas mixtas. Posteriormente, modificando la ley, empresas privadas nacionales y extranjeras podrían realizar directamente las actividades, y gradualmente Pdvsa disminuiría de tamaño y tendría que ser competitiva. En refinación, la ley permite la participación del sector privado.

Ya en el 2004 Gente del Petróleo y Unapetrol expresaron que “la nueva Pdvsa no puede ser el desastre de la actual, pero tampoco la misma que existía antes del paro cívico de diciembre del 2002”. En el 2010, Gente del Petróleo presentó una Propuesta para el desarrollo y administración de las fuentes de energía: el caso de los hidrocarburos. En la misma se recomendó “desarrollar la generación de energía eólica y solar para liberar hidrocarburos para la exportación; que el Estado debe dar cabida al sector privado nacional y extranjero para captar capitales y tecnologías; la nueva Pdvsa debe ser estatal , pero de menor tamaño, más integrada a las universidades y otros centros de investigación y enseñanza, con un 10 a 30 por ciento de sus acciones en el mercado venezolano de valores; crear un fondo petrolero similar al de Noruega, establecer un ente independiente de energía y desprenderse gradualmente de actividades no relacionadas con el negocio”.

El pasado día 15, en foro realizado en el Iesa con asistencia del presidente(e) Guaidó, los panelistas Pedro Castillo, Antero Alvarado, Javier Larrañaga realizaron magistrales exposiciones sobre producción de crudo, gas y refinación, respectivamente, con participación del sindicalista Iván Freites y moderación de Rafael Gallegos. El contenido de este foro y los aportes que realizan desde hace años varios expertos y las organizaciones Coener, Grupo Orinoco, Cedice Libertad, Aviem, Sociedad Venezolana de Ingenieros de Petróleo, Gente del Petróleo y Unapetrol, son elementos a tomar en cuenta por el sector político. Así mismo, el contenido del libro Venezuela energética, de Leopoldo López y Gustavo Baquero. Es positivo que la nueva generación de políticos, como Yon Goicoechea, se interese en estudiar el tema petrolero.

Como (había) en botica:

Quien impida el ingreso de la ayuda humanitaria es un criminal.

Agradecemos a los eurodiputados que intentaron venir a Venezuela y fueron expulsados.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


El 14 de febrero, en la sede de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, el Observatorio Venezolano de Prisiones, con su eficiente director, Humberto Prado, presentó una nueva obra con la colaboración de distinguidos “penalistas” –que no dan pena– sobre un tema crucial que, en definitiva, constituye la clave para entender la tragedia carcelaria venezolana, que no se resuelve con leyes, ni con ministerios, ni con el enunciado de buenas intenciones que constituyen el empedrado del infierno: “El retardo procesal le roba la vida al ser humano”.

Desde hace décadas el porcentaje de presos “sometidos a proceso” alcanza 75%, siendo una minoría la de los “condenados” por una sentencia firme.

Esta inversión del sistema penitenciario teóricamente hace referencia a quienes cumplen una condena impuesta por un tribunal y la sociedad aspira a reinsertarlos en su seno, cumplida una sanción, que debe ser rehabilitadora y ejemplarizante, siendo lo lógico que quienes están sometidos a proceso, cuya inocencia se presume, se encuentren recluidos, cuando ello es indispensable, en internados judiciales, a la espera de la sentencia.

Esto no ocurre en Venezuela. Las penas con las que se amenaza la comisión de un delito no se imponen y, sencillamente, el sistema penal “vigente”, al margen de la ley, utiliza el “proceso” como pena, manteniendo, sine die, a los procesados en edificaciones para condenados o en retenes policiales que se han convertido en cámaras de torturas y de degradación humana, a la par de los establecimientos “oficiales” de cumplimiento de penas, en manos de pranes que se rigen por sus propias reglas y con el “único” beneficio alternativo de la sujeción a medidas sustitutivas arbitrarias que excluyen al procesado de la vida ciudadana, forzándolo al exilio o imponiéndole otras medidas violatorias de sus derechos.

El panorama carcelario venezolano es verdaderamente dramático y ninguna medida efectiva se ha tomado, dado que la falta de preparación de los jueces, salvo muy contadas excepciones, la ausencia de una carrera judicial, las carencias de la Fiscalía y el poder policial, se han encargado de constituir un tenebroso aparato de injusticia dependiente del Ejecutivo, que se ha propuesto y ha conseguido que el terror de un proceso penal, manipulado por el Ejecutivo, sirva como instrumento eficaz para ejercer la persecución selectiva de quienes son definidos como “enemigos” del sistema y deben pagar por su marginalidad social o por su condición de disidentes políticos.

El peor castigo que se cierne sobre un ciudadano es su sometimiento a un supuesto proceso penal que se inicia normalmente por una detención arbitraria que solo concluirá con una “orden de arriba” o con el cese de la persecución, una vez admitidos los hechos.

La única pena que, en verdad, se impone en Venezuela es el proceso penal, determinada por la voluntad, no del juez, sino de quien detenta el poder, dueño y señor del sistema vigente.

La realidad de la injusticia penal venezolana se traduce en un régimen paralelo al legal, en el cual las “leyes” son las de la detención arbitraria, el diferimiento de todos los actos, el imperio de la violencia en las cárceles, siendo la única salida que se ofrece para el infierno carcelario: admitir los hechos y ser condenado, ya que paradójicamente, entre nosotros, resulta más favorable ser condenado, a pesar de ser inocente, que padecer la pena indefinida de un injusto proceso.

Estos son los temas que se tratan en esta publicación que recoge las atinadas reflexiones de profesores universitarios y abogados conocedores de la teoría y de la práctica penal, unidos por el objetivo de una verdadera cruzada para cambiar la faz de las páginas tenebrosas de la realidad penal venezolana.

aas@arteagasanchez.com

@ArteagaSanchez

El Nacional

18 de febrero de 2019

 2 min


Tanya Miquilena y Werner Corrales Leal

Buenas tardes amigos… Voy a comenzar con un sincero reconocimiento a la Universidad Metropolitana por su compromiso con la libertad y el desarrollo de Venezuela aún en nuestros momentos más oscuros, y expresando mi agradecimiento a sus autoridades el rector Benjamín Scharifker, las Vice Rectoras y la Secretario General profesoras Mari Carmen Lombao, María Elena Cedeño y Mirian Rodríguez, y a los decanos, por el apoyo que ellos han dado por años a las iniciativas que se ven plasmadas en nuestro libro “Venezuela, vértigo y futuro”, así como mi reconocimiento a la Universidad por el Norte académico que ha señalado al hijo de esas iniciativas que vive y se desarrolla en esta casa, el Diplomado en Liderazgo Social y Político de la UNIMET. También mi agradecimiento al profesor Oscar Valles, coordinador y alma principal de las orientaciones del Diplomado, compañero entusiasta y motor de todos los proyectos que hemos emprendido con la Universidad, que no son pocos.

Además, agradezco a todos Ustedes su acompañamiento de hoy, y reitero nuestra deuda de gratitud con quienes fueron parte de la iniciativa de la cual es producto nuestro libro, y con quienes hoy siguen llevando a cabo los proyectos Quiero un País y La Venezuela Que Queremos Todos. El díptico que tienen Uds. en sus manos y el video con el cual se inició este acto, como anunció Adriana, nuestra Maestro de Ceremonias, intentan hacer patente nuestra gratitud a tantas personas a cuyas visiones, esfuerzos y apoyos debemos que la iniciativa esté brindando hoy este fruto.

Y finalmente agradezco en el nombre de Tanya y en el mío propio a Héctor Silva Michelena, nuestro muy querido amigo y profesor, que siendo muy jóvenes nos abrió las perspectivas teóricas del desarrollo económico, a quien siempre vimos como ejemplo a emular de honestidad intelectual y compromiso con la \ verdad, por sus enseñanzas académicas y ciudadanas, y por habernos honrado prologando nuestro libro.1

Hoy es un día muy especial para quienes escribimos “Venezuela, vértigo y futuro”, dos especialistas en desarrollo y no dos profesionales de la política, porque él marca la conclusión de una etapa de nuestras vidas, que tomó casi una década, en la que vivimos las experiencias más enriquecedoras, de interacción con líderes de base, de consultas con los académicos y especialistas más lúcidos de nuestro país, de discusiones con dirigentes que han arriesgado sus vidas por rescatar la democracia, y de contacto con jóvenes que se forman y luchan en un país que pareciera ofrecerles poco pero que ellos se empeñan en relanzar. Aprendimos mucho más sobre nuestros temas del desarrollo en la Venezuela adolorida de los últimos años, abrevando de aquellas fuentes, que en el resto de nuestras vidas estudiando o coordinando políticas públicas en cualquier otro tiempo o lugar.

Hecha esta introducción, quiero compartir con ustedes las principales imágenes que Tanya y yo intentamos transmitir en el libro que hoy presentamos. Sus ideas las hilvanamos en un tejido de tres hebras que constituye nuestra perspectiva política de lo que debería ser el desarrollo futuro de Venezuela.

El primer hilo de la trama trae consigo la idea de que la reconstrucción del país solo será posible si una inmensa mayoría de los venezolanos comparte una misma visión de futuro, que los comprometa en los esfuerzos que serán necesarios para convertirla en realidad.

El segundo hilo corresponde a la concepción del desarrollo como libertad, que lo entiende como un proceso en el cual los miembros de la sociedad participan con autonomía, haciéndose agentes de sus propias vidas.

Y la tercera hebra amarra una lógica según la cual la adopción de los objetivos de desarrollo corresponde a las bases de la sociedad y no a los especialistas o tecnócratas, a quienes sólo nos concierne instrumentar esos acuerdos proponiendo estrategias y políticas para alcanzarlos, y no imponer nuestros propios objetivos.

El video que vimos al inicio de esta reunión refería que hacia finales de la década de 1970 comenzó un retroceso sostenido en lo económico, lo social y lo político-institucional, que se mantuvo hasta el cierre del siglo XX, contribuyendo a que llegase al poder el socialismo del Siglo XXI, bajo cuya égida arribamos al caos, la miseria y la emergencia compleja que hoy vivimos.

Valga destacar, para entender esa declinación, que entre 1978 y 1998, últimos veinte años de nuestra democracia, el salario medio real del trabajador venezolano se redujo en un 65% y que para 2017 la reducción ya era de un 93%; la pobreza creció de un 30 % a más del 60% y a un 87 % en los dos lapsos, y la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes se multiplicó por más de 6. Ya para finales del Siglo XX una de las consecuencias más dramáticas que había tenido esta descomposición había sido la desaparición de la cohesión entre los venezolanos, lo que facilitó el éxito que más tarde tuvieron las estrategias de dominación que puso en marcha la engañosamente denominada “revolución bonita”.

Para fundamentar las propuestas que hacemos para recuperarnos de este cataclismo, me permito comentar algunos resultados de nuestras investigaciones referidos a la dimensión real del derrumbe y a los problemas fundamentales que lo explican.

La magnitud y la extensión del derrumbe económico pueden resumirse diciendo que el retroceso, si queremos verlo así, se inició hace cuarenta años y no con los comienzos del Siglo XXI, y en términos del PIBpc real, nos ha llevado a la posición relativa que teníamos con respecto a los países desarrollados a fi nes del si glo XIX;… Si , un retroceso colosal, cercano a los 120 años!!.2

No es que sea poco el repliegue de 60 años que algunos economistas reconocen al comparar a Venezuela consigo misma a lo largo de su propia historia… es que debemos mirarnos y escudriñarnos en relación a las dinámicas globales, a lo que acontece en el resto del mundo, que mientras nosotros retrocedíamos no ha parado de progresar en nivel de vida, en dominio del conocimiento y en capacidades para competir y generar riqueza; y en particular, evaluarnos en relación a las sociedades cuyos niveles de desarrollo buscamos alcanzar.

El derrumbe es pues descomunal y no comenzó bajo la égida del Socialismo del Siglo XXI, el cual evidentemente lo agravó.2

Y al explorar las causas de ese enorme hundimiento, nos damos cuenta de que él es expresión de una crisis más amplia que un grave abatimiento de la economía; que tiene manifestaciones sociales muy serias como el crecimiento de la pobreza estructural, la cual pareciera haber pasado de menos del 30% de la población en los años 70 del siglo pasado a un valor sostenido superior al 60% a lo largo de todo lo que vá del siglo XXI; y que muestra expresiones institucionales que también se vienen agravando progresivamente desde los años 70.

Apuntamos en el libro a tres grandes problemas que explican que hayamos extraviado por cuarenta años la senda del desarrollo, tres problemas que se nos han hecho crónicos y que debemos resolver con nuevas estrategias, unas que cambien dramáticamente las orientaciones de política pública que pusimos en marcha desde los años 70 del siglo pasado.

El primer problema tiene que ver con el decaimiento de nuestras aptitudes, habilidades y competencias para generar progreso, como individuos y como sociedad…. Por cuarenta años seguidos hemos mantenido tres tendencias negativas en la creación de capacidades.

En primer lugar hemos vivido una reducción sostenida y en buena medida consciente en la escala de nuestra economía productiva, lo que derivó de haber mantenido por cuarenta años una inestabilidad macroeconómica y un sistema regulatorio que desincentivaban la inversión productiva privada,3 por una parte, y por la otra una estrategia petrolera que maximizaba la renta por barril de crudo exportado pero limitaba el quantum de producción, impidiendo así que se expresase el potencial del conjunto de la economía para crear tejidos productivos entre sectores, redes que diesen soporte a un crecimiento robusto y diversificado de las actividades de transformación no petroleras.4

En segundo lugar, desde los años 80 del siglo pasado viene desmejorando el acceso a la educación de calidad para la mayoría de los niños y jóvenes de nuestro país, los hijos de los hogares populares y cada vez más los hijos de la clase media, en desmedro de la generación de nuevas aptitudes, habilidades y competencias para la productividad, la innovación y el emprendimiento en el conjunto de nuestra fuerza de trabajo, y en menoscabo de la capacidad humana de cada persona para progresar socialmente, labrarse la vida que valora y vivirla en libertad.

Y en tercer lugar, en los últimos veinte años nos hemos rezagado y aún retrocedido en el dominio del conocimiento y su aplicación a la producción, es decir, en nuestra capacidad para conectar al aparato productivo con el sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación, el cual languidece en los últimos años, todo ello como resultado del cerco consciente y sistemático que impuso el Estado al emprendimiento privado y a las instituciones de educación superior, y de la ausencia de iniciativas vigorosas de nosotros mismos los universitarios, los profesores, investigadores y estudiantes, para llevar a cabo una renovación estructural de nuestras universidades, cuya necesidad decimos compartir hace mucho tiempo.

Los capítulos 6, 7 y 8 de “Venezuela, vértigo y futuro” los dedicamos a discutir propuestas para la nueva creación de capacidades y la reversión de los vicios que nos han debilitado.

El segundo gran obstáculo que hemos vivido en las últimas décadas es que nuestras instituciones se han degradado, lo que ha sucedido tanto en la política como en los sistemas regulatorios de la economía; en el sistema de justicia y en la protección de los derechos humanos; en la fuerza armada que ha sido convertida en una fuerza pretoriana; en las instituciones responsables de la seguridad social; en la educación superior; en nuestras relaciones con el resto del mundo; en la necesaria descentralización de lasfunciones del Estado y en la rendición de cuentas del mismo en todos los ámbitos.5

Los capítulos 9 a 12 de “Venezuela, vértigo y futuro” se dedican a la discusión de nuestras propuestas para la reinstitucionalización, que busca poner el Estado al servicio del ciudadano y no al revés.

Y nuestro tercer gran problema, derivado de los dos anteriores y a la vez coadyuvante para que aquellos no se resuelvan, ha sido la pérdida de nuestra cohesión como sociedad, que ha venido asociada a la exclusión social que ha crecido desde la década de 1980, y que ha sido agravada por la siembra sistemática de odios que implantó en los últimos años el régimen socialista. Nuestro tejido social está deshilachado y a menos que hagamos esfuerzos para reconstruirlo, ello impedirá la convivencia y los consensos que son necesarios para el cambio de rumbo que requiere nuestro desarrollo.

Para enfrentar este tercer gran problema, la Estrategia de Reconstrucción del Tejido Social que proponemos en los capítulos 13 y 14 del libro está dirigida a dos fines específicos, la reconciliación con justicia, por una parte, y por la otra la desaparición de los mecanismos que generan y perpetúan la exclusión social en nuestro país, que nos llevó a perder la democracia, los cuales proponemos disipar a través de la implementación de un Pacto de políticas públicas para el progreso de todos y la superación de la pobreza.

Nuestro reto es de largo aliento pero debemos asumirlo de inmediato y tenemos que plantearlo, como antes decía, considerando nuestra inserción en las dinámicas del mundo, ya que los años en que estaremos intentando desplegar nuestro nuevo estilo de desarrollo, estarán signados internacionalmente por dos tendencias de cuyo influjo no podremos excluirnos.

Se trata de la Cuarta Revolución Industrial que se vive en el planeta, la cual ya nos está afectando aunque no lo advirtamos, y de las tensiones globales que están tomando cuerpo como consecuencia de las confrontaciones de bloques de países, del terrorismo internacional y del desarrollo de delitos globales como el tráfico de drogas, entre otros.

Mientras mayor sea el rezago que acumulemos frente a las exigencia s de educación y conocimiento que plantea la Cuarta Revolución Industrial, y mientras más tiempo nos tardemos en comenzar a reconstruir nuestro tejido social y en recuperar la solidez de las instituciones, mayores serán los desajustes sociales y más alto será el riesgo de que los juegos políticos y los delitos globales consoliden las cabezas de playa que ya tienen entre nosotros, usen a nuestro país como tablero y desde aquí busquen irradiar al resto de América Latina.

En fin, con todo esto hago patente que Venezuela requerirá mucho más que un cambio de régimen político para que logre consolidar un nuevo estilo de desarrollo que asegure el progreso, la paz y la libertad para todos.

Ya para concluir, el propósito que Tanya y yo nos planteamos con este libro fue motivar a quienes lo leyesen para que una vez iniciada la transición a la democracia, contribuyan a reorientar el desarrollo de Venezuela, haciendo del progreso de todos y la superación de la pobreza una guía principal de sus esfuerzos.

Habremos alcanzado nuestro objetivo si el libro convence a sus lectores de que con esas orientaciones hay una posibilidad de futuro mejor para ellos y sus hijos, y si logramos persuadir con estas reflexiones a los dirigentes más claros y honestos de hoy, quienes tendrán la responsabilidad de abrir las puertas de la nueva democracia venezolana, y de crear las condiciones para que más nunca se cierren.

Pero, sobre todo, consideraremos exitoso el libro si las ideas de desarrollo como libertad que planteamos en él logran conquistar las mentes y los corazones de los jóvenes que lo lean, para quienes y por quienes habrá de construirse el futuro. Veremos retribuido nuestro esfuerzo, si entre los muchachos persuadidos por estos argumentos se encuentran los jóvenes líderes que hoy se están formando con disciplina para conducir el cambio social y guiar el desarrollo de la nueva Venezuela. A ellos lo destinamos, de todo corazón.

1, Todos los valores de indicadores económicos, sociales, políticos e institucionales que se mencionan son tomados del libro de Miquilena y Corrales “Venezuela, vértigo y futuro”, Ed Dahbar y UNIMET. Caracas, 2018.

2. Se emplea como representación del promedio de los países desarrollados el valor del PIBpc medio de los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), creada en la década de 1960. Hasta mediados de la última década del Siglo XX sus miembros reunían a los EEUU, Canadá, todos los países de Europa Occidental, Nueva Zelanda, Australia, Japón y Corea del Sur. A partir de los años 90 se fueron adhiriendo países de América Latina y países ex socialistas. En el presente son miembros Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Chile, Dinamarca, España, Estonia, Finlandia, Francia, Holanda, Hungría, Grecia, Irlanda, Islandia, Israel, Italia, Japón, México, Nueva Zelanda, Polonia, Portugal, República Checa, República Eslovaca, Suecia, Suiza, el Reino Unido y Turquía. La fracción que representa el PIBpc de Venezuela en el PIBpc promedio de los países de la OCDE, ambos medidos en dólares constantes de 2014 ha variado históricamente en la siguiente secuencia: 1870: 35,02%; 1887: 33,10%; 1907: 3 1,94%; 1927: 79,86%; 1937:97,20%; 1957: 171,40%; 1977: 98,89%; 1997: 52,16%; 2012: 46,93%, 2013: 46,47%; 2014:42,89%; 2015: 39,62%; 2016:31,76%; 2017: 27,16%; 2018:21,66%.

3 Ver la Nota al pie No 5.

4 La exportación petrolera expresada en barriles per cápita y por año se había elevado de manera sostenida, de un valor cercano a 40 alrededor de 1940, a 140 a mediados de la década de 1960, para caer desde entonces como expresión de la estrategia OPEP, llegando a estar por debajo de 50 en 1980 y haberse mantenido en una media de 35 desde la última década del Siglo XX hasta 2015. La consecuencia de esa reducción en la escala real de la economía petrolera se refleja con un pequeño desfase temporal en los valores de PIB per cápita de los dos sectores más “modernos”, medidos en Dólares constantes de 2014 por habitante. La manufactura había elevado su PIBpc de un valor de 800 en 1940 hasta llegar a ser 2.400 en 1980, para caer de manera sostenida hasta 1.600 en 2014. Un comportamiento muy parecido muestra el conjunto de finanzas, inmobiliario y servicios a las empresas, cuyo PIBpc pasa de 800 en 1940 a 2.500 para finales de los años 70 y cae a 1.500 en 2014.

5 Algunos indicadores sobre calidad de las instituciones publicados internacional mente, dan cuenta de este deterioro en muchos ámbitos: El Índice de libertad económica colocaba a Venezuela en el percentil 50 de todos los países estudiados en 1950 y nos elevó al percentil 90 en 1980, para reducirnos al percentil 13 en 1995 y llevarnos al percentil 1 en 2015. El índice Polity de Calidad del sistema de gobierno, cuyo valor máximo es de +10, se elevó de -3 en 1950 a +9 desde 1970 hasta 1990, para comenzar a caer desde entonces hasta llegar en 2014 al punto de partida de 1950. El índice de Control de la Corrupción nos colocaba en el año 2000 en el percentil 35 de los países estudiados, para colocarnos en el percentil 6 en 2015. El indicador de Independencia Judicial, que tiene un valor máximo de 10 era de 3 en el año 2000 y se redujo a 1 en 2014. Finalmente el índice de Voz Ciudadana y Rendición de Cuentas del Estado nos colocaba en el percentil 25 en el año 2000 y nos lleva al percentil 2 de todos los países estudiados en el año 2015.

 13 min


Carlos Raúl Hernández

Desde hace años languidece el socialismo del siglo XXI, una monstruosidad apoyada por los venezolanos, significativamente sus élites, cuando ya la utopía había fenecido muchas veces. Desde los inicios del Gran Terror de Robespierre, la primera forma de dictadura ideológica en la modernidad, el drama de los revolucionarios en el poder se repite. Es un ciclo hasta ahora fatal en el que quedaron atrapados los que quisieron corregir las deficiencias de la condición humana, enderezar la madera torcida de la Humanidad por medio del ejercicio severo del poder para crear sociedades justas y armónicas.
Las revoluciones modernas se inspiran en ese afán profiláctico social que solo se observa en movimientos marginales de la Edad Media y la Antigüedad. Al principio del ciclo, se ejercen dosis variables de violencia para someter la reacción, las resistencias de los privilegiados que defienden sus oscuros y mezquinos intereses. Pero fatalmente con el paso del tiempo, encarcelados los disidentes, aplastadas las libertades burguesas y las expresiones de rechazo, el modelo sigue sin funcionar. Las empresas expropiadas quiebran, la escasez de bienes impera y la miseria, rasgo inseparable de las revoluciones, se impone.

Dicen que es obra del saboteo interno y externo, se requiere apretar la represión y afinar los sistemas de espionaje, ya no contra los opositores políticos sino contra toda la sociedad, globalmente sospechosa. Cualquier ciudadano, imbuido por la pérfida ideología del pasado puede ser terrorista o saboteador, hasta que aparezca por fin el hombre nuevo. Luego al pasar los años viene el desencanto y partes importantes del grupo dirigente entienden que el sistema no sirve, que es un fracaso, que lo que era la ciudadanía en la sociedad anterior, hoy mera población, es cada vez más pobre e infeliz.

Hambruna: solo en socialismo

Pero la “vanguardia” debe mantenerse en el poder a toda costa para eludir la venganza colectiva que pudiera venir sobre sus cabezas. Ya perdió los ideales, por siniestros que fueran su ejercicio y sus consecuencias prácticas, y se convirtió en pragmatismo puro, en afán de conservar la cabeza en su sitio. La gente es una masa violada, hambrienta, temerosa, diezmada por las enfermedades y por la represión, que recibe alimentos escasos y de mala calidad por medio de una tarjeta de racionamiento. Sustituido el mercado por el economato.

En la estremecedora y magna obra Vida y destino de Vasili Grossman, dos militantes del Partido Comunista Soviético, maestro y discípulo que habían luchado juntos, se consiguen después de muchos años en una horrenda cárcel stalinista acusados de trotskismo. El primero, moribundo en la enfermería sobre una colcha manchada de sangre, excrementos y pus, disertaba de allí a su antiguo discípulo, que lo oía con afecto y desinterés, que la culpa del horror no era del comunismo sino de los excesos de Stalin. El comunismo seguía siendo el puro ideal a buscar.

Ya habían transcurrido por la etapa de cristalización plena de la nueva sociedad y vivían las hambrunas, rasgo distintivo, ya que en el siglo XX solamente se han producido en regímenes de la familia socialista. No debe confundirse hambruna con crisis alimentaria, porque mientras la segunda es coyuntural, la primera afecta las variables demográficas de mortalidad y natalidad y se produce cuando hay menos de tres litros de agua potable diaria por persona, con 30% de la población afectada por la desnutrición, y mortalidad de 2 por cada 10 mil personas.

Fidel, langosta y Chablis

Mientras durante la Guerra Civil en la Unión Soviética hubo un millón y medio, durante los primeros quince años de consolidación del régimen se produjeron 30 millones de muertes, gran parte por hambruna. Stalin las provocó con las colectivizaciones forzosas en Ucrania (Holodomor) y otras regiones, sin descuidar que luego de la república de 1936 y la guerra civil subsecuente, también la hubo en España. Luego Mao la engendró en China cuando decidió convertir a los campesinos en obreros metalúrgicos, y más tarde la revolución teorizada por Jean Paul Sarte y Frantz Fanon en Los condenados de la tierra, la generalizó en África poscolonial y antiimperialista.

En Cuba no hubo hambruna gracias a la ayuda del bloque socialista, que suplía la vagancia y la improductividad implantada en la isla con un subsidio directo y durante el periodo especial, a la caída del comunismo soviético, gran parte de la gente se alimentaba con conchas de plátano disfrazadas de carne mechada. En Venezuela durante los 20 años de socialismo, el gobierno consumió una asombrosa riqueza petrolera equivalente a 200 veces el ingreso de los 40 años de democracia puntofijista y el país está pisando la alfombra de la crisis alimentaria con lo que termina el mito de que las revoluciones se asfixian por el embargo imperialista.

Las revoluciones mueren porque ponen en práctica una visión aberrante de la sociedad y practican políticas demostradamente criminales. Todas transitaron por las hambrunas y los déspotas se fotografiaban con los turistas de izquierda devorando langostas y bebiendo Chablis mientras sus pueblos morían de hambre. Ni las hambrunas ni los embargos sirvieron para otra cosa que no fuera aherrojar y remachar la dominación de la nomenclatura en el poder.

@CarlosRaulHer

 4 min


El país empotrado en un verdadero berenjenal. La lucha por el poder ha exacerbado las pasiones y los bandos en conflicto como en la Guerra Civil Española se juegan el todo por el todo. Detrás de ellos las grandes potencias. En las guerras internas de pequeños pueblos siempre estarán grandes potencias. Ha sido así en el correr de la historia humana. Aunque en Venezuela aun no se ha llegado al nivel de guerra armada hay señales que apuntan a la tendencia de armar a la oposición. Se observa entre líneas en algunas de las declaraciones emitidas. ¿Será eso inevitable? En mi entender por ahí van los tiros. Las posiciones se han radicalizado y las posturas últimas de ambos lados así lo indican. El juego está trancado y no hay señales de cambio. Las diferencias son de tal tamaño que no importa el acatamiento a las reglas institucionales y constitucionales vigentes. Como topos de túnel se mueven abriendo paso hacia la toma de la colina. Arrastrando con ello todo vestigio de legalidad, derecho y racionalidad. La doctrina y la estructura normativa constitucional están siendo constreñidas para la justificación de metas y estrategias de cada bando.
Juicio a los designados

Mientras, la oposición se aferra a la instalación de un gobierno paralelo, llegada de ayuda humanitaria y movilización permanente de su gente en la calle, dentro de las líneas de “Cese de la Usurpación”, gobierno de transición y elecciones libres. El Presidente de la Asamblea Nacional Juan Guaidó que funge como Presidente Interino de la República, designa Embajadores en varios países del mundo; nombra las Directivas de Pdvsa y Citgo; ordena la entrada de la ayuda humanitaria y oficializa su llegada para el día 23F. El gobierno, por otro lado, amenaza con convocar elecciones para la Asamblea Nacional, someter a juicio al Diputado Juan Guaidó, a través de la Contraloría. Inicia juicio a los designados por usurpación de funciones. Cada uno marcando su territorio, registrando sus límites y lentamente esperando el movimiento del contendor para mover las piezas. El tablero en la mesa y las piezas de ambos tras un jaque… o mejor un jaque mate.

En juego… el poder

Está en juego el poder y quién sabe si la estabilidad democrática. El poder, a decir de Bertrand Russell, conjuntamente con la gloria, continúa siendo la aspiración más alta y la recompensa más grande de la humanidad. Y de acuerdo a Max Weber, sociólogo y científico político alemán, “Poder es la posibilidad de imponer la propia voluntad al comportamiento de otras personas”. Eso es lo que está en juego en esta compleja y crítica situación nacional. La lucha de sectores políticos, militares, económicos y sociales por el control del Estado… sus poderes públicos. Lo que no se podrá negar es el hecho de un clamor general por el cambio de gobierno. Ya son veinte años de desafueros, políticas erradas, arbitrarias y acciones fracasadas. Más de dos años de hiperinflación que metió a la población en un agudo proceso de empobrecimiento, caos de los servicios e inseguridad de bienes y personas. Una situación creada por los propios gobernantes. Fracaso de un modelo socialista que privilegió irresponsablemente la corrupción, la malversación de los recursos de la nación y permitió el ascenso al Poder Ejecutivo de personas incompetentes y carentes de adiestramiento puntual.

Sin embargo, la última palabra no se ha dicho. El momento de implosión no ha sido decretado. Ambos empujan hacia objetivos contrapuestos. Se cruzan las acciones y con aparente indiferencia ellas demarcan estrategias con sentido calculado y propósito anticipado. Todo va bien en la querella entre combatientes. Huele a libreto diseñado allende los mares. Pero del lado del liderazgo opositor comienzan a verse fisuras de descontento y división. Lo reseñan las redes y el ambiente algo tenso que se vive en las manifestaciones. Las rivalidades están allí, se expresan y comunican. Flotan los egos y las ambiciones. Algunos pescando en río revuelto. ¡Todos quieren ser presidente! Pudieran boicotearle el plan a Guaidó. Hasta ahora llevado con aplomo y resolución. No es tanto lo que ha decidido lo que impresiona, es su arrojo y valentía demostrada. Aparenta más madurez de la que tiene. Lacónico y oportuno. Sin ambigüedades ni improvisaciones. Por lo demás lo exigen las circunstancias. Yo no sé en qué va a terminar el fenómeno Guaidó; en esta situación tan compleja. Por ahora, le cambió la cara a la oposición y luce sobresaliente en su papel protagónico dentro del libreto.

fcordero@eluniversal.com

efecepe2010@gmail.com

@efecepe2010

 3 min


Estoy terminando de ver por Netflix la excelente serie de Caracol, “Pablo Escobar, el patrón del mal” que relata en detalle la carrera de este temible capo. De un bandido sagaz y ambicioso que medía fríamente sus pasos en la prosecución de su negocio –el tráfico de drogas a EE.UU.—, se convierte en un monstruo sanguinario embriagado por el enorme poder que acumuló, dispuesto a retar al Estado colombiano con una guerra a base de atentados terroristas. Obnubilado, pierde toda capacidad de discernir sus límites y se embarca en una temeraria y cruel confrontación que provoca muchas muertes y, finalmente, la suya: “el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente” (Lord Acton dixit). La serie revela a un psicópata que no se detiene ante consideraciones morales, políticas o legales para subirle la apuesta al Estado por cada revés sufrido. Lo insólito es que va “justificando” sus crímenes con una curiosa ética que considera legítimo su oficio. Deshonestos, injustos, marrulleros y corruptos son los funcionarios públicos, no él. Culpabiliza a la oligarquía colombiana por arrinconarlo como un antisocial. La organización criminal que forjó, absolutamente obsecuente y vertical, junto a los demás capos socios, le refuerzan su conducta ciega de violencia, empujándolo a la conflagración final.

Escobar quiso capturar al Estado desde afuera, desde su posición de poderoso capo mafioso, uno de los hombres más ricos de Colombia. Tuvo en su nómina a oficiales de policía, funcionarios públicos y por lo menos un senador de la República. Coqueteó incluso con la idea de una candidatura presidencial suya. Más, en definitiva, no pudo poner las instituciones del Estado a su servicio, a pesar de haber intentado arrodillarlas asesinando a un ministro, a altos oficiales de la policía, al procurador y a Luis Carlos Galán, quien se perfilaba como próximo presidente de Colombia.

El paralelo con Maduro y sus cómplices es ineludible, a pesar de que sus negocios se centran más en la depredación de la riqueza social que en el narcotráfico. Pero donde fracasó Escobar, la mafia militar civil venezolana tuvo éxito. Se evitó tener que buscar el control del estado desde afuera porque ya lo había conquistado desde adentro. Habiendo capturado la presidencia en elecciones legítimas, Chávez empezó a desmantelar sus instituciones y a arrinconar las fuerzas de mercado, abriéndole oportunidades a allegados para toda suerte de corruptelas. La acumulación de fortunas pasó a depender cada vez más de la correlación de fuerzas derivadas de la estructura de poder, fomentando complicidades internas que terminaron colonizando al aparato estatal. Central a ello fue corromper la cúpula militar.

Igual que “el patrón del mal”, Maduro, siendo dictador, se fue embriagando con el poder desmedido, perdiendo la perspectiva de sus limitaciones. Cuando los precios del crudo revirtieron desde los niveles extraordinarios alcanzados, prefirió recostarse en la complicidad de militares corruptos que en intentar legitimarse corrigiendo sus políticas. Le declaró así la guerra a la sociedad venezolana, labrando trincheras fraudulentas para ello: una asamblea constituyente y un tribunal supremo desvergonzado. Y como Escobar, desafía abiertamente al mundo y recluta malandros para su defensa. Rota su conexión con la realidad, no se da cuenta que se le acabó la partida, que debe negociar su salida.

El temible capo de Medellín hizo explotar un vuelo de Avianca y a edificios públicos, matando a muchísimos inocentes. La crueldad de Maduro sacrifica millares de vidas igualmente inocentes impidiendo la entrada de ayuda humanitaria. Y, como el capo --quien alegaba ser de izquierda--, se encubre en una retórica justiciera para echarle la culpa a otros de sus crímenes.

Escobar, abandonado por sus antiguos compinches, termina acribillado por la fuerza pública. Se le había cerrado toda otra salida. ¿Qué va a decidir la mafia venezolana una vez termina de resquebrajarse la complicidad militar? Para bien de los venezolanos, se les está ofreciendo salida.

Economista, profesor de la UCV.

humgarl@gmail.com

 3 min