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Entre la falta de datos y la adicción digital colapsa el razonamiento en Venezuela

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La evaluación internacional de las pruebas PISA 2025, desarrollada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sobre una muestra representativa de más de 760.000 estudiantes de 15 años en 91 países y economías, ha encendido una alarma educativa a escala mundial al registrar las calificaciones promedio más bajas de toda la serie histórica iniciada en el año 2000. 

A este declive global se suma la falta de estadísticas en Venezuela, cuya ausencia de los rankings internacionales mantiene al país sin un parámetro para calibrar el aprendizaje de los jóvenes frente a los estándares de la región. Sin embargo, los diagnósticos de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) confirman que el sistema nacional presenta una grieta similar a la del resto del planeta, marcada por deficiencias en comprensión lectora y un desplome estructural en matemáticas, donde la gran mayoría de los alumnos resulta reprobada.

Los datos del informe PISA confirman un deterioro severo y acelerado en las competencias fundamentales de la juventud global, especialmente en lectura y matemáticas, en las que los promedios de la OCDE sufrieron caídas de 28 y 22 puntos, respectivamente, durante el último decenio, deficiencias que los especialistas equiparan a perder entre un año y un año y medio completo de escolarización. 

Además, la proporción de estudiantes que se ubica en el nivel de bajo rendimiento simultáneo en ciencias, matemáticas y lectura escaló hasta alcanzar a 20% de los adolescentes evaluados en el mundo desarrollado.

Esta crisis mundial expone un abismo geopolítico marcado en los aprendizajes, puesto que las economías de Asia Oriental revalidaron una hegemonía absoluta frente al estancamiento de Occidente. Las jurisdicciones chinas de Pekín, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang (B-S-J-Z), junto con Singapur, Taiwán, Macao, Japón y Corea del Sur, coparon las posiciones de honor en las tres áreas evaluadas, alcanzando puntajes sobresalientes como los 597 puntos en ciencias, 612 en matemáticas y 527 en lectura registrados por las provincias chinas. 

Singapur registró el puntaje más alto del mundo en lectura con 535 puntos, además de 560 en ciencias, 563 en matemáticas y 563 en resolución de problemas computacionales. 

Por el contrario, potencias europeas tradicionales sufrieron caídas históricas sin precedentes: España firmó sus peores resultados en la serie PISA con desplomes en todas las áreas, mientras que naciones como Francia, Alemania y la emblemática Finlandia perdieron más de una decena de puntos en sus promedios. Entre las excepciones occidentales destacaron el Reino Unido y Brasil como los únicos grandes sistemas que lograron revertir la tendencia y registrar mejoras.

El informe de la OCDE pone de manifiesto dos estrategias opuestas frente al dilema de la tecnología en el aula. Por un lado, Finlandia, tras años de retroceso continuo desde su época dorada, decidió restringir el uso de teléfonos celulares en los colegios para frenar la dispersión y devolverle la autoridad pedagógica al docente. Por otro lado, Estonia se consolidó como el referente educativo más destacado de Europa apostando por una integración profunda de la inteligencia artificial, al otorgar herramientas de OpenAI a docentes y alumnos de secundaria dentro de un ecosistema respaldado por una elevada autonomía docente y sólida infraestructura pública digital. 

El análisis técnico de PISA revela que el impacto tecnológico sigue un patrón de U invertida: el uso educativo moderado favorece el aprendizaje, pero la presencia de dispositivos digitales con fines recreativos durante las horas de clase castiga severamente la concentración y el rendimiento académico.

El diagnóstico de PISA ha comenzado a sustentar una tesis preocupante que diversos especialistas denominan como el fin de la era de la lectura tradicional. Al respecto, la periodista Rose Horowitch escribió un ensayo para The Atlantic titulado "La era de la lectura ha terminado".

Finlandia, tras años de retroceso continuo desde su época dorada, decidió restringir el uso de teléfonos celulares en los colegios para frenar la dispersión | Foto EFE

Horowitch advierte que la sociedad contemporánea habita un mundo posalfabetizado en el cual las personas consumen más fragmentos de texto que nunca a través de redes sociales, así como correos y mensajes instantáneos, pero han perdido el hábito y la disposición de leer obras extensas.

Esta pérdida de la lectura está destruyendo las facultades humanas de comprensión superior, síntesis y pensamiento crítico. Las evaluaciones de PISA corroboran este fenómeno mediante un incremento alarmante de "lectores apresurados"; es decir, estudiantes que escanean textos de forma superficial y responden apresuradamente de manera incorrecta, incapaces de sostener la atención requerida para integrar datos complejos o discernir información en la era de la inteligencia artificial.

Paralelamente, los datos de la evaluación internacional aportan reflexiones fundamentales sobre las pautas de crianza y el clima familiar. El informe refleja una creciente desconexión entre padres e hijos, evidenciada en la caída del porcentaje de adolescentes españoles de 15 años que afirma que sus padres se interesan o les preguntan cotidianamente por lo que sucede en el colegio, cifra que descendió de 77% en 2022 a 69% en 2025. En medio de la cultura de la inmediatez y la gratificación digital, los jóvenes son presionados para cultivar destrezas de largo aliento mientras sus adultos de referencia se ausentan. 

El informe destaca la necesidad urgente de que las familias sostengan límites firmes sobre las horas de sueño, los horarios de estudio y el tiempo de pantallas, recordando que el acompañamiento afectivo y el interés activo por la vida escolar constituyen barreras indispensables de protección frente a la deriva digital.

En el contexto de América Latina, los resultados confirman que la región permanece estancada y rezagada frente a los estándares internacionales, con Chile y Uruguay figurando como los líderes regionales, aunque experimentando también retrocesos en sus puntajes. 

Un hallazgo preocupante en países como Perú, Argentina, Colombia y México radica en que la brecha socioeconómica de aprendizaje pareció acortarse, no porque los estudiantes desfavorecidos hayan mejorado, sino porque los alumnos con mayores recursos socioeconómicos sufrieron la caída académica más pronunciada. En el caso peruano, el puntaje del 25% más favorecido retrocedió 21 puntos en lectura frente a un descenso de apenas 5 puntos en el sector más vulnerable, demostrando que una menor brecha estadística puede ocultar una degradación generalizada de la calidad educativa en todos los estratos sociales.

Frente a este escenario global de mediciones continuas, Venezuela permanece completamente marginada de las pruebas PISA por decisión de las autoridades gubernamentales desde el año 2003, privando al país de un diagnóstico estandarizado e imparcial para comparar el nivel de sus estudiantes frente al resto del mundo. La única experiencia aislada ocurrió en el año 2010, cuando la Gobernación del Estado Miranda aplicó de forma extraordinaria el instrumento PISA 2009+ a una muestra de sus colegios públicos y privados. 

Aquellos resultados mostraron un rezago histórico, con más de 60% de los jóvenes mirandinos ubicados por debajo del nivel básico de competencia en matemáticas y más de 40% en lectura y ciencias. Educadores y especialistas insisten en que medirse en evaluaciones internacionales no busca señalar culpables, sino establecer una línea base objetiva que sirva de punto de partida para corregir el rumbo del sistema nacional.

La gravedad de la situación venezolana queda al descubierto al consolidar los estudios nacionales presentados por la Escuela de Educación de la UCAB. Ya en el año 2001, el Primer Estudio Internacional Comparativo de la Unesco/Llece reveló que los estudiantes venezolanos de educación básica no alcanzaban los porcentajes mínimos de logro en ningún nivel de desempeño matemático. 

Más recientemente, en agosto de 2024, el propio Observatorio de la Calidad Educativa del Ministerio de Educación hizo públicos los datos de una consulta nacional que certificó una anómala "campana de Gauss invertida", caracterizada por una extrema polarización en el rendimiento donde 85,2% de los alumnos de sexto grado quedó confinado en el nivel más bajo (Nivel I) de lectura y 98,6% se ubicó en el Nivel I de matemáticas.

Los diagnósticos del Sistema de Evaluación de Conocimientos en Línea (Secel) de la UCAB, que procesó miles de pruebas entre 2024 y 2025 en escuelas públicas y privadas de múltiples estados, confirman que 8 de cada 10 estudiantes están reprobados en matemáticas, con una calificación promedio nacional de apenas 7,08 sobre 20 puntos. Aunque el área de habilidad verbal mostró una leve recuperación promedio al situarse en 10,50 puntos sobre 20, el informe advierte que 7 de cada 10 alumnos reprobaron en comprensión lectora, mostrando incapacidad para identificar ideas implícitas, deducir contenidos o redactar opiniones argumentadas. 

Asimismo, el Secel pone en evidencia la persistencia de una brecha de inequidad: los estudiantes de colegios privados aprueban verbal con 11,23 puntos y promedian 7,56 en matemáticas, mientras que los alumnos de escuelas públicas se hunden con promedios de 9,82 en verbal y 6,55 en matemáticas.

Este colapso en la lectura se comprende mejor a la luz de los datos de la Encuesta Nacional de Consumo Cultural 2025, elaborada por el Instituto de Investigaciones de la Información y la Comunicación de la UCAB (Idici – UCAB).

El estudio, dirigido por Gustavo Hernández Díaz e investigado por un equipo coordinado por el doctor Jesús Lovera junto a Johanna Pérez Daza, Edixela Burgos, León Hernández y Humberto Valdivieso, revela que 69,6% de los venezolanos manifiesta no tener el hábito de leer libros y que 92,1% no lee periódicos impresos, medio prácticamente extinguido por la coyuntura económica y el entorno de los medios.

Entre quienes se mantienen conectados con el mundo del libro, la encuesta detalla una preferencia por el formato físico tradicional: 26,2% se decanta por el libro impreso, mientras que solo 14,7% elige el formato digital y apenas 4,1% recurre a los audiolibros. Al examinar las temáticas elegidas por los lectores venezolanos, la religión encabeza las menciones con 35,0%, seguida por la narrativa con 27,0%, los libros de historia con 24,0%, los textos escolares con 19,1% y los temas de salud con 18,6%. Asimismo, la investigación preliminar vislumbra brechas de género en estas prácticas, registrándose una inclinación notablemente superior del hábito lector entre las mujeres en comparación con los hombres.

El investigador Jesús Lovera advierte que esta falta de hábito permite inferir que en el ámbito educativo nacional no se está incentivando el amor por la lectura en edades tempranas. En su lugar, el consumo de la población ha sido absorbido por el entretenimiento en pantallas y redes sociales —con WhatsApp alcanzando 89,4% de uso diario, seguido de TikTok (52,4%), Facebook (44,4%), YouTube (43,0%) e Instagram (36,3%)—, consolidando una dinámica de escape frente a la crisis donde el libro físico y la lectura profunda han sido paulatinamente desplazados.

Además, la investigación documenta un repliegue masivo hacia el hogar. Frente a las dificultades presupuestarias o de tiempo, la mayoría de la población opta por el entretenimiento hogareño a través del streaming y la televisión en lugar de asistir a espacios públicos como cines, teatros o museos.

El profesor Jaime Medina, orientador vocacional con 35 años de experiencia en la evaluación de aptitudes escolares, señala que, históricamente, los estudiantes venezolanos mostraban un rendimiento elevado en las pruebas de aptitud verbal de Bennett, Seashore y Westman, pero que en los últimos nueve años la media del percentil verbal en colegios públicos y privados cayó por debajo del percentil 15. Esta caída, dice, afecta incluso a instituciones privadas tradicionales de Caracas como el San Ignacio, el Jefferson, el Mater Salvatori y el San Agustín. 

Para Medina, la habilidad verbal y el razonamiento lógico-numérico —entendido no como matemática memorística dura, sino como la capacidad de aplicar el pensamiento abstracto a la resolución de problemas cotidianos— constituyen la columna vertebral del éxito académico universitario y la producción intelectual.

“Un estudiante que tenga problemas en comprensión de lectura va a pasar mucho trabajo en la universidad. Estamos hablando de que la habilidad verbal es un elemento de relevancia indiscutible para el ingreso en las universidades, porque cuando usted entra en la universidad, a usted ya se le acabó el gugleo y se le acabó la inteligencia artificial, porque usted ya tiene que empezar a redactar”, sostiene.

Entre los factores determinantes de este colapso verbal y conceptual, el profesor denuncia el abandono paulatino de la lectura completa de libros y novelas, sustituida por resúmenes breves asignados en la red o buscados en Google. A esto se suma el uso compulsivo del teléfono celular como un apéndice corporal del estudiante que destruye la atención y genera una adicción a la inmediatez, así como la pérdida del libro en físico y del lápiz, lo que ha tenido como consecuencia el cierre de bibliotecas escolares. 

“A veces ni les mandan a leer novelas o sencillamente les mandan resúmenes de las novelas. Eso ha incursionado en algo llamado vocabulario, porque cuando tú no tienes un hábito de lectura, cuando tú no lees, obviamente tu vocabulario va a disminuir considerablemente o no va a crecer, que es lo que está sucediendo. A esto añádele el tema de la inmediatez del celular.  Además de eso un distractor extremo, porque el celular ya se hizo un apéndice del estudiante; un apéndice corporal, o sea, usted le quita el celular y prácticamente le está cortando una mano”, explica.

La crisis se agrava por reformas curriculares que eliminaron asignaturas clave para la estructuración cerebral como Dibujo Técnico y fusionaron materias en bloques genéricos, mientras aplicaciones de celular como PhotoMath y herramientas de inteligencia artificial son mal empleadas para copiar y evitar el esfuerzo del pensamiento propio.

“Otro aspecto que está sucediendo es que el diseño curricular de bachillerato fue modificado hace unos años atrás, y se eliminaron algunas cosas. Por ejemplo, la materia de Dibujo Técnico se eliminó, que es un elemento importante para la activación del hemisferio derecho. Se eliminaron varias cosas, se unieron en una materia Geografía, Historia y Ciudadanía, que ahora se llama GHC. Entonces, eso ha hecho que los muchachos cada vez tengan un nivel más bajo a nivel de bachillerato. En cuanto al promedio, yo soy de los que siempre ha dicho que el promedio de bachillerato para mí no es un predictor de éxito académico, para nada”, afirma.

Desde el punto de vista institucional y administrativo, Medina critica la existencia de políticas gubernamentales de "permisología" y complicidad, donde el Ministerio de Educación prohíbe reprobar alumnos y obliga a los docentes a aprobarlos sin conocimientos mínimos, atando de manos al magisterio y destruyendo la mística y motivación del educador.

Además lamenta la desarticulación del Colegio de Profesores y la falta de programas de actualización docente, sumado al deterioro salarial del maestro y la eliminación de pruebas de admisión de mérito como la antigua evaluación del CNU. 

“También es un tema del gobierno, porque el mismo Ministerio de Educación no permite que se aplace a nadie. Entonces, ¿cómo haces?, si el muchacho no sabe, no tiene noción de la materia, no tiene conocimiento. ¿Cómo lo voy a aprobar?... pero hay que aprobarlo; que haga un dibujo libre para que pase. Entonces, eso es lo que está sucediendo y eso ha ido en detrimento del nivel académico, porque los bachilleres cada vez tienen menos compromiso”, lamenta.

Todo esto ocurre mientras las universidades reciben bachilleres con paupérrimo vocabulario e incapacidad hermenéutica, provocando altísimos niveles de frustración y deserción en los primeros semestres de la educación superior.

“Hay que mejorar muchísimas cosas, lo que pasa es que hay una transición entre lo que es el bachillerato y la universidad y es lo que está sucediendo ahorita, el choque, y empiezan a desertar los muchachos. Entonces, si tú entraste con 200 cupos para administración, ya cuando vas a pasar el segundo semestre te quedan 30. Al final, ¿cuántos se gradúan? 10”, agrega.

Frente a este panorama, Medina ve con urgencia la necesidad de transformar el modelo educativo para dejar de formar repetidores de contenidos y enfocarse en el desarrollo del pensamiento crítico y la producción intelectual propia. 

Resulta imprescindible, dice, rescatar el lápiz, la lectura en papel y el análisis reflexivo, capacitar emocional y profesionalmente a los docentes, y construir un ecosistema de evaluación autónoma e imparcial —a semejanza de los institutos técnicos de Chile y Uruguay— que mida periódicamente los aprendizajes sin fines políticos. 

“Los muchachos de bachillerato no van a bibliotecas, no leen un libro en físico, no subrayan, no hacen ninguna técnica de lectura, la técnica de cloze, por ejemplo. No hacen nada de eso porque todo lo copian y pegan o piden información a la inteligencia artificial o lo guglean, pero sencillamente se perdió el lápiz, se perdió el libro en físico. Eso ha sucedido desde hace unos nueve años para acá”, añade.

Solamente mediante el establecimiento de una cultura evaluativa virtuosa y el diagnóstico transparente de la realidad, reitera el docente, Venezuela podrá diseñar intervenciones pedagógicas efectivas que devuelvan el nivel académico a sus jóvenes y los preparen verdaderamente para afrontar los desafíos del mundo contemporáneo.

“Es sumamente necesario hacer mediciones nacionales, porque eso nos pondrá el piso y nos dirá cuál es nuestra realidad. Lo primero es diagnosticar. Yo no puedo hacer un tratamiento sin diagnosticar. ¿Y diagnosticar qué es? Medir, no evaluar. Hay que hacer una medición en todos los estados. No estoy hablando de que agarremos a toda la población, sino una población heterogénea en diversos estados del país entre la que midamos habilidad verbal, los elementos lógicos numéricos y de repente inclusive hasta la propia ciencia, para alinearlos un poco con el estudio de PISA. Medimos y vemos, para decir: 'este es nuestro piso y este es nuestro tratamiento'. Después la pregunta es ¿qué debemos hacer para que esto se revierta y estos muchachos que están tan bajos comiencen a subir el nivel y seamos nuevamente una potencia académica como lo fuimos en los años 70 y 80?", concluye.

www.elnacional.com/2026/10/la-alarma-global-de-pisa-y-la-grieta-silenciosa-de-la-educacion-en-venezuela/