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Vitrina: Mirar el entorno con otra cabeza

Opinión
Tiempo de lectura: 5 min.

Venezuela atraviesa un momento en el que las decisiones que se tomen hoy pueden pesar durante décadas. No está claro todavía cómo será el país que termine de formarse, pero sí es evidente que permanecer inmóvil dejó de ser una opción razonable. En este tipo de entornos, los liderazgos que se atreven a revisar sus supuestos y premisas, a cuestionar inercias y a refrescar sus estrategias, suelen llegar mejor posicionados a los cambios que todavía no tienen fecha, pero que ya están en marcha. Este texto está pensado como una invitación a detenerse un momento, mirar el entorno con menos ruido y más disciplina, y hacer los ejercicios de reflexión estratégica que permitan atravesar lo que viene con menos improvisación y más claridad de rumbo.

El tránsito que viene

Venezuela entró en un tiempo de tránsito: no es todavía el país abierto, competitivo y normalizado al que muchos aspiran, pero tampoco es ya el país congelado de hace apenas unos meses. Se han abierto compuertas reales —reforma petrolera, señales de amnistía, mayor margen para la inversión y pérdida parcial del miedo social—, pero el poder duro no ha desaparecido, sino que apenas se está reacomodando.

Por eso, el tránsito hacia un futuro espectacular para Venezuela no será lineal ni limpio; pues puede incluir choque social, enfrentamiento político y un momento de corte en el que el país deje atrás el simulacro de cambio y entre, por fin, en el cambio verdadero. Esta fase de tránsito puede sentirse como una agonía venturosa: dolorosa, inestable y hasta peligrosa, pero al mismo tiempo necesaria porque el agotamiento nacional luce socialmente insostenible.

Las dos Venezuela

Hoy conviven dos Venezuela, una que mira hacia adelante, sigue los cambios, detecta aperturas, se prepara para competir y entiende que vendrá más mercado, más escrutinio y más competencia externa. Mientras la otra sigue postergada, mirando desde afuera, esperando certezas imposibles o apostando a que el viejo orden todavía le resuelva algo.

La brecha entre ambas puede ampliarse muy rápido en una transición. Quienes usen este tiempo para ordenar caja, talento, alianzas, reputación y estrategia llegarán mejor posicionados; quienes se queden en la parálisis volverán a entrar tarde. Ese es el error histórico que conviene evitar: invertir tarde, profesionalizarse tarde y leer el cambio cuando otros ya tomaron posiciones.

Qué hacer ahora?

La preparación útil no consiste en adivinar la fecha exacta del quiebre, sino en hacer desde ya ejercicios de reflexión estratégica:

Para las empresas, eso implica revisar exposición regulatoria, capacidad de financiamiento, dependencia de privilegios, calidad gerencial y posibilidad de competir con jugadores externos en un entorno más abierto

Para los emprendedores, significa pensar en formalización, escalabilidad, socios, tecnología y nichos que podrían crecer en una economía más competitiva

Para profesionales y familias, la tarea pasa por invertir en habilidades, redes, movilidad y capacidad de adaptación

El país puede entrar en una etapa de mayor apertura y competencia; la pregunta no es solo cómo sobrevivir la transición, sino desde qué posición se la va a atravesar.

Grandes números: 1999, 2026 y 2031

Venezuela llega a 2026 con una economía mucho más pequeña que la de finales de los noventa, con el petróleo aún en recuperación muy parcial y con una sociedad mucho más vulnerable. La reforma de hidrocarburos abre más espacio a capital privado, comercialización directa y esquemas contractuales más flexibles, pero incluso los escenarios favorables parten de una base baja.

Tres escenarios a 2031

A. Apertura competitiva

Hay transición negociada, desarme progresivo del aparato de control, mejora institucional parcial, más inversión y crecimiento visible. No sería una normalidad plena, pero sí una Venezuela claramente mejor, más abierta y más exigente para competir. En este escenario, los que se preparen desde ahora podrán capturar oportunidades en energía, servicios, consumo, logística, finanzas, salud, educación y reconstrucción institucional.

B. Reciclaje autoritario

Mejora algo la economía, sube el petróleo y entra inversión, pero el poder político profundo conserva capacidad de veto. Habría alivio, no transformación; modernización parcial, no cambio de régimen. Este luce como el escenario más probable en el corto plazo, por lo que la estrategia correcta no es euforia ni resignación, sino realismo informado: aprovechar aperturas sin confundirlas con una transición consumada.

C. Ruptura y choque

El malestar social, la frustración política o un error de cálculo del poder pueden desembocar en un estallido más desordenado. Allí aparece el riesgo de un nuevo “27 de febrero”, no como repetición histórica exacta, sino como símbolo de un corte social brusco cuando la sociedad deja de aguantar y el sistema ya no logra contenerla. Este escenario destruiría valor en el corto plazo, pero también podría precipitar un cambio más profundo si la ruptura encontrara conducción política y acompañamiento institucional.

Acompañar el cambio en la mente

En contextos de transición, el principal cuello de botella no suele ser la falta de oportunidades, sino la dificultad para verlas y organizarse a tiempo para aprovecharlas. Eso vale tanto para las grandes corporaciones como para las pymes, que son el verdadero tejido empresarial de cualquier país y las primeras en sentir tanto los golpes como los repuntes de la economía.

Cuando el entorno cambia rápido, seguir pensando con los mapas mentales de la etapa anterior es una receta para llegar tarde: se tiende a subestimar algunos riesgos, a sobreestimar ciertas protecciones y, sobre todo, a pasar por alto negocios que comienzan a abrirse en sectores donde antes no valía la pena mirar.

La consultoría gerencial bien enfocada puede ayudar justamente en ese punto: a poner método donde suele haber solo intuición, a convertir la conversación dispersa de pasillo en ejercicios concretos de reflexión estratégica, y a traducir escenarios complejos en decisiones prácticas sobre producto, mercado, socios y organización interna.

En el caso de las pymes, el objetivo no es volverlas dependientes del Estado ni llevarlas a debates políticos estériles, sino dotarlas de herramientas para operar con más autonomía: entender mejor sus números, clarificar su propuesta de valor, ordenar procesos, profesionalizar la gestión y prepararse para competir en entornos donde habrá menos privilegios y más reglas claras para todos.

Acompañar el cambio en la mente significa, en definitiva, ayudar a que dueños, gerentes y equipos hagan el salto más difícil: dejar de gestionar solo para sobrevivir el mes, y empezar a pensar cómo quieren estar parados cuando el país que están esperando finalmente se despegue

La idea fuerza

La tarea de 2026 no es adivinar cuál escenario ocurrirá, sino prepararse para los tres; porque en cualquiera de ellos habrá más exigencia estratégica que en el pasado, y el país que viene premiará menos la cercanía al poder y más la capacidad de competir, ejecutar, asociarse y adaptarse. No basta con resistir la transición; hay que posicionarse para la nueva Venezuela.

Abril 29, 2026

https://bitlysdowssl-aws.com/columnas/2026/04/vitrina-mirar-el-entorno-con-otra-cabeza/