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Carolina Jaimes Branger

Jóvenes de mi patria

Carolina Jaimes Branger

¡Volvieron a salir los jóvenes!… Con energía, con serenidad, asertivos. Dueños de sí mismos, seguros, con valores sólidos y convicciones arraigadas. ¡Qué orgullo!

Jóvenes con la misma gallardía y valor que sus antecesores, los estudiantes y seminaristas que pelearon en La Victoria y vencieron al «invencible» Boves. Herederos de los muy jóvenes próceres de la Independencia y de aquéllos que enfrentaron la dictadura de Juan Vicente Gómez en 1928. Hermanos de los que surgieron cuando nuestra golpeada democracia se convirtió en un totalitarismo.

La cara e ́piedra de Rafael Ramírez

Carolina Jaimes Branger

Leo en un artículo de Rafael Ramírez, “La privatización de PDVSA, un acto inconstitucional”, lo siguiente: “La existencia de PDVSA como empresa nacional, se remonta a 1976 y fue una conquista de todos los venezolanos, cuando la nacionalización de la industria petrolera puso fin al período concesionario; es decir, al control directo que, durante más de 66 años, las empresas transnacionales ejercieron sobre la producción de nuestro petróleo.

En ese período de nuestra historia, las transnacionales petroleras se llevaron más de 50 mil millones de barriles de petróleo, disfrutando de extraordinarias concesiones fiscales y durante muchos años, sin ni siquiera pagar impuestos.

Fueron los años del saqueo, de la apropiación de nuestra riqueza, transferida al capitalismo internacional, instalando el modelo rentista petrolero en el país, sumiendo al pueblo venezolano en la pobreza y la desigualdad, que ha caracterizado a nuestra sociedad desde entonces”.

Los años del verdadero saqueo, de la apropiación de nuestra riqueza, la instalación del modelo rentista que ha sumido al pueblo venezolano en la más extrema pobreza y desigualdad ocurrieron entre los años 2002 y 2013, cuando él se desempeñó como ministro del Poder Popular de Petróleo y Minería y presidente de Petróleos de Venezuela. No puedo decir que me sorprenden sus palabras, porque si algo ha demostrado, es que tiene la cara de piedra de granito.

Durante el mandato de Ramírez, PDVSA se convirtió en un instrumento político del gobierno venezolano. La empresa fue utilizada para financiar programas políticos y mantener el control del poder. La politización de PDVSA llevó a la designación de funcionarios leales al gobierno en posiciones clave, en lugar de profesionales con experiencia en la industria petrolera. Nunca se me olvidará cuando en los días previos de las elecciones presidenciales de 2006, su discurso en el que aseguró que “PDVSA era roja rojita, de arriba a abajo”, palabras que luego repitió, como si fueran una gracia, cuando en realidad fueron la consigna de nuestra desgracia.

La gestión de Ramírez también se caracterizó por una falta de reconocimiento y valoración del talento que quedó dentro de PDVSA después de que Chávez despidiera a 24.000 de los empleados y obreros más calificados. Muchos profesionales capacitados y experimentados abandonaron la empresa debido a la politización, la falta de oportunidades y la falta de incentivos. Esta fuga de talento tuvo un impacto negativo en la capacidad de PDVSA para mantener y mejorar su producción de petróleo. Esta falta de transparencia y meritocracia debilitó la toma de decisiones y la eficiencia de la empresa.

Bajo su gestión también se observó una importante desinversión en la infraestructura y el mantenimiento de PDVSA. Los ingresos generados por la industria petrolera no se destinaron a modernizar y mejorar la infraestructura de la empresa, lo que resultó en una disminución de la producción y una mayor vulnerabilidad a los problemas técnicos. La falta de inversión a largo plazo debilitó la capacidad de PDVSA para responder a las demandas del mercado y mantener sucompetitividad.

También se denunciaron numerosos casos de corrupción y malversación de fondos dentro de PDVSA. Ramírez fue acusado de permitir y encubrir prácticas corruptas, incluyendo sobornos y desvío de fondos. Estos actos de corrupción no solo afectaron la integridad de la empresa, sino que también minaron su capacidad para invertir y mantener su operatividad.

El legado de Rafael Ramírez en PDVSA es uno de desinversión, corrupción y mala gestión. Su enfoque político y falta de transparencia debilitaron la empresa y contribuyeron a su caída, lo que a su vez afectó gravemente la economía venezolana. Cuando logremos salir de este horror que ha sido el chavomadurismo, si es que algún día salimos, es fundamental aprender de los errores del pasado y recordar a esos personajes oscuros, como Ramírez, que, sin un ápice de remordimiento, colaboraron a destruir lo mejor de nuestro país.

Para entonces, no sé si estaremos todavía a tiempo de buscar una gestión transparente, profesional y eficiente en el sector petrolero para revitalizar PDVSA y promover el desarrollo económico sostenible de Venezuela. Pero espero que sí lo estemos para verlos presos, a él y a los demás responsables, pagando por la destrucción que causaron, sus pésimos manejos y su corrupción sin límites.

@cjaimesb

7 de agosto 2023

https://www.elimpulso.com/2023/08/07/opinion-la-cara-epiedra-de-rafael-ramirez-7ago/

¿Por qué no me gusta Bukele?

Carolina Jaimes Branger

Nayib Bukele es un político salvadoreño que actualmente se desempeña como el presidente de El Salvador desde junio de 2019. Bukele es el primer presidente de El Salvador que no pertenece a los partidos políticos tradicionales de derecha e izquierda, aunque antes de ser presidente fue alcalde de la capital del país, San Salvador, y también había sido alcalde de la ciudad de Nuevo Cuscatlán por el FMLN, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) un partido político en El Salvador que se fundó en 1980 como una coalición de diferentes grupos guerrilleros y políticos de izquierda que buscaban la liberación del país de la dictadura militar y la lucha por la justicia social.

De centro izquierda era el partido Cambio Democrático, con el que esperaba alcanzar la presidencia en 2019, pero fue disuelto por la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. Fue cuando Bukele dio el salto a la centroderecha con GANA, la Gran Alianza por la Unidad Nacional con la que ganó las elecciones. Es decir, que no sabemos si Bukele es de la ultraizquierda, de izquierda, de centro izquierda, de centro derecha, de derecha o de ultraderecha. Porque ahora se comporta como un mandatario de ultraderecha.

Es cierto que ha llevado a cabo una lucha firme y decidida contra las maras en el país desde que asumió el cargo. Ha promovido una política de mano dura contra las pandillas y ha implementado medidas de seguridad que buscan reducir la violencia y la inseguridad en el país y lo ha logrado. Una de esas medidas fue la creación de la Fuerza Armada de El Salvador (FAES), una unidad especializada en la lucha contra las pandillas. La FAES ha llevado a cabo operaciones de seguridad en todo el país, deteniendo a miles de miembros de las maras y confiscando armas y drogas. Bukele también ha anunciado medidas más drásticas, como el traslado de los líderes a cárceles de máxima seguridad y la abolición de los derechos que tienen los miembros de esas pandillas en prisión, como el acceso a teléfonos celulares y visitas de familiares.

Ustedes se preguntarán entonces el por qué del título de este artículo. Y es que Bukele, además de haber tenido gran éxito apresando a los pandilleros, a la vez les ha dado poderes ilimitados a los militares y a la policía. La policía y los militares son instituciones que tienen como objetivo proteger y garantizar la seguridad y la integridad de la población. Sin embargo, cuando estas instituciones tienen exceso de poder, pueden convertirse en un peligro para la sociedad y para la democracia, porque pueden utilizar la fuerza de manera desproporcionada y violenta, lo que puede resultar en la tortura, el asesinato y la desaparición forzada de personas, cosas que ya están sucediendo en El Salvador paralelamente a la razia contra las maras. El uso excesivo de la fuerza por parte de la policía y los militares genera un clima de miedo y de intimidación en la población, lo que afecta la libertad de expresión y la capacidad de las personas para participar en la vida política del país.

Otra consecuencia del exceso de poder de la policía y los militares es la corrupción. Cuando estas instituciones tienen un poder ilimitado, pueden utilizarlo para obtener beneficios personales, como el soborno, el tráfico de drogas y el control del mercado negro. Y que incurran en ellas justamente las instituciones encargadas de garantizar la seguridad y la justicia en el país, es una contradicción.

Por último, este exceso de poder de la policía y los militares lleva indefectiblemente a la inestabilidad política y a la fragilidad institucional. De hecho, ya Bukele ha debilitado las instituciones democráticas que tanto costó construir después de una guerra civil que tuvo como saldo 75.000 muertos, porque se ha consolidado como un líder autoritario con millones de seguidores no sólo en El Salvador, sino en toda América Latina y otras partes del mundo. El culto al líder es un fenómeno que puede darse en cualquier régimen político, pero se vuelve especialmente peligroso cuando se trata de un dictador -de izquierda o de derecha- que utiliza las mismas tácticas que los regímenes autoritarios que pretende erradicar. Y aquí entra el controvertido tema de los derechos humanos. Es muy fácil llegar matando y averiguar después. La consolidación del poder en manos de una sola persona siempre va en detrimento de la democracia y de las libertades individuales… ¿O es que acaso no lo sabemos los venezolanos?

Además, no existe tal cosa como “dictadores buenos” y “dictadores malos”. El autoritarismo populista es malo siempre. Aquí en Venezuela mucha gente votó por Chávez pensando que sería un nuevo Pérez Jiménez. Su argumento principal era que “Pérez Jiménez torturaba a quienes conspiraban, pero el resto de la población vivía en paz”. ¡Y hay quienes todavía piensan y aplauden eso! ¡Por eso hay tantas violaciones a los derechos humanos en el mundo!

El culto al líder es un fenómeno muy peligroso que debe ser evitado en cualquier régimen político que pretenda ser democrático. Cuando se crea una figura intocable, aquellos que la critican pueden ser considerados enemigos del pueblo o traidores, lo que dificulta cualquier tipo de diálogo y puede llevar a una situación de violencia. En este sentido, el culto al líder es un obstáculo para la construcción de una sociedad más justa y equitativa.

Debo reconocer que Bukele también ha implementado programas socioeconómicos destinados a prevenir la violencia y la delincuencia juvenil, como la creación de programas de empleo para jóvenes y la construcción de centros deportivos y culturales en las zonas más afectadas por la violencia de las maras. Otra de las medidas destacadas de su gobierno ha sido la implementación de un plan para mejorar la economía del país, que ha incluido la reducción de impuestos a las empresas y la promoción de la inversión extranjera. Sin embargo, estas medidas están favoreciendo más a los grupos de poder en el país que a la población. ¿Entonces?…

En general, la presidencia de Bukele ha generado controversia y ha sido objeto de críticas y elogios en diferentes sectores de la sociedad salvadoreña y de América Latina. Mientras muchos lo apoyan por sus políticas de seguridad y económicas, otros lo critican por su estilo autoritario y su falta de respeto a las instituciones democráticas. Me cuento entre los segundos. No se puede, o, mejor dicho, no se debe, erradicar una injusticia cometiendo otras injusticias. El tema de los derechos humanos no es fácil. Fácil es aplaudir de lejos, cuando no se es doliente de las injusticias. La historia ha demostrado que quienes usan tácticas autoritarias son una amenaza para la democracia, la libertad y la justicia. La glorificación de estos líderes puede llevar a una sociedad a la ruina, ya que estos líderes suelen ser impulsados por su propio ego y su deseo de poder. Y de esta cabuya, al menos los venezolanos, tenemos un rollo…

@cjaimesb

https://noticierodigital.com/2023/06/por-que-no-me-gusta-bukele/