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Opinión

Edgar Benarroch

La política es una actividad con contenido ideológico orientada a la toma de decisiones de un sector, encaminada a lograr preconcebidos objetivos siempre en función del Bien Común. También es una forma o manera de ejercer el poder con la intención de hacerlo medio eficaz en la solución de los problemas colectivos e interceder para minimizar hasta donde sea posible el natural choque de intereses. La política va mucho, pero mucho más allá de la cosa pública, es una actividad de la que es bastante difícil sustraerse porque ella está presente en todos los ámbitos, o casi todos, de la vida humana.

Para algunos pensadores la política es solamente la ciencia cuyo objeto es el estudio del poder y de este concepto se desprenden los más variados y distintos criterios. Nicolás Maquiavelo en su obra El Príncipe, que lo hizo famoso, afirma que el rey debe reinar y para él es válido todo lo que haga y como lo haga, es decir, groseramente sostiene que "el fin justifica los medios". Para nosotros la política es una actividad mucho, pero muchísimo más elevada y trascendente sujeta permanentemente a la ética y orientada a la consecución del Bien Común a través de medios humanizados y respetuosos y donde nuestra vocación de servicio esté permanentemente presente y constituya motor de la acción. Bien la definió el Santo Papa Francisco como una manera muy alta de la práctica de la caridad, por entenderla como servicio permanente e irrenunciable

La política además de poder y gobierno es también sociedad, familia y ser humano, es dignidad y justicia en libertad y es la eterna búsqueda de la felicidad colectiva. Si ciertamente no podemos escapar de la política, porque ella toca nuestro desenvolvimiento humano, la única manera de entendernos en sociedad es comunicándonos, es dialogando y estableciendo normas para una sana y adecuada convivencia. El diálogo, la conversación, el intercambio de ideas y la discusión es propio e inherente a la política.

Cuando hablamos de dialogar nos referimos entre todos, con los que comparten nuestros ideales y con los que no. Con los primeros para perfeccionar y practicar nuestra vocación de servicio siempre privilegiando la solución de los problemas de los más necesitados y con los segundos para acordar en función del interés nacional normas que nos permitan civilizadamente desenvolvernos. Si no existe diálogo lo más seguro es que aparezca la violencia y nos comuniquemos con pólvora y plomo. Esto último quedó en el pasado como un muy mal recuerdo y nunca debe renacer. Hoy estamos obligados, emplazados por la historia y es de nuestro deber conversar para atender con éxito la hecatombe que nos es común.

Me alarmo y preocupo cuando escucho o leo opiniones que establecen que con el gobierno no podemos ni debemos hablar (sé que existen muchas razones para pensar así), llegan a decir que si la oposición lo hace es por estar vendida o por traición.

Estoy en el más del 80% del país que desea la salida cuanto antes de este régimen que tanto daño nos ha causado. Pero también soy un empedernido partidario del diálogo, creo que es el camino adecuado para entendernos con civilidad. Lo otro es retornar a la época de las cavernas donde los más fuertes y de mayor poder mandaban e imponían sus normas.

Durante la llamada "Guerra fría", que se inicia después de la Segunda Guerra Mundial y termina con la desintegración de la URSS en 1962, se presentó tal vez la mayor crisis de estos tiempos por la instalación de una base de misiles nucleares de la Unión Soviética en Cuba. Los Estados Unidos al percatarse de ello solicitó al gobierno ruso su inmediato desmantelamiento por considerarla atentatoria a su seguridad. La Unión Soviética se negó y se inicia entonces un estado de tensión que apuntaba al desarrollo de la tercera guerra mundial. John F. Kennedy (Presidente de los Estados Unidos) y Nikita Kruschov (Primer Ministro ruso) inician un proceso de intenso diálogo que culmina con el retiro de la base misilística rusa en Cuba (con la impresionante y desconcertante negativa de Fidel Castro, que cuando se produjo organizó una manifestación pública contra Kruschov a quien tildó de la manera más impropia, grosera y ofensiva) y también los Estados Unidos retiraron la base misilística que tenían en Turquía . Fue el diálogo de estos dos estadistas, total y frontalmente opuestos, que le evitó a la humanidad un conflicto bélico cuyas consecuencias aún estaríamos viviendo. Esa gravísima crisis se resolvía dialogando o con cañones, afortunadamente ocurrió lo primero.

Si hablando, dialogando y reuniéndonos logramos la salida, demos gracias a Dios. Agreguemos que en mi criterio es de más interés de la oposición el diálogo que del gobierno. Ese diálogo debe ser para salir del régimen cuanto antes (hay que ponerle fecha y pronto), para extinguir la inconstitucional Asamblea Constituyente, nombrar un nuevo TSJ, Fiscal General, Contralor, Rectores del CNE y reconocer la Asamblea Nacional como único órgano constitucional en su origen y desempeño. Entiendo son estos temas los que la oposición llevaría a una eventual mesa de diálogo que considero prudente ante la cercanía del 10 de enero. En esta mesa también deben estar testigos y facilitadores de alto reconocimiento y no tarifados del gobierno que juegan exclusivamente a favor del interés del régimen y distancian el entendimiento.

La salida del régimen es con diálogo o sin él. Parece de Perogrullo pero la situación es tan apremiante que no admite puntos intermedios. Nos entendemos hablando o serán los acontecimientos que se impondrán con las seguras y lamentables consecuencias. Tan exasperante es que ha creado tanto en el gobierno como en la oposición posiciones extremas. Los extremismos nunca son recomendables porque en nada contribuyen a una solución pactada. Para nada propongo una oposición blandengue; al contrario, creo que debe ser frontal, auténtica, corajuda y sostenida Sé que tal vez desde el extremismo opositor mis puntos de vista no sean bien recibidos y a lo mejor me etiqueten, pero prefiero mil veces hablar que ver más sangre derramada en nuestras calles.

El diálogo debemos verlo sin complejos, en él solo el país gana. Entiendo que lo grueso es la salida del régimen cuanto antes y en ello debe estar centrada nuestra mayor exigencia, ojalá lo logremos y ya. Cabe la pregunta ¿Qué pasa si el diálogo no se produce o no llega a ningún acuerdo? La interrogante es totalmente procedente. Pues bien, de nuestra parte habremos cumplido con el deber de auscultar salidas cívicas, como se corresponde con el interés nacional, a esta terrible crisis. Entonces se abrirán nuevos caminos que ojalá sean sin consecuencias insalvables.

 5 min


Tim Wu

Siempre quedo sorprendido por cuántas personas me dicen que no tienen ningún pasatiempo. Podría parecer algo insignificante, pero (aunque suene grandilocuente) para mí es una señal de una civilización en decadencia. Después de todo, la idea del ocio es un logro ganado a pulso, pues presupone que hemos rebasado las exigencias básicas de la supervivencia. Sin embargo, aquí en Estados Unidos, el país más rico en la historia, parece que nos hemos olvidado de la importancia de hacer las cosas por el simple hecho de que disfrutamos hacerlas.

Sí, lo sé: es que todos estamos tan ocupados. Entre el trabajo y la familia y las obligaciones sociales, ¿cómo esperan que tengamos tiempo?

Pero he aquí una razón más profunda que se me ha ocurrido de por qué la gente no tiene pasatiempos: nos da miedo no hacerlos bien. Más bien: nos intimida la expectativa —que ya es un sello distintivo de nuestra época, tan intensamente pública y enfocada en el desempeño— de que debemos ser talentosos hasta en las actividades que realizamos en nuestro tiempo libre. Nuestros “pasatiempos” (lo considero un término anacrónico para lo que hacemos) se han vuelto demasiado serios, demasiado rigurosos; ahora se tratan de una oportunidad para sentir ansiedad sobre si en realidad eres la persona que dices ser.

Si te gusta correr, ya no es suficiente con que des un par de vueltas a la manzana: ahora hay que entrenar para los maratones. Si te gusta pintar, ya no lo haces nada más para disfrutar de una agradable tarde solo contigo, con tus acuarelas y con unos lirios de agua, sino que ahora debes buscar que exhiban tus obras en una galería, o al menos intentar hacerte de una cantidad “respetable” de seguidores en las redes sociales. Cuando tu identidad está ligada a tu forma de entretenimiento —eres un yogui, un surfista, un escalador—, más te vale hacerlo bien porque si no es así, ¿quién eres entonces?

Aquí lo que hemos perdido es la afición tranquila a tener un talento modesto, a hacer algo por el simple hecho de que lo disfrutas y no porque lo haces bien. No habría que enfatizar que los pasatiempos deben ser una actividad distinta al trabajo remunerado. No obstante, valores ajenos como “la búsqueda de la excelencia” se han insertado y han corrompido lo que solía ser el terreno del ocio, así que ya no hay lugar para el verdadero aficionado.

La población —al menos la de Estados Unidos— parece estar dividida entre los aficionados semiprofesionales (algunos tan dedicados como los atletas olímpicos) y aquellos que se retraen en el ocio pasivo en las pantallas, la marca distintiva de nuestros tiempos tecnológicos.

No niego que se puede obtener mucho sentido al practicar una actividad a nivel profesional y no miro con desdén a quien decida dedicar su vida entera a una pasión o talento innato. Hay experiencias muy profundas que traen consigo el dominio de un arte. Pero también hay una alegría pura y verdadera, un grato deleite, casi infantil, que surge al aprender y simplemente esmerarnos en lo que practicamos. En retrospectiva, se darán cuenta de que los mejores años de sus clases de buceo o de carpintería, por dar algunos ejemplos, fueron cuando apenas se iniciaban, cuando sentían exaltación tan solo por hacerlo.

Aunque pocas veces nos percatamos de ello, los requerimientos de la excelencia están en guerra con lo que llamamos libertad.

Permitirte hacer únicamente aquello en lo que sobresales es atraparte en una jaula cuyos barrotes no están hechos de acero, sino de tus propios prejuicios. Sobre todo en el caso de las actividades físicas, pero también en muchas otras cosas, la mayoría de nosotros seremos verdaderamente excelentes solo en aquello que hayamos comenzado a practicar en la adolescencia. ¿Qué pasa si decides aprender a surfear a los 40 años, como yo? ¿Qué pasa si cuando tienes 60 decides aprender italiano? La expectativa de alcanzar la excelencia puede ser abrumadora.

Se supone que la libertad y la igualdad deben facilitar la búsqueda de la felicidad. Sería muy triste si solo protegiéramos los medios e ignoráramos el fin. Una democracia, cuando funciona como es debido, permite que los hombres y las mujeres se conviertan en personas libres; sin embargo, depende de nosotros, como individuos, si usamos esa oportunidad para encontrar un propósito, alegría y satisfacción.

Si sospechas que esto parece una elaborada súplica para que la gente deje de trabajar tanto, lo es.

De cualquier manera, quisiera expresarme en términos mayúsculos: la promesa de nuestra civilización, el objetivo de todos nuestros esfuerzos y avances tecnológicos, es rescatarnos de la lucha por la supervivencia y darnos tiempo para quehaceres más nobles. Sin embargo, exigir la excelencia en todas nuestras actividades puede menoscabar eso; puede ser un peligro para la libertad o puede incluso destruirla. Nos despoja de una de las mayores recompensas de la vida: el sencillo placer de hacer algo solo porque lo disfrutamos profundamente.

20 de diciembre de 2018

New York Times

https://www.nytimes.com/es/2018/12/20/disfrutar-pasatiempos/?action=clic...

 3 min


Ewa Widlak

Hace unos días asistí a una conferencia sobre la presencia de las mujeres en los consejos de administración. En ella los ponentes afirmaban que para mejorar la economía se necesitan más mujeres en puestos de liderazgo, y que en España las empresas tienen por delante un largo recorrido para que se pueda hablar de una igualdad efectiva.

Durante el descanso, un director de Recursos Humanos me quiso convencer de que si hay un escaso porcentaje de altas directivas es por culpa de las mismas mujeres, por su falta de ambición, y porque probablemente ello se debía a una cuestión cultural. Le expliqué entonces que las mujeres no son menos ambiciosas que los hombres, sino que a lo largo de su vida encuentran muchos obstáculos para desarrollar plenamente sus aspiraciones.

Para empezar, el hecho de que las mujeres expresen poco sus ambiciones no significa que no las tengan, sino más bien que no cuentan con un entorno propicio para hablar de ello. Desde la más tierna infancia tanto los niños como las niñas están expuestos a unos comportamientos estereotipados que ellos terminan por asimilar. Por eso, aunque los bebés no entiendan lo del color rosa o azul, a partir de los cinco años ya empiezan a darse cuenta que no se les trata igual y que existen diferentes expectativas en función de su sexo. Esta diferente actitud tiene un impacto nefasto en las perspectivas y ambiciones de las chicas. Una investigación de la Universidad de South Carolina en 2007 demostró que desde los cinco años los niños empiezan a elegir los juguetes según el género, y lo hacen presagiando la aprobación de los padres. Es a esta edad cuando las chicas abandonan sus sueños de ser presidentas, astronautas o directivas de empresa.

Todavía hay directivos que consideran que solo las mujeres deben beneficiarse de las normas laborales de conciliación

A medida que las niñas van creciendo, la presión social sigue aumentando, lo que tendrá un impacto en sus expectativas y en su comportamiento en el entorno laboral. Aunque hoy en día hay más y más mujeres que rompen el molde e intentan alcanzar sus ambiciones profesionales, con frecuencia se duda de su capacidad de liderar o, todavía peor, se las critica por poseer unas cualidades que se aprecian en un hombre. Cuando un hombre pasa muchas horas en el trabajo se le considera un trabajador dedicado y fiel y, por lo contrario, si lo hace una mujer la pregunta es quien estará cuidando de sus hijos. Cuando de un hombre se dice que es asertivo, de una mujer se habla de que es agresiva.

En 2015 un grupo de científicos de la Universidad de Yale presentó los resultados de su investigación, y afirmaron que las mujeres en puestos directivos tardaban bastante más que los hombres en ganarse el respeto de sus subordinados. Mientras se da por hecho la capacidad del hombre para ser un buen líder, se cuestiona la misma capacidad en las mujeres y se les exige demostrarla constantemente. Y aunque se pretenda que los nuevos modelos de liderazgo se basan más en cualidades tradicionalmente atribuidas a las mujeres, como la empatía o la capacidad de colaborar, el concepto de think manager, think male de Virginia Schein sigue siendo parecido al de los años 70.

Además de a estos prejuicios sexistas, las mujeres también tienen que enfrentarse a otra importante dificultad: la carga del trabajo doméstico que casi siempre recae sobre ellas. En 2016 McKinsey publicó un informe que demostraba la relación directa entre la implicación en las tareas domésticas con una menor predisposición a aceptar una promoción, que normalmente implica muchas más horas en el puesto de trabajo. Aunque según el estudio lo importante no era tanto el sexo de la persona como la carga del trabajo en casa, las persistentes desigualdades en cuanto a la división de responsabilidades dentro de la pareja hacen que el rechazo de una promoción por temas familiares sea un problema femenino. En España las mujeres, todavía vistas como las vestales del hogar familiar, trabajan en las labores domésticas una media de 3 horas más al día que los hombres. Un hecho desproporcionado que representa semanalmente 21 horas más de carga para atender a los cuidados y las labores de casa, totalmente necesarios para mantener el bienestar de la familia y que no están remunerados.

Si bien es cierto que un número cada vez mayor de hombres quiere implicarse más en las tareas domésticas, con frecuencia deben hacer frente a la incomprensión, cuando no a la incredulidad, de sus jefes. Aunque en muchas empresas existen normas escritas para facilitar la conciliación, todavía hay directivos que consideran que solo las mujeres deben beneficiarse de estas. Esta mala interpretación de la igualdad de género impide la corresponsabilidad y tiene el efecto perverso de reforzar la desigualdad en el ámbito familiar y laboral.

Después de reflexionar sobre estas cuestiones a raíz de mi encuentro con aquel directivo que creía que las mujeres son menos ambiciosas, me pregunto: ¿cómo es que, a pesar de todo, las mujeres siguen siendo tan ambiciosas?

21 de diciembre 2018

El País

https://elpais.com/elpais/2018/12/20/opinion/1545304759_287469.html

 4 min


​José E. Rodríguez Rojas

Algunos comunicadores sociales y políticos plantean una visión en la cual responsabilizan a los líderes de la oposición por el estado de minusvalía de la misma. Esto implica un error de perspectiva pues no toma en consideración los factores fundamentales que han llevado a la disidencia política interna a su lamentable estado, los cuales están relacionados con la política de terror instrumentada por el régimen de Maduro, que ha decidido convertirse en un Estado criminal para perpetuarse en el poder, a pesar del desastre económico y social generado.

Algunos comunicadores sociales, como los que laboran en los medios propiedad de Raúl Gorrín (Globovisión), presentan a la oposición política como postrada y desarticulada debido fundamentalmente a los errores de sus dirigentes. Esta visión es reproducida por algunos políticos no oficialistas que con frecuencia son invitados a los programas de entrevistas de la televisora de Gorrín, los cuales enfatizan los intereses y ambiciones personales de los líderes de la disidencia que impiden una mayor cooperación y un acuerdo unitario. Si bien es evidente el estado de postración y desarticulación de la oposición, atribuirlo a los errores de sus líderes es, no solo injusto, sino un error de perspectiva, pues no señala las causas fundamentales que han generado esta situación.

Una visión más acertada de las causas que han generado la postración y desarticulación de la disidencia política interna la desarrolla la revista The Economist, en un artículo publicado en una edición reciente. El planteamiento del semanario inglés es que el caso del gobierno de Maduro es extraño porque se trata de un régimen que provoca un colapso económico (hiperinflación, empobrecimiento, fuerte endeudamiento externo) y perdura. Los electores, en condiciones normales, no votan por un gobierno que los somete a una inflación desbocada y a penurias de todo tipo.

A pesar de que no cuenta con el apoyo de los electores, el régimen perdura porque ha tomado medidas para evitar o bloquear cualquier iniciativa que lo desplace del poder. En ese sentido, ha optado por convertirse en un Estado criminal que ha instrumentado una política de terror contra todos aquellos que osen discrepar de las políticas de su régimen y amenacen su permanencia en el poder. Los principales partidos de oposición han sido ilegalizados, sus líderes están en la cárcel, en el exilio o sometidos a intimidación. La tortura a los prisioneros es algo común. La Asamblea Nacional ha sido reducida a una ONG impotente. Los espías cubanos que protegen al régimen han desmantelado varios golpes de estado este año. Docenas de militares están en la cárcel.

El acuerdo de cooperación entre el gobierno de Hugo Chávez y el régimen de Fidel Castro iniciado hace varios años ha rendido sus frutos, pues Venezuela y Cuba se parecen en varios aspectos. La oposición venezolana comienza a asemejarse en su estado de postración y división interna a los grupos disidentes cubanos. Otra semejanza con el régimen cubano es como el gobierno de Maduro ha tratado de subordinar a la población mediante raciones alimenticias (bolsas Clap) a cambio de lealtad política. Al lado de ello, en ambos países, una parte minoritaria de la población recibe remesas de sus familiares en el exterior conformando una sociedad con enormes desigualdades. Sin embargo, a diferencia del cubano el régimen de Maduro es un Estado criminal que cobija una madeja de pillos que contrabandean gasolina, cocaína y explotan oro en el sur de Venezuela, generando un ecocidio de enormes proporciones.

La gestión del gobierno de Maduro ha generado un colapso económico nacional el cual debería haber ocasionado su caída, pero debido a la política del terror que ha instrumentado, con apoyo del régimen cubano, ha logrado perdurar en el tiempo. Ha contado para ello con la complicidad de algunas personalidades como Rodríguez Zapatero y el nuevo gobierno de Pedro Sánchez que insisten en nuevas negociaciones como salida, a conciencia de que estas probablemente lleven a una mayor división del frente opositor. El único propósito del gobierno es atornillarse en el poder y perpetuarse en el mismo. No le importa si los venezolanos emigran o se quedan, si pasan hambre, si apoyan al régimen o lo rechazan. Si la presión de la comunidad internacional no se intensifica todo evidencia que continuará en el poder a pesar del desastre económico que ha generado.

Nota: Este escrito está basado fundamentalmente n una traducción libre del artículo: The Economist. “A strangely durable ganster state”. 13 de diciembre 2018.

Profesor UCV

 3 min


Con voz propia

Pareciera lugar común la expresión ¿Y ahora, qué?, surgida de la derrota en elecciones municipales de partidos, incluido el Pusv que se atribuye “un gran triunfo”. También se vanaglorian discurseadores(ras) de oficio. Estadísticas dan incuestionable victoria a ciudadanos que suspendieron por voluntad propia, su derecho al sufragio: la abstención. De 20. 720. 000 votantes, bajaron a 2. 223. 000.

Emblemático es el municipio Baruta. El no oficialismo contaba con los 11 concejales que sin alianza fueron a reelección. De haberse dado la combinación habría sumado 27.385 votos con 11. 065 del MAS-Copei. Estaría 9.178 votos por encima del Pusv que totalizó 18.207, con los que obtendría un sólo edil en vez de los 9 que le entregaron. 80% de sufragantes decidió no participar.

Le superaron municipios como Parra de Mérida, con 88.50%; El Callao, Bolívar, 83,27%; Naguanagua, Carabobo, 81.16%.

Para el cinismo del Diosdado Cabello, la ausencia de gente en centros electorales ya no se dan las colas de hace 20 años. Tal opinión contradice a figuras del mismo régimen, como quien fuera constituyente, vicepresidente, fiscal, Isaías Rodríguez actual embajador en Italia:

“La abstención se expresa con mayor contundencia. La Oposición malbarató su caudal electoral; y sectores independientes o frustrados por el gobierno. Todo ello ha sido infortunado para el país; es cierto que el gobierno no lo ha hecho mejor”.

¿Y ahora qué? El 5 de enero 2019 Voluntad Popular asumirá Presidencia del Parlamento por acuerdo unitario que firmó Oposición para rotación del cargo. Las vicepresidencias serán de Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo y la secretaría, Primero Justicia. Incumplirlo incrementaría incredibilidad del liderazgo. El 10 del mismo mes, Nicolás Maduro iniciará un segundo mandato, a pesar del rechazo de su cuestionada elección. Lo manifestaron 14 Gobiernos del Grupo de Lima de OEA, incluyendo México. Reiteran desconocimiento al proceso electoral del pasado 20 de mayo, junto con EEUU y los 28 países de Unión Europea.

Por su lado EE.UU realiza plan de transición en Venezuela ante certeza de que la crisis que vive este país puede provocar caída del régimen. Once senadores republicanos y demócratas elaboraron ley dedicada a preparar para ese cambio inminente, con 55 millones en fondos de ayuda para la reconstrucción. Objetivo: «restaurar ley y democracia, liberar a presos políticos, permitir entrega de ayuda humanitaria y crear condiciones para elecciones libres y democráticas».

De otra parte líderes latinoamericanos reunidos en Miami analizaron aprobación por parte del Presidente Trump de un Estatus de Protección Temporal para venezolanos.

Aliados del régimen están conmovidos. Tal es el dirigente español de Podemos, Pablo Iglesias. Considera al chavismo “imperante por casi 20 años es demoledora. La corrupción sigue siendo una realidad en el funcionamiento de su administración y ministerios Ni siquiera ha logrado pactar modelo de país con la oposición”

La repuesta es común: "Gobierno que se quiera ir de Venezuela con sus embajadores, que se vaya. Ningún embajadorcillo me va a poner mala cara. ¡O respeta o se va! Que EE.UU y sus gobiernos satélites hagan lo que quieran", precisó Maduro en rueda de prensa. Ya habla de pie de guerra de 1. 600. 000 milicianos entrenados.

En esta crisis invocamos la noche de paz, noche de amor del villancico austriaco del maestro de escuela y organista Franz Xaver Gruber y el sacerdote Joseph Mohr. Fue interpretado por primera vez el 24 de diciembre de 1818 -hace 2 siglos- en el evento Tregua de navidad de la iglesia de San Nicolás, de Salzburgo.

Al MARGEN

Con su peculiar acción burlesca de indigna humillación al pueblo, el régimen publicó lista de productos básicos sometidos a regulación. Con la esperanza no perdida aun esa gente acudió a los mercados y comprobó el engaño. Los expendedores no le pararon. jordanalberto18@yahoo.com

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El comentario de la semana

Estos días decembrinos son cada vez más, y este año en particular, propicios para una mezcla de sentimientos, que cambian de persona a persona, pero que en definitiva para todos tienen sus dosis de alegría y tristeza.

Tristeza por los que ya no nos acompañan, que mitigamos recordando los buenos momentos que pasamos juntos como ratificación de que la vida cesa pero lo vivido en común no se extingue en nuestra memoria hasta el final propio y quién sabe si perduran después.

La alegría viene de esos recuerdos y de la dicha de ser días en los que comprobamos, una vez más, quien nos quiere y a quienes queremos, al tratar de mantener la tradición de celebrar sin limitarla a la disponibilidad de los bienes materiales. Cada quién “echando la casa por la ventana” según sus posibilidades y aprovechando para rescatar el valor de la familia y los amigos, también dentro de los parámetros que hemos decidido imponernos.

En resumen, son días en los que cada uno de nosotros siente lo que siente, por lo que resulta imposible describirlos como iguales para todos.

Otra cosa es cuando revisamos las condiciones en las que discurre este diciembre de 2018.

En lo material, que no es lo que más deberíamos valorar, sufrimos una inflación desbocada que hace indescifrable cuánto se requerirá la semana próxima para tratar de adquirir los alimentos y medicinas indispensables para mantenernos vivos. Esto va acompañado de un discurso oficial que trata de vendernos un país que no existe y a pesar de que el régimen literalmente trata de comprarnos, su propia ineptitud lo ha dejado sin recursos para la intentona.

Las condiciones económicas no hacen otra cosa que empeorar día a día, lo que se traduce en un clima social asfixiante que se enrarece con más atropellos a los derechos humanos, llagando al extremo de tomar vidas y libertad física de los venezolanos, pasando por la negación creciente a la salud, a la educación, a la información y a otros muchos de esos derechos, sin olvidar la agresión reiterada a nuestro entorno natural, que se hace escandaloso cuando observamos impotentes la destrucción minera que se impone a las áreas ecológicamente más vulnerables de nuestra geografía.

Todo ello nos lleva a reiterar nuestro convencimiento de que hay que recuperar las instituciones venezolanas y que para ello es indispensable el retorno a la normalidad constitucional, que permita la elección de un gobierno resultante de la decisión libre y soberana de los ciudadanos, sin más atropellos ni violaciones a las leyes y normas que nos rigen.

Hacemos un llamado a todos nuestros compatriotas para la consolidación de la unión entre los venezolanos de buena voluntad, al entender que esa voluntad no es otra que la de vivir en paz, en un país de igualdad de oportunidades para todos, en el que el progreso sea producto del esfuerzo y donde la honestidad de las mayorías se imponga a la tiranía de los corruptos.

Feliz navidad y un 2019 de compromiso con Venezuela es el deseo de Aragua en Red

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I.

Que habría pensado Alfredo Maneiro si estuviera vivo. Que habría pensado, digo, si se hubiese enterado de que el Gobierno le puso su nombre a una empresa editorial que opera como monopolio y que, retórica y estatutos aparte, administra la censura a la libertad de prensa en Venezuela, decidiendo a su aire a quien le entrega papel y a quien no. Por lo que uno sabe de él, de su historia política o de lo que escribió en la última etapa de su vida, cuando fundó Causa Radical, cabe pensar que le habría indignado semejante ocurrencia.

II.

Señalo lo anterior porque la semana pasada se anunció que El Nacional no saldría más en su versión impresa debido a que ya no hay manera de conseguir el papel requerido, ni siquiera en la mínima versión – pocas páginas, escaso tiraje - en la que últimamente venía saliendo. Se une, así pues, a otras muchas publicaciones, y pasa a formar parte de una estadística que muestra la eficacia obtenida por el gobierno en su empeño de limitar la información y, general, de estrechar, cada vez más, los espacios democráticos. Una estadística que hace parte de la vida de un país gobernado desde una narrativa delirante que sirve de envoltorio a un progresivo autoritarismo, orientado por un proyecto político, que no obstante la pretensión de mostrarse como del siglo XXI, fue concebido en la centuria pasada, vuelto escombros en el muro de Berlín a final de los ochentas y revisado y criticado profundamente desde el propio campo de buena parte de la izquierda mundial.

III.

Si se me permite un toque personal diré que El Nacional es un periódico que he leído regularmente desde los nueve o diez años de edad, al principio sólo en su sección deportiva, énfasis fútbol y un poco más tarde béisbol. Pero luego de cierto tiempo lo empecé a revisar completo y descubrí de a poquito que, como alguna vez dijo Thomas Mann, el responsable de esa obra maravillosa que es la Montaña Mágica, “… en nuestro tiempo el destino del hombre muestra sus significados en términos políticos…”. En sus páginas he ido encontrando, así pues, informaciones y opiniones que, compartidas o no, me han ayudado a descifrar el país que somos, en el que vivo, tarea esencial, sobre todo en estos últimos tiempos en los que se ha pretendido apretujarlo en un relato político simple y maniqueo, construido en modo pensamiento único, que sataniza la discrepancia y desfigura la realidad.

IV.

Fundado en 1943, sus 75 años, vividos como han sido vividos por El Nacional, no son obra menor y muestran a un periódico que tiene un muy buen pasado por delante. Equivocados están quienes creen que una rotativa desenchufada alcanza para que deje de ser lo que ha sido, lo que ha representado para el país. Y para uno.

El Nacional, 19 de Diciembre de 2018

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