La sumisa ministra
Jesús Elorza G.
La llegada de un directivo a un nuevo puesto de alta responsabilidad siempre supone un reto personal no exento de riesgos. El proceso de aterrizaje exige observar con detenimiento el entorno, pulir las fricciones inevitables entre las expectativas y la realidad, y, sobre todo, evitar inspirar desconfianza e inseguridad entre sus nuevos subordinados.