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¿Hacia dónde vamos, Venezuela?

Artículos de opinión
Tiempo de lectura: 2 min.

En nuestros libros de historia se describen, después del descubrimiento de América, dos periodos bien definidos en cuanto al tipo de gobierno: la época colonial y la república. La diferencia fundamental entre ambos es que, en la república, "el poder lo ejerce el pueblo y no un monarca" a través de instituciones y leyes descritas en una constitución. 

A raíz de los acontecimientos del 3 de enero de 2026 se inicia un período inédito en nuestra historia. Le tocará a los historiadores calificarlo desde el punto de vista semántico, pero ya algunos se atreven a denominar este, hasta ahora corto experimento, como un Protectorado.

Yo lo voy a denominar un Gobierno Bicefalo. 

Como en un teatro griego, es un gobierno de dos cabezas con máscaras diferentes, y cada una de ellas actúa para públicos diferentes.

Creo que hay que admitir que en otras circunstancias, los mariosilvas, las irisvarelas y el resto de los patriaomuerte ya hubieran tomado la ruta de la insurgencia violenta, mientras por otro lado, los mariacorinos extremos hubieran tomado las calles y colgado en el obelisco de Plaza Altamira a Diosdi, al fiscal y al amoroso ladrón, por lo menos. 

 El propio Donald Trump lo acaba de admitir en una entrevista en el Air Force One cuando una reportera le preguntó su opinión sobre recientes declaraciones de Delcy Eloina donde afirmaba de Nicolas era todavía el presidente legítimo. La respuesta fue, como siempre, excesivamente pragmática: "me imagino que ella tiene un público a quien dirigirse y por eso lo hace", pero de cualquier manera "she is doing a great job".

Los Rodríguez han demostrado ser unos despiadados equilibristas que están determinados a mantenerse en la cuerda floja despojados de cualquier conciencia ideológica. Su único objetivo es mantenerse en la cuerda sin caer y llegar "hasta el final". Para ello deben navegar con éxito en ese mar de contradicciones y soportar con estoicismo el enorme "bullyng" de sus gobernados de uno y otro bando. 

¿A dónde nos conduce este inédito gobierno Bicefalo? 

¿No es demasiado tolerante con personajes ya condenados y en cuyo cuello cuelga una recompensa?

¿Hay algún interés real por parte de la administración Trump en impulsar una autodeterminación en Venezuela?

No debemos perder la perspectiva de que Trump es alérgico al término democracia y es el máximo iconoclasta de la política contemporánea. Por estas razones no debemos descartar la posibilidad de que, envalentonado con el resonante triunfo del 3 de enero, esté fraguando una nueva modalidad de modelo neocolonial en Venezuela. Y que para ello, un liderazgo fuerte como el de MCM, le resulte más bien como un hipopótamo comprando en Mango Bajito. 

Eso explicaría muchas cosas.