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Opinión

Con voz propia

Dar la cara al nefasto Consejo Nacional Electoral (CNE) es el reto planteado en elecciones de gobernadores de los 23 estados. El proceso debía haberse realizado en diciembre del 2016, pero el temor a la derrota pronosticada por encuestas, incluidas las oficiales, lo llevó a programarlo para este 15 de octubre. Grande es el desafío ante el militarista narco régimen empeñado en imponer sus candidaturas. Además de las trampas, viola con insolencia la legalidad, dispone de inmensos recursos y se vale de hegemonía comunicacional.

Eleazar Díaz Rangel (EDR), director del oficialista diario Ultimas Noticias lo demuestra en su columna dominical. Señala entre factores adversos al triunfo opositor el apoyo mediático y su consecuencia ideológica le lleva a simplificar las adversidades. Vaticina que la “abstención puede ser alta”. Es la línea política trazada.

Califica de “ilusiones desapegadas de la realidad”, favorables a los adversarios “que ganarán todos sus candidatos”. No podía faltar el burdo embuste: apunta que en Aragua “el candidato no fue electo en primarias, sino impuesto”. Y de votos afirma: “no suma, debe restar”.

Democráticamente fueron seleccionados en primarias 19 candidatos a gobernadores, entre ellos el de Aragua, EDR. Los restante 4, por consenso. Nicolás Maduro (NM) escogió a dedo los suyos. Por desconfianza de sus bases estadales removió de su fraudulenta constituyente a varios, ordenó el retorno de algunos destituidos y otros sacados del Gabinete, como el postulado para Aragua, el guariqueño general Rodolfo Marco Torres. Viene de ejercer con cuestionamiento titularidad altos cargos públicos. Como Ministro para las Finanzas, fue destituido por la Asamblea Nacional (AN).

Dicho parlamento aprobó voto de censura en su contra como ministro de Alimentación, lo cual implica que debe ser removido de su cargo. Se le acusó de irregularidades en 4 compras por más de 160 millones de dólares.

El inmundo CNE viola descaradamente el Registro Electoral al eliminar 76 centros de votación en todo el país y la legislación aprobada por su mismo régimen con la sustitución de candidaturas renunciadas después de las primarias.

En cualquier momento por renuncia, muerte o imposibilidad y debe incluirse en el instrumento de votación. Los votos del candidato sustituido se le sumarán a la tarjeta del candidato unitario. El plazo legal vence este 5 de octubre.

Recurren NM y sus lacayos a la artimaña, convencidos de la derrota, más cuando el 44,7% del que 80% de quienes según Datanálisis están dispuesto a sufragar, lo harán por la oposición.

Por eso se intensifica el llamado a votar a los decepcionados de las primarias porque no resultó victorioso su candidato. Allí votaron por quien consideraban mejor. Sin embargo, la mayoría se pronunció por el otro.

Cuesta creer que no acaten la decisión mayoritaria y más que desobedezcan la obligación democrática y les dé lo mismo que gane el oficialista.

Lo que no hicieron en elecciones primarias intentan practicarlo el domingo 15 de octubre en la elección de gobernadores: abstención. En muy francas palabras: colgar los guantes; aligerar trampas, facilitar triunfo del régimen cuando encuestas de opinión colocan a la Oposición victoriosa.

Razón le sobra a Henrique Capriles, al afirmar que en democracia abstenerse es una opción, pero el país está enfrentando una dictadura y en dictadura hay que ir votar.

NM cree que se debe rectificar lo que para él fue paso en falso del pueblo en 2015 al entregar la AN. En su opinión en el proceso de elegir gobernadores tiene la “oportunidad de oro de arrepentirse y asegurar que la revolución gane las 23 gobernaciones”

Sí amigos lectores la abstención es un derecho, pero ejercerlo en este proceso es votar por Maduro.

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No es monopolio de los gobernantes. Cuando una sociedad está enferma, la mayoría de sus integrantes también lo está. La cúpula es siempre la más enajenada. Pero las víctimas suelen ser también presas de patologías extremas.

Perturbado, por ejemplo, estaba el pueblo mejor educado de Europa, el alemán. Terminó seducido, como una adolescente ilusa, por Adolfo Hitler. Un sargento neurótico con derecho de exterminar con el apoyo popular a humanos considerados pecaminosos. Judíos. Comunistas. Homosexuales.

Perturbadas también estaban sus víctimas. Las del Holocausto. Que como lo cuenta Primo Levi en Si esto es un hombre, llegaban a situaciones de confusión mental, desesperación irracional o pérdida de la dignidad con tal de sobrevivir en medio de tanta privación.

II

Eso, intuyo, nos está ocurriendo a buena parte de los venezolanos en medio de la debacle terminal que padecemos desde hace por lo menos 24 años. Desde que Rafael Caldera, en su rol de Saturno devorando a sus hijos, llegó al poder asesinando al partido que fundó. El disparo en el pecho a la democracia bipartidista. Es mi hipótesis delirante: “La tentación del suicidio político se ha convertido en Venezuela en una tradición moderna”.

Suicidas fueron los liderazgos de AD y Copei negándose a emprender los cambios urgentes que las alarmas encendidas –Caracazo, golpes militares, estudios académicos– reclamaban. Aprendices de suicidas fueron los protagonistas del Carbonazo, que convirtieron una rebelión popular de masas en onanista opereta bufa. Atornillaron en el poder a Hugo Chávez. Le dieron el oxígeno que la realidad política le negaba.

Suicida la dirigencia política opositora que, en 2005, ordenando abstención, le regaló a la tiranía roja bananera el poder absoluto en la Asamblea Nacional. Y suicida, más suicida pero con más suerte que los anteriores, la terquedad de la dirigencia chavista empeñada en seguir las fórmulas de un modelo, los estatismos comunistas, fracasado en todos los lugares donde triunfó.

Cada cierto tempo algún venezolano actualiza aquella frase cruel: “Estábamos al borde del abismo, pero hoy hemos dado un paso al frente”.

III

Ahora nos enfrentamos a un nuevo círculo suicida: la obsesiva élite parapolítica que, desde su templo mayor en Miami, predica la abstención para las próximas elecciones de gobernadores.

¿Quiénes son? Lo podemos inferir por sus rostros más visibles. Como el de Diego Arria. Una claque de políticos menores, eternos derrotados, que nunca ha obtenido un cargo importante de elección popular. Un club de corazones solitarios.

¿Qué argumentan? Que ir a elecciones es legitimar el poder de lo chavomaduristas y traicionar las luchas de calle que tantos muertos dejaron

¿En qué se equivocan? En que el chavomadurismo no necesita legitimarse porque ejerce su poder al margen de la ley y la Constitución. Es un gobierno de fuerza. Así convoque a elecciones, luego de las sanciones de Estados Unidos y Canadá, en el escenario internacional, es un Estado forajido. Pero si se les deja, si logran, gracias a la abstención, hacerse de todas las gobernaciones en elecciones democráticas, les estaremos regalando otra bombona de oxígeno.

¿Y los muertos? ¿Los estamos traicionando? Por supuesto que no. Lamentablemente toda lucha contra un gobierno de terror se lleva, siempre, muchas vidas. 30.000 se cargaron los gobiernos militares de la Argentina. Y, al final, hubo que negociar una salida. Porque, entre otros que manejan el sentido común, Sun Tzu nos ha enseñado que una de las artes mayores de la guerra es saber cuándo replegarse. No vale la pena seguir llevando muertos, que honramos, al molino de los rojos si sabemos que no podemos derrotarlos con palos y piedras. Dos pasos adelante, uno atrás, decían en Vietnam. Y derrotaron a los gringos.

IV

Entonces solo nos queda la lucha política. Que los abstencionistas de Miami, allá ellos, aguarden pacientemente la llegada de los Marines vía Los Roques. Que se bronceen a la espera de que los militares rebeldes salgan del clóset. O que terminen de armar el Frente de Liberación Nacional Comandante Urdaneta. Mientras tanto a nosotros, a los mortales, a los de a pie, solo nos queda ir a elecciones porque en democracia menguada quien abandona un espacio de lucha no tiene perdón de Dios.

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VA (R) Jesús Enrique Briceño García

Apreciados amigos y compañeros de armas

Reciban un cordial saludo y los mejores deseos de bienestar para ustedes y sus distinguidas familias. La presente es para invitar a la reflexión sobre nuestra lucha diaria por la libertad, a pesar que las condiciones actuales han requerido ajustes en las diferentes estrategias por quienes han dirigido la oposición democrática en este período tan complejo de nuestra vida republicana. La estrategia “calle”, ha sido desplazada por una de nueva esperanza, la de “participación electoral” y esto sin duda, requiere nuestra comprensión y a la vez redoblar nuestra presencia en las comunidades donde usualmente nos desempeñamos, para que en abierta actitud, apoyemos los candidatos electos por quienes ejercimos nuestro derecho a seleccionarlos en primarias para representarnos en esta contienda regional del próximo 15-O, contra un régimen abusador, perverso y criminal.

Esta presencia también será una demostración de la unión de nuestra oposición en todo este esfuerzo por luchas, ya no solo por nuestra libertad, sino por nuestras vidas. Desearía agregar en este mensaje, la trascendencia de llevar este esfuerzo al ámbito de nuestro desempeño profesional, para que en esos espacios nos convirtamos en ejemplos en el marco de nuestros valores, conocimiento y actuación personal para contrastarlos con esos dirigentes del castrocomunismo que han destruido toda sustentación de institucionalidad, violando leyes, desechando lo que fueron nuestras tradiciones e incumpliendo procedimientos operacionales.

Hoy más que nunca debemos unirnos en nuestro diario esfuerzo por formar líderes, activamente o con el ejemplo y desechar las formas de actuación de los caudillos o autócratas que han saturado los espacios de las organizaciones del Estado. Necesitamos líderes, equilibrados, preparados, justos, fieles cumplidores de las leyes, con lo cual coadyuvaremos a rescatar la República de Venezuela. Este charco pestilente de infamia en el que han convertido nuestra Venezuela, hay que limpiarlo y para ello no basta la lucha por la libertad, sino la lucha por la decencia, por la formación de excelentes profesionales y buenos ciudadanos que entiendan el Estado no para una sola visión política y menos para abusar, sino para contribuir con el desarrollo del País.

El profundo deterioro en sus actuaciones al que han llegado estos criminales que han dirigido el país durante 18 años de obscurantismo, no tienen parangón en nuestra historia y su consecuencia es la miseria en la cual vivimos a diario, pero lo más grave es contemplar con tristeza como todavía hay venezolanos, que se comportan como sumisos esclavos ante el abuso del poder continuado, de quienes han dirigido la economía en forma inconsciente de las penurias de millones de familias, de dirigentes ineptos que roban sin límites, de profesores en aulas que inducen formas de vida ajenas al venezolano común, más parecido al cubano subempleado y sin ánimos de superación. En la salud, ni pensar los trabajos que aquejan a los niños y las personas de la tercera edad para subsistir ante la escasez de medicinas y los pésimos servicios médicos en todos los ámbitos.

Amigos, la lucha por la libertad es una alternativa de subsistencia y por eso, es necesario seguir apoyando las salidas que nos presenta la Unidad Democrática, y cualquier otra que estemos seguros podamos materializar, unido a nuestro esfuerzo personal por influir en la educación de personas con potencial de liderazgo para que motiven el progreso y el cambio de conducta para dirigir y no para imponer como caudillos los procesos de administración de cualquier organización, incluyendo el hogar.

Capitulo muy especial, debo mencionar el de nuestra FAN, que ha perdido su rumbo organizacional y requiere urgente intervención para reinstitucionarla y quienes estamos empeñados en hacerlo, brindar las vías democráticas para contar con fieles garantes de la Constitución y no unos políticos más del concierto castrocomunista. Amigos es hora de dar nuestro máximo esfuerzo por la unión, y luchar proactivamente por la libertad, no solo con hechos, sino con nuestro ejemplo personal y profesional que demuestre que será posible esa otra Venezuela.

Atentamente

VA (R) Jesús Enrique Briceño García

ExComandante General de la Armada

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El pueblo venezolano necesita urgentemente recobrar su libertad, su democracia, su calidad de vida que ha sido tan golpeada durante estos años recientes, pero para ello, tiene que actuar en unidad. Es preocupante ver, cómo algunos individuos pertenecientes a la oposición, tratan de desacreditar las decisiones y actividades de las personas que actualmente lideran los movimientos de unificación de esfuerzos en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y otras organizaciones, o se hacen eco de jugarretas de los cizañeros miembros del gobierno para angustiar a las personas, en lugar de tratar de aportar nuevas ideas que ayuden a derrotar al enemigo y a consolidar la unidad de la población. La MUD tiene su esencia en la unidad, por lo que al tratar de dividirla, de separarla en sus componentes, pierde toda su intención.

Simón Bolívar, el gran estratega de la época independentista venezolana, comprendió la necesidad de la unidad para poder enfrentar en la batalla decisiva, Carabobo, con elevadas probabilidades de éxito, a un ejército que lo aventajaba en número de soldados y en calidad de armamentos. En su intención de unificación de un ejército sólido para la lucha, El Libertador logra reunir en las cercanías de la ciudad de San Carlos ejércitos tan disímiles como el suyo, el de Páez y el de Urdaneta.

No fue tarea fácil reunir y convencer a aquellos personajes tan diferentes. Páez era un hombre indómito cuya escuela fueron los llanos apureños, su cotidianidad fue lidiar con bestias y aprender todas las labores del llano para lo cual tuvo que convertirse en un espectacular jinete, destreza que lo ayudó en las batallas libertarias que libró y le valió el mote de “Centauro de los llanos”. Urdaneta, tenía una sólida formación académica en lo político y en lo militar, y desde muy joven estuvo incorporado a los ejércitos patriotas. Ahora, estaba movilizando su división desde Maracaibo hacia la concentración dispuesta por Bolívar para la ofensiva final contra los ejércitos realistas. Y Bolívar, caraqueño de clase noble y distinguida, se formó con las lecturas de los grandes pensadores y viajando con frecuencia por Europa. Sin formación militar, con su espada llegó a ser líder de los ejércitos emancipadores de Hispanoamérica y, con su pluma, líder en el establecimiento de la base ideológica del movimiento independentista por medio de innumerables documentos escritos y discursos. Esos esfuerzos de unidad, de unificación, condujeron ineluctablemente a la victoria en Carabobo y a la huida y desmembramiento del ejército realista.

Durante estos años del siglo XXI, el gobierno venezolano, sembrando la desunión en los ciudadanos y aplicando otros efugios, ha logrado muchas victorias políticas que lo han conducido a consolidarse en el poder. Esas victorias le han permitido al régimen burlarse permanentemente de la Constitución desde los Poderes Legislativo, Electoral, Judicial y Moral; y especialmente desde el Poder Ejecutivo, cuya cabeza es una persona que ha sido incapaz de mostrar su partida de nacimiento y, además, no posee ninguna cualidad de ascendencia para gobernar a nuestro pueblo.

Por su lado, los movimientos opositores al gobierno han logrado algunas victorias políticas, pero la gran victoria ocurrió el 6 de diciembre del año 2015 cuando se eligió un Poder Legislativo con dos terceras partes de sus diputados perteneciendo a la MUD. Esta fue una victoria de una unidad, en aquel momento indestructible, que contó además con el apoyo de un pueblo cansado de tanta miseria y que luego de ese triunfo, se recreó con las expectativas de un futuro promisorio.

Pero casi dos años después de aquella maravillosa y esperanzadora victoria, el apoyo popular a esa unidad ha comenzado a enfriarse y a perderse la confianza en los dirigentes políticos de la oposición, debido a lo que se percibe como falta de resultados satisfactorios de su gestión. No se aprovechó ese apoyo popular para evitar tantas disposiciones arbitrarias del TSJ que han evitado que hasta ahora, aquella AN opositora pueda cumplir con sus responsabilidades constitucionales. Sin embargo, parece ser que esas actitudes, aparentemente pasivas de nuestros dirigentes, son en buena medida justificables por las consecuencias dramáticas y dolorosas que para el pueblo venezolano pueden causar acciones más precipitadas y agresivas, como ocurrió de abril a julio de este año durante las acciones de calle. En su favor, se puede anotar, que en los meses recientes, esos mismos dirigentes y otros venezolanos responsables han intensificado una amplia actividad con organismos internacionales, que están dando excelentes resultados a favor de la democracia en el país.

A los líderes opositores se le debe otorgar un voto de confianza pero al mismo tiempo pedirles evitar confrontaciones internas, no ocultar los logros o derrotas resultantes de sus acciones, apartar a aquellos voceros cuestionados por acciones contrarias al espíritu del movimiento opositor, compartir y consultar con las organizaciones que hacen vida en el país de los nuevos derroteros que están dispuestos a seguir, renovar algunos cuadros de la organización si lo considerasen conveniente.

Paralelamente, los ciudadanos que queremos un cambio en la conducción del país debemos reunificarnos, que no es más que unir de nuevo una colectividad que en algún momento constituyó una unidad. Pero más necesario aún es que los movimientos políticos de oposición se mantengan como un solo bloque, sólido, sin fisuras, que sea capaz de aglutinar a la población para enfrentar este régimen que cada día incrementa la ruina de Venezuela. Unir a Primero Justicia, Voluntad Popular, Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo, Vente Venezuela y los demás partidos y movimientos políticos que hacen vida en la oposición venezolana, no puede ser más difícil que lo logrado por nuestros héroes libertadores del siglo XIX cuando se unieron los ejércitos de líderes tan diferentes como Páez, Urdaneta y Bolívar, para enfrentar al poderoso ejército español y lograr nuestra independencia de ese yugo secular.

En pocos días tendremos una nueva oportunidad de demostrar nuestra disposición a cambiar este régimen actual por un gobierno democrático, al celebrarse las elecciones regionales. Esto es algo constitucional que hemos pedido con vehemencia, por lo que es nuestro deber cumplir esta cita, a la cual pueden asistir todos los venezolanos que no han podido salir a manifestaciones de calle por razones de edad, exigencias laborales, controles gubernamentales y otros. Hagamos que esta nueva oportunidad electoral sea la movilización popular más multitudinaria de nuestra historia.

Así como esa gran luchadora por la democracia que es María Corina Machado, con gran coincidencia con la MUD ha planteado desde Soy Venezuela la “necesidad de retomar las movilizaciones, hacer visible el enorme descontento que prevalece en el país, hacerle saber a la comunidad internacional que no deseamos que las negociaciones del régimen con la MUD terminen facilitándole el acceso a fuentes de financiamiento y dejar claro que no reconocemos a la ANC de Maduro”, además de señalar que “no discriminan a quienes deseen votar en estas elecciones regionales”; los demás grupos organizados o no, que mantengan actitud discordante con la MUD y deseos abstencionistas, deberían meditar muy bien su decisión que solo beneficia al gobierno y su intención de permanencia infinita en el poder.

La unidad nos dio ayer la victoria en Carabobo, esperamos que los venezolanos de hoy, liderados por los que representan a la MUD y a otros movimientos, nos mantengamos unidos, tolerantes, sin fisuras, ante un adversario que se está desmembrando pero que tiene que ser enfrentado con todas las fuerzas de nuestra unión para lograr una nueva victoria. Estamos a las puertas de la palingenesia de nuestra independencia y libertad. No desperdiciemos esta oportunidad. Unidos venceremos el 15 de octubre de 2017.

Octubre de 2017

pedroraulsolorzano@yahoo.com

www.pedroraulsolorzanoperaza.blogspot.com

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“Cataluña: un plebiscito anti-constitucional, una masa enardecida, una izquierda demagógica, un presidente antipolítico. Ese es el resultado”.

En ese twitter resumí las jornadas del 1-O en Cataluña. No fue difícil armarlo. Lo que iba a suceder estaba programado. Heridos, presos, apaleados, Piquet llorando en la TV y Shakira con un título para su próxima canción: Don’t cry for me Cataluña. Al día siguiente, Cataluña amaneció consumida por odios.

Ese al fin era el propósito fraguado por Puigdemont, Junqueras, la CUP y los socialistas-nacionalistas que controla Podemos desde Madrid.

Incapaces de dar cuerpo legal al plebiscito, los separatistas decidieron apostar por la revolución mediática. La escenificación fue bien lograda. La presencia de la Guardia Civil despertó recónditas asociaciones. Hasta adversarios de la secesión dejaron ese día de serlo. Un éxito televisivo. Ojalá hubiera sido solo eso. Ahora el daño está hecho y nadie sabe como repararlo.

El plebiscito en su contenido, forma y redacción es inconstitucional. Ningún gobierno del mundo, el de Rajoy tampoco, puede tolerar la violación de la Constitución. Lo que estaba en juego ese día era la integridad del Estado. Eso fue precisamente lo que advirtió la izquierda rabiosa: los podemitas, los cupitas, y otros más.

No son la mayoría cuantitativa. Pero sí la cualitativa. Saben movilizar a su gente, crear focos de disturbios, llenar las calles de letreros, enardecer a las masas. Son militantes de una revolución que no tiene nada que ver con la clase obrera ni con el socialismo, mucho menos con los antiguos comunistas, gente ligada a los trabajadores y reacia a cualquier nacionalismo, sea español o catalán.

Los revolucionarios de ahora son hijos de la sociedad post-industrial, desclasados, populistas en el exacto sentido del término, y sobre todo, pescadores de ríos revueltos.

En Cataluña no han descubierto raíces culturales. Cataluña para ellos es la posibilidad de hacer lo que nunca podrían haber hecho en el resto del país. Por eso agitan hoy banderas nacionalistas. Podrían ser también otras ¿Qué importa aliarse con lo más rancio de la ultraderecha catalana si eso los acerca al poder?

Si Cataluña llega a ser independiente, su destino no será envidiable. Muy pronto los neo-revolucionarios se harían de los aparatos decisivos y la próspera Cataluña se convertiría en una Venezuela europea. Puigdemont y los suyos son, para la neo-izquierda, simples tontos útiles. Como lo es también Rajoy. A este último lo conocen: le tendieron una trampa y Rajoy, como es su costumbre, cayó en la trampa. Desató la más innecesaria represión y convirtió a los secesionistas en héroes de la independencia.

Por cierto, el deber de un gobernante es hacer cumplir la Constitución. Pero también es privilegiar los medios políticos de lucha. Rajoy no lo hizo ni lo hará. Rehuye al debate público como a la peste, no sabe formar alianzas, no intenta dividir a las huestes adversarias, no busca conexiones con los sectores más moderados y confunde a la política con la simple jurisdicción administrativa.

Todo el peso de la resistencia democrática ha caído sobre el Ciudadanos de Arrimada y Rivera. Pero Ciudadanos no está en condiciones de romper la polarización impuesta por el secesionismo radical (de derecha e izquierda) y el automatismo anti-político de Rajoy. Esta historia va a ser aún más larga que la del Quijote.

A propósito: en algunas escuelas catalanas ya se enseña que “probablemente” Cervantes fue catalán.

Polis: Política y Cultura

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El pasado 26 de septiembre, el presidente Nicolás Maduro fue condecorado con la Cruz del Comando Estratégico Operacional. El acto militar se realizó en una base aérea cercana a Caracas y, al momento de hablar, el Presidente de Venezuela dijo que “hoy la patria sustenta su unión en la cohesión de esta Fuerza Armada Nacional Bolivariana”. No solo se refería a una cuestión de orden y represión de las protestas públicas. Maduro se refería, sobre todo, a una sociedad cuyo principal protagonista es la fuerza armada. Finalmente, Maduro ha cumplido el sueño de Chávez: los militares son el motor de la historia venezolana.

Es necesario recordar que, hace un poco más de un año, obligado finalmente a reconocer la terrible crisis económica y social por la que pasa el pueblo venezolano, el presidente decidió crear un orden mayor, la Gran Misión Abastecimiento Soberano y Seguro, con más poder que todos los ministerios, dedicado a combatir el desabastecimiento de comida y de medicinas. Al frente de esta nueva misión designó al ministro de la Defensa, General en Jefe Vladimir Padrino López. Fue un paso definitivo en la creciente militarización de la gestión administrativa del Estado. Esa ha sido la constante más clara del gobierno de Maduro: cederle la economía y la política a la fuerza armada. En la famosa “unión cívico militar” que tanto pregona el oficialismo, los civiles son cada vez más un adorno. La historia ahora se viste de uniforme

El avatar de Twitter de Padrino López es una foto en la que aparece vestido en traje de campaña, con el uniforme lleno de polvo, cargando un fusil y trotando hacia adelante. Hay algo cinematográfico y heroico en esta imagen del general Padrino López. Aunque su discurso invoque insistentemente la paz, su carta de presentación es un fusil. Hace pocos días, en un foro público, volvió a repetir que las marchas populares que se dieron en Venezuela entre abril y julio no eran “manifestaciones pacíficas” sino “operaciones subversivas”. Es curioso ver cómo los supuestos revolucionarios de izquierda del siglo XXI utilizan los mismos argumentos que los gorilas derechistas del siglo XX.

El informe de la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, sin embargo, tiene otra versión. Señala el uso sistemático de la fuerza y la utilización de armas letales por parte de las Guardia Nacional Bolivariana en contra de los manifestantes, dando por resultado denuncias sobre 5.051 personas detenidas arbitrariamente, allanamientos ilegales, tortura, uso de tribunales militares para juzgar a civiles, así como el registro de más de 100 asesinatos. Para cualquier venezolano, la imagen del general Padrino apretando un arma entre sus manos es lo contrario de una metáfora de la paz.

Pero al ministro le gusta filmarse y promoverse en las redes sociales. No es ninguna novedad. Twitter es un método express de banalización del discurso. Gracias a esta red social, todos podremos ser líderes políticos, aunque solo sea por unos segundos. Hace unos meses, en julio de este año, Padrino López colgó en su cuenta un video donde aparecía en una práctica militar, agazapándose y disparando a algunas siluetas, corriendo, saltando entre neumáticos, ocultándose, volviendo a disparar. Es una secuencia de entrenamiento bastante común en algunas películas o series de tv. Al final, un tanto jadeante, mirando a cámara, el ministro ofrece un mensaje a propósito de la soberanía y la independencia.

El esquema del guion siempre es igual: Padrino López le habla a la cámara. Como si tuviera la fantasía secreta de ser un youtuber.

No es su única pieza fílmica. Ya en otras oportunidades, y en otros contextos, ha producido y actuado en otros breves capítulos: el general entrando a su oficina y hablando de la patria y la unidad nacional. El general en un cuartel recibiendo su ración de comida como cualquier otro soldado, y conversando amenamente con algunos compañeros. El general en el campo sosteniendo en sus manos dos frutos, mientras comenta algunos detalles sobre las posibilidades de reposicionar al cacao dentro de la producción agrícola nacional. El esquema del guion siempre es igual: Padrino López le habla a la cámara. Como si tuviera la fantasía secreta de ser un youtuber.

Nada de esto es casual ni aislado. Es otra expresión simbólica de un proceso que viene desarrollándose en Venezuela desde hace años. En 1999, cuando asumió por primera vez la presidencia, Hugo Chávez sabía claramente cuál era su proyecto, cómo y con quien pensaba gobernar. “Yo no creo en los partidos políticos. Ni siquiera en el mío. Yo creo en los militares”, le dijo a Luis Ugalde, rector para ese entonces de la Universidad Católica Andrés Bello. Casi veinte años después, Venezuela más que un país es un derrumbe, un caos que desafía cualquier pronóstico y demuestra que no hay límites, que siempre se puede estar peor.

La inflación se calcula en un 700 por ciento, la población se encuentra al borde de una crisis humanitaria en todos los sentidos, la práctica política está casi paralizada, la represión es cada vez mayor y la libertad de expresión es cada vez menor, la independencia de poderes no existe. La única institución que parece haber sobrevivido es la fuerza armada. Ese es el verdadero logro de la autoproclamada “Revolución Bolivariana”. El socialismo del siglo XXI es, en el fondo, una rentable empresa militar.

Los ciudadanos, no obstante, conocemos muy poco del mundo militar. No sabemos nada de sus reglas internas, de sus protocolos y de sus acuerdos. No manejamos sus códigos. La dirigencia política de la oposición tampoco sabe qué pasa en el interior de la fuerza armada. Los militares de Venezuela son un enigma que se presta a muchas especulaciones.

Más de una vez, tanto nacional como internacionalmente, algunos han creído que los militares actuarían decididamente en contra del gobierno y, sin embargo, la historia ha demostrado lo contrario. Incluso cuando de manera más evidente el gobierno ha violado la Constitución o actuado al margen de las instituciones, la fuerza armada siempre se ha puesto de su lado. Y, de hecho, se ha definido como chavista adoptando la misma marca que el partido de gobierno. Al igual que el liberalismo, también el socialismo puede ser salvaje y privatizar hasta el orden público y la defensa de la patria.

Chávez diseñó y desarrolló un modelo donde los civiles cuentan para darle al gobierno una escenografía democrática, pero donde el poder real debe ser ejercido por los militares.

Suelen esgrimirse dos argumentos para explicar esta sumisión. El primero tiene que ver con el soporte económico y los privilegios que el oficialismo le ha otorgado durante estos años a la fuerza armada. El segundo con el proceso de ideologización que, también desde hace años, mantiene el chavismo sobre la institución. Ambos pueden ser ciertos. Sin embargo, hay que considerar otra hipótesis: que en realidad el oficialismo no controla al estamento militar. Que la Fuerza Armada Bolivariana ya es un poder independiente, una gran corporación, con sus propias peleas internas pero también con mayor sentido de cuerpo y de respeto a las jerarquías. Y que, por el contrario, Maduro quizás solo sea la fachada civil de un gobierno militar.

Durante estos últimos años, la fuerza armada se ha consolidado como un importante holding económico del país. Aparte de ocupar puestos fundamentales en la gestión pública, los militares tienen 20 empresas en sectores estratégicos claves que van desde la producción de armamento hasta la distribución de agua y alimentos, pasando por la explotación de hidrocarburos y minería. Poseen y manejan medios de comunicación, compañías de seguros, compañías constructoras, empresas de transporte y una entidad bancaria. Todo esto sin contar las denuncias que existen sobre la estrecha relación con el narcotráfico y con otras ramas del crimen organizado.

Un ejemplo de la fragilidad del Estado y de los ciudadanos ante el poder militar en Venezuela es el Servicio Bolivariano de Inteligencia Militar, dirigido por otro general, Gustavo González López. Este cuerpo actúa con absoluta independencia e impunidad. Tan es así que varios detenidos del SEBIN siguen presos, a pesar de las órdenes de liberación emitidas por tribunales civiles. Es una prueba palpable y grotesca de que la justicia, en Venezuela, no depende de los jueces sino de los militares.

Chávez diseñó y desarrolló un modelo donde los civiles cuentan para darle al gobierno una escenografía democrática, pero donde el poder real debe ser ejercido por los militares. Sin embargo, en la mesas de diálogo y en la negociaciones, nunca participan directamente. ¿Quién habla por ellos? ¿Acaso realmente Maduro y el oficialismo los representan? Cualquier salida a la crisis de Venezuela pasa necesariamente por responder estas preguntas. Es indispensable sincerar la situación, aceptar que los militares son un poder de facto que debe incorporarse de manera independiente a cualquier negociación.

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2017/10/alberto-barrera-tyszka-la-dicta...(POLIS)

 7 min


Héctor Silva Michelena

Debates recientes sobre la ciudadanía, que tratan de la noción de “moral cívica”, han repuesto en el centro de la reflexión sobre la democracia una problemática que siempre le ha estado asociada. El término virtud ha estado completamente ausente, un efecto conjunto de cambios ocurridos en la lengua y en las categorías del pensamiento desde hace más de un siglo. Sin embargo, no es cierto que su evanescencia, al menos en el contexto de este término, haya significado una ganancia de claridad conceptual.

La noción de virtud tenía la particularidad de ser portadora de la idea de potencia y de poder, y no de término para evocar unilateralmente la moral individual, sino también el ejercicio de una tarea común, de una relación de comunidad. Hay un concepto político de la virtud.

En Aristóteles, es excelencia: consiste, para el ser humano, en realizar plenamente lo que es por su naturaleza. La virtud política es, por lo tanto, requerida para la plena serrealización del hombre como ser viviente de la cité, es la virtud del ciudadano. El libro III de La Política (ver texto nº 38) tiene por objeto el explicar lo que es el ciudadano, y cuál es la virtud que le conviene. La respuesta se atiene a tres enunciados esenciales: el ciudadano en sentido pleno es aquel que participa en el ejercicio del poder común; es la democracia la que mejor realiza esta ciudadanía; la doble capacidad de comandar y de obedecer es la virtud que exige la ciudadanía. Aristóteles pone así en evidencia que la virtud que necesita la democracia es una virtud política, es la que exige el ejercicio del poder ciudadano. La cité no puede pedírsela al ciudadano más que en proporción exacta al poder que la cité le reconoce.

Montesquieu, en vista de las reacciones suscitadas por las primeras ediciones de El espíritu de las leyes, tuvo que agregar una advertencia: “Lo que yo llamo virtud en la república es el amor a la patria, es decir amor a la igualdad. Esta no es una virtud moral, ni una virtud cristiana, es la virtud política”. En efecto, se le reprochaba al haber sugerido que la virtud es el principio de la república; mientras que el honor sería el principio de la monarquía, que entonces no habría hombres sino en una república. La lectura del capítulo III, aclara lo que realmente entiende Montesquieu. La virtud necesaria en una república (sobre todo en democracia porque la otra forma republicana, la aristocracia no practica la moderación) concierne a los que están a cargo del Estado, para que no practiquen el pillaje, así como a los ciudadanos, para que no le den preferencia a sus comodidades personales, sobre el sacrificio del rigor, indispensable al bien común. Si no es así: “la república es un despojo; y su fuerza no es más el poder de algunos ciudadanos y lo licencioso es de todos”. Para Montesquieu, la virtud política se necesita menos para el ejercicio del poder que para hacer necesaria la oposición entre interés público e interés privado.

Es a partir de esta oposición, y de las dificultades que levanta, que partirá Rousseau para plantear la cuestión de la virtud. Pero él también manifiesta, en el marco de su teoría de la soberanía, una voluntad de retomar el modelo aristotélico. De aquí se desprende el doble estatuto de la virtud en el discurso de Rousseau. Puesto que la soberanía del pueblo es el principio, no de una forma política particular, sino de todo lazo social legítimo, Rousseau afirma, contra Montesquieu, que la virtud es necesaria a toda sociedad política: “He aquí por qué un autor célebre ha considerado a la virtud como un principio de la República; porque todas estas condiciones no podrían subsistir sin la virtud: pero a falta de hacer la distinción necesaria, a este bello genio le ha faltado con frecuencia la justicia, algunas veces claridad, y no ha visto que, siendo la autoridad soberana en todas partes la misma, el mismo principio debe tener lugar en todo Estado bien constituido, más o menos, es verdad, según la forma de gobierno”. Mas, retomando las mismas fórmulas de Montesquieu, sobre la oposición entre el amor a la patria e interés particular, Rousseau orienta, como una de sus líneas de fuerza, el Contrato social hacia el examen de las condiciones que pueden forzar al ciudadano a ser virtuoso” (texto nº 29).

Podemos verlo claramente: en Montesquieu y después en Rousseau, la problemática de la virtud se encuentra con un problema completamente nuevo para la democracia: ¿cómo podemos fundar, en una sociedad que siempre se estructura según una valorización de lo privado, en la posesión de la riqueza una democracia en la cual su concepto encierre la valorización de lo público, del poder ejercido, de la igualdad? Suele decirse que desde la Revolución francesa (1789), a la que Marx designó como “la escoba gigantesca [que] barrió todas las reliquias de tiempos pasados […], y con Robespierre a la cabeza del Terror, el pensamiento político moderno no ha cesado de ocuparse de esta dificultad. Pero ya mucho antes, la Glorious Revolution inglesa (1688-1689) había puesto el asunto sobre el tapete. Así, la idea que proponen muchas investigaciones, es que los revolucionarios ingleses crearon, por medio de una revolución, la primera y auténtica revolución moderna por encima de la francesa, mucho más sangrienta de lo que se creía hasta ahora, un nuevo tipo de Estado moderno, que habría supuesto un auténtico antes y después en la historia de Europa y en la conformación del mundo moderno tal como lo conocemos hoy. Guillermo de Orange, y su esposa María se nombraron reyes luego de firmar la Declaración de Derechos (Bill of Rights), que ponía fuertes limitaciones al monarca y creaba un Poder Judicial autónomo. También se ratificó una ley del Parlamento (Triennial Act, de 1664) que obligaba a convocarlo periódicamente. Estas disposiciones dieron origen a la monarquía constitucional inglesa, y desde entonces hubo una división del poder, y por lo tanto, las fuentes de autoridades eran independientes entre sí; el Ejecutivo quedó en manos del Rey y el Legislativo en manos del Parlamento, que sería la única autoridad capaz de crear impuestos y aprobar leyes, que eran puestas en práctica por un tercer poder, el Poder Judicial.

En América, después de la guerra revolucionaria (1775-1783) James Madison declaró: “Al crear un sistema que deseamos logre perdurar por mucho tiempo, no debemos perder de vista los cambios de las distintas épocas. La Constitución, aprobada en Filadelfia en 1787, fue planeada para servir a los intereses del pueblo: ricos, pobres, los del norte y los del sur, granjeros, trabajadores y gente de empresa”. A lo largo de los años, la Constitución ha sido interpretada de acuerdo a las cambiantes necesidades de los Estados Unidos.

Los delegados de la Convención Constitucional creían firmemente en el gobierno de la mayoría, pero deseaban proteger a las minorías contra cualquier injusticia de la mayoría. Para lograr esta meta establecieron una separación y equilibrio entre los poderes del gobierno nacional. Otros objetivos constitucionales básicos eran el respeto a los derechos de los individuos y de los estados, el gobierno por el pueblo, la separación de la Iglesia y el Estado, y la supremacía del gobierno nacional. De modo pues, que esta dificultad fue enfrentada en otras partes, aunque es, hoy en día, en los tiempos que corren, cando esa dificultad ha alcanzado su cima: se llama globalización del capitalismo.

La democracia requiere el recate de la virtud como concepto activo, y la virtud que requiere la democracia es inseparable de la idea de ciudadanía como poder y de la exigencia de hacer compatibles la igualdad y la libertad. Después de la Gran Guerra (1914-1918) vinieron los “años dorados”, y la humanidad, o una parte no tan pequeña de ella, creyó alcanzar un cierto ideal posible de felicidad. Pero la Gran Depresión (1929- 1939) y la Segunda Guerra mundial, mostró que las palabras de T.S. Eliot eran ciertas “Human being cannot bear too much reality” (El ser humano no puede soportar tanta realidad). La Revolución bolchevique de octubre de 1917, abrió los ojos al sueño de una nueva sociedad donde, al fin, los hombres podrían convivir como humanos, despojados de la codicia del lucro y de la locura del mercado que enriquece y empobrece de la noche a la mañana. La ilusión se vino al suelo, vuelta añicos por los mismos que trataron de erigir ese mundo mejor. Stalin hizo la increíble hazaña de destruir lo que Rousseau juzgaba indestructible: la voluntad general.

En conclusión, si queremos avanzar con firmeza en el concepto y acción de la democracia, hoy en día, es necesario investigar y pensar cuidadosamente, con hondura, las relaciones sinérgicas entre cuatro pares de “elementos”, que se han venido discutiendo, pensando y poniendo en obra, con errores y rectificaciones, desde hace 2.700 años en Occidente. Estos “elementos son:1) Las relaciones, los problemas (¿hay fines comunes?) y la unidad de República y Democracia; 2) las relaciones y problemas entre Soberanía popular y Estado de Derecho; 3) Las relaciones y tensiones entre igualdad y libertad: y, 4) las relaciones y la ponderación entre comunidad e individuo.

La prevalencia o imposición del trío soberanía popular-igualdad-comunidad, nos lleva al comunismo o al socialismo autoritario. Se afirma que la soberanía popular es un poder constituyente, que es supra-constitucional. Pero, ¿se puede vivir sin instituciones, públicas y privadas bien establecidas, que den seguridad al individuo? Pero sabemos que sin instituciones firmes y de pautas y objetivos claros, la sociedad organizada no puede existir. Sería un retorno al hombre de las cavernas. El poder constituyente tiene límites, no sólo en los derechos humanos, sino también en su duración, pues termina con la aprobación, en referéndum, de la nueva constitución, que sólo ahora entra en vigencia, cuando remplaza a la anterior. Negri no estaría de acuerdo con estas reflexiones, mas nos preguntamos: ¿a dónde conduce el ejercicio de un poder constituyente permanente, concebido como primum ontológico? ¿No es esto otra forma de revertir a las utopías totalitarias del siglo XX?

Por otra parte, Rawls ha demostrado terminantemente, que la igualdad debe de ser equitativa, noigualitaria, una tabla rasa que elimine la irrevocable heterogeneidad y diversidad del mundo real, entre los hombres y a Naturaleza. El Estado de Derecho es irremplazable, aunque las constituciones puedan ser reformadas o cambiadas. Finalmente, entre individuo y comunidad no tiene por qué existir una tensión permanente. Todo lo que se necesita es reconocer que el individuo debe gozar de la máxima autonomía, lo que le permite actuar en su familia y unirse libremente, o no, a una comunidad, de la cual puede salirse si así lo desea.

Sólo nos quedan, pues, las memorias del desolvido y la voluntad de establecer la sinergia entre democracia y república: pensar la unidad de la soberanía y del estado de derecho, la del individuo y la comunidad, de la libertad y la igualdad. Puede que así escapemos a las tenazas que forman el totalitarismo por una parte, y la sociedad corporativa, por la otra.

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