La respuesta de Estados Unidos tras la salida de Maduro se apartó deliberadamente de los manuales de reconstrucción de la posguerra fría. No hay promesas de grandes planes de ayuda ni discursos de democratización inmediata. Hay contención, control de daños y condicionalidad estricta.
Las sanciones fueron el instrumento preferido porque permitían sostener una narrativa moral sin asumir una confrontación material. Ese equilibrio acaba de romperse.
Las elecciones ya no se deciden comparando programas, sino administrando emociones: cuando el miedo pesa más que la esperanza, la política deja de prometer y empieza a castigar.
Venezuela vive una guerra silenciosa, donde la fragmentación interna erosiona las bases del poder cabellomadurista más eficazmente que cualquier ofensiva armada.
Citgo, entonces, no es solo una empresa. Es el espejo donde se reflejan las consecuencias de la irresponsabilidad, la corrupción y el desprecio por la legalidad.