Nosotros, ciudadanos venezolanos que aspiramos el retorno de la democracia a nuestro país, sentimos la obligación de advertir, a nuestros compatriotas y a la comunidad internacional, la inquietud que nos genera el rumbo que está tomando la situación política nacional. Después de la apertura al cambio que significó la extracción y arresto de Nicolás Maduro el 3 de enero, una serie vertiginosa de eventos han ido tornando la esperanza de cambio en preocupación.
Entendemos perfectamente que la transición de un régimen autoritario con más de 25 años en el poder, no podía tener lugar de manera súbita, pero hemos venido confirmando que, lejos de generarse un cambio de régimen, lo que ha ocurrido es un recambio de nombres que acompañado con un discurso un poco menos agresivo para con la oposición, pretende generar una dinámica gatopardiana de mutar para no cambiar nada y aferrarse al poder.
El riesgo es inmenso, tanto para Venezuela, como para toda la estabilidad geopolítica de la región. La perspectiva de un supuesto mejoramiento del clima económico nacional, todavía por confirmarse, sin cambiar en absoluto el control írrito que el régimen tutelado de los hermanos Rodríguez ejerce sobre los poderes y sus instituciones, envilecidos por años de ejercicio absolutista y corrupto, es muy preocupante y debe ser entendida en su verdadera dimensión por los venezolanos.
La tutela de los Estados Unidos sobre los agentes de la mutación del régimen de Maduro, ha impuesto una dinámica de transición en tres etapas en la cual es indispensable que los venezolanos nos involucremos con un último y muy claro objetivo: la realización de elecciones presidenciales libres. Nos parece indispensable insistir que el verdadero desarrollo que debemos perseguir es aquel que primordialmente respeta las necesidades del ser humano, dentro de las cuales, en un lugar de privilegio y como condicionante, se encuentra la libertad para el ejercicio autónomo de nuestros derechos soberanos como pueblo, tal y como lo establece la Constitución de la nación.
Por tanto, debemos, una vez más, plantear la necesidad de seguir exigiendo, tanto al gobierno de facto como a quien abiertamente ejerce su tutela, la urgencia imperiosa de convocar a elecciones que nos permitan la renovación de los poderes elegibles, mediante procesos transparentes, que no excluyan a ningún venezolano, sea quien sea y resida donde resida, conducidas por una instancia dirigida por personas honorables y mediante las cuales podamos iniciar la refundación de una república, distinta y mucho mejor que la que tenemos, en la que quepamos todos, valorando y respetando nuestra diversidad.
Aquiles Martini Pietri Juan Pablo Olalquiaga
Arnoldo Gabaldon Berti Milos Alcalay
Benjamín Scharifker Santiago Clavijo
Claudio Bifano Vladimiro Mujica
Alexander Campos Alberto Ray