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Opinión

Hace unos días, una rectora del Consejo Nacional Electoral (sin desmentido posterior) anunció: “Serán sancionados quienes públicamente llamen a potenciar la opción abstencionista”. Ese anuncio constituye otro acto arbitrario e ilegal del CNE porque el voto no es legalmente obligatorio.

El domingo pasado, desde Cumaná Henri Falcón declaró: “La abstención es un error terrible, no tiene fin”.

Ambas declaraciones demuestran el temor del chavismo y del falconismo a que la mayoría de los electores no acudan a los centros electorales el 20 de mayo. Situación ésta bastante probable de ocurrir y que parece anunciarlo el arranque de campaña electoral presidencial más frío y desangelado desde 1958.

Ese potencial vacío ciudadano conspira contra los objetivos fundamentales que ambos contendientes (hoy los principales, aunque Bertucci parece más activo y convocante en la calle que Falcón) se han propuesto conseguir en los comicios del 20/5.

El oficialismo busca recuperar la legitimidad democrática sin arriesgar el continuismo (la cuadratura del círculo), y por ésta vía debilitar el aislamiento internacional que padece. Por lo general las dictaduras clásicas y las de nuevo tipo necesitan procesos electorales donde se vote más no se elige.

El falconismo busca en primer lugar ganar las elecciones por la vía de recoger a su favor el mayoritario rechazo al régimen y de no ser esto posible constituirse en la oposición al régimen.

El problema para el Gobierno estriba en que su labor de perversión del voto como expresión de la voluntad nacional y la pérdida total de confianza de la ciudadanía en el CNE como árbitro han convencido a muchos en el país de que el camino electoral está bloqueado en la actualidad y concitado el rechazo mayoritario de la comunidad internacional democrática que incluso amenaza con no reconocer al Gobierno resultante del 20/5.

Falcón sobreestima su liderazgo y su capacidad de recoger la bronca social y subestima el entramado creado por el régimen para no perder como sea las elecciones. Además comete el error de creer que es posible coexistir sin finalmente claudicar con la clase de régimen que se ha venido consolidando en el país. En mi criterio a Falcón sólo le vale ganar y cobrar, de otra manera su decisión de romper la unidad opositora y participar en los comicios de mayo será considerada un acto funcional a los objetivos continuistas del chavismo.

Salvo una situación de “Cisne Negro” que revuelva dramáticamente las aguas o que emerja una corriente subterránea no detectable por los momentos, vamos para unos comicios sin pueblo que proveerán a Maduro de una presidencia ilegal e ilegítima que lejos de resolver la crisis la escalará a niveles sin precedente.

Caracas, 1 de mayo de 2018

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Convencido que la reconciliación es la única opción que tiene Venezuela para encontrar la salida del intrincado laberinto donde se encuentra, me voy a tomar la libertad de sugerirle a los candidatos a la Presidencia de la República para el próximo proceso electoral, que analicen y evalúen los siguientes objetivos específicos los cuales pudieran inducirlos a llegar a un acuerdo político en beneficio de la Paz de la República.

Todo ello, por cuanto la paz es imprescindible para comenzar a superar la más grave crisis socioeconómica que ha experimentado Venezuela desde su fundación.
Objetivos para la paz
1).Convocar las elecciones para la primera quincena de diciembre del 2018.
2).Planificar una campaña de promoción contra el abstencionismo.
3).Nombrar un nuevo Consejo Nacional Electoral integrado exclusivamente por hombres y mujeres políticamente independientes.
4).Garantizar que el proceso electoral a convocarse para diciembre
debe estar apegado a la Constitución y a las Leyes de la República.
5).Prohibir el ventajismo, la ofensa, el insulto, el improperio, la presunción y la zancadilla verbal entre los candidatos presidenciales.
6).Diseñar un programa mínimo de actividades y de obligatorio cumplimiento para el candidato que salga victorioso en la elecciones.
7).Planificar tres (03) debates públicos en donde los candidatos presentarían un resumen de su proyecto de país y responderán preguntas a periodistas moderadores del programa.
8).Establecer que los candidatos presentaran públicamente un balance de sus bienes personales.
9).Determinar que todo el proceso será supervisado por la comunidad internacional.
10).Estudiar, analizar y evaluar los siguientes objetivos con la intención de que algunos de ellos puedan ser seleccionados por los candidatos presidenciales para incorporarlos al proyecto de país que les presentarán al pueblo.
Objetivos para un proyecto
-Convencer a todos los venezolanos que solamente reconciliados y unidos seremos capaces de construir una nación agrícola, pecuaria, petrolera, minera e industrialmente desarrollada, a través de la educación eficiente, el trabajo creador, la solidaridad ética, la responsabilidad militante, la tolerancia política, el respeto al derecho del otro y la moral pública.
-Crear la Universidad Autónoma, Agropecuaria, Técnica e Industrial de Venezuela, para que de ella egresen los jóvenes obreros, peritos, técnicos y tecnólogos que el país vaya necesitando en base a un instrumento de planificación ascendente que previamente haya programado el desarrollo armónico y proporcional de la nación venezolana.
-Integrar en una sola Institución, salvo la Universidad Agropecuaria, Técnica e Industrial de Venezuela, a todos los entes que imparten educación superior y proyectarla como Universidades Regionales hacia cada Capital de Estado y como Universidades Locales en todos los municipios de la República. A esta nueva institución, pudiese denominársele: Universidad Central y Autónoma de Venezuela.
-Crear la Universidad Central de las Fuerzas Armadas, de donde egresarán los jóvenes oficiales y suboficiales que posteriormente se incorporarán al Ejército Libertador Venezolano, el cual estará conformado por tres componentes: Ejercito Terrestre, Ejercito Naval y Ejercito del Aire.
-Delegar en el Banco Central de Venezuela la recepción y distribución de todas las divisas que genera la industria petrolera.
-Eliminar el nombre de Bolívar de nuestro signo monetario y sustituirlo por el de "Peso Venezolano"
-Respetar la propiedad privada y los medios de producción deben ser la consecuencia de la cogestión solidaria entre empresarios y trabajadores para producir mercancías cuya posterior plusvalía debe ser distribuida equitativamente entre ambos.
-Modernizar la totalidad del sistema hidroeléctrico del Gurí.
-Crear Aerolíneas Internacionales Venezolanas y la Compañía Venezolana de Navegación.
-Comenzar a planificar El Gran Ferrocarril de Venezuela, construyendo un troncal de distribución nacional en Villa de Cura.
-Reducir el Poder Ejecutivo a quince ministerios.
-Reincorporar Venezuela a la Comunidad Andina de Naciones e incorporarla a la Alianza del Pacifico.
-Fundamentar la salud a dispensársele al pueblo sobre tres principios éticos: no dañar, prevenir para no curar y suministrar calidad de vida.
-Crear el Servicio Único de Salud.
-Promover una poderosa clase media que ayude a sacar de la pobreza a todo aquel venezolano que la padezca, pero mientras esto no se logre a ese sector de la población habrá que saciar su hambre, curar sus enfermedades, proteger de la intemperie y garantizarle que el futuro que lo aguarda, será mejor
-Defender la soberanía e Independencia de la República de cualquier potencia hambrienta de energía petrolera.
-Transferir el 51% de la acciones de PDVSA, a empresarios, trabajadores y jóvenes profesionales venezolanos.
-Decretar que el ámbito operacional de PDVSA debe limitarse a lo que en términos petroleros se conoce como aguas arriba y aguas abajo.
-Concientizar para que el pedazo de pan que cada venezolano lleve a su casa, debe ser del tamaño de su capacidad de producción y no el de la generosidad del gobernante de turno.
-Atacar el problema penitenciario creando tribunales de emergencia dentro de las cárceles para que trabajen las 24 horas del día a razón de tres turnos de 8 horas cada uno, hasta que no quede ni un solo individuo privado de libertad sin sentencia firme y definitiva; luego, negociar con el preso dos años de su sentencia por un año de conducta intachable.
-Cimentar la libertad de expresión sobre el siguiente aforismo: “no estoy de acuerdo con lo que dices pero daría mi vida por defender el derecho que tienes a decirlo”.
-Aplicar la hipótesis de la línea media al problema limítrofe que tenemos con la hermana República de Guyana.
-Desactivar el argumento que propone: “A los pueblos indígenas hay que mantenerlos dentro de su hábitat natural para evitar que el hombre blanco los contamine”.
-Enfrentar la problemática campesina a través de programas rurales que no solo sirvan para evitar el éxodo permanente del hombre del campo hacia las grandes ciudades, sino que a su vez estimulen el regreso de aquellos que abandonaron sus tierras después que un demagogo e irresponsable enreda pueblo, les dijo: "Vayámonos pa caracas que allá hay trabajo por coñazo" y ahora andan saltando de rancho en rancho y brincando de cerro en cerro sobre el cordón de miseria que rodea la Capital de la República.
-Proscribir todo tipo de explotación minera en el frágil ecosistema de Guayana.
-Incorporar sustancialmente la mujer venezolana a la planificación, ejecución, supervisión y evaluación de políticas públicas trascendentales.
-Tomar en consideración las proposiciones de la juventud; pues sin la presencia activa de los jóvenes venezolanos, jamás habrá paraíso en esta tierra de gracia.
-Restablecer las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos en un ambiente de respeto mutuo y sin complejos latinoamericanos ni tercermundistas.
-Rechazar la injerencia de cualquier país en nuestros asuntos internos, tanto más, si esta conducta política se mimetiza en la noble expresión de Simón Bolívar: “Para Nosotros la Patria es América”.
-Finalmente, reducir el periodo presidencial a cuatro años con una sola reelección y establecer que el rol como Primer Maestro de la Nación Venezolana que le corresponde ejercer al Primer Mandatario, debe estar por encima de sus condiciones de Presidente de la República, Jefe de Estado, Jefe de Gobierno y Comandante en Jefe del Ejército Libertador Venezolano.
Villa de Cura, 05 de mayo del 2018.

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Jesús Elorza G.

XLIII ANIVERSARIO 1975-2018

Durante la primera semana del mes de Mayo en 1975, la Huelga de los Entrenadores, marcó un hito en la historia deportiva no solamente nacional sino internacional porque era la primera manifestación, de ese tipo, que se daba en el sector de los trabajadores del deporte a nivel mundial. Además, debemos destacar que la referida acción, en procura de reivindicaciones laborales contó con el apoyo solidario de las distintas organizaciones gremiales y sindicales que hacían vida en la Venezuela de ese momento, así como también la de padres, representantes, atletas y docentes de todo el territorio nacional.

Es loable mencionar en este momento la presencia de Isaac Olivera como presidente de la Federación Venezolana de Maestros, los periodistas deportivos que unidos todos en su organización gremial Colegio Nacional de Periodistas, Círculo de Periodistas Deportivos y el Sindicato de Trabajadores de la Prensa brindaron un apoyo irrestricto a la huelga de los entrenadores. Así como las distintas organizaciones gremiales y sindicales de los distintos sectores laborales del país representados por la Confederación Venezolana de Trabajadores C.T.V.

El 8 de Mayo quedó establecido oficialmente como el “Día del Entrenador Deportivo” en reconocimiento a la gesta que se había librado durante toda esa semana y en esa fecha alcanzó la solución a las demandas laborales requeridas por los entrenadores en ese momento.

Los logros gremiales alcanzados quedaron plasmados en el contrato colectivo denominado “Las Bases Normativas” Las cláusulas de importancia contenidas en ese documento laboral fueron múltiples y variadas. En primer lugar, el reconocimiento del derecho a de los entrenadores a tener una contratación colectiva con el patrón del Instituto Nacional de Deportes, la indexación salarial en base a los índices inflacionarios que mostrara el Banco Central de Venezuela, es decir, anualmente el salario de los trabajadores del Instituto se iba a mover de acuerdo a las escalas inflacionarias señaladas por el mencionado Banco, esta cláusula pasó a ser un punto de referencia obligatorio en los contratos colectivos de Venezuela.

También se contempla la clasificación del personal, en unas escalas previamente señaladas, en un Manual de Clasificación de Cargos de los Entrenadores Deportivos que se desempeñan en la Administración Pública Nacional. Este manual es un elemento de vital importancia porque le dio jerarquía a este sector laboral con una fisonomía propia dentro de la administración pública venezolana.

La seguridad social de los trabajadores se vio fortalecida con el establecimiento de los seguros HCM, el establecimiento de las cajas de ahorro con el aporte del 10% y el aporte patronal del 10%, la denominación del salario integral de los trabajadores, el establecimiento de comisiones bipartitas y tripartitas para conocer el caso de los despidos que se presentara en el Instituto Nacional de Deportes

Pero, no todo fue una ganancia para el gremio, el gobierno nacional en una clara conducta retaliativa ordenó el cierre de la Escuela Nacional de Entrenadores Deportivos alegando que en ese centro de formación de docentes deportivos se estaban formando los guerrilleros del deporte venezolano, provocando con esa descabellada acción, el desequilibrio entre la oferta y la demanda de los entrenadores requeridos por el país. Todos los programas sustitutivos, tales como Monitores Deportivos y el Bachillerato Deportivo no pasaron de ser falsas ilusiones y de una efímera duración.

A 43 años de esa gesta gremial, los problemas laborales que dieron origen a la huelga, lejos de resolverse, se han agravado: Los entrenadores venezolanos han sido sustituidos por 10.000 “entrenadores” cubanos, la seguridad social de los trabajadores ha empeorado, los contratos colectivos están congelados desde el año 2000, no se les reconoce la homologación de las pensiones a los trabajadores jubilados, se mantiene cerrada la Escuela de Entrenadores, los seguros HCM son manejados unilateralmente por el patrón, los manuales clasificadores de cargos no son aplicados y los pasivos laborales duermen el sueño del burócrata, en la larga espera de su cancelación.

Una de las más importantes características de los 19 años del gobierno “Revolucionario del Siglo XXI” es, sin lugar a dudas, el elevado nivel de corrupción. Los hechos demuestran fehacientemente la concurrencia de hechos punibles tales como: peculado de uso, estafa, extorsión, chantaje, malversación, hurto, blanqueo de capitales, compras con sobreprecio, violación a la Ley de Licitaciones, ilícitos cambiarios, convenios leoninos etc. etc. Situación tipificada por el Código Penal como “El Concurso Real de Delitos”, que tiene lugar cuando el mismo agente o funcionario realiza uno o varios actos encaminados a fines distintos y ocasionan diversas infracciones, independientes las unas de las otras. Queda claro, que para la dirigencia corrupta del sector “Hacer deporte es…Hacer dinero.”

Hoy, más que nunca tiene plena vigencia el pensamiento de Carlos Sánchez, como una expresión de compromiso social en las luchas gremiales:

El Entrenador Deportivo debe ocupar permanentemente su puesto de lucha por Un Deporte Mejor y no doblegarse ante ningún burócrata civil o militar que pretenda usarlo con fines politiqueros o de enriquecimiento ilícito. Solo la Unidad Gremial nos hará fuerte en la búsqueda y defensa de nuestros Derechos Sociales

La historia, nos permite recordar que el pasado no está nunca terminado sino que permanece abierto y que en él reposan aún las semillas de otro presente y otro porvenir….la lucha continúa.

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Alfredo Maldonado Dubuc

Hay dos manos tremendamente fuertes que estrangulan al Gobierno a 15 días de unas elecciones que, ilegítimas o tolerables, son vitales para el actual y enormemente culpado Presidente y su grupo de cercanos seguidores. Como el conductor borracho, el chavismo acelera hacia un barranco con muchos avisos y ninguna baranda.

Una mano asfixiante es la absolutamente equivocada manera de ver las cosas por todos los que tengan alguna relación con cualquier manejo de asuntos de gobierno. La otra es la de la incompetencia a niveles indescriptibles, de manera que hasta lo equivocado lo hacen mal o simplemente no lo hacen.

Que la capital de la República esté cerrando la semana sin electricidad en sus barriadas más densamente pobladas, y que para peor el problema de la falta de suministro de agua que viene resecándose desde Semana Santa simplemente haya estallado y sea ya de toda la ciudad –no hablemos del interior del país-, significa que estamos leyendo el capítulo final de una novela de terror con final muy anunciado, que pocos creyeron hace diez años y que todos estamos viendo indignados, sorprendidos, frustrados. O sea, con furia.

El epílogo de esta terrorífica nivela, comienza con la arremetida del Gobierno contra Banesco, hasta hoy el principal banco del país. Que sigan abiertas sus oficinas no significa que todo sea normal, no es normal que un Gobierno meta presos a 11 ejecutivos del mismo banco que un alto jefe rojo ha dicho varias veces que compraron o van a comprar.

Debo aclarar que Juan Carlos Escotet no es santo de mi devoción, pero eso por motivos personales que nada tienen que ver con la realidad que interesa a millones de venezolanos clientes de una organización bancaria que, guiada por Escotet, mucho más que un notable proyecto de vida, es una gran estructura de servicio de primer orden.

Banesco no ha crecido hasta el primer lugar, y se amplía hacia el exterior, por simple suerte, sino porque Escotet, sus socios y el equipo humano que han forjado, son sin duda eficientes en ese nada fácil sector. Y esa calidad profesional es lo que interesa a millones de ahorristas, cuentacorrentistas, tarjetahabientes, usuarios de créditos, comerciantes y empresarios. Y al país, que va más allá de las triquiñuelas del madurismo.

Es contra esa fuerza y esa confiabilidad contra las que está arremetiendo un Gobierno desbocado, que en 20 años no sólo no ha arreglado los servicios públicos sino que los ha llevado a los sótanos actuales del desastre generalizado.

En su voraz hambre de desolación y mentiras para disfrazarla, el Gobierno interviene al mayor banco del país y también lo hace mal, porque todo lo que ha sido bien hecho que no sea de origen comunista, lo descompone, lo enfurece, le provoca retortijones del vientre de la torpeza.

Cuando un banco tiene problemas graves financieros, de caja, etc., o por cualquier rumor se está produciendo una salida anormal de depósitos se hace lo que se llama una intervención a puertas cerradas. Cuando las autoridades bancarias perciben acciones de un banco violatoras de leyes, o que muestran descuidos, hace lo que se llama una intervención a puertas abiertas, en la cual, discretamente, supervisores especializados recaban información en los sistemas internos; el público no se entera y los especialistas averiguan y corrigen qué pasa.

El Gobierno rojo venezolano no hace ni una cosa ni la otra sino todo lo que sea más contrario y escandaloso. Hoy están acabando con el extraordinario banco de un excelente banquero. Antes habían entrado a mansalva en el buen banco de un notable y muy exitoso empresario, aquél Federal de Nelson Mezerhane, quien se vio forzado a irse mientras los chavistas se llevaban hasta los zapatos de su casa, porque si no estaría aún como Baduel, López, Ledezma y otras víctimas del furor chavista, sepultado en el olvido de una cárcel del régimen.

¿Qué queda de las innumerables expropiaciones de Hugo Chávez, cuántos vegetales y carnes están produciendo las haciendas y fincas expropiadas, dónde están los rusos que iban a sembrar y cosechar mejores plátanos que los agricultores del Sur del Lago, por qué el sistema teleférico que manejaba el equipo de Mezerhane no se accidentaba y el ahora pintado de rojo suele quedarse colgado?

Del grupo bancario también intervenido con despliegue uniformado y armado, el del BOD, ni siquiera voy a hablar, porque nos deben unos reales desde hace meses y no hay manera de que los paguen, pero igualmente es una institución que creció e interesa a centenares de miles de venezolanos de todos los niveles sociales que ahora tienen derecho a temer por sus depósitos.

La gravísima falla en los suministros de agua y de electricidad a la población, y una economía cuya moneda no vale ni el papel en que está impresa, muerta por una hiperinflación que ha superado a tragedias previas en Suramérica, como en Argentina y Perú, hoy países en expansión y envidia de los mismos venezolanos que fuimos los ricos de Latinoamérica y la revolución castrosocialista ha transformado en los miserables del continente.

No son síntomas, son las consecuencias de la torpeza en el poder que nombra funcionarios no por su capacidad sino por su sumisión y la certeza de que aplaudirán al Presidente, sus civiles enrojecidos y sus uniformados obedientes y cómplices en todos los niveles del Gobierno.

Es el epílogo de una oportunidad hecha jirones, pero a diferencia de los de las novelas, éste es furibundo, exasperante, seco y a oscuras, a quince días de unas elecciones con tan mala perspectiva para el oficialismo que, o se alteran resultados o se producirán sorpresas desagradables.

Banesco y su gerencia afirman que no tienen nada que esconder y como respuesta el Fiscal General, que de defensor de derechos humanos y víctimas, se ha transformado en perseguidor y victimario, solicita la privación de libertad de gerentes. Y ahora van por la otra fuente de ingresos que, destruida Pdvsa, le queda a este régimen devastador: las remesas que los venezolanos exiliados envían a sus familias empobrecidas en la Venezuela que Nicolás Maduro y sus complacientes cómplices pretenden conservar seis años más.

Si estas aparatosas intervenciones bancarias encapuchadas y con fusiles de asalto son producto de enfrentamientos entre facciones internas, simple acción de vigilancia financiera o el comienzo de la estatización de la banca, es indiferente. No importa si los dueños de esos bancos han sido o no amigos confiados del oficialismo. La consecuencia es la misma, ponerle la lápida a la nación sepultada.

Mayo 5, 2018

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A 15 días de las elecciones una franja mayoritaria del electorado se debate entre votar o no votar. Un proceso electoral atípico. Donde la abstención tiene la fuerza de una oposición mayoritaria. Aunque parezca una paradoja. Y de una posición internacional que la respalda y reclama. ¡No hay condiciones aclaman! ¡Votar es legitimar el régimen! Hacerle el juego al gobierno. Planteamiento basado en que el acto del sufragio será amañado y fraudulento. Esta postura abstencionista de los partidos de la oposición organizados en la MUD, están inspirados en planteamientos internacionales, según los cuales el gobierno de Maduro es ilegítimo y caerá cuando apliquen más duras y rigurosas sanciones financieras y económicas. Incluido un embargo internacional a la empresa petrolera Pdvsa. En mi opinión, medidas de dudosa efectividad de acuerdo a la experiencia universal. Por lo que un amplio segmento de la población inconsciente pide una intervención armada.

Descrédito del CNE

Sin embargo, es necesario afirmar que la verdadera fuerza de esta postura es consecuencia del alto descrédito que posee el Poder Electoral. Un organismo controlado en la dirección y en su estructura organizativa por el Poder Ejecutivo. Allí, está el caldo de cultivo de la principal postura abstencionista. El otro factor, tiene que ver con la falta de capacidad organizativa opositora para contrarrestar el control gubernamental del CNE. Integran las mesas y los centros de votación, las abandonan y en muchos casos ni recogen las actas. Abandonan los testigos y miembros de mesa. Esto no es otra cosa que debilidad organizativa de los partidos de la llamada MUD. La abstención será muy alta porque un grueso sector opositor no quiere participar en la votación del 20-M. A no ser que en estos 15 días manden a votar. No obstante, se quedará rezagado un buen lote de abstencionistas.

Entre el 70% y el 80% está el rechazo al gobierno. Sus políticas económicas han sido un fracaso. Y la población padece una hiperinflación que achica el valor real del bolívar y pone los precios de alimentos y medicinas inalcanzables. Se han deteriorado los servicios públicos y los ingresos familiares no cubren la canasta básica de alimentos. En los últimos años ha crecido exponencial la pobreza y la clase media se reduce y se desplaza hacia la base de la pirámide poblacional. No se respetan los controles y el bachaqueo hace estragos en la economía sin que el gobierno haga nada por evitarlo. Ocupado principalmente en la política de su conveniencia. Elecciones y programas sociales para la clase D y E. Una población indefensa olvidada y dejada a su suerte. Sin políticas eficaces de protección al bolívar, a la alimentación y salud de los venezolanos. No han podido frenar ni vencer la llamada guerra económica y su modelo luce ineficaz ante los horrorosos estragos de la hiperinflación.

Radicalización del abstencionista

Si solo el 30% de la oposición quiere votar no habrá necesidad de hacer trampa. Gana corrido Maduro con su voto cautivo o duro. Proveniente de las misiones y programas sociales. Lo que si sabe el liderazgo opositor de la MUD, es que el descrédito del CNE es tan grande que ni ordenando votar la gente saldrá. Tiene enganchada su esperanza en las sanciones internacionales. Y la desconfianza en los partidos opositores es inmensa. La enorme mayoría opositora ya decidió no votar y va ser muy difícil cambiarla. Mi lectura expresa que la abstención general en estas elecciones tomó cuerpo y se estableció como alternativa. Siento a la gente abstencionista muy radicalizada. Posición tomada… y actitud argumental. He conversado con algunos e impresiona su firme postura. En las cuales destaca “Esto es una farsa”. “Los resultados están cantados”. “No le vamos hacer el juego a Maduro”. “Las sanciones económicas derrotarán al gobierno”.

Confianza en lo internacional

Una de las causas de esta actitud en un numeroso segmento de la oposición es causada por lo errático del liderazgo en sus últimas actuaciones. Y especialmente sobre el votar o no votar. Sus rivalidades personales por encima del supremo interés de la nación. El solo hecho de no ponerse de acuerdo los descalifica y les hace perder confianza a sus posturas políticas. Por otro lado, la confianza está puesta en las acciones internacionales. Que tengan efecto en lo inmediato es otra cosa. Pero es el sentir de esa mayoría abstencionista. Decidida. Fanática. Sobreexcitada. Convencida del poder y de la intensión omnímoda de Estados Unidos.

fcordero@eluniversal.com

efecepe2010@gmail.com

@efecepe2010

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Carlos Raúl Hernández

Jamás la provincia había sufrido un abandono extremo como hoy. Alimentos, medicinas, vestido y demás bienes son en el interior mucho más caros y difíciles de conseguir que en la capital, que a su vez está hiperarruinada. En primer lugar porque las revoluciones se hacen para concentrar y centralizar el poder y así oponerse a los “contrarrevolucionarios”, como llaman cualquier poder social distinto a la autocracia. La revolución trata de liquidar las fuerzas autónomas, las empresas, los medios de comunicación, la Iglesia. Tomar bajo su control la totalidad del Estado y por lo tanto liquidar los poderes Legislativo y Judicial. Y someter la provincia a los mandos centrales.

Desde los años dictatoriales de Juan Vicente Gómez el país vivió una dinámica de centralización y concentración del poder, que se detuvo en 1989 con el Gran Viraje de Carlos Andrés Pérez, su Ley de Elección Directa de Gobernadores y la de Régimen Municipal que creó la figura y permitió elegir alcaldes por el voto popular. Ambas decisiones mejoraron de manera exponencial la eficiencia de esos funcionarios y permitieron el ascenso en las condiciones de vida de pueblos y aldeas.

Y desde el inicio de la tragedia de 1998, la destrucción se enfiló precisamente contra las autonomías regionales y municipales, los partidos políticos, los productores de riqueza y cualquier otra forma de modernidad, porque molestaban al Galáctico. Como el abrumador apoyo popular les permitía ganar gobernaciones y alcaldías, los exterminadores aprovecharon la ventaja pero con la idea entre ceja y ceja de castrarlas “en el proceso”. De entrada en 1999 se abolió el situado para los estados que establecía la Constitución de 1961. Este consistía en un porcentaje de los ingresos fiscales ordinarios y extraordinarios que les correspondía automáticamente.

Reivindicar la provincia

Veinte años después, el balance consiste en que el experimento revolucionario destruyó Pdvsa, la educación pública, la moneda, los servicios que prestaba el gobierno, la profesionalidad de las FFAA, y perdió el control sobre las fronteras y parte del territorio en manos de grupos irregulares. El esfuerzo es ahora para impedir la desintegración del país al estilo africano. En definitiva la revolución destruyó el Estado y la sociedad, con profundo deterioro de la vida cotidiana, especialmente de la provincia más que de la capital. Por el otro lado del espectro político el panorama no lució mejor.

Parte del liderazgo urbano y mesocrático desde 2016, asesorado por Mefistófeles, trató el interior del país como asunto de menor cuantía. Lo importante era el asalto del cielo, el Poder, con mayúscula, y por eso había que luchar por el RR. Las elecciones de gobernadores eran de segundo orden y muchos “dirigentes nacionales” (más bien caraqueños) expusieron esa nueva doctrina, aunque con resultados trágicos. A los activistas regionales y locales, perseguidos, empobrecidos, acosados por la revolución, cuyo sacrificio permitió ganar en 2015 la Asamblea Nacional, ahora los condenaban desde algún sanedrín en el este de Caracas a no ser alcaldes ni concejales.

“¡Que se defiendan solos porque nosotros estamos en las grandes ligas!”. Un gobierno para reinstitucionalizar el país que surgiera del voto el 20 de mayo, debe tener como punto prioritario regresar a la descentralización y la desconcentración. Ello comienza por devolver las atribuciones constitucionales de la AN, que el gobierno le arrebató en sucesivas acciones de fuerza, para recuperar la separación de las ramas del poder. Y la AN tendrá en sus manos, junto con el Poder Ejecutivo nacional, realizar los procedimientos para transferir competencias y recursos a los estados y municipios.

Mucho abarca poco aprieta

Entre las desgracias que trae inseparablemente la revolución una es arrancar a los niveles medios y bajos de la administración la capacidad de tomar decisiones. Eso congestiona de tal manera el Estado central, que explota la entropía. Si para hacer un puente sobre una quebrada en Socopó, en El Pilar o en El Manteco, se requiere la firma de un ministro o incluso del Presidente de la República, lo más probable es que no se hagan nunca o cuando se aprueben ya no existan las quebradas. Es necesario devolver los recursos económicos a gobernaciones y alcaldías para que puedan hacer las obras necesarias.

Al mismo tiempo fortalecer las capacidades contraloras de los consejos regionales para que garanticen la transparencia de las inversiones. Y existen amplias posibilidades de conseguir financiamiento internacional para la masiva construcción de infraestructura en todo el territorio, en sinergia entre el poder nacional, el estadal y el municipal. Un nuevo gobierno inyectará millones de dólares a la provincia para la descentralización, que se traducirán en mejorar rápidamente su nivel de vida.

Viene una firme alianza con los organismos financieros internacionales como el FMI, el BID, la CAF, el Banco Mundial, la Unión Europea. Eso permitirá que el país salga muy rápido de esta pesadilla que nos buscamos. Pero para eso ese sector lleno de resentimientos debería voltear la carabina con la que dispara cada minuto contra Henri Falcón y entender que el país obliga a que salgan del pozo de errores que los llevaron a su actual postración, y dejen de trabajar para Maduro.

@CarlosRaulHer

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Para las elecciones presidenciales de Venezuela, el domingo 20 de mayo, se espera un gran porcentaje de abstencionismo. Un grafiti en Caracas, el 20 de abril, pide no votar. Credit Fernando Llano/Associated Press

Durante todos estos años, siempre pensé que la única salida al conflicto de mi país era el voto. Sigo pensando así. Y justo por esa razón, creo que el próximo 20 de mayo los venezolanos debemos abstenernos.

Para la mayoría de la población, dentro y fuera del país, la situación es alarmante. Hemos llegado a un límite casi inimaginable en términos de hiperinflación, de deterioro en la calidad de vida, de violación de los derechos humanos y de control y represión oficial. El país frívolo que exportaba reinas de concursos de belleza se ha convertido en el país trágico que exporta pobres desesperados. Todo esto, bajo la mirada de un gobierno que sigue empeñado en negar la realidad, que prefiere destruir la nación que negociar.

En un artículo indignante, publicado hace pocos días en El País, Nicolás Maduro ofreció una muestra de cómo continuamente intenta legitimarse. “Nuestra democracia es distinta a todas”, afirma al comienzo del texto. “Porque todas las demás —en prácticamente todos los países del mundo— son democracias formadas por y para las élites. Son democracias donde lo justo es lo que le conviene a unos pocos”.

En realidad, su gobierno es un espejo perfecto de lo que denuncia. El chavismo se ha convertido en una élite que lleva veinte años concentrando poder. Controla el petróleo y la moneda, maneja a su antojo las instituciones y los tribunales, ha transformado a las Fuerzas Armadas en su ejército privado. Detiene, encarcela, tortura y hasta ejecuta adversarios sin respetar las leyes, sin dar explicaciones. Ha privatizado casi todos los espacios de la vida pública, ha organizado el hambre como un negocio político rentable. Una élite que necesita y desea, el próximo 20 de mayo, ganar algún tipo de legitimidad.

A medida que se acerca el día de las elecciones, aumentan la tensión y el debate sobre votar o no votar en el país. Quienes promueven la teoría de que es necesario votar dan por descontado que la abstención es una resignación inútil, un abandono de la lucha o una manera algo espuria de resistir. Uno de los éxitos del chavismo ha sido distribuir en la sociedad venezolana la idea de que el disentimiento es sospechoso, que siempre puede acercarse peligrosamente a la ilegalidad. La ambigua conjetura de que el llamado a no votar esconde en el fondo un ánimo conspirador le resulta muy conveniente al gobierno.

Dos supuestos sostienen la propuesta de participar en las elecciones: creer, primero, que de manera repentina una indetenible marea de votos le dará un triunfo incuestionable al candidato de la oposición, Henri Falcón, y, después, en segundo término, confiar que el gobierno y sus instituciones aceptarán y reconocerán esa victoria. No hay, sin embargo, ninguna garantía de que alguna de estas dos cosas pueda ocurrir.

La candidatura Falcón no depende de la política, sino de la fe. No es un problema que tenga que ver, ni siquiera, con el candidato. No hay que discutir sus cualidades o deficiencias. El problema está en el sistema. No es nueva la ilusión de un sorpresivo tsunami electoral, más aun en un contexto de crisis total como el que vive el país. Por eso mismo, la campaña oficial se ha centrado en obtener ganancias del clientelismo a través del llamado Carnet de la Patria, que permite al gobierno canjear votos por comida. La élite chavista ha diseñado una arquitectura electoral que carnetiza la pobreza y transforma la elección en un chantaje.

Supongamos, de todos modos, que la hipótesis se transforma en realidad y que una avalancha de votos hace irremediable un triunfo de la oposición. Supongamos, también, que el gobierno reconoce su derrota: ¿qué sigue? Henri Falcón debe esperar hasta enero de 2019 para que el presidente entregue el gobierno.

Llamar a votar porque no hay más remedio, porque no hay otra alternativa, es absurdo. Estamos denunciando que las elecciones son un artificio, que la democracia en Venezuela es una trampa.

Las enseñanzas de lo ocurrido el 2015 deberían ser útiles. Tras la victoria de la oposición, los parlamentarios salientes aprovecharon los pocos días que les quedaban para dar un golpe de Estado y asegurar su control absoluto del Tribunal Supremo de Justicia. A esto, además, hay que sumarle la existencia de una fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente (ANC), a la que todavía le queda por lo menos un año de ejercicio, constituida como un poder absoluto, capaz de —por ejemplo— redefinir y limitar a su antojo el papel y las funciones de la presidencia.

Esto implica que aun perdiendo las elecciones, la élite chavista retendrá el poder en su sentido amplio, incluyendo la posibilidad de despojar de facultades a la presidencia. En el supuesto negado de que Henri Falcón ganara, solo obtendría una silla hueca, un adorno y no un cargo, una representación del vacío. Todo esto hace que la elección del 20 de mayo sea un fraude anunciado.

La dirección política de la oposición tiene muchas debilidades y ha cometido bastantes errores. Sin embargo, en este momento tanto la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) como el Frente Amplio están siendo leales con la mayoría que, de distintas maneras, intenta resistir ante el gobierno.

El llamado a la abstención es coherente con lo ocurrido tras las elecciones de octubre del año pasado, cuando Juan Pablo Guanipa ganó la gobernatura en el estado de Zulia y Andrés Velásquez en Bolívar. ¿Qué pasó? Al primero, trataron de someterlo a través de la ANC. La élite canceló el triunfo de los votantes e impuso nuevas elecciones. Al segundo, todavía hoy, el Consejo Nacional Electoral no le ofrece respuestas ante sus contundentes denuncias de fraude. Estos son ejemplos recientes y brutales.

Las elecciones en Venezuela están diseñadas como una estafa perfecta. El gobierno elige a todos los candidatos, establece las reglas de juego, no permite auditorías ni ningún tipo de observación independiente, extorsiona a los votantes con comida y medicinas, mientras la población menos necesitada se debate moralmente entre votar o no votar.

Es una maniobra que apuesta, además, a enfrentar a la crítica internacional. El gobierno necesita una alta participación electoral para poder descalificar a todos los países que se han sumado al desconocimiento de los resultados electorales. Basta recordar una reciente entrevista con Jorge Rodríguez. El ministro de Comunicación y jefe de campaña de Maduro descartó la existencia de la crisis humanitaria usando como argumento el resultado de las últimas elecciones. Para eso necesita el gobierno que los venezolanos participen en las presidenciales.

Llamar a votar porque no hay más remedio, porque no hay otra alternativa, es absurdo. No estamos decidiendo entre votar o tomar las armas. Eso es parte de la trampa. Es lo que también ha propuesto Maduro. No estamos decidiendo entre votar o apoyar una invasión. Estamos denunciando que las elecciones son un artificio, que la democracia en Venezuela es una trampa.

Pero es necesario que la dirigencia política de la oposición llene de sentido —simbólico y práctico— la abstención, que la convierta en un verdadero acto político. Hay muchas posibilidades e iniciativas de inventar acciones de todo tipo, dentro y fuera del país, para el 20 de mayo. No se trata de una resignación pasiva. La abstención no tiene por qué ser una renuncia. También puede ser un gran acto de rebeldía.

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