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Opinión

Habíamos escrito en este espacio sobre los posibles escenarios electorales para Venezuela, las incertidumbres críticas que los definían, así como sus predeterminados. Ocurrió en fecha, la variable definitoria fue la participación y el escenario al que dimos mayor probabilidad de ocurrencia se cumplió: Maduro retuvo el poder, empujado por una fuerte abstención y por el control institucional del Estado, en medio de una elección llena de vicios, miedo y ventajismo.

Aún sí, el resultado anunciado por el CNE para Maduro es muy pobre en términos de la participación de su propia base de soporte. Ni siquiera el chavismo, con toda su maquinaria, los recursos del Estado y la presión social fue capaz de mover una cantidad de electores chavistas similar a los eventos electorales previos. Se vanagloria de obtener 68% de los votos, en una elección que presenta la más alta tasa de abstención de un evento presidencial en Venezuela y en el que obtiene menos de un tercio de los votos potenciales del país. Esta elección adelantada no logró el objetivo de legitimación que buscaba. Todo lo contrario, se multiplican y refuerzan las denuncias de fraude y abuso de poder, se reunifica puntualmente la oposición, al menos en el aspecto de desconocimiento electoral y de legitimidad de origen, y la comunidad internacional reacciona en negativo, como era de esperar, agudizando sanciones y restringiendo, incluso en el caso de países de América Latina, las relaciones diplomáticas con Venezuela.

Las probabilidades de que el gobierno logre salir de la crisis de legitimidad por medio de una negociación política que distienda la situación interna son muy bajas y los escenarios que se plantean para el futuro cercano son negativos. Más sanciones, más crisis económica, más tensión interna e internacional y más represión del gobierno para evitar los riesgos inherentes a un país en crisis. El discurso de Maduro hacia el sector privado es amenazante, por lo que la posibilidad de un acuerdo por esa vía, se ve limitada. Y las amenazas y la represión, tampoco servirán -nunca han servido- para controlar el desborde cambiario y de precios, que hace la situación económica del país insostenible. La hiperinflación, por otra parte, hará lo que siempre ha hecho: incrementar sus costos exponencialmente y obligar a cambiar el modelo, quieran o no.

Las sanciones internacionales económicas, financieras y petroleras que se disparan contra la economía en general, afectarán a todos los actores internos, no sólo al gobierno. Este último probablemente intentará construir un nuevo mapa de relaciones económicas internacionales, una estrategia clásica en países bajo sanciones. Aliados económicos no convencionales, pagos por compensación de deudas (para evitar transferencias), reorientación de clientes y proveedores, y primitivización de la economía. Pero algo parece claro. La situación interna del chavismo es compleja. El triunfo de Maduro es débil y los propios chavistas tienen que ver su futuro y el de sus familias en riesgo severo frente a un mundo que los tiene en la mira.

El riesgo de fractura sigue presente y Maduro intenta controlarlo, por lo que la persecución interna en el chavismo clásico y el sector militar continuará y se agudizará, generando quizás miedo, pero también riesgos de implosión. Mientras tanto, la oposición sigue teniendo el reto gigante de abandonar la retórica política y todo aquello que los debilite y divida, y convertir su símbolo de ilegitimidad del gobierno en acción para provocar los cambios antes de que se la coma la desesperanza y la frustración, como ocurrió antes en países con gobiernos ilegítimos y sancionados como Cuba, Corea, Zimbabue y Siria.

luisvicenteleon@gmail.com

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Luis García Mora

Vivimos el más frágil y peligroso desequilibrio cargado de acechanzas. Podemos derivar en una dictadura abierta al estilo cubano, si Maduro avanza más en la radicalización ante el caos. Pero podría pasar otra cosa si ante la realidad de su deslegitimación, después del fiasco electoral, la estructura del bloque de poder que le sostiene se resquebraja, y toma conciencia del nivel catastrófico de la situación.

Podría así abrirse de manera pragmática la tan esperada negociación de un acuerdo que conduzca, sobre la marcha, a una transición. Impostergable, dada la magnitud de su aislamiento internacional, el cual aconsejaría, para bien del país —y de la propia supervivencia democrática de su movimiento— adelantar los pasos en la búsqueda de una solución definitiva que de una vez por todas encuentre una salida pacífica, inteligente e imaginativa a esta crisis de gobernabilidad y de gestión.

La hiperinflacion galopante ha pulverizado todas las barreras “seudoinstitucionales” que este régimen levantó —el TSJ y la Constituyente—. Como diría el periodista Alan Riding, ha llegado el momento de un cambio drástico en Venezuela.

El pasado domingo se rompieron los diques de contención que no dejaban ver esa emocionalidad sumergida, insofocable de aquí en adelante a través de soluciones dictatoriales. En crisis de este tipo, el tejido social se tensa al máximo y surgen manifestaciones emocionales de alto voltaje.

El creciente sufrimiento de la gente pide a gritos el cambio.

Es mentira —y la estructura de poder que lo sostiene se llamaría engaño si lo creyese— que Maduro puede con esto. Y menos solo. Sin el apoyo de las fuerzas que mayoritariamente han expresado su rechazo. Ninguna de las dos corrientes políticas en pugna —y este es el dato fáctico determinante en la solución de la ecuación actual— puede por sí sola implementar un gobierno de salvación nacional. Mucho menos dotarlo de la gobernabilidad necesaria que lo sostenga y le dé el carácter estratégico que se requiere para garantizar la estabilidad política y social necesaria, de cara a la urgente aplicación de un programa de ajuste económico inevitable.

Pero para abrir un proceso de transición, no solo luce imprescindible que se produzca una grieta en la estructura madurista de poder. También del lado de la oposición: tras el rechazo de Falcón del resultado de las elecciones del domingo, antes de que el CNE lanzase sus cifras —que consideramos ha descuadrado completamente el escenario politico—, ha llegado el momento de revisar la estrategia y la acción.

Como dice Capriles en su carta, llegó la hora de que la unidad opositora evolucione, se replantee le lucha democrática y sobre todo se reconecte con los venezolanos y con la esperanza.

La oposición no puede seguir haciendo equilibrios sobre la cuerda del rechazo popular que entre otras razones nos ha traído a este desmadre político, que se manifestó en el rechazo casi absoluto de los venezolanos a los partidos de oposición y sus líderes, junto a los del gobierno.

La responsabilidad histórica les obliga a plantar cara a la situación, replanteándoselo todo, y a entrar en un debate autocrítico constructivo que de paso a una reorganización interna, coloque los liderazgos de masas por encima de cuadros y aparatos, y dé respuestas con contenido movilizador.

A “deselitizar” su conducción y a ampliar su abanico a la totalidad de liderazgos “reales” existentes, incluso más allá de sus fronteras partidistas, en un afán claro de reconectarse con la “agenda del país”. Es decir, de la crisis, colocándola por encima de la agenda política del poder, que tanto les obsesiona y paraliza, consumiéndolos en un endogámico canibalismo cainita, tan caro al logro de esa tan ansiada unificación.

No hay que confundir desencanto con desinterés. Gracias a que suponemos que la voluntad popular opera a través de la representación política (cuando la representación se toma en serio) se espera la articulación de demandas que no han llegado. En su discurso, en sus actuaciones, los líderes lucen distanciados de la realidad. Del peso humano de la mayor crisis de nuestra historia.

Y esa distancia, esa insensibilidad hacia los problemas de la gente a la que en principio representan, pasa factura. Más cuando en crisis descomunales como esta, tiene que haber una obligada ponderación del significado social de las decisiones.

Se sabe que la política es una ocupación para la que se necesita capacidad de juicio, visión de conjunto, prudencia, intuición, sentido del tiempo y la oportunidad, capacidad de comunicación y disposición a tomar decisiones. Pero si no existe un compromiso en el que el político esté dispuesto a jugárselas por su proyecto y por lo que dice representar (como nuestros líderes de la Generación del 28, la del 36 y del 58), y la complejidad se diluye en la sola lucha por el poder, entonces la base popular se advierte huérfana y se desencanta.

Más cuando se enfrenta una crisis de dominación política en la que las contradicciones de sus dirigentes, sus marchas y contramarchas, encuentros y desencuentros, y sobre todo sus silencios, es lo que dejan en el ambiente.

Después de la muerte de más de cien jóvenes en las protestas de 2017, detenciones, persecuciones y torturas, supuestamente para impedir la celebración de la inconstitucional Asamblea Constituyente, escasos días antes de la votación, la dirigencia política desapareció hasta el día de hoy, sin ninguna reflexión ni explicación.

El alma se encona, se enrarece, en medio del desamparo.

Por lo que de cara a lo que nos espera de aquí en adelante, no hay que dejar de lado el sufrimiento y el dolor popular a la hora de reflexionar sobre lo ocurrido. Y para quienes creen aún que quien así procede desde la política es populista, es bueno saber de una vez por todas que, debajo de ese sufrimiento y ese dolor, laten demandas sociales y culturales que atender.

Porque diera la impresión de que los partidos han dado prioridad —o eso es lo que reflejan las encuestas— a su papel como instrumentos de sí mismos en detrimento de su función representativa. Hasta el punto de, como diría Daniel Innerarity, ser incapaces de cumplir las expectativas de orientación, participación y configuración de la voluntad política que se espera de ellos.

Es tiempo de reflexión y de acción. Y para hacer el cuento corto, terminaremos diciendo que el desconocimiento del proceso y sus resultados por parte de Falcón en las elecciones del 20-M, repotenció el impacto del fiasco del régimen, documentándolo. Y de manera simultánea podría abrir el camino al necesario intento de reunificación de la oposición.

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I.

Si García Márquez hubiese sabido de cuestiones electorales, hubiese escrito que lo ocurrido con los recientes comicios pudiera ser retratado como la “Crónica de un Domingo anunciado”. Y seguramente habría tenido razón: pasó lo que tenía que pasar, lo que fue anticipado que pasaría. Fue así porque sus causas se gestaron mucho antes. Lo ocurrido no fue, así pues, sino la consecuencia de un proceso ilegal y apresurado, convocado a destiempo, diseñado con el propósito de auspiciar la candidatura del Presidente Maduro, todo lo cual fue debidamente registrado por el Observatorio Electoral Venezolano (OEV), así como por otras organizaciones. Fue, pues, el colofón de un proceso que el domingo pasado se expresó en nuevas transgresiones a las normas vigentes, visibles, sobre todo, por el intento de violar la libertad de los ciudadanos mediante el ofrecimiento de un bono a cambio de su sufragio lo que, dicho sea de pasada, constituyó un delito en mucho mayor escala – compra de votos con recursos públicos- que, sin mayores pruebas, se tradujo en su momento en la “des proclamación” de los tres diputados de Amazonas y de la circunscripción indígena sur, electos para la Asamblea Nacional el año 2015. Para colmo, cabe añadir que ya proclamado Nicolás Maduro como Presidente Electo en la sede del CNE, su Presidenta Tibisay Lucena, en una declaración insólita, señalo le había prohibido al mandatario recién electo la cancelación del pago acordado a los electores que habían cumplido conforme al trueque acordado, el “dando y dando”, que fue lema de la campaña gubernamental.

Para mayor asombro, en la tarde del mismo día de las elecciones, los candidatos Henry Falcón y Javier Bertucci le comunicaron al país que no reconocerían los resultados del CNE, a la vez que proponían la realización de una nueva consulta hacia finales de año. Posteriormente, y sin que hubiese alguna alusión a la posición asumida por los mencionados candidatos, la Presidenta Lucena, en una alocución extrañamente breve, declaró el triunfo del candidato Nicolás Maduro.

Y cuando todos dábamos por terminada la jornada dominical, el Rector Luis Emilio Rondón declaró “… su no aceptación a estos resultados…”, destacando “…el incumplimiento a la normativa electoral, así como a los acuerdos suscritos por los propios candidatos…”, Una declaración grave ante la que, sin embargo, las autoridades electorales no hicieron la más mínima referencia.

II.

El gobierno y el Presidente Maduro quedan muy debilitados luego del pasado 20 de mayo. Tuvieron una victoria aritmética discutible, producto de un proceso anómalo de pies a cabeza, muy distante de lo que indica el manual universal de las elecciones limpias. Fue, además, una victoria modesta, no importa los malabares que se vienen haciendo desde el oficialismo para mostrarla como “histórica”. En verdad, se trata, sin duda, de la derrota política de un proyecto político que ya no tiene destino, plataforma de un gobierno que ha visto su respaldo casi reducido a la expresión que le permite su maquinaria organizativa y su sistema de control social. De un gobierno sujeto a una épica que trata de esquivar la realidad, de talante cada vez más autoritario y visiblemente incapaz de lidiar con una crisis que ha convertido en calvario la cotidianidad de la gente.

En la configuración del complicado cuadro político nacional, la oposición, en todas sus versiones, es también, desde luego, factor determinante visto su comportamiento errático, su incapacidad para traducir en clave política la presente realidad nacional y armar una estrategia unitaria que la lleve a reunir al 80 por ciento de venezolanos inconforme con el actual Gobierno en torno a una propuesta atrayente y factible.

Que la mitad de los ciudadanos no haya votado es un dato capital. Es cómodo, pero tramposo, decir que significa el éxito de los que llamaron a la abstención. Mejor, pienso, es ponerle la lupa y ver allí un conglomerado de gente que tiene un poco de todo. Y tal vez mucho de descontento con la política, con sus líderes y sus partidos y, quizás, hasta de decepción respecto al voto, nada de lo cual es buena noticia: ¿estamos a la intemperie políticamente hablando?

III.

El lunes, me parece, amaneció un país puesto en medio de otro escenario político en el que se empiezan a reubicar los diferentes actores y a redefinir las posiciones y las fuerzas al interior de ellos mismos. Uno, ciudadano de a pie, cree que hay que cambiar los códigos de la política vigentes, orientados durante estos años a la confrontación, sin reglas de juego, entre dos élites, dentro de un esquema de juego suma cero, y no a tejer los acuerdos imprescindibles, esos que sustentan el desenvolvimiento de cualquier sociedad. Cree uno, en fin, que es ésta una tarea que responde a la forzosa necesidad de recuperar el horizonte del país, hoy en día, y desde hace rato, cercado por enormes y complejas dificultades.

El Nacional, jueves 24 de mayo de 2108

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Fernando Mires

Intérprete: Lucho Gatica. Autor: César Portillo de La Luz

No existe un momento del día/ en que pueda apartarme de ti/ el mundo parece distinto/ cuando no estás junto a mí/ No hay bella melodía/ en que no surjas tú/ ni yo quiero escucharla/ si no la escuchas tú/ Es que te has convertido/ en parte de mi alma/ ya nada me consuela/ si no estás tu también/ Más allá de tus labios/ el sol y las estrellas/ contigo en la distancia/ amada mía estoy/

Cuando César Portillo de La Luz compuso este legendario bolero no existía la internet. De modo que el título ya tiene un mérito. En los tiempos de César Portillo no existía tampoco la llamada “realidad virtual”. Apenas el teléfono, y llamar a larga distancia era muy caro. De ahí que “contigo en la distancia” no alude a una comunicación virtual sino a algo parecido pero diferente: a una comunicación espiritual. Espiritual, que no telepática.

La telepatía, muy desarrollada entre hormigas y abejas, entre humanos ha sido más bien un ideal. Que dos personas se comuniquen sin utilizar ninguna prótesis tecnológica, era un tema recurrente en los filmes de antaño, pero en la realidad, si ocurría, era más bien una casualidad. La comunicación espiritual se refiere en cambio a aquella que aparece cuando dos seres humanos han establecido una interiorización recíproca, de modo que en el recuerdo el uno está en el otro y el otro está en el uno. Dos en uno. Uno en dos seres: un Somos. Así puede suceder que por esas cosas del azar dos seres escuchen en la distancia la misma melodía, tengan similares asociaciones, y ambos piensen intensamente en el otro. De la misma manera que, recordando la metafísica de Manzanero, uno puede ver la lluvia donde no estabas tú, y al mismo tiempo estar contigo sin que tú estés bajo la lluvia.

Estar con alguien en la distancia podría ser una muy buena definición del amor. Porque el amor nace al interior de uno cuando ese uno ha comenzado a pensar en el otro y viceversa. En ese sentido podríamos decir que el amor es una producción individual que da origen a una relación dual de comunicación interactiva. De acuerdo al frío idioma de Luhmann (1995), un subsistema emite señales que produce resonancias en otro subsistema surgiendo a partir de dichas resonancias otra unidad subsistémica que procesa auto-referencialmente ambas resonancias. Dicho en términos más humanizados, a partir de la comunicación del uno con el otro va naciendo un pensamiento que si es continuo e intensivo será llamado amor.

Así se explica que la afirmación “estar con alguien en la distancia”, que parece tan banal como para incluirla en el texto de un bolero, si la pensamos bien es profundamente relevante. Estar con alguien en la distancia significa, ni más ni menos, que a través del amor podemos liberar al tiempo del espacio. En otras palabras, a través del pensamiento podemos disociar el verbo ser del verbo estar, propiedad que no es común a todos los idiomas. Probablemente esa capacidad de amar en la distancia, siendo pero no estando, es la que ha llevado a creer a tantos que el amor tiene un origen divino.

Yo no sé si el amor tiene un origen divino. Tampoco sé, de acuerdo con el filósofo norteamericano Thomas Nagel (1987), si tenemos alma y espíritu. Y no sé si existe Dios. Quisiera que existiera, de eso no cabe la menor duda. Y quisiera que existiera porque sé que sin esa existencia, muchos -me incluyo- nos sentimos totalmente perdidos en el mundo. Por cierto, podría decirse de que la prueba de que Dios existe es que queremos que exista. Pero yo no tengo nada de a-divino. Si afirmo Dios existe, me pedirán pruebas y no tengo ninguna. Tampoco tengo pruebas de su no-existencia. Indicios acerca de lo uno o lo otro, sí tengo. Pero ni en la ciencia, ni en la filosofía, ni en el derecho penal, los indicios son suficientes. Sí lo son, empero, en el amor, en cualquier caso, en el arte, y por cierto, en los boleros: combinaciones precarias entre el amor y el arte.

¿Quieren escuchar un indicio pro-divino que sea válido en el amor y en el arte? Un indicio es esa capacidad increíble que tenemos para estar con alguien en la distancia, como Gatica; o en el hueco de la ausencia bajo la lluvia, como Manzanero. En ambos casos, por medio del pensamiento estamos subvirtiendo las relaciones entre el tiempo y el espacio. O como dice Heidegger, el pensamiento vive en un “salto”. Él lo llama “el salto del pensamiento”. “El salto lleva al pensamiento, sin un puente, esto es, sin la continuidad de una progresión, hacia otra región y en un modo nuevo del decir” (1971, p.95). Es por eso que gracias a “ese salto sin puente” puedo estar contigo en la distancia.

Quizás fue la constatación de esa capacidad que tenemos para estar con alguien en la distancia el motivo que nos llevó a elegir una de dos alternativas. O somos dioses -y no lo somos porque morimos- o hay un Dios que nos hizo a su imagen y semejanza.

Ludwig Feuerbach (1976) inició su guerra filosófica en contra de Dios afirmando que nosotros lo creamos a Él a nuestra imagen y semejanza y no a la inversa. No voy a reiniciar tan absurda discusión. Sólo afirmaré que tanto por un lado como por el otro, hay un acuerdo común. En el medio, entre nuestra existencia y la real o hipotética de Dios, hay una “imagen y semejanza” (que puede ser la de uno, o la de Dios, o las dos a la vez) vale decir, una aparición mimética. Esa aparición mimética somos nosotros mismos. Y de dónde viene, no lo sé. Lo que sé es que tanto el arte como el amor obedecen a principios miméticos.

Aristóteles opinaba que el principio central de toda creación artística es la mimesis a la que definía como imitación de la realidad. Toda creación era, para Aristóteles (2004ª), una imitación. Una imitación puede también imitar a una imitación (diagesis) y ésta ser imitada por otra imitación. De ahí que el arte, en la medida en que más eleva su intensidad imitativa, más abstracto es, tan abstracto que puede llegar el momento –y éste es el caso de la música y de la pintura contemporánea- en el que la imitación artística ha perdido todo punto de contacto con la imitación originaria. En ese sentido el surrealismo no sería una corriente artística sino una imitación de segundo o tercer orden. Luego, el arte como el amor no sólo sería una imitación de la realidad, sino también su alteración pues nunca, ni aún en las mejores fotocopiadoras, la imitación es exacta. Nelson Goodman (1997) entre otros, ha demostrado que toda imitación comporta una suerte de “valor agregado” ya que la mirada del imitador no es inocente, lo que significa que en cada imitación hay una suerte de plusvalía inimitable. Algo profundo y esencialmente “original”.

Ahora, analizado el mismo tema desde una perspectiva teológica, afirmar que Dios hizo al humano a su imagen y semejanza querría decir que Dios a través del humano se imitó a sí mismo y, a la vez, transfirió algo de su originalidad a su imitación. Esa propiedad de imitarse a uno mismo en “lo otro” es también una de las características del amor, razón que ha llevado al judeocristianismo a afirmar que Dios es amor y por esa razón el amor es divino, aunque sea humano. La mimesis estaría así situada en el centro del amor y por lo mismo, del odio, como ha logrado casi probarlo René Girard (1992). Que dicha afirmación no es peregrina, lo testimonia el texto del bolero:

“Es que te has convertido en parte de mi alma” canta Gatica. Eso significa: estar “contigo en la distancia” es estar contigo en una parte de mi alma. Mi alma es, en este caso, la depositaria de mi amor que desde lejos te imagina. Tu imagen la imagino. El tú es un “tú en mí”. El mi- mismisa, y al mismisar, mismisa tu alma con la mía, hasta llegar al punto donde el ser de las almas se transforma desde un “ser-siendo” en un “ser- somos”. El amor a ti se convierte así en la mimesis de mi alma en tu imagen. Tu ser reproduce la mismisidad del mío en mí. El amor y el arte son, por lo tanto, producciones miméticas. La imagen se convierte en ambos, en una semejanza y la semejanza, en una imagen.

¿Y los boleros?

Todos los boleros, casi sin excepción, son boleros de amor. A la vez, aunque banales y rudimentarios, son poéticos y musicales, vale decir, nos gusten o no, son artísticos. En los boleros se cruzan el arte y el amor. Razón de más para pensar que los boleros han sido creados a nuestra imagen y semejanza. Por eso nos gustan o los detestamos. Indiferentes no nos dejan.

Referencias:

Aristóteles (2004) Nikomanische Ethik, Stuttgart

Feuerbach, L. (1976) Das Wesen des Christentums, Frankfurt

Girard, R. (1992) La Violence et le Sacré. París

Goodman N. (1997) Sprachen der Kunst, Frankfurt

Heidegger M. (1971) Der Satz vom Grund,Tübingen

Luhmann, N. (1992) Liebe als Passion, Frankfurt

Nagel, Th. (1987 Waht does it All Mean, Oxford

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Edgar Benarroch

En escrito anterior hablé sobre la falsedad de las cifras suministradas por el CNE. Cité mecanismos de los cuales se vale el gobierno para torcer la voluntad del elector. No los cité todos, no hablé del soborno, de la compra de votos, del uso y abuso de los recursos públicos, del grosero ventajismo y de la casi indefensión a la que sometieron a los electores. Si lo hubiese hecho el escrito se hace muy extenso y la idea es no cansar a quien nos lee. Todos sabemos que estas "cosas" y muchas más estuvieron presentes en el proceso, dentro de una gran confabulación de todos los órganos del Poder Público (excepción de la Asamblea Nacional) que incondicional y servilmente se aliaron para la trampa y el fraude.

El CNE es de los organismos del Estado de más baja -casi ninguna- credibilidad. El país sospecha y con sobrada razón que todo lo que viene de allí está contaminado con el germen de la falsedad y la trampa. Pero esto que anunció la noche del pasado domingo veinte de este mes no tiene parangón, ofende nuestra inteligencia, poca o alta, al presumirnos débiles mentales o distraídos.

Si dejamos volar nuestra imaginación y pensamos en unas elecciones limpias e higiénicas, Maduro sacaría menos de la mitad, tal vez mucho menos, de los votos que el CNE le adjudica. Basta consultar la opinión de cualquier paisano que nos topemos en la vía sobre Maduro, para percatarnos el altísimo nivel de rechazo que tiene. Creo que en los últimos sesenta años ningún Presidente había estado tan en el foso de aceptación como lo está este señor.

Cualquier consideración que se haga partiendo de las cifras dadas por el CNE carece de objetividad y veracidad y sus conclusiones son falsas, puesto que se parte de hechos irreales.

Sin embargo aceptemos que Maduro sacó cuatro millones de votos, siendo bastante generoso en la especulación, esto significa que dieciséis millones quinientos mil lo hicieron en contra o se abstuvieron, no pasivamente si no expresando su indignación y rechazo.

Estamos pues con un Presidente sin calor popular, sin aceptación del venezolano y sostenido exclusivamente por esta macabra estructura montada por los Poderes Públicos (repito excepción A.N.) confabulados desde las tinieblas para el usufructo del poder con el único propósito de satisfacer sus ansias personales.

Este es un barco que flota en espumas. Es una figura de barro que en la primera lluvia se derrumba. Ellos saben de la soledad en que se encuentran y eso los hace más atrevidos y peligrosos. Saben que la aparente voluntad a su favor es forjada y forzada y nunca el árbol ha dado frutos buenos y frescos cuando la semilla ha sido sembrada en tierra inadecuada.

Dijo Luis Emilio Rondón, rector del CNE, " Maduro no alcanzó ni los tres millones de votos, muy a pesar de todas las irregularidades, por lo cual es totalmente ilegal... No reconozco en lo absoluto el evento del pasado domingo veinte de mayo".

No solo el país desaprueba este desparpajo, también más de un centenar de países del mundo han anunciado que no reconocen los resultados de estas elecciones. Hasta ahora solo nueve de los casi doscientos países de la tierra reconocen los resultados, entre ellos China, Turquía, Siria, Cuba, Bolivia, Rusia y Nicaragua. Estos países se caracterizan unos por dictaduras feroces , otros por perseguir y aniquilar la disidencia, algunos por el uso de armas químicas contra la población civil y otros o todos por el empeño de seguir ordeñando la vaca venezolana, que aunque le quede muy poco que dar saben que tiene reservas probadas a las que aspiran llegar.

No tienen amigos, los que dicen serlo lo son por temor o en búsqueda de prebendas. Aún tienen la consideración de gente cuyo estado de necesidad es tal que en ellos prospera la amenaza y la extorsión, a ellas hay que entenderlas aunque no la justifiquemos. También están rodeados de piltrafas buscadores de beneficios personales a quienes para nada le importa el interés del país y se asocian con jerarcas gubernamentales para amasar fortuna mal habida.

Debemos estar pendiente, de un momento a otro se pueden presentar situaciones populares de rebeldía, protesta y enfrentamiento que si no estamos atentos y encaminamos por vías civilizadas pueden generar consecuencias muy lamentables y algunas pueden llegar a ser insuperables.

Tenemos el insoslayable deber de refrescar nuestros bríos y voluntad para atender con éxito la responsabilidad de oposición que nos corresponde. La UNIDAD es el mejor bálsamo de refrescamiento.

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El 20M es ya historia política. Es historia política por cuanto registra y expresa la voluntad libérrima del ciudadano venezolano contra el régimen autocrático militarista de Nicolás Maduro, con franca comprensión de respuesta y rechazo expresada empleando el Contrato Original. Contrato Original mediante el cual el ciudadano se reserva tácitamente la facultad para crear, construir y desarrollar una resistencia en contra del gobierno. Un gobierno que pretendió mediante un hecho electoral fraudulento e írrito, embaucar a la ciudadanía y esta respondió al sentirse agraviada con la resistencia política al desestimar la falsa electoral del 20M.

Falsa electoral del 20M cargada de vicios e intereses, fecundada por mercaderes de la política. Mercaderes de la política tan corruptos e inmorales como la tiranía que preside Maduro, que poco le importa el destino de la República. Régimen que ha instrumentado la antipolítica para apostar en contra del ciudadano, la historia y el destino de un país avasallado por un militarismo criminal y una mafia ideologizada, retrógrada, que leyendo en el comunismo fracasado trató de obligar a un hecho electoral viciado el 20M. Pero el 20M el ciudadano, empelando el contrato original, mostró que privilegia la política a la antipolítica.

El 20M como registro electoral visibiliza para todos los venezolanos el contrato original y lo activa, pero más importante aún, propone la resistencia civil entendida la misma como la evolución cívica cierta y pertinente políticamente, para confrontar la barbarie del madurismo. Que se entienda, es el ciudadano quien demanda –y lo alcanzará como de lugar- el cambio político. Cambio político que persigue el dominio del espacio público, que es gobernado por la política. La política para desterrar la antipolítica impuesta por el salvajismo de la violencia por un grupo de dementes, advenedizos y primitivos –que usando las Armas para la Defensa- se han dispuesto a emplearla para instaurar la violencia política.

El resultado del 20M como resistencia civil, es el grito desesperado de la dignidad de loa hombres y mujeres que se niegan a ser mancillados, ofendidos y perseguidos por despreciar una maldita revolución. Una revolución que es de todo menos revolución, pero sí un latrocinio. El resultado electoral es la expresión del valor ciudadano, la valentía del gentilicio, el coraje y el heroísmo de los libertadores de la libertad, hijos y nietos, que ofrendaron sus vidas por hacer oposición política a estos desalmados del bestiario militarista y pandillas de mafiosos, quienes creen que la política es un negocio -lacras sociales- que no parecieran venezolanos.

La resistencia civil de hoy 20M frente a la falsa electoral es una demanda concreta a quienes han jugueteado con el constructo de líder o lidereza. Simple, se requieren líderes y ellos son quienes tendrán que demostrar la espíteme y la doxa, sólo así podrán construir acciones políticas con motivo, dirección y sentido. En consecuencia, el liderazgo timorato no sirve para la construcción de la patria. Desde hoy se reclaman líderes que digan presente con dominio ética utens, docens y aplicada, quienes junto a la sociedad civil podrán construir la transición política.

La resistencia civil del 20M como expresión del contrato original y su repudio al salvajismo del militarismo, violento y sanguinario, clama por Proyecto Político Inmediato, que reúna a las mujeres y hombres, que accionen con ciencia y pundonor para levantar la República. Acometer los juicios necesarios y definir el trayecto de una nación que merece mejor destino. La decisión de la resistencia civil -hecho extraordinario político y ético del cuerpo societal- obliga a que los responsables por la conducción de la República no tituben, no es tiempo para miedos, pero sí… para grandezas.

Grandeza ha sido hoy la activación del contrato original del venezolano como respuesta cívica a la tiranía militarista. Esa grandeza tiene que ser imitada y realizada por quienes se decidan a ordenar un país, vejado y hambreado. La grandeza obliga a comprender el hecho histórico de esta resistencia civil y, en consecuencia, a preocuparse por la construcción del tejido social, que sirva para el fortalecimiento del espacio público con el real empleo de la política. Ejercicio de la política capaz de anunciar el grupo fecha-hora de inicio y fin para la transición política requerida y necesaria.

Es original,

Director de CEPPRO

Caracas, 20 de mayo de 2018

@JMachillandaP

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Lester L. López O.

Apreciación de la situación política # 135

Las oposiciones democráticas, luego de los resultados del evento electoral fraudulento del 20M, se pueden sentir tranquilas porque afortunadamente hubo una significativa abstención electoral que justificó su discurso de no participar en ese evento alegando la falta de garantías electorales que deben caracterizar las elecciones democráticas en cualquier parte del mundo, discurso que estuvo reforzado por la posición inicial de buena parte de la comunidad internacional.

Algunos voceros del aún por constituirse Frente Amplio Venezuela Libre (FAVL) no dudaron en calificar la abstención como su primera victoria como frente unido y algunos hasta felicitaron al bravo pueblo por mantener la dignidad y no prestarse a la farsa electoral para legitimar a un gobierno que está deslegitimado desde hace tiempo, en ese punto hay que reconocerle el acierto.

En realidad lo que significa el nivel de abstención y así debe ser visto, es que, ciertamente, buena parte del electorado se cansó de legitimar no a un gobierno, sino a un sistema electoral que lleva más de 20 años siendo fraudulento, pero que dependiendo de los intereses de los partidos políticos se debía participar porque “una que otra omisión” no afectaría el resultado final.

De tal manera que las condiciones electorales, se convertirán en un condicionamiento de suma importancia para reemplazar un régimen que desde el pasado 20M se volvió oficialmente dictatorial y como bien es sabido ninguna dictadura acepta condiciones electorales que no lo favorezca, en consecuencia, la vía electoral, en esas condiciones electorales ideales se puede convertir en un impedimento para lograr un cambio de gobierno mediante una negociación política en el corto y mediano plazo.

Ya diferentes vocero importantes del régimen han asomado realizar un plebiscito aprobatorio del proyecto de constitución, de fuerte inspiración cubana, que está redactando la fraudulenta ANC y la realización de un referendo revocatorio a los diputados de la oposición de la Asamblea Nacional que, como todos debemos suponer, es el próximo objetivo del régimen para controlar nuevamente todos los poderes públicos del Estado. Ambos eventos electorales se realizaran con el actual CNE, los mismos rectores y las mismas condiciones del pasado 20M.

Siendo la Asamblea Nacional el único poder legítimo en manos de las oposiciones y, más importante aún, con reconocimiento internacional, ¿Dejará la oposición que le sea revocado el mandato a todos sus diputados porque las condiciones electorales no son las adecuadas? ¿Dejará la oposición que se imponga una constitución cubana que acabará con el sistema republicano actual, porque en el plebiscito aprobatorio no se garantizan las condiciones electorales?

Para los que tenemos esperanzas en que se puede cambiar este régimen y preservar el sistema republicano mediante una negociación política que incluirá un proceso electoral, también negociado, mantener los actuales diputados en la AN y negar el proyecto de constitución cubana se convierte, simplemente, en un escenario inaceptable imposible de obviar si queremos tener futuro como nación libre e independiente.

Bajo esta perspectiva, luce obvio que una de las tareas de la dirigencia opositora es convencer al electorado de que el momento de la dignidad pasó y que la dura realidad impone organizarse electoralmente para derrotar al régimen en esas pretensiones.

@lesterllopezo 23/05/18

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