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Vitrina. En t-1: salir o seguir igual

Opinión
Tiempo de lectura: 9 min.

Hay períodos históricos que no son todavía la ruptura, pero ya dejaron de ser la continuidad… yo lo identifico con un colapso de baja intensidad, que comenzó el 3E, sigue pasando todos los días, y terminará en algún momento, creo que con algún tipo de violencia más intensa… pero ya final.

Venezuela está allí. En ese espacio incómodo, cargado de expectativas, incertidumbre y ansiedad, que puede llamarse t-1, no se juega todavía la llegada plena al futuro, pero sí se define si ese futuro será realmente posible o si volverá a posponerse.

Ese es, precisamente, el punto que conviene subrayar: t-1 no es una antesala decorativa del cambio, sino que es el cambio en su fase más inestable. Es el tramo en el que coexisten aperturas ciertas con capacidades intactas de reversa, alivio social con miedo residual, esperanza pública con cálculo crudo de los actores que aún conservan poder efectivo.

Desde el 3 de enero se produjeron hechos que, hace muy poco, habrían parecido improbables: una apertura parcial del clima político, una ley de amnistía, señales de flexibilización en el sector petrolero y una pérdida visible del miedo social.

Pero sería un error confundir esos movimientos con una ruptura consumada. El núcleo duro del poder no ha desaparecido; se ha replegado. Y mientras ese núcleo conserve capacidad de coerción, censura y reversa, todo avance seguirá siendo, en alguna medida, provisional.

Dicho en términos de inversión, t-1 es el período en el que el mercado de las expectativas se recalienta, pero los fundamentos institucionales todavía no terminan de asentarse. Hay señales. Hay narrativas. Hay apetito. Pero aún no hay garantías suficientes para declarar que el sistema anterior fue derrotado de manera irreversible.

Por eso, el enfoque correcto no es el triunfalismo, sino el realismo informado. No se trata de enfriar la esperanza, sino de disciplinarla. No se trata de negar las oportunidades, sino de impedir que una lectura voluntarista nos haga subestimar el riesgo principal: que el chavismo logre reciclarse, capturar la renta del nuevo momento y administrar una apertura limitada sin soltar el poder de fondo.

Y ese es el primer peligro de t-1: creer que cualquier apertura equivale automáticamente a transición. No necesariamente. Puede haber alivio sin democratización. Puede haber inversión sin alternancia. Puede haber amnistía parcial sin desmantelamiento real del aparato de intimidación. Puede incluso haber mejora económica relativa y, sin embargo, seguir ausente la verdadera ruptura con el chavismo como sistema de control.

El segundo peligro es el opuesto: desesperarse ante la lentitud del proceso y empujar una dinámica de desborde sin conducción. El propio análisis de escenarios muestra que, si la movilización social supera cierto umbral sin estrategia, sin liderazgo y sin una agenda clara, el aparato que hoy parece en repliegue puede encontrar la excusa perfecta para volver a picar. Y si el escorpión vuelve a usar el aguijón, el costo no sería solo humano y político. También sería económico, institucional y generacional.

Por eso, la pregunta relevante en este período no es cuánto durará t-1. Nadie lo sabe. Tampoco sabemos qué forma exacta tomará ni qué nivel de violencia puede incluir. Lo que sí sabemos es que, en ausencia de conducción, organización y presión sostenida, la incertidumbre tiende a ser aprovechada por quien conserva las palancas del poder.

La tarea, entonces, consiste en otra cosa: usar t-1 para preparar t. Y preparar t significa ir desarmando, paso a paso, la capacidad de reversa del sistema. Significa convertir gestos en estructuras, aperturas en garantías y expectativas en demandas verificables. Significa que la sociedad no se limite a celebrar señales, sino que exija condiciones: aplicación no selectiva de la amnistía, garantías para la expresión pública, cronograma político, reglas estables y mecanismos que impidan que el miedo vuelva a instalarse como tecnología de gobierno.

También significa entender que la variable económica puede ayudar, pero no reemplaza la variable política. La apertura petrolera y el eventual aumento de producción pueden darle al país oxígeno, y eso importa mucho en una sociedad exhausta. Pero sin una transición creíble, con reglas claras y con desmontaje efectivo del aparato de coerción, ese oxígeno puede terminar alimentando la estabilización de un autoritarismo reciclado en lugar de la reconstrucción democrática.

En otras palabras: el petróleo puede financiar la salida, pero también puede financiar la simulación. Todo depende de quién controle el proceso, bajo qué reglas y con qué capacidad de vigilancia social e institucional.

Hay además un componente psicológico central. Después de años de cierre, persecución y frustración, es natural que muchos quieran creer que ya estamos del otro lado. Pero no estamos todavía en t+1. Ese momento llegará cuando el país haya logrado encarrilarse institucionalmente, cuando el conflicto político vuelva a procesarse con reglas y cuando el futuro deje de depender de sobresaltos, tutelas o hechos excepcionales.

Tampoco estamos aún en t, entendido como la ruptura verdadera con el chavismo. Estamos en el tramo donde esa ruptura se vuelve posible, pero no inevitable. Y esa diferencia es decisiva. Porque si se olvida, la ciudadanía corre el riesgo de convertirse en espectadora de una transición que otros administran, en lugar de actuar como sujeto que la condiciona y la empuja.

La buena noticia es que t-1 no es solo un período de riesgo. También es un período de oportunidad. El miedo ha retrocedido parcialmente. La sociedad habla más. Los márgenes se han ensanchado. El relato oficial ya no ordena por completo el sentido de lo que ocurre. Y cuando una sociedad empieza a recuperar palabra, organización y horizonte, el poder autoritario deja de moverse en terreno completamente propio.

Pero la oportunidad no se capitaliza sola. Requiere inteligencia política, serenidad emocional y foco estratégico. Requiere evitar tanto la euforia como la resignación. Requiere entender que no estamos ante un final resuelto, sino ante una disputa abierta por el sentido del próximo país.

Este no es un tiempo para sentarse a esperar, pero tampoco para lanzarse al vacío; es un tiempo para organizar la esperanza, para administrar la incertidumbre sin dejarse paralizar por ella, y para reconocer que el camino hacia la ruptura real puede incluir tensiones, retrocesos e incluso violencia; pero que justamente por eso hay que actuar con lucidez y no con ingenuidad.

Si t-1 se atraviesa bien, llegará t, que es el momento en que la ruptura con el chavismo deje de ser promesa y empiece a ser arquitectura. Y solo entonces podrá abrirse t+1: una etapa que no será fácil, pero sí más simple y predecible, porque estará basada en reglas, no en sobresaltos; en instituciones, no en atajos; y en futuro, y no en supervivencia.

La gran tarea de este período es esa: lograr que lo que hoy es apenas posibilidad se convierta en dirección; que la esperanza deje de ser un estado de ánimo y se vuelva una fuerza organizada, y que la incertidumbre, en vez de inmovilizarnos, nos obligue a pensar mejor, exigir más y construir desde ahora las condiciones de un país verdaderamente promisorio.

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  • NTN Consultores:

Cortes eléctricos invisibles: Empresarios zulianos suplican a Corpoelec simple horario de racionamiento, mientras el gobierno presume récord de demanda; pequeños comercios sin planta pierden inventarios y el comercio informal que abastece a 60% del país se erosiona sin registros oficiales

Extinción del comercio de barrio: Aunque el consumo formal crece 13% y se abrieron 66 nuevas tiendas en 2025, 60% de los consumidores compra guiado solo por precio; las grandes cadenas ganan por escala y miles de abastos de proximidad cierran silenciosamente, alterando el tejido social local

Brecha cambiaria como impuesto: La diferencia de hasta 50% entre dólar oficial y paralelo redistribuye ingresos silenciosamente, quebrando pequeños negocios que no logran trasladar costos al consumidor final

  • EFE: Alex Saab llega a Miami tras su deportación de Venezuela a Estados Unidos. El gobierno de Venezuela informó la deportación de Saab a Estados Unidos por la presunta comisión de delitos en dicho país, informó el Servicio de Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime)
  • El País. El caso Tareck el Aissami: el poderoso chavista caído en desgracia que destripa a los suyos desde el banquillo (mientras el banquillo esté en Venezuela, solo será un pase de facturas interno sin consecuencias para el chavismo)
  • Tal Cual. Guillermo Arcay: «El tipo de cambio oficial es un número completamente inventado» (vaya con la novedad…)
  • EFE: Lula y Flávio Bolsonaro empatan en intención de voto a cinco meses de las elecciones en Brasil
  • AP: Policías y militares inician despeje de rutas tomadas por protestas sindicales en Bolivia
  • The Wall Street Journal: Israel mata al «fantasma» de Hamás tras años de intentos fallidos. Ezzedin al-Haddad asumió el mando militar en Gaza tras la muerte de los hermanos Sinwar y había estado trabajando para reconstruir el grupo
  • EFE: China confirma la visita de Estado de Putin para los próximos martes y miércoles (¿?)
  • ANSA: Fuerzas de Estados Unidos y Nigeria eliminan al “terrorista más activo del mundo”. Su nombre era Abu-Bilal al-Minuki, el número dos del Estado Islámico (ISIS, sigla en inglés) a nivel mundial

Lo que no fue noticia (y debería serlo)

  • Que, con la entrega de Saab, el chavismo 3.0 muestra que solo entrega piezas incomodas para ellos, y casi sin riesgo personal involucrado… Y así, en esa situación, quedan muchos en cola que estaban pegados a Saab y que también comenzarán a caer. Mostrando “cumplimiento”, cuando lo que logran es alivio de carga. La lista de nombres vinculados a Maduro, y a los que estaban cerca (como Saab, Gorrín y sus seguidores) es larga y también serán parte de las “entregas controladas de bajo costo”
  • O que mientras los medios documentan apagones y crisis, nadie registra el fenómeno más extraordinario: en un país donde 90% sufre cortes eléctricos diarios, los emprendedores están reinventando modelos de negocio que no dependen de la red. Panaderías que programan producción en ventanas de 4 horas, comerciantes que desarrollaron sistemas de inventario rotativo para evitar pérdidas, y aplicaciones de delivery que mapean en tiempo real qué zonas tienen luz para optimizar rutas. La noticia invisible es que la adversidad extrema está generando una generación de empresarios con capacidad de adaptación que ninguna escuela de negocios podría enseñar. Cuando vuelva la estabilidad eléctrica, Venezuela tendrá el capital humano más resiliente de la región, pero hoy nadie mide ni documenta esta creatividad forzada como activo estratégico futuro
  • Ni que los análisis económicos cuantifican inflación, PIB y tasas de empleo, pero ninguno mide el factor más determinante del empresariado venezolano: la esperanza irracional como motor de decisión. Mientras 60% de los consumidores solo puede comprar por precio y las pequeñas bodegas pierden terreno ante cadenas formales, hay dueños de abastos que siguen invirtiendo sus últimos ahorros en refrigeradores más eficientes, apostando a que "el próximo año será mejor". Esta esperanza no es ingenuidad: es el único combustible que permite identificar oportunidades donde los datos sugieren rendirse. Los venezolanos que mantienen negocios abiertos pese a apagones, costos impredecibles y competencia desigual, están desarrollando un "músculo de oportunidad" —la capacidad de ver futuro donde otros ven ruina— que será su mayor activo cuando cambien las condiciones estructurales. Pero esta fortaleza psicológica, este optimismo estratégico que convierte crisis en laboratorio de innovación, jamás aparece en los reportes económicos ni en las proyecciones de crecimiento
  • Tampoco que, la encuesta Encovi 2025 reporta que "los ingresos mejoran y el empleo formal crece", pero en la misma investigación revela que solo 10% de los venezolanos tiene electricidad continua. La contradicción que nadie analiza: ¿de qué sirve ganar más si no puedes refrigerar alimentos, trabajar desde casa o mantener abierto un negocio las horas necesarias? Empresas extranjeras como Siemens Energy y GE Vernova se niegan a invertir en el sistema eléctrico por falta de garantías de pago, mientras el gobierno habla de un plan de 100.000 millones de dólares que nadie financia. La historia invisible es que los venezolanos están atrapados en una "mejora estadística" que no se traduce en calidad de vida real cuando el Estado no puede garantizar el servicio más básico 90% del tiempo

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