Pasar al contenido principal

Regalos desperdiciados (III)

Artículos de opinión
Tiempo de lectura: 2 min.

 

TRAZANDO RUMBOS

Hemos insistido en el análisis de un  tema de la mayor relevancia para los habitantes del centro del país. La razón fundamental es que millones de compatriotas pudieran sufrir daños catastróficos, si persiste la indiferencia y la irresponsabilidad de los funcionarios, obligados por ley a solventar la problemática.

El problema olvidado por años consiste en la elevación de la cota crítica del lago de Valencia de 408m.s.n.m, definida en el Decreto Presidencial 3219 del 13 de enero de 1999; al hacerlo se han causado daños humanos, ecológicos y materiales catastróficos, en extremo dolorosos, tales como la desaparición de comunidades asentadas por más de 25 años en sus respectivos ambientes.

Es de rigor mencionar a La Vaquera, Platanal , Fernando Reverón y Las Casitas; más de 1200 familias desarraigadas y sometidas a penurias por negligencia de los gobernantes.

¡Lo dicho no es todo! En la actualidad y como consecuencia de no haber tomado las medidas correctivas recomendadas, por diversos grupos, institucionales e independientes, corren la misma suerte los urbanismos situados al Sur de Maracay: Mata Redonda, La Punta y Paraparal, con el agravante de que esa eventualidad pudiera darse de modo brusco, sin oportunidad de salvar sus vidas.

Razones sobran para aseverar lo que antecede: 1.- El muro de contención fue levantado con miras de provisionalidad, 3 a 5 años, ya tiene 20 años; la altura inicial fue de 4 metros, ahora supera los 7 metros; 2.- El muro de tierra y arcilla ya sobrepasó su vida útil y pudiera fallar por debilidad estructural;  3.- La cuenca del lago de Valencia es de alta actividad sísmica, en razón de que se encuentra entre dos fallas sísmicas activas: la falla de San Sebastián por el Norte y la falla de La Victoria por el Sur; lo cual explica la existencia de dicha fosa tectónica, de más de 60 kilómetros de longitud en sentido Oeste Este .

Si partimos de la premisa de que esa gran fosa, con unos 47 metros de profundidad en el lago de Valencia , es consecuencia de miles de movimientos sísmicos, ocurridos a través del tiempo, ¿cómo no prepararnos para evitar daños similares o peores de lo vivido en La Guaira?

Lo expresado es racionalmente irrefutable. De ser así y así es, es urgente realizar en el muro una inspección profunda, mediante el empleo de alguno de los métodos conocidos, sea el radar de penetración terrestre o ultrasonido para concreto u otro que sea apropiado. Repetimos: esto ha debido ejecutarse inmediatamente después de los dos terremotos. No sigamos tentando a la suerte.