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Opinión

Pedro Penzini preguntó cuántas gobernaciones podría ganar la oposición y mi respuesta inició con un dimensionamiento teórico: “Si las elecciones tuvieran participación plena y fueran transparentes y competitivas, la oposición podría ganar entre dieciocho y veintiún gobernaciones”.

¿Significa esto que esa es mi proyección para el domingo? Absolutamente no. La teoría y la práctica podrían ser dramáticamente distintas. La primera razón es que no se cumplen las condiciones para el dimensionamiento anterior. En las últimas encuestas, el nivel de abstención reportado es mucho más elevado que el usual y esa abstención potencial proviene fundamentalmente de personas que si votaran lo harían por la oposición. A medida que aumentan los índices de abstención, la oposición pierde fuerza electoral, se reduce su brecha de ventaja y aumentan las probabilidades de que el chavismo se cuele en zonas donde no representa la mayoría.

Los riesgos principales se van a presentar en dos tipos de estados. Los primeros son aquellos donde la diferencia entre las dos fuerzas políticas es pequeña y la abstención cruza la barrera de sensibilidad electoral, es decir, los opositores que no votan, cualquiera sea su argumento, aniquilan la ventaja numérica y entregan el triunfo a su adversario. El segundo grupo de riesgo es el de los estados donde la abstención reduce también la brecha, aunque no llega a voltearse naturalmente el resultado, pero la merma de ventaja, especialmente en estados pequeños, abre las oportunidades de que las acciones de la maquinaria chavista, condimentada por manipulaciones institucionales, termine por cerrar la brecha en votos y producir un triunfo chavista inducido.

Ninguna de estas dos variables se puede proyectar con certeza. En una campaña tan corta como esta, se producen movimientos extremos muy rápidos, como el observado en la campaña presidencial del 2013, en la que el candidato Maduro arrancó con veinte puntos de ventaja y termina fulminando toda la brecha en apenas un mes. Si bien nuestras últimas mediciones indican que cerca del 40% de los electores están absolutamente seguros de votar, es perfectamente predecible que en el último tramo de campaña, los opositores descontentos decidan ceder y votar, aunque sea con un pañuelo en la nariz, entendiendo que al no ir con una posición abstencionista unitaria en toda la oposición, su acción deja de tener sentido simbólico para convertirse en una guillotina que destruye el único mensaje que se puede enviar en este elección: la demostración de la mayoría opositora y el ejercicio del derecho que se defiende: el voto. Si esa abstención se reduce y la participación termina siendo elevada, las brechas a favor de la oposición se amplifican casi proporcionalmente, permitiendo mostrar mejor la fuerza real de la oposición y complicando enormemente cualquier intento de manipulación electoral, que no podría estar encubierta en la apatía, logrando un resultado más cercano al teórico.

En todo caso, no estamos hoy en capacidad de decir cuál de estos escenarios ocurrirá, pero sí podemos adelantar una primera proyección general. La incertidumbre no parece ser si la oposición ganará o no la mayoría de las gobernaciones. Eso es lo más probable. La pregunta es si su triunfo será contundente o veremos algo muy moderado, lejos de las expectativas de la población opositora y la comunidad internacional y con algunas sorpresas estrambóticas en estados que nadie pensaría que el chavismo podría ganar, volviendo a generar frustración y debilitamiento. Un típico caso donde el triunfo numérico podría no ser un triunfo político.

La conclusión es hiper simple. No votas, no ganas… y viceversa.

Luisvleon@gmail.com

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Carlos Ramírez López

Se ha programado la instalación en el exilio del Tribunal Supremo de Justicia para el próximo 13 de octubre 2017 en la sede de la Organización de Estados Americanos en Washington DC. Este es un paso de gran trascendencia jurídica, política y humanitaria para Venezuela y el mundo 1. Porque es un hecho inédito, primera vez que un tribunal de justicia, legalmente proclamado en su país, se constituye en el exilio debido a la persecución política desatada por el gobierno contra sus magistrados. 2. Porque al ser reconocido internacionalmente este tribunal podrá emitir decisiones con fuerza obligatoria cuya ejecución puede practicarse dentro de los mismos cánones de la jurisdicción universal, de la Convención de Palermo, es decir, de aplicación extraterritorial de sus decisiones dirigidas a combatir la impunidad en crímenes contra la humanidad, pero más que eso, también puede ejercer sus funciones en otras áreas de la justicia como la civil y la político-administrativa, todo con fuerza ejecutiva y posibilidad real de ejecución.

Esta instalación del más alto tribunal fuera de su territorio por razones de persecución política en el suyo es la más palpable de todas las pruebas de la existencia de un régimen tiránico en Venezuela, prácticamente es una sentencia internacional contra este que lo sindica y condena como autor de las más graves violaciones de los derechos humanos, pues impide el ejercicio de la legalidad que es precisamente el distintivo del sistema democrático. Ninguna otra denuncia se requiere para condenar a quienes mantienen en captura la democracia, la libertad en nuestro país y con lo cual han pretendido cometer toda clase de delitos individuales y colectivos sin preocupación por castigo.

Este TSJ en el exilio podrá, por ejemplo, juzgar a Nicolás Maduro mediante un antejuicio de mérito, también a Tareck el Aissami y a quienes ejercen como ministros, como procurador, como fiscal, como contralor, como defensor, como gobernadores, como oficiales generales y almirantes de la fuerza armada, también a los jefes de misiones diplomáticas del régimen, todo con apego al artículo 226 de la Constitución vigente. Y, según el trámite previsto, tales pronunciamientos corresponde hacerlos a Sala Plena de este TSJ en el exilio que, al declarar con lugar dicho antejuicio y previa autorización de la Asamblea Nacional, le corresponderá dictar sentencia final de destitución y castigo, también previa actuación de la fiscal general a quien corresponderá dar curso a la investigación penal.

Por solo poner algunas consecuencias prácticas de esta situación, podría ocurrir que cualquier avión del Estado, incluyendo el número 1, podrá ser inmovilizado en cualquier aeropuerto del mundo donde aterrice. Cualquier persona sobre la que recaiga orden de detención, incluyendo los agentes de la dictadura que usurpan cargos de representación diplomática, podrían ser arrestados en donde sea que estén; igual cualquier cuenta bancaria o activos de cualquier naturaleza; se podrá emitir una prohibición abierta a negociar con entes de Estado, etc.

La fiscal Ortega Díaz

El Ministerio Público representado por su legítima titular, también en el exilio, es la pieza que al engranar con ese mecanismo del TSJ constituirían el instrumento perfecto para una ofensiva mortal contra el régimen criminal y depredador que tiene secuestrado el poder político en Venezuela, y debería proceder igual: constituir sede en el mismo sitio, en la OEA, para así potenciar todos los esfuerzos que dentro y fuera se hacen para restituir un régimen de libertades y castigar a quienes lo han destruido. Y si existieran dificultades para que físicamente la fiscal se desplace a Estados Unidos podría designar un fiscal especial para actuar ante el TSJ, como lo dispone la ley, pues, en resumen, ella es la representante legítima del Ministerio Público, así reconocida dentro y fuera de Venezuela, condición que reafirmaría haciendo tal actuación.

En resumen

Este TSJ en el exilio pasaría a tener la poderosa fuerza de las leyes venezolanas y las internacionales que otorgan a la Corte Penal Internacional y a la Convención de Palermo unidas en el propósito de hacer justicia sobre la terrible catástrofe humanitaria que azota a nuestra patria por obra de la camarilla corrupta y narco-militar que la ahoga, y para esto se requiere que los magistrados entiendan que las circunstancias no son para ceñirse a actitudes escrupulosamente jurídicas, pues el solo hecho de estar constituidos en el exilio así se los deja ver, el ingrediente político ha de ser preponderantemente tomado en cuenta y deberán tener una intensa relación con las instituciones democráticas de todo el mundo y actuar con mucha audacia, con mucha imaginación, con mucha creatividad. Para situaciones especiales, soluciones especiales, esa es una máxima común que en las coincidencias del derecho y la política se producen para dar sosiego a una población atacada por abusos masivos de factores de poder.

No tengo dudas al afirmar que este Tribunal Supremo de Justicia y el Ministerio Público, ambos en el exilio, pasarán a ser el centro de gravedad de la situación política de Venezuela.

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Adolfo P. Salgueiro

En semanas anteriores hemos comentado los rutilantes éxitos obtenidos recientemente por la diplomacia venezolana en materia de política exterior. Parece que la racha sigue sin interrupción. Arreaza, un poco más educadito, sigue la línea trazada por su histórica antecesora en la Casa Amarilla.

En ocasiones –tanto en la IV como en la V– hemos criticado viajes presidenciales cuyos objetivos no lucían claros o no pasaban de ser un paseo de lujo con viáticos pagos para una privilegiada minoría ahora cercana al núcleo de Nicolás y su heroica esposa, la “primera combatiente”. Con relación al periplo de la semana que hoy finaliza podemos afirmar sin ironía alguna que se trató de una peregrinación indispensable para pedir “cacao” ante el nuevo zar de Rusia, que reviste la triple condición de acreedor importante de Venezuela, posible salvavidas financiero y por encima de ello manager de uno de los bandos en una disputa en la cual la patria de Bolívar es apenas un deudor moroso y simple peón en un juego de ajedrez global. A los chinos ya se les hizo el mismo show hace pocas semanas con resultados hasta ahora no explicados.

Así lo han entendido los próceres de Miraflores y alrededores que con renovado fervor venezolanista abordaron una vez más el avión de Cubana para presentarse en Moscú escupidera en mano para rogarle encarecidamente al “pana Vladimir” que refinancie, rebaje, mire para el otro lado o haga cualquier cosa para dar un poco de oxígeno a nuestra patria, “momentáneamente” carente de aire a causa de su indeclinable decisión de convertirse en la “Venezuela Potencia” que nos prometió el Eterno y –naturalmente– por la asfixia que el “imperio malvado“ ejerce sobre nuestra economía que, de no haber sido por eso, hubiera seguido su ejemplar camino de desarrollo y progreso .

Por lo que ha trascendido parece que el buen Nicolás utilizó su verbo más melifluo para halagar el oído y flexibilizar la billetera del catire (coincidencia que los dos protagonistas de la disputa por el cetro mundial sean rubios). Pareciera que en esta coyuntura de la historia los tropicales tenemos menos chance de montarnos en esos escenarios. Asimismo, la prensa y las redes de los apátridas han pasado videos con jaladas de mecate como las que ya no se constataban desde hace lustros de boca de jefes de Estado venezolanos. Sin duda que ser deudor moroso genera un discurso diferente que si uno fuera acreedor dadivoso.

Pero al menos podemos tener la tranquilidad de que lo que se le debe a Rusia ha sido utilizado para la compra de las armas que nos van a permitir defendernos con éxito de la aventura militar que tiene pensada Mr. Trump y al mismo tiempo garantizar nuestra integridad territorial y marítima ante un vecino como Guyana, hoy entregado a los arrullos de Exxon y dispuesto a impredecibles estrategias ante tribunales internacionales. De Colombia ni se diga, eso es tan pura pérdida que hasta su cripto-chavista canciller Mariángela Holguín se está poniendo dura, seguramente por órdenes que recibe desde Washington.

De paso, ya que estaba por el vecindario y tenía transporte disponible, el “hijo de Chávez” hizo escalas en Argelia (para un almuercito con el mil veces reelecto Bouteflika), además de sendas paradas en Bielorrusia y Turquía para cambiar impresiones con los “panas” de allá, Lukashenko y Erdogan, connotados militantes junto con Nicolás de un trío totalmente comprometido con las prácticas democráticas respetuosas de los derechos humanos, muy diferentes a el tal “Marianito” Rajoy que se atrevió a repartir algunos criticadísimos peinillazos en Cataluña, cosa que en Caracas jamás se hubiera permitido ni tolerado en revolución!

No podemos cerrar estas líneas sin comentar el hecho de que el Senado uruguayo, democrático de verdad, haya emitido una condena unánime (incluida la izquierda militante) en rechazo de las acciones del embajador de Venezuela ante ese país, que en violación flagrante y arrogante de las reglas de comportamiento internacional y de las normas que lo regulan (Convención de Viena) tuvo la original idea de presentarse como actor político en una actividad partidista, y luego transmitir uno o más programas de radio emitidos desde la propia sede de nuestra embajada en Montevideo. Seguro que el “camarada Chirinos” pensaría que se la estaba comiendo. Parece que los dueños de casa opinaron diferente. Deben ser “cachorros del imperio”.

Así pues, esperemos un poco más para seguir reseñando los éxitos que día tras día distinguen la acción internacional del gobierno revolucionario de Caracas antes de que las fuerzas del mal produzcan algún cortocircuito que pueda opacar el paso de vencedores, que desde hace ya lustros transita nuestra patria.

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Rafael del Naranco

Aún existiendo desiguales facetas nacionalistas, todas parten de un patriotismo exacerbado, retrógrado y fuera del contexto de una Europa unitaria, siendo el más aborregado el que ha imbuido hace una semana a la Generalitat de Cataluña.

Al relente de una organización nacida en 2015 con motivo de las elecciones parlamentarias, denominada “Juntos por el Sí” y formada de varios partidos nacionalistas con el único objetivo de conseguir la independencia de los “países catalanes”, se ha conseguido que los españoles estén viviendo uno de los momentos más difíciles de su historia a partir de la muerte del general Franco.

Lo que parecía quimérico, una alucinación desatinada, algo demencial, lo está consiguiendo una variopinta recua de mentes incendiarias que, aún siendo concisas en algunos planteamientos, vuelven a demostrarle a la realidad que el raciocinio enaltecido no es ninguna garantía de poseer un sentido proporcional de lógica.

En medio de ese pandemónium desatinado un conglomerado minoritario antídoto, denominado la CUP (Candidatura de Unidad Popular), consiguió, únicamente con 10 diputados, desalojar en enero 2016 al presidente en funciones de la Generalitat, Artur Mas, y llevar al cargo a Carles Puigdemont, un secundario político que comenzó a presentarse desde el primer día como el jefe de un Gobierno “rebelde” cuya meta estaba centrada en la independencia de Cataluña y de los Países Catalanes, concepto que abarca la Comunidad Valenciana y las Islas Baleares bajo un slogan un poco largo y, aún así, reflejo inequívoco de lo que pretenden conseguir: “Una nación independiente, desligada de las formas de dominación patriarcales”.

No hay duda de que los sectarios políticos catalanes conceptuaron que la realidad gubernamental comenzó cuando apostaron sus asentaderas en el Salón de los Candelabros del palacio de la Generalidad, al relente de su venerable patrón San Jorge de Capadocia.

El patriotismo chauvinista es un nacionalismo atiborrado de complejos que siempre la izquierda emergente aprovecha a favor de su propia mitomanía sembrada de un concepto de nación que, si no falso, es cumplidamente engañoso. En él imperan los sentimientos sobre la razón y sirve de comodín para manejar ciegamente a las masas.

Hace unos meses, viendo ya venir el desbarajuste en que Cataluña está convirtiendo a España, recordaba en otra columna una frase manoseada y no por ello menos válida: “La política es quizá la única profesión para la que no se considera necesaria ninguna preparación”. Innegable verdad.

Cualquier exaltado de ton y lomo puede salir al remolino del irreverencia y crear con sus ínfulas mesiánicas un hatillo público, ya que siempre tendrá quien le siga cual piara en descampada.

El periodista y escritor polaco Ryszard Kapuscinski recibió, en 2003, el “Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades”. Ese día nos hallábamos en Oviedo haciendo parada y fonda en una ciudad que ha ido congregando, desde hace más de 30 años, a destacadas personas e instituciones que han hecho invalorables aportes al conjunto de la humanidad.

Ahora aquella presencia literaria ha regresado al vislumbrar a esa Cataluña admirada y hoy tachonada de odios. Si hace unos meses, aún viendo la escalada de nacionalismo desatado, nos hubieran dicho lo que iba suceder hace unos pocos días en esa comunidad de tan inmenso valor histórico, lo hubiéramos negado con total firmeza.

Indudablemente los nacionalistas confesos no aprenderán nada de esas palabras de Kapuscinski al estar envueltos en la penumbra de la “caverna de Platón”.

Glosaba el autor de “Los viajes de Herodoto” la manera en que el nacionalismo se asienta en dos aspectos especialmente peligrosos y aborrecibles. El primero, una petulancia y soberbia que enclaustra la convicción de que la cultura propia es superior a la de otros. Lo segundo, presentar como enemigas a las comunidades y sociedades vecinas. El nacionalismo, para solidificarse con fuerza, “debe que disponer de la imagen amenazadora de un enemigo. Cuando el nacionalismo no dispone de un contrario real, lo inventa, porque lo necesita de manera inapelable”.

Y otra observación a los olvidadizos de la realidad: el nacionalismo se aprovecha al máximo de la propaganda en medios de comunicación como instrumento de manipulación. Recodemos “Técnica de un Golpe de Estado” del italiano Curzio Malaparte.

Alfonso Guerra, vicepresidente en el gobierno de Felipe González, comparó la secesión catalana con el nazismo de Adolf Hitler, recordando a su vez que “todos los fascismos habidos han nacido de un movimiento nacionalista”.

Y lo más demoníaco si aún cabe añadir algo más: Puigdemont y la CUP dieron un golpe de Estado y, aun con todo, de forma malévola, acusan de malhechores a la Policía Nacional española por intentar impedirlo.

rnaranco@hotmail.com

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Luis Ugalde

La frustración y la agonía del dominante régimen dictatorial son irreversibles. Cuanto más se prolongue, más doloroso será el final para todos, incluso para el propio partido de gobierno. Lo mejor que puede hacer Maduro es renunciar y abrir la puerta a la reconstrucción democrática con una transición pacífica y negociada.

Pero no solo el régimen está en agonía terminal, sino que una forma de hacer política durante décadas requiere de inmediata sepultura. No nos referimos al chavismo, sino al país entero que desde el siglo XIX ha hecho y tolerado (con honrosas excepciones) una “cultura política” muy negativa. Por ejemplo, en las recientes primarias de los demócratas podemos decir que 90% del comportamiento fue excelente, pero hubo un 10% que indignó al país y nos recordó lo peor del pasado prechavista. Hace falta un nuevo comportamiento político en los partidos, en la sociedad civil, en sus empresarios, organizaciones, universidades…

Erradicar la tolerancia con el cáncer de la corrupción. El desastre es tal que hay que arrancar de raíz la monstruosa corrupción de la cúpula chavista (la mitad del millón de millones de dólares se lo robaron entre la corrupción e ineptitud, con beneplácito de sus seguidores). Desde hace siglos prevalece la idea de que al llegar al poder es de inteligentes y vivos repartirse el botín, sin escrúpulos morales. Corrupción aceptada por los simpatizantes con tal de que repartan y dejen robar. El poder es para disfrutarlo; lo del poder como servicio queda para los mítines y los discursos patrios. Es absurdo –piensan– que el poder se deba someter a la Constitución y a la voluntad de los ciudadanos. Si además se tiene la fuerza de las armas, se rechaza toda forma de control institucional.

Combatir la ilusión de la riqueza rentista. Ha hecho un inmenso daño la falsa idea de que somos un país riquísimo y que nuestro problema no es producir más, sino que el gobierno reparta la abundancia existente. Ese fue el éxito inicial y la ruina del chavismo. Solo hay riqueza consistente cuando sale de la producción y talento de los venezolanos porque se dan la mano la educación formadora y la empresa productiva.

Eliminar el clientelismo que coloca en cargos a sus seguidores sin exigir capacidad; como lo vemos en incompetentes fracasados que en dos años han ocupado cuatro ministerios.

Los nuevos (y renovados) líderes políticos no se pueden quedar en protestar como opositores y repartir el botín al llegar al poder, poniendo los intereses del partido por encima del bien del conjunto del país.

Diálogo, negociación y democracia. Venezuela no puede rescatar la democracia sin diálogo entre todos los ciudadanos y sin negociar los puntos estratégicos imprescindibles para salir de la actual dictadura. Por eso los demócratas no pueden ir a la negociación como vergonzantes, de noche y a escondidas. El problema no está en participar, sino en saber qué exigir y qué defender como absolutamente irrenunciable. Sería una verdadera vergüenza que el diálogo para restablecer la democracia y la Constitución empezara reconociendo la constituyente creada por esta dictadura para matar la democracia y la Constitución vigente.

Evidentes y previas a toda negociación son algunas exigencias constitucionales:1) Pleno reconocimiento de la AN elegida y de sus responsabilidades constitucionales, la separación de los poderes públicos y su renovación constitucional. 2) Libertad de presos y exiliados políticos. 3) Estricto cumplimiento de la agenda electoral conforme a la Constitución. 4) Apertura a la ayuda humanitaria internacional en medicinas y alimentos por la grave emergencia nacional.

En estos puntos básicos tenemos pleno apoyo de medio centenar de países democráticos del mundo; y, si los difundimos y defendemos con claridad y coraje público, los convertiremos en la bandera movilizadora de todos los venezolanos demócratas.

Formación humana, dinámica empresarial y producción económica. Para que Venezuela sea reconstruida hay que cambiar el modelo económico y promover la iniciativa emprendedora, libre y ciudadana con cuantiosas inversiones nacionales e internacionales, con todas las garantías jurídicas. Pero el comportamiento empresarial no ha de ser lo que fue (y es) en muchos casos de seudoempresarios recostados en el rentismo estatal incompetente. Necesitamos un empresariado convencido de su responsabilidad e importancia estratégica en el combate de la pobreza, que es imposible sin generar oportunidades de buen trabajo productivo para 14 millones de venezolanos. Ello exige, por otro lado, una profunda transformación de todo el sistema educativo orientándolo hacia la creación de la riqueza con el talento y la formación humana honesta. La empresa no puede seguir entendiéndose como el campo de batalla que enfrenta como enemigos al capital y al trabajo, sino donde ambos se complementan y benefician en la lucha contra la pobreza, el atraso y la improductividad parasitaria.

¿Y los militares? Deben sacar las consecuencias de algo que está a la vista y repudiar esa política de reparto del botín que ha hundido a Venezuela y en la que algunos de ellos han sido los principales actores y beneficiarios. Eso sin mencionar el narcotráfico que ha envilecido todo.

La masiva votación del 15 de octubre será un paso adelante para obligar a la salida democrática del gobierno dictatorial.

05 de octubre de 2017

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Nunca he dejado de votar. Ni siquiera en los eventos electorales donde sé que mi candidato será derrotado. Ni siquiera cuando el régimen ha diseñado todas las estrategias posibles para neutralizar el voto opositor. Ni siquiera con Tibisay Lucena presidiendo el CNE, aviesa e irreversible. Ni siquiera sabiendo que Jorge Rodríguez es su verdadero jefe. No acepto renunciar a mi derecho ciudadano. No me da la gana. No pienso darles el gusto. No me voy a quedar rezongando mi ira solo por las redes sociales. No tolero resignarme. Ni convertirme en silencio. Porque eso es abstenerse. Abstenerse es callarse. Desaparecer. No expresar tu parecer. Es dejar que la dictadura juegue sola y fácil. Es allanarles el camino, dejarles la puerta franca para prolongar el saqueo. No hay mejor guarimba contra el avance de la dictadura que millones de ciudadanos plantados en los centros de votación. Digo, por los que estuvieron en tantos plantones y hoy se sienten decepcionados por el resultado. No hay mejor trancazo que millones de boletas electorales rechazando esa tragedia que ha sido el chavismo en nuestras vidas.

Yo, como tantos, también me siento defraudado por el desenlace que tuvo la mayor protesta ciudadana que ha habido en contra del régimen durante cuatro meses de este año 2017, con un muy doloroso costo en vidas humanas, gente encarcelada, herida, arruinada o fugitiva. Yo también le critico actitudes, errores y veleidades a la MUD. Yo también exijo mayor temple y menos improvisación. Más estrategia y menos candor. Pero oposición somos todos. Oposición no solo es el cogollo político opositor, no solo es el líder pusilánime o el carismático, no solo es el analista radical o el conservador. Oposición es también el venezolano que este año ya no le alcanza el dinero para inscribir a sus hijos en el colegio y ni siquiera para que en la nevera de su casa haya cierta dignidad. Oposición son las mujeres que deben parir a sus hijos en la sala de espera de un hospital público. Oposición es todo aquel que ha tenido que enterrar a un familiar por culpa del reinado del hampa. Oposición es todo venezolano sumido en la perplejidad y la depresión al ver en lo que nos hemos convertido. Oposición es el país en ruinas.

Por eso no creo que hayamos perdido la calle definitivamente, porque salir a votar es también un acto de calle, el más masivo, el más contundente, y quizás el de mayor eficacia que podamos realizar. Se ha comprobado hasta el hartazgo que en los eventos electorales somos millones, mientras en las marchas somos miles y miles, y en los trancazos, apenas cientos. No hay mayor acto de resistencia pacífica que el voto. Pero vale el punto: aquí ya todos perdimos la ingenuidad. El argumento abstencionista tiene su razón de ser. ¿Para qué votar si luego inhabilitarán a los gobernadores, o les dictarán auto de detención, o los privarán de recursos? Cierto, todo eso puede pasar. Y todo eso solo servirá para remarcar más aún el carácter delictivo del régimen. Prefiero obligarlos a seguir delinquiendo que quedarme inerte en la ventana de mi casa. Muchos dicen que asistir a las regionales es traicionar a los que dejaron su vida en el asfalto de las protestas. Con todo respeto, creo lo contrario: dejar de votar es olvidar a nuestros muertos, a los estudiantes asesinados a quemarropa, a los adolescentes caídos, a tanta historia mínima y terrible que ha ocurrido. Dejar de votar es dejar de seguir luchando. Es claudicar.

Por eso elijo seguir protestando. Y votar es un acto de protesta. Quizás no se trata -en Miranda, por ejemplo- de votar a favor de Carlos Ocariz, sino en contra de Héctor Rodríguez. ¿Alguien se imagina a semejante personaje, que se jacta de la talla y peso de los niños desnutridos del país, gobernando uno de los mayores bastiones de la oposición? Los cuentos sobre su campaña son sintomáticos. A cada zona rural de Miranda donde aparece, lo acompañan decenas de cajas de CLAP. La clásica estrategia del populismo. Dame tu voto, toma tu CLAP. Si no hay voto, no hay más CLAP. Chantaje, ventajismo, extorsión, manipulación de la pobreza del venezolano. Todo muy bajo, muy vil, muy chavista.

¿Se imaginan a ese extraño ente llamado Rafael Lacava, desaforado hasta la ridiculez, gobernando a Carabobo? Verlo alardeando de los recursos que ya tiene para “resolver” los problemas del estado es asombroso, indignante. Y él sentencia su satisfacción concluyendo, con aires de innegable estadista, que está “más contento que niño comiendo moco”. Me cuesta creer que los habitantes del Táchira permitan que Vielma Mora repita como gobernador, luego de haber demostrado su voracidad represiva y su talento para los negocios turbios de frontera. O que en Anzoátegui sus ciudadanos consientan que la abstención le tienda una alfombra roja nuevamente a Aristóbulo Istúriz, cuya nulidad como gobernante es proverbial.

No caigamos en una nueva trampa del régimen. No olvidemos que la dictadura hubiera preferido no ir a ninguna elección. Ni regional, ni municipal, y mucho menos nacional. Toda dictadura, por definición, evita las elecciones. Las masivas protestas de calle y la enorme presión internacional desembocaron, por ahora, en al menos un logro a nuestro favor. El régimen tuvo que mostrarle al mundo algún gesto de talante democrático. Y he allí las elecciones regionales. Muy a su pesar. Las adelantaron para intentar rentabilizar la resaca opositora, la inmensa frustración, las ganas de ya no más. Así, a pesar de ellos mismos, ahí están las elecciones de gobernadores. Uno de los tantos derechos que hemos reclamado en estos tiempos. Y por eso el CNE elimina centros de votación, por eso no acepta las sustituciones que reclama la Unidad en el tarjetón electoral, por eso vuelven a hablar de conspiraciones. No quieren elecciones. Azuzan nuestra rabia, procuran nuestra confusión, alientan la epidemia de la abstención.

Yo, como millones de venezolanos, he madrugado en colas infinitas, he marchado incontables veces, he tragado humo, he corrido esquivando perdigones, he firmado cuanta planilla se me atravesaba, he escrito artículos, crónicas y tuits denunciando los atropellos, las vejaciones, los asesinatos. He colaborado en campañas por el voto, por la democracia, por un nuevo gobierno, por una nueva oportunidad para el país. Y seguiré insistiendo. Votar es una nueva posibilidad de expresar mi rechazo a la dictadura. Algunos leerán estas líneas y me llamarán colaboracionista. Ya lo han hecho decenas de veces. Un insulto extraño, la verdad. Porque, en rigor, si yo no voto, con quien colaboro, y mucho, es con Nicolás Maduro. ¿Y vamos a colaborar con el ser humano que más daño le ha hecho al país, después de Hugo Chávez?

Dicen que si voto legitimo al régimen. ¿De verdad? ¿No lo legitima más la ausencia nuestra y el triunfo de sus partidarios? Si el 15 de octubre los demócratas no expresamos nuestro hartazgo y solo votan los chavistas, los enchufados, los que serán intimidados o chantajeados con quitarles su casa de la Misión Vivienda o su bolsa de comida, entonces el inmenso concierto de países que hoy condena a Nicolás Maduro recibirá un mensaje equivocado. Si el chavismo gana la mayoría de las gobernaciones el domingo 15 de octubre del 2017, le estaremos diciendo al resto del planeta que eso es lo que queremos: más dictadura. Hasta el fin de los tiempos.

¿Razones para votar? Todas. Para rechazar la hambruna que estremece a nuestro país. Para insistir en que somos estructuralmente demócratas. Votar por la libertad de nuestros presos políticos. Por los miles de venezolanos asesinados a manos del régimen. Por la repulsión natural que producen las dictaduras criminales. Para repetirles que cada vez son menos. Para que el mundo siga entendiendo el pedimento del país mayoritario. Para condenar el saqueo, la estafa y la monumental corrupción. Porque hay que hacerlo mientras exista la posibilidad. Porque el voto es la voz de todos. Porque el silencio es darle la espalda al país. Porque luego entonces vendrá la elección definitiva. La de un nuevo presidente. La que los termine de expulsar del poder. Votar para volver a existir como país. Es un paso más. No podemos renunciar a darlo. El voto, axiomáticamente, es nuestro derecho democrático y nuestro deber ciudadano.

No votar sería un error trágico para nosotros. Y una fiesta para la dictadura.

Caraota Digital

http://www.caraotadigital.net/columnistas/la-ventana-46/

 6 min


Jesús Elorza G.

Alegres y emocionados, se encontraban los 148 jóvenes atletas que conformaban la delegación del país que asistiría a los Juegos Suramericanos de la Juventud Chile 2017. La ilusión de su primer compromiso internacional generaba un ambiente festivo entre ellos y sus familiares que los acompañaban para hacer más placentera su despedida en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía.

A eso de las 10 a.m., los atletas, entrenadores y delegados ingresaron a los pasillos de tránsito internacional, luego de haber cumplido con los trámites de inmigración. Afuera, quedaron los familiares esperanzados por ver a sus muchachos partir rumbo al evento deportivo.

El festivo ambiente, fue interrumpido cuando se anunció en las pizarras electrónicas del aeropuerto, que los vuelos 5500, 5501 y 5502 de la línea aérea Conviasa no saldrían a la hora prevista.

Los miembros de la delegación con experiencia en vuelos internacionales, mostraron su preocupación por lo ocurrido. Esos cambios de horario eran un mal presagio, de allí que comenzaron a solicitar información sobre cuál sería el nuevo horario de salida…..pero el tiempo pasaba y nadie daba información al respecto. En el mostrador de la línea, los encargados se limitaban a decir que no tenían información al respecto.

Con el paso de las horas, la incertidumbre fue creciendo. Ahora los padres, representantes y amigos que esperaban en los pasillos del aeropuerto, se incorporaron a la búsqueda de información sobre el retardo de la salida de los vuelos……pero, sus esfuerzos fueron en vano….los funcionarios del Instituto Nacional de Deporte y el Ministerio del Deporte no aparecían por ningún lado…..Esos burócratas, se escabulleron para no dar la cara, manifestaba uno de los representantes.

A todas estas, las horas seguían pasando y el hambre hizo acto de presencia…..no había quien respondiera por la alimentación de la delegación…..En ese despelote se le escucho decir a un funcionario ¡¡¡Que cada quien pague lo suyo!!! y salió huyendo del sitio, alegando que el ministro lo había llamado para que se presentara con urgencia en la sede del IND en Caracas.

- Incapaz, mentiroso, demagogo, embustero fueron entre otros los calificativos que se escucharon en todo el aeropuerto.

Al fin, después de ¡¡¡12 horas de espera!!! Se hizo presente un funcionario de la Dirección de Alto Rendimiento del Instituto Nacional de Deporte para comunicar con su cara muy lavada, que los vuelos charter que debían trasladar a la delegación no saldrían.

- La reacción de todos los allí presentes: Atletas, entrenadores, delegados y familiares no se hizo esperar y con fuerza le reclamaron la situación planteada y le exigieron una explicación más detallada y convincente por lo ocurrido.

-Con voz temblorosa, el burócrata funcionario señaló, que la ruta de los vuelos implicaba una escala en el aeropuerto internacional de Viru Viru en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, para reabastecerse de combustible

-¿Y.?

Bueno, ese es el problema que originó todo esto, debido a que las autoridades de ese aeropuerto boliviano exigía que el pago de combustible debería hacerse de inmediato…y los ¡¡¡Dólares que teníamos no alcanzaban para cubrir el total!!! Hicimos un esfuerzo, apelando a la solidaridad de los camaradas bolivianos para que nos dieran el combustible fiao…..pero ellos no aceptaron.

-Después de digerir tan alucinante explicación, las acusaciones de ineptos e incapaces salieron a relucir. Nadie entendía, como el problema del reabastecimiento de combustible no había sido tomado en cuenta por las autoridades deportivas al momento de contratar los vuelos charter…..esos tipos del Ministerio del Deporte no tienen la más mínima idea de cómo gerenciar el envío de una delegación deportiva, manifestaba muy molesto uno de los entrenadores.

- Solo les faltó, a estos incapaces, pedirnos que hiciéramos “una vaca” entre todos para pagar la gasolina de los aviones, manifestaban a sotto voce los familiares de los atletas.

El triste y bochornoso espectáculo, alcanzó su punto máximo cuando la delegación tuvo que retirar su equipaje, sus materiales de competencia y ser sellados sus pasaportes con el “Reingreso” al país del que nunca salieron.

Un grupo de representantes, decidió no quedarse de brazos cruzados y denunciaron en la Fiscalía General de la Republica el atropello al que fueron sometidos. En su denuncia exigían que las autoridades deportivas responsables de la situación fuesen sancionadas y responsabilizadas por los daños psicológicos, morales y materiales generados por su incapacidad gerencial.

Mientras tanto, el ministro en su despacho, abrumado por los problemas que de manera continua se le han presentado con el envío de delegaciones a competir internacionalmente y que no ha podido resolver, por no saber cómo hacerlo, se limitó a emular a su tocayo Pedro Infante y agarrando la guitarra que tiene en su oficina, se puso a cantar su despecho:

Ando volando bajo / mi gestión está por el suelo

Y el deporte de alto rendimiento / mirando mis desconsuelos.

El forfeit y los vuelos me tienen loco

Conviasa y los charter me van a matar.

Mientras tanto, los viceministros enchufaos, con sus vasos de tequila en las manos, le hacían el coro:

No nacimos pa pobres / nos gusta todo lo bueno

Y el deporte tendrá que querernos / porque pa eso somos gobiernos.

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