La Venezuela contemporánea se ha convertido en un escenario de desafíos monumentales para su población más joven. Lo que debería ser una etapa de formación, crecimiento y proyección de futuro, se ha transformado para millones en una lucha diaria por la supervivencia. Este artículo analiza la radiografía de una generación marcada por la crisis y el papel fundamental que le corresponde en la reconstrucción del hilo democrático.
Desde 2017, la distorsión de precios y la contracción económica prolongada han pulverizado las expectativas de la juventud. La ausencia de financiamiento y la falta de políticas públicas de estabilidad han cerrado las puertas al emprendimiento y la autonomía.
Según la Encuesta Nacional sobre Juventud de la UCAB (2021), Venezuela enfrenta el fenómeno de la "doble exclusión": El porcentaje de jóvenes entre 15 y 29 años que ni estudian ni trabajan pasó del 23% al 37% entre 2013 y 2021.
Entre 2015 y 2020, aproximadamente 880,000 jóvenes de entre 20 y 24 años abandonaron su formación, sumándose a otros 821,000 adolescentes que dejaron la escuela secundaria.
La realidad de la juventud, a menudo invisibilizada en las estadísticas oficiales, está atravesada por lo que expertos del Laboratorio de Ciencias Sociales (LACSO) y el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) denominan violencia estructural. Referida a las condiciones impuestas que privan a las personas de sus derechos humanos básicos: salud, alimentación, protección y vida adecuada."
Esta imposición no es accidental, sino consecuencia de un regimen que ha generado:
- Inseguridad alimentaria severa.
- Empobrecimiento acelerado de los hogares.
- Negación sistemática de libertades fundamentales.
- Respuestas estatales basadas en la arbitrariedad y la omisión.
Venezuela atraviesa una Crisis Humanitaria Compleja, reconocida por organismos como la ONU y la Cruz Roja. Datos de la plataforma HumVenezuela revelan la magnitud del desastre:
- 19 millones de personas (66% de la población) enfrentan necesidades humanitarias urgentes.
- 18,7 millones han perdido sus medios de subsistencia de forma irreversible.
Ante este panorama, la juventud ha optado por el exilio como mecanismo de defensa. La encuesta ENCOVI 2022 señala que el 50,5% de los migrantes venezolanos tienen entre 15 y 29 años. El país está perdiendo su bono demográfico, su capital intelectual y su motor de relevo.
En lugar de ofrecer planes de protección, el Estado ha respondido con una represión sangrienta contra las manifestaciones de los jóvenes que pacíficamente reclaman en las calles sus derechos sociales. Diferentes Organizaciones de Derechos Humanos señalan más de un centenar de muertos en las protestas realizadas: 43 personas en el 2014, 157 personas entre 2017-2019. Esta violencia estatal busca silenciar las demandas de justicia y estabilidad.
Hasta el pasado viernes 30 de enero, Foro Penal mantiene su balance actualizado al 28 de enero de 2026, con cifras que reflejan la complejidad del proceso de liberaciones y la persistencia de detenciones por motivos políticos en Venezuela.
Total, de presos políticos: 711:
Hombres: 617
Mujeres: 94
Civiles: 530
Militares: 181
Adultos: 710
Adolescentes: 1
Condenados: 183
No condenados: 528
Con nacionalidad extranjera: 65
Se desconoce el paradero de 52 personas.
Frente a esta tragedia, surge la interrogante: ¿Cómo puede la juventud propiciar un cambio hacia la libertad y la democracia?
Pese al asedio, la juventud venezolana posee la llave para transitar hacia una solución definitiva. Su papel es determinante en tres frentes:
- Participación Política Activa: La organización en movimientos estudiantiles y civiles es vital para presionar por el retorno a la institucionalidad. La participación masiva en eventos electorales, como se demostró el 28 de julio, es la herramienta civilista más poderosa contra el autoritarismo.
- Resistencia Civil y Solidaridad: La creación de redes de apoyo comunitario permite mitigar los efectos de la crisis mientras se articula la lucha por el cambio de gobierno. Ejemplo de ello, la solidaridad activa con los familiares de los presos políticos en la exigencia de Libertad Plena para todos aquellos que permanecen arbitrariamente detenidos en las cárceles.
- Vigilancia y Denuncia: Los jóvenes, especialistas digitales, son fundamentales para romper la hegemonía comunicacional del régimen, documentando abusos y difundiendo la realidad que el Estado intenta ocultar.
La historia de Venezuela se encuentra en un punto de inflexión. El esfuerzo y la resiliencia de los jóvenes, que han sufrido en carne propia el fracaso de una falsa y fallida “revolución siglo XXI”, son el motor necesario para restaurar la soberanía popular. Solo a través de un cambio de gobierno que respete la voluntad ciudadana podrá Venezuela detener la represión a las protestas, la "sangría" migratoria y ofrecer a su juventud el país de oportunidades que merece.