El papa León XIV en su visita apostólica a España, abogó por una cultura del entendimiento y nunca del enfrentamiento, indicando que el diálogo y la tolerancia entre las diferencias son fundamentales, contra la cultura del enfrentamiento, la del amor y la solidaridad. Hizo un fuerte llamado a la racionalización y la superación de la polarización política. Criticó con vehemencia el populismo y la narrativa divisionista exhortando a priorizar el diálogo fecundo por encima de enfrentamientos. Denunció las políticas migratorias inhumanas que tratan a las personas como desechos, recordando que la protección de fronteras debe equilibrarse con la obligación moral de dar refugio. Reafirmó la dignidad inalienable de los seres humanos, desde su concepción hasta la muerte natural y defendió la estructura tradicional de la familia. Afirmó que la cultura del encuentro y del amor genera estabilidad y prosperidad. Dijo que era necesario no encerrarse en ideologías prefabricadas, para abrirse a la verdad. Afirmó que la Fe Cristiana es fuente inagotable de esperanza para atender con éxito los desafíos contemporáneos. Recomendó abandonar las narrativas polarizantes para “pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad”.
Alertó que la tentación de buscar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones, continúa creciendo, mientras que la dignidad humana sigue siendo vulnerada, por ello reclamó una mayor apuesta por la cultura, la educación libre y de calidad y la trascendencia.
Al final dijo, “Evitemos las palabras que humillan o maltratan. Debemos optar por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos, por la dignidad de la persona humana, por el destino universal de bienes, por la opción por los pobres, el cuidado de la paz, la inclusión de los frágiles, por la investigación orientada a la justicia, por la verdad y la paz.
Dios quiera que las palabras del Papa no queden solamente como tales recogidas en un papel y archivadas, sino que se hagan realidad para entre todos atender con éxito los desafíos que nos presenta la contemporaneidad, que por cierto son bastantes difíciles, delicados, severos y muy comprometedores.