Pasar al contenido principal

La espera

Reloj
Tiempo de lectura: 1 min.

“Quien espera, desespera”, así lo registra un antiguo dicho popular y es verdad tan clara como el agua potable, máxime en nosotros que somos tan inmediatistas, que algunos califican de error y otros de una condición que acelera lo buscado o esperado. ¿Qué queremos, qué esperamos?, un país muy distinto y bastante mejor cuanto antes, institucionalizado, con autoridades y representantes legítimos productos de la voluntad popular; decentes, probos, inteligentes y con inmensa vocación y capacidad de servicio público.

La doctora Dinorah Figuera, quien coordina nuestra representación, la del camino, en la comisión de diálogo recién instalada, afirmó que para diciembre se tendrán resultados que apuntan al país que deseamos. Estamos tan constreñidos y apremiados que nos parece diciembre muy lejano, muy distante. Entendemos que, si existe voluntad y firme decisión, acordarse en torno a un nuevo y muy distinto Tribunal Supremo de Justicia y un también nuevo Consejo Nacional Electoral, como establecer un calendario electoral, se puede lograr en breve tiempo que lo agradecería inmensamente el país. La fijación de la fecha de elecciones generales es de urgencia rotunda, el país quiere elegir a sus gobernantes y representantes cuanto antes, para así iniciar el cambio integral que queremos.

Ahora bien, al margen de la voluntad de los integrantes del diálogo señalado, debemos ejercer la más alta presión sobre ellos para que se discutan los temas trascendentes y se alcancen acuerdos en consecuencia y acordes con el gran interés nacional.

La espera es tolerable y con sentido, cuando lo esperado puede lograr de inmediato o en el menor tiempo posible; cuando se distancia mucho, nace la angustia que puede degenerar en desesperación y cuando lo esperado no es alcanzable, caemos en la utopía. Como nosotros no somos utópicos tampoco queremos caer en la desesperación, aspiramos que los acuerdos se produzcan en el menor tiempo razonable.

La responsabilidad que tienen los integrantes del señalado diálogo es inmensa y trascendente, por sus efectos en el país de ahora y de mañana. Insisto en la premura porque el pueblo da suficientes muestras de cansancio y puede llegar al tope y explotar con consecuencias que lamentaríamos por siempre. El pueblo quiere “verle el queso a la tostada”, desea ver que el árbol produce frutos hermosos y agradables al gusto

Iniciemos la presión ante la mesa de diálogo ya y sostengámosla hasta alcanzar nuestros objetivos que se corresponden con el más sagrado interés nacional. Reitero que diciembre luce lejano.