El giro en la política de Estados Unidos hacia Venezuela marca un punto de inflexión. De un enfoque tradicionalmente bipartidista, Washington pasó a una estrategia más directa y partidista bajo la administración de Donald Trump, con un objetivo central: ejercer control firme para evitar inestabilidad regional y conducir una transición política sin colapso institucional.
Pedro Mario Burelli, exdirectivo de PDVSA y analista político, explicó que este viraje responde tanto a cálculos de política interna estadounidense como a una redefinición de la seguridad nacional. “Estados Unidos está enviando un mensaje inequívoco: aquí hay control, hay capacidad y hay decisión”, afirmó, al subrayar que la prioridad es la estabilidad del hemisferio occidental.
Superioridad militar sin guerra abierta
Burelli destacó que la reciente operación estadounidense reafirma la supremacía tecnológica y militar de Washington en la región, sin necesidad de recurrir a armamento nuclear. “Fue una demostración de poder convencional que reposiciona a Estados Unidos frente a Rusia, China e Irán”, señaló.
El objetivo, insistió, no es la ocupación ni la confrontación prolongada, sino evitar represalias, caos interno o un vacío de poder. “La lección de Irak está muy presente: no se pueden desmontar instituciones de forma abrupta sin pagar un precio altísimo”, advirtió.
La salida de Maduro: el inicio, no la meta
Uno de los principales llamados de atención de Burelli es que es un error considerar que la salida de Nicolás Maduro equivale automáticamente a elecciones. “Sacar a Maduro es apenas la primera fase. Pretender ir de inmediato a una elección es desconocer la realidad del país”, afirmó.
Según explicó, el proceso diseñado contempla varias etapas previas: estabilización política, depuración del aparato estatal y creación de condiciones mínimas de legitimidad. “La elección es el punto de llegada, no el punto de partida”, resumió.
Condiciones para una elección legítima
Burelli detalló que un proceso electoral creíble exige una transformación profunda del sistema político: un nuevo Consejo Nacional Electoral, registro electoral actualizado, garantías para el voto de la diáspora y mecanismos claros de financiamiento de campañas. “Sin reglas claras y sin limpieza institucional, cualquier elección sería una ficción democrática”, advirtió.
Además, alertó sobre la necesidad de impedir que recursos de origen ilícito distorsionen el proceso. “El dinero robado no puede volver al poder por la vía electoral”, sostuvo.
Presos políticos: el talón de Aquiles del régimen
La liberación de presos políticos avanza con extrema lentitud. De acuerdo con Burelli, apenas entre 10 y 15 % de los detenidos han sido excarcelados, lo que evidencia la resistencia interna del aparato represivo. “El régimen se sostiene sobre el terror. Desmontar ese andamiaje es, para ellos, un riesgo existencial”, explicó.
Añadió que el desarme del régimen criminal se está haciendo de forma progresiva para evitar estallidos violentos o luchas internas. “Esto no es un golpe seco, es un trabajo de artificieros”, dijo, en alusión a la complejidad del proceso.
El petróleo: entre el mito y la realidad
En el plano económico, Burelli desmontó expectativas irreales sobre una rápida recuperación petrolera. Aunque proyectó que Venezuela podría alcanzar entre 1,1 y 2,3 millones de barriles diarios en los próximos años, descartó un regreso a los niveles históricos. “Venezuela no va a volver a producir lo que producía antes sin cambios estructurales profundos”, afirmó.
Recordó que PDVSA, valorada entre 100 y 150 mil millones de dólares en los años noventa, “hoy vale prácticamente cero”, tras décadas de mala gestión y pérdida de capital humano. Además, señaló que las grandes petroleras internacionales siguen actuando con cautela. “Chevron recupera deuda; Exxon nunca volvió. El problema no son las reservas, es la confianza”, sentenció.
Reconstrucción y capital humano: la verdadera oportunidad
Pese al diagnóstico severo, Burelli cerró con una visión de optimismo realista. Aseguró estar hoy “mucho más optimista que antes”, debido al compromiso tangible de Estados Unidos y al debilitamiento del respaldo internacional al régimen.
“El principal recurso de Venezuela no es el petróleo. Es su gente”, afirmó. En su opinión, la diáspora concentra el talento necesario para impulsar la reconstrucción económica y democrática del país. “Con que regrese una fracción de ese capital humano, Venezuela puede volver a despegar”.
Un cierre sin atajos
Para Burelli, la transición será difícil y prolongada, pero inevitable. “La transición será compleja, larga y exigente. Pero por primera vez en años, el proceso parece tener dirección, aliados claros y un objetivo que va más allá de sobrevivir: reconstruir Venezuela con reglas, instituciones y verdad”, concluyó.
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