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Opinión

Elizabeth Araujo

Residenciado desde hace varios años en Oldenburg, Alemania, en cuya universidad ejerce la docencia y la investigación, Fernando Mires (Santiago de Chile, 1943) forma parte del paisaje político venezolano, y no faltará quien lo haya imaginado bajando todas las mañanas por la avenida Luis Roche, en Altamira, para ir al trabajo y luego en las noches reunirse con los grupos opositores contra lo que sin tapujo él denomina la dictadura de Nicolás Maduro. Esta cercanía afectiva e intelectual con un país que aprecia y a veces le roba el sueño lo ha colocado no pocas veces en el ojo del huracán de las confrontaciones por redes sociales. Este diálogo, correspondido vía correo electrónico, intenta en cierto modo explicar su posición actual acerca de ese puzzle con piezas extraviadas que parece ser la oposición venezolana.

–Hace días publicó un tuit en el que prometía no disertar más sobre el tema venezolano, a disgusto de sus seguidores (@FernandoMiresOl) en Twitter –muchos más de quienes le adversan– y que se han nutrido de sus reflexiones políticas y filosóficas ¿Será que llegó Fernando Mires a la conclusión de que la crisis venezolana no tiene arreglo?

–Creo que en ese punto se produjo un malentendido. Yo escribí simplemente “Adiós Venezuela”. Lo que quise dar a entender fue que Venezuela se encontraba frente al abismo. Como usted bien sabe yo me pronuncié a favor de la participación en las elecciones, no con el objetivo de ir a competir deportivamente, sino mediante la inscripción de un candidato-líder que hiciera de portavoz frente a los fraudes, que oficiara de nexo entre la presión internacional y la política interior y que fuera apoyado por los principales líderes de la oposición. De esta manera la oposición no renunciaría a la ruta electoral y a la vez podría estar en condiciones de desatar un movimiento democrático. La MUD decidió, como es sabido, no participar en aras de una “abstención activa”. En otras palabras: la oposición venezolana fue llevada por Maduro, pero también por ella misma, a una situación sin salida. Por eso escribí “Adiós Venezuela”. Pero mi interés persiste. Entre otras cosas, por la enorme gravitación que tienen los sucesos venezolanos sobre el resto del continente.

–¿Cuáles son, a su juicio, los factores que obstaculizan una salida democrática en Venezuela?

–Son dos. El primero es el ejército, las FAN. Estamos frente a una dictadura militar con fachada civil. Hay más militares ocupando puestos públicos que los que hubo durante la dictadura del general Pinochet en Chile. Eso lleva a deducir que toda alternativa democrática pasa por la división del ejército. Pero esa alternativa no se va a dar nunca si el ejército no es políticamente presionado. De ahí la importancia de no abandonar la lucha electoral aún a sabiendas de que se va a la derrota. Hay derrotas que pueden ser transformadas en victorias. No debemos olvidar que un gobierno que se impone mediante fraudes termina deslegitimando a todo el aparato del Estado del cual el ejército es su eje principal. Hoy, sin embargo, Maduro puede ganar elecciones sin necesidad de cometer fraude. No hay motivos para suponer entonces que dentro del ejército se producirán grandes grietas. Para que se produzcan es necesario que los militares sean conscientes de que “así no podemos seguir”. Y hoy, como están dadas las cosas, pueden seguir. La segunda razón tiene que ver con la formación dentro de la oposición de un abstencionismo políticamente organizado, fracción que privilegia el enfrentamiento callejero sin poseer, como se ha visto, ningún poder convocador de masas. Pese a ser minoritaria, esa fracción cuenta con recursos materiales y con importantes vinculaciones internacionales.

–¿Cómo calificaría usted la situación actual de la oposición venezolana?

–Catastrófica. Hasta hace poco la oposición estaba dividida en dos segmentos: los abstencionistas y los electoralistas. Hoy hay tres segmentos: los abstencionistas número uno, los abstencionistas número dos y los electoralistas. La diferencia entre los dos abstencionismos es que los del número uno son y serán siempre abstencionistas. Lo fueron incluso en las elecciones del 6D. Los del abstencionismo número dos son abstencionistas coyunturales. Se declaran partidarios de votar, pero no bajo las condiciones fijadas por el régimen. El problema es que no parecen darse cuenta de que el gobierno de Maduro es una dictadura y que, por lo mismo, siempre las condiciones las fijará el régimen. Y de eso se trata precisamente cuando se lucha contra una dictadura: la de actuar bajo condiciones que “dicta” un régimen. No participar porque Maduro no va a cambiar las condiciones es como decir, yo no participo porque la dictadura no es democrática. Un absurdo. El tercer segmento, el electoral, fue mayoritario y hegemónico dentro de la oposición. Hoy no es ni mayoritario ni hegemónico. Ha caído en las trampas de Maduro y ha cedido a las presiones ejercidas por la llamada “oposición a la oposición”.

–¿Coincide usted con algunos opositores de que la MUD parece no contar con una estrategia efectiva para consolidar su contacto con el venezolano de a pie?

–Nunca la MUD va a tener una sola estrategia porque la MUD no es el PSUV. La MUD es una mesa coordinadora de partidos políticos cuyas estrategias son diferentes entre sí. Si alguna vez desarrolla una estrategia común, será como resultado de largos acomodos internos. En cambio el PSUV sí puede desarrollar una estrategia acorde con cada situación. Esa estrategia es hoy una sola: mantenerse en el poder a cualquier precio, aunque sea asesinando. Pero si es difícil que la MUD desarrolle una sola estrategia, sí puede mantener algo más eficaz que una estrategia: una ruta sostenida y persistente. Esa ruta había sido definida por sus llamados cuatro puntos cardinales: pacífica, constitucional, democrática y electoral. Hoy, al no concurrir a las elecciones fraudulentas y así cuestionar en la propia calle al régimen durante una intensa campaña electoral, la MUD ha perdido la ruta. Ha abandonado la lucha electoral sin definir ninguna otra.

–A veces da la impresión de que –puertas afuera– los temas de la migración masiva y los cuestionamientos de mandatarios latinoamericanos y de la UE, no hacen mella en Maduro ¿Será que en verdad no le afectan esos temas o trata de disimular tal imagen exterior?

–A Maduro le hacen tanta mella como al tirano Al Asad de Siria. La oposición internacional a la tiranía de Al Asad es diez veces superior a la ejercida en contra de Maduro. La migración siria es mucho mayor. Pero Al Asad está dispuesto a incendiar toda Siria antes de ceder un milímetro de su poder. Maduro y su grupo, también. El vil asesinato cometido a Oscar Pérez fue un aviso. Yo creo que la posición de la llamada “comunidad internacional”, siendo importante, ha sido magnificada por gran parte de la oposición venezolana. Pero la “comunidad internacional” no puede hacer más que actuar de acuerdo a principios universales. Y eso es mucho. Y se le agradece. Por lo demás es falso que Maduro esté aislado del mundo. El pasado lunes 26 de febrero vimos en todos los periódicos que el jefe fáctico del estado venezolano, el general Padrino López, apareció en Rusia junto a Putin. Evidentemente, Padrino no fue a veranear a Rusia.

–Ubicado usted –hipotéticamente hablando– en el lado de quienes desaconsejan participar en estas presidenciales ¿cuál sería el argumento con mayor fuerza para convencer a los venezolanos de no participar?

–El argumento más recurrente es que si se acude a las elecciones se legitima el fraude y con ello a la dictadura. El problema es que nadie puede reclamar fraude si no se acude y, por lo mismo, la dictadura, con la abstención, se legitima más que antes. Eso es precisamente lo que quiere Maduro: ganar sin, o con una muy débil oposición, y así no verse obligado a cometer fraude. La mesa la tiene servida.

–Y si esta disyuntiva lo sorprendiera a usted en la otra acera ¿cuáles son las razones para participar a toda costa?

–Convertir las elecciones, desde “dentro” de ellas, en un gran movimiento de protesta pública nacional. Pero eso ya no se dio.

–¿Cómo calificaría usted la gestión del expresidente español Rodríguez Zapatero como interlocutor de una mesa de negociación que fracasó?

–Para mí, dicho con toda sus letras -y pese al enorme respeto que me merece la historia del PSOE- el expresidente de España, Rodríguez Zapatero, llegó a ser –antes, durante, y después del diálogo– un funcionario al servicio de los intereses de una de las más horribles dictaduras sudamericanas de los últimos tiempos.

–¿Ha habido momentos en que haya acariciado la posibilidad de una intervención extranjera o de EEUU en Venezuela para salir de una vez de esta crisis, cada vez más insostenible?

–Nunca. Y por tres razones. La primera, porque la vida me enseñó a no confundir los deseos con la realidad. La segunda, porque hasta ahora no hay un solo indicio. La tercera, porque solo puede venir de los EE UU, nación que ya no está en condiciones de abrir varios frentes a la vez. Con Kim Jong Un, con Putin, con Asad y con la teocracia persa, tiene más que suficiente. Naturalmente, si aparecen indicios, cambiará mi opinión. Pero ahora yo no puedo opinar sobre lo inexistente.

–En tanto que filósofo ¿cómo califica usted el comportamiento, no pocas veces de enfrentamiento, entre actores de la oposición venezolana en mitad de esta crisis?

–Lo de filósofo es un elogio. Si lo soy es solo por vocación. Por profesión soy historiador. Como filósofo debería analizar cada acontecimiento como un fenómeno “en sí”. Como historiador, en cambio, debo inscribirlos en el marco de un proceso. Y el proceso venezolano me muestra una suma de actos fallidos de parte de la oposición. Desde la incapacidad por unir revocatorio con elecciones regionales, siguiendo por la precaria conducción de las movilizaciones del 2017 (nacidas en defensa de la Constitución, de las elecciones y de la AN, y terminadas en confrontaciones de muchachos con escudos de cartón en contra de un ejército armado hasta los dientes), por las elecciones regionales a las que acudió sin entusiasmo ni mística, por la capitulación electoral en las municipales, hasta llegar a la “abstención activa” de las presidenciales sin que nadie sepa todavía con qué se come eso. Después de tantos yerros, lo menos que puede esperarse son enfrentamientos entre los actores de la oposición.

–¿En verdad avizora esperanzas de que los venezolanos pondrán fin a la pesadilla chavista, o viviremos eternamente en esta espiral de crisis, aún después de que Maduro haya abandonado el poder?

–Siempre lo he dicho, y ahora lo voy a decir como el filósofo que no soy: La historia no transcurre de acuerdo a programas sino de acuerdo a incidencias y accidencias imposibles de predecir. La de Maduro, como toda dictadura, representa la muerte del alma ciudadana. Pero creo que al final la vida se impondrá sobre la muerte. Si no creyera eso, jamás habría escrito una línea sobre Venezuela.

@elizaraujo

 8 min


Maxim Ross

A todos nos es fácil recordar y mantener vigentes esas grandes frases que marcan historia, como aquella de las “siete plagas de Egipto”, también conocidas como las “Diez plagas” que llevaron, supuestamente, a la liberación de los judíos de la tiranía del Faraón y no es que desee establecer una analogía con aquel supuesto suceso, porque no tenemos un Moisés que las pida y las provoque, sino porque sirven para identificar las que le han caído a Venezuela y que tanto daño han hecho.

Muchas veces tendemos a explicar la situación venezolana por los hechos o por los síntomas de una enfermedad mayor que no percibimos y que está detrás de aquellos. Por ejemplo, cuando nos preguntamos ¿Cuándo se quebró Venezuela?, lo atribuimos a un suceso histórico o una conducta política, como aquello del “boom petrolero” o el “efecto Tequila”, pero no nos damos cuenta que hay una especie de “ruta de comportamiento” que, precisamente, explica aquellos hechos y no le atribuimos la suficiente fuerza explicativa. Sabemos que se han dicho y repetido, pero esta vez, parece útil ponerlos de conjunto para que no se nos olvide lo que se esconde detrás de lo que nos sucede hoy día.

Son “siete” las plagas que llegaron a Venezuela:

Caudillismo militar

Quizás la primera de todas, porque tiene raíces en nuestros orígenes como país y como Republica. El hecho de que nuestra identidad se formara en y después de la guerra de Independencia cataloga una secuencia de historia y mando militar sobre Venezuela. Digo que es una “plaga” porque, nunca, nunca repito, permitieron la creación de una autentica Republica, tal como esta se entiende modernamente. La controversia entre Bolívar y Miranda ilustra nítidamente este dilema[1], en el cual triunfa la visión militar sobre el primero. La idea del “caudillo”, íntimamente ligada a nuestros primeros tiempos, completa el cuadro de la presencia militarista, con aquello, por ejemplo, del “gendarme necesario” y que a veces se escucha en voces que claman por orden y disciplina.

No hay duda alguna en los efectos y la influencia que tuvo y tiene en la conformación de nuestros poderes públicos, en especial los de hoy día, dirigidos claramente a la consolidación de un poder personal, único y militar. Nada bueno nos ha dejado esa secuela a juzgar por la experiencia y la historia y por el estado en que se encuentra Venezuela.

Presidencialismo

Por si fuera poco, a esta “plaga” le agregamos otra que consolida la primera, la de un poder presidencial casi absoluto, aun con las restricciones que impuso el trazo democrático. Nuestros presidentes reciben tanto poder de sus electores que luego lo ejercen sin control prácticamente alguno y, poco a poco, al irse perdiendo ese hilo democrático va quedando un poder absoluto que se convierte en otra “plaga”. Nada ni nadie puede interferir en sus graves decisiones, inclusive al punto de que ese poder va mutando a uno “personal”, en el cual el presidente comienza a hablar del “yo” que otorga, decide y reparte la Hacienda Pública.

Ejemplos sobran en nuestra historia de como el personalismo los llevo a la derrota y al ostracismo, salvo honrosísimas excepciones que podemos contar con muy pocos dedos, pero ahora ha exacerbado a sus extremos, haciendo que quien ocupa nuestro más alto y solemne cargo representativo va dejando de serlo. Para “colmo de males” esa misma persona maneja completamente el negocio petrolero, como he indicado antes en otros escritos, ya que es la “acción preferida” en la Asamblea de Accionista de PDVSA. Los resultados de esta “plaga” están a la vista.

Estatismo

No es de extrañar, entonces, que otra “plaga” nos aceche: el exagerado e influyente peso del Estado venezolano en todas las áreas de la vida, sean estas económicas, políticas, institucionales y sociales, cuestión que estaría demás difundir en este escrito si no fuese por la importancia decisiva que ha tenido y tiene en el desempeño de toda Venezuela. Ya ha sido llamado por otros “omnipotente y omnipresente”, pero de cuyo peso derivan dos elementos importantes. Por una parte, el hecho de ser el único dueño de la principal industria lo califica, porque de allí deriva que es dueño de las divisas, de allí de todo el aparato productivo y de allí en constituirse en el “gran suplidor” de siempre. Ahora como proveedor de las más básicas necesidades de la sociedad.

Por la otra, el tema nada menos sustantivo de que ese Estado ha inhibido de tal manera el desarrollo de una extensa y profunda sociedad civil, cuyo “oxigeno” es totalmente dependiente de él. Sea en el plano material o en de la defensa de sus más significativos derechos humanos, pues sus instituciones lejos están de actuar en su legítima defensa y muy difícilmente se puede decir que la representan cabalmente.

Populismo

Esta “plaga”, que fácilmente podríamos llamarla la “enfermedad política” o, si se quiere, de los políticos nos ha invadido hasta los cimientos más hondos. La promesa del que puede hacerlo todo cuando esta en campaña, pero ni los cumple o hace lo contrario es regla de oro en nuestro pobre país. Con la ayuda del “caudillismo”, del Presidencialismo, del Estatismo y del petróleo a los políticos venezolanos les ha resultado muy fácil prometer. Unos mas que otros, repito, con honrosas excepciones que marcaron la diferencia porque no prometieron, fueron participes de esa conducta, más todavía de aquel que llenó de promesas el escenario, para luego dejar al país arruinado.

Venezuela esta “herida” de populismo hasta límites, quizás, insalvables porque aquellos que no saben siguen creyendo en los que lo postulan. Muy fácil es ofrecer “villas y castillos” a los que hoy no ganan lo suficiente para mantener la familia. Muy fácil es prometer futuros que no existen y estallan después en la triste realidad que hoy vivimos.

Lamentablemente, esa “plaga” no ha desaparecido y, agrego, tiene “dos caras”. La convencional que es la que se ha descrito, la previa al evento político o electoral y la posterior a este que se concreta en aquella vieja consigna: “pan y circo”, con la cual se mantiene distraído y engañada a la población. La diferencia entre un carnaval divertido y ofertas de “felicidad”, sumados a la bolsa CLAP completan esta de nuevo cuño.

Socialismo

Con esta se va cerrando el círculo. Todos, repito todos los partidos políticos que accedieron al poder en Venezuela están “enfermos” de socialismos, extremos, moderados o “medias tintas” y quien diga que este país ha sido gobernado por todas las ideologías políticas esta equivocado. Desde la perspectiva social cristiana, la socialdemócrata hasta la marxista se ha impuesto el terror al mercado y al capitalismo, sin ninguna duda y por mas que se afanen en repetir lo de “economía mixta” o cualquier otro subterfugio para ocultar pensamiento y procedencia. Aquellos que en todos esos partidos intentaron revisar esas ideas fueron defenestrados y hay testigos vivientes.

Venezuela no tuvo la suerte de tener un Felipe Gonzalez o un Tony Blair que se atrevieron a cuestionar seriamente el socialismo y tampoco los tiene ahora, pues ninguno de los surgidos recientemente se lo plantea seriamente, más allá de di vagancias y generalidades. Una “plaga” que no nos hemos podido quitar de encima y que ahora se agrava miserablemente con esta “cripto revolución” cuyos ancestros vienen de Marx y Jesús. Sumen Uds., estimados lectores, todas ellas para explicar porque estamos donde estamos. Solo agreguemos dos, para no llegar a diez.

Vivir del petróleo

Todo lo dicho y defendido no seria posible sino fuera porque tenemos petróleo, pero no nos equivoquemos, no es nada malo tener esa bendición. Pero si se usa para mantenerse en el poder o, peor, para comprar cuerpos y almas es donde se convierte en dañino y perverso. El punto es que la “plaga” no es tenerlo, sino solo vivir solo de él y Venezuela se acostumbró a esa forma de vida. Hoy en día esta aseveración se nos hace manifiesta y se revela dramáticamente con un progresivo empobrecimiento que no tendría lugar si hubiésemos aprendido a crear y desarrollar otras fuentes de riqueza.

“Vivir del petróleo” alimentó a las demás, porque no cabrían populismos, socialismos, presidencialismos, etc., etc., si esta fuente de ingresos no estuviera allí, facilitándolos sin restricción alguna. Solo, si alguna vez, somos capaces de vivir de otra manera, dependiendo menos de esa gentil riqueza seremos capaces de afrontar todas esas plagas, incluyendo la última.

La revolución bolivariana

Que nos haya caído esta, en pleno Siglo XXI, es lo peor del todo. Una plaga que, como aquellas que invadieron al Egipto de sus tiempos, no pareciera tener contrapartida y defensas, pero con el agravante de que se asienta en los más anacrónicos pensamientos de las ciencias y de la filosofía. Anclada en el siglo V, por sus costumbres monárquicas y feudales y en el XIX por sus orígenes utópicos y marxistas, esta plaga inunda todos los espacios y conductas. La revolución bolivariana con todos sus contenidos épicos, mitológicos, personalistas, llena de promesas incumplidas, con ese completo desfalco que le ha hecho Venezuela no puede ser mejor calificada. Es la suma de todos los males. Es la suma, de todas las plagas con las que hemos vivido durante mucho tiempo.

[1] Excelentemente tratado en el “Miranda y Bolívar. Dos visiones” de Giovanni Meza. Editorial jurídica venezolana, 2015.

 7 min


Juan Pablo Gómez

NOTAS CON CANETA

Quien volviendo a hacer el viejo camino aprende el nuevo, ese puede considerarse un maestro

Confucio

Cuando Franco redactó el último parte de guerra en Burgos, el 1 de abril de 1939, para ser leído por el locutor radiofónico Fernando Fernández, exigió que hubiese énfasis en la frase: “La guerra ha terminado”. Habría todavía algún iluso que creía que empezaría una era de normalización en la que los franquistas ofrecerían hojas de olivo a los derrotados. Pero el impulso fascista del franquismo ya se había desatado, y se trataba ahora de blindar los resortes y mecanismos de control del poder para instaurar un régimen opresivo ultra-católico que, además, intentaría culpabilizar a los supuestos responsables (“los rojos”) de la tragedia nacional. Podía hasta olerse el clima represivo y de religiosidad asfixiante más acorde a los tiempos de Felipe II, sólo que con más crueldad debido al anacronismo.

Pero la mayoría de los intelectuales republicanos que habían podido sobrevivir se hallaban a resguardo más allá de los Pirineos, dando inicio a lo que se llamó “La España peregrina”. La sensación de desolación general entre los exiliados era abrumadora, como si en todos retumbaran no sólo los fusiles de la guerra, sino todavía con más estridencia el pregón “masón, rojo y maricón” previo al salvaje fusilamiento de García Lorca, que fue símbolo de todo lo que pasaría. Las dos Españas una vez más se habían peleado, pero esta vez los perdedores que no aceptaran la purga o la supremacía fascista tenían que irse y el país escondía ignominiosamente un sinnúmero de fosas comunes. A América llegaron más de 200 mil desterrados. Entre los países hispanoamericanos que dieron acogida sin chistar, se hallaban México, Argentina, Chile, República Dominicana y Venezuela. De todos ellos, México –o Lázaro Cárdenas- fue quien más y mejor impulsó la acogida, viendo con suficiente claridad la oportunidad: los intelectuales españoles republicanos enriquecerían la cultura y la educación mexicana del mismo modo que España empobrecería la suya durante la posguerra de forma dramática. Si cabe el cinismo, no sólo ganaba el franquismo la guerra, América Latina ganaba algo muchísimo más valioso.

El caso del exilio republicano en Venezuela también fue fascinante, porque se dio de una forma más paulatina, más dispersa y tal vez más afortunada. Desde Pedro Grases en el viejo pedagógico de Caracas impartiendo con entusiasmo clases de gramática (que en realidad eran lecciones de vida y de amor a la docencia, como decía Alexis Márquez Rodríguez) hasta el maravilloso cúmulo de luces que trajeron a la UCV ni más ni menos que Juan David García Bacca, Manuel García-Pelayo, Manuel Pérez Vila, Juan Nuño, Eugenio Imaz, Federico Riu, Marco Aurelio Vila, sólo por nombrar a unos pocos muy destacables. Algunos estuvieron de paso pocos años, otros muchos, y hubo quienes se quedaron para siempre. Franco le “regalaba” a Venezuela un conjunto consistente de intelectuales de distinta formación y variadas disciplinas que fundarían o continuarían cátedras de enseñanza de alto nivel, pocas veces visto en el país. Además, se trataba de gente que había vivido en sus carnes la guerra, la derrota y el exilio. Esa enseñanza añadida era invaluable. La Venezuela que encontraron era más bien un paisaje casi pastoril y arcádico: la Universidad recién estrenaba los espacios de la Hacienda Ibarra en los que Carlos Raúl Villanueva había levantado ese complejo de entramado artístico, idílico y eficaz para formar a nuevas generaciones que, además, respetaban con altura y devoción a estas figuras que tenían en común una afianzada lealtad a su vocación de docentes. En ese entonces, Venezuela era un radiante futuro y España un doloroso pasado.

Pero la vida da muchas vueltas. La situación de Venezuela en el presente no tiene precedentes en nuestra historia republicana. No se trata de hacer panorámicas interesadas de añoranzas, ni de decir que antes estuvimos mejor. Porque Venezuela siempre ha tenido serias dificultades. Desde la emancipación que degeneró en una guerra salvaje y cruenta a niveles incuantificables, pasando por una segunda mitad del siglo XIX atroz que parece haber continuado el impulso bélico y violento casi por inercia disipado en revoluciones cada cual más absurda y estéril, hasta la desgracia definitiva: el petróleo.

Siempre fue un país violento, desigual, opresivo, superficial y precario en el que todo parecía estar signado por lo efímero, lo provisional, lo circunstancial. El país de los carros, las autopistas, la gasolina barata y los clubes privados en el que la gente de a pie no importaba demasiado. Ese carácter de “campamento” con el que Cabrujas se refieró a la nación, hoy es todavía más preciso. De modo que tener una consciencia crítica de nuestra historia hace que corramos el riesgo de no ver más que momentos oscuros (algunos más que otros) y un futuro poco promisorio. Pero la diferencia de algunas épocas con respecto al presente quizás sea que antes había afán de un nuevo comienzo, podía empezarse de nuevo, podía haber promesa, podía haber espacios (aunque reducidos como la UCV) en los que pudiesen integrarse en clave educativa nuevas formas de desarrollo, de progreso, de porvenir. Ahora la desazón generalizada pasa por la realidad migratoria: las estadísticas empiezan a hablar seriamente de diáspora. La UCV es un reducto cada vez más nebuloso en el que los estudiantes aspiran rápidamente a un título como recurso desesperado para intentar salir del país. Lo poco que se forma y se educa bien, ve su plenitud en el extranjero (y muchos de ellos malgastando su talento desempeñando oficios por la supervivencia). Porque los problemas crónicos se han multiplicado y se han afianzado como estructurales: la crisis moral, la corrupción generalizada y la delincuencia desbordada. De allí es más difícil salir. Un país bachaquero y malandro no tiene mañana.

Una gran subida de los precios del petróleo o un súbito cambio de gobernantes no sacará a la nación de condiciones tan lamentables a menos de que haya una reestructuración masiva del sistema completo y de todas las instituciones. La clave siempre es la misma: la educación, la formación, el afecto. Pero siempre se escucha esa recomendación como un ritornello barato, aburrido y siempre desatendido, porque la mayoría de la gente suele enfocarse en rentabilidad y bienestar inmediato. En general, no suele haber consciencia de que ese deseo tan elemental nunca ha contribuido a un colectivo sólido, educado y valioso que puede llegar a constituir un lugar mejor y más humanizado para todos.

Invertir seriamente en instituciones educativas, otorgar los mejores salarios a los docentes (desde pre-escolar hasta posgrados), abrir concursos de oposición para aspirar a esos cargos docentes en todos los niveles y con unas reglas muy bien definidas. Con medidas parecidas, tal vez más de la mitad de la población joven desearía convertirse en docente y la ganancia estaría asegurada porque se formaría, inevitablemente, a toda la sociedad como ciudadanía crítica, consciente, productiva y respetuosa de los valores comunes. Una sociedad así ve reducidos al mínimo problemas como la criminalidad, el embarazo precoz, el deseo de ganar dinero sin prestar ningún servicio (es inmoral que haya gente que gane dinero sin ofrecerle nada a la sociedad, como los especuladores financieros, por ejemplo) y sobre todo la productividad general: alimentos, medicinas, bienes y servicios.

Una sociedad que no ha educado ni formado a su gente está condenada a ser gobernada después por esa gente. Está clarísimo. Y no sólo en nuestras latitudes. Siempre se ha dicho que la UCV es un fiel reflejo del país. Nunca la UCV estuvo en una crisis (presupuestaria, de personal, anímica, social, etc.) como esta, porque es una agonía por inanición, lenta y dolorosa. Pero el reflejo también es inverso: cuando la UCV dé signos serios de recuperación –porque morir también es arduo- podríamos empezar a hablar de nuevos intentos de comienzos para el país. Uno nunca sabe. Mientras tanto, muchos docentes resisten en estas condiciones y siguen empeñados en formar con entusiasmo, tesón y obstinadamente a los que vengan. Seguramente esos merecerían la admiración y el respeto de los Grases, García-Pelayo, Nuño o García Bacca. Seguramente a esos Franco tampoco los querría.

Prodavinci

26/02/2018

https://prodavinci.com/lo-que-venezuela-le-debe-a-franco/

 6 min


Descartes nos enseñó a dudar. La ciencia ha logrado grandes avances gracias a que algunos ponen en duda lo que se daba por sentado. La duda es necesaria para no precipitarnos en la toma de decisiones. Sin embargo, es de timoratos seguir dudando cuando se tienen evidencias incontrovertibles de un hecho. Nuestra dirigencia política debe aceptar que llegó la hora de la verdad, como se dice en términos taurinos. Terminó la faena y es necesario despachar al toro. Desde luego que es en sentido figurado. No estamos frente a un toro de lidia porque el de Miraflores carece de trapío, por lo tanto el despacho solo se refiere a sacarlo del despacho que usurpa, es decir devolverlo a los corrales por mal desempeño. .

Tal día como ayer, hace dieciséis años, se produjo un hecho inédito en la historia venezolana de las empresas del Estado. Los treinta cuatro más altos ejecutivos de la industria petrolera no dudamos en realizar un pronunciamiento público titulado ¡Salvaguardemos a Pdvsa!, alertando a la ciudadanía de la intención de Chávez de tomar por asalto a Pdvsa y filiales para poner sus recursos al servicio de su “revolución”. Efectuamos ese pronunciamiento, apoyado mayoritariamente por el resto del personal, porque teníamos pruebas evidentes de la intención de politizar a la empresa. Desde entonces y hasta la fecha, los petroleros agrupados en la Asociación Civil Gente del Petróleo y en Unapetrol no hemos dado ni un paso atrás en la defensa de principios y valores.

En general, nuestra dirigencia política se ha debatido en dudas de cómo enfrentar a un régimen que en sus inicios fue autoritario y violador de la Constitución y se convirtió en una dictadura totalitaria, cercana al narcotráfico y al terrorismo islámico. Marchas y contramarchas han terminado por desanimar a muchos. Sin embargo, llegó el momento de apartar las dudas y tomar una decisión unitaria y frontal.

En esta etapa hay que reconocer que la dirigencia ha estado a la altura de las circunstancia y en sintonía con lo que piensa la mayoría del país y del exterior: no aceptar la convocatoria a una elección donde el régimen descartó a algunos candidatos enviándolos a la cárcel, al exilio o inhabilitándolos, y, además, con un CNE tramposo y con la espada de Damocles de una Constituyente espuria que se atribuyó la potestad de hacer lo que le dé la gana a Maduro.

El distinguido Eduardo Fernández, sin duda un ciudadano intelectualmente honesto y que siempre ha luchado por una mejor Venezuela, sostiene que con este mismo CNE ganamos la mayoría de diputados en el 2015. También que, al ser mayoría, si presentamos un candidato y un plan de gobierno unitario, y nos organizamos para defender los votos lograríamos sacar a Maduro por la vía electoral. Fernández tiene algunos puntos válidos al señalar que la dirigencia opositora no realizó el trabajo adecuado, pero debería considerar otros aspectos.

Un analista ponderado como es Tulio Hernández, señaló en su artículo del domingo titulado “Hacer lo correcto”, que vivimos una etapa similar a la del dictador Pérez Jiménez cuando asesinó a Ruíz Pineda, cometió el fraude en la elección de la Constituyente y sacó del juego político a URD. Hoy, sostiene Hernández, “con la prisión de Leopoldo López y el fraude de la Constituyente, quedó claro que se clausuraba la salida política. De ahora en adelante tenemos la certeza de que no se puede ir a elecciones sin condiciones justas y, además, convocadas por un ente ilegítimo. Puede venir un período de oscuridad mayor. Como el que dicen ocurre cuando se avecina el día”.

Por su parte, el general Fernando Ochoa Antich, un militar civilista, en su artículo “La salida militar”, dice que “la única manera de encontrar una alternativa a la violencia es solicitarle al CNE la convocatoria a elecciones, justas y transparentes, en el mes de diciembre de este año, o en una fecha más cercana, pero no en abril de 2018. Al cerrar esta posibilidad ha abierto el camino de una posible salida militar”. Ochoa cita el artículo 333 y escribe que “Esta norma constitucional obliga a cualquier miembro de la Fuerza Armada Nacional, como también a todo venezolano, a realizar las acciones que sean necesarias para contribuir en el restablecimiento de su vigencia. Es deber del ministro de la Defensa, del Alto Mando Militar y de todos los cuadros de la institución armada valorar la constitucionalidad del gobierno de Nicolás Maduro”.

Ojalá Henry Falcón recapacite y aspiramos que el resto de la dirigencia no olvide que no es asunto de fechas, sino de condiciones ¡Prohibido flaquear !

Como (había) en botica:

En la Dirección de Inteligencia Militar ubicada en Boleita torturan a los detenidos. La luchadora Mercedes Montero nos envió una reseña del documental “Mujeres del caos venezolano”, de Margarita Cadenas, que será presentado en marzo en el London Human Rights Watch Festival. El diablo predicando moral: Rafael Ramírez se queja de los atropellos del régimen en su contra, pero olvida su amenaza de sacar de Pdvsa a carajazos a quienes no fuesen rojos-rojitos.

¡No más prisioneros políticos ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 4 min


Todas las encuestas de opinión dicen que 80% de la población votaría contra el gobierno. Todas las encuestas dicen que por el gobierno escasamente votaría 20%. Sin embargo, los que potencialmente tendrían 80% deciden no participar en las elecciones.

Todas las encuestas dicen que 70% de los electores se siente inclinado, en mayor o menor medida, a participar en las elecciones. En ese 70% están los que están pasando hambre, los más afectados por la crisis de la inflación, del alto costo de la vida, de la inseguridad y la crisis del desabastecimiento de alimentos y de medicinas.

La abrumadora mayoría de esos compatriotas sienten que a través del voto pueden derrotar a este gobierno y salir de la crisis.

Sin embargo, los líderes de la opinión resuelven que la mejor estrategia es la de no votar.

Por cierto, ninguno de esos líderes nos dice cuál es la estrategia alterna Es decir, que vamos a hacer al día siguiente de no votar. ¿Será que vamos a esperar la invasión de los marinos norteamericanos? ¿Será que nuestros amigos del grupo de Lima se ocuparán de hacer lo que nuestros líderes se declaran incapaces de hacer.

En diciembre de 2015 con este mismo CNE, con la misma presidenta Tibisay Lucena, con el mismo gobierno de Nicolás Maduro, con las mismas trampas, abusos y ventajismos, la oposición le dio una paliza descomunal. Ahora proponemos dejarlos que jueguen solos.

¿Por qué se decide no ir a las elecciones? Porque no se hizo la tarea que había que hacer. Lo primero que había que hacer era construir una plataforma de unidad. Ponerse de acuerdo con un candidato de unidad y con un programa de unidad.

Elaborar un programa atractivo que no solo denunciara los errores del gobierno, sino que presentara con claridad las propuestas que le iban a poner comida en la mesa a los que están pasando hambre y solución a los problemas que están haciendo sufrir a los venezolanos.

Nada de eso se hizo. Por supuesto que el gobierno es tramposo, pero cuando se tiene una correlación de fuerzas 80 contra 20 por más trampas, prevalece la mayoría.

Si no estamos organizados para defender los votos y para atender las mesas de votación, por supuesto que vamos a perder las elecciones.

La razón verdadera es que 80% queremos un cambio y no tenemos una conducción política homogénea, coherente y unida. Muchos proyectos y muchas ambiciones personales.

Algún día tendremos que votar y, para ese momento, sigue siendo necesario, una plataforma de Unidad, un mensaje atractivo, una organización eficiente, una estrategia inteligente y una disposición para ganar, cobrar y gobernar.

@EfernandezVE

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Según la mitología romana cuando Rómulo fundó Roma, para construirla, llevó algunos hombres de regiones vecinas, lo que posteriormente originó una escasez de mujeres que tenía que ser solucionada. Para ello, Rómulo quien era el rey de Roma, organizó unas actividades deportivas en honor al dios Neptuno, invitando a los pueblos vecinos. Entre los invitados estaban los pobladores de Sabinia que ocupaban la vecina colina de Quirinal, quienes eran personas muy solidarias y asistieron al evento en compañía de sus familiares. Las mujeres de esta tribu eran las más bellas de la región, por lo que fueron las escogidas para ser tomadas por los romanos y contribuir a poblar la nueva ciudad. Cuando las competencias y otras actividades estaban en su mejor momento y los invitados se estaban saturando con el licor obsequiado, a una señal establecida previamente cada romano debía raptar una mujer de las sabinas, y luego de cumplirse esto, echaron a los hombres fuera de Roma. A la larga, los romanos se fueron casando con las sabinas elegidas, quienes pusieron algunas condiciones, dentro de las cuales estaba que debían tener una servidumbre suficiente para realizar las labores domésticas.

Por supuesto, los sabinos estaban indignados con aquella traición y por años estuvieron planificando la forma de vengarse y recuperar a sus mujeres. Llegó el momento, se presentó la oportunidad para los sabinos de ejecutar su venganza, cuando una romana celosa y avariciosa de nombre Tarpeya, se prestó para franquear la entrada de Roma a los sabinos a cambio de sus brazaletes de oro y otras joyas. La suerte de Tarpeya fue muy trágica, ya que dice la leyenda que los romanos descubrieron su traición, y la castigaron tirándola desde una roca muy elevada siendo imposible que sobreviviera. Desde ese momento, se acostumbró lanzar desde esa roca a los convictos acusados de algún delito, y aquel sitio, después de ese episodio, se denominó Roca Tarpeya.

No conozco el origen del nombre de Roca Tarpeya a ese sitio donde confluyen tres importantes avenidas de Caracas: Nueva Granada, Presidente Medina Angarita (antes Avenida Victoria) y Fuerzas Armadas. En el sitio donde estas avenidas se saludan, se encuentra una elevación rocosa, que fue bautizada Roca Tarpeya, y por ser un punto estratégico de la ciudad, se elaboró un proyecto para construir una obra impresionante, majestuosa, funcional, hermosa, concebida por el genio de un grupo de arquitectos e ingenieros venezolanos, que por su forma geométrica fue identificada como El Helicoide.

El proyecto de El Helicoide comienza a tomar forma en 1956, pero todo se detiene al ocurrir el cambio político que acaba con el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, para dar paso a la era democrática venezolana del siglo XX, que tuvo una duración de apenas 41 años.

Pero ese cambio político aparentemente también acabó con este grandioso proyecto, que quedó a medio construir, y ojalá algún día pueda terminarse para el bien de la ciudad. Sin embargo, El Helicoide ha sido utilizado en su parte construida, y los usos más resaltantes que se le ha dado es ser sede de las organizaciones de policía política del país, primero la mal recordada y atemorizante Dirección de Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP), y actualmente el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), el cual no se le queda atrás a ninguna Gestapo ni a ninguna KGB en cuanto a persecución y crueldad.

Algunos de los locales que fueron construidos en El Helicoide se han acondicionado para convertirlos en calabozos, para alojar y torturar a presos políticos que en su mayoría han sido inculpados de actos fantasiosos. Entonces, la Roca Tarpeya caraqueña, cubierta por el fantasma del proyecto El Helicoide, se ha convertido, al igual que la Roca Tarpeya romana, en un sitio de muerte.

27 de febrero 2018

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Bien, amigos lectores, el panorama político del país tiende a ensombrecerse. La decisión de la MUD de no participar en las venideras elecciones presidenciales añade un ingrediente catalizador de potenciales antagonismos. Por otra parte, el oficialismo intentó enlazar la elección presidencial con la de los diputados de la Asamblea Nacional, Consejos legislativos y concejales municipales. Sorpresivamente el Consejo Nacional Electoral descartó, por ahora, esta alternativa. La postergó para una fecha por definir.

En fin el panorama político luce sombrío. El futuro inmediato se presenta preñado de obstáculos y dificultades. Pareciera que las normas que tradicionalmente definieron el juego político han cambiado. De hecho, el país y sus ciudadanos se enfrentan a nuevas circunstancia y reglas que precisarán la conducta de los actores políticos en el futuro inmediato. Corresponde a estos actores definir la conducta a seguir en el marco de este nuevo escenario.

En el plano de la realidad objetiva no hay dudas. Así por ejemplo tenemos: sector publico en insolvencia; caída dramática del producto interno bruto y la producción de la industria petrolera; empobrecimiento progresivo de la población a causa del fenómeno de la aceleración inflacionaria hasta el punto de alcanzar la denominada hiperinflación; éxodo masivo de venezolanos hacia los países vecinos en búsqueda de un refugio contra la crisis; el salario mínimo alcanza a duras penas 33 centavos de dólar diarios y solo alcanza para cubrir el 2% de la cesta normativa de alimentos. En fin, la población enfrenta una situación inédita en la historia del país. Ese carácter (inédito) exige la formulación de estrategias distintas a las que han prevalecido en la actualidad. En cierto sentido, los sectores democráticos deben responder, ante estas nuevas circunstancias, la interrogante de ¿qué hacer?

En principio es fundamental entender las características que definen el nuevo escenario donde tendrán que desenvolverse los actores políticos. La primera constatación es sencilla: agotamiento del electoralismo y la necesidad de posar la mirada en las circunstancias sociales que cercan a los habitantes de este país. En otras palabras: politizar la situación social de la población debe constituir una tarea urgente. A partir de este principio habría que reorganizar los partidos y movimientos sociales para que puedan, por un lado, asumir la agenda social y, por el otro, traducir estas demandas en el plano político.

Desde luego que no es una tarea fácil. Lo que se está planteando es romper en forma definitiva con la forma clásica de hacer política. Desechar hábitos, usos y costumbres que se solidificaron en el periodo democrático y que no pudieron impedir la restauración chavista. Esta última frase puede generar confusión y polémica, Así que prestemos atención a la misma. ¿Qué se intenta significar con esta expresión? ¿Restauró el chavismo viejos hábitos de la depreciada cultura democrática? Lo que se intenta significar es que el asistencialismo y el populismo no son ajenos a nuestra historia democrática. Con diferencias en énfasis han sido sustentos de las políticas públicas en la IV y V república. Y, en cierto sentido, ambos relatos comparten aspectos sustantivos.

En fin, lo que pretendo enfatizar es que estamos presenciando el agotamiento de estas prácticas y la oportunidad de reemplazar este viejo relato por uno más ajustado a las demandas de las actuales y futuras circunstancias políticas. Agotada la tentación electoralista se abre un abanico de posibilidades tácticas y estratégicas en el campo de la oposición. No desperdiciemos esta oportunidad de construir un escenario democrático para el país. Un punto de encuentro para los protagonistas de la nueva democracia.

La política es así.

24 de febrero de 2018

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