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Tiempos de transición, tiempos de aportar por el país

Artículos de opinión
Tiempo de lectura: 5 min.

ABC de la política

La Democracia en Venezuela la gesta la generación del 29, una camada de hombres y mujeres ilustrados, intelectuales y valiente, guiados por las corrientes de izquierda en la lucha de clase, ascenso de la burguesía… corrían en esos tiempos los hermanos Machado, Juan Bautista Fuenmayor, Rómulo Betancourt, Jovito Villalba, Rafael Caldera… Una elite formada con posiciones ideológicas contra la opresión, influida por discursos libertarios de Ortega y Gasset, Unamuno… Cuya generación de relevo no estuvo a tono con la responsabilidad heredada. 

Por lo que la democracia lograda, con uñas y dientes, quedó enquistada en los cogollos, políticos, económicos y sociales, en el derroche de sus valores y en el gasto de la renta petrolera. Por ello, Moisés Naín y Ramón Piñango cuando analizan el crecimiento sostenido del país durante 23 años, sin conflictos, ni revoluciones, concluyen que la armonía estaba prendida con alfileres o pegada con saliva de loro.  

El bipartidismo transformó a la política en un espacio reservado para los acuerdos, el amiguismo y la componenda, dejando de lado una sociedad con necesidades, no sólo de superación personal, que de suyo es muy importante, sino en lo básico como el desempleo, proliferación de ranchos en zonas inadecuadas, insalubridad, educación de calidad, un sistema de salud satisfactorio… cuando al ciudadano era llamado a votar a través de grandes y millonarias campañas electorales y después olvidado. 

 La democracia se forjó en la abundancia de la renta petrolera que nos hacía levitar por sus valores y principios, cuando el voto era una fiesta donde todos acudían bajo consignas, pitos y flautas, para que luego los gobernantes hicieran lo que les diera su gana y la sociedad lo propio. No sólo no se trató, ni siquiera, se intentó mejorar la calidad de la democracia, ni hablar de dar felicidad a sus ciudadanos, sino que se abrieron las puertas al autoritarismo.

            Este déficit de democracia hace que Hugo Chavez Frias llegue al poder con la promesa de acabar con las cúpulas corruptas. El chavismo se fija la meta de transformar al venezolano, en un hombre nuevo humanista y socialista, pero fracasó: - excesivo control social partidista (PSUV), - expropiaciones, - ineficiencia, - corrupción en el manejo de los servicios públicos, - mal manejo de las empresas del Estado… mientras que sus opositores incomprendieron la magnitud de una democracia participativa, reduciéndose al oposicionismo donde todo es malo, comunistas y asesinos…, creyeron que el chavismo no iba a poder implantar sus reformas, se apartaron dejándolos solos con la creación de los consejos comunales y en las elecciones, con ello más crisis política, social y económica. En efecto, el modelo chavista fracasa, pero con ellos fracasamos todos.

En los tiempos del chavismo se profundizó la mentira y la manipulación mediática, se hacía ver una revolución que no existía porque: eran otros cogollos, se hacían ver unos programas sociales como exitosos cuando realmente o no funcionaban o lo hacían a medias, como los barrios adentro, el Clap… la corrupción no sólo se ocultaba, sino que se fortalecía, en los consejos comunales, en los tribunales, en las oficinas públicas… todo el mundo corrupto, así nadie puede reclamar nada. Realidad que generó una profunda crisis de credibilidad porque como día Jean-Francois Revel la democracia se nutre de la verdad y el autoritarismo de la mentira. 

            Entonces, recuperar la democracia venezolana de las mazmorras de la incapacidad de hacer política, de llegar acuerdos, consensos, acciones dirigidas a la felicidad, la paz y a la estabilidad del país, es la tarea de estos tiempos.

Y cuando hablamos de recuperar la democracia lo hacemos desde sus valores y principios desde el pensamiento griego que pretende rescatar el filósofo Cornelius Castoriadis, comunidad, ciudad, lo común, bien común… conceptos de alguna forma perdidos con la modernidad y en especial en Venezuela.   

La democracia venezolana está viendo por el espejo retrovisor y por el canal contario a las nuevas generaciones, en una desconexión total que genera una profunda insatisfacción que no les deja otra cosa, sino pensar en migrar. Por ello, Greta Thunberg, activista ambiental tenía 16 años, cuando reclamó ante los líderes mundiales de la Cumbre del Clima de la ONU, 2019, que le robaron su infancia, pero que eso era lo menos porque era más grave que la gente se estaba muriendo, ecosistemas enteros colapsando… y que lo único que escucha es de dinero, negocios, grandes proyectos, guerras, armamento… 

Con ello, el contraste entre el liderazgo político y las nuevas generaciones. En efecto, los milenios, X o Z, rechazan la política tradicional que con un lenguaje lejano a ellos pretenden imponer unas necesidades que no tienen. Las nuevas generaciones rechazan la corrupción, los discursos rimbombantes, la mentira… ellos lo que necesitan es ver que se preocupan por ellos, que los oigan, que los atiendan, que diseñen políticas educativas, de salud, ambientales… a través de las cuales ellos sientan que pueden superarse.   

 Oigo con mucha frecuencia en estos días una queja constante en cuanto a que cómo es posible que Estados Unidos invada a Venezuela, que debemos recuperar nuestra soberanía. Pero, en el fondo no estamos viendo que esa intervención militar devela nuestro fracaso como país, en nuestra incapacidad de llegar acuerdos mínimos para salir adelante. 

No podemos quedarnos rumiando nuestro fracaso diciendo que debemos recuperar algo que se perdió por incapacidad y madurez política. Los errores como decía mi maestro Miguel Santana Mujica cargas con ellos y te los montas encima, para corregir

Corregir, pasa por entender que es necesario deponer actitudes personales y grupales y colocar los intereses del país en primer lugar. Lo cual se traduce en que la sociedad venezolana, en general, lideres políticos, sociales, gremiales, sindicales, chavistas, adecos, masistas, independientes…, haciendo propuestas, planteamientos, para el beneficio de todos, por el bien común. 

             Como dice la Biblia hay tiempo para todo y todo tiene su momento bajo el sol, la lucha de la humanidad es la lucha por el poder político, parafraseando a Lechner el cambio en las hamacas. Cada tiempo político encarna un cambio, sin hacer juicio de valor si fueron buenos o malos. La revolución inglesa niveló el poder absoluto de la monarquía con el ascenso de la burguesía; la americana crea un régimen republicano presidencialista; la francesa marca el fin del absolutismo; la suramericana consolida un modelo republicano; la primera y segunda revolución industrial crearon una clase obrera reaccionaria y exigente de derechos; el socialismo con la tesis de la conspiración de los iguales, socialismo utópico… crearon el marxismo, leninismo, maoísmo,  trotskismo; la  Perestroik  y el Glasnost liderado por Mijaíl Gorbachov produjo la caída del muro de Berlín, que en el imaginario colectivo derrumba la división por razones políticas; pero, estos tiempos en Venezuela son para aportar, apoyar, proponer, arrimar al mingo… que nos permita superar esta transición que concluya en unas elecciones libres y plurales. 

Pienso que, si todos ponen de su parte dejando de lado sus apetencias, lo cual exige más sentido político y valentía, para tender la mano al enemigo, al adversario, a quien piensa distinto y decirle vamos a construir un país y con eso ganamos todos.   

Carlotasc@gmail.com  @carlotasalazar